lunes, 22 de enero de 2018

Diez mitos e imprecisiones de la historia de Aculco

Con el afán de realzar a nuestro pueblo -ya por simple amor por él y con sincero deseo de mostrar su riqueza histórica y cultural, o bien por simple patrioterismo- aparecen aquí y allá con frecuencia, en textos impresos o en artículos digitales, así como en los propios comentarios de los aculquenses, expresiones sobre la historia de nuestro municipio que ciertamente se apartan de la realidad. De estos mitos, innumerables por cierto, he elegido en esta ocasión sólo diez. Pocos, pero que sin duda causarán algún pequeño revuelo y más de una molestia entre quienes creen conocer la historia de Aculco. Por supuesto, reconozco que los mitos tienen su lugar reconocido en la leyenda y tradición local, pero nunca se les debe poner por encima de la verdad cuando ésta es comprobable y evidente.

 

I. MITO: Aculco fue fundado en el año 1110 d.C.

Resulta muy curioso que tantos y tantos textos copiados hasta el infinito, repitan esta fecha tan increíblemente precisa, cuando la mayor parte de los pueblos y ciudades fundadas antes de la Conquista española carecen de un año exacto que señale ese hecho. Inútil sería, sin embargo, buscar la fuente de esa afirmación pues sencillamente no existe: se trata más bien de una serie de deducciones hechas por algún historiador y malinterpretadas después por sus transcriptores. Lo que en realidad marca el año 8-tochtli, 1110 d.C., es aproximadamente la caída de Tollan-Tula y del Imperio Tolteca, un hito histórico que señala el inicio del periodo Posclásico de la historia mesoamericana. La evidencia arqueológica y documental demuestra que la región de Xilotépetl (Jilotepec), a la que pertenecía el territorio que hoy es Aculco, estaba sujeta al dominio tolteca, y tras el derrumbe de éste se convirtió en un señorío independiente hasta que hacia el año 1379 fue conquistado temporalmente por el tlatoani mexica Acampichtli y luego, de manera definitiva, en 1487 por Ahuízotl, pasando entonces a ser una provincia tributaria de su imperio. Así, lo que sucedió cerca de 1110 es que Xilotépetl quedó libre del dominio tolteca. Pero de ahí a pretender que dentro de su jurisdicción se fundó ese mismo año un pueblo llamado Aculco, situado precisamente donde hoy está, hay un abismo insalvable.

 

II. IMPRECISIÓN: Aculco fue fundado en 1540.

De igual manera, ha sido habitual presentar el año de 1540 como aquél en el que se fundó nuestro pueblo, ya durante el Virreinato. La evidencia documental, sin embargo, señala que el pueblo existía probablemente desde los tiempos prehispánicos, aunque la ausencia de vestigios arqueológicos sugiere que pudo haberse mudado de sitio (algo muy frecuente, por cierto, en la época). Incluso existe un par de menciones de Aculco en la Colonia anteriores a aquel año de 1540: el primero es un documento datado en el siglo XVIII (aunque conocido sólo por su trascripción del siglo XIX y por ello algo cuestionable), llamado Relación de méritos de un capitán de guerra otomí, que afirma que el 30 de septiembre de 1522 se fundó Aculco, tras una batalla de los otomíes aliados de los españoles contra 562 mil chichimecas. El segundo documento es el acta de fundación de Acámbaro, Guanajuato, del 19 de septiembre de 1526, en la que aparece mencionado don Pablo Fabián de León, cacique del pueblo de San Jerónimo Aculco, como primer alcalde ordinario de los otomíes de Acámbaro. Entonces, ¿qué sucedió en 1540? Pues es el año que el historiador Francisco de Ocaranza, en su obra Capítulos de la historia franciscana (México, 1933), da para la fundación del establecimiento de esa orden religiosa en Aculco, pero de ninguna manera para la fundación el pueblo, que debió ser anterior.

 

III. IMPRECISIÓN: El escudo municipal de Aculco reproduce el glifo con el que se identificaba a nuestro pueblo en tiempos prehispánicos.

No es así. El escudo municipal de Aculco se elaboró a partir del glifo de un lugar llamado Acocolco que fue tributario del pueblo de Atotonilco (cerca de Tula), bajo dominio azteca. Fue en la década de 1970 cuando las autoridades culturales del Estado de México, haciendo una lectura superficial de los catálogos de topónimos y glifos elaborados desde el siglo XIX, decidieron que aquel símbolo correspondía a nuestro pueblo y se lo asignaron sin que mediara discusión o crítica alguna (como sí ocurrió años más tarde, por ejemplo, con el escudo municipal de Polotitlán, también arbitrariamente impuesto y al cabo tuvo que ser modificado). Si deseamos conocer el verdadero glifo de origen prehispánico de nuestro Aculco, debemos remitirnos al Códice de Huichapan, documento otomí que en uno de sus folios muestra precisamente los glifos de los pueblos que tributaban a la cabecera de Jilotepec. Uno de ellos, que adopta la forma de una corriente de agua en espiral, lleva la glosa en letras latinas "Antamehe", que es precisamente el nombre de otomí Aculco como quedó registrado en los más antiguos libros de bautismos que subsisten en la parroquia, que datan de 1606. De esto he escrito muy ampliamente en mi texto sobre el nombre de Aculco.

 

IV. IMPRECISIÓN: La Batalla de Aculco tuvo lugar en Arroyozarco o bien en el rancho de Las Ánimas que pertenecía a la misma hacienda.

Tanto las narraciones de los testigos presenciales como los planos levantados inmediatamente después de la batalla del 7 de noviembre de 1810 por uno de los militares que participaron en ella, el realista Saturnino Samaniego, muestran con precisión el campo de batalla y los lugares en los que se ubicaron los dos ejércitos. Se trata del espacio delimitado por el propio pueblo de Aculco, las Lomas de Cofradía, el cerro del Tixhiñú, las Lomas de Gunyó y el camino que conducía de Aculco a Arroyozarco (que es el que, cruzando el Puente Colorado, va hacia el norte y tuerce luego al oriente). La confusión que llevó a la creación del mito parece derivarse de otros dos enfrentamientos distintos a éste: uno que tuvo lugar previamente a la Batalla de Aculco en Arroyozarco o Huapango y en el que el brigadier Calleja consiguió capturar a las avanzadas o espías de Ignacio Allende, así como otro verificado meses después, el 3 de agosto de 1811, "en el llano de Las Ánimas, cerca de Aculco". Pero incluso este último enfrentamiento, según mis investigaciones, podría no referirse al rancho de ese nombre que perteneció a la hacienda de Arroyozarco, sino a uno homónimo más cercano a Aculco, no lejos del Cerrito Colorado y el Cerro del Tixhiñú.

 

V. MITO: Hidalgo, en su huida de Aculco, celebró misa en el "Palo Bendito".

Aquí en realidad se unen dos mitos distintos. El primero de ellos, común a muchos lugares por los que transitó el ejército insurgente, es la celebración de misas por parte del cura Miguel Hidalgo. Es cierto, claro, que a lo largo de toda la ruta hubo misas de campaña para el ejército, pero eran celebradas por los capellanes que acompañaban a los insurgentes, que eran por cierto bastante numerosos. No, con certeza, por Hidalgo, quien desde el momento mismo del inicio de la rebelión abandonó sus funciones sacerdotales y no celebró misa alguna. Se sabe esto no únicamente por los testigos presenciales, sino que él mismo lo expresó en sus declaraciones cuando estaba ya preso en la ciudad de Chihuahua ("dijo: que [...] ni tampoco ha celebrado el santo sacrificio de la Misa por considerarse inhábil para el ejercicio de toda función eclesiástica"). El segundo mito unido a éste tiene que ver más con el tiempo y la geografía. Bien pudo ser que antes de la Batalla de Aculco se celebrara una misa de campaña, pero después de ella habría sido imposible, pues los insurgentes salieron huyendo precipitadamente y al lado de Hidalgo no quedaron más que unos cuantos seguidores que se internaron por el cerro de Ñadó, como escribió con precisión su sirviente Pedro Sotelo. Y este mismo testimonio nos lleva a una conclusión muy obvia: partiendo del campo de batalla para escapar por Ñadó, el "Palo Bendito" queda muy lejos de la ruta de huida más sensata; habría sido una locura dar un rodeo por ese sitio teniendo a los realistas en persecución tras ellos. Si quieres saber más lee aquí lo que escribí sobre el Palo Bendito.

 

VI. IMPRECISIÓN: Aculco se convirtió en municipio el 19 de febrero de 1825.

Sin duda el 19 de febrero es uno de los días más importantes en el calendario cívico local, pues anualmente se celebra en esa fecha la erección municipal de Aculco. Sin embargo, siendo estrictos histórica y legalmente, ese día no tiene ninguna importancia: nada relacionado con Aculco sucedió entonces. Parece ser que se trata de una confusión de fecha, pues el 9 de febrero anterior el Congreso del Estado de México había publicado el decreto npumero 36, "Para la organización de los ayuntamientos del estado", que simplemente sentó las bases para la conformación de los municipios en la entidad, pero en el que no se erigió explícita y propiamente ningún municipio. El año pasado traté este mismo asunto en un texto que puedes leer aquí: "19 de febrero de 1825, ¿algo que festejar?"

 

VII. MITO: Doña Sara Pérez de Madero nació en Aculco.

Falso. María Guadalupe Sara Pérez Romero nació en la casa número 15 de la calle de la Estación en la ciudad de San Juan del Río, Querétaro, a las diez de la noche del 19 de junio de 1872, como consta en el acta 513 del registro civil de esa ciudad queretana de ese año, que reproduzco abajo. Su padre, Macario Pérez, era según dijo vecino de la hacienda de Arroyozarco y originario de la ciudad de México (aunque en realidad parece que era hidalguense de Real del Monte) y su madre, Velina (o Avelina) Romero, oriunda de Polotitlán. Sus padres aparecen como "solteros: era hija natural.Lo que es verdad en relación con el municipio de Aculco es que Sara pasó sus primeros años en Arroyozarco, pues su padre administraba esta propiedad, y ya mayor volvió al sitio en varias ocasiones. Después fue copropietaria de la hacienda de Cofradía junto con su padre y sus hermanos. Pero de su nacimiento en Aculco, el mito ha subsistido y crecido hasta el punto que al anunciarse en marzo de 2014 la construcción de un nuevo hospital en nuestro municipio, se decidió darle el nombre de Sara Pérez de Madero "por ser originaria de Aculco", como puedes leer en esta nota.

 

VIII. MITO: Sara Pérez y Francisco I. Madero pasaron su luna de miel en la hacienda de Cofradía.

Este es un mito creado para turistas y con el fin de darle un aura romántica la hacienda de Cofradía, pero es completamente falso. El mismísimo Madero escribió en sus memorias: "La ceremonia de nuestro enlace civil se verificó el 26 de enero de 1903 en la casa del Lic. Agustín Verdugo, calle de Capuchinas número 8, en la capital de la República, que era la casa donde vivía mi futura esposa, por ser sobrina de la esposa de dicho licenciado. Al día siguiente en la mañana a las 9 a.m. se efectuó la ceremonia religiosa en la capilla del Arzobispado, habiendo oficiado el mismo señor Arzobispo y habiendo dicho la misa el padre Ángel Genda, hombre de rara virtud y que había sido por mucho tiempo confesor de mi esposa. En lo civil, el juez que efectuó la ceremonia fue el conocido señor Briseño.El banquete de bodas con que nos obsequió mi papá, tan bueno y generoso como siempre, fue en el Hotel de la Reforma, que era donde residíamos. Allí pasamos algunos días Sarita y yo, y luego nos trasladamos a San Pedro [de las Colonias, Coahuila], donde residimos desde entonces". Nada acerca de la hacienda de Cofradía, que aunque pertenecía al padre de Sara era entonces arquitectónicamente muy humilde (las obras que la embellecieron empezarían una década después) y seguramente no muy adecuada para que residieran ahí.

 

IX. MITO: Los lavaderos públicos de Aculco son los más antiguos de México.

Este mito tiene variantes: a veces dicen que son los más antiguos, otras veces que son los primeros, incluso que son únicos, étcetera. La verdad es que muchas poblaciones en México tuvieron lavaderos públicos con características parecidas y aunque no han sobrevivido muchos, todavía quedan ejemplos notables. Destacan por su belleza y antigüedad los lavaderos de Xallitic, en Xalapa, y los del barrio de Almoloya, en Puebla. Los hay también en Taxco, en San Miguel de Allende, en Tepeapulco. Cerca de Aculco, se pueden señalar los de Jilotepec y los de Nopala... ¿Qué tienen de especial entonces los nuestros? Lo primero, que a diferencia de muchos de los otros se mantienen en pleno uso. Lo segundo, que a pesar de la torpe "restauración" del año 2007, conservan en gran medida su disposición original que data de 1884. Lo tercero, su abastecimiento de agua con la que nace de los manantiales es la misma desde su origen. Lo cuarto, forma parte de un sistema hidráulico mucho más extenso, de gran valor patrimonial que no ha sido reconocido como merece, formado por los manantiales, los lavaderos, la alberca, los baños y los canales de irrigación que se extienden hacia el norte. Lo quinto, por su ubicación, diseño, uso de materiales tradicionales y aspecto tradicional resultan de gran belleza y pintoresquismo.

 

X IMPRECISIÓN: El Camino Real de Tierra Adentro pasaba por el pueblo de Aculco.

Esta vía ciertamente atravesaba el territorio municipal de Aculco, pero no el propio pueblo, la cabecera municipal. De hecho, el tramo de camino empedrado ubicado entre Aculco y Santa Anna que fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO ciertamente tiene valor como uno de los pocos vestigios de caminos antiguos en nuestro municipio, pero no en relación directa con el Camino Real de Tierra Adentro como se le quiso hacer pasar. Era, en todo caso, un ramal muy secundario y difícil de transitar debido a lo empinado de su trazo. Le superaban en importancia, primero, el auténtico Camino Real de Tierra Adentro que pasaba por Arroyozarco, Encinillas y Polotitlán, y en segundo sitio el camino que, saliendo por el Puente Colorado y dirigiéndose primero al norte y luego al oriente, comunicaba a Aculco con Arroyozarco. Ahora bien, esto no significa que Aculco no tenga relación con el camino. Por el contrario: durante cerca de 300 años Aculco vivió gracias a él, a través de sus arrieros, sus recuas de mulas y sus oficios relacionados con el transporte. Sobre la autenticidad del tramo del camino aculquense les platicaré en un próximo post.

lunes, 15 de enero de 2018

Welcome to New Orleans

"De bien intencionados está lleno el Infierno", dice el refrán. Porque, en verdad, con gran frecuencia se causa el peor daño con las mejores intenciones y deseos. Hoy quiero referirme puntualmente al daño que suele provocar al ambiente urbano de las ciudades históricas el esfuerzo fallido -aunque sea bienintencionado- por enmascarar edificaciones modernas con elementos supuestamente tradicionales con la intención de integrarlas al ambiente urbano de un sitio.

No es que esté en contra de la integración de esas nuevas construcciones al tejido urbano antiguo, sino al contrario: estoy convencido de que esa intención integradora debe prevalecer siempre en las construcciones modernas cuando se trata de un sitio con valor patrimonial, e incluso estoy a favor de la incorporación a dichas obras de detalles inspirados en la arquitectura histórica local (opinión que seguramente no comparten muchos arquitectos restauradores). Lo que me parece lamentable es el uso de elementos que pueden ser tradicionales en un lugar distinto, en otras tradiciones arquitectónicas antiguas, pero que para el sitio en cuestión resultan ajenas. Pongo un ejemplo particular de Aculco: no existen en el pueblo ni en su término municipal balaustradas antiguas de ningún tipo, pero cada vez con más frecuencia vemos casas nuevas a las que se les colocan balaustres en sus balcones en un esfuerzo bienintencionado, pero al final fallido, de aportarles un aire que el propietario imagina ligado con lo tradicional o antiguo del pueblo.

Un ejemplo fallido que quiero mostrarles hoy es el de un par de construcciones con características similares que se encuentran en la calle Macario Pérez de la cabecera municipal de Aculco. Esta vía, trazada hace apenas unos treinta años, partió en dos la enorme manzana limitada anteriormente por las calles de Hidalgo, Abasolo, Insurgentes y Riva Palacio, por lo que todas sus construcciones en ella son modernas a pesar de encontrarse muy cerca del centro del pueblo. Es más, debido a la topografía, dichas construcciones son en buena medida visibles desde la Plaza de la Constitución y por ello su integración al entorno urbano no puede ser pasada por alto.

Lo primero que llama la atención en esas dos construcciones es su altura: tres plantas y quizá unos siete metros, algo excesivo para el entorno urbano y contrario a lo ordenado actualmente en los bandos municipales. La planta baja está dedicada en ambos casos al comercio, por lo que al estilo habitual de tantos de nuestros pueblos y ciudades -tan degradados arquitectónicamente- se abren enormes accesos con los que el tradicional predominio del muro sobre el vano que caracteriza a las casas antiguas de Aculco desaparece por completo. En las plantas superiores, enormes ventanales con herrería de gusto discutible cierran sus ventanas también desproporcionadamente grandes. Pero lo que cae precisamente en la situación que describía al comienzo del texto son los balcones, en los que se intentó quizá paliar la pésima arquitectura de los inmuebles con algo que resultó igualmente deplorable: unas balconadas con adornos de herrería que evocan con pobreza aquellas de hierro fundido que caracterizan a las casas del siglo XIX del Barrio Francés de la ciudad de Nueva Orleáns, en Estados Unidos. Pero lo que allá es característico y valioso, trasladado acá resulta ajeno, postizo, feo.

En suma: no todo el repertorio de elementos arquitectónicos antiguos tiene cabida en un poblado histórico, por más que sean buenas las intenciones de quien lo construye. Estos elementos no ocultan además la mala arquitectura y su uso puede significar un daño al ambiente urbano tan fuerte como el que produce en él un edificio moderno mal integrado.

lunes, 8 de enero de 2018

Avances en la restauración de la capilla de Toxhié

Hace poco más de cuatro meses les hablaba aquí acerca del inicio de los trabajos de restauración de la cubierta exterior -el tejado- y la viguería interior de la capilla del pueblo de Santiago Oxthoc Toxhié. Esta obra ha continuado desde entonces y hoy se encuentra próxima a ser concluida, lo que sin duda es una excelente noticia no sólo para los habitantes de ese sitio sino para todos los aculquenses, pues la preservación de nuestro patrimonio histórico edificado repercute favorablemente en lo cultural, social y económico.

Para ilustrar este post, les presento una serie de fotografías amablemente proporcionadas por el arquitecto Lázaro González Frutis, quien se encuentra a cargo de esta restauración.

 

lunes, 1 de enero de 2018

La capilla de Cabresteros

Cabestro es la cuerda que se amarra a la cabeza o al cuello de un caballo para llevarlo a pie o desde otro caballo. La metátesis cabresto (quizá por influencia de "cabra"), en que la "r" se desplaza en la palabra, es habitual en México y Centroamérica y justamente de esta variante tomó su nombre la localidad aculquense de Cabresteros, al noroeste de la cabecera municipal, no lejos de donde se encuentra la antigua hacienda de La Loma.

Justamente en Cabresteros existe una pequeña capilla dedicada a san Judas Tadeo, inaugurada en marzo de 1996. Lo singular de este templo es que, a diferencia de muchos de los edificios religiosos construidos en décadas recientes en otras comunidades de nuestro municipio, en éste se procuró mantener la tradición arquitectónica local, lo mismo en el uso predominante de la piedra blanca, que en la estructuración de los espacios y en el diseño de sus elementos arquitectónicos. El resultado fue una iglesia hermosa y sencilla, sin estridencias como las de la capilla nueva de Santa Ana Matlavat o desproporciones como la de El Colorado, por mencionar dos ejemplos recientes de mala arquitectura.

Mucho en la capilla de Cabresteros parece una evocación de las antiguas iglesias de Aculco. Tiene, como todas ellas, una sola nave que se cubre -como en la parroquia de san Jerónimo en Santa María Nativitas- con bóveda de cañón. El presbiterio, un poco más estrecho que la nave -como el del templo de Santiago Toxhié- está cubierto con una cúpula al modo de ese mismo templo o la capilla de La Concepción Pueblo. Su fachada de piedra blanca recuerda un poco la de la antigua capilla de Nenthé por su división en una red de calles y cuerpos por cornisas corridas y columnitas adosadas. El remate triangular está tomado de la parroquia de san Jerónimo, pero los dentículos que ornan su cornisa provienen de santa María Nativitas. La torre con base, campanario de tres cuerpos cúbicos con columnas esquineras y cupulín, recuerda en su perfil a casi todas las torres de los templos aculquenses.

Por otra parte, el frontón triangular sobre el arco de entrada, la ubicación de la torre al lado derecho, la orientación del templo con su fachada hacia el sur así como su altar de piedra, están entre sus rasgos propios que la distinguen de los otras capillas de Aculco.

La capilla de san Judas Tadeo de Cabresteros no fue obra de un arquitecto, sino de un capaz maestro de obras llamado Miguel Valencia. Sus principales valores están en la belleza alcanzada sin grandes alardes y en el deseo de sus constructores por integrarla con respeto a la arquitectura tradicional de Aculco (a pesar, incluso, de estar prácticamente aislada de otros edificios). No es una gran obra, es sólo una obra bella y digna, plenamente aculquense.

 

NOTA: El par de fotografías que incluyo aquí lo bajé hace algunos meses de internet, pero desconozco quién es el autor. En todo caso aclaro que no son mías.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Almenas contemporáneas

Hace casi exactamente un año les platicaba aquí acerca de las almenas, ese elemento arquitectónico que corona el perfil de algunas construcciones antiguas y que relacionamos inmediatamente con los castillos pero que tuvo gran difusión en el México virreinal, especialmente en iglesias y conventos del siglo XVI. Entre los ejemplos aculquenses estuvo precisamente el desaparecido almenado de la parroquia y subsisten almenados completos en la hacienda de Ñadó, así como almenas aisladas en el panteón, la hacienda de Arroyozarco y la capilla de Santa Ana Matlavat, entre otros sitios.

Como parte, pues, del repertorio de elementos contructivos coloniales, no resulta extraño que en construcciones modernas que han procurado integrarse al conjunto urbano de Aculco existan también almenas, algunas de ellas discretas y otras quizá demasiado ostentosas. Veamos pues, algunas de ellas.

El par de almenas más antiguo entre las que podemos llamar "contemporáneas" se encuentra flanqueando el remate del acceso principal a la antigua Escuela Venustiano Carranza, hoy Casa de la Cultura. El inmueble fue construido en 1947 por el arquitecto Armodio de Valle-Arizpe, quien logró armonizarlo con su entorno y empleó en él materiales locales como la propia piedra blanca en que se labraron la cornisa y las almenas.

Tres décadas después se edificó en la orilla poniente del pueblo la Unidad Jorge Jiménez Cantú (inaugurada en 1978), que incluyó alrededor de una nueva plaza (la del "Oso Bueno"), un mercado (actuales oficinas administrativas del Ayuntamiento), el Auditorio Municipal, un jardín de niños y la escuela secundaria. Esta vez el arquitecto encargado del diseño también aprovechó los materiales locales -en especial la piedra blanca con la que se labraron sus muros, marcos de puertas y ventanas, así como las almenas que marcan el ritmo de sus contrafuertes- pero introdujo innovaciones como las bóvedas queretanas de ladrillo. El resultado fue un estilo que encontró aceptación y en el que continuaron edificándose varias obras de carácter oficial y privado por algunos años.

Hacia la misma época, don José Sánchez Lara construyó su casa particular en el terreno llamado Vidó, a orillas del arroyo que lleva el mismo nombre. Una vez más, la tradicional piedra blanca de Aculco fue elegida para adornar un inmueble que, por otra parte, varió el modelo tradicional de vivienda local al distribuirse alrededor de un patio poligonal y presentar un jardín enrejado al frente. En la casa de Vidó, los pilares de dicho enrejado están rematados en pirámides que evocan almenas, almenas pequeñas coronan su fachada y, sobre todo, son notables las cuatro almenas que se alzan en lo alto de su simpático torreón.

En Arroyozarco, a orillas de la carretera, en algún momento de la década de 1990 o 2000 se construyó esta barda de piedra blanca con almenas. Las ventanas estrechas como aspilleras de los cuerpos que se levantan a los lados del acceso subrayan su aspecto defensivo.

Más amable, en parte por el entorno pero también por su mejor y más sencillo diseño, es esta entrada a una propiedad a orillas del Carril de Cofradía. Llama la atención que, a la hora de edificar almenas o elementos con aire de almenas en Aculco, se haya preferido casi invariablemente la piedra blanca.

El Hotel Chávez, en la calle de Morelos, se remató con un almenado completo al concluirse la edificación de su tercera planta hacia el año 2010. En su momento critiqué este almenado por parecerme excesivo y falto de proporción, pero al paso del tiempo y a la vista de algunas intervenciones mucho más desafortunadas en otros inmuebles he terminado por verlo con más comprensión o quizá condescendencia. No dejo de pensar, sin embargo, que con la misma intención de colocar almenas, pero mejor diseñadas y distribuidas (no como "castillito"), el edifició ganaría en dignidad.

Esta construcción se encuentra al interior de una casa de la Plaza de la Constitución. Aunque la parte principal es antigua, el remate es muy reciente, aprovechándose en él una hornacina del siglo XVIII procedente de otro sitio que alberga ahora la imagen de Santiago Apóstol. En tres de sus esquinas se yerguen sendas almenitas que pese le dan la apariencia de torrecilla a pesar de su poca altura.

Finalmente, esta casa que se levanta en la calle de Santos Degollado, concluida apenas en 2016, incorpora elementos de cantera labrada sobre una estructura moderna para armonizarla con el ambiente urbano del pueblo. En los extremos de su fachada se alza un par de almenas de mampostería revocada.

 

***

 

Con este post doy por cerrado el año 2017, un año de extremos en el que tuve grandes alegrías, hermosos viajes, buenos logros, fuertes pérdidas y dolorosas penas. Espero que el año casi por concluir haya sido mejor para todos mis lectores y les deseo que el 2018 esté lleno de ventura. Feliz Navidad y feliz año nuevo a todos.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Mi madre

Mi madre Teresa Bayón y Arciniega ha muerto. ¿Qué más puedo decir?

Sé bien que este blog dedicado a la historia y el patrimonio de Aculco no es lugar para hablarles de ella, de lo que significó para mí, pues ambas cosas trascienden por mucho al estrecho ámbito de nuestro pueblo. Sólo quiero expresar que en cada texto que han leído ustedes aquí, en cada descripción, en cada historia e interpretación de una fotografía, hay mucho de su espíritu, de su forma de ver el mundo, hasta de su forma de hablar.

No quiero decir más, quizá escriba algo cuando duela menos. Les dejo aquí tres fotos suyas en Aculco, un par de su juventud y la última que le tomé el pasado mes de abril.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Espadañas de Aculco

Una espadaña no es otra cosa más que la versión más simple de un campanario: un muro o arco que se eleva sobre el cuerpo de un edificio y tiene en él uno o más vanos para colocar campanas. Con excepciones notables, las espadañas solían ser un recurso arquitectónico menos caro y ostentoso que la construcción de torres en los templos novohispanos. Pero también en muchos casos, junto con las torres-campanario de las iglesias, se levantaban pequeñas espadañas con uso diverso, como las que se colocaban hacia el claustro del convento para regular con el tañido de sus campanas la vida de los frailes o monjas. En los antiguos edificios de carácter civil (como haciendas, casas de cabildo, fuertes, postas y mesones) las espadañas resultaban casi sin excepción la forma natural de colocar campanas en ellos.

La parroquia de Aculco tuvo desde el inicio del siglo XVIII como campanario principal el de su torre, actualmente en restauración. Pero también contó con un par de sencillas espadañas, una ubicada sobre el muro sur del presbiterio de la iglesia, mirando hacia el convento, y otra más localizada sobre la "torrecilla" que se levanta en el ángulo noroeste del claustro, viendo hacia el atrio.

La antigüedad de la primera de ellas (más en ubicación que en sus materiales, pues parece haber sido reconstruida tardíamente), es casi segura: si bien no aparece en el famoso dibujo de 1838, esto se debe quizá sólo a la perspectiva, pero en cambio es visible en fotografías de entre 1901 y 1903. Además, su ubicación coincide con la espadañas en muchos otros conventos mexicanos, con lo que su uso se puede relacionar con las llamadas al rezo de las horas canónicas cuando los franciscanos habitaban aún este lugar. La segunda espadaña tampoco se puede observar en el dibujo de 1838, pero en su caso no podría haberse encontrado entonces ahí ya que los faldones del tejado de la "torrecilla" cubrían el pretil sobre el que más tarde se levantó. Sólo las fotografías de la década de 1950 en adelante nos lo muestran con mayor claridad y su vida no fue muy larga, pues se demolió hacia 1974.

La antigua capilla de Nenthé tuvo asimismo un par de espadañas mixtilíneas coronando los extremos de su fachada. Por la composición de ésta y la forma en la que siguió el modelo de la parroquia, me parece que tales espadañas eran un agregado posterior a la construcción original de 1702, pero formaban con ella un conjunto muy agradable lamentablemente ya perdido.

Del siglo XVIII aunque con modificaciones decimonónicas parece ser la gran espadaña de dos vanos que ocupa todo el ancho en la fachada de la capilla (ahora parroquia) de la hacienda de Arroyozarco. Muy probablemente ya existía en 1768, según se deduce de algunos documentos de la finca relacionados con los inventarios de los bienes de los jesuitas, sin embargo su frontón triangular y los remates neoclásicos indican una remodelación realizada acaso en la segunda mitad del siglo XIX.

Excepcional en Aculco por haberse encontrado en una construcción de tipo civil fue la pequeña espadaña barroca de la llamada "Casa de Hidalgo", que se levantaba sobre el pretil de la segunda planta de esta casa. Seguramente desapareció después de 1912, cuando los terremotos de noviembre de ese año dañaron esta área del inmueble y obligaron a su demolición.

Muy posterior, aunque formando parte todavía de lo que podemos considerar la arquitectura tradicional antigua de Aculco, la capilla del rancho de San José edificada en 1922 muestra su fachada con dos espadañas que muy probablemente se inspiraron en las de la vieja capilla de Nenthé, no tanto en el detalle como en su disposición general. Enmarcadas en cantera, las coronan sendos pináculos de barro muy parecidos a los que adornan el reloj público del pueblo.

Cronológicamente le sigue la espadaña de la capilla de la hacienda de Cofradía, obra de las décadas de 1940 o 1950. Aunque es por tanto bastante tardía, se debe destacar la intención de su constructor por armonizarla no sólo con el casco de la finca, sino con la arquitectura aculquense en general: combina los aplanados encalados, los detalles en cantera y las cornisas de ladrillo, mientras su perfil curvo evoca lejanamente el de Arroyozarco y los remates neoclásicos a sus extremos son casi idénticos a los de la capilla de aquella hacienda.

La capilla del Perpetuo Socorro que se ubica en la avenida Manuel del Mazo tuvo asimismo un par de pequeñas espadañas, obra menor de la década de 1970 que sin embargo no quiero dejar de mencionar, especialmente porque ese detalle del edificio desapareció hará unos veinte años, cuando se edificó su torre.

Sólo después de publicada la primera versión de este texto recordé otra espadaña que fotografié hace siete años al hacer algunas tomas desde una casa de la Plaza de la Constitución en dirección poniente. No he podido identificar la casa en que se encuentra esta sencilla espadaña, pero debe tratarse de alguna de las que tienen fachada hacia la avenida Hidalgo, antes del cruce con la calle de Nicolás Bravo. No sé si es moderna o antigua, ni se pueden observar bien sus características en esta fotografía.

Muy reciente es una espadaña de ladrillo visto y sencillo estilo neoclásico de una casa particular que se puede observar desde la Plaza del Ojo de Agua. Tiene un solo vano, se remata en un frontón triangular y sobre éste lleva una veleta de hierro. La flanquean dos remates de barro cocido que recuerdan los adornos de algunas de las espadañas antiguas que hemos reseñado. Aunque no tiene naturalmente la pátina que sólo dan los años, ni es todavía un elemento tradicional de Aculco, quiero creer que algún día esta hermosa espadaña logrará alcanzar ambas cosas.