domingo, 23 de marzo de 2014

La llegada del protestantismo a Aculco en el siglo XIX

Desde la Conquista, uno de los mayores empeños de la Corona española fue mantener a sus dominios de América libres de la influencia del protestantismo que se había extendido por Europa bajo diversos credos: anglicanismo, luteranismo, calvinismo, anabaptismo, etcétera. Con ello, no sólo cumplían lo que veían como un designio providencial al dar al catolicismo más fieles de los perdidos por la herejía en el Viejo Continente, sino también apartar a sus reinos de las guerras de religión que ensangrentaron y dividieron a Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII.

Sin embargo, algunos cristianos no católicos llegaron a Nueva España durante los tres siglos del Virreinato. La mayor parte de ellos fueron piratas y corsarios de nacionalidad inglesa, francesa y holandesa tomados prisioneros en acciones de guerra o después de naufragar. También parece que unos cuantos llegaron ocultando sus verdaderas creencias y pudieron vivir pacíficamente hasta que una denuncia o algunas expresiones soltadas sin precaución los entregaban en manos de la Inquisición (por ello quedó constancia de su presencia). Hubo también algunos que llegaron con autorización de las propias autoridades españolas, como el extraño caso de unos constructores de barcos procedentes de Nueva York a los que se pretendía emplear en el puerto de San Blas, Nayarit, a fines del siglo XVIII.

Con todo, la Corona española logró su propósito y al iniciar la etapa del México Independiente en 1821 sólo una minoría -aunque influyente- cuestionaba seriamente el papel de la Iglesia Católica en el país y comenzaba a pugnar por la libertad de culto. Conforme avanzó el siglo XIX estas voces se fueron haciendo más fuertes; a veces abogaban por sí mismos aunque pocos lo declaraban con franqueza, pues el libre examen de las Sagradas Escrituras -elemento básico en casi todas las vertientes del protestantismo- y la eliminación del control de la Iglesia en todos los ámbitos de la vida social, concordaba con el liberalismo político-económico que profesaban. En otros casos, aunque practicaban el catolicismo con verdadera convicción, los defensores la libertad de culto veían en ella un factor de desarrollo económico pues pensaban que al decretarse atraería, como lo estaba haciendo Estados Unidos, a inmigrantes de toda Europa que contribuirían a la prosperidad de México.

Sin duda, la independencia de Texas acalló por un tiempo esas voces, pues resultaba evidente que la entrada de inmigrantes no católicos había propiciado, junto con otros muchos factores por supuesto, la pérdida territorial.

Los conservadores, por su parte, se mostraban siempre adversos a la libertad de culto. Pensaban que, siendo la población mexicana íntegramente católica (por lo menos de nombre), no había necesidad de permitir en las leyes otro tipo de cultos religiosos, ya que además en la práctica a nadie que tuviera otra religión se le perseguía; además, si se quería atraer inmigrantes, se debería buscar que procedieran de países católicos para así facilitar su integración. Pero había también motivos de orden práctico que expresó muy bien don Lucas Alamán: "es lo primero conservar la religión católica, porque creemos en ella y porque aun cuando no la tuviéramos por divina, la consideramos como el único lazo común que liga a todos los mexicanos, cuando todos los demás han sido rotos" (1). En un México profundamente dividido y desigual, anárquico, en el que todavía eran minoría quienes hablaban español, con estados que expresaban intenciones separatistas, extenso e incomunicado, la posición de Alamán no podía considerarse disparatada.

Finalmente, la Constitución liberal de 1857 permitió la libertad de culto de manera tácita, simplemente al eliminar de su texto cualquier referencia al tema, pues las constituciones anteriores tuvieron siempre un artículo que señalaba que la única religión de México sería la católica. La liberta de culto explícita la promulgaría el presidente Juárez tres años después, durante la Guerra de Tres Años, como parte de las Leyes de Reforma. A partir de aquel momento, pero en especial después del triunfo de la República frente al Imperio de Maximiliano en 1867, la llegada de misioneros protestantes y las conversiones que lograron, la apostasía de algunos clérigos católicos y el arribo de numerosos empresarios y comerciantes extranjeros permitieron arraigar a diversas denominaciones cristianas evangélicas en nuestro territorio. En su afán por atacar a la Iglesia Católica, además, los liberales jacobinos en el poder dieron toda clase de facilidades a la predicación protestante, que naturalmente llegó en primera instancia desde Estados Unidos. Más tarde algunos de estos liberales como Ignacio Ramírez "el Nigromante" (quien, por cierto, era ateo) se arrepintieron de ello y alentaron la creación de una iglesia protestante nacional como fue la Iglesia de Jesús, fundada por el padre Manuel Aguas y otros clérigos católicos que habían renunciado a su fe.

El protestantismo llegó a tierras aculquenses en la primera mitad de la década de 1870. El sitio de entrada de estas nuevas creencias a Aculco fue precisamente el punto desde el que le llegaba tradicionalmente toda novedad: la hacienda de Arroyozarco y otros puntos situados sobre el Camino Real de Tierra Adentro. Todo comenzó en 1874, cuando un ministro protestante que predicaba en Nopala extendió sus trabajos a Tenazat y Encinillas, en la jurisdicción parroquial de Aculco (hoy en día pertenecientes a Polotitlán). Probablemente la predicación de este religioso tuvo entonces éxito con algunas decenas de conversiones, pero una sola valdría por muchas: la del administrador de la hacienda de Arroyozarco, don Macario Pérez Sr., el mismo que sería años después suegro de don Francisco I. Madero (2).

La situación alarmó naturalmente al clero católico, pues veía en riesgo a "multitud de gente que habitaba en la hacienda, 'ya como operarios del campo, arrendatarios o peones; ya como venteros, artesanos o empleados de diversas clases; como se puede inferir de la grande extensión e importancia de la finca'". Sin embargo, don Macario era sólo el administrador, y don Manuel Rozas Irazábal, el propietario de Arroyozarco, seguía siendo católico. Por ello se mantuvieron sin cambios los servicios prestados por el párroco de Aculco en la capilla de la hacienda (3).

Pasaron algunos años. Don Manuel Rozas falleció en 1877 y la hacienda de Arroyozarco quedó en manos de su sobrina, María Dolores Rozas. Ella nombró a Macario, quien era al parecer su medio hermano, para que continuara como administrador de la finca. Mas la juventud de la dueña legítima -tenía apenas 17 años- le permitió al administrador usar y abusar del cargo como le vino en gana (4). Fue entonces que tomó todas las medidas posibles para expandir el culto protestante en sus dominios y disminuir el católico. Así, hizo un llamado a los misioneros de la Iglesia Metodista-Episcopal (que habían llegado al país en 1873 y adquirido el antiguo claustro mayor del convento de San Francisco, en la ciudad de México, para fundar su templo de la Santísima Trinidad) para que acudieran a establecerse al lugar. El reverendo John William Butler, irlandés y fundador de las misiones metodistas de México y de la India, escribió:

One of the most important works in our mission to-day is Arroyozarco. Long before any Christian missionary found out this beautiful spot up in the mountains, Christian tracts and a copy of the Bible had providentially found their way thither. Last spring, as a result of the work of these silent messengers, there came to us a true Macedonian cry. We hastened "over to help", and found on our first visit nearly sixty souls waiting to be taught more perfectly the new way (5).

(Una de las obras más importantes de nuestra misión hoy en día es Arroyozarco. Mucho antes de que cualquier misionero cristiano descubriera este hermoso lugar en las montañas, folletos cristianos y una copia de la Biblia habían encontrado providencialmente su camino hacia allá. La primavera pasada, como resultado de la labor de estos mensajeros silenciosos, vino a nosotros un verdadero grito de Macedonia. Nos apresuramos "a ayudar", y encontramos en nuestra primera visita casi sesenta almas esperando a aprender con mayor perfección el nuevo camino.)

Con aquello del "grito de Macedonia", que se refiere a la visión que tuvo San Pablo en Troas (Hechos de los Apóstoles 16:09), cuando en sueños se le apareció un hombre le rogaba ir a Macedonia a ayudarlos, Butler naturalmente hablaba del llamado de don Macario Pérez. Al llegar a la hacienda, los metodistas miraron con horror iconoclasta las bellísimas imágenes de santos que llenaban la capilla de la hacienda y las más humildes de los altares domésticos de las viviendas de los trabajadores. En un artículo titulado "Mexico-Light in the darkness" ("México-luz en la oscuridad"), publicado originalmente en el Zion's Herald, el propio Butler escribió:

About ninety miles north of the city of Mexico, "beautiful for situation", lies the immese state of Arroyozarco on which over a thousand persons are employed. Until recently these people lived in "the land of darkness and the shadow of death". The Word of God was to them an unknown book; the gospel's shining rays had not penetrated into those sombre regions. Near every cluster of mud huts there was a little chapel with its altar; but such an altar! These altars, instead being places where shone forth the "brightness of his glory", where literally covered with idols, pictures of saints, and such a variety of human inventions as, like the locusts of Egypt, "covered the face of the whole earth, so that the land was darkness".

During our firsts visits to this place we learned of a beautiful incident which suggested the title of this article. One day a poor labourer fell ill, and soon came down to death's door. Realizing his critical condition he asked a fellow-labourer to go and bring the priest, so that he might confess, receive the last sacrament, and be ready to die. This fellow-labourer said to him, "A neighbour of mine has a book in his house which I want to bring you first". So oft he ran to bring the book. He himself knew very little about it, but as he returned and sat by the dyin man's side, he opened the book, as he supposed accidentally, in the Acts of the Apostles, and instantly his eye fell upon the following verse, which he read aloud: "What must I do to be saved?" He read on: "Believe on the Lord Jesus Christ, and thou shalt be saved". He proceeded to turn the leaves of that wonderful book, and read to his dying friend such verses as he thought appropriate to his circumstances. Soon the pallid countenance began to gleam, and the tears fell profusely. Then he asked his dying friend, "Shall I go now for the priest?" "Oh, no", was the reply, "I am satisfied"; and in a few moments he died happy in Jesus. "A brand plucked from the burning", without priest or sacrament -another testimony of the inestimable value of the word. On this word is founded our little congregation of Arroyozarco (6).

(A unos noventa kilómetros al norte de la ciudad de México, "hermosa por su ubicación", se encuentra la inmensa finca de Arroyozarco, en la que se emplean más de mil personas. Hasta hace poco, estas personas vivían en "la tierra de tinieblas y en sombra de muerte". La Palabra de Dios era para ellos un libro desconocido, los brillantes rayos del Evangelio no habían penetrado en aquellas regiones sombrías. Cerca de cada grupo de chozas de barro había una pequeña capilla con su altar, ¡pero qué altar! Estos altares, en lugar de ser lugares en los que brillara el "resplandor de su gloria", estaban literalmente cubiertos de ídolos, imágenes de santos, y una variedad de invenciones humanas que, al igual que las langostas de Egipto, "cubrieron la faz de toda la tierra y la tierra se oscureció".

Durante nuestras primeras visitas a este lugar nos enteramos de un hermoso incidente que sugiere el título de este artículo. Cierto día, un pobre trabajador cayó enfermo y pronto estuvo a las puertas de la muerte. Al darse cuenta de lo crítico de su estado, le pidió a un compañero traer al sacerdote, para que pudiera confesarse, recibir los últimos sacramentos y disponerse a morir. El compañero le dijo: "un vecino mío tiene un libro en su casa que quiero traer antes". Así que corrió a traer el libro. Él mismo sabía muy poco de aquél, pero cuando regresó y se sentó al lado del hombre que moría abrió el libro, suponiendo que por accidente, en los Hechos de los Apóstoles, y al instante sus ojos se posaron en el siguiente versículo, que leyó en voz alta: "¿Qué debo hacer para ser salvo?" Siguió leyendo: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo". Él procedió a pasar las hojas de ese maravilloso libro, y leyó a su amigo moribundo versículos que creyó adecuados a sus circunstancias. Pronto su semblante pálido comenzó a brillar y las lágrimas cayeron profusamente. Entonces le preguntó a su amigo moribundo, " ¿Voy ahora por el sacerdote? " "Oh, no", fue la respuesta, "estoy satisfecho", y al poco murió feliz en Jesús. "Un tizón arrebatado del incendio", sin sacerdote o sacramento -otro testimonio del inestimable valor de la palabra. En esta palabra se funda nuestra pequeña congregación de Arroyozarco.)

La congregación metodista de Arroyozarco era atendida por el predicador Paulino Martínez, antiguo seminarista que llegó a recibir el subdiaconado en la diócesis de Guadalajara y había apostatado del catolicismo. Según escribió el párroco de Aculco, José Ma. Flores, en 1885, Martínez había seducido y casado civilmente con una "desgraciada de Arroyozarco" (7). Macario Pérez le dio todas las facilidades para instalarse, le proporcionó un local y los muebles necesarios para sus reuniones (8). El propio superintendente de las misiones metodistas en México, el reverendo Charles W. Dress, llegó a predicar dos veces en Arroyozarco a principios de marzo de 1884, y asistió a la apertura de la escuela metodista local "bajo auspicios muy favorables" (9). A esta escuela acudía, ese mismo año, un total de 25 alumnos: 12 niños y 13 niñas (10). En su número de abril de 1884, el periódico El Abogado Cristiano Ilustrado, editado por la Iglesia Metodista Episcopal, reportaba:

ESCUELA HIDALGO

Con este nombre tan respetado y querido de todo mexicano ha abierto nuestra Iglesia una nueva escuela en Arroyozarco, de la cual es director el Sr. Paulino Martínez. Esperamos con fundamento ópimos frutos de este plantel, que será mirado con la misma solicitud y empeño que lo ha sido la congregación que tenemos allí mismo establecida, por nuestro apreciado amigo el Sr. Macario Pérez, quien se muestra tan entusiasta por cuanto dice relación, directa o indirecta, por la instrucción y moralidad de las clases trabajadoras, cuyo progreso y bienestar tanto le preocupa e interesa (10b).

En su combate al catolicismo, don Macario Pérez comenzó por anunciar al vicario de Aculco que la hacienda no pagaría ya los diez pesos que daba para las misas, "porque la casa estaba pobre", lo que motivó que los empleados católicos reclamaran al administrador su decisión. Le reprochaban, por ejemplo, que no tuviera recursos para pagar al sacerdote, "pero sí tiene para pagar al ministro protestante que viene cada ocho días desde esa capital, se le costea el viaje en el ferrocarril, se le trae en carruaje desde la estación de Dañú y se le lleva para que regrese a la capital. Se costean ministros protestantes para las escuelas, y se obliga a los padres de familia a enviar a sus hijos a ellas, so pena de privacía de quehacer..." (11).

Por aquellos días Arroyozarco estaba pasando por una terrible sequía que afectó de manera señalada a la comunidad protestante. A fines de año, el periódico El Abogado Cristiano Ilustrado informaba que la falta de agua había producido "grandes trastornos en la fábrica y hacienda de Arroyozarco, y asimismo ha perjudicado a la congregación y escuela allí establecidas. Muchos de los trabajadores han tenido que salir a otras partes y el resultado ha sido la disminución de la congregación y de la escuela" (12). En efecto, dos tercios de los operarios de la fábrica de casimires El Progreso de Arroyozarco, movida todavía entonces por energía hidráulica, eran miembros de esa iglesia y, aunque el reporte parece exagerado, se decía que "cientos de familias" se habían visto obligadas a emigrar en busca de trabajo (13).

Quizá esa disminución en en el empuje del protestantismo en Arroyozarco fue lo que hizo que el arzobispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, al tomar cartas en el asunto de la supresión de las misas católicas en la hacienda, lo hiciera de manera conciliadora con Macario Pérez. Así, con la anuencia del administrador y el interés en ello de doña Dolores Rozas, propietaria de finca, el arzobispo destinó a Arroyozarco el 27 de marzo de 1885 al padre Rosendo Pérez para restablecer el culto católico, con la recomendación de que obrara "en armonía y buena inteligencia" con don Macario. El resto de las instrucciones que recibió el padre Pérez estaba dirigido a evitar el enfrentamiento de la población católica y del propio sacerdote con los protestantes: eludir todo encuentro con los ministros metodistas, nada decir a los que siguieran sus prácticas (excepto cuando espontáneamente lo consultaran), informarse al bautizar un niño o un adulto si no lo había sido ya bajo el rito evangélico y qué ceremonias se habrían usado, absolver a los protestantes que acudieran a la confesión incluso del pecado de herejía mixta, predicar en la capilla y sacar procesiones con la anuencia del administrador, así como casar en caso de muerte de no existir impedimento canónico (14).

De esta manera, el padre Rosendo Pérez, casi sin tiempo para prepararlas, pudo realizar las funciones de Semana Santa de aquel año sin oposición, como comunicó oportunamente don Macario al arzobispo el 5 de abril, Domingo de Resurrección. Satisfecho de la buena relación que parecía existir entre el sacerdote católico y el administrador protestante, el arzobispo decidió nombrarlo vicario y crear una jurisdicción separada que incluía no sólo parte del territorio parroquial de Aculco, sino también las tierras de la hacienda que caían dentro de los límites de las parroquias de Acambay y Jilotepec. Aún más: el prelado decidió que también le correspondería atender a los pocos católicos de la ranchería de Encinillas (donde la población protestante era mayoritaria) y la vicaría de San Francisco Soyaniquilpan, que estaban fuera de la propiedad (15).

Uno de tantos conflictos que tuvo que atender el padre Rosendo Pérez en Arroyozarco fue el que se refería al entierro de los protestantes que fallecían. En el período anterior a su llegada, habían sido sepultados en el mismo cementerio de la hacienda utilizado por la población católica. El padre Pérez sugirió y obtuvo la autorización de poner una valla que dividiera en dos el camposanto, a mediados de 1885 (16).

Pero si don Macario Pérez se había mostrado aquiescente, de buen o mal grado, a todas las sugerencias del padre Rosendo (pese a que el párroco de Aculco opinaba que el administrador era un hombre sin moralidad que sacrificaba todo en aras de sus pasiones), el predicador Paulino Martínez, "el más tenaz en el protestantismo, el maestro de escuela puesto por el administrador, que ejecuta fielmente las órdenes de Lutero en aquel lugar" no pudo soportar aquella situación de convivencia entre católicos y protestantes, así como de indiferencia hacia su persona, y pasó a la ofensiva.

Martínez estaba decidido a conseguir la salida del padre Pérez, pues como escribió al encargado de difundir el protestantismo en Jilotepec, "el fraile que está aquí perjudica mucho nuestra causa con el púlpito y el confesionario". Así, primero convenció al administrador de expulsar a las familias de los empleados que enviaban a sus hijos a la escuela católica que él mismo le había permitido establecer al padre Pérez, y los recontrató sólo bajo la condición expresa de enviar a sus hijos a la escuela municipal. Después, en el mes de julio, consiguió la destitución del director de dicha escuela municipal, un antiguo aspirante al ministerio metodista que había regresado al redil católico por influencia del padre Pérez, para ser nombrado él mismo como nuevo director por el Jefe Político de Jilotepec pues, según el Annual report of the Missionary Society of the Methodist de 1885, aquél había "sobrepasado sus límites, y enseñado la superioridad de la Iglesia de Roma y su autoridad sobre el Estado". Aquel cambio de director, visto como "providencial" desde el punto de vista de los protestantes, tuvo un curioso suceso cuando los inspectores de educación -por lo visto menos liberales que el Jefe Político- se presentaron días después a hacer su visita anual a esa escuela. Así lo narra la misma publicación evangélica:

Decidieron llamar a nuestro hombre [el predicador metodista] "al orden" por la enseñanza de la Constitución de su país en lugar del "Catecismo de Ripalda". Al principio, de hecho, se negaron a examinar a la clase, e incluso amenazaron con suspenderlo de su puesto. Afortunadamente, nuestro maestro estaba lo suficientemente familiarizado con el libro como para saber cómo responder a los examinadores fanáticos. Así que repuso calmadamente que si se negaban a continuar con los exámenes, lo notificaría al comandante militar de la plaza. Con lo cual el examen siguió, y el pequeño volumen que tanto detestaban sirvió como libro de texto para, al menos, una clase. Así se ganó otra victoria sobre el fanatismo ignorante, y se dio un paso hacia el día en que la importancia de "la libertad de culto y de expresión", garantizada por la Constitución, sea un hecho para los millones de esta tierra largamente controlada por los sacerdotes.

Poco tiempo después Martínez continuó su ofensiva: cuando el padre Rosendo Pérez sacó una procesión fuera de los límites del templo con el permiso de don Macario Pérez, el reverendo Martínez lo denunció a las autoridades por violar las Leyes de Reforma, por lo que el sacerdote católico fue aprehendido y llevado por siete soldados a Jilotepec (17).

No contento con todo ello, el reverendo se quejó en una carta abierta dirigida al padre Rosendo, que publicó íntegra el diario El Monitor Republicano el 15 de julio de 1885, de los adjetivos que supuestamente había vertido contra su persona desde el púlpito, llegando en su protesta al extremo de llamar sociedad vampírica al catolicismo (18). Aunque larga en extensión, las quejas podían resumirse en tres: haberle llamado nocivo para sociedad, hablar en contra de las autoridades civiles y pedir a su feligresía no tener trato con el ministro protestante ni llevar a sus hijos a la escuela que él dirigía:

Carta abierta

Arroyozarco, julio 4 de 1885.

Sr. Presbítero Rosendo Pérez.-Presente.

Muy señor mío:

Habiéndome comunicado personas fidedignas y de entero crédito, que el mipércoles 1o. del actual -olvidando los bienhechores preceptos del Decálogo y las máximas sublimes, caritativas y consoladoras, del Cristianismo puro- convirtió vd. la tribuna dizque cristiana en trono bélico de Júpiter, tronando rayos y centellas contra nuestras autoridades legítimamente constituidas; fulminando excomuniones contra todos aquellos que siguen el bando de Juárez; contra los protestantes, contra todos los padres de familia, tutores o encargados de menores, que mandaran a sus hijos a la escuela municipal; y muy particularmente contra mi individuo; diciendo al auditorio que no debían saludarme, ni aún rozarse con mi ropa, porque yo era un hombre nocivo ante la sociedad, hereje, etc; y en su consecuencia, se condenaban los que, siquiera, me dirigieran una mirada...

Por lo expuesto, me veo en la necesidad de contestar vuestros católico-papistas ultrajes.

Advirtiendo al público sensato que si dichos ultrajes, no tuvieran otro fin que execrar mi persona, los vería como merecen ser vistos!...

Mas como vuestro fin, es amedrentar a los padres de familia, para que no manden a sus hijos a la escuela municipal (de la que soy director) estoy aun más obligado a contestaros; pues mi silencio, en tal caso, sería un delito que jamás podría perdonarme, el Partido neto-liberal, al cual tengo la dicha, el honor y la gloria de pertenecer.

Así pues, Sr. Pérez, entremos en materia.

Tened la bondad de decirme; por qué soy nocivo para la sociedad? Qué crímenes he cometido? Qué pena infamante me han aplicado las leyes o los representantes de la sociedad?

¡Vamos señor presbítero! Convenid en que vuestro discurso del 1o. del actual nada tuvo de cristiano. Lo habéis elaborado en medio de las convulsiones de la agonía papista...

Era muy natural.

Os habían noticiado que en la mañana de ese día, previa la protesta de ley (*) había arrancado de manos de vuestro ciego adepto y estimado favorito (antes herjísimo y aspirante a ministro protestante) la dirección de esta escuela municipal.

Y como nada tenía que alegar vuestro acomodaticio favorito; pues se le despedía por inepto y desobediente a las Leyes de Reforma (como puede justificarlo la H. Junta de Instrucción Pública del Distrito) era muy natural que tratara de pintarlo, en el púlpito, como una víctima más del bando de Juárez; y dijérais de mí todo lo que vino en aquella hora, a vuestra loca y calenturienta imaginación.

Empero, debíais haber explicado mejor -de un modo más claro- por qué (en vuestro concepto) soy nocivo a la sociedad.

Es decir, poco más o menos, en estos términos: "Ese hereje que acaba de recibir la escuela municipal es un hombre nocivo a la sociedad romanista; porque no subyuga su conciencia humana, bajo el yugo férreo del Papismo; porque no degrada sus facultades intelectuales, ante esa densa bruma que ofusca completamente los destellos sublimes de la inteligencia con que el Creador dotara al hombre, al crearle a su imagen y semejanza... es nocivo a la sociedad de las siete colinas porque no nos ayuda a embrutecer al pueblo y sumergirle en la ignorancia para explotarle con más facilidad. ; es nocivo a la gran familia del Papa porque les enseña a vuestros tiernos hijos -esa riquísima presa, ese sabroso y suculento manjar de nuestro porvenir, en el cual tenemos la única esperanza de nuestro porvenir- los derechos del hombre consignados en ese Código, siete veces herético, del 57, y les enseña además sus obligaciones civiles!.."

Sí; es nocivo a la sociedad de la Ciudad Eterna porque transige con el progreso y propaga activamente el credo malhadado de la Democracia moderna: Libertad, Igualdad, Fraternidad! Y sobre todo; es siete mil veces nocivo a nuestra sociedad vampírica porque tuvo la audacia de acusarme ante la autoridad política del distrito, por infractor y desobediente a las Leyes de Reforma. Por todo esto; mis... queridos oyentes, no mandéis vuestros hijos a la escuela. Ni le saludéis a ese condenado! Ni consintáis en el roce de su traje!...

Aún más, cuando pase cerca de vosotros ni le miréis!...

Al explicar por qué soy nocivo a vuestra digna familia (os hablo comos sectario del Romanismo) habríais obrado con justicia y verdad.

En cuanto a la herejía, les hubiérais explicado por qué soy hereje y en qué consiste mi herejía.

Os suplico muy afectuosamente, que en la próxima tempestad que lanzéis desde la tribuna de Júpiter, les expliquéis esto:

Soy hereje, porque he leído las Sagradas Escrituras y en ellas he encontrado la verdad pura y sublime en todo su esplendor! Allí he reconocido el Cristianismo en su primitiva forma y esencia... Le he visto libre de todas las cadenas que le forjó el Papismo! ¡Ah! La doctrina del Salvador y Regenteador de la Familia Humana, ha hecho palpitar mi corazón de un modo inexplicable!...

[...]

En fin, señor Presbítero, tendría que llenar muchos volúmenes, para deciros todas las negras iniquidades de vuestra sociedad papista. Por lo mismo, sinteticemos las causas de mi herejía así:

Soy hereje porque no regalo mi trabajo a vuestra digna sociedad, para que lo emplee después en... obras de caridad. Estoy anatematizado, porque maldigo la memoria de Pedro Arbués, Domingo de Guzmán, Ignacio de Loyola y todos los demás asesinos; así como bendigo la de los caritativos Vicente de Paul, Francisco de Asís, Juan de Dios y demás bienhechores de la humanidad como Hidalgo, Juárez, Washington, Bolívar, Ocampo, Comonfort, degollado, Iturbide (Sabás) y otros muchos!...

Soy herejísimo, en fin, porque no me burlo de la madre del Salvador, deificándola como a los dioses de la gentilidad pagana, sino dándole su verdadero lugar de Santa y altamente favorecida del Altísimo; pero nunca Madre de Dios!!

Termino suplicándoos que obréis de un modo más cristiano y caritativo! Siquiera por conveniencia vuestra no le echéis más lodo a vuestra religión! Poned las cosas en su verdadero lugar!

Decidles a los padres de familia que manden a sus hijos a la escuela; pues nada deben temer de la enseñanza puramente civil que aquí se les enseña.

Decidles que según la ley orgánica del 15 de mayo de 1875, la enseñanza es obligatoria a todos los niños mayores de cinco años y menores de doce y que el apóstol Pedro a quienes vosotros tituláis primer Papa de Roma, dice: debemos ser sujetos y obedientes a toda ordenación humana por causa del Señor.

Vuestroa afectísimo servidor.

P. Martínez.

(*) Aunque no se me exigió dicha protesta, ni por el Auxiliar presente, ni por el preceptor saliente.

En carta del 25 de julio de 1885, el padre Rosendo Pérez afirmó al arzobispo que aquel texto era calumnioso en todas sus partes, "pues nada he dicho en el púlpito que pueda ofender a persona alguna". Negó también haber predicado contra Martínez ni contra las autoridades, tampoco haber pedido a los padres de familia que no enviaran a sus hijos a la escuela municipal (cosa que le constaba a don Macario Pérez). En sucesivas misivas enviadas en esos mismos días, le comunicó que se encontraba en una situación crítica, "perseguido, calumniado y sin ningún apoyo para el santo Ministerio" y que "ya no puedo predicar, porque como los protestantes comprenden la gran fuerza que tiene la palabra de Dios, la atacan y me calumnian que digo cosas ofensivas a sus personas; sin embargo, no debo callar". Asimismo, afirmaba que no había hablado en contra de ninguno de los ministros protestantes que celebraban su culto en Arroyozarco, ni contra Martínez, ni contra el reverendo Butler, ni contra el padre Agustín Palacios (sacerdote católico apóstata que entre 1871 y 1879 había dirigido su propia iglesia y se había unido después al metodismo) (19).

El sacerdote, sin embargo, se topó con la falta de determinación del arzobispo para actuar o quizá un exceso de prudencia. Puede ser que estuviera esperando a hablar personalmente con Macario Pérez o simple espíritu de tolerancia, pero la situación desgastó innecesariamente al padre Rosendo Pérez y a su feligresía. Finalmente, el 30 de noviembre de 1885, el sacerdote salió de Arroyozarco para ejercer su ministerio como vicario de San Andrés Timilpan y los pueblos, ranchos y rancherías que habían conformado la vicaría de Arroyozarco regresaron a sus respectivas parroquias. (20)

Pese a que la suspensión del trabajo en la fábrica de Arroyozarco se había mantenido aquel año, y ello afectaba especialmente a su congregación (que contaba entonces, 1885, con 50 adherentes y una asistencia promedio de 15 feligreses a los servicios dominicales), los metodistas se mostraban optimistas por el apoyo que recibían y la manera en la que se había ido esparciendo su credo desde ahí hacia Jilotepec y otros pueblos de la zona. Hablan incluso de que quizá, en unos años, en lugar de hablar de la "congregación de Arroyozarco" lo harían del "circuito de Arroyozarco" (20b). Pero entonces la situación dio un giro inesperado. Doña Dolores Rozas, dueña de la hacienda, contrajo matrimonio con el reconocido abogado Lic. Agustín Verdugo. A través de don Agustín, Dolores le solicitó a Macario Pérez la entrega de la hacienda, recuperando así el control de la propiedad que su condición de mujer, su juventud y orfandad le habían impedido detentar cabalmente. Macario exigió una compensación exorbitante de 80,000 pesos sólo por concepto de administración de la hacienda, más otros gastos. Parece ser que el matrimonio Verdugo-Rozas, con tal de librarse de él, aceptó pagarle $63,890.00 pesos por el tiempo de su administración, más $28,800.00 por otros adeudos, con los bienes inventariados al 30 de noviembre de 1885. Así, Macario dejó de ser administrador de la hacienda de Arroyozarco y su influencia se redujo enormemente (21).

Ya con Macario fuera de la administración de Arroyozarco, y estableciendo un acuerdo con don Agustín Verdugo, el arzobispo retornó en septiembre del año siguiente a la idea de crear una vicaría fija en la hacienda que no dependiera de ninguna parroquia, sino directamente de la Mitra. Nombró para ocuparla al padre Teófilo Rojas, a quien la nueva administración de la hacienda le daría mensualmente 150 pesos, se le proporcionaría habitación en la hacienda "modesta y decente", se le darían los alimentos y, en contraparte, el sacerdote estaría obligado a administrar los sacramentos sin exigir derechos y estipendios. Sólo los cobraría a los feligreses comprendidos en la delimitación de la vicaría que no pertenecían a la hacienda de Arroyozarco. El 21 de enero de 1887 esta jurisdicción quedó delimitada por el arzobispo, incluyendo naturalmente todo el territorio de la hacienda, más las rancherías de Encinillas, Dos Caminos, Mesón Viejo llamado Rosal Chico, Encinos, Santa Gertrudis, Estancia de San Francisco, San Antonio, Trujillo, Huapango, El Capulín y La Lechera (22). La congregación protestante de Arroyozarco, falta del apoyo de don Macario Pérez, comenzó a decaer. Para 1887, mientras las congregaciones de Arroyozarco y Jilotepec se hallaban ya sin guía de algún pastor, el reverendo Paulino Martínez residía en San Juan del Río, Querétaro (23). Esta decadencia (que incluía lo económico) fue descrita así por los propios metodistas:

Arroyozarco was last year the seat of a hopeful work being the centre of a large hacienda. The work had been begun at the invitation of the adiministrador of the estate, but as it has changed hands and that gentleman is no longer in charge, our chapel was taken away from us, our people deprived of work and nearly all has been lost apparently. Our preacher still visits the place and encourages the few who remain but temporarily our work is almost entirely rooted up.

Jilotepec is one of the oldest towns in Mexico, having a history which turns far back beyond the conquest. We have here a circle of friends and believers of rather better social standing than anywhere else in the district, and the outlook for a good work is very good if we can properly attend to it. When our preacher was obliged to leave Arroyozarco he removed to this place and has made it the centre of his operations, visiting San Sebastian, Acazuchitlan and other villages, in each of which we have friends. But the present civil authorities of the State of Mexico are so hostile that our work in all this región has been hindered.

Finances. If we deduct the $150 reported last year from Arroyozarco and given by the gentleman in charge, I suppose in the way of rent, the total contributions on the district have been about one third more than last year. The missionary collections were especially good, being almost double what they were the previous year. In the midst of the greatest poverty Our people are learning to contribute to the benevolences of the Church. Had we a better-to-do class of people we could soon reach self-support (24).

(Arroyozarco fue el año pasado la sede de una obra esperanzadora por ser el centro de una gran hacienda. El trabajo se había iniciado por invitación del administrador de la finca, pero ya que ha cambiado de manos y este señor ya no está a cargo, se nos quitó nuestra capilla, nuestras personas fueron privadas de trabajo y casi todo se ha perdido, aparentemente. Nuestro predicador todavía visita el lugar y anima a los pocos que permanecen temporalmente, pero nuestro trabajo está casi completamente desarraigado.

Jilotepec es una de las ciudades más antiguas de México, con una historia que se remonta más allá de la Conquista. Aquí tenemos un círculo de amigos y creyentes de bastante mejor posición social que en cualquier otro en el distrito, y las perspectivas para un buen trabajo son muy buenas si podemos asistir adecuadamente al mismo. Cuando nuestro predicador se vio obligado a abandonar Arroyozarco se trasladó a este lugar y lo ha convertido en el centro de sus operaciones, visitando San Sebastián, Acazuchitlan y otros pueblos, en cada uno de los que tenemos amigos. Pero las actuales autoridades civiles del Estado de México son tan hostiles que nuestro trabajo en toda esta región se ha visto obstaculizado.

Finanzas. Si restamos los $150 reportados el año pasado de Arroyozarco y suministrados por el caballero a cargo, supongo que en cuanto a rentas las contribuciones totales en el distrito han sido alrededor de un tercio más que el año pasado. Las colectas de los misioneros han sido especialmente bueas, siendo casi el doble de lo que eran el año anterior. En medio de las pobreza más grande nuestra gente está aprendiendo a contribuir a la benevolencia de la Iglesia. Si tuviéramos una clase de personas más prósperas pronto podríamos llegar a la autosuficiencia).

Justo cuando el predicador Paulino Martínez fue enviado a San Juan del Río, Francisco L. Aguilar envió una carta al periódico católico El Tiempo, advirtiendo del "peligro" que su presencia representaba para los sanjuanenses:

Ha salido de la ciudad de Jilotepec en estos días, con dirección a San Juan del Río; con el exclusivo objeto de plantar allí un colegio; el cual tendrá por única base sus ideas masónicas, quedarán por consecuencia inconcusa esa población, si no lo rechazan, la discordia e inmoralidad, como en otros lugares ha hecho.

[...]

Ese individuo se llama Paulino Martínez, es de estatura mediana y un tanto fornido, de escasa barba, color trigueño. Ese individuo siempre emprende cuestiones principalmente con los sacerdotes, no esgrimiendo más armas que la calumnia y la hipocresía. Entre los suyos, es tenido como divinidad en talento, entre los católicos, como hipócrita trastornador de la sociedad; ha nurtido su cerebro con impías novelas, de las cuales ha sacado sus perversas doctrinas, que hoy con su crasa ignorancia diviniza y trata de propagarlas entre los seres débiles, como un gran apóstol de Jesucristo.

Además una de las notas que lo distinguen es su afabilidad con el sexo femenino, hablándole de aquello que más les agrada; con el fin de se que sea tenido en la sociedad como hombre sensato e instruido, para engañar a los incautos. No dudo que la presente noticia que hoy doy a la respetable y católica población de San Juan del Río, llegue a oídos de Paulino Martínez, y de los suyos y dirán por los periódicos liberales que es mentira; pero antes de que me exijan pruebas, las daré únicamente con pedir el testimonio y ratificación a las personas que han tenido ocasión de conocerle. Dígalo Arroyozarco, que por algún tiempo le tuvo en su seno y sufrió las consecuencias de sus falsas doctrinas y hasta hoy se encuentran muchos con extraviadas ideas. Dígalo Jilotepec, a donde sembró la calumnia, la división, el odio y sembró sus míseras ideas entre pobres incautos, que hoy se revuelcan en el fango inmundo del desprecio y del ridículo. Dígalo el virtuoso señor cura D. Rosendo Pérez, lo que ha sufrido de Martínez y cuyos hechos son bastante conocidos en gran parte de la sociedad. Dígalo, en fin, el sabio y prudente sacerdote Sr. D. Gerardo Herrera*, cuando por celo a su ministerio santo, estuvo unos días en Arroyozarco (26).

* Este sacerdote fue rector del seminario entre 1895 y 1898 y arcediano de la Catedral de México en 1908.

Existen indicios (más bien circunstanciales pues no hemos podido hallar la prueba definitiva) de que don Macario Pérez regresó al catolicismo después de 1890 y murió bajo ese credo. En primer lugar, todavía en ese año don Macario es llamado en el periódico metodista El Abogado Cristiano Ilustrado "buen amigo y hermano nuestro que residió por muchos años en Arroyozarco" (27). Sin embargo, en noviembre de 1895 apareció en el periódico católico El Tiempo una nota que informaba acerca de la próxima inauguración de una nueva iglesia, católica por supuesto, dedicada a la Virgen del Carmen en el pueblo de San Francisco Soyaniquilpan, y uno de los padrinos era, precisamente, Macario Pérez, quien por aquellas fechas regresó también a la administración de Arroyozarco (27b). También es dato importante que en 1892 su hijo Macario Jr. estudiaba en un colegio católico, el Instituto Josefino de Querétaro (27c). Luego, en febrero de 1909, aunque El Abogado Cristiano Ilustrado seguía publicándose, guardó notorio silencio por el fallecimiento de quien había sido benefactor de la congregación metodista. Antes bien el periódico que difundió la noticia en la capital fue, de nuevo, el católico El Tiempo, indicando además que sería sepultado en el Panteón Español que, si bien como todo cementerio civil admitía a personas de cualquier creencia, no era usado habitualmente por los protestantes (28). Casualmente -o no- era por entonces capellán de dicho cementerio el padre Teófilo Rojas, el mismo sacerdote que reemplazó al padre Rosendo Pérez en Arroyozarco. Son estos datos sueltos los que parecen indicar que finalmente, don Macario, como dirían los protestantes de la época, "murió papista".

Y bien, ¿quedó huella de aquella congregación metodista de Arroyozarco? Al examinar con detalle los datos del censo nacional de 1930, encontramos que en Encinillas y Tenazat, rancherías en que la población protestante llegó a ser mayoritaria, sólo se reportaron entonces 64 protestantes y evangélicos de un total de 357 habitantes. Arroyozarco, con 1,085 habitantes, no reportó un solo protestante. Es de suponerse, pues, que hasta la segunda oleada de las misiones protestantes de nuestro país, a mediados del siglo XX, la población que seguía ese credo en la región continuó su declive (29). Al mismo tiempo, resulta interesante considerar que, si en las décadas de 1870 y 1880 la convivencia entre católicos y protestantes fue difícil, pero no violenta, siete décadas más tarde, en tiempos que tenemos por más civilizados, la sangre sí llegó al río: el 5 de julio de 1954, un ministro bautista de nombre Nicodemo Jeronimo fue emboscado por un grupo de personas y brutalmente asesinado a tiros en Arroyozarco (30).

 

NOTAS

(1) González Navarro, Moisés. El pensamiento político de Lucas Alamán, México, El Colegio de México, 1952, p. 63.

(2) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso. México siglo XIX, México, IIS-UNAM/IMDOSOC/Miguel Ángel Porrúa/LXI Legislatura, Cámara de Diputados, 2010, Tomo II, p. 1483.

(3) Idem.

(4) Para una narración más extensa sobre los cambios de propietario y la situación de Macario Pérez en la hacienda, ver Lara Bayón, Javier. Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro, Toluca, Instituto Mexiquense de Cultura, 2003, pp. 158-160 y 220-227.

(5) Butler, Rev. J. W. Manual of the Methodist Episcopal Church, New York, Phillips & Hunt, 1884, vol. 4, p. 127.

(6) Bible Society Record, Vol. 29, June 1884, pp. 88-89.

(7) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., p. 1486.

(8) Butler, John W. to Charles G. Drees, s.d. y Annual Report for 1883. Methodist Episcopal Church Archive, Correspondencia de John Wesley Butler, 1880-1884.

(9) Dress, Charles W (from letrers of). Thirteen years in Mexico, New York, Abingdon Press, 1915, p. 198.

(10) El Abogado cristiano ilustrado, Tomo VII, no. 10, México, enero de 1884, p. 74. Idem, Tomo VIII, no. 8, noviembre de 1884, p. 68.

(10b) El Abogado cristiano ilustrado, Tomo VIII, no. 1, México, abril de 1884, p. 5.

(11) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., pp. 1483-1484.

(12) El Abogado cristiano ilustrado, Tomo VII, no. 10, México, enero de 1884, p. 74. Idem, Tomo VIII, no. 8, noviembre de 1884, p. 68.

(13) 66th Annual Report of the Board of Missions of the Methodist Episcopal Church, 1884 p. 195.

(14) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., pp. 1484-1485.

(15) Idem, pp. 1485-1486.

(16) Idem, p. 1486.

(16b) Minutes of the Second Session of the Mexico Annual Conference of the Methodist Episcopal Church, Mexico, Methodist Episcopal Mission Press, 1886, p. 18.

(17) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., pp. 1486-1487; Sixty-Seventh Annual Report of the Missionary Society of the Mehodist Episcopal Church for the Year 1885, New York, 1886, p. 221.

(18) El Monitor Republicano, Quinta Época, Año XXXV, No. 168, miércoles 15 de julio de 1885, p. 2.

(19) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., pp. 1486-1487.

(20) Idem, pp. 1486-1488.

(20b) Sixty-Seventh Annual Report of the Missionary Society of the Mehodist Episcopal Church for the Year 1885, New York, 1886, p. 221.

(21) Lara Bayón, Javier. Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro, pp. 220-223.

(22) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., pp. 1488-1489.

(23) Minutes of the Third Session of the Mexico Annual Conference of the Methodist Episcopal Church, Mexico, Methodist Episcopal Mission Press, 1887, p. 18.

(24) Idem, p. 29.

(25) Minutes of the Second Session of the Mexico Annual Conference of the Methodist Episcopal Church, Mexico, Methodist Episcopal Mission Press, 1886, p. 20.

(26) El Tiempo. Diario católico, Año IV, no. 1038, México, sábado 5 de febrero de 1887, p. 3.

(27) El Abogado Cristiano Ilustrado, Tomo XIV, no. 4, México, 15 de febrero de 1890, p. 29.

(27c) Boleta de calificaciones del Macario Pérez Jr. en el Instituto Josefino de Querétaro, enero 6 de 1892, Archivo del Dr. Juan Lara Mondragón.

(28) El Tiempo. Diario católico, Año XXVI, no. 8483, México, domingo 7 de febrero de 1909, p.2.

(29) El Censo de Población y Vivienda 2010 mostró que de un total de 44,805 habitantes del municipio de Aculco, 41,679 eran católicos (93.02%), 2,247 profesaban religiones protestantes y evangélicas (5.01%), 147 pertenecían a religiones bíblicas no evangélicas, 1 practicaba "otras religiones", 416 no tenían religión y 315 no la especificaron.

(30) The Pentecostal Evangel, Springfield, Missouri, Number 1954, October 21, 1951, p. 2.

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