miércoles, 23 de junio de 2010

El embarcadero de El Azafrán

Hace más de 128 años, el 1o de enero de 1882, se realizó en la hacienda de Arroyozarco un magno festejo por la reapertura de su fábrica de textiles "El Progreso", situada en el edificio conocido como El Molino, del que ya hemos hablado anteriormente. Un acontecimiento que mereció el calificativo de "de verdadera "fiesta del trabajo" y que incluyó un concierto, brindis, discursos y, particularmente importante, una "gran comitiva agrícola-industrial" en cabezada por don Macario Pérez (bajo cuya administración estaba la finca después de haber sido heredada por su prima Dolores Rozas, entonces de 21 años de edad, y que actuaba prácticamente como su dueño), los maestros de los departamentos de la fábrica, los operarios, 25 carretas adornadas tiradas por bueyes, 100 yuntas (50 de ellas de bueyes negros y 50 de bueyes amarillos), "tlacualeros" (repartidores de alimentos a los trabajadores del campo), cuadrillas de trabajadores de los aserraderos, albañiles, mayordomos y, en fin, todo el escalafón de trabajadores de la hacienda.

Don Macario Pérez (con el sombrero bajo el brazo), suegro de Francisco I.Madero, fue administrador de la hacienda de Arroyozarco en dos períodos distintos entre 1877 y 1909.

Si bien la detallada descripción de este acontecimiento -publicada en el periódico El Hijo del Trabajo, año VII, no. 285, el 15 de enero de aquel año- está llena de datos interesantes sobre la gente, las costumbres y los edificios que de otra manera se habrían perdido, uno de los detalles que nos han parecido más interesantes se refiere a un pequeño barco que, como veremos más adelante, aunque no se conservó dejó huella de su existencia en otros vestigios materiales que aún existen en Aculco:

"A esta vistosa procesión seguían los carros de transporte, yendo en uno de ellos el bote marino que sirve al propietario de la fábrica para sus paseos a la laguna de su hacienda de Huapango, finca que mide siete leguas de longitud por tres de latitud, con su correspondiente capitán y seis marinos con remos sirviendo de escolta..."

Por el número de sus tripulantes se puede suponer que aquel "bote" de don Macario Pérez Sr. no era poca cosa, aún cuando era impulsado con remos. Y en realidad un vehículo así resultaba muy útil en una propiedad en la que se localizaba, justo al centro de su enorme extensión de 47,000 hectáreas, la mencionada presa de Huapango, que es aún hoy en día el mayor vaso extendido de todo el Estado de México.

Mapa de la zona

Huapango fue en su origen una "laguna hermosa" (como la llamó fray Agustín de Vetancurt a fines del siglo XVII) rodeada por terrenos cenagosos en los que llegaba a hundirse el ganado, que antes de 1602 fue drenada y canalizada por el encomendero Pedro de Quesada. Más tarde, hacia 1715-1716, los jesuitas levantaron al extremo norte de la "sabana de Huapango" una cortina para convertir aquellos terrenos en estanque artificial, lo que provocó el enojo de los habitantes de San Juan del Río pues precisamente en este sitio están las fuentes del Río de San Juan (que se convierte después en el Moctezuma y finalmente en el Pánuco, antes de desembocar en el Golfo de México).

La presa de Huapango

Por la poca pendiente de la zona, quedó inundada una amplísima superficie quizá cercana a las 5,000 hectáreas que en realidad poco benefició a la hacienda, pues las mejores tierras quedaron bajo el agua. La presa, aún con su poca profundidad, es capaz de almacenar hoy en día más de 120 millones de metros cúbicos de agua, aunque lamentablemente nunca llega ya a esos niveles. Es más, en su porción sur, la más cercana a San Andrés Timilpan, se le dividió por la construcción de una nueva cortina que evita que aquella zona quede seca la mayor parte del año. Los terrenos que ya no se inundan se han convertrido en tierras de labor e incluso se han edificado casas, con el riesgo que esto implica no sólo si un buen o mal día el nivel de la presa se elevara, sino también por el riesgo sísmico.

Aún cuando diversas fuentes afirman que la presa alcanza una longitud de hasta 29 kilómetros, lo cierto es que su poco sinuosa figura llegará apenas a los 20, si incluimos también las áreas que en la actualidad ya no se llenan de agua. Resulta aún así una longitud muy respetable y se comprenderá así por qué significaba un enorme obstáculo para alcanzar los ranchos de la hacienda de Arroyozarco que se encontraban en sus riberas oriente y sur: el rancho de Huapango, los aserraderos de Bucio y Cañada de Lobos, etcétera. Por ello no es de extrañarse que don Macario, industrioso y emprendedor como era, decidiera adquirir un navío para recorrer su gran extensión.

El embarcadero de El Azafrán

Decíamos líneas arriba que ha quedado huella material de esta "navegación interna", que aunque particular de la hacienda Arroyozarco servía para vincular de algún modo a los cuatro municipios (Aculco, Acambay, Timilpan y Jilotepec) en que se encontraban sus tierras. Se trata del notable embarcadero de piedra ubicado en la comunidad aculquense de El Azafrán, muy cerca de la cortina de la presa de Huapango. Aunque es muy probable que existan restos de embarcaderos en otros puntos de la gran presa, lo más seguro es que hayan sido edificaciones de menor importancia pues ésta, como veremos enseguida, servía también de cobertizo para resguardar el barco de las inclemencias del clima.

El embarcadero de El Azafrán, situado en una pequeña ensenada en la orilla occidental de la presa, está formado por un par de muros paralelos, ciegos y de mampostería de "piedra maciza", que se extienden desde la orilla hasta unos 25 metros al interior del vaso, en dirección noroeste-sureste, con una separación entre ellos de cerca de cuatro metros. Estos muros no tienen la misma altura, pues el que se encuentra al norte es unos centímetros más alto (alcanza los 3 metros aproximadamente, por unos 2.5 metros del muro sur). Esto, debido a que se apoyaba en ellos una techumbre a un agua con inclinación hacia el sur, de la que no ha quedado resto alguno más que los huecos de sus vigas en los muro, pero que por la poca elevación que debió tener permite presumir que el barco no pudo haber contado con navegación a vela, ya que sus mástiles no habrían podido entrar al cobertizo.

Vista interior del embarcadero

Por su parte interior, se extendían a lo largo de ambos muros un par de banquetas de unos 50 centímetros de ancho, que seguramente servían para abordar la nave. En la sección del embarcadero más cercana a la orilla, parece haber existido algún elemento más, tal vez una portada, un muro en ángulo o tal vez contrafuertes, de los que apenas queda rastro en los cimientos y piedras caídas. No resulta fácil averiguar por las dimensiones del embarcadero el tamaño el barco que albergó, principalmente debido a que las fluctuaciones de altura de la presa posiblemente dejaban fuera del agua en algún momento más de la mitad de su longitud. Aún así, lo más probable es que el navío no fuera mayor a los tres metros de manga y diez de eslora.

Una de las actuales lanchas de pescadores de El Azafrán, junto al antiguo embarcadero

*** Las fotografías del embarcadero de El Azafrán mostradas aquí provienen de la galería de Sitios Turísticos de la página de Aculco en Facebook.

ACTUALIZACIÓN, 14 de diciembre de 2011:

Un artículo del diario El Telégrafo de 1882 proporciona algunos detalles más sobre la "flota" de la hacienda de Arroyozarco en las aguas de la presa de Huapango:

Hay en las aguas de esta laguna un botecito de vapor, una gran canoa de veinticinco varas de largo por tres de ancho, un bote de vela y varias canoas muy útiles para ciertas operaciones del tráfico de la hacienda y que facilitarán el transporte de maderas de los montes que rodean la laguna para la hacienda cuando empiece su explotación.

ACTUALIZACIÓN, 19 de marzo de 2014:

Aquí el detalle de un mapa procedente de la Mapoteca Manuel Orozco y Berra, de principios del siglo XX, que muestra el embarcadero del Azafrán.

jueves, 17 de junio de 2010

El puente de Arroyozarco



Aunque el Puente Colorado es más grande y más elegante, el Puente Blanco resulta por su abandono y pequeñez más poético, y los puentes gemelos Santa Anita y La Magdalena (de los que hablaremos algún día) son de mayor mérito ingenieril, el Puente de Arroyozarco supera a todos estos puentes del municipio de Aculco en antigüedad, solidez, significado histórico e incluso ornato.

Su antigüedad es evidente por sus características constructivas: un gran arco escarzano de mampostería de tezontle y piedra maciza, muy semejante en su labor y acabado a la cercana "Casa Vieja" de la hacienda de Arroyozarco, construida en 1723. Su pertenencia al siglo XVIII se confirma por los detalles de su ornamentación de inspiración barroca, compuesta por un par de nichos sobre la parte central de los pretiles con la parte superior en forma de concha, acompañados por sendos pares de almenas ya un poco destruidas. Al interior de estos nichos se conserva el aplanado de cal y arena, perdido en el resto del puente, que deja ver que en algún tiempo estuvo pintado de amarillo.



Tres vistas de los nichos del pretil.

Hacia el oriente, ambos pretiles muestran un estrechamiento que parece no explicarse fácilmente, hasta que se comprende que sirvió para ubicar una puerta que al abrirse no sobresaliera del muro. Según se cuenta, esta puerta servía para cobrar la alcabala o el pejae y sólo se abría cuando el transportista o arriero cubría la cuota. Se dice que era el punto en el que el famoso Lindoro Cajigas (administrador de la hacienda, guerrillero conservador bandolero y captor de Melchor Ocampo) extorsionaba a los viajeros y entonces sería este mismo el sitio en que su cabeza fue clavada en unos maderos puestos en cruz, después de ser fusilado en 1861.

Estrechamiento en el que encajaba una de las hojas de la puerta.

Cosa en verdad notable es que el puente ha conservado su empedrado centenario, en el que se advierte la huella de las ruedas de los miles de carros que transitaron por el Camino Real de Tierra Adentro. Por lo demás, pese a algún grafiti en sus muros y a la sobreposición de un muro nuevo de piedra a una parte del arranque de su pretil, y a los deterioros propios de su edad, el puente se conserva en excelente estado. El lugar en que se encuentra, rodeado de casas de agradable construcción, cercana la cortina de una pequeña y antigua presa, resulta sumamente grato.

El vetusto empredrado del puente.

Agradezco los datos proporcionados por el señor Amauri Lara Sainz, a quien mucho debe este puente por haber gestionado la prohibición de circulación del tránsito pesado sobre sus venerables piedras.

La calzada sobre el puente, vista hacia el oriente.

miércoles, 16 de junio de 2010

El portal ausente

El portal, a principios de la década de 1960.

El mismo sitio, en la actualidad.

En la calle de Hidalgo, en la esquina que forma con la calle Nicolás Bravo, existió hasta hace unos 30 años un simpático portal de tres arcos sobre el que se levantaba una galería soportada por delgadas columnas de madera y cubierta de teja. Formaba parte originalmente de la casa conocida como "La Pechera" (a la que pertenece el balconcito que asoma a la derecha), pero su solar fue disgregado de ella poco antes de su destrucción, lo que debió suceder hacia 1978 pues el estilo de los marcos de piedra blanca de los nuevos vanos y las bóvedas de ladrillo que se edificaron en su interior coinciden plenamente con el estilo puesto en boga por la construcción del mercado municipal y la Unidad Jorge Jiménez Cantú, erigidas en aquel año.

Pese a su rusticidad, este portalito lucía con gracia sus arcos moldurados, columnas cilíndricas coronadas por, más que un capitel, un trozo de arquitrabe, así como una cornisa corrida bajo el pretil que lo remataba. En su interior, un poyo servía para descanso de los clientes de lo que muy probablemente era una tienda. Tanto la planta baja como la galería superior estaban limitadas en sus costados por muros ciegos, lo que contribuía con el resto de sus elementos a darle al inmueble una vaga semejanza con las casonas montañesas de Cantabria.

El portalito desapareció al ganarse el espacio que ocupaba para extender la casa, dado que no se proyectaba hacia el frente sino que formaba parte del alinemiento de las fachadas de esa manzana. Cosas de los tiempos: esos metros que en algún momento el dueño cedió generosamente al uso público fueron más tarde reclamados por otro propietario. Se mantuvieron, sin embargo, aquel par de muros ciegos que enmarcaban el portal y el pretil de la galería. Incluso en la altura del inmueble y en la disposición de tres vanos en los dos niveles parece haber todavía un eco del ritmo de soportes y vanos de este portal y de la galería, lamentablemente ya ausentes.

domingo, 13 de junio de 2010

La capilla de Nuestra Señora de Loreto de Arroyozarco

Vista desde la espadaña de la capilla, hacia el oriente.

Aunque la capilla de la ex hacienda de Arroyozarco está ahora dedicada a una imagen popular conocida como "Señor del Pasito" (devoción originada en la cercana ranchería de Jurica, quizá a mediados del siglo XIX, y después trasplantada ahí), originalmente en este edificio se veneró la imagen de Nuestra Señora de Loreto. Según Wikipedia:

Nuestra Señora de Loreto. Óleo de 1769 del Museo Soumaya, México, DF.

Virgen de Loreto:
Patrona de los aviadores. Loreto significa: rodeado de árboles de laurel.
En el norte de Italia se encuentra el Santuario de la Santa Casa dedicado a la Virgen de Loreto. En el interior se encuentra la Santa Casa de Nazaret, donde, según la tradición católica, la Virgen María recibió la Anunciación.
La casa de la Virgen estaba formada por tres paredes adosadas a una cueva excavada en la roca (que se encuentra en la Basílica de la Anunciación de Nazaret). La tradición popular dice que en la noche entre el 9 y 10 de diciembre 1294 las piedras de la casa de Nazaret fueron transportadas por ángeles en vuelo, por eso la Virgen de Loreto es Patrona de los aviadores. De hecho, algunos estudios encontraron los documentos y han confirmado que fue transportada por mar en buques de las cruzadas. Después de la expulsión de los musulmanesde Tierra Santa por los cristianos, un miembro de la familia Angeli, los gobernantes de Épiro, estaba interesado en salvar la Santa Casa de la destrucción, por lo que fue transportada primero a Trsat en la actual Croacia, en 1291, luego a Ancona en 1293 y finalmente a Loreto, 10 de diciembre 1294.


Capilla de Arroyozarco a principios del siglo XX.

Esta advocación mariana se constituyó en devoción típicamente jesuita y por ello no es extraño que el templo arroyozarqueño recibiera su patronazgo, ya que esta hacienda formó parte de los bienes del Fondo Piadoso de las Californias, una fundación particular administrada por la Compañía de Jesús para evangelizar aquellas lejanas tierras. Arroyozarco fue adquirido para el Fondo Piadoso en 1715 por don José de la Puente y Peña, marqués de Villapuente, principal benefactor de las misiones californianas. En 1767, al ser expulsados los jesuitas de todos los dominios españoles, los dos últimos jesuitas, el padre Diego Cárcamo y el hermano Blas Guller, se vieron obligados a entregar la propiedad a los Oficiales de la Real Hacienda. Todavía pertenecería Arroyozarco al Fondo Piadoso por cuatro décadas más, hasta que en 1810 fue vendida a dos hermanos, Juan Ángel y José Antonio de Revilla, mineros de la región de Pachuca.

La capilla de Arroyozarco a mediados de la década de 1980.

La capilla de Arroyozarco forma parte del inmueble conocido como la "casa vieja" o "hacienda jesuita", uno de los cuatro principales edificios que componen en casco de la antigua finca. Es, de hecho, la única parte de ese inmueble que se conserva en buen estado, ya que el resto ha perdido totalmente sus cubiertas y sólo en algunos sitios éstas han sido repuestas con lámina metálica y otros materiales de baja calidad. Por sus métodos constructivos, ubicación y materiales, se advierte que la capilla fue levantada al mismo tiempo que el resto de la "casa vieja", y dado que en el patio de pesta existe un gran escudo jesuita de tezontle con la leyenda "A.D. 1723", le podemos atribuir sin duda esa misma fecha como la de su construcción.

Fachada de la capilla de Arroyozarco en la actualidad.

Vista general de la capilla y los restos de la "Casa Vieja" de Arroyozarco.

Un año después de la expulsión de los jesuitas, en 1768, se levantaron detalladísimos planos de las tres construcciones más importantes del casco de Arroyozarco en aquel entonces (la Casa Vieja, el edificio del Despacho y el Mesón) que se conservan aún en el Archivo General de la Nación, aunque atribuidos erróneamente a la hacienda de San Pedro de Ibarra, que también pertenecía al Fondo Piadoso de las Californias. Por fortuna, los planos son, decía arriba, tan detallados que reproducen incluso detalles que podrían parecer insignificantes, como el número y disposición exacta los canales de piedra que desguaban las azoteas. Y fue gracias a ellos que pude comprobar in situ que se trataba de Arroyozarco, después de descubrirlos en el libro La formación de la hacienda en la época colonial, de Gisela Von Wobeser.

Plano de la "Casa Vieja" de Arroyozarco en 1768. La capilla se encuentra en el ángulo inferior izquierdo.

Plano de la segunda planta de la "Casa Vieja" de Arroyozarco en 1768. Hoy en día, la casa cural ocupa varias de las estancias que aparecen al lado derecho.

Como se ve en el plano de 1768 de la Casa vieja, la capilla ocupaba el mismo sitio que hoy en día, en el ángulo noreste de esta construcción. Lo que sí ha variado son sus anexos, ya que la vieja sacristía que estaba tras el ábside dejó de serla hace muchos años y hace sus veces una recámara de la Casa Vieja. De hecho, la actual casa cural ocupa también otros varios aposentos de esa sección de la casa: la "sala del procurador" (que contaba con una chimenea), un almacén, la "sala de huéspedes" (que posee una hermosa portada de tezontle) y otros cuartos. En la parte posterior de la capilla, la troje de dos naves, modificada, hace las veces de auditorio y sala de reuniones.

Portada de la llamada "sala de huéspedes" en los planos de 1768, que forma parte de la actual casa cural.

La fachada de la capilla posee una portada de cantera rosa formada por un arco de medio punto con clave en forma de roleo (elemento común en toda la Casa Vieja, a veces elaborado como éste en cantera y otras en tezontle). A los lados dos medias muestras de inspiración toscana sobre pedestales soportan un entablamento roto al centro por el nicho que alberga ahora una imagen de factura reciente de la virgen de Guadalupe y que por muchos años estuvo vacío. Sobre él, se abre la ventana del coro de forma octogonal y a los lados se observa un par de remates planiformes inspirados quizá en pebeteros neoclásicos. A mabos lados de esta portada se encuentran los dos únicos sepulcros que se conservan en el pequeño atrio: el de la izquierda, más elaborado, remata en un relieve en forma de cáliz con uvas y hojas de parra; el de la derecha, mucho más sencillo, es sólo una pirámide rematada por una cruz. Corona la fachada una espadaña con espacio para dos campanas, que parece ser ya de inspiración neoclásica y seguramente del siglo XIX. Cuatro pebeteros neoclásicos muy sencillos rematan esta espadaña, y por encima de todos ellos una cruz sobre su orbe.

Portada de la capilla.

El interior está formado por una sola nave cubierta con techo plano de viguería sobre zapatas labradas. En algún momento debe haberse estropeado el terrado plano que sostenía esa viguería (indicado por la presencia de canales que desaguaban esa azotea), por lo que se le superpuso una cubierta de media tijera de vigas y teja que contribuye a darle el aire de un artesonado mudéjar. Esta techumbre guarda algún parecido con la de la misión jesuita de Loreto en Baja California Sur.

La nave, vista desde el coro.

La nave, vista delsde el presbiterio.

Antaño, el presbiterio estuvo adornado, según los inventarios de la hacienda en el siglo XVIII, con un altar en el que se encontraba una imagen de vestir de la Virgen de Loreto con un collar de perlas finas, negras, de California. Actualmente, un retablo de estilo gótico del siglo XIX ocupa su lugar. En la nave estaban otros dos altares dedicados al Santo Cristo y a San José. En la restauración efectuado a fines de los años 90, en la que se recuperó parte de la policromía interior de la nave (perteneciente al parecer al siglo XIX), aparecieron los restos de una pintura anterior que podrían ser el remate pintado de unos altares laterales, que quizá eran, por tanto, "retablos fingidos".

Decoración mural recuperada. La cenefa pertenece al siglo XIX, el remate barroco es del siglo XVIII.

También existió una larga serie de cuadros de santos, detalladamente inventariados después de la salida de los jesuitas de Arroyozarco, de los que se conservan apenas cuatro: San Donato, San Isidro, Santa Bárbara y la Magdalena. También existen otras tres obras de buena calidad: una Adoración de los Pastores, la Presentación en el Templo y un pequeño San Francisco Javier peregrino.

Santa Bárbara.
San Isidro.
La Magdalena.
San Donato mártir.

La presentación en el templo

La Natividad

Con la expulsión de los jesuitas, parece ser que se trató de borrar la huella de su presencia incluso en el nombre del templo, pues hubo algún intento desde fines del siglo XVIII de llamarlo "San José de Arroyozarco", aunque el peso de las devoción popular acabo por vencer y terminó por llamarse, como dijimos al comienzo de este texto, capilla del "Señor del Pasito". Durante muchos años, la capilla de Arroyozarco recibió el mínimo de atenciones para su conservación. Las filtraciones de agua hicieron estragos, como se puede ver, en todas las pinturas que se conservan. Incluso, sufrió el robo de un par de óleos más: un San Martín y una Virgen de Guadalupe. Afortunadamente, en los últimos diez o doce años esto ha cambiado mucho, en buena medida gracias a su designación, primero, como cuasiparroquia y después, el 10 de abril de 2005, como parroquia, con lo que dejó de depender de la de Aculco. Aunque debido a ese nuevo estatus los anexos sufrieron algunas transformaciones no del todo agradables ni justificadas, la verdad es que el templo luce en la actualidad, limpio, cuidado y vigilado, como nunca lo habíamos visto.

Altar neogótico e imagen del Señor del Pasito.

Cruz atrial

Va este texto con un saludo a Benjamín, patrón del Bable.