
En esencia se trata de una gran troje de rústicos sillares de piedra blanca que ocupa una superficie de 800m2 y que en el terreno adjunto (cercano a las dos hectáreas) incluía anexos tales como despacho, bodegas, era, corrales y hasta una pequeña plaza de toros con su palco, todo rodeado por una barda también de sillería. El cuerpo principal es una construcción de tres naves, sostenida por pilares. Dos sencillas portadas laterales se abren al exterior y una ventana circular remata la cabecera de la nave central, reforzada con un par de contrafuertes. Su techumbre de dos aguas es de teja, apoyada antiguamente en una estructura de antiguas viguetas de fierro sujetas con remaches y tornillos que soportaban morillos y cintas de madera. Los pisos son casi todos de ladrillo, pero en una parte se observan todavía grandes losas de piedra.

A consecuencia del fraccionamiento de la hacienda de Ñadó, el Jacal pasó a otras manos pero se mantuvo en mediano estado de conservación hasta hace unos veinte años. Pero ahora, en 2009, el Jacal prácticamente se está derrumbando por el abandono.

En una de sus pintarrajeadas bardas ha aparecido un letrero que indica que está en venta, ojalá que su nuevo propietario se decida a recuperar el edificio y no a derrumbarlo por viejo o a modificarlo sin atender a su valor histórico y arquitectónico, como ocurre en tantas ocasiones.
ACTUALIZACIÓN, 27 de febrero de 2012.
El jacal de Ñadó, ya completamente destejado y en venta. No resulta alentador que al anunciarlo se le califique como "ruinas": significa que ya llegó cerca de donde iba, como señalábamos hace tres años.

ACTUALIZACIÓN, 28 de diciembre de 2013.
Este es el aspecto actual del Jacal de Ñadó, destechado para vender la teja y con los muros de sillería que lo rodeaban dilapidados para venderse también como piedra de construcción. Así es como conserva este pueblo "sitio del Patrimonio Mundial de la UNESCO" sus construcciones históricas.