martes, 18 de noviembre de 2008

Insensatez anunciada: la casa de los Lara Mondragón

La casa de los Lara Mondragón ocupa el tercio central del lienzo norte de la Plaza de la Constitución de Aculco. Un portal de teja de 25 metros de largo abarca toda su larga fachada, que tiene la particularidad de ser una de las pocas en el pueblo que conserva sus dimensiones originales, de 30 varas de largo, ajustada desde que se repartieron los solares para los vecinos de Aculco en el siglo XVI. Comprende un terreno que va de calle a calle: desde la plaza hasta la calle Corregidora.

Además del portal, obra de los años 50, esta fachada tiene pocos destalles notables. Uno de ellos es la portada de acceso, en cantera, con un antiguo portón de madera que perteneció originalmente a la casa de don Juan Lara Alva. Otro detalle es la portada del siglo XVIII en una de sus accesorias, la más occidental.

En el interior, la casa es un excelente ejemplo de vivienda media de Aculco con restos del siglo XVIII, pero predominantemente del XIX. En su gran patio, destaca un hermoso pozo recientemente restaurado. Alrededor, se despliegan los dos corredores en forma de L, a la manera tradicional del pueblo. Los corredores conservan sus pisos originales de ladrillo -lo mismo que todas las habitaciones- y se cubren con un tejado, apoyado en columnas de piedra con capiteles de ladrillo, todo enlucido.

Las habitaciones conservan sus techos de viguería y terrado. La única incorporación moderna es el comedor, construido sobre las antiguas cocinas, en el extremo norte del patio, que desentona un poco del conjunto. Sus corrales, a pesar de las modificaciones recientes, son quizá los más típicos de los que sobreviven en Aculco.

Lamentablemente, esta casa está ya en proceso de segregación, provocada por sus mismos dueños. Seis eran los herederos de esta propiedad y, desatinadamente, decidieron que a cada uno correspondía una angostísima franja de poco más de cuatro metros de una fachada a la otra; es decir, el espacio que hay entre pilar y pilar del portal de la fachada.

Naturalmente, esto no sólo va contra el sentido común -que habría propuesto en todo caso como mejor solución una copropiedad del tipo de condominio horizontal, que permitiría conservar en su disposición como áreas comunes el acceso y el patio, con terrenos con unas dimensiones más aprovechables- sino que va contra la propia ley: el Plan de Desarrollo Urbano Municipal no permite en esta zona del pueblo subdivisiones de terreno menores a ocho metros de frente.

Pero, ¿la ley? Si hemos visto al propio presidente municipal de Aculco violarla impunemente, si es algo que vemos en México entero todos los días, ¿podría impedir la ley esta sinrazón?

Por lo pronto, algunos de los dueños ya han colocado malla ciclónica marcando sus terrenos. Es así como la ambición llevará seguramente en poco tiempo a la destrucción de esta antigua casa.

El portal de la casa, como quedó tras la remodelación de 1974.

Acceso principal de piedra labrada, con portón de principios del siglo XX.

Portada de piedra de la habitación más occidental de la casa. Como se puede observar, fue ensanchado hace muchos años, desplazando para ello la jamba a la derecha.

Vista del patio desde el cubo del zaguán. Obsérvese, ala derecha, el interesante brocal del pozo.

Otra vista del pozo, restaurado recientemente.



Dos vistas de los corredores. Como era tradicional en las casas aculquenses, no rodean totalmente al patio, sino que forman una escuadra.

El corral es una de las partes más interesantes de esta casa. En esta fotografía, de 1996, ya acusaba cierto deterioro. Nótese la gran pila de piedra y, al fondo, la escalera que sube al troje.

Otra vista del corral. En 1980, cuando se encontraba en perfecto estado de conservación, sirvió de locación a la película "La Casa de Bernarda Alba", basada en la obra de Federico García Lorca y dirigida por Gustavo Alatriste.

Fachada posterior de la casa, hacia la calle Corregidora. ¿Cuánto tiempo más conservará esta casa su originalidad, antes de verla partida en pedazos?

sábado, 8 de noviembre de 2008

Arroyozarco, Puerta de Tierra Adentro

Javier Lara Bayón (con la colaboración de Víctor Manuel Lara Bayón) Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro Toluca, Instituto Mexiquense de Cultura, 2003 400 pp., ilustraciones y mapas

La hacienda de Arroyozarco llegó a ser a principios del siglo XX la segunda propiedad más extensa del Estado de México, detrás sólo de la legendaria hacienda La Gavia. Pero más que una finca agrícola y ganadera, Arroyozarco fue un complejo económico que llegó a contar con ferrocarril propio, aserraderos, un conjunto de grandes represas... No en vano ya desde fines del siglo XVIII esta posesión fue calificada como "la mejor del reino".

Su situación sobre el viejo Camino Real de Tierra Adentro, justamente a la mitad del trayecto entre las ciudades de México y Querétaro, le atrajo las ventajas económicas del intenso tránsito por esa vía, pero también la convirtió en punto estratégico para las operaciones militares que desde la Guerra de Independencia y hasta el Porfiriato llenaron el siglo XIX mexicano.

A través de las páginas de Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro, el lector podrá adentrarse en un rico pasado de más de cuatrocientos años de vida de este latifundio, en el que se engarzan los hechos, las leyendas y la tradición oral.

Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro, obtuvo el Premio Banamex "Atanasio G. Saravia" de Historia Regional Mexicana 1998-1999, en la categoría de investigaciones no académicas.

miércoles, 29 de octubre de 2008

El Palacio Municipal de la calle Juárez

La historia de las distintas sedes que han tenido los ayuntamientos de Aculco todavía está por escribirse. En tiempos coloniales, existió una Casa de Cabildo situada en la Plaza Mayor de Aculco, pero cuyo sitio preciso no hemos podido precisar. Años después, por motivos que no quedan muy claros, la autoridad aculquense quedó sin edificio propio, por lo que el padre Nicanor Basurto les entregó en préstamo gratuito el inmueble conocido como la Casa de Ejercicios, que era de su propiedad. Esto sucedió hacia la mitad del siglo XIX.

En 1875, el licenciado Nicolás Basurto Sánchez, hijo del padre Nicanor (nacido antes de que tomara las órdenes, aclaro para los mal pensados), cedió totalmente la casa para que sirviera no sólo a la "Sala Municipal", sino también a los juzgados conciliadores, escuela nacional, cárcel pública y corral de concejo.

Esta gran casa, que fue por lo tanto sede del Ayuntamiento de Aculco por cerca de cien años, tenía labrada en una de sus piedras la cifra 1787, que muy probablemente señalaba el año de su construccíón. Tenía tres fachadas hacia las calles del Águila (la actual Juárez), del Calvario (hoy Manuel del Mazo) y hacia el "callejón que va a Ñadó" (actualmente Pípila). Era un gran inmueble de dos plantas que ocupaba prácticamente la mitad de la manzana. Sus principales salones se hallaban alfombrados en rojo y negor, y en su enorme patio llegaron a presentarse funciones de circo.

Para ser que el temblor de noviembre de 1912 dejó un poco deteriorada esta casa. Lo cierto es que, cuando el gobierno del estado decidió construir el edificio de la Escuela Primaria Venustiano Carranza y el teatro anexo (hoy Casa de la Cultura, Archivo Municipal y otras dependencias) en 1947, la antigua casa fue casi totalmente demolida. Sobrevivió solamente la fachada, muy deteriorada, que daba hacia la calle Juárez, con dos portadas de cantera rosa del inmueble original, y un pequeño tramo hacia Pípila.

Es todo lo que resta de aquel magnífico edificio.

Esta portada de piedra, con dintel curvo un poco irregular, es la más cercana a la esquina de las dos que sobreviven. Hoy en día tapiada, antaño tuvo una hermosa puerta claveteada.

A diferencia de la anterior, esta portada aún sirve de entrada a una bodega. Sus jambas, demasiado gruesas para un vano de sus dimensiones, así como la falta del dintel original -reemplazado por una trabe de concreto- hacen suponer que pudo tratarse de una portada más grande que fue reducida al cambiar de uso.

A los viejos muros restantes del viejo Palacio Municipal se les han abierto infinidad de vanos en años recientes.

Esta sección del antiguo Palacio Municipal se encuentra hoy en día arruinada y sin uso.

viernes, 24 de octubre de 2008

La Casa del Puente


A espaldas de la Presidencia Municipal, en la Plaza José María Sánchez y Sánchez, se pueden admirar todavía los restos de lo que fue una de las casas más elegantes de Aculco: la Casa del Puente.

Aunque muchos creen que su nombre deriva del portal de tres arcos que tiene al frente, y que comunica la plazuela con la calle de Iturbide, parece ser que en realidad su nombre deriva de un verdadero puente que se construyó a su frente hacia fines del siglo XVIII o principios del XIX para salvar las barranquillas que formaban los arroyos pluviales en este sitio, y que formaban un sumidero usado como basurero. Este descampado fue llamado Plaza José María Sánchez y Sánchez en 1912 en hornor a un memorable vecino de Aculco que en tiempos de malas cosechas adquirió grandes cantidades de maíz para su venta en el pueblo, sin obtener por ello utilidad alguna.

Hacia la segunda década del siglo XX, un Ayuntamiento vendió la parte más irregular de esta plaza, el sumidero del que hemos hablado arriba, a los propietarios de la casa que conocemos como de don Loreto Alcántara, quienes lo bardaron de inmediato. Con ello quedó fuera de la vista la barranca, pero la plaza se transformó en sólo una calle ancha que remataba precisamente en el portal de la Casa del Puente y éste quedó como único paso hacia la calle Iturbide.

Muchos años después, en 1974, cuando se construýó el nuevo Palacio Municipal en el sitio de la Casa del Quisquémel, se creó a sus espaldas una plaza al quedar inconcluso el proyecto por el que se habría levantado ahí una segunda ala del edificio. Con ello, el nombre de Plaza José María Sánchez y Sánchez volvió a cobrar sentido.

Al intentar rastrear la historia de la Casa del Puente, hemos encontrado que pudo tratarse de la casa de don Bernardo Ecala Guller, a la que a principios del siglo XIX se hacía referencia como "El Puente de don Bernardo". Ecala, navarro de origen y perteneciente a la nobleza de España, primo de Tomás de Ecala, propietario de la casa más hermosa de la ciudad de Querétaro, llegó a Arroyozarco como sobrino de uno de los jesuitas que administraban la hacienda, el padre Blas Guller. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, Ecala quedó a cargo de la administración de Arroyozarco, aunque con poca fortuna atribuida a su juventud e inexperiencia.

Extrañamente, al concluir su encargo en Arroyozarco, Ecala permaneció en la zona. Compró el rancho de El Judío (que aún conserva el nombre) y, presuntamente, La Casa del Puente. Hizo testamento en 1819, residiendo en Aculco, gracias al cual conocemos todos estos datos.

Durante la primera mitad del siglo XX, la casa pertenció a los Jasso, dueños también del rancho de Ávalos, cerca del salto de la Concepción. Según cuentan, era una casa muy elegante, con sótanos (lo que la distinguía de cualquier otra casa aculquense), paredes cubiertas con papel tapiz, una escalera digna de un palacio de la que todavía conocimos los restos y un gran patio rodeado por corredores con pilastras toscanas. En la segunda planta, la azotea del portal servía como terraza, mientras que sobre la calle de Iturbide se abría un mirador con columnas de madera. Esta casa era notable también por albergar el único piano de cola que existía en Aculco.

En los años 60, la casa fue adquirida por un nuevo propietario, quien parecía más interesado en hacer caso a las historias de dinero enterrado comunes a cualquier casa antigua que a conservar la casa. La demolió casi en su totalidad. Solamente se conservó la planta baja de la fachada, el gran portón claveteado, parte del cubo de la escalera, dos habitaciones hacia la calle de Iturbide y parte de los sótanos. El terreno fue fraccionado en dos porciones, una que abarca todo el portal y otra con fachada hacia la calle de Iturbide.

Así llegó a la remodelación de 1974, cuando se pintó el exterior, se arregó el portal y el interior siguió en ruinas. Por más de veinte años permaneció en ese estado, deteriorándose día a día los elementos sobrevivientes, como el gran portón de madera que desapareció hacia 1995. Poco después, los propietarios de la segunda porción que da hacia la calle de Iturbide demolieron los restos que quedaban ahí y levantaron en su sitio una casa de aspecto rústico, que reutilizó las piedras existentes en el solar.

La primera porción de la casa, la del portal, continúa abandonada. Al parecer, un litigio por herencias ha impedido la construcción de un nuevo inmueble en su lugar.

Al fondo, la Casa del Puente a principios de la década de 1970.

Este era el aspecto interior del portal de la Casa del Puente a principios de la década de 1960. El arco del fondo se abre hacia la calle Iturbide, que tiene como remate el Ojo de Agua. Nótense a la izquierda las vigas que sostenían el balcón del mirador de esta casa.

En esta fotografía de 1959, la casa muestra ya algún deterioro, pero se conserva íntegra. Obsérvese la segunda planta que asoma sobre el portal y, a la derecha, a un nivel ligeramente más bajo, parte del mirador con columnas de madera.

Fotografía actual tomada desde el mismo punto que la anterior. Como se observa, toda la construcción de la Casa del Puente tras el portal ha desaparecido. Sólo como detalle, nótese que los canales de piedra que desaguaban el propio portal fueron removidos durante la remodelación de 1974.

La remodelación de 1974 dio este limpio aspecto a lo que sobrevivía entonces de la Casa del Puente. A la derecha, la casa de don Loreto Alcántara, que al extenderse en la década de 1920 hacia la Plaza José María Sánchez y Sánchez la dejó prácticamente convertida en una calle.

Esta fotografía muestra lo que en 1974 se conservaba de la fachada principal de la casa: el portal y la portada principal en la primera de las fracciones en que se divisió la casa y dos cuartos hacia la calle de Iturbide, a los que corresponden los tres vanos de la derecha.

La misma vista, en la actualidad. Los restos de la segunda fracción de la Casa del Puente han sido demolidos y en su lugar se ha levantado una casa nueva que reutiliza algunas piedras antiguas (como las jambas y dinteles de los vanos de la planta baja). Aunque la volumetría de la casa se acerca a la original, los acabdos rústicos difieren mucho.

Aunque la fracción de la casa que corresponde al portal está tan abandonada como hace 34 años, el deterioro de este tiempo en los pocos restos subsistentes es notable: el portón de madera, conservado hasta la década de 1990, se ha perdido. En su lugar, los vanos han sido tapiados con piedras provenientes del interior de la casa. Incluso en el pequeño acceso de la izquierda se aprecia el capitel de una pilastra toscana.

Detalle de la cruz patriarcal labrada en la clave de la portada principal de la Casa del Puente. Expuesta a la humedad y al abandono, ¿cuñanto tiempo podrá sobrevir este detalle histórico y artístico de nuestro pueblo?

Vista desde el portal de la Casa del Puente en nuestros días. El espacio abierto a espaldas de la Presidencia Municipal, en el que originalmente debíó haberse construido una segunda ala de ésta, le ha dado sentido nuevamente al nombre de Plazuela José María Sánchez y Sánchez.

lunes, 20 de octubre de 2008

¡Llegaron los tartufos!

Tartufo. (Por alus. a Tartufe, protagonista de una comedia de Molière).
1. m. Hombre hipócrita y falso.


Así es: la mesa se hallaba puesta desde hace cinco meses y estaban convidados desde entonces, pero se tardaron en llegar. Este fin de semana, nuestro blog fue visitado -y atacado, claro- por alguien muy cercano al grupo en el poder en Aculco, que dejando más que apreciables pistas de su identidad en sus acalambrados mensajes no pudo eructar más que insultos, seguramente por tener las tripas hechas un nudo con lo que aquí hemos escrito sobre las obras de imagen urbana efectuadas en el pueblo por el Ayuntamiento.

Este blog está levantando ámpula entre sus destinatarios. Cumple entonces con su objetivo y mucho lo celebro.

Me habría gustado responder puntualmente a cada línea de esos mensajes, pero atiborrados como están de insultos más vale asignarlos a su verdadero nivel y arrojarlos a la basura. "Caballero no pelea con escudero", suele recordarme mi primo.

En fin, les aseguramos a nuestros ya centenares de lectores que siempre respetaremos cualquier comentario o pregunta inteligente, aún cuando sea contrario a nuestra opinión y sin importar si se envía con carácter anónimo. Pero los comentarios que sólo tengan el propósito de insultar serán siempre eliminados, por simple salubridad.

¡Bienvenidos, tartufos! Y como escribió el Sabina:


Deploro que se pudra usted de celos
viéndome derrochar (sírvanse frías)
las gracias que no quiso darle el cielo.

lunes, 13 de octubre de 2008

Casa y portal del 5 de mayo

En la esquina que forman la calle de Morelos y la Plazuela Hidalgo, se encuentra uno de los sitios más típicos y mejor conservados de Aculco. Se trata de la Casa y Portal del 5 de mayo, llamados así por la tienda que existió en su planta baja a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

El elemento arquitectónico distintivo de este inmueble es su hermoso portal, de dos plantas, con tres pilares sosteniendo cada una de ellas. Aunque su estado de conservación es notable, esto no significa que no haya sufrido diversos cambios a lo largo de su historia, como veremos en las siguientes fotografías.

Así lucía el Portal del 5 de Mayo en septiembre de 1925, cuando sirvió de marco para la foto que retrata a los premiados en las carreras de cintas realizadeas con motivo de las fiestas patrias de aquel año. Se puede observar el letrero de la tienda, así como una serie de carteles como programas de las propias fiestas patrias, manifiestos políticos del gobernador del Estado de México, etcétera. Apenas asoma en la parte superior el bajo pretil de la planta alta.

En esta fotografía, contemporánea de la anterior pero lamentablemente muy mala, se aprecia una vista mucho más completa del portal. Lo más notable aquí es la vista de la planta alta, que como se ve tenía un corto pretil -adornado con macetas- apoyado sobre las vigas caladas de la cubierta de la planta baja, sobre el que se desplantaba la base de mampostería de tres columnitas de madera que coronadas por sencillas zapatas sostenían la viguería calada del terrado, desaguado por una serie de tubos de barro o más probablemente de metal. Sobre todo el conjunto, asoma un extraño remate de ladrillo que parece inconcluso.

Hacia 1960, así lucía el extremo del Portal del 5 de Mayo. Las bases de los pilares de la planta baja se han desgastado. La planta alta ha sido reconstruida casi por completo: obsérvese como el pretil se ha remetido algunos centímetros y ya no se apoya en el extremo de las vigas de la cubierta de la planta baja, quedando éstas expuestas a la intemperie. Además, no se le ha vuelto a cubrir con aplanados. Ya no aparecen las alegres macetas y las columnas de madera han sido reemplazadas pr sencillos pilares cuadrados de piedra blanca. El techo plano de viguería y terrado, con sus tubos y remate, ha desaparecido y en su lugar se observa un tejado.

Durante la remodelación de 1974, se construyó una banqueta de piedra de recinto y adoquines que sustituyó la rampa empedrada que daba acceso al portal. El pretil de la planta alta fue aplanado y el conjunto fue pintado de blanco como todo Aculco. Los pilares de piedra de esta segunda planta fueron cubiertos con aplanados hasta lograr la anchura de los de la planta baja y se les construyó un capitel de ladrillo aplanado pintado de rosa que intentaba parecerse a los que de aquéllos.

Aspecto actual del Portal del 5 de mayo. Hará unos diez años, las basas de cantera rosa de sus pilares fueron restauradas con mucho acierto, recuperándose su forma original ya casi totalmente desgastada. Pocos años después, el portal de la planta alta sufrió un colapso y los propietarios de la casa aprovecharon para devolverle un poco de su apariencia original, colocando en lugar de los pilares falseados los pilares de madera que aquí se observan, mucho más cercanos a su apariencia original.

Es de observarse que la sencilla cromática de este portal -pisos de adoquín rosa, bases de los pilares y capiteles de cantera rosa, fustes de los pilares en piedra blanca de Aculco, abundante madera oscura, tejados y ladrillos rojizos- es uno de sus mayores atractivos.


Más allá del bello portal, la casa que lo acoge se ha conservado también en notable buen estado. Aquí se observa la presencia que tiene hacia la Plazuela Hidalgo, lugar que en tiempos pasados recibió el nombre de "Plaza del 5 de Mayo" a causa de la tienda en el portal. La casa abarca desde el portal en el extremo izquierdo hasta la puerta de la cerrajería, a la derecha del monumento a Miguel Hidalgo. A su derecha, la Casa de la Panadería de don Félix.

En esta foto actual se observa el ángulo que forman las dos fachadas de la casa del Portal del 5 de mayo hacia la Plazuela Hidalgo. La composición es sencillísima: dos accesos en la planta baja y un balcón en la planta alta del lienzo que mira hacia el sur, y un pequeño acceso - que es la entrada principal de la casa - en el lienzo que mira hacia el poniente.

En esta vista de los años 40 se ve lo poco que ha cambiado el lienzo que mira al sur reseñado en la fotografía anterior y que aquí se observa al fondo, visto desde la subida al atrio de la parroquia. Como diferencias más notables, se aprecia que sólo hay un vano en la planta baja y que el balcón lleva una reja de madera.

La fachada hacia la calle de Morelos de la Casa del Portal del 5 de Mayo, no se ha conservado tan bien como el resto del inmueble. A la extrema derecha, asoma un balcón antiguo que pertenece al inmueble descrito. Enseguida, tres accesorias construidas en su corral que aún se encuentran dentro del predio principal. Despúes, una casa nueva construida también en los corrales que afortunadamente se inserta adecuadamente al conjuntto urbano de Aculco y que en su patio ha preservado el pozo original de esta casa. A continuación de esta, otra casa nueva también levantada en los corrales, que afortunadamente se asoma con sencillez a la calle.

Las manchas grises en el aplanado son sólo resanes previos a la aplicación de un nuevo encalado.

martes, 7 de octubre de 2008

El antiguo altar mayor de la parroquia de Aculco

Como el resto de los altares que adornan la parroquia de San Jerónimo Aculco, el altar mayor que existió hasta la década de 1950 era de estilo neoclásico. Muy probablemente databa de entre 1843 y 1848, cuando se hicieron reformas importantes al interior de la nave y se construyó la cúpula del templo.



Este altar, en forma de baldaquino o "ciprés", se levantaba sobre una base exagonal de cuatro gradas en la que se apoyaban seis columnas jónicas con róleos a 45 grados y fuste tritóstilo (es decir, decorado en su tercio más bajo), que rodeaban el manifestador. Sobre ellas, un entablamento circular completo con dentículos y adornos vegetales en el friso sostenía la cúpula, de escaso vuelo, en cuya cima se encontraba colocada la imagen de San Jerónimo y tras él una ráfaga de madera dorada.

En el muro testero, la decoración pictórica en trampantojos simulaba una estructura arquitectónica formada por cuatro columnas apareadas jónicas con fuste estriado, que sostenían sendos frontones triangulares. Tras ellos, un ático corrido sostenía un par de pebeteros también pictóricos, lo mismo que una hornacina que remataba la composición. Aunque aquí ya no aparece, sobre la hornacina se hallaba colocado un Cristo en la cruz que en tiempos recientes ha sido ubicado en el mismo sitio.



Lamentablemente, los frailes agustinos que administraron la parroquia entre 1951 y 1964 decidieron retirar este altar, debido a que se encontraba deteriorado e incluso los ratones entraban al sagrario. Pudo haberse reparado, pero los padres decidieron dejar el ábside vacío. Con mediana fortuna, en 1959, en ocasión de los 200 años de la erección de la parroquia, la señora Suárez viuda de Ocañas donó un nuevo altar elaborado por la casa "El Arte Católico", que es el que actualmente puede verse en el templo.

De aquel otro altar neoclásico, añorado todavía por los que lo conocieron y por quienes lo han visto en fotografías, no quedó más que la escultura de San Jerónimo.

lunes, 6 de octubre de 2008

La Casa de la hacienda de la Loma

En la calle de Iturbide, junto a la bien conocida Casa del Puente (o más bien lo que queda de ella), se encuentra una de las construcciones más antiguas y típicas de Aculco: la Casa de la hacienda de La Loma, actualmente propiedad de la familia Andrade. Se le llamaba así pues sus propietarios en el siglo XIX fueron los mismos que los de la hacienda de La Loma, al norte de Aculco. Como dato curioso, parece ser que en esta casa nació el afamado médico y naturalista aculquense (que otros dan por queretano) Fernando Altamirano Carbajal (1848-1908).

Originalmente, la fachada de la casa presentaba una gran portada de cantera con las basas labradas, que se protegía por un tejadillo. Sobre la barda (rematada del modo característico aculquense - casi desaparecido en la remodelación de 1974 - : una hilada de ladrillos y un lomo de toro), se erguía un par de remates de barro cocido. Dos cuernos empotrados en la pared servían para amarrar las cabalgaduras.

El acceso principal no daba, como en otras casas de Aculco, al cubo del zaguán, pues esta casa carecía de habitaciones en casi todo el lienzo que daba hacia la calle. Aquellas, se hallaban en un gran cuerpo de construcción ubicado perpendicularmente a la calle y cubuierto con techos de viguería y terrado. El corredor, con altas columnas de mampostería sin adornos, se ornaba en lo alto con una hermosa cruz y una serie de remates de barro cocido. Destacaba la portada de la sala, con jambas alargadas hasta la cornisa al estilo del siglo XVIII. El corredor se hallaba en alto y se accedía desde el patio por una escalinata.

Al fondo de la casa, existía un corredor semejante a éste pero cubierto de teja y sobre las habitaciones de este costado se levantaba una troje techada con el mismo material. Esta troje cayó por el abandono en los años ochenta y fue reconstruida con materiales y aspcto moderno.

En esta panorámica se observa el lugar que ocupa la Casa de la hacienda de La Loma entre el conjunto de casas de Aculco. Al fondo se observa el corredor cubierto de teja y la troje desaparecida.

Fachada de la casa de la hacienda de la Loma. Obsérvese la portada de piedra, el tejadillo, el remate de barro cocido y los cuernos para amarrar los caballos. Todo ello ha desaparecido en sucesivas modificaciones

En esta fotografía de 1901 es posible apreciar todavía la totalidad de los remates de la azotea del corredor principal.

El patio de la casa, en la actualidad. La cruz y dos remates de terracota permanecen en su sitio. La viga maestra del techo del corredor, que ya acusa cierto daño, ha sido reemplazada por una trabe de concreto, que afortunadamente no desentona a primera vista. algunos canales de piedra se han roto y en su lugar se observan tubos de PVC. En terminos generales, esta ala de la casa se ha conservado, no así la parte que hace escuadra con ella, que como se ve muestra ahora corredores altos y bajos con columnas de concreto.

En esta vieja imagen, quizá de la década de 1940, se observa claramente, al centro, el balcón de la casa que da hacia la calle de Iturbide.

El mismo balcón, en la actualidad. Nótense también la serie de canales de piedra y barro cocido que desaguan sus azoteas.

Una vista semejante a la anterior. A la extrema izquierda, se observa parcialmente su acceso principal, despojado ya de remates, tejado y portada.

La Plaza Juárez

Quizá la Plaza Juárez es la plaza que en Aculco ha tenido más nombres. A mediados del siglo XVIII, se le conocía como Plaza de la Cruz y hacia la segunda década del siglo XIX era llamada Plaza del Baratillo. En 1890, como se puede leer todavía en una lápida circular en su costado norte - el muro del atrio de la parroquia - fue bautizada como Plaza Hidalgo. Finalmente, ya en el siglo XX, recibió su nombre actual.



Cada uno de esos nombres tiene, por supuesto, su razón de ser. El nombre de Plaza de la Cruz, se debe posiblemente a la existencia en su centro de una cruz exenta que marcaba el centro original del pueblo de Aculco, a partir de la cual se señalaban las 500 y después 600 varas de tierras a la redonda que pertencían a sus vecinos. Más tarde, recibió la denominación de Plaza del Baratillo pues en este espacio se instalaba el tianguis de los domingos, que persistió en el lugar hasta la inauguración del Mercado Municipal en 1978. El nombre de Plaza Hidalgo fue ya una determinación oficialista, que se le dio seguramente por tratarse de la segunda plaza en importancia del pueblo, después de la Plaza de la Constitución. Sin embargo, la denominación se perdió paulatinamente en favor de la ahora Plazuela Hidalgo, antes del 7 de Noviembre, dado que aquella albergaba el busto del héroe y se halla frontera de la casa donde éste se albergó en vísperas de la Batalla de Aculco. Finalmente, Plaza Juárez fue el nombre que recibió casi por exclusión, perdido el de Hidalgo, y por desembocar el en ella la Calle Juárez, antes Calle del Águila.

Placa en la que se advierte que la Plaza Juárez fue denominada a fines del siglo XIX "Plaza Hidalgo".

La Plaza Juárez se abre entre los ejes que forman las calles Hidalgo - José Canal, Manuel del Mazo y Juárez. Por fortuna, se encuentra en buen estado de conservación. Su mayor pérdida fue la destrucción de la llamada Casa de Ñadó, que a fines de los años sesenta fue reemplazada por una construcción moderna de dos pisos de estilo pseudocolonial. El resto de las construcciones que la rodean - la Casa del Volcán, la Casa del Portal de la Primavera, el reloj público, el muro del atrio de la parroquia, la Casa de don Juan Lara Alva y la Casa de los Alcántara Terreros - se han conservado en buen estado. Sin embargo, la imagen misma de la plaza sí ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. De ello dan testimonio las fotografías incluidas en esta secuencia.

En esta vieja fotografía pueden verse una de las antiguas bancas rojas de mampostería -conocidas localmente como "lunetas"- que rodeaban toda la plaza hasta 1974. Su piso estaba formado originalmente por un enlosado en forma de estrella que desapareció antes de ese año. Al fondo, una ventana y la hornacina de la Casa de don Juan Lara Alva.

La Plaza Juárez hacia 1960 (vista hacia el noreste). La parroquia y la barda del atrio dominan este costado de la plaza, mientras a la derecha destaca el fresno en el que fueron ahorcados algunos empleados de la hacienda de Ñadó durante la Revolución, Los restos de propaganda política en el muro atrial y los juegos infantiles forman parte de la deteriorada imagen de estos años.

Vista de la plaza hacia el noroeste, en la misma época. Al fondo, la Casa del Volcán (llamada así por la tienda "El Volcán de Orizaba" que existió en una de sus accesorias), la Casa del Portal de la Primavera, la torre del reloj y el muro del atrio.

Una escena ya irrepetible en la esquina sureste de la Plaza Juárez: el carbonero con sus burros entrega carbón en la Casa de don Juan Lara Alva. A la derecha, asoma un balcón de la Casa de los Alcántara Terreros. El aire antiguo de las casas y el empedrado nos dan una clara idea de la imagen original que debió presentar esta plaza en tiempos virreinales.

Esquina suroeste de la Plaza Juárez en 1972. La Casa de Ñadó, que ocupaba este ángulo, ha desaparecido y en su lugar se encuentra la casa de la "Superterraza", de intención colonial, bastante fallida. Al fondo, la Casa de la Tres Naciones, o de la Tortillería. Obsérvense las escalinatas con ñas que se salvava el desnivel de la calle con la plaza.

En esta forografía tomada desde la calle Manuel del Mazo, se observa el extremo oeste de la Plaza Juárez. Al fondo, el Portal de la Primavera y a la derecha, la Casa de Ñadó, sustituida por la Casa que aparece en la foto anterior. Aquí ya acusaba un serio deterioro. Sus ventanas se hallaban tapiadas y sus rejas habían desaparecido. En lugar de las bancas del extremo de la plaza que se muestran aquí, se construyó la fuente de la que hablamos líneas abajo.

Esta interesante fotografía, cortesía de Octavio Lara Chávez, permite conocer la cromática original de las "lunetas" en vísperas de la remodelación.

La remodelación de 1974 dio esta nueva imagen a la plaza. Las viejas lunetas han desaparecido y en su lugar se construyeron cuatro bancas con sendos pares de faroles enanos (que, como dicen acertadamente en el pueblo, no alumbran, encandilan). Todo el perímetro de la plaza ha sido rodeado por jardineras plantadas con azaleas y magnolias y luce un adoquinado nuevo en vez del cemento que reemplazó al empedrado original. La pulcritud es innegable, pero excesiva y escenográfica.

En la misma remodelación de 1974, se construyó en el extremo oeste de la plaza esta fuente. No es fea, aunque resulta totalmente ajena a la tradición constructiva aculquense. Lo verdaderamente desafortunado es que cierra la perspectiva de la plaza hacia el Portal del Volcán. Al fondo, resalta la inconclusa y horrenda torre del reloj del Padre Bernardo Contreras, construida en 1996.

Este es el aspecto actual del portal de la casa en la que hace años estuvo la tienda "El Volcán de Orizaba". Forma el costado poniente de la plaza, con la calle Manuel del Mazo de por medio. hace no más de tres años, las columnas originales fueron destruidas por un trailer y se reconstruyeron con cierta negligencia.

Otra vista reciente del extremo oeste de la plaza. Los muros blancos, el cielo azul, las palmeras (que ahora destacan en lugar del viejo fresno del atrio, caído casi totalmente en 1985), enfatizan el aire andaluz-extremeño que siempre tuvo Aculco, pero que la remodelación de 1974 exageró. Obsérvese que el reloj público aún mantenía su pretil antiguo, antes de la intervención estúpida de marzo de 2008.

En el costado sur de la plaza existe desde tiempo atrás un sitio de taxis. Antes, cuando la cantidad de automóviles y de pasajeros era pequeña, no significaba ningún estorbo, pero en la actualidad ha invadido este tramo y buena parte de la calle Juárez, que además utiliza indebida e ilegalmente como área de estacionamiento exclusivo.

La "Superterraza" en la actualidad.

A principios de los años noventa, en el extremo este de la plaza, se levantó este monumento a Benito Juárez. Tras él asoma el nicho de metal pintado de verde agua de una imagen de la Vírgen de Guadalupe, devoción de los taxistas, y una serie de adornos relacionados amarrados a los árboles. Al fondo, la casa de don Juan Lara Alva.

La más reciente incorporación al arreglo de la plaza ha sido la pequeña reja que ahora rodea sus jardineras, a imitación de la Plaza de la Constitución, la Plazuela Hidalgo y la Plaza del Ojo de Agua. Al fondo, la hermosa Casa de los Alcántara Terreros, cuyo letrero que la ofrece en venta nos hace temer por su futuro.

ACTUALIZACIÓN 24 de octubre de 2011: La plaza Juárez en un dibujo de 1838. A la izquierda se pueden ver los muros del atrio (aún no existía el reloj público ni el Portal de la Primavera), al fondo la casa de don Juan Lara Alva, al centro la casa de los Alcántara Terreros y a la derecha el Portal de Ñadó. Al extremo derecho asoma el portal del Volcán.