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jueves, 25 de noviembre de 2021

Cuando algo destaca por lo malo

La verdad nunca pensé que esta casita llegara a aparecer en mi blog por otra razón que no fuera su evidente fealdad y la manera tan desafortunada en que interrumpe la agradable uniformidad de muros de piedra blanca de la calle Corregidora. Pero en días pasados fue allanada por agentes federales para detener a una persona presuntamente dedicada a la venta de droga y para decomisar mariguana y cristal.

Si ya antes el inmueble destacaba por su pésima integración al paisaje urbano aculquense, ahora sobresale también por su vínculo con la delincuencia. Y ya que se presenta la oportunidad de referirnos a ella, digamos unas cuantas palabras sobre su historia.

Como muchos de ustedes saben, a lo largo del lienzo norte de la calle Corregidora, en el espacio que va desde la alberca municipal hasta la troje de la huerta, existe una serie de pequeños predios que se reconocen individualmente por los portillos (algunos tapiados) que se abrían en un muro continuo de piedra blanca. Se trata de los antiguos baños, en los que algunas de las familias más prósperas de Aculco disfrutaban de agua que corría continuamente desde los manantiales de la alberca por un canalillo que atravesaba estos terrenos, permitiendo así lavar ropa, bañarse, reposar y usar el líquido sin necesidad de sacarlo de un pozo. Todos estos baños están tristemente en el abandono, cuando forman parte de un sistema hidráulico que debería considerarse en su conjunto como patrimonio.

Los baños de algunas casas del pueblo son muy originales, son unos cuartos provistos de un tanquecito por el que pasa agua corrediza de un canal" (Dr. Enrique Rojas López, "Informe general sobre la exploración sanitaria del municipio de Aculco, Méx.", 1943)

Donde hoy se levanta la casa en cuestión -Corregidora número 12- se encontraba antes el baño de don Hesiquio Morales. Aunque mutilado, todavía es posible reconocer su antiguo acceso a la derecha de la nueva entrada para automóviles. Todo lo demás que existió en su interior desapareció en la década del 2000, cuando pasó a otras manos y el nuevo poseedor decidió fincarlo como casa. Entonces la vieja entrada fue tapiada, se derribó casi toda su barda exterior para abrir un portón, con tabicón se levantó una segunda planta en la que sólo se aplanó la fachada y se coronó con una marquesina que prolonga la losa de concreto. Una ventana descentrada y alargada horizontalmente deja ver con claridad que no se tuvo ninguna intención de integrar la construcción con su entorno. Y vamos, ¡habría sido tan sencillo realizar la fachada de esa segunda planta en piedra, para que no desentonara así! Pero en fin, pudo ser también mucho peor, como ocurre con las casas que se levantan metros más adelante en el lienzo sur de la calle, cerca de la esquina con la de Matamoros.

Desconozco quién es el actual propietario de la casa. Tampoco si la propiedad caerá en los supuestos de la ley de extinción de dominio al haber sido utilizada para la comisión de delitos y pasará al control del Gobierno Federal, o si sus dueños podrán demostrar que nada tienen que ver con ello y lograrán conservarla. Pero ojalá en algún futuro no muy lejano alguien decida integrarla mejor a su entorno para que deje de ser una especie de "negrito en el arroz" en el aspecto tradicional de la vieja calle de la Corregidora.

lunes, 30 de abril de 2018

Que no muera esa casa

Los antiguos corredores de la casa de Rivapalacio 2, a punto de perderse.

Ya es una ruina. Si se trata de una ruina todavía reparable, no lo sé, pero quiero imaginar que sí. Está en el número 2 de la calle de Rivapalacio y seguramente algunos de ustedes han entrado en ella, pues en la parte más moderna de la casa se instaló recientemente el restaurante "Los Jarritos". Está en el número 2 de la calle de Rivapalacio y es una de esas antiguas casas de Aculco que no debería morir.

Hace más de seis años les hablé de ella en este mismo blog, la llame entonces "una casa que yo me compraría". Desde entonces ha seguido su camino hacia la nada. Algo por demás lamentable por sus propias características arquitectónicas, al mismo tiempo tan aculquenses y tan únicas, así como por ser ya una de las pocas casas con valor histórico que restan en esa calle del pueblo, antaño una de las que tuvieron un aspecto más tradicional y auténtico.

¿Qué hace especial a esta casa? Desde su fachada se adivina que, aunque sencilla, no es una casa cualquiera. La portada de cantera de su acceso principal, posiblemente del siglo XVIII y ya muy desgastado por su edad, se adorna con una moldura en la parte superior. Más notable y hermoso, aunque menos antiguo, es el precioso balcón de estilo neoclásico que se abre a su izquierda, a un nivel algo elevado de la calle, protegido además con una reja de buena forja. Balcones como éste sólo los tuvieron las casas más importantes de Aculco y se puede fechar hacia mediados del siglo XIX.

En su interior, la crujía que da hacia el frente fue modernizada y salvo la presencia de algunas ventanas de cantera es difícil saber cómo fue originalmente. Hacia el patio, esta crujía muestra en la planta baja arcos de ladrillo y en la superior pilares del mismo material que le dan un aspecto agradable, aunque moderno.

En cambio, la crujía del fondo, es de gran antigüedad, completamente original, mucho más interesante, pero es justamente la que está en proceso de ruina total. Guardando por su puesto la distancia, esta ala del inmueble me recuerda mucho el aspecto del patio del llamado Corral del Carbón, una construcción de la Granada musulmana que sirvió originalmente como posada de comerciantes. Quizá esta casa aculquense fue también mesón (así lo podrían sugerir algunas de sus características, otras no) y por ello el interés por conservarla debería ser mayor tomando en cuenta que su designación como sitio del Patrimonio Mundial de la UNESCO obedece a su relación con el Camino Real de Tierra Adentro.

Esta área antigua de la casa consta de dos plantas. Desconozco cuál es la distribución interior y algunas fotografías que he visto no lo aclaran mucho. Supongo que se tratará de la habitual alineación de habitaciones paralelas a los corredores en ambos pisos. Lo interesante son precisamente los estrechos corredores porticados, que se apoyan en tres gruesos pilares de mampostería de piedra blanca revocada, entre los que corren sendas vigas cargadoras soportadas por canecillos labrados de madera. Un grueso terrado formaba el entrepiso, ya casi todo él destruido. En la planta alta las vigas cargadoras descansan directamente sobre los pilares, sin canecillos, y suncubierta es mucho más sencilla, de viguería y teja de barro. Al extremo derecho de los corredores se encuentra la escalera, ¡una de esas escaleras exteriores tan típicas de Aculco, de las que no quedan muchas! Es además esta escalera peculiar por su forma (en dos tramos, con un rellano y flanqueada por por un contrafuerte) además de por alzarse sobre el pozo de agua.

Los corredores, por lo menos los de la planta baja, estuvieron decorados con pintura mural que formaba un friso con molduras fingidas, en rojo, rosa y un gris azuloso. Los muros estaban pintados de amarillo ocre.

Una crujía más, también antigua, une los corredores descritos con los modernos del frente, y en él se abren varias portadas de cantera semejantes a la ventana de la fachada. Algunos vestigios, como una pilastra almoahdillada fingida y un trozo de cornisa, sugieren que antaño tuvo una decoración importante.

Así es esta antigua casa, de gran sabor y tipismo. Uno de los tesoros de Aculco a punto de perderse. ¿La dejarán sus dueños morir?

Algunas fotografías más de exteriores e interiores, tomadas por visitantes recientes a la casa. Ojalá no se conviertan en testimonio de lo perdido.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Y así se desdibuja la magia de Aculco...

Permítanme que, después del texto publicado en este blog hace unos días -que desbordaba entusiasmo por la existencia todavía de sitios poco conocidos, recónditos y bien conservados en Aculco- regrese ahora al pesimismo acerca de la preservación de su patrimonio arquitectónico. Porque a veces resulta más util señalar lo que está mal, lo que se pierde o daña, para crear conciencia de la constante dilapidación de una riqueza cultural que ha sido incluida en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Esta portadita de piedra blanca da acceso a un inmueble ya reseñado aquí, en el texto "La otra alberca", situado en el número 10 de la calle de la Corregidora. Aunque el edificio en su conjunto se hallaba en muy mal estado, por lo menos conservaba su integridad y originalidad. Pero hace casi un año el propietario decidió colocar una nueva puerta que sustituyera a la muy maltrecha que estaba ahí, que de tan deteriorada había dejado de servir para su fin. Y, seguramente por razón de la poca altura de esa entrada, procedió a "recortar" las piedras que formaban su gracioso dintel curvo para dejarlas en recto. Como remate de la poco pulcra y destructiva intervención, quedaron ahí las plastas de cemento manchando la piedra blanca de las jambas y del resto del dintel.

Ante lo pequeño del detalle patrimonial que se ha perdido con esta intervención, algunos creerán que exagero al lamentarme por ello. Quizá piensen esa portada de piedra blanca es muy secundaria o poco visible. O que el sentido práctico obligaba a recortarla. O que el daño es muy menor. O que, en todo caso, resulta relativamente fácil reconstruirla. Pero déjenme recordarles cuatro cosas. La primera, que estos detalles forman parte significativa de un conjunto urbano que está en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y su conservación debería estar asegurada. La segunda, que el patrimonio arquitectónico de Aculco no es tan grande como para que podamos considerar a estas pérdidas poco importantes: en realidad, es la suma de estos detalles patrimoniales sencillos lo que da valor al conjunto urbano aculquense. La tercera, que siempre existirán alternativas que no signifiquen destrucción. Y cuarta, que una de las características de un bien del Patrimonio Mundial es su originalidad: si se trata de una reconstrucción su valor nunca será el mismo. Lo perdido, perdido está. Y esto ya se perdió.

lunes, 28 de marzo de 2016

Calle de Aldama número 9: soberana tontería

Me gustaba pasear por la calle de Aldama y especialmente frente a la casa que lleva el número 9. Era como regresar al Aculco más antiguo, pues ésta y las casas vecinas (que quizá en algún momento formaron una sola propiedad) parecían no haber sido tocadas desde su construcción, probablemente llevada a cabo a principios del siglo XVIII. Extrañamente, ni siquiera la remodelación de 1974 que abarcó casi todo el pueblo llegó a esta calle, no sé si por simple olvido o porque el arquitecto responsable quiso dejar una muestra -un testigo diríamos en términos de restauración- del estado original de nuestro poblado.

No es que se tratara de una casa grandiosa en términos arquitectónicos(aunque su acceso principal era alto y hermoso como el de un pequeño palacio) pero resultaba encantadora por su originalidad, por su prístino estado de conservación: un sobrio muro de piedra blanca encalada, rematada a la manera tradicional aculquense -casi perdida- con una hilada de ladrillo y lomo de toro; en el muro se abrían ventanas cerradas con rejas, distribuidas un poco caprichosamente. A los lados de alguna entrada se conservaban los peculiares poyos, antaño tan frecuentes en Aculco. Sólo al extremo -y formando, creo, parte ya de la casa vecina- se abría un balconcillo en lo alto, señalando la existencia de una planta superior. A través de la reja que cubría la entrada principal, era posible ver su patio con jardín, tan bien conservado y tan auténtico como el exterior, al que se abría un pequeño corredor de poca altura.

Lo más hermoso era la portada principal, toda de cantera encalada, con pequeños resaltes como pedestales en las jambas, que se elevaba con unos escalones sobre el nivel de la calle y se remataba en una gruesa moldura que permitía suponer la época de su construcción, como dije arriba, en los primeros años del 1700. Desgraciadamente esta portada, que más de un adinerado habría deseado para su casa de San Ángel o Coyoacán, fue mutilada hace apenas unos días, a despecho de todos los ordenamientos legales que supuestamente protegen el patrimonio histórico de Aculco y que en la realidad a nadie le interesa aplicar. Hoy es una vulgar, vulgarísima cochera. Sólo sobrevivió la moldura del remate, como indicando con su presencia lo que bajo ella se perdió.

¿Alguien recuerda aquel tríptico que repartió el Ayuntamiento de Aculco apenas incluido este pueblo en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como parte del Camino real de Tierra Adentro en 2010? Tenía un párrafo que decía:

Asimismo es tarea de todos implementar las acciones básicas necesarias para su conservación, por ejemplo, evitando realizar cambios a las construcciones, y al entorno urbano y ambiental inmediato que alteren de manera drástica el valor patrimonial por el cual fue reconocido por la UNESCO.

Pues estimados lectores, eso es justamente lo que se hizo con esta casa y que en realidad se sigue haciendo en toda la extensión del pueblo. Tan importante era esta construcción que en el propio plano del Plan de Gestión del Camino Real de Tierra Adentro aprobado por la UNESCO, aunque no se le incluyó en las áreas núcleo y de amortiguamiento le señaló como un edificio de valor histórico contextual que debía preservarse en su integridad. Hoy, esa integridad conservada por tres siglos se ha perdido.

Parece que ni los habitantes y propietarios de Aculco, quizá ni siquiera las autoridades civiles y religiosas del lugar, han acabado de comprender cabalmente lo que significa la designación de Aculco como sitio del Patrimonio Mundial: quiere decir que se debe conservar, que los cambios a sus construcciones deben ser restringidos y muy reglamentados, significa que nadie debería poder libremente ensanchar un vano, convertir una ventana en puerta, construirle un segundo piso a su casa, reemplazar sus tejados por losas de concreto, cambiar su puerta de madera por una cortina metálica, subdividir el predio, destruir el interior y conservar sólo su fachada, etcétera. Lo siento, sí, esto suena muy restrictivo, pero es justamente a lo que el Ayuntamiento de Aculco, el Gobierno del Estado de México, el Gobierno Federal y el INAH se comprometieron al buscar la incorporación del pueblo a ese patrimonio mundial. Y un día tendrán que rendidr cuentas de ello. Porque uno no puede visitar ciudades como Ávila, Toledo, Praga, Córdoba y otras reconocidas en la lista de la UNESCO esperando encontrarse con que al dueño de cierta casa histórica se le ocurrió mutilar la entrada para que cupiera su auto; el viajero que visita esas ciudades busca exactamente lo contrario: la permanencia frente a lo cambiante del resto del mundo.

En fin, se ha perdido un poco más del patrimonio de Aculco. Aculco es hoy un poco menos auténtico, un poco menos original, un poco menos valioso, un poco menos respetuoso de las leyes, un poco menos ejemplar, un poco menos hermoso. Quizá sea momento de preguntarse cuántos de esos "poco menos" es capaz de resistir.

¿Quieres ver cómo se veía esta casa en 2009? Sigue este link para entrar a Google Street View.

Calle de Aldama número 9: soberana tontería

Me gustaba pasear por la calle de Aldama y especialmente frente a la casa que lleva el número 9. Era como regresar al Aculco más antiguo, pues ésta y las casas vecinas (que quizá en algún momento formaron una sola propiedad) parecían no haber sido tocadas desde su construcción, probablemente llevada a cabo a principios del siglo XVIII. Extrañamente, ni siquiera la remodelación de 1974 que abarcó casi todo el pueblo llegó a esta calle, no sé si por simple olvido o porque el arquitecto responsable quiso dejar una muestra -un testigo diríamos en términos de restauración- del estado original de nuestro poblado.

No es que se tratara de una casa grandiosa en términos arquitectónicos(aunque su acceso principal era alto y hermoso como el de un pequeño palacio) pero resultaba encantadora por su originalidad, por su prístino estado de conservación: un sobrio muro de piedra blanca encalada, rematada a la manera tradicional aculquense -casi perdida- con una hilada de ladrillo y lomo de toro; en el muro se abrían ventanas cerradas con rejas, distribuidas un poco caprichosamente. A los lados de alguna entrada se conservaban los peculiares poyos, antaño tan frecuentes en Aculco. Sólo al extremo -y formando, creo, parte ya de la casa vecina- se abría un balconcillo en lo alto, señalando la existencia de una planta superior. A través de la reja que cubría la entrada principal, era posible ver su patio con jardín, tan bien conservado y tan auténtico como el exterior, al que se abría un pequeño corredor de poca altura.

Lo más hermoso era la portada principal, toda de cantera encalada, con pequeños resaltes como pedestales en las jambas, que se elevaba con unos escalones sobre el nivel de la calle y se remataba en una gruesa moldura que permitía suponer la época de su construcción, como dije arriba, en los primeros años del 1700. Desgraciadamente esta portada, que más de un adinerado habría deseado para su casa de San Ángel o Coyoacán, fue mutilada hace apenas unos días, a despecho de todos los ordenamientos legales que supuestamente protegen el patrimonio histórico de Aculco y que en la realidad a nadie le interesa aplicar. Hoy es una vulgar, vulgarsísima cochera. Sólo sobrevivió la moldura del remate, como indicando con su presencia lo que bajo ella se perdió.

¿Alguien recuerda aquel tríptico que repartió el Ayuntamiento de Aculco apenas incluido este pueblo en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como parte del Camino real de Tierra Adentro en 2010? Tenía un párrafo que decía:

Asimismo es tarea de todos implementar las acciones básicas necesarias para su conservación, por ejemplo, evitando realizar cambios a las construcciones, y al entorno urbano y ambiental inmediato que alteren de manera drástica el valor patrimonial por el cual fue reconocido por la UNESCO.

Pues estimados lectores, eso es justamente lo que se hizo con esta casa y que en realidad se sigue haciendo en toda la extensión del pueblo. Tan importante era esta construcción que en el propio plano del Plan de Gestión del Camino Real de Tierra Adentro aprobado por la UNESCO, aunque no se le incluyó en las áreas núcleo y de amortiguamiento le señaló como un edificio de valor histórico contextual que debía preservarse en su integridad. Hoy, esa integridad conservada por tres siglos se ha perdido.

Parece que ni los habitantes y propietarios de Aculco, quizá ni siquiera las autoridades civiles y religiosas del lugar, han acabado de comprender cabalmente lo que significa la designación de Aculco como sitio del Patrimonio Mundial: quiere decir que se debe conservar, que los cambios a sus construcciones deben ser restringidos y muy reglamentados, significa que nadie debería poder libremente ensanchar un vano, convertir una ventana en puerta, construirle un segundo piso a su casa, reemplazar sus tejados por losas de concreto, cambiar su puerta de madera por una cortina metálica, subdividir el predio, destruir el interior y conservar sólo su fachada, etcétera. Lo siento, sí, esto suena muy restrictivo, pero es justamente a lo que el Ayuntamiento de Aculco, el Gobierno del Estado de México, el Gobierno Federal y el INAH se comprometieron al buscar la incorporación del pueblo a ese patrimonio mundial. Y un día tendrán que rendidr cuentas de ello. Porque uno no puede visitar ciudades como Ávila, Toledo, Praga, Córdoba y otras reconocidas en la lista de la UNESCO esperando encontrarse con que al dueño de cierta casa histórica se le ocurrió mutilar la entrada para que cupiera su auto; el viajero que visita esas ciudades busca exactamente lo contrario: la permanencia frente a lo cambiante del resto del mundo.

En fin, se ha perdido un poco más del patrimonio de Aculco. Aculco es hoy un poco menos auténtico, un poco menos original, un poco menos valioso, un poco menos respetuoso de las leyes, un poco menos ejemplar, un poco menos hermoso. Quizá sea momento de preguntarse cuántos de esos "poco menos" es capaz de resistir.

¿Quieres ver cómo se veía esta casa en 2009? Sigue este link para entrar a Google Street View.

sábado, 9 de enero de 2016

La primera y única embotelladora de refrescos que existió en Aculco

En la esquina que forman las calles de Hidalgo e Insurgentes, es decir, prácticamente en el punto en que por muchos años años se podía señalar que empezaba -o terminaba- el pueblo de Aculco hacia el poniente, existe una pequeña e interesante casa que hasta hoy se ha conservado sin grandes modificaciones, por lo menos en su fachada. La misma que nuestros abuelos llamaban la "casa de don Guadalupe Reyes".

Esta casa contaba antaño con un terreno muy extenso que después se fue fraccionado en distintos predios. Sin embargo, lo que podemos llamar la casa principal subsiste como muy digno ejemplo de la arquitectura popular aculquense y en ella nos concentraremos. Consta de una sola planta y se distribuye alrededor de un patio. Las habitaciones que debieron ser las principales tienen techos planos pero buena parte de la casa se halla cubierta de tejados. Por el lado de la calle Hidalgo (donde lleva el número 27) su fachada es más bien irregular, pues además de la entrada principal de dintel recto y enmarcada en cantera tiene otro acceso esquinero con dintel curvo y marco de piedra blanca, una ventana casi inmediata también de dintel curvo que quizá se proyectó a juego con ésta (pese a que no tiene enmarcamiento), así como un ventanuco en su otro extremo. En cambio, su fachada por la calle de los Insurgentes (número 17) es algo más ordenada: consta de tres balcones con enmarcamiento de cantera blanca y moldura en la parte superior, dos de ellos medio tapiados para formar ventanas de menores dimensiones y el tercero convertido en puerta, al que se accede por un par de escalones. Las rejas que cubren todas las ventanas de esta casa son de fabricación moderna. Toda la fachada estaba pintada antiguamente de color rojo almagre y por ello resaltaba entre sus vecinas.

Además del valor de su arquitectura tradicional como parte del conjunto urbano de Aculco, esta casa es interesante desde el punto de vista histórico, pues en ella existió la primera y única embotelladora de refrescos de Aculco, propiedad precisamente de don José Guadalupe Reyes.

Don Lupe era originario de Arroyozarco (donde nació en 1894) y trabajó como administrador de la hacienda por lo menos hasta 1930, para establecerse después en el pueblo de Aculco. Estaba casado con la señora Dolores Tovar, doña Lola. En esta casa de Hidalgo e Insurgentes tuvo una tienda, pero con gran espíritu emprendedor instaló también su pequeña planta para embotellar refrescos gasificados, esto hacia las décadas de 1930 y 1940. En 1943, el médico Enrique Rojas López la describía como una "fábrica pequeña de limonadas", de pequeña producción, que empleaba "métodos rudimentarios" y con un "personal muy reducido". Sus refrescos -que se repartían a "lomo de cristiano"- eran entonces los únicos que se vendían en el pueblo, así que disfrutaba de un pequeño monopolio. Por aquellos años, don Lupe ocupó en dos ocasiones la presidencia municipal, en 1932-1933 y 1940-1942.

Sin embargo, en 1944 se creó en la ciudad de Querétaro la Embotelladora La Victoria (que a partir del año siguiente obtuvo licencia para embotellar Coca-Cola) y comenzó a introducir sus bebidas a esta región, con lo que los refrescos embotellados de don Lupe comenzaron su declive, que terminó con el cierre y venta de su maquinaria.

Tengo entendido que don Lupe falleció mucho tiempo después y le sobrevivió por algunos años doña Lola. Si no me han informado mal ella vendió al casa a don Anselmo Alcántara.

Así, aunque esta casita está entre las más humildes en el casco histórico de Aculco y por su lejanía de la Plaza de la Constitución es de las menos apreciadas por el visitante (que además desconoce su antiguo uso), su valor como parte de nuestra historia local es grande. Ojalá se conserve por muchos años más como parte que es del histórico pueblo de Aculco.