viernes, 3 de julio de 2020

El misterio del Cerro de las Figuras

Hace años, cuando escribí el libro Ñadó, un monte, una hacienda, una historia, incluí en la obra un documento que relataba el deslinde de esa propiedad realizado en 1882 con la presencia del entonces dueño de aquella finca -don Guadalupe Guadarrama-, varios peritos y los representantes de los terrenos colindantes. Aunque el lenguaje es burocrático y reiterativo, a lo largo de dicho documento aparece mucha información de verdadero interés. Es el caso de un párrafo que llama la atención pues menciona un punto de nombre misterioso y evocador en las alturas de Ñadó: el Cerro de las Figuras:

En siete de mayo de mil ochocientos ochenta y dos, el ciudadano Juez de primera instancia del Distrito licenciado Lorenzo Salazar, en compañía de los ciudadanos Guadalupe Guadarrama y Francisco Morales, síndico del Ayuntamiento de Aculco, de los peritos ciudadanos Fernando de Rosenzweig, Manuel María Ezeta y Cástulo Arciniega y del suscrito escribano, se constituyó en la cima de un cerro, que está formada de peña viva y que dijeron llamarse el mismo cerro “De las Figuras” o “Guaxtidó”. En ese punto estaban muchos vecinos del pueblo de La Concepción y de la ranchería de San Joaquín, y habiéndose prevenido al ciudadano Guadarrama designara el lindero de Ñadó, designó la parte más alta de dicha cima, y anunciado esto a todos los presentes, el ciudadano síndico, de acuerdo con los vecinos de los expresados pueblo de La Concepción y ranchería de San Joaquín, así como el ciudadano Lorenzo Martínez, dueño del rancho nombrado “San Joaquín”, que estaba presente, dijeron: que el lugar señalado por el ciudadano Guadarrama es realmente lindero de Ñadó, La Concepción y el Rancho de San Joaquín, de manera que de la cima del cerro nombrado “Punto Alto” que fue donde concluyó ayer la diligencia, debe traerse una línea recta al “Guaxtidó” y esa línea ha sido y es la divisoria entre las tierras de La Concepción que quedan al norte, y las de Ñadó que están al sur; por lo cual, el ciudadano Juez mandó se ponga una mojonera de cal y canto en las peñas de Guaxtidó señaladas como lindero.

En el plano de la hacienda de 1920, copia de uno más antiguo derivado de aquel mismo deslinde, el punto quedó señalado como "Coxdidó" y se sitúa en una arista que desciende hacia el norte de la montaña. Por supuesto, hice mil conjeturas sobre aquel sitio. Aunque los participantes en el deslinde no mencionaban nada que justificara el interesante nombre de Cerro de las Figuras, me parecía evidente que algo debía haber ahí que lo explicara... o quizá ya no lo había pero en algún momento había existido quizá alguna escultura, algún objeto que pudiera interpretarse así. También llegué a pensar que quizá refería únicamente a un caso de pareidolia, en que la disposición de algunas piedras o peñas azuzaba la imaginación del espectador, que les daba alguna forma particular reconocible.

Hace apenas unas semanas, Carlos Covarrubias Osornio me compartió unas fotografías de ciertos petroglifos que había tomado en un ascenso a Ñadó por su cara norte. Aunque Carlos me describía su ubicación, la verdad es que al principio puse atención solamente a las formas de aquellos grabados, algo difíciles de distinguir en la piedra musgosa: líneas ondulantes entrelazadas, un felino, un venado... Incluso cuando me envió más fotos, días más tarde, pasé por alto una indicación muy clara, cuando me escribió: "Trataré de recuperar una foto de la placa donde dice que ese cerro pertenece a la comunidad de el Tixhiñú, ubicado en un mirador justo arriba de estas 'figuras' como son conocidas". Tuvieron que pasar algunos días más para que cayera en cuenta que estas figuras podían ser muy bien las que habían dado nombre a una de las cumbres de Ñadó. Y la placa a la que aludía Carlos podría darnos la ubicación precisa para contrastarla con el documento y el plano antiguos, lo que llevaría a aclarar todo el misterio.

En efecto, Carlos obtuvo rápidamente la información de la placa de la Red Geodésica Nacional Pasiva del INEGI, en donde aparecen sus coordenadas precisas y más información interesante. Tal es la referencia a tres cruces "grabadas y pintadas" en la roca a pocos metros de ella, así como el nombre del sitio: Peña de las Figuras.

A partir de estas coordenadas es posible ubicar con precisión el sitio en Google Maps, con este resultado:

Ahora bien, cuando comparamos esta ubicación geográfica moderna con el plano de 1920 encontramos que se trata evidentemente del mismo sitio. De tal manera, se puede asegurar que el Cerro de las Figuras, Peña de las Figuras, Peñas de Guaxtidó o Coxdidó, son todos el mismo sitio, y que los petroglifos que se encuentran en sus inmediaciones son los que le dieron nombre. Porque también es muy probable que el viejo nombre otomí Guaxtidó o Coxdidó sea también una alusión a esas figuras. Una interpretación podría ser la de "dibujos labrados en piedra", derivada de las raíces /k'oi/, dibujo, /t'si/, labrar o trabajar y /do/ piedra. Así, el nombre correcto en otomí sería Coitsidó. El lugar pertenece actualmente al ejido del Tixhiñú, que colinda con San Joaquín y está separado de la comunidad de El Tixhiñú.

Sobre los dibujos, su ejecución es tosca, pero con toda la gracia de lo original. Son de tipo figurativo. Mi interpretación (que coincide con la de Carlos) es que los más visibles en las fotografías no son de origen prehispánico, pero sí realizados por manos otomíes. El que podemos llamar "El tigre", por ejemplo, retrata aparentemente un felino rayado, cuando entre los felinos originarios del territorio mexicano no existe ninguno con tal patrón en su piel. Se trataría así de una representación influenciada ya por el conocimiento de otras especies no autóctonas, posterior a la llegada de los españoles. Otro petroglifo muestra un motivo de lazos que enroscados en un fondo de líneas rectas que forman cuadros. Estos arabescos también parecen partir más de modelos europeos que indígenas. Hay igualmente una cruz grabada que se desplanta sobre un pedestal aparentemente escalonado, la que naturalmente es posterior a la evangelización. Un último petroglifo representa quizá, por el aire grácil de la figura, una cierva. Es quizá la que más aire indígena tiene. Al fondo de todas estas figuras, innumerables líneas rectas de diversa profundidad y longitud llenan el espacio.

Sobre el paraje en que se localiza este grupo de figuras, el propio Carlos, que llegó guiado por Reynaldo Mejía Pérez, originario de la Laguna, lo describió así:

Esos petroglifos se encuentran dentro de un sendero con paredes de peñas por ambos lados, una subida trepidante e imponente, alrededor de una hora y media del bachillerato de la comunidad de San Joaquín, camino al cerro Pelón de Ñadó, a unos 2900 msnm aproximadamente. Al terminar este pasaje, hay una vista y un mirador un poco más arriba con una vista imponente de la peña de Ñadó.

Seguramente hay mucho más que decir del Cerro de las Figuras y sus petroglifos. Quede por ahora esto como un avance de algo que merece un estudio mucho más profundo.

miércoles, 10 de junio de 2020

La erección y secularización de la parroquia de Aculco en 1759

La casi cinco veces centenaria historia eclesiástica de Aculco todavía no sido investigada con cuidado y profundidad. Lo que se sabe de ella -sobre todo de sus inicios- son casi únicamente datos sueltos, indicios, deducciones. Pese a todo, bien vale la pena hacer un breve recuento de esos tiempos remotos para analizar después un documento que marca un hecho de gran importancia en esa historia: la elevación del templo de San Jerónimo al rango de parroquia en 1759.

Es posible que la primera predicación del Evangelio en la antigua Provincia de Jilotepec, dentro de la cual se localizaba Aculco, ocurriera muy tempranamente, quizá entre 1521 y 1525, pero aún no de manera organizada. Fue hasta 1529 cuando los frailes franciscanos de la provincia mexicana del Santo Evangelio fundaron la doctrina de San Pedro y San Pablo Jilotepec y en 1531 la de San Mateo Huichapan, en la misma región, poco más tarde elevadas ambas al rango de conventos. A partir de ellos se emprendió la evangelización de la región, en la que se establecieron otras doctrinas, visitas y vicarías en pueblos de menor importancia como San Gerónimo Aculco, Santiago Tecozautla, San Miguel Chiapa de Mota, San Miguel Acambay, La Magdalena Nopala, San Francisco Soyaniquilpan, San Andrés Timilpan, Santa María Amealco, etcétera. Toda la Provincia de Jilotepec permanecería bajo el cuidado religioso de los franciscanos hasta la secularización de las doctrinas regulares realizada por orden del arzobispo de México entre 1754 y 1768, con la que todos los establecimientos pasaron a depender del clero diocesano. Algunas parroquias, como la de San Miguel Chiapa de Mota y Nuestra Señora de la Peña de Francia (Villa del Carbón), habían sido secularizadas de tiempo atrás, la primera hacia 1569 y la segunda en el siglo XVII.

El establecimiento franciscano de Aculco se fundó, según Francisco de Ocaranza en sus Capítulos de la historia franciscana, en 1540. Es posible que entonces fuera sólo una visita o asistencia menor del convento de Jilotepec. En realidad, aquella primera fundación parece no haber tenido mayor importancia hasta casi medio siglo más tarde, cuando una probable congregación de varios pueblos en el de San Jerónimo Aculco hacia el periodo 1685-1610 lo convirtió en un poblado de mayor importancia. Los indicios de esta congregación se encuentran en varias fuentes, entre ellas la mención explícita de los "muchos pueblos" congregados que aparece en el Expediente de Composición de Tierras de Aculco de 1712 (que se encuentra en el Archivo Municipal) así como la curiosa circunstancia de que el cabildo indígena del asentamiento despoblado de San Juan Aculco habitara ya en San Jerónimo en 1610 (AGN. Tierras, vol. 3673, exp.16, f. 1-15v.). Según el padre Trinidad Basurto en su libro El arzobispado de México, el establecimiento de la vicaría fija de Aculco se realizó en 1625. El escritor Mario Colín agregó como nota al texto del sacerdote en su edición de 1977 que el convento de Aculco había sido construido entre 1585 y 1640, pero desafortunadamente no consignó su fuente. Sin embargo, como prueba de la elevación de su categoría en aquellos años, el archivo parroquial de Aculco conserva registros sacramentales independientes del convento de Jilotepec desde el año 1606, muchos de ellos escritos en lengua otomí.

No fue el templo de Aculco dependiente del convento de San Mateo Huichapan, como ha querido desprenderse de una incorrecta interpretación del cronista franciscano fray Agustín de Vetancurt (5), sino del de San Pedro y San Pablo Jilotepec. Es cierto, eso sí, que debió existir estrecha colaboración y cercanía entre los frailes de Huichapan y los de Aculco, e incluso es posible corroborar que varios frailes habitaron los dos conventos en épocas cercanas, como el venerable padre fray Francisco del Saz. En lo político, el pueblo de Aculco sí tenía por cabecera a Huichapan, por ser este pueblo sede de la alcaldía mayor de la Provincia de Jilotepec.

Finalmente, después de 219 años bajo administración franciscana, el 14 de mayo de 1759 el arzobispo Manuel Rubio y Salinas decretó la entrega del inmueble, dependencias y jurisdicción al clero diocesano y la erección de la parroquia de San Jerónimo Aculco. Su primer párroco fue don Lorenzo Díaz del Costero, que permaneció al frente de la nueva parroquia a lo largo de once años. Copio aquí el Decreto de Erección según la versión publicada en el periódico Aculco en 1959, con motivo de la celebración del bicentenario parroquial:

 

DECRETO DE ERECCION DE LA PARROQUIA DE ACULCO

MEXICO Y ABRIL veinte y quatro de mil setecientos cincuenta y nueve. Saquese testimonio de estos auttos y con consulta pase todo al Excmo. Señor virrey de esta Nueva España para que si fuere servido preste su consentimiento para la división y erección de Parroquia en la Iglesia de Aculco - Lo mandó su señoría Ilma. El Arzobispo mi señor, y lo rubricó - Señalado con la rúbrica de su señoría Ilma. - Por mandato del el arzobispo mi Señor - Doctor Don Francisco Aren de Sotto - Secretario.

AUTO... EN LA CIUDAD DE MEXICO A catorce días de el mes de Mayo de mil setecientos cincuenta y nueve años: El Ilmo. Señor Doctor Don Manuel Joseph Rubio, y Salinas, Arzobispo de esta Santa Iglesia Metropolitana, de el Consejo de su Majestad mi Señor, habiendo visto los autos formados por el Bachiller Don Nicolas María de Arroyo Juez Eclasiástico [sic] y theniente de Cura de el Partido de Chiapa de Mota en vista de la Comisión que se le confirió por su señoría Ilma. para reconocer el estado de la Iglesia de Aculco, Pueblos, ranchos y Haciendas de su distrito, numero de personas, venttas y demas bienes, que han estado a cargo, y administraron con separación de la cabezera Jilotepec, los Religiosos observantes de San Francisco, para proceder a la erección de Parroquia con las solemnidades de Dro. y Leyes de estos Reynos a beneficio de aquella feligresia, y descargo de la Conciencia de su señoría Ilma. de cuias diligencias resulta que dicho Aculco dista de Jilotepec como ocho leguas, tiene tres Cofradías, y siete pueblos nombrados, Santta María Concepción, San Pedro Denxi, Santiago Toxi[é], Santta María Nattivitas, Santta Ana, [San] Lucas, San Francisco Acazuchitlaltongo, y veintte y ocho ranchos en distancia de cinco leguas, en que avitan mas de tres mill personas, que pagan de primicias como doscienttos pesos, y dicha Iglesia tiene de pie de Altar indefectibles seiscientos, y once pesos, y por regulación inferior de actidentes mill sientto, y noventta que sube en el todo a dos mill pesos con cuios productos se mantenían communmente tres Religiosas [sic pro Religiosos; nunca hubo religiosas en Aculco hasta tiempos recientes] que administraban en ella como Ayuda de Parroquia, sobre cuia divición, y erección Don Antonio de la Colina Theniente de Alcalde mayor de aquella Provincia, el Governador, Alcaldes, y oficiales de su República dijeron serle summantte util, y necesaria: A todo lo qual se dió vistta al Doctor y Don Joseph Pereda, Promotor fiscal de este Arzobispado, y calificada la nezesidad y utilidad de la Jurisdicción (digo) divición y erección precitada conforme a la ley Real de Indias se pidió para hazerla el consenttimientto al Exmo. Señor Marquez de las Amarillas, Caballero de el Orden de Santiago, Gentil Hombre de Camara de su Magestad con entrada, Theniente general de los reales exercitos, virrey, Gobernador y Capitan General de esta Nueva España, y Presidente de la Real Audiencia de ella, que como señor vice Pattrono se sirvio prestarlo por decretto de ocho de el corrientte segun constta por testimonio dado por Don Joseph Gorraez escribano de la gobernación, y Guerra de esta Nueva España con la propia fecha, teniendo presente su Señoría Illma. quantto en el asumpto devio verse - Dijo: que usando de su jurisdicción ordinaria dividía y dividió de la Parroquia de Jilotepec, la Iglesia de Aculco, los siete pueblos y veintte y ocho ranchos precitados, y la erigía, y erigió en Parroquia formal como las demás de este Arzobispado bajo de título, y protección de el Doctor de la Iglesia San Geronimo para que por el Cura que en ella se pusiere se administren los Santos Sacramentos a todos los vecinos, y moradores que comprehenden, concediendo Lizencia para que se conserve en ella el Deposito de el Divinísimo, Pila Baptismal, Chrismeras, y campanas con todos los signos propios de verdadera Parroquia en consideración a tener la desencia nezesaria, y mandó que dicho Parrocho tenga libros de Baptismos, Cazamientos, y entierros, y ponga en al Archivo precissamente, los que se han formado listta [sic pro hasta] aquí con testimonio de esta erección que se hará saber a la feligresía para que le conste, arreglandose en todo al auto de visitta probehido en Aculco por su señoría Illma. dando asimismo a dicho Cura para su ezercicio la plena, y libre potestad en dicha Iglesia Parroquial sepulturas, y Cementerio, y la de percivir los derechos y obenciones que segun Aranzel o costumbre le pertenecen, encargandole sobre todo gravemente la Conciencia: y por este Autto así lo proveyo y mandó y firmó de que doy fe - Manuel Joseph Arzobispo de Mexico - Por mandado de el Arzobispo mi Señor - Doctor Don Francisco Aren de el Soto - Secretario.

Concuerda con sus originales que quedan en la Secretaría de Camara y Gobierno de su Señoriía Illma. el Arzobispo mi señor a que me remito, y en conformidad de su superior mandato, y para que hecho saber su tenor y contesto a la feligresia de la Parroquia nuevamente erctta de San geronimo Aculco se ponga en su Archivo, hize sacar y saqué fielmente a la letra el presente que es escritto en la Ciudad de Mexico a veintte y un días del mes de Mayo de mil setezientos cincuenta y nueve, siendo testigos Don Antonio Piñeriro, y Mathias Rodriguez Notarios Oficiales de Secretarias - entre renglones - se comne - vale - testado de - a - no vale.

En testimonio de tesdo. lo firme -

Doctor Don Francisco Aren de el Soto -

Scio.

 

Como puede verse en el decreto, el territorio parroquial de Aculco abarcaba en su origen siete pueblos, seis de los cuales es posible identificar con comunidades actuales pertenecientes al municipio de Aculco y uno más, el de San Francisco Acazuchitlaltongo, a Polotitlán, municipio que obtuvo su separación política respecto de Aculco como municipio en 1852, la religiosa primero como vicaría el 9 de agosto de 1865 y después como parroquia el 3 de septiembre de 1907. El hecho de que entonces solamente existiera un pueblo en el territorio que hoy ocupa Polotitlán parece demostrar que la zona norte de la antigua extensión de Aculco era un área mayormente despoblada, habitada por unos cuantas personas que tenían su hogar en las haciendas y ranchos que ahí se asentaban. La Vicaría Fija de Polotitlán, establecida con fuerte oposición del cura de Aculco, abarcó el pueblo nuevo de San Antonio Polotitlán, La Hacienda de San Antonio, rancho del mismo nombre, rancho de Jasos, rancho de Polo, Hacienda de Taxié, rancho de Escobedo, Casas Viejas, Cerrogordo, la Venta del Álamo, San Isidro, Buenavista, Carrizal, Venta de Ruano, ranchería de Tenazat y el pueblo de San Francisco Acazuchitlantongo. Al convertirse en parroquia se le sumaron las haciendas de Cazadero y Malpaso.

Es particularmente interesante comparar los pueblos que aparecen en el Decreto de Erección de la Parroquia con los que reseña fray Agustín de Vetancurt hacia 1697 en su obra Teatro Mexicano: Crónica de la Provincia del Santo Evangelio de México, cuando tenía todavía el estatus de vicaría. Vetancurt afirma que el convento de Aculco tenía doce pueblos de visita, de los que desafortunadamente omitió tres al especificar sus nombres. Aún con esta deficiencia, es evidente que los cuatro pueblos que menciona el fraile franciscano y que ya no se listan en 1759 son lugares identificables con sitios del actual municipio de Amealco, estado de Querétaro. Esto se debe justamente a la erección de la parroquia de Santa María Amealco en 1755, para cuya formación el arzobispo Rubio y Salinas determinó se tomaran los pueblos del sur de la parroquia de San Juan del Río junto con otros de la parroquia de Jilotepec y vicaría de Aculco:

... y con los pueblos de San Ildefonso, San José [Ithó], San Miguel Tlaxcaltepec, [Santiago] Mixquititlán y [San Pedro] Tenango; con la hacienda de Santa Clara, Vaquería y que hasta ahora pertenecían a la Administración de la Doctrina de Jilotepece [sic], que se haya a cargo de los religiosos del orden de San Francisco y a su ayuda de Parroquia de Aculco, por ser distante de ella, al menos cuatro leguas y mediar un río, que en tiempos de aguas, hace imposible el tránsito de una a otra parte.

Como se ve, las razones de la separación de estos poblados ahora queretanos parecen haber sido solamente de índole práctica, pues ciertamente se encontraban más cercanos a su nueva cabecera de parroquia y la misma geografía dificultaba con la enorme mole boscosa del cerro de Ñadó y las profundas barrancas de las cercanías su comunicación con San Gerónimo Aculco. El propio Vetancurt escribió que, dada la lejanía de uno de esos pueblos, el Santiago (Mezquititlán) situado a un cuarto de legua de la Hacienda de la Torre, funcionaba como asistencia con un religioso.

En resumen, la jurisdicción de la vicaría de Aculco se extendió por un área aproximada de 950 kilómetros cuadrados, como se muestra en el siguiente mapa:

En lo que toca a la jurisdicción civil, aunque no sea el tema de este post, parece ser que estos pueblos tardaron todavía varios decenios en separarse de Aculco, pues en 1820 el Ayuntamiento de este lugar solicitaba le fueran devueltos los poblados de San Ildefonso, Santiago Mezquititlán, San José Ythó y San Pedro Tenango que hasta entonces había tenido como anexos y que el virrey Apodaca había segregado al disponer la disolución de la jurisdicción de Huichapan "por informes siniestros que se le hicieron," acción que no debe haber tenido otra intención sino intentar acotar la rebelión insurgente que se extendía por toda la zona.

Los pueblos que se mencionan en el Decreto y los listados por Vetancurt aparecen en el siguiente cuadro, junto con los lugares que aparecen en el Expediente de Composición de Tierras de Aculco de 1712, documento este último del que ya he hablado en este blog y que extrañamente omite los pueblos de Santiago Toxié y La Concepción. También incluí una columna con los pueblos que se decía formaban parte de la jurisdicción de Aculco en 1736, cuando sus habitantes comenzaron a solicitar la separación de gobierno respecto de la cabecera de Jilotepec.

 

Vetancurt (ca. 1694) Erección Parroquial (1759) Composición de Tierras (1712) Solicitud de separación (1736) Nombre actual (2020) Municipio Localización
(12 pueblos y cabecera) (7 pueblos y cabecera) (5 pueblos y cabecera) (9 pueblos y cabecera)
S. Gerónimo Aculco San Gerónimo Aculco San Gerónimo Aculco Aculco de Espinosa Aculco, Méx. Lat. 20°05'54" Long. 99°49'37" Alt. 2450
N. Señora (a) Santa María Concepción   Santa María de la Concepción La Concepción Aculco, Méx. Lat. 20°08'46" Long. 99°55'28" Alt. 2220
N. Señora (a) Santa María Nativitas Santa María Nativitas (barrio)   Santa María Nativitas Aculco, Méx. Lat. 20°05'34" Long. 99°47'49" Alt. 2440
S. Pedro San Pedro Denxi   San Pedro San Pedro Denxhi Aculco, Méx. Lat. 20°15'12" Long. 99°58'15" Alt. 2100
S. Miguel     San Miguel Tlaxcaltepec San Miguel Tlaxcaltepec Amealco, Qro. Lat. 20°06'44" Long. 100°07'28" Alt. 2440
Santiago (b)     Santiago Mesquititlán Santiago Mezquititlán Amealco, Qro. Lat. 20°03'01" Long. 100°03'54" Alt. 2400
S. Lucas San Lucas San Lucas Atotolmaloya   San Lucas Totolmaloya Aculco, Méx. Lat. 20°09'48" Long. 99°53'50" Alt. 2350
N. P. S. Francisco San Francisco Acazuchitlaltongo San Francisco Suchitlaltongo San Francisco San Francisco Acaxuchitlantongo Polotitlán, Méx. Lat. 20°10'00" Long. 99°42'15" Alt. 2540
S. Ildephonfo     San Ildefonso San Ildefonso Tultepec Amealco, Qro. Lat. 20°08'37" Long. 99°57'19" Alt. 2390
Santa Clara       Santa Clara del Apartadero Amealco, Qro. Lat. 20°09'00" Long. 100°01'55" Alt. 2480
(Omite tres más) (c) Santiago Toxi[é]   Santiago Texié Santiago Oxtoc Toxié Aculco, Méx. Lat. 20°00'58" Long. 99°50'49" Alt. 2750
  Santa Ana Santa Anna   Santa Ana Matlavat Aculco, Méx. Lat. 20°08'47" Long. 99°47'48" Alt. 2450
      San Pedro Tenango San Pedro Tenango Amealco, Qro. Lat. 20°08'10" Long. 100°05'21" Alt. 2560
      San José San José Ithó Amealco, Qro. Lat. 20°09'47" Long. 100°07'28" Alt. 2630
    Santa María Xipopeca (despoblado) ? ? ? ?

miércoles, 27 de mayo de 2020

La esposa aculquense de un gobernador del estado de Hidalgo

Donaciano Serna Leal nació el 24 de mayo de 1919 en el pueblo serrano de Molango, estado de Hidalgo. A los 16 años salió de su pueblo natal para estudiar la carrera de profesor rural como interno en la Escuela Regional Campesina de El Mexe, de la misma entidad. Al concluir su preparación, ejerció el magisterio durante varios años en Hidalgo y en Sinaloa. A mediados de la década de 1940, buscando mejores perspectivas de progreso, ingresó a la Normal Urbana de Pachuca. Por aquellos años comenzó a escribir en el periódico local Renovación y esa labor le dio cierta popularidad entre los habitantes de la capital hidalguense. Fue también entonces que conoció a la que sería su esposa, Socorro Alcántara Villafuerte, como lo narró a su hijo Gabriel:

-¡Buenas tardes, Señor Periodista!

Con cierta sorpresa, me volví para contestar el saludo. Quien me trataba así, entre broma y en serio, era una guapa muchacha morena, alta, con el pelo muy negro y unos bellos ojos. Vestía un traje sastre color azul marino.

-Buenas tardes Señorita, pero me confunde; ¡no soy periodista, soy un maestro rural!

-No, no; yo he leído sus artículos y me parecen muy buenos. Fíjese que creía que los escribía una persona de mucha edad. Son tan serios y profundos.

-¡Gracias, gracias y qué bueno que le gusten!

-¡Hasta luego!

Ese fue el primer diálogo que sostuve con Socorrito, quien después sería mi querida esposa y compañera de toda la vida. La verdad es que yo me sentí desconcertado. ¿Cómo podría una guapa muchacha fijarse en mí, modesto maestro y aparte huérfano y sin fortuna? Después, cuando pregunté con algunas compañeras, me informaron que Socorrito vivía con su mamá y con el hermano de ésta que era ni más ni menos que el señor cura de la Parroquia de la Asunción. Me imaginé entonces que Socorrito sería de esas señoritas muy católicas que se codean con gente rica y con ideas anticuadas. Nada de esto fue verdad. Socorrito era una muchacha sencilla, amable, bromista y -algo que también me encantó-, gran lectora y con cultura. Tenía ideas progresistas. Platique con ella de novelas y sus autores, de noticias de actualidad -la Segunda Guerra mundial estaba concluyendo-, me contagió su gusto por el cine -fuimos a ver “El Tercer Hombre”- y así, una tarde en que logré vencer mi nerviosismo, le pedí que aceptara ser mi novia. Sonriendo, me dijo:

-Sí, ¡te quiero, Chanito!

A partir de ese momento fui el hombre más feliz del mundo. Ya no estaba solo.

Conocí a su mamá, la señora Angelina Villafuerte viuda de Alcántara; a su tío, el padre Indalecio Villafuerte, auténtico apóstol que ejerció su ministerio en muchas poblaciones de la entonces enorme Diócesis de Tulancingo; a su tía Teresita, siempre bondadosa, gentil y trabajadora. Eran originarios de Aculco, Estado de México, parte de una familia muy antigua y respetada. Sobre todo, admiré la vida austera y virtuosa que llevaban tras vivir las más duras adversidades. Eran fieles católicos que vivían la religión no solo en el culto sino en todos los aspectos de la vida. Con toda la familia de Socorrito, incluyendo los que vivían en Aculco, tuve la fortuna de llevarme bien y establecer profunda amistad. Fui aceptado por todos con amabilidad y respeto.

En efecto, como bien puede deducirse de sus apellidos, Socorro pertenecía a viejas familias aculquenses. De la paterna, una rama de los Alcántara, no he podido averiguar gran cosa. En cuanto a la familia materna, los Villafuerte, provenían de Arroyozarco y se establecieron en la cabecera municipal a fines del siglo XIX, en la antigua Casa de la Cruz del Ojo de Agua, situada en la esquina de Aldama y Pomoca. En ella, el patriarca familiar don Fidencio Villafuerte fundó en 1905 una fábrica de cambayas. Fidencio tuvo por lo menos tres hijos: Teresa (nacida hacia 1890), Angelina o Evangelina (ca. 1891) e Indalecio (ca. 1898). Indalecio, como ya se mencionó, se dedicó al sacerdocio que ejerció en la diócesis de Tulancingo. Teresa nunca se casó. Angelina contrajo matrimonio con Everardo Alcántara, cinco años mayor que ella. En 1930, Everardo y Angelina vivían en Aculco con su hijo Gabriel de sólo dos años, mientras que su hija mayor, María del Socorro, de nueve años, vivía con su tía Teresa en Pachuca donde el padre Indalecio era ya párroco del templo de Guadalupe. Allá fue donde la conoció Donaciano Serna Leal.

Al terminar Chanito sus estudios en la normal de Pachuca y ya con una plaza de maestro en el Colegio del Estado de Guerrero, se casó con Socorrito en Actopan el 25 de enero de 1948, impartiendo la bendición nupcial el padre Villafuerte.

En 1953, Donaciano fue inesperadamente destinado por la Secretaría de Educación a la lejana Ures, Sonora. Acudió entonces a su paisano Manuel Sánchez-Vite, recién electo Secretario General del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (el SNTE), para solicitar su ayuda para obtener una plaza distinta que no lo obligara a mudarse a miles de kilómetros al norte. Gracias a su intervención, la Dirección de Normales lo envió como maestro a su querida escuela de El Mexe. Pero no sólo eso: aquel acercamiento con Sánchez-Vite le depararía un destino que por aquel entonces no podía siquiera vislumbrar.

Todo comenzó cuando en 1954 Serna Leal entró a formar parte del Comité Estatal del SNTE y se abocó en los años siguientes a la actividad sindical, encontrando en ella una segunda vocación en que, en sus palabras, podía realizar algo de lo que más estimaba: hacer el bien a los demás. En 1957, fue electo Secretario General de la Sección XV del SNTE. En 1961, poco antes de concluir su gestión en el sindicato, el PRI lo postuló como candidato a diputado por el distrito de Zacualtipán, cargo que naturalmente alcanzó en una época en la que el partido oficial dejaba limitadísimos espacios a la oposición. Combinó entonces la actividad legislativa con un nuevo cargo sindical, el de Secretario de Acción Social del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE. De 1964 a 1968 fue secretario del Consejo Consultivo del sindicato. En 1969, su amigo Manuel Sánchez Vite llegó a la gubernatura de Hidalgo y éste lo nombró tesorero general del estado pero, inesperadamente, el gobernador obtuvo licencia de su cargo a fines del año siguiente para ocupar la presidencia del CEN del PRI nacional, por petición del presidente Luis Echeverría:

El 8 de diciembre de 1970, el licenciado Sánchez Vite, me mandó llamar a su despacho de Palacio y me dijo:

-Fíjate Chano, que el licenciado Echeverría me ha dado instrucciones para tomar posesión de la presidencia del PRI. Esto se debe anunciar y concretar de hoy a mañana. Entonces, va a haber necesidad de que en nuestro Estado quede un gobernador interino.

-Permíteme felicitarte por esa honrosa distinción. Cuenta con todo mi apoyo- contesté.

-Gracias, Chano. En cuanto al gobernador interino, te voy a pedir que escribas un discurso de aceptación del cargo y se lo entregues a la persona que te voy a decir. Ya sabes que en una situación como esas, muchos se atontan y pueden decir tonterías.

Seguí sus indicaciones: elaboré un discurso que leyó con atención y aprobó. Para ese momento, la noticia de que el gobernador de Hidalgo iba a ocupar la presidencia del PRI, había corrido por todo México. También se especulaba sobre el nombre del suplente. Por la tarde del día 9, Sánchez Vite me mandó a llamar a su oficina y me dijo:

-No te apartes de aquí pues te puedo necesitar.

Al poco rato le llamaron de la Cámara de Diputados, avisándole que la sesión estaba a punto de iniciar. Les indicó que se procediera a pasar lista y a leer la orden del día. Nuevamente le llamaron informando que sólo restaba el punto concerniente a la elección del gobernador interino. Entonces, Sánchez Vite se puso de pie y extendiendo su mano; me dijo:

–Ve, Chano y hazlo bien. ¡Pon al servicio de tu Estado toda tu capacidad y todo tu esfuerzo!

Confieso que me quede mudo. Si bien sentía que gozaba de su confianza y amistad, en ese momento supe cuánto me valoraba como persona y miembro de su equipo de trabajo.

-Manuel, gracias, muchas gracias. Haré todo lo que esté de mi parte para continuar lo que has emprendido- acerté a contestar.

–Anda, la Cámara te espera. ¡Felicidades, Chano! ¡Buena suerte, señor Gobernador!

Así, Donaciano Serna Leal llegó a la gubernatura de Hidalgo. Fue una estancia corta: sólo 14 meses al cabo de los cuales Sánchez-Vite retomó el cargo de gobernador y Serna Leal el de su tesorero. Al concluir el periodo constitucional, Serna Leal abandonó la actividad política y se concentró nuevamente en la enseñanza, hasta su jubilación. Tras ella, en la década de 1980 volvió a publicar sus artículos en varios diarios, como El Heraldo de México. Socorro falleció en 1996. Donaciano en 2001.

A diferencia de tantos otros políticos mexicanos, Chanito tuvo una bien ganada fama de hombre honrado y vivió con sencillez toda su vida. Más que político, él siempre se consideró maestro y se dedicó con verdadera devoción a su profesión, demostró un gran interés por prepararse continuamente para ejercerla y su bondad personal marcó toda su carrera docente.

 

NOTAS

Los párrafos autobiográficos de Donaciano Serna Leal y la fotografía de su matrimonio con Socorro Alcántara Villafuerte provienen de la serie de artículos publicados en el semanario Avanzando en Hidalgo, que puedes encontrar en esta liga: https://reportepolitico.wordpress.com/2019/06/12/chanito-presentacion-1-13/

viernes, 15 de mayo de 2020

"Archivo de Aculco"

En la actual notaria parroquial de Aculco -un espacio que antiguamente fue usado como bautisterio- existe un armario de madera que data probablemente de principios del siglo XIX con un letrero pintado en sendas filacterias en sus puertas: "Archivo de Aculco". En él se guardaban naturalmente los libros sacramentales del templo, en que se registraban bautizos, matrimonios, defunciones, etcétera. Los más viejos entre ellos datan de 1606 y están escritos aún en lengua otomí. También servía para resguardar documentos de otro tipo: información matrimonial, los libros "de fábrica" y "de providencia" del templo, inventarios, bandos, cédulas, etcétera.

La verdad es que el armario no parece tan grande como uno imaginaría para resguardar el archivo de un templo con casi 500 años de existencia... lo más probable es que muchos de los documentos hayan sido destruidos o se perdieron a lo largo de los siglos. El mueble debe tener unos dos metros de altura, un metro de ancho y menos de medio metro de fondo. Lo cierran dos grandes puertas que ocupan todo su frente y son muy sencillas, con molduras pequeñas en la parte interior de sus largueros y peinazos. Los costados tienen igual ornamentación. La tosca cerradura de hierro forjado certifica su antigüedad. En la parte superior el armario hay una moldura corrida y sobre ella quizá lo más interesante: un copete de inspiración barroca semejante a una guardamalleta invertida. A sus lados, un par de pináculos torneados completan la composición. El acabado del mueble es barnizado, con el color natural de la madera ligeramente oscurecido por la edad.

Por cierto, en la década de 1960 la Iglesia de los Santos de los Últimos Días (los mormones) microfilmaron los libros sacramentales de cientos de parroquias de nuestro país, entre ellas los de Aculco. Una copia la llevaron a su sede en Salt Lake City, Utah, Estados Unidos, y actualmente se puede consultar en línea en el sitio www.familysearch.org, mientras que otra copia está depositada en el Archivo General de la Nación de la Ciudad de México.

martes, 28 de abril de 2020

Benditeras y lavamanos

De vez en cuando me gusta escribir entradas en mi blog que no se refieren a un solo sitio, a un hecho histórico o a algún asunto específico, sino simplemente a recopilar en una especie de catálogo los elementos arquitectónicos de un tipo determinado existentes en Aculco. Así lo hice, por ejemplo, en los textos dedicados a las almenas, a las puertas y portones, a las columnas de madera, etcétera. Esta vez les traigo una lista de piezas arquitectónicas relacionadas con el agua: las antiguas benditeras -o pilas de agua bendita- y los lavamanos. Aunque la función de unas y otros es muy distinta, comparten cierto parecido en sus formas y por eso me ha parecido conveniente reunirlos aquí. En un primer momento pensé sumar también las pilas bautismales, pero estos muebles -aparte de tener también un uso diverso- no suelen estar empotrados en las paredes como los otros (es decir, no se incorporan a la arquitectura) y conforman una categoría específica que más adelante espero tener oportunidad de abordar.

LAVAMANOS

 

Este primer ejemplo de lavamanos se encuentra en la sacristía de la parroquia de san Jerónimo. Seguramente es obra del siglo XIX y está tallado en cantera. Del plano del muro sobresale únicamente un repisón del mismo material; el resto del lavamanos se desarrolla dentro de un nicho con cerramiento en arco carpanel, cuya bóveda y tímpano lisos ocupan prácticamente su mitad superior. En la parte baja un zócalo moldurado en sus extremos ocupa los laterales y el fondo. Al centro la moldura baja se interrumpe en el punto en que se abre un grifo. El lavamanos no tiene propiamente una pila, sino sólo un plano inclinado ligeramente sumido que se abre a un desagüe. Seguramente -tal como señalan los cánones en los lavamanos de sacristía- este caño es independiente de cualquier otro drenaje del templo y conduce directamente al suelo, para evitar que alguna porción de pan o vino consagrados entren en contacto con inmundicias al lavar los vasos sagrados.

Este segundo lavamanos es mucho más rústico y tuvo un uso más prosaico que el anterior, ya que forma parte de las instalaciones de la antigua panadería La Guadalupana de don Félix Herrera, situada en la plazuelda Hidalgo. Con todo, es un elemento de valor histórico y etnográfico que nos remite a la vida cotidiana de los habitantes de Aculco en la primera mitad del siglo XX. Tallado en cantera rosa y de forma cilíndrica, sobresale completamente del muro en que está empotrado. Las paredes del interior no son verticales sino ligeramente inclinadas y un gran corte en ellas en la parte inmediata a la pared forma la salida de agua. En la parte superior se advierte un agujero practicado seguramente para incorporar una tubería de agua con un grifo.

El tercer lavamanos antiguo se encuentra en la hacienda de Arroyozarco, en uno de los muros exteriores del edificio conocido como El Despacho (antigua casa del mayordomo). Labrado en una sola pieza de cantera, se encuentra mutilado, por lo que ha perdido la pila. A pesar de ello, por los restos posible deducir que ésta era en forma de media esfera, cobijada su mitad posterior por la bovedilla de un cuarto de esfera remetida dentro del muro. Es difícil saber cuál sería su uso original, pero probablemente pertenece, como el edificio en que se encuentra, al siglo XVIII.

 

BENDITERAS

 

Esta pila de agua bendita en cantera pertenece a la casa Arciniega Basurto y lleva labrados adornos de carácter popular. Quizá sea del siglo XVIII o por lo menos se inspira en las decoraciones barrocas de esa época. La pila propiamente dicha es bastante pequeña, pero está decorada con formas que parecen sugerir una corriente de agua que se derrama. El borde de la pila está adornado por un rosario de pequeños círculos concéntricos que podrían ser una reminiscencia prehispánica, ya como las gotas que frecuentemente acompañan a la representación glífica del agua, o bien como chalchihuites -cuentas de jade- en alusión a lo fino o lo precioso que guardaba: el agua bendita. Esta pila está albergada en un nicho formado por una concha y flanqueado por un par de columnillas panzudas de escaso relieve. Sendas guías vegetales de gruesos tallos y pocas hojas crecen por encima de ellas hasta la parte superior del nicho, donde se yergue una pequeña cruz.

En las pilastras del sotocoro de la parroquia existe un par de discretas pilas de agua bendita labradas en piedra de recinto. Su forma es de media concha que sobresale completamente del muro y es difícil saber si pertenecen a la fábrica original de esa parte del templo, pero sin duda se integran perfectamente a él. Se han mantenido con su uso original, aunque también es cierto que ha dependido mucho de sacristanes y sacerdotes su uso cotidiano, pasando por breves etapas de abandono. Por cierto, en algunas ciudades de Europa este tipo de pilas de agua bendita en las iglesias ha caído en desuso, ya que sin comprender o respetar su carácter sagrado las personas hacían uso de esa agua para lavarse o refrescarse, incluso algunos drogadictos para lavar agujas y jeringas. Esperemos que esto nunca suceda en Aculco.

En el interior del antiguo convento, a un lado del desembarque de la escalera en la planta alta, está esta pequeña benditera. Está formada por una rústica pila de cantera encalada forma tronco-cónica, con el borde resaltado, que se empotra por mitades en el muro, que en la parte superior forma un nicho de perfil triangular. Lo más interesante de ella es su sencillez y antigüedad, ya que debe remontarse a los tiempos de la edificación del claustro a principios del siglo XVIII.

En el coro alto de la parroquia, junto a la puerta por la que se accede a él desde el convento, se halla esta otra benditera. Como se puede ver su pila -de poca profundidad, cuadrada y base curvada en los ángulos- está labrada en un material que no parece ser cantera, sino algún tipo de piedra más duro, y casi parece un recipiente independiente que fue adaptado para ser colocado ahí. La pila sobresale sólo un poco, pues la mayor parte se ubica en el espesor del muro. Lo parte superior del nicho lo cubre una bovedita en forma de concha.

 

Seguramente hay por ahí muchos más ejemplos de benditeras y lavamanos que desconozco o que no recuerdo ahora, pero creo que estos casos bastan para darse una idea general de sus formas y usos. Quizá con el tiempo pueda ir enriqueciendo esta entrada con nuevos ejemplos, especialmente de las benditeras que existen en las capillas y parroquias del municipio.

lunes, 20 de abril de 2020

La Purísima: un rancho olvidado

En la falda suroriental del cerro del Tixhiñú, a unos metros de la Carretera Panamericana (o, deberíamos decir ya, la nueva Autopista Atlacomulco-Palmillas), se levanta un viejo edificio que pasa casi desapercibido, oculto como está tras altos muros de piedra blanca. Lo poco que se alcanza a ver desde el exterior es el hastial triangular de una troje, ya sin su cubierta de teja y los vanos de algunas ventanas a las que se les arrancó la cantera que las enmarcaba y que se abren a estancias arruinadas. Se trata de la casa de un rancho, antaño próspero, que llevó primero el nombre de "La Loma" y que después -antes de 1901- tomó el de La Purísima, quizá por evitar la confusión con otro rancho aculquense llamado de La Loma Alta, así como por alguna devoción particular de su dueño. En tiempos más recientes se le dio también el nombre de La Rosita, sin que llegara a hacerse popular tal denominación.

Las dependencias de este rancho están delimitadas, como dije arriba, por un muro de piedra blanca de Aculco, que corre rodeando una superficie con la forma de un triángulo (con más precisión, un trapecio) unido a un cuadrado. Es en esta última parte del terreno donde se alzaba la casa habitación, que muestra rasgos que parecen remontarse al siglo XIX. debe haber sido una casa hermosa: con planta cuadrangular y patio central, su particularidad era la galería abierta que adornaba sus fachadas, formada por un vano arcado hacia el noroeste, uno en chaflán en la esquina y tres más en el paramento noreste, que rematan en una especie de torreoncillo que sobresale en su unión con el corral. Además de estos vanos, sólo el de la entrada a los corrales por el suroeste y un par de balcones en la fachada noreste se abrían al exterior.

El rancho de La Purísima era propiedad a principios del siglo XX de don Manuel Merino. Después fue propiedad de Esteban y Cruz Galindo Orozco, quienes en 1939 la vendieron a Albina Infiesta Ochoa y su esposo Alonso Rico Martín. Ellos a su vez la enajenaron a José López Hernández y su esposa doña María del Rosario Velázquez Navarro de López en 1958. De sus manos y apenas 22 meses después, esta propiedad de 133.77 hectáreas pasó a las de los hermanos Armando, Francisco y Horacio Hernández Pérez en 1959. Como ya se habrá dado cuenta algún lector, don Armando Hernández Pérez era entonces el propietario de la vecina hacienda de Cofradía.

Parece ser que los Hernández no tuvieron mayor interés en la propiedad más que sumarla a las tierras de Cofradía, en realidad ya muy mermadas por el reparto agrario y no le quedaban inmediatas, ya que La Purísima estaba rodeada por los ejidos de Gunyó y el Tixhiñú, así como por el rancho Las Vegas. Según se me ha referido, los Hernández mandaron retirar las portadas de cantería y rejas que adornaban el casco del rancho para llevarlas a aquella otra propiedad, mientras lo dejaban perder sus techumbres y caer en la ruina. Las tierras dejaron de labrarse y La Purísima apenas servía para que pastaran algunas cabezas de ganado. En la década de 1980, este abandono sirvió de argumento a los ejidatarios del Tixhiñú para solicitar la dotación de tierras afectando esa propiedad y en 1994 obtuvieron sentencia del Tribunal Superior Agrario a su favor. Desconozco si la vieja casa del rancho -que está catalogada por el INAH como monumento histórico- se convirtió también en parte de ese ejido.

FUENTES: SENTENCIA pronunciada en el juicio agrario número 603/92, relativa a la ampliación de ejido, promovida por campesinos del poblado Tixhiñú, Municipio de Aculco, Edo. de Méx., Diario Oficial de la Federación, 10 de agosto de 1994. Memoria de la V. Exposición y feria regional, agrícola, ganadera e industrial del distrito de Jilotepec, México, Editora agrícola mexicana, 1955, p. 37.

miércoles, 8 de abril de 2020

Datos para la historia de la pesca en Aculco

La pesca no ha sido en realidad una actividad importante en el municipio de Aculco en ninguna época. A pesar de ello, nunca han dejado de aprovecharse en pequeña escala los productos acuícolas de nuestros ríos, lagos y presas. Como muestra, les traigo hoy este cuestionario que las autoridades de Aculco respondieron a fines del siglo XIX sobre el aprovechamiento pesquero local. El documento fue incluido en la obra Informes y documentos relativos a comercio interior y exterior, agricultura, minería e industrias, no, 25, de julio de 1887, publicado por la Secretaría de Fomento:

 

INFORMES SOBRE LAS AGUAS CULTIVABLES QUE HAY EN LA REPÚBLICA Y SOBRE LOS PECES MEXICANOS, SU UTILIDAD E IMPORTANCIA Y MANERA DE CAPTURARLOS

CUESTIONARIO.

MUNICIPALIDAD DE ACULCO

1. En los manantiales, lagunas y ríos que hay en esa jurisdicción, ¿es buena el agua para beber? Si es buena.

2. ¿Cuál es la mayor profundidad de las aguas de aquellos cursos de agua? Treinta y seis pulgadas de profundidad en el manantial del Ojo, y de la alberca cincuenta y cuatro pulgadas; la de la presa de Guapango, de cuatro á cinco metros.

3. ¿Cuál es la naturaleza de su fondo, arena, piedras, fango? Ambos manantiales, de tepetate; un río, fondo de cantera; la presa de Guapango, en su mayor parte barro, y la parte adyacente á la cortina, pedregosa.

4. ¿Qué distancia hay de cada manantial y laguna á la población más próxima, y cuál á la Cabecera del Distrito, Partido ó Cantón? El manantial, en el fundo de esta población; el rio, á una legua de este pueblo, y á la cabecera del Distrito doce leguas; la presa, tres y media leguas, y sobre siete al Distrito.

5. ¿Qué número de habitantes tienen aquellas poblaciones? Seis mil ochocientos habitantes.

6. ¿Hay pescados en las aguas de esa localidad? Sí hay sardina pequeña.

7. ¿Son todos iguales por su forma? Son iguales.

8. ¿Qué forma tienen aproximadamente, y hasta qué dimensiones alcanzan los mayores, en largo y en peso de cada clase? De nueve y medio centímetros de largo, y como de una onza de peso.

9. ¿Qué nombres dan á los pescados que viven en aquellas aguas? Sardinas, y su color es muy oscuro.

10. ¿Por qué tiempo se reproducen? No se sabe.

11. ¿Emigran para reproducirse, ó por distinto motivo? Tampoco se sabe.

12. ¿Abundan más en alguna época del año? Al entrar la estación de las lluvias.

13. ¿Su crecimiento es dilatado ó rápido? No se sabe.

14. ¿Se utilizan esos peces en el consumo de esa localidad? En poca cantidad.

15. ¿Son estimados por su sabor? Sí lo son.

16. ¿Se venden al público, y á qué precio? A seis centavos docena.

17. ¿Se exportan? ¿En cuánta cantidad? En ninguna.

18. ¿Qué cantidad en peso y en número se coge aproximadamente de ellos al año? Ochocientos pescados y como dos arrobas.

19. ¿Cómo se bace la pesca? Con red maya.

20. ¿En qué tiempo se hace? De Marzo á Junio.

21. ¿Se paga algo, y á quién, por pescar en esas aguas? Nada se paga.

22. ¿A quién pertenecen en propiedad esas aguas? La presa á la hacienda de Arroyozarco, y 1os manantiales son del servicio público de este lugar.

Aculco, Marzo 31 de 1887.

Sírvase vd. capturar cuatro ó cinco ejemplares de cada clase ó especie de los pescados que existen en cada una de las distintas aguas de su jurisdicción, prefiriendo aquellos que estén completamente desarrollados, y que además estén Íntegros, sin mutilación ni heridas, si es posible; colóquelos dentro de una vasija ó recipiente cualquiera, lleno completamente de aguardiente (resacado refino) de 30 á 36 grados centesimales, ó de mezcal fuerte, y después de bien cerrado ese recipiente, remítalo á la autoridad superior para la Secretaría de Fomento del Gobierno General.

 

Aunque evidentemente las autoridades del pueblo no fueron muy diligentes al reunir los datos, lo poco que informaron sirve para investigar un poco más sobre el tema. Por ejemplo, acerca de la verdadera naturaleza de esos peces que llamaban "sardinas". Es obvio que no se trata de las sardinas marinas que conocemos frescas o, en México, más comúnmente enlatadas. Recordemos además que este informe es muy anterior a la siembra sistemática de carpas (Cyprinus carpio) en presas y bordos de la región, por lo que no podemos relacionarla con esa especie que es hoy la más aprovechada. Son las propias respuestas al mismo cuestionario por parte de otras localidades cercanas a Aculco con las que empezamos a aclarar este misterio. Por ejemplo, a la pregunta número 6, la Municipalidad de Jilotepec respondió "hay algunos pescados en el río y en los manantiales; pero su mayor dimensión es de siete pulgadas y tienen la forma de una sardina", y a la número 9, "el nombre que comúnmente se les da es de juil". Las respuestas de la Municipalidad de Chapa de Mota refuerzan esta información: "la forma del pescado es parecida a la sardina hasta en sus dimensiones, pues el más largo tendrá de siete a ocho pulgadas, y pesará de cuatro a cinco onzas. El nombre que se da a estos pescados es el de "juiles".

Ahora, según la obra La cosecha del agua en la cuenca de México, de Teresa Rojas Rabiela (CIESAS, 1998), los juiles o xohuilin (su nombre original en náhuatl) se pueden identificar con dos especies del orden de los Cypriniformes: Algansea tincella y Aztecula vittata. La misma obra indica que fray Alonso de Molina describió a los juiles hacia 1571 como un "pescado de a palmo que parece trucha". Fray Bernardino de Sahagún, por su parte, escribió hacia 1575 "xouili son aquellas bogas pardillas que se crían en en el cieno, y tienen muchos huevos". Manuel María Herrera y Pérez, en 1873, confirma la idea del parecido con la sardina: "pescado sardina, que se rueda para huir". Manuel Orozco y Berra, en 1864, señala acerca de su preparación: "conocidos en nuestros mercados con el nombre de juiles, los venden preparados, asados o cocidos, envueltos en las hojas que cubren las mazorcas de maíz".