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viernes, 27 de octubre de 2023

El capitán francés Jacques Sengel, comandante superior de Arroyozarco (1864-1865)

Entre los episodios más recordados de la historia del municipio de Aculco -pero a la vez de los menos conocidos con profundidad- está el de la presencia de una guarnición francesa en la hacienda de Arroyozarco durante los años del Segundo Imperio, de 1864 a 1867. En fragmentos he podido recuperar ciertos datos, narraciones y anécdotas (algunos los pueden encontrar en este mismo blog), pero en realidad no son más que informaciones aisladas e inconexas, que espero algún día servirán para escribir de manera más estructurada y completa esa historia. Por ahora sólo quiero sumar un fragmento más con los datos biográficos de quien fuera el comandante superior de las fuerzas francesas en Arroyozarco en durante unos meses entre 1864 y 1865: el entonces capitán de infantería Jacques Sengel (1822-1897).

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Jacques Sengel, hijo de Rosine Hahn y Jacques Sengel, nació el 2 de marzo de 1822 en el pequeño pueblo de Brumath, cerca de la ciudad de Estrasburgo, en la región de Alsacia: una zona que constantemente ha sido disputada por Francia y Alemania, y que en diversos momentos ha estado bajo la soberanía de uno u otro paíso. En aquel momento, Alsacia era francesa. A los 21 años, Jacques se alistó voluntariamente como soldado en el 7o. regimiento de línea. Alcanzó el grado de subteniente el 30 de noviembre de 1851. Marchó después a la Guerra de Crimea (1853-1856), donde se enfrentaron Francia y sus aliados contra Rusia. Durante este conflicto recibió el grado de teniente, el 24 de marzo de 1855. Cuatro años después, el 5 de mayo de 1859, fue ascendido a capitán. A mediados de 1862 -en vísperas del inicio de la intervención francesa en México- se le contabilizaban 19 años de servicio efectivo y cinco campañas. Napoleón III lo nombró entonces caballero de la Orden de la Legión de Honor por el Decreto Imperial número 13,870.

Sengel, con el 7o. regimiento de línea al que pertenecía, regresaba apenas de la Expedición a Roma cuando recibió a principios de 1863 la orden de embarcarse en el puerto de Cherburgo rumbo a México. Meses antes, el 5 de mayo de 1862, el ejército francés había sufrido una vergonzosa derrota en Puebla, por lo que el emperador había decidido reforzar sus tropas en nuestro país con más hombres. El regimiento de Sengel arribó al puerto de Veracruz en abril de 1863 en el buque Tilsitt, que durante el viaje había hecho escalas en Madeira y Martinica. Tras la caída de Puebla en mayo y hasta mediados del año siguiente, el 7o regimiento se mantuvo en las inmediaciones del camino entre Veracruz y México, escoltando los convoyes franceses y persiguiendo al enemigo cuando se aproximaba. En estas tareas, Sengel -al mando de la primera compañía del primer batallón del regimiento- fue enviado a Paso de Ovejas en abril de 1864 para dispersar la banda de Zeferino Daquin, a quien derrotó el día 25, hiriendo o matando a 15 de sus hombres. Al mes siguiente, el 1er. batallón se estableció en la Ciudad de México y la compañía de Sengel se acuarteló en el viejo convento de Santiago Tlatelolco. Fue hasta junio cuando esta misma compañía llegó más al norte, para proteger hasta Tepeji del Río un convoy que llevaba víveres de la Ciudad de México a Querétaro.

Cuando se ordenó el regreso a Francia del 20o batallón de cazadores, el 1er batallón del 7o regimiento avanzó desde la Ciudad de México hacia Querétaro para ocupar los puestos de los que aquél se había encargado. Así, el 1o de septiembre de 1864 llegaron a Arroyozarco, donde se estableció la 1a. compañía bajo el mando de Sengel para proteger el Camino de Tierra Adentro. Su actuación en este lugar siguió el patrón habitual de esta campaña: cuando se tenía noticia del avistamiento de alguna guerrilla republicana, salía en su busca y trataba de sorprenderla, para regresar después a su puesto. Asi sucedió, por ejemplo, el 22 de septiembre, cuando el comandante superior de Querétaro ordenó a Sengel que avanzara en marchas forzadas hacia Solís con 54 hombres, dejando un oficial y el resto de su compañía en Arroyozarco. No halló a los guerrilleros que amenazaban aquella hacienda. Más fructífero fue, sin embargo, su avance contra las guerrillas de Juan Valencia y León Ugalde a finales de diciembre:

El final del mes de diciembre [de 1864] es señalado por los varios empeños de nuestros destacamentos contra las bandas enemigas. Alrededor del 20 de diciembre, partidas pertenecientes a las bandas de Valencia y Ugalde salen de Zitácuaro y cruzan el Lerma entre San Felipe del Obraje y Atlacomulco; El 23 saquean Acambay y se llevan algunos habitantes. El capitán Sengel deja una treintena de hombres en Arroyo Zarco para mantener esta posición y sale el día 23 con el resto de la 1a. compañía del 2o. batallón. Al llegar a Aculco se entera de que el enemigo se ha dirigido hacia El Agostadero; desde la hacienda de Ñadó marcha sobre San Francisco [Shaxní] donde se le informó que está el enemigo, y sorprende a la banda a punto de partir, la persigue, le mata un hombre, hiere a varios y se lleva armas y caballos. El día 25 cruza el Lerma, llega a Solis, luego regresa a Acambay y retorna al día siguiente a Arroyo Zarco. Se le felicita con una carta del mariscal [Bazaine] de fecha 10 de enero de 1865.

El guerrillero Catarino Fragoso -prácticamente un bandido- peleaba entonces en el bando imperial, después de haber recibido una amnistía, y se encargaba de la vigilancia del camino de México a Querétaro. Sin embargo, a finales de enero decidió pasarse de nuevo al bando republicano. Sengel intentó sorprenderlo con parte de sus hombres la noche del 23 al 24 de febrero en La Soledad (nombre que todavía entonces recibía Polotitlán), aunque sin éxito. Luego partió el día 25 en busca de los rebeldes hacia Tepeji del Río, regresó el 26 hacia San Francisco Soyaniquilpan y el 27 retornó a Querétaro, sin hallar tampoco a los rebeldes. Con todo, estos movimientos obligaron a Fragoso -que se había unido ya a Valencia y Ugalde- a huir en dirección a Nopala, siendo sorprendido en la hacienda de Cuaxithí por una partida francesa de la compañía franca del 7o regimiento y sus fuerzas fueron dispersadas. Fragoso reapareció pronto sobre el Camino de Tierra Adentro y Sengel partió nuevamente en su busca el 1 de marzo con 55 hombres y 14 exploradores locales. Pasó por San Miguel de la Victoria y Chapantongo, y en el rancho del Durazno descubrió a las tropas del guerrillero, al que persiguió entre San Sebastián y San Bartolomé, causándole muertos y heridos hasta desbandarlo.

El 7o regimiento completo recibió semanas más tarde la orden de movilizarse hacia el norte del país. Sengel abandonó Arroyozarco el 29 de marzo y el 13 de mayo siguiente todo el regimiento se hallaba ya en Durango. A partir de ese momento se pierde el nombre de Sengel en la campaña mexicana, a pesar de que permaneció en aquellas tierras del norte por más de un año.

En enero de 1866, el emperador Napoleón III había decidido ya retirar sus tropas del territorio mexicano, lo que se haría de manera escalonada. Así, en el otoño de ese año los efectivos del 7o regimiento francés comenzaron a abandonar las ciudades que ocupaban -como Durango, Zacatecas y San Luis Potosí- para concentrarse en la Ciudad de México. El 15 de enero de 1867 todo el regimiento estaba ya reunido en la capital del país. El 7o sería uno de los últimos cuerpos militares en abandonar la ciudad rumbo al puerto de Veracruz escoltando al mariscal Bazaine. El 9 de marzo, Sengel se embarcó con sus hombres en el buque Souverain, donde también viajó el mariscal. Después de hacer una escala en La Habana entre 22 y el 26 de marzo, y otras más en Fayal y Gibraltar, el 7o. regimiento de línea llegó finalmente a Tolón, Francia, el 2 de mayo.

Terminaba la aventura mexicana de Sengel. Pero, tras su matrimonio algo tardío con la joven Caroline Goetz (1847-1910), el 11 de febrero de 1869, comenzó para él y su país una nueva y terrible etapa: la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871). En ella, el capitán pasó al 20o regimiento de línea y con éste peleó en la Batalla de Sedán del 1 de septiembre de 1870, donde se consumó la derrota francesa. El valor con el que se comportó en este confliccto justificó sin embargo su ascenso a Jefe de Batallón el 6 de enero el año siguiente y en 1878 se le promovió a oficial de la Legión de Honor. Ya en tiempos más pacíficos para Francia, Sengel fue nombrado teniente coronel del 46o regimiento estacionado en Reims el 30 de marzo de 1880. En ese cuerpo terminó su carrera militar, aunque desconozco la fecha exacta de su baja. Lo cierto es que en 1886 se hallaba ya retirado viviendo en su Brumath natal que, tristemente para él, había pasado a dominio alemán en 1871. Fue entonces cuando su paisano, el pintor Gustave Stoskopf, dibujó su retrato, que el hijo del artista reseñó así: "representa el tipo perfecto del oficial del Segundo Imperio. Jacques Sengel, terminada su carrera militar, se retira a Brumath, orgulloso de ostentar en una Alsacia ahora alemana su roseta de oficial de la Legión de Honor".

El comandante Jacqaues Sengel murió en enero de 1897 después de una larga enfermedad y se le sepultó en su pueblo natal. El periódico alsaciano Messin describió su sepelio de esta manera:

Un largo e imponente cortejo acompañó a su última morada al comandante Sengel (antiguo teniente coronel de la armada territorial francesa), de quien anunciamos su muerte en el número del domingo. Como la comuna de Brumath carece de guarnición, el cuerpo de bomberos, que consta de unos 80 hombres, rindió los últimos honores al difunto. El ataúd, cubierto de flores y de coronas, y sobre el que habían colocado el uniforme de monsieur Sengel, avanzó precedido por el alcalde y los adjuntos, así como por todo el consejo municipal. El veterano de los viejos soldados franceses avecindados en Brumath portaba en un cojín de terciopelo negro las condecoraciones del difunto.

La tumba de Sengel se conserva el cementerio de Brumath. Sobre ella, en agosto de 1897, el capitán en retiro M. Pfender mandó colocar una placa de mármol blanco con la inscripción: "A su coronel, recuerdo del 46o. territorial" (según otra versión, la placa dice "Al valiente comandante Sengel. Antiguo teniente-coronel del 46o regimiento territorial").

 

FUENTES:

Quise evitar al lector la molestia de leer entre muchas llamadas a las fuentes de este texto, pero sí quiero anotar que la información procede de los libros y documentos que aparecen en la siguiente lista:

- Annuaire militaire de l'Empire Francais pour l'année 1853, Veuve Berger-Levrault el fils, París-Estrasburgo, 1853.

- Annuaire militaire de l'Empire Francais pour l'année 1863, Veuve Berger-Levrault el fils, Paris-Estrasburgo, 1863.

- Annuaire militaire de l'Empire Francais pour l'année 1881, Veuve Berger-Levrault el fils, París-Estrasburgo, 1881.

- Annuaire militaire de l'Empire Francais pour l'année 1885, Veuve Berger-Levrault el fils, París-Estrasburgo, 1885.

- Bulletin des lois, partie suplementaire, no. 1875, París, 1862.

"France, Bas-Rhin, Parish and Civil Registration, 1525-1912", , FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:6XFG-GJZD : 29 March 2022), Jacques Sengel, 1869.).

- Nicholas Stoskopf y Charles Gustave Stoskopf. Gustave Stoskopf: la peintre (1869-1944), Ediciones Alsatia, Colmar, 1976.

- Grande Chancellerie de la légion-d'honneur: Livre d'or contenant la liste générale des personnes qui ont souscrit pour la reconstruction du palais de la Légion d'honneur, incendié le 23 mai 1871, Imprimerie Nationale, Paris, 1871.

- La guerre au Mexique: journal de marche du 7e régiment d'infanterie (1863-1867), París, 1906.

- Le Messin: organe des intérêts lorrains, Metz, 27 y 30 de abril, y 8 de agosto de 1897.

- Sam W. Fuller. Real e Imperial Fábrica la Honradez, La Habana, 1867.

lunes, 20 de abril de 2020

La Purísima: un rancho olvidado

En la falda suroriental del cerro del Tixhiñú, a unos metros de la Carretera Panamericana (o, deberíamos decir ya, la nueva Autopista Atlacomulco-Palmillas), se levanta un viejo edificio que pasa casi desapercibido, oculto como está tras altos muros de piedra blanca. Lo poco que se alcanza a ver desde el exterior es el hastial triangular de una troje, ya sin su cubierta de teja y los vanos de algunas ventanas a las que se les arrancó la cantera que las enmarcaba y que se abren a estancias arruinadas. Se trata de la casa de un rancho, antaño próspero, que llevó primero el nombre de "La Loma" y que después -antes de 1901- tomó el de La Purísima, quizá por evitar la confusión con otro rancho aculquense llamado de La Loma Alta, así como por alguna devoción particular de su dueño. En tiempos más recientes se le dio también el nombre de La Rosita, sin que llegara a hacerse popular tal denominación.

Las dependencias de este rancho están delimitadas, como dije arriba, por un muro de piedra blanca de Aculco, que corre rodeando una superficie con la forma de un triángulo (con más precisión, un trapecio) unido a un cuadrado. Es en esta última parte del terreno donde se alzaba la casa habitación, que muestra rasgos que parecen remontarse al siglo XIX. debe haber sido una casa hermosa: con planta cuadrangular y patio central, su particularidad era la galería abierta que adornaba sus fachadas, formada por un vano arcado hacia el noroeste, uno en chaflán en la esquina y tres más en el paramento noreste, que rematan en una especie de torreoncillo que sobresale en su unión con el corral. Además de estos vanos, sólo el de la entrada a los corrales por el suroeste y un par de balcones en la fachada noreste se abrían al exterior.

El rancho de La Purísima era propiedad a principios del siglo XX de don Manuel Merino. Después fue propiedad de Esteban y Cruz Galindo Orozco, quienes en 1939 la vendieron a Albina Infiesta Ochoa y su esposo Alonso Rico Martín. Ellos a su vez la enajenaron a José López Hernández y su esposa doña María del Rosario Velázquez Navarro de López en 1958. De sus manos y apenas 22 meses después, esta propiedad de 133.77 hectáreas pasó a las de los hermanos Armando, Francisco y Horacio Hernández Pérez en 1959. Como ya se habrá dado cuenta algún lector, don Armando Hernández Pérez era entonces el propietario de la vecina hacienda de Cofradía.

Parece ser que los Hernández no tuvieron mayor interés en la propiedad más que sumarla a las tierras de Cofradía, en realidad ya muy mermadas por el reparto agrario y no le quedaban inmediatas, ya que La Purísima estaba rodeada por los ejidos de Gunyó y el Tixhiñú, así como por el rancho Las Vegas. Según se me ha referido, los Hernández mandaron retirar las portadas de cantería y rejas que adornaban el casco del rancho para llevarlas a aquella otra propiedad, mientras lo dejaban perder sus techumbres y caer en la ruina. Las tierras dejaron de labrarse y La Purísima apenas servía para que pastaran algunas cabezas de ganado. En la década de 1980, este abandono sirvió de argumento a los ejidatarios del Tixhiñú para solicitar la dotación de tierras afectando esa propiedad y en 1994 obtuvieron sentencia del Tribunal Superior Agrario a su favor. La vieja casa del rancho -que está catalogada por el INAH como monumento histórico- se convirtió también en parte de ese ejido.

FUENTES: SENTENCIA pronunciada en el juicio agrario número 603/92, relativa a la ampliación de ejido, promovida por campesinos del poblado Tixhiñú, Municipio de Aculco, Edo. de Méx., Diario Oficial de la Federación, 10 de agosto de 1994. Memoria de la V. Exposición y feria regional, agrícola, ganadera e industrial del distrito de Jilotepec, México, Editora agrícola mexicana, 1955, p. 37.

lunes, 21 de enero de 2019

El restaurante Camino Real de las Carretas

En 1979 abrió sus puertas en la calle de Hidalgo el restaurante Camino Real de las Carretas. Así que este año cumple ya 40 años de vida, atendido siempre por su propietario el señor Trinidad Sánchez Andrade. Trini tuvo sin duda un gran mérito al fundar su negocio en un Aculco en que los visitantes eran todavía escasos y la afluencia turística distaba mucho de ser constante. Sostener el lugar durante cuatro décadas fue igualmente un gran logro. Y que hoy en día se pueda decir que El Camino Real de las Carretas es el restaurante más tradicional de Aculco es un premio a esta constancia.

En una entrada anterior de este blog (Avenida Hidalgo nímero 6) comenté ya que la antigua casa en la que se encuentra el restaurante es resultado de la partición de una propiedad más extensa. Antiguamente perteneció a don Ismael Martínez Arciniega, quien la intercambió precisamente con la familia Andrade por otra ubicada casa en la Plaza de la Constitución (donde el propio don Ismael levantó una construcción de nueva planta conocida hoy como la casa de don Alfonso Díaz de la Vega, su posterior propietario).

No conozco buenas fotos de la fachada de la casa en su estado original, pero por lo que se aprecia en algunas vistas lejanas la fracción correspondiente al actual restaurante tenía un solo balcón a cierta altura sobre el suelo. Justo en ese sitio se hallaba la sala de la casa, que es hoy el salón principal del establecimiento. El balcón desapareció al ampliarse el claro como nuevo acceso a esta porción de la casa y se abrieron tres nuevas ventanitas hacia la calle. Por un tiempo este acceso tuvo una escalerilla exterior para salvar el desnivel entre el salón y la calle, que fue eliminada quizá hace unos diez años.

Como decía, la sala de la casa fue convertida en el salón principal del restaurante y al hacerlo se conservó en buena medida el aspecto interior original: su techo de vigas de madera, su piso de ladrillo, la portada de acceso desde el patio construida en piedra blanca y ladrillo, una concha barroca en el capialzado de ese acceso, su rústica puerta de madera del siglo XIX. Amueblado este salón con mesas y sillas de madera, decoradas sus paredes con pinturas y antigüedades, resulta un sitio muy acogedor, en el que se antoja sentarse a comer y pasar el rato.

Más adentro, en lo que fue el patio y es hoy un segundo salón (mucho más amplio pero no tan cálido y grato como el primero), subsiste un par de portaditas de piedra blanca que confirman la antigüedad de sus muros, caracterizadas además por sus dinteles monolíticos.

Hace unos días tuve la fortuna de comer nuevamente en El Camino Real de las Carretas, acompañado de mi familia. Como siempre, Trini me recibió de la mejor manera. Ojalá pronto pueda volver para platicar mucho más tiempo con él, quisiera preguntarle por qué bautizó a su restaurante con ese nombre que siempre me ha parecido tan hermoso. Porque si bien es cierto que el Camino Real de Tierra Adentro fue muy importante en la historia de Aculco, ya casi nadie se acordaba de él como sitio emblemático hasta hace pocos años. Y me intriga también por qué utilizó precisamente esa versión, Camino Real de las carretas, el nombre de esta vía que uno suele encontrar en los documentos y mapas más antiguos...

lunes, 19 de diciembre de 2016

El almenado perdido de la parroquia de Aculco

Como se puede observar en un dibujo acuarelado de 1838 -localizado en la Universidad de Texas en Austin- del que muchas veces me he servido en este blog para mostrar aspectos de la arquitectura de Aculco, la nave del templo parroquial estuvo coronada antiguamente por almenas, esos salientes verticales que inmediatamente solemos relacionar con los castillos medievales. Las almenas, no obstante, no se restringieron al medioevo europeo, sino incluso en el México colonial fueron sumamente abundantes, especialmente en el siglo XVI. De ello dan testimonio innumerables iglesias y conventos de esa centuria en todo el territorio de nuestro país.

Aunque varios historiadores del arte mexicano se dejaron llevar por el aspecto guerrero que las almenas y otros elementos arquitectónicos daban a los antiguos monasterios novohispanos, hasta el punto de adjudicarles la denominación de "conventos-fortaleza" e imaginar que habían sido construidos en efecto para defenderse de un ataque de indígenas sublevados, en realidad su presencia tuvo un carácter más ornamental y simbólico. De hecho, como han observado muchos expertos, las almenas de los conventos difícilmente habrían ayudado a presentar una defensa efectiva ante un ataque por su ubicación irregular, pequeño tamaño y poca solidez.

En las cercanías de Aculco quedan algunos ejemplos de templos almenados. Uno es la capilla del pueblo de San Agustín, Jilotepec, otro, la iglesia de San Francisco Soyaniquilpan (aunque algo modificado) e incluso dentro de la jurisdicción municipal y parroquial está la antigua capilla de Santa Ana Matlavat, con su ábside almenado. También existen varios atrios adornados con almenas, como el de Jilotepec y el de Tepeji del Río. Aunque pocos y aislados, tenemos también el ejemplo de almenas aplicadas a la antigua arquitectura civil en las haciendas de Arroyozarco y Ñadó, y en el panteón municipal.

Pero para buscar un ejemplo realmente parecido al almenado que tuvo la parroquia San Jerónimo Aculco hay que ir un poco más lejos, al convento franciscano de Tula, o mejor aún, al agustino de Ixmiquilpan, ambos en el estado de Hidalgo. Al contemplar este último es posible tener una idea muy cercana al aspecto que debió guardar el templo de Aculco cuando estaba almenado, incluso en el ábside poligonal tan parecido al aculquense.

El almenado de la parroquia de Aculco desapareció con toda seguridad entre 1843 y 1848, cuando la cubierta de viguería fue reemplazada por la bóveda que existe actualmente y el presbiterio se cubrió con la cúpula. Pese a ello, quedan aún algunos vestigios del pretil sobre el que se erguían las almenas: en la esquina sur de la fachada se ve aún el inicio del mismo, que señala además la antigua altura de las azoteas, en tanto que en la fachada norte, a espaldas de la torre, existe todavía un tramo algo maltratado de dicho pretil. Quizá, incluso, el pretil que corona el ábside, circunvalando la actual cúpula, es tambien parte del original.

Y bien, ¿a qué época corresponderían dichas almenas? Aunque su desaparición, la destrucción asi completa del pretil y la reconstrucción completa de las cubiertas hacen muy difícil averiguarlo, considero que la existencia de ciertos vestigios del siglo XVI o principios del XVII ayudan a suponer que databan también de esos tiempos. Así, en cuanto a la época de construcción de sus muros y remates, y al aspecto que guardó hasta mediados del siglo XIX, el templo de Aculco bien pudo haberse inscrito bajo la denominación, equivocada como ya vimos, pero sugestiva, de "convento-fortaleza". Hoy, aunque sus gruesos muros siguen siendo los mismos, perdió con el almenado ese aire militar que tuvo durante, quizá, 250 años.