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lunes, 16 de mayo de 2011

La Ceja

Uno de los tramos mejor conservados de La Ceja.

La Ceja, conocida también como "La Calzada", es un camino construido al norte del pueblo de Aculco a principios del siglo XX, con el fin de enlazar -de oriente a poniente- dos fincas que por aquel entonces pertencían al mismo dueño, don Macario Pérez Jr: el Molino Viejo y la hacienda de Cofradía. Con una extensión de cerca de kilómetro y medio, su grato arbolado formado casi enteramente por cedros plantados por el propio don Macario, así como la belleza de sus alrededores (siempre verdes gracias al riego), lo convirtieron en agradabilísimo paseo para varias generaciones de aculquenses.

Fotografía satelital de la zona de La Ceja que, como se advierte, corre casi rectilínea entre el Molino Viejo y Cofradía. En la parte izquierda se notan los grandes trechos desforestados.

Monumento funerario de Delia Garduño, situado a la mitad del trayecto.

La calzada subsiste hoy en día, pero el deterioro imparable ha venido mermando su hermosura hasta el punto de preguntarnos por cuánto tiempo más podrá disfrutarse. Primero lo dañó el drenaje arrojado al río que corre en sus inmediaciones siendo que, además, las aguas negras son utilizadas para el riego de los alfalfares que se extienden al norte de este camino, con las obvias consecuencias en salubridad y malos olores. Más tarde, una plaga (quizá un insecto descortezador), mató a muchas decenas de coníferas que crecían a sus lados, dejando largos tramos desprovistos completamente de árboles, especialmente en su extremo poniente. Finalmente, a algún presidente municipal se le ocurrió rellenar los baches (que se forman normalmente en época de lluvias) con cascajo procedente de las laminadoras de cantera, lo que sin duda resuelve momentáneamente el problema pero dificulta el tránsito a pie y le confiere al camino un innegable aspecto de deterioro y descuido.

En esta zona, el arbolado norte de La Calzada casi ha desaparecido y sólo quedan los troncos secos.

Al fondo de la imagen se advierte uno de los montones de cascajo con los que suelen rellenarse los baches de La Ceja.

Trecho con su arbolado medianamente conservado.

Aunque ha habido varios tímidos intentos por reforestar La Ceja, lo cierto es que podrían contarse con los dedos de la mano los arbolitos sobrevivientes de esas acciones, ya que la gran mayoría murieron por el descuido, pero principalmente por el maltrato intencional, tanto de los ocasionales transeúntes como de los agricultores que prefieren tener un acceso más directo a sus tierras aunque para ello tengan que destruir algún retoño.

En este tramo se advierte la intención, ya vieja, de reforestar la vía, con los magros resultados que están a la vista.

Los alfalfares que se extienden al norte de La Calzada y son regados con aguas negras.

El problema de la contaminación del agua también se ha atendido, aunque sólo de manera parcial y en los últimos años: las aguas negras se siguen represando junto al Molino Viejo, justo al inicio de La Calzada; aunque sobre esta misma vía metros más adelante existe ya una planta de tratamiento del líquido, lo cierto es que sólo se puso en marcha en este trienio, despues de estar abandonada por largos años.

La Ceja no es sólo es un sitio de gran belleza en el paisaje aculquense: es también un lugar de importancia histórica al estar situado justo en la base de la loma en que se desplegó el ejército insurgente en la Batalla de Aculco del 7 de noviembre de 1810; lo es asimismo como vestigio de la presencia en estas tierras de la familia Pérez, a la que pertenció Sara, la esposa del presidente Madero; debería considerársele, además, parte integral del conjunto arquitectónico de ese par de edificios notables que son el Molino Viejo y la hacienda de Cofradía. Incluso, es uno de los mejores lugares en las cercanías del pueblo para observar aves propias de la zona, como gavilanes y halcones, e incluso las invasivas garcillas blancas que tanto llaman la atención.

Ojalá las autoridades de nuestro municipio se tomen un poco más en serio su conservación y no tengamos que lamentarnos algún día de su completa destrucción.

¿Estupidez, ironía o signo de los tiempos? El único árbol en toda la vía que luce un pretil protector (además de la habitual e inútil pintura blanca en su base)... es un cedro muerto y descortezado.

Las garcillas bueyeras, desconocidas en la zona hasta unas décadas y ahora parte numerosa de la fauna local.

viernes, 24 de septiembre de 2010

La historia y el vestigio material

Águila mexicana en la jabonera que pertenció al Hotel de Diligencias de Arroyozarco y después a doña Sara Pérez de Madero.

Mencionábamos en el post anterior que hace apenas unas semanas, la casa de antigüedades HQ, de la ciudad de Torreón, Coahuila, puso a la venta una colección de objetos que pertenecieron al presidente y revolucionario Francisco I. Madero así como a su esposa, Sara Pérez Romero, algunos de los cuales están relacionados con la aculquense hacienda de Arroyozarco.

Desde el momento de conocer que se encontraban en venta intentamos por lo menos conocer los precios de estos objetos, invaluables para la historia de nuestro municipio, pero desafortunadamente nos informaron que el lote fue vendido completo. Intenté adquirir del anticuario fotografías de los mismos en alta resolución, pero hasta el momento no han respondido mi solicitud y creo que ni siquiera se tomarán la molestia de hacerlo. Por ahora quizá sólo queda consignar su existencia.

La misma jabonera de mediados de la primera mitad del siglo XIX.

Para comprender la liga del siguiente objeto del que hablaremos con la hacienda de Arroyozarco, debemos recalcar primero la relación que el lote completo tiene con doña Sara Pérez de Madero, que como se sabe pasó su infancia en esa propiedad debido a que su padre era el administrador. Como se puede observar, la mayor parte de la colección se puede clasificar en dos tipos: objetos domésticos de uso cotidiano, con cierto matiz femenino, y "recuerdos". Entre los segundos, se encuentra la pintura en la que se observa el Molino de Arroyozarco, de la que hablamos en el post anterior. El objeto del que hablaremos hoy participa de ambos tipos: su uso es doméstico y sin embargo se trata de un recuerdo de otro de los edificios que componían el disperso casco de la hacienda, el antiguo Hotel de Diligencias.


Dos vistas de la jabonera de las Diligencias Generales.

Para la época en que vivió Sara Pérez en Arroyozarco, el Hotel de Diligencias había perdido ya ese carácter y se había transformado en la casa habitación principal de la hacienda. A pesar de ello, sobrevivieron muchos de los objetos que existieron en ella desde que el bilbaíno don Anselmo Zurutuza estableciera la posada de las Diligencias Generales que transitaban por el Camino Real de Tierra Adentro, en 1849. Se tiene constancia, por ejemplo, de la supervivencia del piano suizo de mediados del siglo XIX que en 1917 fue vendido al entonces administrador de Arroyozarco, don Juan Lara Alva. Y entre los objetos que debieron también sobrevivir se encontraba una hermosa jabonera de porcelana, que en algún momento Sara debió llevarse como recuerdo de su infancia pasada en este caserón, y que llegó muchos años más tarde a la casa de antigüedades en la que ha sido vendida.

Detalle del sello de la casa inglesa Copeland & Garret.

La jabonera es un hermoso ejemplar de porcelana de 21.5 centímetros de largo, 9.5 de ancho y 6.5 de altura. Fue fabricada por la casa inglesa Copeland & Garret, y gracias a la presencia de su sello se puede fechar entre 1833 y 1847, lo que coincide plenamente con el año de establecimiento del Hotel de Diligencias en Arroyozarco. La jabonera está adornada, además, tanto en la tapa como en su interior, con la leyenda "Diligencias Generales", el águila del escudo nacional de México, y un curioso dibujo de un coche tirado por cuatro caballos en el que viajan siete pasajeros.

Ornato de la jabonera que representa un carro de caballos.

Curiosamente, la jabonera también puede relacionarse de algún modo con la presencia en este lugar de un ilustre viajero y escritor, que se ocupó por lo menos en tres ocasiones de referir en sus obras su paso por Arroyozarco: Guillermo Prieto. En efecto, Prieto vió la conversión de lo que había sido el mesón virreinal en novedoso Hotel de Diligencias y, entre las cosas que le llamaron la atención, estaba el espíritu de orden y limpieza establecido por Zurutuza:

"... los altos habían cobrado el carácter del Hotel de Diligencias, merced al genio emprendedor de D. Anselmo Zurutuza, quien no sólo había improvisado salones, arreglado cuartos y dispuesto excelente fonda, sino que había dado a conocer espejos y lavamanos, baños e inodoros, llevando su celo al extremo de dictar un reglamento para el aseo de los concurrentes; atenciones para las señoras, y decencia y compostura en la mesa del comedor." Guillermo Prieto, "Memorias de mis tiempos".

En aquellos "lavamanos, baños e inodoros", reposaba ya seguramente la jabonera que después habría de pasar a manos de doña Sara Pérez y finalmente de algún desconocido y afortunado comprador, hace apenas unos días.


Vistas de las cuatro superficies de la jabonera.

 

ACTUALIZACIÓN: 8 DE ABRIL DE 2025

lunes, 9 de febrero de 2009

La hacienda de Cofradía y sus murales

Publicidad de la hacienda de Cofradía en el libro Toluca antigua y moderna / Álbum descriptivo del Estado de México (1901).

La hacienda de Cofradía tiene su origen en tierras pertenecientes a la nobleza otomí, cedidas más tarde (en el siglo XVII) por la india cacique Rosa María Francisca de los Ángeles a la Cofradía de la Purísima Concepción (de indígenas) fundada en la entonces vicaría y hoy parroquia de San Jerónimo Aculco.

Conforme a la Ley de desamortización -privatización- de los bienes comunales y de "manos muertas", promulgada en 1856, los bienes de las cofradías pasaron a propietarios particulares, en el caso de esta hacienda a las de la familia Romero, y poco despúes a don Ramón Pérez, administrador de la hacienda de Arroyozarco, quien la heredó a su familiar Macario Pérez, el primero de este nombre.

Macario Pérez Sr., también administrador de la hacienda de Arroyozarco, pasaría a la historia local como el prototipo del hacendado porfiriano: cruel, ventajoso, comprador de jueces, y con muchos "ahijados" sin padre conocido... Entre los cuatro hijos que sí reconocio se encontraba una niña, hija de Velina Romero: Sara. Años después, en 1903, se convirtió en esposa del que sería caudillo iniciador de la Revolución Mexicana, Francisco I. Madero.

La muerte de Macario Pérez en 1909 dejó la hacienda de Cofradía en propiedad de sus hijos y administrada por uno de ellos: Macario Jr. Fue él quien le dio mucha de su fisonomía actual, entre otras cosas con la elaboración de los diez murales que el pintor charro Ernesto Icaza ejecutó en los años de 1910, 1916, 1920 y 1923 -aunque Luis Ortiz Macedo opina que datan de entre 1908 y 1913- en los corredores del patio principal. Aunque el mayor, no es éste su único tesoro. En lo que se refiere a lo arquitectónico, el patio de la hacienda de Cofradía guarda la más hermosa serie de columnas toscanas que existe en el municipio, y el portal exterior de la casa principal es una bella muestra del trabajo de los canteros de principios del siglo XX.

En lo que respecta a lo histórico, la propia hacienda es en sí misma un documento, pero existe además en ella, empotrada en un muro de la capilla, la gran piedra con la leyenda "Aquí celebrando misa", sobre la que supuestamente el cura Miguel Hidalgo celebró la eucaristía en visperas de la Batalla de Aculco del 7 de noviembre de 1810. Esta piedra fue llevada de su emplazamiento actual desde el punto conocido como "El Salto".

Después de Macario Pérez, la propiedad -ya muy mermada por la reforma agraria, pues quedó reducida prácticamente al casco de la hacienda- fue vendida a don Armando Hernández, banquero, en cuya descendencia se conserva. Don Armando remodeló algunas viejas trojes para convertirlas en habitaciones, capilla, etc., y construyó las chimeneas que alegran los tejados de la vieja casa.

Lamentablemente, parece ser que el interés de sus actuales propietarios por la hacienda de Cofradía ha decaído mucho. Nos llegan noticias de que su deterioro avanza y que incluso el servicio eléctrico ha sido suspendido. También nos informan que su rescate ha sido propuesto a Rafael Tovar y de Teresa, hasta hace poco titular de la Comisión del Bicentenario, y aún a Carlos Slim, sin que se haya concretado nada. Incluso parece ser que quienes elaboran actualmente el expediente del Camino Real de Tierra Adentro para su designación como Patrimonio de la Humanidad, que incluirá al casco antiguo de Aculco, no han puesto suficiente atención a la importancia de esa hacienda.

Curiosamente, aunque por lo menos tres publicaciones desde la década de 1960 han reproducido los murales de la hacienda de Cofradía, ninguna de ellas ha presentado a los once existentes. Por ello, en próximos posts habremos de mostrarlos completos aquí, si bien algunos de ellos a partir de fotografías muy deficientes.

En fin, va esta llamada de alerta cuando aún es tiempo de rescatar este monumento histórico y sus pinturas murales. Ojalá no tengamos que lamentarnos en el futuro por su desaparición.

Vista general de la hacienda de Cofradía desde el patio de acceso. Al fondo, después de trasponer la entrada y a la izquierda se encuentra la casa principal.

La hacienda desde el extremo opuesto de la senda de acceso. Tras el arco que lleva en la clave el fierro de marcar de don Armando Hernández (una H en forma de freno de caballo), se ve la arquería del portal de la casa principal.

Detalle de la arquería del portal de la hacienda de Cofradía.

Vieja foto del patio de la casa principal de la hacienda de Cofradía. Obsérvense las hermosas columnas toscanas, la fuente (una de las pocas relativamente antiguas de Aculco) y, al fondo, los murales que asoman en las paredes del corredor.

Una vista reciente del patio en la que se observam varios de los murales de sus corredores.

Detalle de una de las pinturas murales de Ernesto Icaza en Cofradía, que muestra el asalto a una diligencia.

Don Macario Pérez (con el sombrero bajo el brazo) fue propietario de la hacienda de Cofradía hasta su muerte en 1909.