miércoles, 27 de febrero de 2019

El Portal de los Terreros en riesgo

Esta semana han acordonado el Portal de los Terreros (también llamado anteriormente el Portal de la Botica y el Portal de la Reforma), según parece por "riesgos estructurales". En las fotografías que me han enviado no se perciben tan claramente estos riesgos y lo único que noto es algún desplazamiento en la zapata de madera de la columna poniente y cierto ligero pandeo de una viga, pero si las autoridades han decidido tomar la precaución de acordonar el sitio es porque seguramente tiene problemas graves.

Hagamos un poco de historia acerca de este portal ubicado en la esquina de la avenida Hidalgo y de la calle de Rivapalacio. Su origen parece remontarse a 1776, como refería una inscripción en la casa a la que está adosado. De hecho, los corredores del desaparecido patio de esta misma casa tenían las mismas características del portal, con sus basas de cantera, columnas panzudas de madera rematadas por grandes zapatas y su techumbre de viguería y terrado. Ciertamente durante la Colonia debieron abundar en Aculco las galerías soportadas por pilares de madera, aunque hoy no lo parezca tanto pues casi todas han sido destruidas. Quedan como ejemplos de ello en exteriores tan sólo este portal, la planta superior de la portería del antiguo convento, la reconstruida planta alta del Portal del Cinco de Mayo y la moderna entrada del casino del Lienzo Charro Garrido Varela.

La casa a la que pertenecía el portal fue construida por el comerciante Faustino Donato Ruiz Peña, el hombre más rico de Aculco en su época. Naturalmente fue una casa grandiosa, comenzando por su enorme superficie de diez mil metros cuadrados que ocupaban la propia casa, extensos corrales y hasta una pequeña plaza de toros. En el siglo XIX devino propiedad de la familia Martínez y luego fue partida en dos fracciones: una con fachada hacia la calle de Rivapalacio que compró don Abraham Ruiz y otra que abarcaba todo el frente hacia la calle de Hidalgo, que adquirió don Fermín Terreros. En esta última porción quedó incluida la accesoria esquinera y su portal. Porque, en efecto, el portal servía a la tienda y desde su origen estuvo destinado a darle marco. De hecho, fácilmente se advierte que para construirlo sobre una acera angosta, la tienda tuvo que construirse ligeramente remetida del paramento general de la casa.

Lastimosamente, tanto la casa de don Abrahan Ruiz como la de don Fermín Terreros fueron a su vez fraccionadas y en gran parte destruidas. De hecho, su degradación de este conjunto continúa hasta el día de hoy, algo que se advierte tan sólo con observar sus caóticas azoteas desde la Plazuela José María Sánchez y Sánchez.

Pero volvamos al portal. Éste se levanta sobre una pequeña plataforma que lo eleva sobre el nivel de la avenida Hidalgo. Posee tres columnas apoyadas en dados de mampostería sobre los que tienen sendas bases de cantera. El fuste de las columnas es abombado, lo que les da un perfil muy característico. Las columnas soportan una techumbre de viguería de madera con sus canecillos labrados, que desaguan tres grárgolas de cantera. Vale la pena comentar aquí que en una restauración realizada a este portal a principios de la década del 2000 se eliminaron inexplicablemente tres de las cinco gárgolas que tenía originalmente. Es posible que debido a ello la evacuación del agua de lluvia de esta azotea no haya sido el correcto y que en ello se encuentre la raíz de sus daños.

En fin, el portal de los Terreros tiene problemas y espero que las autoridades municipales los resuelvan pronto, sin permitir que este importante hito del centro de Aculco se deteriore más. Lo ideal sería, por supuesto, no un remiendo sino su restauración integral para asegurar su permanencia a largo plazo. Se tiene el magnífico antecedente de la restauración de las columnas y viguería de la potería del ex convento como ejemplo de la manera en que puede recuperarse un espacio con las características de éste.

 

Si quieren saber más sobre la casa y portal de los Terreros pueden seguir estas ligas:

La casa de los Terreros I.

La casa de los Terreros II.

La casa de los Terreros III.

viernes, 22 de febrero de 2019

Una casa, un patio

La casa de la esquina de Corregidora y Comonfort

Probablemente la mayoría de los lectores de este blog han puestopoca atención a la casa que se encuentra en la esquina de sureste del cruce de las calles de Corregidora y Comonfort. Es natural, pues en su exterior esta casa muestra sólo una digna y agradecible sobriedad que encaja muy bien en este lugar del pueblo, pero que no llama la atención. Con sus aleros de teja, ventanas pequeñas en la planta baja y balcones en el piso alto sin molduras ni ornatos más allá de sus sencillas rejas, la casa pasa en general desapercibida salvo para quienes nos gusta recordar cada rincón de Aculco.

Según entiendo, esta casa perteneció a don Félix Herrera (quien fue dueño también de la muy cercana casa de la panadería, en la Plazuela Hidalgo) y sigue siendo propiedad de sus descendientes. Me han dicho que la propiedad fue dividida en dos fracciones, pero desde el exterior parece matener su unidad arquitectónica. En la tienda que existió en su accesoria de la planta baja estuvo un tiempo el teléfono público, cuando dejó de ofrecerse este servicio en la tienda de El cinco de mayo. Con la proliferación de los teléfonos celulares, hoy nos suena casi a cuento que hasta hace unos 20 años todavía existiera necesidad de un teléfono público con larga distancia.

En fin, poco más que lo que ya he escrito tendría que platicarles sobre esta casa, si no hubiera visto una bella foto de su interior publicada en el marco del Festival Internacional del Camino Real de Tierra Adentro (FICTA) el año pasado. Aquí se las muestro con sus características originales, pues después la manipularé un poco para mayor claridad.

La barda y tejados más altos del lado izquierdo de la fotografía corresponden a la vieja casa de don Hesiquio Morales, de la que ya he escrito antes. El patio con corredores a más bajo nivel es el de la casa a la que me he estado refiriendo.

Pocas eran las casas aculquenses antiguas con arcos en sus corredores (poco más de media docena, incluyendo el claustro del convento), lo que la vuelve especialmente interesante. Estos arcos, de medio punto, poca altura, apoyados en gruesos pilares con un sencillo capitel, parecen ubicarse sólo en uno de los lados del patio, aunque no se puede descartar que existan otros formando un ángulo recto con estos. Un pretil bajo para poner macetas une los intercolumnios, dejando libres algunos espacios para el paso. Al fondo de uno de ellos se observa una portada de cantera que quizá perteneció a la sala de la casa.

Por los canales de piedra que desaguan su azotea (algo desalineados y a distinto nivel), se advierte que originalmente sólo existió el corredor de la planta baja. Con todo, la ampliación construida sobre él se resolvió con la sencillez y gracia habitual de la antigua arquitectura popular: una serie de pilares simples que sostienen un pequeño tejado. Si bien todos los muros de lo descrito están blanqueados, por encima del tejado asoma en hermoso contraste la mampostería de piedra blanca y tezontle al natural.

Como este encantador patio, Aculco guarda todavía muchos pequeños sitios casi desconocidos. Descubrirlos y mostrarlos es una invitación a apreciar su valor y procurar su conservación.

viernes, 15 de febrero de 2019

Así se borra la historia


PLAZUELA JOSE MA. S.
SANCHEZ
SEPTIEMBRE 16
1912

Así rezaba la placa colocada en una de las enjutas de los arcos del portal de la Casa del Puente, colocada cuando se decidió bautizar la pequeña plaza a su frente con el nombre de don José María Sánchez y Sánchez, benefactor del pueblo que siendo presidente municipal costeó con su dinero la compra de varios carros de ferrocarril cargados de maíz para paliar la escasez que se sufrió en tiempos de malas cosechas, a fines del siglo XIX. Y digo rezaba porque si intentan ustedes leerla hoy verán que ya casi no es posible.

Lo más triste es que la erosión provocada por la humedad prácticamete acabó con la placa en los últimos tres años, ya que la fotografía que les muestro en que aún es legible su inscripción es apenas de la Semana Santa de 2016. Algo ocurrió en ese tiempo con la humedad en ese portal, no sé si por los cambios en sus azoteas (que se advierten por las canales de desagüe que se colocaron ahí hace poco tiempo) o por absorción del subsuelo, pero el caso es que el propio portal piede empezar a sufrir daños si la situación no se resuelve.

En fin, que quede por lo menos consignado aquí lo que la placa decía, ya que materialmente la podemos dar por perdida. Ojalá algún día se coloque una nueva en su sitio con la misma leyenda para que se recupere la historia del lugar a la vista del transeúnte común, corrigiendo antes, eso sí, las humedades que llevaron a la pérdida de la anterior.