viernes, 17 de marzo de 2023

La casa de don Federico Castillo (ahora de la familia Narváez)

En el número 8 de la calle de Morelos se levanta una construcción que quizá poco ha llamado la atención a los lectores de este blog, pero que en su sencillez es una digna casa típica de Aculco, antigua y con elementos arquitectónicos valiosos que dan fe de su origen a principios del siglo XVIII. Es, además, una de las afortunadamente muchas casas que contribuyen a darle a este tramo de la calle un aspecto uniforme, agradable y original, que la hacen quizá la mejor conservada del pueblo.

Esta casa perteneció en las primeras décadas del siglo XX a don Federico Castillo, que probablemente no llegó a habitarla, pues vivió en la casa número 15 de la Plaza de la Constitución (hoy Hotel Jardín), en cuyas accesorias tuvo su negocio de venta de abarrotes, mercería y botica. Se cuenta que don Federico usaba una larga barba, que solía mesarse con las manos mientras mezclaba esencias, aceites y bálsamos, con el resultado de que al cabo del tiempo esa barba tomó una curiosa tonalidad rosada.

Por lo menos desde 1903, Federico Castillo contaba ya con su "tienda mixta", botica y mercería. El censo nacional lo empadronó como "comerciante de abarrotes" en 1930. Fue también agricultor, pues a la muerte del padre José Canal, en 1906, compró sus terrenos en el barrio de La Soledad que formaban el rancho de Casellas.

Aunque don Federico aparece en numerosos registros parroquiales, el registro civil y el censo nacional de 1930, las fechas que aportan esos documentos son contradictorias. A pesar de ello, se puede concluir que nació entre 1856 y 1859 en Yuririapúndaro, Michoacán, hijo de don Pedro Castillo y doña Jesús Ruiz. Se estableció primero en Arroyozarco (donde nacieron algunos de sus hijos) y quizá fue parte de la gran emigración de vecinos de esa hacienda hacia Aculco a finales del siglo XIX, provocada por el administrador Macario Pérez cuando se convirtió al protestantismo. Se casó con la aculquense Felipa Garrido, hija de Pomposo Garrido y Eufemia Basurto, pero el matrimonio civil sólo se registró hasta 1896. Las fechas de nacimiento y hasta los nombres de sus hijos son igualmente contradictorios en las fuentes disponibles, pero aproximadamente son los siguientes: Federico Julio, eclesiásticamente bautizado como José Federico, nació en Arroyozarco en 1887; Esperanza nació hacia 1894; Herlin (extraño nombre quizá alemán) nació alrededor de 1895 y murió en 1955; Aurora nació cerca de 1905. Dos pequeños, Guillermo Castillo, de siete años, y Federico Castillo, de nueve, vivían en su casa en 1930, pero no está claro si eran también sus hijos, o como creo más probable, sus nietos. Don Federico Castillo murió el 15 de enero de 1943, "a los 86 años".

Su hija Esperanza Castillo fue maestra, como cuenta mi prima Socorro Osornio en su folleto Aculco a través de sus personajes (2022):

A principios de siglo [XX], don Federico Castillo, hombre avanzado en años pero dueño de un pensamiento moderno, envió a la Ciudad de México a su hija Esperanza para que se preparara como profesora en una escuela especial, convirtiéndose en la primera normalista, maestra de sus numerosos hermanos y más tarde de los niños del pueblo.

Por otra parte, en el censo de 1930, su hijo Herlin Castillo Garrido está registrado como "doctor en medicina", aunque ningún otro papel refiere esa profesión. Por el contrario, su acta de defunción únicamente refiere como ocupación suya la de comerciante. En 1931 se casó con Oliva Guerrero, también aculquense, y se establecieron la Ciudad de México.

La casa que es motivo de este texto es sencilla y hermosa. Su solar se extiende desde la calle de Morelos, donde tiene su fachada principal, hasta la de Corregidora, donde un solo vano -ahora tapiado- permitía la salida de los animales que se criaban en su gran corral. La puerta de acceso, ubicada al centro de la fachada principal sobre Morelos, enmarcada en cantera, tiene basas áticas en sus jambas muy al estilo de principios del siglo XVIII en la región. Su cerramiento es curvo, quizá por una modificación del siglo XIX o principios del XX para hacerla más ancha. Una reja de herrería cubre esta entrada, aunque antiguamente tuvo un grande y antiguo portón de madera.

Al lado izquierdo de ese acceso se abren las puertas de dos accesorias. La más cercana, que actualmente alberga una tienda de artesanías, tiene un marco parecido al del acceso principal, tallado en cantera y con sus jambas apoyadas también en basas áticas, por lo que debe datar de la misma época. Aquí su cerramiento es recto, como debió ser el de aquella entrada, y su vano más estrecho. La puerta de la otra accesoria, donde se encuentra actualmente "Castillo's Pizza", es más pequeña y sin enmarcamiento alguno.

Del lado derecho de la entrada se abren en cambio más vanos: dos puertas en su parte inferior y dos ventanas en la alta. Esta parte de la casa fue construida tardíamente en la década de 1940. Las puertas de la planta baja parecen sin embargo más antiguas, especialmente por su pequeño tamaño, aunque solamente la del lado izquierdo posee un enmarcamiento de cantera. Las ventanas de la planta alta son modernas y se disponen horizontalmente, aunque por su sencillez no demeritan el conjunto. Tienen un sencillo respisón de mampostería y sendas rejas de herrería. A las habitaciones de la planta alta se accedía por una escalera de piedra.

En su interior, la casa se distribuye en forma de escuadra alrededor de un patio como casi todas las viejas casas de Aculco, con una crujía principal a lo largo de la fachada y otra secundaria que corre por su costado oriente. Construcciones menores y bardas separan esta área habitacional del corral, bastante extenso y cubierto hoy en día por árboles. En ese corral, que baja formando desniveles hacia la calle Corregidora, existieron dos cuartos de construcción antigua con tinas excavadas en la piedra, por lo que se puede deducir que exitió ahí una curtiduría. No he tenido oportunidad de recorrer a fondo esta casa y seguramente tiene más detalles interesantes de los que recuerdo, pero lo que es definitivamente precioso es el arco escarzano que separa al cubo del zaguán del patio. Desde el interior este arco está simplemente repellado, pero al exterior muestra su antigua y hermosa fábrica de mampostería de piedra blanca envejecida, con dos hiladas de dovelas, una ventanilla cegada en lo alto y pilares moldurados en la basa. Es uno de esos elementos arquitectónicos que en su edad, materiales y formas pareciera resumir los valores patrimoniales de Aculco. Según un lector que vivió en esta casa, lleva inscrito el año de su construcción: 1757.

La fachada posterior de la casa, hacia la calle Corregidora, es también muy interesante. Como otros muros de esa calle, no esta construido en la tradicional piedra blanca de Aculco, sino en tezontle y "piedra maciza". Siempre me he preguntado las razones por las que muchas de las construcciones más antiguas del pueblo están construidas con estos materiales, que era necesario traer desde sitios más apartados, en lugar de la piedra blanca que se extraía del propio subsuelo del lugar. Un recrecimiento -este si de piedra blanca- nos indica que en una segunda etapa constructiva el muro fue igualado en altura a las paredes vecinas y se le colocó entonces una delgada cornisilla de ladrillo de una sola hilada.

Cuando don Federico Castillo falleció, el 15 de enero de 1943, don José María Silva compró parte de sus bienes, entre ellos la casa de la Plaza de la Constitución, ésta de la calle de Morelos y una más también situada en aquella plaza, donde después se levantó la casa de don Ismael Martínez Arciniega que ahora conocemos como la casa de don Alfonso Díaz. Ya en la década de 1940, don Chema vendió la casa de la calle de Morelos 8 al profesor Napoleón Lara Rodríguez. Después de habitarla unos años, durante los que hizo ciertas modificaciones (como la construcción de las habitaciones de la planta alta de las que hablé antes), don Napoleón la vendió a la señora Carmen Narváez, en cuya familia se conserva.

martes, 14 de marzo de 2023

Profanación

Debo comenzar por decir que no tengo nada en contra del dueño del nuevo bar El Aguaje, situado en la Avenida Manuel del Mazo de Aculco. Es más, como en todo emprendimiento en el que alguien arriesga su capital para crear valor y riqueza, mi deseo sincero es que prospere y vea crecer su inversión.

Dicho esto, quiero expresar mi indignación porque precisamente ese bar ocupe el predio en el que se levanta desde hace 50 años la capilla de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Este pequeño templo fue construido por la señora María de Lourdes Mondragón de Lara a principios de la década de 1970 y su intención fue mantenerla abierta siempre al culto público. Pero como pasa siempre que las cosas se dejan sin concretar y quedan finalmente al arbitrio de otros, al fallecer su dueña la capillita entró en un largo periodo de abandono del que hablé en este blog, cuando la llamé Nuestra Señora de la Desolación. Ahora, del abandono ha pasado al uso como bar a cielo abierto, con muros de pintados de colorinches, figuras tales como calaveras y luces de neón. Un uso que su antigua dueña difícilmente habría imaginado y que menos aún habría aprobado.

No estoy en contra de que los inmuebles, incluso los que tienen un mayor valor patrimonial o simbólico, se "ganen la vida" con usos que permitan su aprovechamiento y conservación. Pero como en todo, creo que hay excepciones y límites que en este caso considero que se rebasaron.

María Mondragón era mi abuela y por eso me duele tanto que su capilla haya terminado de esa manera, incumpliendo sus deseos y mercantilizando lo que ella sólo quiso como lugar de culto religioso. No sé quién entre mis parientes posee el terreno, o si ya lo vendió y pertenece a otras personas. Pero sin duda hay un responsable moral de este despropósito, alguien que en última instancia simplemente decidió que había que ignorar los deseos de la fundadora de la capilla y hacerle ganar pesos al terrenito, sin importar el carácter del edificio y sin tocarse mucho el corazón sobre el negocio que podía instalarse ahí.

A esa persona, a ese responsable moral (que, repito para evitar malentendidos, no es el dueño del bar) sólo puedo decirle una cosa: maldito seas por propiciar esta profanación.

lunes, 13 de marzo de 2023

Historias de un sacristán

Poco conocí al buen Sabás García. Lo recuerdo ya anciano, cuando con alguna frecuencia visitaba la casa de mis tías abuelas, y en verdad era simpático ese hombre de rostro lampiño y amable sonrisa. ¡Cuánto podrá haber contado de sus largos años de trabajo en la iglesia, al final de los cuales fue injustamente despojado de su cargo!, pero ya ha muerto y quizá pronto se pierda su recuerdo, que hoy aun conserva la gente de Aculco.

Sacristán desde muy joven, su vida era la iglesia. Madrugaba diariamente para tocar las campanas al alba, y a esa hora comenzaban sus funciones cotidianas: Tener listos y limpios los vasos sagrados, llenas las vinajeras, doblados y en orden los ornamentos, limpia y barrida la parroquia. Al mediodía subía a la vieja torre y daba el toque del Angelus. Si uno caminaba por el campo podía ver cómo la gente que trabajaba la tierra detenía las yuntas y descubría su cabeza al escuchar las campanas que con voz ronca recordaban la anunciación. A las ocho de la noche el toque de ánimas daba fin a sus obligaciones, a menos que ocurriera algo fuera de su rutina; tal vez el doble por un difunto, o el acompañar al padre a confesar a un moribundo.

Las fiestas religiosas le proveían de nuevas ocupaciones: El adorno de los altares y de la iglesia el Viernes de Dolores, los trajines agotadores de la Semana Santa, la preparación de ceniza previa al miércoles primero de la Cuaresma.

Pero Sabás, el buen Sabás, trabajaba en ocasiones horas extras, y lo hacía con verdadera caridad y sin queja de sus labios, aun cuando el sacerdote al que ayudaba a celebrar misa a veces era una aparición y no un hombre de carne y sangre.

Así es, aquellos fantasmas salían de la sacristía atravesando la pared, cercana la hora al toque del alba. Vestían ropas extrañas y hermosas, ornamentos sacerdotales de otros tiempos. Sin decir palabra alguna, le indicaban al sacristán que les ayudase y él se acercaba. El padre comenzaba la misa en latín como era costumbre, y Don Sabás respondía y ayudaba al espíritu. La misa terminaba, en palabras del sacristán, “con oraciones muy raras”, rezos quizá en desuso desde siglos atrás.

Para la misa empleaban los mismos cálices, copones y patenas que Don Sabás preparaba para los sacerdotes vivos, y al final entraban de nuevo a la sacristía atravesando el muro, y no se les veía más.

No sucedió esto sólo una vez y para el sacristán no parecía demasiado extraño. Incluso aseguraba haber asistido a una misa espectral, en la que los fieles arrodillados frente al altar eran también fantasmas, vestidos con ropas antiguas. Sabás García deducía que Dios Nuestro Señor exigía el cumplimiento de una misa mal celebrada al sacerdote culpable y a los asistentes, sacándolos con tal fin de la paz de sus sepulcros.

Otras veces preguntaba con toda seriedad a mis tías:

-Señoritas, ¿no oyeron a la Llorona anoche?

-No, Sabás - respondía tía Esther.

-Pues si, se oyó por la calle de la alberca. Ustedes no la escucharon porque están en gracia de Dios.

-¿Y tú no, Sabás?, terciaba tía Rosa.

-Si, pero uno oye cosas por la calle y la pierde.

Bécquer, genio y poeta, levantó de su sepultura a monjes de otros siglos para crear su inmortal leyenda: "El Miserere", fruto de su privilegiada imaginación y creatividad. Pero Sabás Gracía, en su honrada humildad, insistía en que sus propias historias eran realidad, y era un hombre que no mentía. No se si ese mundo de seres intemporales, espectros y espíritus va dentro o fuera de nosotros, pero quisiera tener ojos como los del fallecido sacristán de la parroquia de Aculco, para verlos como él los vio.

 

 

Este texto forma parte del libro Aculco histórico, artístico, tradicional y legendario, H. Ayuntamiento de Aculco, 1996.

 

domingo, 19 de febrero de 2023

Destrucción y ruina

Los monumentos históricos catalogados por el INAH no pueden ser demolidos. La destrucción de gran parte de este inmueble situado en la esquina de la Plaza de la Constitución y la Avenida Manuel del Mazo es un delito federal, que buscaremos sea sancionado. Aculco fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO para preservar su arquitectura tradicional, no para reemplazarla por construcciones modernas que parezcan coloniales.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Una corta historia del ferrocarril Cazadero-Solís

En 1968, el historiador especializado en ferrocarriles Gerald M. Best (1895-1985) publicó el libro Mexican Narrow Gauge (Howell-North Books, Berkeley, CA), dedicado a los ferrocarriles de vía angosta que existieron en nuestro país. Entre estos ferrocarriles, el Cazadero-Solís -reseñado en el libro con una de las variantes de su nombre, Cazadero-La Torre y Tepetongo- tiene un lugar importante pues, como escribe el autor, fue "el el más largo de los ferrocarriles comunes de ancho de 2 pies" en México. Best describe a grandes rasgos su historia, enlista las locomotoras que le pertenecieron y sus características, e incluye incluso la fotografía de una de sus máquinas, la número 7. Hay ciertos errores en su texto, por ejemplo afirma que "Cazadero la Torre" era el nombre de un solo pueblo donde se originaba la vía, cuando sabemos que se trata de dos lugares distintos: las haciendas de Cazadero y La Torre. También afirma erróneamente que Cazadero está en Michoacán, cuando en realidad se encuentra en el estado de Querétaro. Igualmente, nos dice que el ferrocarril continuó en operación después de la Segunda Guerra Mundial, pero lo cierto es que no llegó a la década de 1930. De cualquier manera, la suya es una aportación interesante a la historia del Cazadero-Solís y por ello pensé mostrarles ese texto traducido al español:

 

LAS PRINCIPALES LÍNEAS DE VÍA ANGOSTA

En la historia de México ha habido más de un cien líneas cortas de vía estrecha o ferrocarriles industriales, la mayoría de ellos de esta última categoría y que operaban en conexión con minas, plantaciones de azúcar o la industria maderera. La historia de algunos es tan oscura que ha sido imposible localizar información sobre ellos, por lo que sólo se enumerarán aquellos para los cuales existe un registro razonablemente preciso. Algunos de ellos no sólo servían a una industria, sino que eran transportistas comunes de suficiente importancia como para considerar su inclusión en la Guía Oficial de Ferrocarriles de América del Norte. Una cantidad de ellos sobrevivió hasta tiempos modernos y siguen siendo de vía estrecha, pero la mayoría ha desaparecido de escena, víctimas del progreso.

[...]

F.C. CAZADERO-LA TORRE Y TEPETONGO

Vía de 2 pies de ancho

Organizado bajo una concesión otorgada en 1895 para construir un ferrocarril desde el pueblo de Cazadero la Torre, 100 millas al norte de la Ciudad de México en la Central Mexicana, este camino debía aprovechar grandes extensiones de madera sin explotar al sur y al oeste de Cazadero. Tepetongo es un pueblo en la línea principal de la Carretera Nacional Mexicana y al igual que Cazadero se encuentra en el Estado de Michoacán. La construcción comenzó en 1896 y la línea se construyó hacia el sur, hacia el Estado de México, a través del tramo superior del valle del río San Juan del Río hasta Ñadó, donde giraba hacia el oeste hacia una empinada subida por las laderas de las montañas hasta el principal centro maderero de San Pablo, a 36 y media millas de Cazadero. Se construyeron aproximadamente veinte millas de vías subordinadas desde San Pablo a medida que se expandieron las operaciones madereras. El servicio de pasajeros se inició entre Cazadero y Ñadó en 1897; Pronto, las pequeñas locomotoras Baldwin de chasis externo se convirtieron en algo familiar para los residentes del valle y el tráfico de madera terminada continuó a través del ferrocarril durante muchos años. En 1906 el camino fue vendido a un grupo que cambió el nombre a F. C. Cazadero y Solís, siendo este último el nombre de un pueblo sobre el Río Lerma, a veinte millas sobre las montañas desde San Pablo y en la línea del estudio original hasta Tepetongo.

La guerra civil que azotó a México entre 1911 y 1916 detuvo todas las operaciones madereras en esta zona y el ferrocarril estuvo cerrado durante muchos años. El 31 de diciembre de 1921, a José Rivera Río se le otorgó una nueva concesión para rehabilitar el ferrocarril y restablecer su funcionamiento, y se construyeron nuevas derivaciones hacia tierras madereras vírgenes cerca de San Pablo. Se volvió a cambiar el nombre de la vía, esta vez a Cazadero & San Pablo, bajo cuyo nombre la línea continuó en funcionamiento hasta que se agotó el suministro de madera. El abandono se produjo después de la Segunda Guerra Mundial, aunque la pista permaneció en pie durante diez años. Tres de las pequeñas máquinas de tanque lateral que habían sobrevivido a la guerra civil todavía estaban en servicio y terminaron sus días en plantaciones de azúcar en otras partes del país. Este era el más largo de los ferrocarriles comunes de ancho de 2 pies y probablemente el menos conocido fuera de México.

Quiero añadir aquí un dato que no tiene que ver con lo anterior, pero es mejor dejar aquí antes que se pierda: en el año de 1902, los ingresos totales del Ferrocarril Cazadero-Solís fueron de $ 7,045 pesos, según el libro Mexico. Geographical sketch, natural resources laws, economic conditions, actual development, prospects of future growth, International Bureau of the American Republics, 1904, p. 330.

lunes, 23 de enero de 2023

El kiosco de Aculco se desmorona

El kiosco de Aculco tiene ya 134 años. O, más bien, lo que tiene un siglo y tercio es su basamento de cantera rosa, pues los pilares que se apoyan en éste y la cubierta han sido modificados dos veces, la primera a mediados del siglo XX y luego en 1974. Y ese basamento -pieza ireemplazable del patrimonio de este pueblo- se está desmoronando por la humedad. Esta situación la señalé en este mismo blog hace más de diez años, ahora es mucho peor.

Hay en este deterioro un doble problema de origen: el basamento se construyó demasiado cerca del suelo, lo que hace que por capilaridad la piedra se humedezca, pero además está construido sobre un pozo que sigue existiendo bajo el kiosco. A estas condiciones se sumó otra que resultó más dañina: el efecto causado por la decisión lamentable tomada en 1974 de plantar azaleas en todo su derredor, de manera que prácticamente ocultaban la cantera. Eso produjo más humedades, no sólo por la cercanía de las plantas sino por el riego constante que salpicaba la piedra. Posteriores administraciones municipales mitigaron el daño en cierta medida al retirar las azaleas y plantar pasto rodeado por un murete de arrayanes, pero no ha sido suficiente: el basamento se ve cada día más deteriorado y en algunos puntos la cantera ha perdido ya su forma.

Es urgente que las actuales autoridades del municipio tomen medidas para la conservación de este bien cultural. Lo inmediato debería ser el retiro de toda la vegetación que lo rodea, o por lo menos la más inmediata, y la colocación de un piso de piedra natural que ya no haga necesario el riego en esa zona. A un plazo más largo, deberá plantearse su restauración para revertir los daños que la humedad y el tiempo le han causado. Y claro, si queremos soñar, quizá algún día podrá pensarse en la reconstrucción de las columnas y cubierta del kiosco como eran originalmente, tal como lo puedes ver pinchando aquí.

jueves, 12 de enero de 2023

La hacienda de Arroyozarco a cambio de tierras en Sonora

Uno de los malentendidos habituales al hablar de la repartición de las haciendas mexicanas y su transformación en ejidos en las décadas posrevolucionarias, viene de suponer que los propietarios de esas tierras simplemente las perdieron sin recibir nada a cambio. Lo cierto es que las leyes agrarias de la época señalaban que el gobierno debía pagar una indemnización a los hacendados cuando tomara sus tierras para crear un ejido. La única excepción sería la de los terrenos que legalmente se demostrara habían sido arrebatados a los pueblos, en cuyo caso se consideraría una restitución de tierras comunales y no una dotación. Pero este caso fue más bien raro. De hecho, en nuestro municipio de Aculco únicamente el pueblo de Santiago Oxthoc Toxhié logró demostrar una usurpación de tierras de ese tipo y obtener la restitución.

Con todo, en la práctica este pago de indemnizaciones fue bastante irregular. Hubo desde aquellos hacendados que recibieron de inmediato una compensación, como otros que la reclamaron por décadas y jamás vieron un centavo. El secreto estaba, como siempre, en el dinero e influencia en gobiernos que eran tan corruptos y arbitrarios como todos los que han gobernado este país:

Las tensiones que se crearon entre los propietarios y el gobierno estaban íntimamente enlazadas a la situación política y económica del país, aprovechando los momentos de inestabilidad fue que los terratenientes más acaudalados y con mayor vinculación al poder lograron pactar con el gobierno y pudieron reorientar sus inversiones hacia otros ramos de la economía. Pero aquellos que no gozaban de buenas relaciones no pudieron evitar la expropiación de sus terrenos, sin ver nunca la indemnización prometida, por lo que eran los que más se quejaban de la política agraria y que estuvieron prestos a unirse a quienquiera que se opusiera al régimen (Regina Tapia y Catherine Andrews [coordinadoras], La reforma agraria desde los Estados: ensayos en conmemoración del centenario de la Ley Agraria del 6 de enero de 1915, México, SCJN, 2018, p. 39 y 40).

En el caso de la hacienda de Arroyozarco -como consigné en el epílogo de mi libro Arroyozarco, puerta de tierra adentro- se decía que la indemnización para sus dueños habría sido más bien extrajudicial y consistente en concesiones para la construcción de carreteras y otras obras de infraestructura en el norte del país. Negocios que les habrían rendido utilidades suficientes como para olvidarse de esa finca y sentirse plenamente compensados.

Existen ciertamente indicios de ello, pues José Henríquez Guzmán, esposo de María, hija de la dueña de Arroyozarco doña Dolores Rozas y quien actuaba como apoderado de sus herederos, tenía, entre otras inversiones en la industria de la construcción, acciones en la compañía Construcciones, S.A., a la que, por ejemplo, el gobierno del presidente Miguel Alemán concedió en 1947 la construcción de la presa Álvaro Obregón en el río Yaqui, en Sonora (José P. Arreguín Mañón y Ana Terán, Dos testimonios sobre historia de los aprovechamientos hidráulicos en México, México, CIESAS, p. 60). Pero hasta hace poco tiempo desconocía que sí hubo además por lo menos dos indemnizaciones formales por la expropiación de algunas tierras de Arroyozarco.

En efecto, el Diario Oficial de la Federación (DOF) del lunes 26 de marzo de 1945 señala que la presidencia de la República (en ese momento a cargo de Manuel Ávila Camacho) había resuelto "compensar por equidad a la señora Guadalupe Verdugo de Landa, por las expropiaciones que sufrió, para fines agrarios, en las fracciones de su propiedad de la ex hacienda de Arroyo Zarco". Guadalupe era la segunda hija de doña Dolores Rozas y don Agustín Verdugo, y usaba el apellido Landa por su esposo Enrique Landa. Esa compensación consistió en poco más de 646 hectáreas de terrenos en el Sistema del Río Yaqui, Sonora, adquiridos por el Ejecutivo federal con ese fin y que se consideraban equivalentes al valor catastral de las tierras perdidas por ella en Arroyozarco.

Ciertamente esas 646 hectáreas eran incomparables en superficie a las aproximadamente 25 mil que en Arroyozarco fueron convertidas en ejidos. Pero se trataba de tierras de riego, ubicadas además en una de las zonas agrícolas más productivas del país, donde ese mismo año el científico Norman E. Bourlag desarrolló las investigaciones que iniciaron la Revolución Verde, un proceso que transformaría la producción agrícola a nivel mundial. No eran en absoluto poca cosa.

María Verdugo de Henríquez, la otra hija y heredera de doña Dolores Rozas, recibió también su indemnización con tierras en la misma región, aunque en menor cantidad. O más bien fueron sus herederos, puesto que ella había fallecido en un accidente automovilístico en Michoacán unos años antes. En su caso, el acuerdo publicado en el DOF el viernes 27 de septiembre de 1846 indica que el valor de las afectaciones que sufrió su propiedad en Arroyozarco por dotaciones agrarias se había estimado en $ 323,177.93 pesos y se le compensaría con cien hectáreas de terrenos en el Valle del Yaqui por valor de $ 50,000.00 pesos, reconociéndole en todo caso a su sucesión un saldo de $ 273,177.93 pesos, sin que se indique cómo se le pagarían.

Así, las hermanas Verdugo Rozas prácticamente cambiaron sus tierras de Arroyozarco por otras en Sonora.