sábado, 10 de enero de 2026

Algunos cántabros en la historia de Aculco

Un hecho particular en la historia de Aculco es la presencia notable, desde la época colonial y hasta el siglo XIX, de españoles originarios de lo que hoy es la Comunidad Autónoma de Cantabria -desprendida en 1978 de la antigua región de Castilla la Vieja-, territorio que entonces era conocido comúnmente como “la Montaña de Santander”. Esta presencia no obedeció en su mayor parte, por cierto, a una migración “encadenada”, es decir, impulsada por migrantes ya establecidos que facilitaran la llegada de sus paisanos, sino que se trató de casos aislados, sin conexión entre sí, y que muy probablemente ni siquiera estaban al tanto de que otros “montañeses”, como ellos, habían tenido antes un papel significativo en estos lugares.

El primer cántabro del que tengo noticia fue fray Juan de Mazorra, guardián en 1595 del entonces recién fundado convento de Aculco. Era natural del Valle de Carriedo, Cantabria, y -escribe el cronista Vetancurt- "fue de vida austera y penitente, tanto amaba la santa pobreza, que no tenia en la celda mas que el breviario, una Biblia y una cruz de palo en la cabecera; su lecho era el duro suelo [...] Fue guardián del convento de Jilotepec varias veces, donde le vieron los religiosos no pocas veces en el aire levantado con éxtasis en la oración, en que hace Dios a sus santos más crecidos favores". Si quieres saber algo más sobre él puedes leer este texto sobre los primeros franciscanos en Aculco.

Originario de Muriedas, Real Valle de Camargo, Cantabria, donde nació en 1663), don José de la Puente y Peña, marqués de Villapuente, tuvo un papel importante pero no una presencia personal en estas tierras. Fue él quien donó al Fondo Piadoso de las Californias, administrador por la Compañía de Jesús, los recursos para adquirir la hacienda de Arroyozarco hacia 1715. Aunque no se ha confirmado si alguna vez pisó esta hacienda, sí se sabe que su retrato adornaba la sala de la casa vieja, como homenaje de los jesuitas a su benefactor.

Don Lorenzo Díaz del Costero fue el primer párroco secular de Aculco en 1761, después de que los franciscanos dejaran el convento. No he podido averiguar su lugar de nacimiento, pero su apellido (que en realidad era "Díaz del Cotero", sin "s", y que se transformó en la Nueva España), se contaba entre los más característicos del pueblo de San Vicente de la Barquera, un poblado costero situado en la ría de san Vicente, a 58 kilómetros de Santander, capital de la comunidad autónoma. Sospecho que don Lorenzo era ya novohispano de segunda o tercera generación, pues desde principios del siglo XVIII aparece en este reino la variante "Costero".

Nacido —él sí, con toda certeza— en la misma población de San Vicente de la Barquera, fue Victorino Alonso de Bulnes (quien firmaba en ocasiones como Victorino de Bulnes), teniente de Justicia de Aculco en 1820 y último alcalde del pueblo en tiempos del Virreinato, en 1821. Con cierta ironía histórica, su condición de español peninsular lo alcanzó pocos años después: el decreto del 1 de octubre de 1827, mediante el cual la legislatura del Estado de México ordenó la expulsión de los españoles.

En Aculco, Bulnes era entonces el único español. Aunque al parecer la expulsión no llegó a ejecutarse, fue registrado como sujeto a ella, y gracias a ese trámite sabemos que era natural de San Vicente de la Barquera, en las montañas de Santander; que tenía 37 años de edad y que llevaba doce avecindado en el pueblo. Estaba casado con una mujer nacida en América, circunstancia que acaso contribuyó a evitar su salida, pues para el 1 de abril de 1828 permanecía aún en Aculco.

Sin pena ni gloria -pues desconocemos todo de él salvo su nombre y ocupación- hallamos en 1848 a un cántabro más, Pablo Ocádiz, originario de Santander (¿provincia, obispado o ciudad?), comerciante, que residía en Arroyozarco

Hace pocas semanas les platique en este blog acerca del hallazgo de algunos documentos sobre el nacimiento y juventud del asimismo cántabro Lindoro Cajigas, primero administrador de la hacienda de Arroyozarco y luego guerrillero conservador. Ahora solamente les transcribo lo que escribí entonces: Lindoro Lucas de las Cajigas Riva nació el 18 de octubre de 1830 en el lugar de Septién o Setién, en el municipio de Marina de Cudeyo, comarca de Trasmiera Cantabria, España. Una zona de hermosos valles junto a la costa del mar Cantábrico. El cura don Benito Antonio de Caricedo lo bautizó al día siguiente en la parroquia de san Vicente Mártir del mismo lugar. Según su registro de bautismo era "hijo legítimo de Juan de las Cagigas y de Juana de la Riva, residentes en el referido Septién y naturales lo es el dicho Juan del lugar de Agüero y la dicha Juana del referido Septién, nieto por línea paterna de Juan de las Cagigas difunto natural que fue de dicho Agüero y de María Corino natural de Flechas, y vecinos ambos de Agüero, y por la materna de D. Fernando de la Riva, y Doña Francisca de la Portilla, vecinos y naturales de este misma Septién". Aunque sólo por la línea materna sus antepasados llevaban el "don", sus padrinos de bautismo pertenecían a la nobleza de la región: "la Sra. Condesa de Ysla, Doña María Juana de Ceballos y D. José de Belarde, habitantes en el Lugar de Muriedas y al presente en casa de dicha condesa en este Lugar mismo de Septién".

Lindoro, por cierto, sí formaba parte de una migración "encadenada" pues antes que él llegó a México su hermano Adolfo y después llegaría un hermano más, Maximino. Sin embargo, estos dos no tuvieron ninguna relación directa con Aculco, aún cuando Adolfo se casó con María Francisca, hermana de los propietarios de Arroyozarco en aquel entonces, los hermanos José Joaquín y Manuel de Rozas Irazábal.

Pero como tan frecuentemente ocurre en la historia, a veces hay casualidades que no lo parecen, los Rozas dueños de Arroyozarco descendían también de cántabros. De hecho, el apellido Rozas (así, con "z"), es un apellido toponímico, que se refiere a Las Rozas, una pequeña localidad situada al sur de la Sierra de Hornijo, en el Valle de Soba. En realidad se trataba de un apellido compuesto, "Gutiérrez de Rozas", que todavía usó así don Manuel Antonio, padre de los hermanos Manuel y José Joaquín. Don Manuel Antonio era "natural del lugar de san Pedro, en el Valle de Soba, obispado de Santander, y vecino de Cuernavaca, hijo legítimo de don Antonio Gutiérrez de Rozas y de doña María Pérez Martínez de Soto", y se contrajo matrimonio en Zimapán con la cuernavacense doña Petra de Yrazábal y González en 1802.

Pero si Arroyozarco tuvo a sus cántabros, la hacienda de Ñadó no se quedó atrás:el 8 de junio de 1870, el comerciante don Galo del Mazo y Conde, nacido hacia 1844 en La Encina, Santa María de Cayón, provincia de santander, hijo de José del Mazo y de Gerónima Conde, contrajo matrimonio con doña Mercedes Villasante Pliego, propietaria entonces de una fracción de la hacienda de Ñadó. Galo arraigó en la región y se convirtió en el patriarca de la extensa familia Del Mazo, que dispersa por Acambay y Atlacomulco ha dado al Estado de México numerosos políticos, cuatro gobernadores y un presidente de la República (Enrique Peña Nieto).

***

Es fácil percatarse de que casi todos estos españoles cántabros procedían de poblaciones pequeñas, algunas incluso pequeñísimas, y tal vez ninguno de la capital de la provincia ni de las ciudades o villas más importantes. Todo indica -en general- un origen social modesto, propio de zonas rurales donde la tierra era escasa y las oportunidades limitadas, y desde donde la emigración funcionaba como una estrategia de sobrevivencia y ascenso.

La Nueva España y luego México, ofrecían a hombres como ellos un horizonte distinto: el de quienes, mediante el trabajo , los vínculos locales y los matrimonios estratégicos, podían construir una fortuna mediana o incluso considerable. Varios de ellos seguramente llegaron sin capital ni respaldo, pero con oficios, experiencia administrativa o simple disposición al arraigo, cualidades que en pueblos como Aculco resultaban valiosas.

***

Seguramente los mencionados aquí no fueron los únicos cántabros en la historia de Aculco. Hay indicios de otros, como los hermanos Revilla, propietarios de Arroyozarco a principios del siglo XIX, pues su apellido también es toponímico de un lugar de la provincia de Santander. Pero creo que los que incluí aquí son suficientemente representativos de las distintas épocas y de los variados oficios que tuvieron en estas tierras.