viernes, 28 de octubre de 2022

La visita del arzobispo Lorenzana a Aculco en 1768

A lo largo de este año les he hablado varias veces de las visitas pastorales de los arzobispos de México a la iglesia de Aculco durante el Virreinato. Este asunto puede parecer algo tedioso y la lectura de las actas levantadas en cada una de esas ocasiones suele ser en efecto aburrida por burocrática y repetitiva. Pero lo cierto es que esos documentos guardan algunos detalles históricos interesantes. Ya hemos visto aquí, por ejemplo, que la visita de don Francisco Manso y Zúñiga en diciembre de 1632 llevó a que los libros sacramentales dejaran de ser escritos en lengua otomí. O que don Francisco Aguiar Seijas, en su visita de mayo de 1685, pidió a los frailes del convento de Aculco procuraran que no se vendiera tepache y pulque, y recordó la prohibición de bañarse con mezcla de sexos en los temascales.

Esta vez voy a contarles acerca de la visita algo más tardía del arzobispo Lorenzana, la primera que se realizó una vez elevada la iglesia de Aculco al rango de parroquia.

Don Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón nació en León, España, en 1722. Estudió con los jesuitas en su ciudad natal y tras ordenarse sacerdote alcanzó una canonjía en Toledo. En 1765 fue nombrado obispo de Plasencia, cargo que dejó para viajar a la Nueva España y asumir aqui el arzobispado de México. En apenas seis años que duró su encargo (1766-1772), Lorenzana emprendió grandes proyectos de reforma en la Iglesia local. Recogió y publicó las actas de los primeros concilios provinciales de México en 1555, 1565 y 1585: Concilios provinciales, I, II, III, de México (México, 1769-70). En 1771 él mismo convocó el cuarto Concilio Provincial Mexicano, que comenzó el 13 de enero y terminó el 26 de octubre. Infortunadamente sus decretos, que envió a Madrid para ser confirmados, no fueron aprobados por los monarcas ni por el Papa y quedaron sin publicar. Le correspondió la expulsión de los jesuitas en 1767, en la que actuó acatando las órdenes del rey. También se dedicó a la historia profana escribiendo y anotando prolija y eruditamente una Historia de la Nueva España, escrita por su esclarecido conquistador Hernán Cortés (México, Joseph Antonio de Hogal, 1770) que incluye la primera edición mexicana de las Cartas de Relación de Hernán Cortés, con importantes mapas y ampliaciones con textos de Lorenzo Boturini Benaducci y fray Agustín de Betancourt. reunió una interesante colección de objetos etnográficos procedentes de los indios de California, cuadros de mestizaje pintados en Puebla de los Ángeles, piezas de cerámica de Tonalá (Guadalajara) y bateas de Michoacán, que trasladó a Toledo. Regresó a España cuando fue nombrado arzobispo de Toledo, el cargo eclesiástico más importante del reino. Su vida de regreso a España fue aún más fructífera hasta su muerte en 1804: fundó bibliotecas, publicó obras modernas y medievales, creó un Museo de Historia Natural y Antigüedades, fundó dos hospicios y recibió el cardenalato en 1789. Después de paricipar en Roma en el cónclave que eligió al papa Pío VII, renunció a su arzobispado y permaneció en la Ciudad Eterna, donde murió en 1804.

Dada su gran actividad, no debe extrañarnos que entre tantas ocupaciones Lorenzana cumpliera también con las visitas pastorales a las parroquias de arquidiócesis de México. En el curso de estas visitas, llegó a la parroquia de San Jerónimo Aculco el 16 de octubre de 1768. En los libros sacramentales de la parroquia -matrimonios, bautizos y defunciones- dejó constancia de su paso y de la revisión de los registros correspondientes, como en el caso del libro de bautismos:

En el pueblo de San Jerónimo Aculco a diez y seis días de octubre de mil setecientos sesenta y ocho años, el Ilustrísimo Señor Don Francisco Antonio de Lorenzana, arzobispo de la Santa Iglesia Metropolitana de México, del Consejo de Su Magestad mi Señor, estando en su santa general visita de este arzobispado y en la particular de esta parroquial y su feligresía, habiendo visto y reconocido cuatro libros con éste en que se han asentado las partidas de bautismos así de españoles y otras castas como de indios hechos en ella desde catorce de diciembre de el año pasado de mil setecientos cincuenta y siete, en que últimamente se visitaron hasta la presente, Su Ilustrísima por ante mí su secretario de visita, dijo que debía de mandar y mandó que el cura actual y sus sucesores pongan especial cuidado en expresar en todas ellas no solamente el día en que se hicieron los bautismos, sino también aquél en que hubieren nacido los que se bautizan, el nombre, sobrenombre o apellido, estado, calidad y vecindad de sus padres y padrinos, haber advertido a éstos el parentesco y obligación que contraen; que el referido cura y sus sucesores firmen con firma entera y no con media aún aquellos bautismos que de su licencia hicieron otros ministros, sin omitir en lo demás la misma forma, método y estilo que ha observado el actual. Y por este auto que Su Señoría ilustrísima firmó, así proveyó y mandó.

Francisco Arzobispo de México.

 

Por mandato del arzobispo mi Señor.

Don Francisco Pérez Sedano

Secretario de Visita

Para el libro de defunciones dio también instrucciones precisas de los datos que debían ser consignados en cada registro:

Que en lo sucesivo se exprese en todas las partidas el día en que hubieren fallecido los que se entierran, además de aquel en que se hicieren los entierros [...] que se añadan si los contenidos en ellas testaron o no, ante quién, en qué día, mes y año, quiénes fueron sus albaceas y herederos, si dejaron algunas mandas de misas u obras piadosas, y en caso de que no testen se expresará si fue por no tener de qué o por cuál otra causa.

Estas indicaciones cumplían con un doble o hasta triple propósito: el primero, mejorar la calidad de los registros de vida en una época -recordemos- en la que aún no existía el registro civil; el segundo, adicionar los registros con datos no relacionados con los sacramentos, como los testamentos, para facilitar el acceso a ellos por parte de los interesados; un tercer propósito pudo ser el de proteger los legados a la Iglesia mediante un adecuado registro de ellos al momento de la muerte del donante. Además de estas indicaciones, sabemos que el arzobispo Lorenzana dio algunas otras referentes a los gastos de las cofradías fundadas en la parroquia de Aculco, como el de disminuir los gastos erogados en sus comidas y refrescos. (1)

Con todo, llama la atención que al revisar los registros sacramentales inmediatamente posteriores a la visita de Lorenzana a Aculco no se advierte en ellos gran mejoría. Seguramente pesó más la costumbre que las propias órdenes del arzobispo.

En el Libro de la visita del arzobispo lorenzana a la Arquidiócesis de México, 1767-1769 (2), su visita a tierras aculquenses se registró de manera mucho más detallada, dando cuenta de la ceremonia de su recepción, misas, sermones, comida, disposiciones, fieles que confirmó y visitas que se atendían desde la parroquia. Incluso nos informa que antes de llegar a este pueblo se detuvo en la hacienda de Arroyozarco:

/Arroyozarco [hacienda]. 10 leguas/

/Día 15/ Este día, a las cuatro de la mañana, salió su señoría ilustrísima del pueblo de Tula para la hacienda de Arroyozarco, que fue de los regulares de la Compañía [de Jesús] y dista doce leguas del referido pueblo, a la que llegó a la hora de las once y después que hizo oración a la imagen de Nuestra Señora de Loreto, sita en altar mayor de la capilla de dicha hacienda, hizo una breve plática de la vida de santa Teresa, cuya fiesta se celebraba en este día y del sacramento de la confirmación, que administró en este día a ciento treinta y nueve personas de ambos sexos. Por haber sido dilatada esta jornada, su ilustrísima determinó hacer noche en esta hacienda y a la mañana del día siguiente, que fue domingo, dijo misa su señoría ilustrísima y partió para el pueblo inmediato que es.

/San Jerónimo Aculco. Otomí. 2 leguas/

/Día 16/ A las ocho de la mañana, poco más, llegó su señoría ilustrísima al pueblo de San Jerónimo Aculco, dos leguas distante de la mencionada hacienda, en el que le recibió el cura con el palio y demás ceremonias que se acostumbra, hizo oración al Santísimo, visitó dos sagrarios que hay en la iglesia de este pueblo, los altares, pila bautismal y santos óleos, que todo estaba con el mayor aseo, se cantaron los tres responsos que manda el ritual, los que, concluidos subió a su habitación hasta después de las nueve, que bajó a oír la misa mayor cantada que se dijo al pueblo y últimamente hizo la plática sobre el evangelio del día procurando instruir a los indios en las verdades de nuestra santa fe y en el misterio del sacramento de la confirmación que (leído el edicto de pecados públicos) administró en esta mañana a quinientas personas y por la tarde a trescientas veintisiete. /Confirmados, 500+327= 827/ Esta parroquial tiene por titular a San Jerónimo y su cura párroco es el bachiller don Lorenzo Díaz de Costero. Hay un vicario, hermano de dicho cura, que lo es el bachiller don Miguel Díaz del Costero.

Esta cabecera tiene de visita los siguientes pueblos:

2 1⁄2 leguas San Francisco
5 [leguas] San Pedro Denxhi
3 [leguas] Santiago Thoxi [Oxtoc-Toxhie]
1⁄2 [legua] Santa María Nativitas
2 [leguas] Santa Ana
2 [leguas] San Lucas
2 [leguas] San Francisco Acazuchitlantongo

Haciendas y ranchos

3 [leguas] Palo Alto
1⁄2 [legua] Gado
2 [leguas] Hacienda de Arroyozarco
1 [legua] La de Ñadó
3 [leguas] La de Taxié
3 [leguas] Rancho de San Nicolás de los Cerritos
3 [leguas] El de los Potreros
3 [leguas] El Ruano
3 [leguas] El de las Encinillas
3 [leguas] Totolmaloya
1 [legua] San Antonio del Judío
1 [legua] El Bathé
1⁄2 [legua] El Fondó
2 [leguas] Tzethe
2 [leguas] Santa Rosa
1 [legua] El Baño
1 [legua] El de La Concepción
2 [leguas] Guadalupe
2 [leguas] La Cañada
1 [legua] Taxhtoc
3 [leguas] Temascalapa
1 [legua] Jurica
2 [leguas] Paso de Carretas Ábalos
1 [legua] Ávalos
2 [leguas] San Joaquín
1⁄2 [legua] Decadho

/Libros parroquiales/ En este día se visitaron los libros parroquiales que se componen de cuatro de bautismos, dos de entierros y dos de casamientos con diferentes legajos de informaciones matrimoniales y se mandó generalmente que el cura actual y sus sucesores firmen con firma entera todas las partidas, aun aquellas que de su orden hicieren otros ministros, que se expresen los días en que hubieren nacido o muerto los bautizados o difuntos, además de aquellos en que se hicieren los bautismos o entierros y en los libros de uno y otro que se separen los de indios de los de españoles y demás castas y en par- ticular en los de bautismos que se exprese el nombre y sobrenombre y demás circunstancias de los padres y padrinos y haber advertido a estos el parentesco y obligación que contraen. En los de entierros, si testaron o no los difuntos, ante quién, en qué día, mes y año, quiénes fueron sus albaceas y herederos, si deja- ron algunas mandas piadosas y, cuando no testen, se diga por qué y en los de casamientos que se sigan asentando sus partidas en la misma forma y método que ha observado el cura actual a quien se le encargó que acabase de asentar dos partidas de entierros que se hallaron por concluir.

En este día se visitaron los libros pertenecientes a las cofradías del Santísimo Sacramento, Nuestra Señora de la Concepción y Benditas Ánimas, fundadas con autoridad ordinaria en esta iglesia parroquial, cuyas constituciones se mandaron observar y en cada una de ellas se mandó lo mismo que queda referido en las de Tula y en estas se añadió que los diputados anualmente reconozcan los ranchos que le pertenecen, sus aperos y ganados y que también asistan a los herraderos y en la del Santísimo que se destine un arca de tres llaves para que en ella se introduzcan los caudales de la cofradía y que, en llegando a tener trescientos pesos juntos, se impongan a réditos en finca segura y con la correspondiente escritura de que se pondrá una copia auténtica en el arca y en la de la Concepción, que se cobrarán dentro de dos meses de don Ignacio Sánchez cincuenta y cuatro cargas de maíz y treinta y siete pesos y cuatro reales que está debiendo y que se notificará al bachiller don Nicolás Franco Coronel, vecino de San Juan del Río, que dentro del mismo término exhiba trescientos pesos que está debiendo a esta cofradía o de ellos otorgue la correspondiente escritura de reconocimiento sobre finca segura.

/Dotación de Dolores/ También se visitó el libro de la dotación u obra pía de la festividad de Nuestra Señora de los Dolores y se mandó que, por ahora y sin perjuicio de determinar en lo sucesivo lo conveniente, se siga gobernando del modo que hasta aquí. Y que el sujeto que corre, y en lo de adelante corriere, con la administración de ella, afiance a satisfacción del juez eclesiástico, y que no se gasten en otro destino sus rentas.

En este día se visitó el inventario de las alhajas y ornamentos de esta iglesia, y se hallaron existentes los contenidos en él, excepto los que quedaron anotados al margen y rubricados por el secretario de su ilustrísima.

/Bachiller Costero/ En este día se refrendaron las licencias de celebrar y confesar hasta su conclusión al bachiller don Miguel Díaz del Costero.

En el mismo día se concedió dispensa del tercero con cuarto grado de consanguinidad a Juan de Aguilar y María Josefa, vecinos de Tula. Y también de cuarto de consanguinidad a José Toribio Chávez y doña Rosa de las Cuevas, españoles, vecinos de este pueblo.

 

NOTAS

1. David Carbajal López, "Administración, corporaciones y seglares: el arzobispo Lorenzana y las cofradías del arzobispado de México, 1767-1769", en Signos históricos, vol. 19. no. 37.

2. Libro de la visita del arzobispo lorenzana a la Arquidiócesis de México, 1767-1769. Archivo Histórico del Arzobispado de México, Fondo episcopal, Secretaría Arzobispal, Libros de visitas pastorales, caja 23CL, libro 3, f. 153v-156v. Uso la transcripción de José María García Redondo y Salvador Bernabéu Albert en Territorio, iglesia y sociedad. Francisco Antonio Lorenzana y su visita a la Arquidiócesis de México, 1767-1769, México, UNAM / El Colegio de Michoacán, 2022, p. 341-344.

viernes, 21 de octubre de 2022

Cuatro cartas de amor en el Aculco del siglo XVIII

No es en realidad una historia hermosa. Es un relato de mentiras, engaños y reclamaciones entre dos amantes que llegaron a ocupar la atención de las autoridades civiles y eclesiásticas de Aculco. Quizá todo este asunto no habría llamado mucho mi atención si no fuera porque en el expediente judicial que se formó para el caso se transcribieron las misivas intercambiadas por esa pareja. Incluso algunas están en original ahí mismo. Escritas a en 1781, resultan ser las cartas amorosas más antiguas que se conocen en Aculco.

Trataré de reconstruir los hechos brevemente y de la mejor manera posible de acuerdo con los enredados testimonios, en los que por supuesto hay interpretaciones opuestas y hasta falsedades manifiestas.

Doña Rosalía Bárbara de Flores, viuda, criolla originaria de Jilotepec, llegó a mediados de 1780 con su madre y hermana a Aculco, donde abrieron una exitosa "vendimia de pulque y comistrajos". Cierto día que el lugar se hallaba lleno de clientes varones, ella voceó "que había de tener de todos, sin que ninguno llegase a su honor" (o, como señala otro testimonio, "que a cuantos iban a su casa los había de chasquear y dejar colgados").

Estaba ahí un mozo de 23 o 24 años, José Manuel Ruiz de Morales, también criollo, de oficio sastre, nacido en Tlalnepantla y avencidado de diez años antes en Aculco, quien ante aquella exclamación y "como hombre, por experimentar si era cierto lo que decía", según afirmó él mismo, decidió declarársele. Ella primero lo rechazó. Le respondió que "pusiera los ojos en otra persona", pues "era una pobre y no quería que le hiciera burla". Pero al cabo, y según ella con promesa de matrimonio (que "si se portaba con honra se casaría con ella"), aceptó sus requerimientos.

A Rosalía, sin embargo, la perseguía la mala fama. Se decía de ella que, casada en Toluca con Cristóbal Pérez, había "largado al marido", yéndose con otro a la Ciudad de México. Había viajado después a Santiago de Querétaro, "se infiere con otro", y de allí "en la misma forma" a Valladolid (Morelia), desde donde había llegado a Aculco. En este pueblo se divulgó que su marido era muerto, "más no que ella lo viera morir". Esto es, se dudaba de que en realidad hubiera fallecido. Pasado un tiempo, había "fraguado" casarse aquí con un hijo de don Francisco Saldívar, pero vista su "locura y desorden" (que mereció incluso la reconvención del cura del pueblo), y que su madre y hermanas no la podían "sujetar", el joven había desistido por consejo paterno.

Con todo, Rosalía y José Manuel iniciaron una relación e intercambiaron prendas -una forma en que en los viejos tiempos se mostraba el compromiso- según ella con la palabra de casarse, pero a decir de él sin que hubiera existido nunca ni promesa ni intención de ello. Él le entregó un relicario y ella correspondió con un rosario y un anillo. Pero, pasado el tiempo, cuando Rosalía se dio cuenta de que su José Manuel no se casaría con ella, decidió demandarlo ante el teniente de Justicia. La decisión de éste fue detener brevemente a José Manuel y colocar a Rosalía en depósito en una casa respetable del mismo pueblo en mayo de 1781.

Contra lo que pudiera imaginarse, José Manuel intentó acercarse nuevamente ella a pesar de la demanda y de las restricciones que le imponía el que se hallara vigilada en casa ajena. Le envió sentidas cartas, que son las que dan motivo a este post. Según él lo hizo como respuesta a las muchas misivas que ella le enviaba, pero no hay constancia de la existencia de éstas. La primera de las cartas de José Manuel dice:

Muy señora mía:

Me alegraré que esta halle a Vmd. [vuestra merced] con cabal salud. Señora, he tenido novedad el no haber tenido razón de Vmd. Parece que ya es poca la voluntad que me tiene. Yo, desde el domingo que vide a Vmd. no la he vuelto a ver, más no he tenido hora de gusto porque hasta tiricia [tristeza, melancolía] me quiere dar. De lo que me dice Vmd. lo que le haré mayor cuenta porque no me parece mal [es] la casa. Pero si ahí donde estás tienes gusto, ¿para qué te has de ir? Dios te me guarde muchos años para mi, deseo.

Tu criado que te estima y ver desea.

Yo.

Y la siguiente:

Señora doña Bárbara:

Muy estimada señora de mi estimación. Me alegraré que al recibo de esta se halle Vmd. con salud que yo para mí deseo. Mi vida ten paciencia que el tiempo se ha de llegar en que puedas descansar de tanta melancolía. Pondrás una seña para que pueda llegar allá a platicar contigo al silencio de la noche contigo porque no hallo hora de g[..]. Y no soy más largo porque no tengo tiempo. Dios te me guarde por largo tiempo.

José Manuel Ruiz de Morales.

Con sigilo, José Manuel se acercaba al balcón de Rosalía para hablarle, "no con otro intento de entrar, pues aunque viera lugar para ello, no lo ejecutara por no atropellar el sagrado de la casa". Sin embargo, ella afirmó que la noche del jueves de Corpus, además de llevarle vino, le había pedido que la noche siguiente le abriera el zaguán, de lo que se excusó pues la señora de la casa guardaba las llaves.

Pero entonces sucedió algo que vino a trastornar aquel acercamiento. El día de san Juan, 24 de junio, Rosalía salió de la casa donde se hallaba depositada en compañía de otra mujer y se dirigieron al Calvario (capilla que se hallaba donde hoy está el panteón municipal). Ahí se encontraron con dos hombres, Ramón Ximénez y un tal Bernabel. José Manuel se hallaba por casualidad por aquel rumbo en compañía de su padre y, cuando los vio, tomaron ellos por una parte "como de huida", mientras que ellas se fueron a esconder a un rancho cercano. El padre le dijo a José Manuel -según su testimonio- que viera "el juicio que tenía la señora que de aquí en antes se había enamorado". Con sospechas de infidelidad, José Manuel le escribió entonces esta ofensiva carta:

Señora doña Rosalía:

Mi señora, apreciaré que ésta halle a Vmd. con mucho gusto en compañía de su querido y me haré fuerza el ver lo contrario de lo que Vmd. me había dicho en tan poco tiempo. Había de ver Vmd. más el modo como me he portado pues no pensé que tuviera tan poco juicio. Aunque me lo habían dicho, no lo había querido creer hasta que lo vi por mis ojos. Pues nomás puede agradecer a que iba mi padre ahí, que yo muy bien lo supe desde por la mañana. Que yo hubiera enseñado a Vmd. cómo se había de portar conmigo y viera cómo se me engaña. A ver si era hombre el que iba ahí para defender a semejante persona, pues no le echo la culpa a él, no conocerá la floja que Vmd. es. Pues no se resolvió mi padre nomás a decirme ni [...] para nada ni que me ha conocido diga, pues para la semana que entra se iba a meter mano a que nos casáramos.

La respuesta de Rosalía fue, en cambio, dolida y cariñosa:

Mi alma:

Recibí la tuya, aunque no con mucho gusto viendo lo que me escribías. Aunque me viste ir allá y aquellos fueron allá, bien lo sabe la Reina de los Cielos que no fue por mala y si te quieres satisfacer, pregúntales a ellos. Dime, mi vidita, sola yo y va de mujer [¿?] amor llevaban ellos, pues sabes que yo primero largaré la vida que dejarte de querer y hablar, que por ti padezco tanto. Y la causa de venir yo de allá fue haber visto a tu padre. Ya te digo, negrito, que no le debo nada a mi Dios. Si los buenos días te ofende, no los daré ya por causarte a ti enojo al que viste allá. Adiós, negrito, y por vida tuyita haz por vernos donde siempre. Y nomás te digo, negrito, yo doy lo que hay de mi a ti no más. Dios te guarde muchos años para mi amparo. Besa tu mano tu segura servidora.

Ya tú sabes quién.

Al final no hubo, naturalmente, matrimonio, pues quedó claro que José Manuel no quería contraerlo con Rosalía y ella desistió voluntariamente de exigirlo. Lo que sí consiguió la mujer fue que le devolvieran sus prendas -el anillo y el rosario- que antes su amante se había negado a entregar. Las autoridades ordenaron también que José Manuel saliera del pueblo y su padre lo vigilara para evitar toda comunicación subsecuente con ella.

 

NOTAS:

El expediente se encuentra en el Libro de informaciones matrimoniales 1759-1782 de la parroquia de San Jerónimo Aculco. Utilicé la copia digital que se encuentra en: México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9396-1QSZ-TN?cc=1837908&wc=MGX1-3TG%3A164300601%2C164305102%2C165945503 : 21 May 2014), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Información matrimonial 1759-1782 > image 581 of 591; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico).