sábado, 24 de febrero de 2018

La restauración del Mesón de Arroyozarco

En diciembre de 2016, el Fondo de Apoyo a Comunidades para Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos de Propiedad Federal (FOREMOBA) seleccionó, entre otros proyectos a los que otorga recursos anualmente, el de la primera etapa de restauración del antiguo Mesón Arroyozarco, que conocemos también como el Hotel de Diligencias. Este inmueble de fines del siglo XVIII, del que tantas veces he hablado en este blog, había caído en la última década en un estado de deterioro alarmante con la pérdida de cubiertas y entrepisos, lo que hacía necesaria ya una intervención.

Los trabajos de restauración tardaron bastente en iniciar. Cuando empezaron, con sorpresa descubrí que no las estaba llevando acabo el arquitecto Lázaro González Frutis, quien promovió la restauración, elaboró el proyecto que se presentó al FOREMOBA y gracias al cual se obtuvo una respuesta favorable de este organismo. Y la sorpresa del arquitecto debe haber sido mayor que la mía, pues me comentó que a él ni siquiera se le avisó que otra empresa se encargaría de la restauración. Cierto que el Ayuntamiento de Aculco tiene total libertad para asignar el proyecto a quien mejor le convenga. Cierto que la propia presidente municipal tuvo la iniciativa de acudir al FOREMOBA desde fines de 2015 o principios de 2016 para tratar el asunto de la restauración. Cierto asimismo que la elaboración y presentación del proyecto no lo comprometía de ninguna manera con la empresa de Frutis. Lo que me preocupa en realidad es que esta falta de cortesía limite la participación en futuros proyectos en Aculco de este arquitecto, a quien debemos sin duda las más importantes obras de restauración del patrimonio aculquense en los últimos ocho o nueve años.

Lo más importante, sin embargo, es que el Mesón de Arroyozarco por fin está siendo ya restaurado. Y no sólo eso, sino que el Ayuntamiento de Aculco ha estado promoviendo diligentemente la prosecución de la obra en nuevas etapas con diversas instancias estatales y federales. Si critiqué antes una descortesía, ahora no puedo más que elogiar de la manera más amplia la forma en que nuestras autoridades municipales se han propuesto sacar adelante la idea de recuperar un edificio tan valioso desde el punto de vista patrimonial, arquitectónico e histórico. Es de agradecerse mucho este interés de Aurora González Ledezma por darle nueva vida a un inmueble que hasta hace pocos años parecía ya condenado a la ruina.

Ahora bien, ahora que el Mesón está en vías de recuperación, creo que es muy oportuno insistir aquí en un par de cosas de las que ya he hablado antes aquí.

-La primera: estas obras deberían complemetarse con otras orientadas al mejoramiento profundo de la imagen urbana de Arroyozarco, de modo que se convierta en un marco adecuado para sus edificios históricos. No hablo de cosas muy elaboradas, sino de una imagen rústica y tradicional, propia del lugar. Así como la cabecera municipal de Aculco ha sido -en términos generales- ejemplo del compromiso con la conservación de la imagen urbana, Arroyozarco es hoy en día el ejemplo más deplorable de lo contrario. Todavía es tiempo de corregir esa situación y lograr en pocos años que Arroyozarco se convierta también en un punto agradable de recorrer y no sólo para visitar puntualmente el Mesón restaurado. Hacer de Arroyozarco un importante punto turístico del municipio.

-La segunda: entre la restauración del Mesón y la mejora de la imagen urbana, debe promoverse también la incorporación de Arroyozarco a los puntos incluidos en el Camino Real de Tierra Adentro como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Tendría todo para lograrlo, ya que se encuentra ya en la lista indicativa para su incorporación y lo que lo impidió en el pasado fue precisamente la falta de programas para la recuperación de los edificios históricos y su entorno.

Finalmente, les presento algunas fotografías del estado previo del Hotel de Diligencias y de las actuales obras de restauración.

lunes, 19 de febrero de 2018

¿Dónde estás, san Agustín?

En algún momento entre finales de la década de 1960 y principios de la 1970, dos antiguas imágenes de santos procedentes del interior de la parroquia de Aculco fueron colocadas en los altares de las capillas posas del atrio. Yo sólo llegué a conocer una de ellas: se trataba de un san Agustín tallado en madera, probablemente de principios del siglo XVIII, que se hallaba en la capilla posa suroeste, que se ubica junto a la torre del reloj. La otra imagen era -según me han dicho- de santa Águeda, más no la conocí pues fue destrozada por un ebrio. Tengo mis dudas de que se tratara en efecto de esta santa, pues un fragmento que se conservó correspondía a un pan que llevaba en la mano como attributo, cuando lo que aquella suele portar son sus pechos rebanados en recuerdo de su martirio. Como sea, esta imagen estuvo colocada en la capilla posa noroeste.

En estas fotografías tomadas en 1973 se observa la imagen de san Agustín. De carácter barroco pese a su sencillez, portaba como se observa el hábito negro de su orden (otras veces se le representaba como obispo) y había perdido ya los atributos característicos: una iglesia en la mano izquierda, un báculo o un corazón flamígero en la diestra y tal vez, aunque es más improbable, la mitra episcopal sobre la cabeza. Como se aprecia, era una escultura de valor histórico y artístico, y dejarla expuesta en ese sitio no fue la mejor manera de conservarla. Ni siquiera la destrucción de la imagen de santa Águeda hizo que se procurara resguardarla mejor.

Poco más de veinte años después le tomé la fotografía que aparece aquí, que incluí en el libro Aculco histórico, artístico, tradicional y legandario (1996). Se advierte que la escultura se había deteriorado, perdido parte de sus acabados y algunos dedos de sus manos. Aunque no son tan visibles en la fotografía, grandes grietas causadas por la humedad se habían abierto en su cuerpo. Fue por aquella época, quizá en 1999 o 2000, cuando don Jorge Lara Morales (quien ayudó por muchos años en el templo) decidió por fin que no era un lugar propio para una imagen de madera tan antigua y la llevó al curato. Pero a partir de entonces le perdí la pista y nunca la he vuelto a ver más en ninguno de los rincones del antiguo convento. ¿Seguirá ahí? ¿Se habrá conservado? ¿O la podemos dar ya como perdida para siempre?

¿Dónde estás san Agustín?

lunes, 12 de febrero de 2018

Aculco en 1973

Hace unos días encontré una serie de imágenes que subió a Flickr el usuario Darth Pollo, que corresponden a vistas de nuestro pueblo en 1973. Las fotografías, me comenta su dueño, fueron tomadas casi todas por su padre, Felipe González Pérez, durante paseos familiares.

En efecto, en ellas se observa casi invariablemente la presencia de algunos de los miembros de su familia recorriendo Aculco. Hay fotos del atrio de la parroquia, de la alberca, de las capillas posas, de la Plaza Juárez, del kiosco, entre otros sitios. No son fotografías excepcionales ni por su calidad ni por su temática, pero sí resultan de gran interés por retratar un momento poco documentado visualmente de transición en el aspecto de Aculco: justo cuando se llevaban a cabo las obras del Programa Echeverría de Remodelación de Pueblos, que serían inauguradas en noviembre de 1974.

De hecho, puede advertirse, por ejemplo, que la banqueta del jardín de la Plaza de la Constitución todavía estaba en construcción cuando se tomaron estas fotografías. O que el viejo muro al lado izquierdo de la parroquia, donde estuvo la capilla de la Tercera Orden, no había sido encalado y arreglado aún.

Les comparto algunas de estas fotografías. Ya habrá momento de comentar alguna de ellas cuando sea oportuno. Si quieren ver la serie completa, pueden pinchar aquí.

viernes, 2 de febrero de 2018

La Candelaria de Arroyozarco

En el calendario católico, el 2 de febrero señala la fiesta de la Purificación de Nuestra Señora o de la Presentación de Jesús en el Templo. Conmemora el día en que, transcurrida la cuarentena señalada por las leyes judías en el Levítico (su "purificación" después de haber dado a luz), María se dirigió al templo de Jerusalén para presentar a su hijo, momento en que Simeón el anciano y Ana la profetisa lo identificaron ahí como el Mesías. Desde la Edad Media se acostumbró celebrar la fecha encendiendo y bendiciendo velas -candelas- para iluminar profusamente las iglesias, evocando el cántico de Simeon en que llamó al Niño "luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel", de ahí que popularmente se conociera a esta festividad como "la Candelaria".

En el arte, la representación pictórica de la Purificación de Nuestra Señora suele formar parte de los ciclos o series relacionados con la Navidad, que incluyen también temas como los desposorios de José y María, la anunciación, la adoración de los pastores, la adoración de los magos, los santos inocentes, la huida a Egipto y la circuncisión. También es muy frecuente encontrarla de manera aislada, respondiendo seguramente a devociones particulares del lugar para el que fue pintada.

Este último parece ser el caso de un óleo de regulares dimensiones que se encuentra próximo al presbiterio de la capilla (hoy parroquia) de Arroyozarco, en nuestro municipio de Aculco, pues si bien en el mismo sitio existe otra pintura que muestra la adoración de los pastores no pertenecen a la misma época y no forma conjunto con aquella. El óleo en cuestión data sin duda alguna de mediados del siglo XVIII y es obra de un pintor cercano al circulo de Miguel Cabrera, lo que se advierte en el uso del color, en los rostros, manos y actitudes de los personajes. Aunque el fuerte deterioro sufrido por escurrimientos de agua no permite apreciarlo en todo su valor, se perciben en él algunos detalles que denotan un buen pincel, como es el rostro del sacerdote, en tanto que otros elementos como los pies del propio levita o las manos de la Virgen María son más bien de mediana calidad (aunque pueden ser fruto de un mal retoque). Muy probablemente esta obra llegó a Arroyozarco todavía en la época en que la hacienda pertenecía a los jesuitas.

La escena que muestra la pintura está enmarcada por un cortinaje rojo que se despliega a espaldas de José y María; ella arrodillada, con la mirada hacia su hijo, extendiendo las manos (en una de ellas lleva las cinco monedas con que se le redimía de servir en el templo) y él de pie, con las palmas de las manos cruzadas sobre el pecho y sosteniendo su vara florecida. Frente a ellos, un sacerdote judío lleva en brazos a Jesús y eleva la mirada. Asoman a sus espaldas un par de niños que portan velas (las candelas que le dan nombre a la celebración). En un segundo plano, a espaldas del sacerdote, se ven los rostros de dos ancianos, hombre y mujer, a los que se puede identificar con Simeón (al parecer con un libro) y Ana, de los que habla el Evangelio de San Lucas:

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!– a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Tras Ana y Simeón, y flanqueando el óleo en su lado derecho, se alza una columna estriada (los elementos arquitectónicos como parte de la composición eran frecuentes en las obras de Miguel Cabrera, como puede verse incluso en la Última Cena que existe en la parroquia de san Jerónimo). Al fondo y en un plano más alejado se observan varias personas que permanecen fuera del recinto en que sucede la escena, entre ellas una madre que carga a un niño. El marco de madera dorada no es el original, pues parece ser del siglo XIX o incluso más reciente.

Aunque el estado de conservación de esta hermosa pintura no es el mejor, se trata sin duda de una obra de importancia que, junto con otras obras del mismo templo de Arroyozarco, refleja la riqueza que alcanzó éste en el siglo XVIII, durante el esplendor barroco. Es, además, expresión de una devoción varias veces centenaria que muchos ya sólo identifican con los tamales del 2 de febrero o, acaso, con la tradición de levantar el "nacimiento" ese mismo día, pero cuyo origen toda persona de mediana cultura general y religiosa debiera, al menos, conocer.

lunes, 29 de enero de 2018

La viguería de la capilla de Toxhié restaurada

Los templos de la región en la que se asienta Aculco se caracterizaron durante los años del Virreinato por sus techumbres de viguería, mismos que reflejaban por una parte la abundancia de madera y por otra la falta de capacidad técnica o económica para la construcción de bóvedas y cúpulas. Las bóvedas se limitaron durante esa época a contadas edificaciones de tamaño más bien menor, como las capillas posas del atrio de la parroquia de san Jerónimo. Incluso el templo parroquial -la construcción colonial más importante del municipio- conservó su cubierta de madera hasta 1843, cuando se inició la construcción de la bóveda de cañón y la cúpula actuales.

Siguiendo la moda adoptada en la parroquia, algunos templos de la jurisdicción parroquial aculquense se enriquecieron también con este tipo de cubiertas durante la segunda mitda del siglo XIX y principios del XX. La capilla de Santa María Nativitas, por ejemplo, se reedificó hacia 1858 siguiendo muy de cerca del modelo parroquial, mismo caso fue el de San Lucas Totolmaloya en 1857, y el de San Pedro Denxhi en fecha indeterminada. En las capillas de La Concepción y Santiago Oxthoc Toxhié sólo se reemplazaron las techumbres del presbiterio con cúpulas. En cambio, las capillas de Nenthé (la antigua, no el actual santuario), la de la hacienda de Arroyozarco y la de Santa Ana Matlavat conservaron íntegras sus viguerías coloniales, si bien protegidas por tejados superpuestos estas dos últimas.

Precisamente estos techos de vigas resultan especialmente vulnerables, tanto por su propia antigüedad como por la facilidad con que pueden deteriorarse a causa de la humedad y de los insectos, pero también porque son fácilmente reemplazables por losas de concreto (como ha sucedido en innumerables ocasiones en las casas de Aculco). Cuando esto sucede, con gran frecuencia los nuevos techos de concreto y varilla resultan demasiado pesados para la construcción antigua y con el tiempo provocan un daño mayor. Incluso, en caso de un sismo, los techos de concreto apoyados en muros de piedra o adobe antiguos pueden provocar el colapso de la estructura.

Por todo lo anterior, resulta especialmente importante la feliz culminación de la restauración de la cubierta de madera de la capilla de Santiago Oxthoc Toxhié, de la que les hablé en anteriores entregas de este blog. Ahora les presento nuevas fotografías que muestran ya la obra finalizada.

Como podrán observar, se mantuvo en esta obra el criterio de conservar la mayor cantidad de madera original posible, reemplazando en una buena proporción de las vigas antiguas solamente los cabezales podridos con injertos de madera nueva, con uniones reforzadas con soleras de acero atornilladas. Al mismo tiempo, se retiraron las capas de pintura que cubrían la viguería para dejarla al natural con un acabado con aceite de linaza y cera natural de abeja.

Se trata de una restauración que considero ejemplar, pues no sólo mantuvo materiales y formas, sino la propia autenticidad y originalidad de la techumbre histórica, tratándola como un elemento valioso en sí mismo, digno de ser protegido. Resulta importante señalar esto pues, aunque el resultado es muy bello y atractivo, con gran sabor para quienes gustamos de la arquitectura colonial, a los ojos de algún espectador común puede parecer desconcertante que se haya buscado mantener la rusticidad del techo y no mejorar artificialmente los acabados puliendo, resanando, pintando o barnizando las vigas. Pero lo que se buscó fue recuperar, sin falsear, la apariencia con la que debieron verlo sus constructores hace quizá 300 años; de ninguna manera darle un aspecto cercano al gusto estético actual.

Así, la techumbre restaurada de Toxhié sigue siendo la original, la misma que ha albergado en sus oraciones a muchas generaciones de habitantes de aquél poblado y que esperamos cobije muchas generaciones más. Mi agradecimiento al arquitecto Lázaro Frutis no sólo por las fotografías que me comparte, sino principalmente por haber llevado a cabo esta obra tan significativa. Mi reconocimiento también al FOREMOBA y al Ayuntamiento de Aculco por los recursos aportados para la restauración.

lunes, 22 de enero de 2018

Diez mitos e imprecisiones de la historia de Aculco

Con el afán de realzar a nuestro pueblo -ya por simple amor por él y con sincero deseo de mostrar su riqueza histórica y cultural, o bien por simple patrioterismo- aparecen aquí y allá con frecuencia, en textos impresos o en artículos digitales, así como en los propios comentarios de los aculquenses, expresiones sobre la historia de nuestro municipio que ciertamente se apartan de la realidad. De estos mitos, innumerables por cierto, he elegido en esta ocasión sólo diez. Pocos, pero que sin duda causarán algún pequeño revuelo y más de una molestia entre quienes creen conocer la historia de Aculco. Por supuesto, reconozco que los mitos tienen su lugar reconocido en la leyenda y tradición local, pero nunca se les debe poner por encima de la verdad cuando ésta es comprobable y evidente.

 

I. MITO: Aculco fue fundado en el año 1110 d.C.

Resulta muy curioso que tantos y tantos textos copiados hasta el infinito, repitan esta fecha tan increíblemente precisa, cuando la mayor parte de los pueblos y ciudades fundadas antes de la Conquista española carecen de un año exacto que señale ese hecho. Inútil sería, sin embargo, buscar la fuente de esa afirmación pues sencillamente no existe: se trata más bien de una serie de deducciones hechas por algún historiador y malinterpretadas después por sus transcriptores. Lo que en realidad marca el año 8-tochtli, 1110 d.C., es aproximadamente la caída de Tollan-Tula y del Imperio Tolteca, un hito histórico que señala el inicio del periodo Posclásico de la historia mesoamericana. La evidencia arqueológica y documental demuestra que la región de Xilotépetl (Jilotepec), a la que pertenecía el territorio que hoy es Aculco, estaba sujeta al dominio tolteca, y tras el derrumbe de éste se convirtió en un señorío independiente hasta que hacia el año 1379 fue conquistado temporalmente por el tlatoani mexica Acampichtli y luego, de manera definitiva, en 1487 por Ahuízotl, pasando entonces a ser una provincia tributaria de su imperio. Así, lo que sucedió cerca de 1110 es que Xilotépetl quedó libre del dominio tolteca. Pero de ahí a pretender que dentro de su jurisdicción se fundó ese mismo año un pueblo llamado Aculco, situado precisamente donde hoy está, hay un abismo insalvable.

 

II. IMPRECISIÓN: Aculco fue fundado en 1540.

De igual manera, ha sido habitual presentar el año de 1540 como aquél en el que se fundó nuestro pueblo, ya durante el Virreinato. La evidencia documental, sin embargo, señala que el pueblo existía probablemente desde los tiempos prehispánicos, aunque la ausencia de vestigios arqueológicos sugiere que pudo haberse mudado de sitio (algo muy frecuente, por cierto, en la época). Incluso existe un par de menciones de Aculco en la Colonia anteriores a aquel año de 1540: el primero es un documento datado en el siglo XVIII (aunque conocido sólo por su trascripción del siglo XIX y por ello algo cuestionable), llamado Relación de méritos de un capitán de guerra otomí, que afirma que el 30 de septiembre de 1522 se fundó Aculco, tras una batalla de los otomíes aliados de los españoles contra 562 mil chichimecas. El segundo documento es el acta de fundación de Acámbaro, Guanajuato, del 19 de septiembre de 1526, en la que aparece mencionado don Pablo Fabián de León, cacique del pueblo de San Jerónimo Aculco, como primer alcalde ordinario de los otomíes de Acámbaro. Entonces, ¿qué sucedió en 1540? Pues es el año que el historiador Francisco de Ocaranza, en su obra Capítulos de la historia franciscana (México, 1933), da para la fundación del establecimiento de esa orden religiosa en Aculco, pero de ninguna manera para la fundación el pueblo, que debió ser anterior.

 

III. IMPRECISIÓN: El escudo municipal de Aculco reproduce el glifo con el que se identificaba a nuestro pueblo en tiempos prehispánicos.

No es así. El escudo municipal de Aculco se elaboró a partir del glifo de un lugar llamado Acocolco que fue tributario del pueblo de Atotonilco (cerca de Tula), bajo dominio azteca. Fue en la década de 1970 cuando las autoridades culturales del Estado de México, haciendo una lectura superficial de los catálogos de topónimos y glifos elaborados desde el siglo XIX, decidieron que aquel símbolo correspondía a nuestro pueblo y se lo asignaron sin que mediara discusión o crítica alguna (como sí ocurrió años más tarde, por ejemplo, con el escudo municipal de Polotitlán, también arbitrariamente impuesto y al cabo tuvo que ser modificado). Si deseamos conocer el verdadero glifo de origen prehispánico de nuestro Aculco, debemos remitirnos al Códice de Huichapan, documento otomí que en uno de sus folios muestra precisamente los glifos de los pueblos que tributaban a la cabecera de Jilotepec. Uno de ellos, que adopta la forma de una corriente de agua en espiral, lleva la glosa en letras latinas "Antamehe", que es precisamente el nombre de otomí Aculco como quedó registrado en los más antiguos libros de bautismos que subsisten en la parroquia, que datan de 1606. De esto he escrito muy ampliamente en mi texto sobre el nombre de Aculco.

 

IV. IMPRECISIÓN: La Batalla de Aculco tuvo lugar en Arroyozarco o bien en el rancho de Las Ánimas que pertenecía a la misma hacienda.

Tanto las narraciones de los testigos presenciales como los planos levantados inmediatamente después de la batalla del 7 de noviembre de 1810 por uno de los militares que participaron en ella, el realista Saturnino Samaniego, muestran con precisión el campo de batalla y los lugares en los que se ubicaron los dos ejércitos. Se trata del espacio delimitado por el propio pueblo de Aculco, las Lomas de Cofradía, el cerro del Tixhiñú, las Lomas de Gunyó y el camino que conducía de Aculco a Arroyozarco (que es el que, cruzando el Puente Colorado, va hacia el norte y tuerce luego al oriente). La confusión que llevó a la creación del mito parece derivarse de otros dos enfrentamientos distintos a éste: uno que tuvo lugar previamente a la Batalla de Aculco en Arroyozarco o Huapango y en el que el brigadier Calleja consiguió capturar a las avanzadas o espías de Ignacio Allende, así como otro verificado meses después, el 3 de agosto de 1811, "en el llano de Las Ánimas, cerca de Aculco". Pero incluso este último enfrentamiento, según mis investigaciones, podría no referirse al rancho de ese nombre que perteneció a la hacienda de Arroyozarco, sino a uno homónimo más cercano a Aculco, no lejos del Cerrito Colorado y el Cerro del Tixhiñú.

 

V. MITO: Hidalgo, en su huida de Aculco, celebró misa en el "Palo Bendito".

Aquí en realidad se unen dos mitos distintos. El primero de ellos, común a muchos lugares por los que transitó el ejército insurgente, es la celebración de misas por parte del cura Miguel Hidalgo. Es cierto, claro, que a lo largo de toda la ruta hubo misas de campaña para el ejército, pero eran celebradas por los capellanes que acompañaban a los insurgentes, que eran por cierto bastante numerosos. No, con certeza, por Hidalgo, quien desde el momento mismo del inicio de la rebelión abandonó sus funciones sacerdotales y no celebró misa alguna. Se sabe esto no únicamente por los testigos presenciales, sino que él mismo lo expresó en sus declaraciones cuando estaba ya preso en la ciudad de Chihuahua ("dijo: que [...] ni tampoco ha celebrado el santo sacrificio de la Misa por considerarse inhábil para el ejercicio de toda función eclesiástica"). El segundo mito unido a éste tiene que ver más con el tiempo y la geografía. Bien pudo ser que antes de la Batalla de Aculco se celebrara una misa de campaña, pero después de ella habría sido imposible, pues los insurgentes salieron huyendo precipitadamente y al lado de Hidalgo no quedaron más que unos cuantos seguidores que se internaron por el cerro de Ñadó, como escribió con precisión su sirviente Pedro Sotelo. Y este mismo testimonio nos lleva a una conclusión muy obvia: partiendo del campo de batalla para escapar por Ñadó, el "Palo Bendito" queda muy lejos de la ruta de huida más sensata; habría sido una locura dar un rodeo por ese sitio teniendo a los realistas en persecución tras ellos. Si quieres saber más lee aquí lo que escribí sobre el Palo Bendito.

 

VI. IMPRECISIÓN: Aculco se convirtió en municipio el 19 de febrero de 1825.

Sin duda el 19 de febrero es uno de los días más importantes en el calendario cívico local, pues anualmente se celebra en esa fecha la erección municipal de Aculco. Sin embargo, siendo estrictos histórica y legalmente, ese día no tiene ninguna importancia: nada relacionado con Aculco sucedió entonces. Parece ser que se trata de una confusión de fecha, pues el 9 de febrero anterior el Congreso del Estado de México había publicado el decreto npumero 36, "Para la organización de los ayuntamientos del estado", que simplemente sentó las bases para la conformación de los municipios en la entidad, pero en el que no se erigió explícita y propiamente ningún municipio. El año pasado traté este mismo asunto en un texto que puedes leer aquí: "19 de febrero de 1825, ¿algo que festejar?"

 

VII. MITO: Doña Sara Pérez de Madero nació en Aculco.

Falso. María Guadalupe Sara Pérez Romero nació en la casa número 15 de la calle de la Estación en la ciudad de San Juan del Río, Querétaro, a las diez de la noche del 19 de junio de 1872, como consta en el acta 513 del registro civil de esa ciudad queretana de ese año, que reproduzco abajo. Su padre, Macario Pérez, era según dijo vecino de la hacienda de Arroyozarco y originario de la ciudad de México (aunque en realidad parece que era hidalguense de Real del Monte) y su madre, Velina (o Avelina) Romero, oriunda de Polotitlán. Sus padres aparecen como "solteros: era hija natural.Lo que es verdad en relación con el municipio de Aculco es que Sara pasó sus primeros años en Arroyozarco, pues su padre administraba esta propiedad, y ya mayor volvió al sitio en varias ocasiones. Después fue copropietaria de la hacienda de Cofradía junto con su padre y sus hermanos. Pero de su nacimiento en Aculco, el mito ha subsistido y crecido hasta el punto que al anunciarse en marzo de 2014 la construcción de un nuevo hospital en nuestro municipio, se decidió darle el nombre de Sara Pérez de Madero "por ser originaria de Aculco", como puedes leer en esta nota.

 

VIII. MITO: Sara Pérez y Francisco I. Madero pasaron su luna de miel en la hacienda de Cofradía.

Este es un mito creado para turistas y con el fin de darle un aura romántica la hacienda de Cofradía, pero es completamente falso. El mismísimo Madero escribió en sus memorias: "La ceremonia de nuestro enlace civil se verificó el 26 de enero de 1903 en la casa del Lic. Agustín Verdugo, calle de Capuchinas número 8, en la capital de la República, que era la casa donde vivía mi futura esposa, por ser sobrina de la esposa de dicho licenciado. Al día siguiente en la mañana a las 9 a.m. se efectuó la ceremonia religiosa en la capilla del Arzobispado, habiendo oficiado el mismo señor Arzobispo y habiendo dicho la misa el padre Ángel Genda, hombre de rara virtud y que había sido por mucho tiempo confesor de mi esposa. En lo civil, el juez que efectuó la ceremonia fue el conocido señor Briseño.El banquete de bodas con que nos obsequió mi papá, tan bueno y generoso como siempre, fue en el Hotel de la Reforma, que era donde residíamos. Allí pasamos algunos días Sarita y yo, y luego nos trasladamos a San Pedro [de las Colonias, Coahuila], donde residimos desde entonces". Nada acerca de la hacienda de Cofradía, que aunque pertenecía al padre de Sara era entonces arquitectónicamente muy humilde (las obras que la embellecieron empezarían una década después) y seguramente no muy adecuada para que residieran ahí.

 

IX. MITO: Los lavaderos públicos de Aculco son los más antiguos de México.

Este mito tiene variantes: a veces dicen que son los más antiguos, otras veces que son los primeros, incluso que son únicos, étcetera. La verdad es que muchas poblaciones en México tuvieron lavaderos públicos con características parecidas y aunque no han sobrevivido muchos, todavía quedan ejemplos notables. Destacan por su belleza y antigüedad los lavaderos de Xallitic, en Xalapa, y los del barrio de Almoloya, en Puebla. Los hay también en Taxco, en San Miguel de Allende, en Tepeapulco. Cerca de Aculco, se pueden señalar los de Jilotepec y los de Nopala... ¿Qué tienen de especial entonces los nuestros? Lo primero, que a diferencia de muchos de los otros se mantienen en pleno uso. Lo segundo, que a pesar de la torpe "restauración" del año 2007, conservan en gran medida su disposición original que data de 1884. Lo tercero, su abastecimiento de agua con la que nace de los manantiales es la misma desde su origen. Lo cuarto, forma parte de un sistema hidráulico mucho más extenso, de gran valor patrimonial que no ha sido reconocido como merece, formado por los manantiales, los lavaderos, la alberca, los baños y los canales de irrigación que se extienden hacia el norte. Lo quinto, por su ubicación, diseño, uso de materiales tradicionales y aspecto tradicional resultan de gran belleza y pintoresquismo.

 

X IMPRECISIÓN: El Camino Real de Tierra Adentro pasaba por el pueblo de Aculco.

Esta vía ciertamente atravesaba el territorio municipal de Aculco, pero no el propio pueblo, la cabecera municipal. De hecho, el tramo de camino empedrado ubicado entre Aculco y Santa Anna que fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO ciertamente tiene valor como uno de los pocos vestigios de caminos antiguos en nuestro municipio, pero no en relación directa con el Camino Real de Tierra Adentro como se le quiso hacer pasar. Era, en todo caso, un ramal muy secundario y difícil de transitar debido a lo empinado de su trazo. Le superaban en importancia, primero, el auténtico Camino Real de Tierra Adentro que pasaba por Arroyozarco, Encinillas y Polotitlán, y en segundo sitio el camino que, saliendo por el Puente Colorado y dirigiéndose primero al norte y luego al oriente, comunicaba a Aculco con Arroyozarco. Ahora bien, esto no significa que Aculco no tenga relación con el camino. Por el contrario: durante cerca de 300 años Aculco vivió gracias a él, a través de sus arrieros, sus recuas de mulas y sus oficios relacionados con el transporte. Sobre la autenticidad del tramo del camino aculquense les platicaré en un próximo post.