miércoles, 15 de noviembre de 2017

La torre de la parroquia de san Jerónimo en restauración

Desde haces cerca de dos meses, la colocación de andamios en la torre y campanario de la parroquia de san Jerónimo nos indicó que los trabajos de restauración de este importante elemento arquitectónico, pospuestos por varios meses, habían comenzado ya. Esta semana el Arq. Lázaro Frutis, a cargo de esta restauración, me envió una serie de fotografías de la obra, las que nos permiten darnos una idea general de su avance y características. Hoy se las comparto precedidas de otras fotos y comentarios míos.

La torre se levanta a la izquierda de la fachada principal del templo, un poco remetida de su plano, y por algunos de sus elementos, como el zócalo moldurado, se puede asegurar que por lo menos la base se construyó de manera simultánea con aquélla. Es decir, entre 1674 y 1685. Sólo su zócalo y las piezas esquineras de esta base se realizaron en cantería, el resto es de tosca mampostería de tezontle. En su origen tuvo por todo adorno el curioso relive con una cruz flordelisada y los monogramas de Jesús y Cristo que ya antes reseñamos en este blog, que seguramente fue recuperado del templo del siglo XVI. Más tarde se le adosaron algunos sepulcros (de los que sólo queda una lápida de mediados del siglo XIX) y finalmente en 1901 se empotró en ella una cruz (exenta en su origen) con una palaca alusiva al cambio de siglo. En algún tiempo su enlucido estuvo decorado con sillares simulados con pintura que aún son ligeramente perceptibles.

Sospecho que el primer cuerpo del campanario se realizó asimismo cuando se labraba la fachada principal del templo, hacia 1685-1702, pues sus columnas esquineras son casi idénticas (aunque con capiteles un poco más esquemáticos) a las del primer cuerpo de ésta, e incluso el achaflanado de los arcos pretendió emular quizá el efecto de la doble arquivolta del acceso principal. Sin embargo, algo pasó y este primer cuerpo quedó inconcluso en su decoración. Esto no es sólo evidente por la austeridad del conjunto, sino que algunas piedras quedaron con sus relieves a medio labrar, como la que sirve de pedestal a las columnas de las esquinas noreste y noroeste, así como la arquivolta del arco poniente. Los propios capiteles de estas columnas -labrados al parecer in situ- tienen cierto aire inconcluso especialmente en la parte del ábaco. En la parte interior se escribieron con pintura roja los nombres de santos, apóstoles y evangelistas.

Con todo, no debió pasar demasiado tiempo antes de que se continuara la construcción del campanario, ya que los dos cuerpos siguientes muestran el mismo estilo y un inteligente diseño de las columnas esquineras de modo que reptien la "superposición de órdenes" de la fachada de la iglesia. Sin embargo, es evidente que intervinieron por lo menos dos manos en la realización de sus relieves en cantera: una más torpe que labró, por ejemplo, las arquivoltas que dan al poniente, y otra más capaz, que talló con ingenua maestría las arquivoltas del sur y oriente (la que muestra unos dragones es la más interesante), así como los ocho arcángeles sin alas pero vestidos a la romana, que en pequeños nichos ocupan las esquinas del cuerpo final.

El informe de los daños causados por el terremoto de 1912 indica que "el campanario estaba cuarteado en las claves de los cuatro costados", por lo que debió ser reparado antes de 1914. En algún momento una de las jambas del arco oriente del tercer cuerpo requirió también un refuerzo, que se hizo con cemento y alambrón. A esto hay que sumar el deterioro de las cornisas, caídas en tramos a causa del temblor, de la humedad o del simple descuido. Desde el piso era posible distinguir también fisuras en las bóvedas del campanario. Una gran grieta mal cubierta con cemento era también visible en la base de la torre, provocada aparentemente en la década de 1970 cuando se removió uno de los sepulcros adosados. En este estado dio inicio la ya necesaria restauración, ala que corresponden la serie de fotografías que siguen.

martes, 31 de octubre de 2017

¿Se reconstruyó la fachada de la parroquia tras el terremoto de 1912?

En su ensayo "La vicaría de Aculco" -publicado en 1954 en el número 22 de los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM- la historiadora de arte Elisa Vargas Lugo propuso una extraña teoría acerca de la fachada del templo parroquial de este pueblo: ante lo que ella juzgó como desorden en la ubicación de sus elementos arquitectónicos y notorias diferencias de calidad en el labrado de la piedra, supuso que se encontraban así debido a una inadecuada reconstrucción llevada a cabo tras el terremoto del 19 de noviembre de 1912. Una propuesta ciertamente interesante, aunque demasido elaborada. Pero dejemos que ella misma lo argumente:

Precisamente el terremoto de 1912 nos va a servir de explicación para comprender por qué la fachada [...] aparece parchada con tantos elementos absurdos y armada mediante tan pobres soluciones de composición. Sin duda antes del terremoto la fachada tenía otra apariencia más homogénea. Debe haber conservado aún su estructura ornamental del siglo XVII en armonía con las capillas posas. Podemos afirmar, por lo tanto, que la iglesia y la torre sufrieron gran deterioro a causa del terremoto, y que los elementos que se salvaron de la catástrofe se combinaron como mejor se pudo para levantar otra vez la fachada, haciendo esfuerzo por copiar lo desaparecido, resultando esta nueva hechura de lo más heterogénea, en cuanto a que quedan en ella, mezclados, elementos de innegable valor artístico con otros de gran pobreza y debilidad [...]

La fachada está dividida arbitrariamente por cinco cuerpos desproporcionados -sin duda resultado de la ignorancia de los reconstructores-, separados por comisas ligeramente molduradas. El último cuerpo constituye propiamente el remate. Dos hileras' sucesivas de columnas a los lados de la portada, pareadas en los cuerpos primero, tercero y cuarto, rematan el quinto cuerpo con una sola columna; el segundo cuerpo está ocupado solamente por un zócalo absurdo, limitado por las cornisas. Las columnillas son todas chaparras y todas de capiteles "corintios", a semejanza de las de las capillas posas. En el primer cuerpo son de fuste enteramente liso; en el tercero una tiene el fuste liso y la otra en bajorrelieve, en helicoide, como salomónico incipiente, y en el cuarto y quinto cuerpos son de fustes labrados a la manera francamente salomónica. Este ordenamiento gradual y clasicista del movimiento barroco es típico del siglo XVII; esto y la insistencia en las formas salomónicas nos hace pensar que la fachada fué construída en dicha centuria, ya que sólo así, y no como simple coincidencia, se entiende este orden en una reconstrucción del siglo xx. Es decir, es evidente que los reconstructores modernos quisieron conservar la fachada como había sido, como la habían visto, lo que lograron sólo en parte. [...]

Hay tres elementos en la fachada que despiertan vivamente nuestro interés: los zócalos de las columnas del primer cuerpo, que nada tienen que ver plásticamente Con éstas y que seguramente fueron hechas, junto con las del tercer cuerpo, para la reconstrucción de 1914; las gárgolas que están colocadas a los lados de la fachada y la escena en relieve que sirve de remate. Los zócalos están hechos a base de preciosos relieves empleando como motivos vides y granadas, ambos, frutos simbólicos de la Sangre Preciosa de Cristo, en combinación con follaje. [...] También en las gárgolas y en la escena en relieve de la parte superior, encontramos aún cierto espíritu artístico del siglo XVI, en combinación con las formas del barroco moderado del XVII. [...]

El relieve que hemos mencionado es la obra artística de máximo interés en la vicaría de Aculco, no sólo por su calidad escultórica sino por el contenido de su tema y concepción; no es nada más un simple pasaje religioso, sino que es expresión viva, propia y significativa del ser criollo, que en esos años buscaba expresarse en alguna forma para tratar de afincarse históricamente. Esta obra (lárn. 8) representa una escena de la vida de Santa Rosa de Lima, santa criolla, peruana, terciaria de la orden dominicana, en el momento en que el Niño Jesús, durante una de las numerosas apariciones con que según sus biógrafos favoreció a la santa, le pide que sea su esposa y ésta, extasiada, le responde: Tu esclava soy Señor mi Jesús. Desde luego nos ha extrañado grandemente la presencia de una escena perteneciente al santoral dominicano en una fundación franciscana. [...] Otra solución a este enigma sería, tal vez, la posibilidad de que este relieve y las gárgolas, que como dijimos presentan igual manufactura, hubieran sido traídos a Aculco, procedentes de alguna iglesia cercana, no franciscana, después del terremoto, para colocarlos en lugar de la ornamentación que éste destruyó.

Pero, 63 años después de escrito este texto, ¿puede sostenerse aún la teoría de Elisa Vargas Lugo? En realidad no. Si bien existen pocos testimonios gráficos del estado de la fachada de la parroquia antes del terremoto de 1912 -básicamente un dibujo de 1838, dos fotografías de entre 1901 y 1903, y una fotografía más, cercana a 1910-, en ellos se observa con toda certeza que los elementos arquitectónicos se mantuvieron en su sitio y no fue necesaria ninguna reconstrucción general de la misma a raíz del sismo, como supuso la autora. Es más, los textos de los geólogos que profundizaron en el estudio del temblor en 1913 (publicados ya en este blog) nada dicen de la fachada del templo y en cambio sí describen los daños -más bien menores- en la torre y bóvedas. La lápida colocada en 1914 y retirada en 2015 (que seguramente propició el error de Vargas Lugo) se refería a la reparación de esos daños un año y medio después del temblor, no a una reconstrucción extensa que habría tomado más tiempo.

La explicación del error de la historiadora tiene tres vertientes. La primera es su falta de comprensión hacia el carácter verdaderamente popular y rústico del arte barroco de la región, en que la inserción en la corriente artística predominante de la época no se dio a través de verdaderos arquitectos, ni siquiera capaces maestros de obra, sino de entusiastas operarios que intentaron reproducir formas cultas sin llegar a entenderlas plenamente ni en su sentido estético ni en el estructural. La segunda es la participación de muchas manos distintas en la construcción de la fachada, pues con toda seguridad sólo unos cuantos de los trabajadores eran canteros calificados y a ellos se les encargaron los elementos que se juzgó merecían un trabajo más cuidadoso; así, lo que Vargas Lugo considera elementos sobrevivientes de la fachada original y los que conjetura adiciones o reproducciones del siglo XX son en realidad todos de la misma época (fines del siglo XVII y principios del XVIII, según documentos) y difieren simplemente en su calidad. La tercera vertiente tiene que ver con los daños que en efecto mostraba en 1954 la fachada del templo, pues tanto los nichos con sus santos decapitados, como los escudos franciscanos, como el deteriorado relieve de san Jerónimo estaban ocultos con aplanados que le daban al conjunto un aspecto de parchado deplorable. La historiadora no pudo ver muchos de esos elementos que dotan de mayor sentido a esta fachada y que narran también su historia constructiva.

En suma, la fachada de la parroquia de Aculco -con mutilaciones y alguna adición- es básicamente la misma desde hace 300 años. Y sus defectos respecto del arte culto de la época son, desde el punto de vista histórico, una de las cosas que la vuelven más interesante.

lunes, 25 de septiembre de 2017

El terremoto del 19 de noviembre de 1912 en Aculco.

En estos días de terremotos vale la pena recordar que hace 105 años nuestro pueblo sufrió los efectos de un fuerte movimiento sísmico muy cercano y superficial,características que provocaron grandes daños en muchos puntos de la región. Si bien en Aculco no se observaron los efectos catastróficos que tuvo por ejemplo en Acambay (que quedó prácticamente destruido), Timilpan y Temascalcingo, fue suficiente para que la gente durmiera por varios días en la calle, que algunas casas perdieran su planta alta, se agrietara la bóveda de la parroquia y casi colapsara el último cuerpo del campanario. Incluso se llegó a considerar el derrumbe de la cúpula del templo y las reparaciones sólo se pudieron concluir dos años más tarde.

El terremoto del 19 de noviembre de 1912 fue un fenómeno tan significativo que mereció uno de los grandes estudios geológicos de la época, la obra La zona megaséismica Acambay-Tixmadeje, estado de México, de Urbina y Camacho, publicada como volumen 32 del Boletin del Instituto Geológico de México en 1913. De ahí extraigo estos párrafos (páginas 74 y 75) que se refieren específicamente a Aculco:

Aculco. — Situado como a 21 kilómetros al N. de Acambay. Las descripciones que los testigos hacen del movimiento séismico son un poco más interesantes que las que hicieron del mismo en Temascalcingo y Timilpan. El resumen de ellas es el siguiente: sintieron un "jalón" hacia el S. E., seguido e otro al N.W., la tierra pareció aquietarse por un momento, después sintieron como pasos fuertes dados en los techos de las habitaciones y por último un vaivén. En el campo, según el dicho de un testigo, fueron visibles las ondas superficiales y haciendo que nuestro informante se colocara en la misma dirección en que lo sorprendió el fenómeno y el sentido en que pudo apreciar la propagación de las ondas, resultó la dirección: S. 85° E. En el pueblo y en los campos vecinos se escuchó un ruido semejante al del trueno de una tempestad lejana. La duración del movimiento fué muy corta. El estado de las construcciones no es propiamente ruinoso, no tuvimos a la vista el aspecto de desastre que revelan Temascalcingo y Timilpan, las destrucciones en Aculco fueron de menor importancia que en Chapa de Mota. En Aculco las construcciones son muy antiguas y algunas de dos pisos (1) teniendo en cuenta esta circunstancia puede deducirse que la intensidad del fenómeno pertenece probablemente al grado VI de la Escala de Cancani.

Citaremos un hecho que demuestra la poca intensidad del fenómeno en este lugar: existe una barda aislada de 4m.50 de altura y de 50 metros de longitud, construida de piedra (basalto) y tepetate que está orientada de N. a S. fué construida el 18 de Marzo de 1699. El cimiento de esta barda está a flor de tierra sobre las tobas, nada sufrió con el movimiento séismico. En cuanto a la inferencia que podamos hacer respecto a la dirección del choque más intenso, hay dificultad, en vista de que tantas observaciones se presentaron favoreciendo la dirección N.-S. (altos de la Presidencia Municipal) como la E.W. (Escuela de Niños.) Las cuarteaduras en la bóveda de la iglesia fueron longitudinales de E. a W. Las laterales, situadas en el arranque de los arcos son muy antiguas y la central que se abrió en las claves fué resultado del temblor; como se ve, nada dicen estas cuarteaduras, cuya formación es la misma cualquiera que sea la orientación de los templos de bóveda y como quiera que reciban el choque. El campanario estaba cuarteado en las claves de los cuatro costados. La dirección probable es de SE. a NW., tomando en cuenta la dirección seguida por las ondas superficiales y la conservación de la barda antigua de que hablamos. Fuimos informados en Aculco de que hace 40 años se dejaron sentir algunos temblores de tierra.

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(1) Una casa antigua de dos pisos, que sólo sufrió desperfectos de consideración en la planta alta, nos fué señalada como histórica; en ella se alojó D. Miguel Hidalgo después de la batalla de Aculco.

¿Y por qué hablar ahora de esto? Porque en Aculco solemos decir que aquí "no tiembla", y esa desmemoria puede tener en el futuro consecuencias muy graves al ignorar que esos fenómenos sí ocurren en toda esta zona.

lunes, 18 de septiembre de 2017

La grieta

En abril de 2014, denuncié en este blog el daño que la colocación de una carpa en el atrio de la parroquia causó en uno de los remates neoclásicos de su acceso sur. Aunque el caso fue difundido incluso en la prensa y la propia secretaria de Turismo del Estado de México hizo pocos días después una visitya al pueblo e informó en su cuenta de Twitter que la restauración estaba autorizada, lo cierto es que el remate de piedra sigue ahí, derrumbado y sin que al parecer a nadie le importe.

Pero como las cosas siempre pueden ir a peor, hace cerca de un año el otro lado del mismo acceso sur fue dañado por el golpe de un automóvil y desde entonces permanece cuarteado, de igual manera sin importarle a nadie esa situación que compromete su estabilidad.

La raíz de estas dos afectaciones a un elemento importante del patrimonio arquitectónico aculquense está en el mal uso de dicho patrimonio: por una parte, la colocación de cuerdas en el pebetero por personal mal capacitado, ignorante de su valor histórico y con la complacencia o falta de vigilancia de las personas que lo tienen a su cargo; por otra parte, el permitir introducir automóviles cotidianamente a un lugar evidentemente impropio e inadecuado para ello como es el atrio, peor aún cuando existe un estacionamiento a unos metros, también ante la mirada complaciente de quienes podrían impedirlo.

Pero quizá más preocupante que ello es el que se vayan acumulando daños sin que alguien tome las medidas para evitarlos en adelante, ni para reparar el perjuicio causado. La indiferencia al ver el deterioro de lo que es de todos es lo que verdaderamente escandaliza. La grieta, más que en el muro, parece que está en nuestra sensibilidad y en nuestro amor por Aculco.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

El Dr. Gustavo Baz en Aculco, en 1957

Dudé mucho en ponerle el título a esta entrada de mi blog Aculco, lo que fue y lo que es. Porque, en realidad, el texto que quiero compartirles hoy de lo que menos habla es propiamente del Dr. Gustavo Baz Prada, gobernador del Estado de México de 1957 a 1963, pese a que fue escrito en relación con su campaña electoral a la gubernatura. Resulta mucho más extenso, en cambio, el espacio que dedica el autor a dos filántropos aculquenses -Ignacio Espinosa y Alfonso Díaz- y particularmente a dos de sus donaciones al pueblo, entonces muy recientes: el Hospital Concepción Martínez y la reconstrucción de la Alberca Municipal (a la que por esos años se pretendió darle el nombre poco afortunado y convenientemente olvidado de "Balneario María Elena"). Vayamos, pues, al texto.

Por un camino de terracería, polvoriento, dejamos Polotitlán. Aculco era nuestra siguiente meta.

Aculco es un pueblo que debemos conocer. Es muy interesante. Baste decir que una tarde, ya para ponerse el sol, llegó un anciano de mirada noble y de porte augusto, a pedir ayuda para su causa. De esto hace siglo y medio. El pueblo lo observó, primero con angustia y luego lo acogió con fervor.

"Hijos — les dijo tan noble varón — , acudo a ustedes para que hagamos juntos la libertad de México". Aquel anciano había de ser el Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo y Costilla. Aculco le dio, junto con el corazón, todo lo que pidió aquel inolvidable cura.

Al llegar a Aculco, un centenar de charros y chinas poblanas, esperaban al Maestro [Gustavo Baz] en las afueras del pueblo. El Doctor montó en un hermoso caballo canelo y lo escoltaron los charros hasta el jardín principal, donde se realizaría nuestro segundo mitin del día. El acto se desarrolló ordenadamente y se veía mucho entusiasmo en las gentes. Cuando terminó dicho acto, nos invitaron a visitar una preciosa alberca olímpica que tenía poco de inaugurada. Casi no quieren bañarse, para no maltratarla. Su historia es la siguiente:

De Aculco son dos ciudadanos ejemplares, filántropos de corazón gigantesco. El señor Alfonso Díaz y don Ignacio Espinoza. El primero es el que se encargó casi en forma permanente, de hacer arreglar las calles, donó hace algún tiempo, el Palacio Municipal y acaba de construir para bien del pueblo, aquella alberca que costó más de un cuarto de millón de pesos.

La alberca está en la parte Norte de la población y tiene una vista panorámica muy hermosa. Desde aquellos trampolines se miran las casas de Aculco, cuyas paredes de blanca piedra, tienen un trasunto de pueblo arábigo.

El otro hijo predilecto del pueblo, don Ignacio Espinoza, introdujo el agua potable y llevó la electricidad y con ella las múltiples comodidades que la vida moderna ofrece. Al morir en 1952, dejó un donativo de tres millones de pesos para un precioso hospital que ya se construyó. Este donativo lo manejaron con tal habilidad, que durante cinco años que trabajaron el dinero, construyeron su hospital con costo de más de un millón de pesos y a la fecha, tienen íntegro el donativo original.

El hospital lo maneja un patronato y es adecuado para las necesidades actuales, además de que se encuentran previstas las necesidades hospitalarias de una población creciente. Allí se palpa con objetividad, la labor casi apostólica que realizan los médicos de pueblo, que tienen claro sentido de su deber y son conscientes de una misión tan importante.

En una misma sala del hospital, se apreciaba el esfuerzo de un joven cirujano. Allí estaba el resultado de su arte y de su ciencia. Una señora convalecía de una operación de la vesícula biliar; una más había sido tratada de cierta fractura en una pierna; a otra se le practicó una cesárea, etc. Las demás se quejaban y no investigué el motivo. Me dió mucho gusto ver allí, el resultado de ubicuos esfuerzos. ¡Para que el cirujano aquél llegara a curar tanta dolencia, cuántos años de esfuerzo personal y cuántos sufrimientos habrá tenido! ¡Cuántos Maestros le transmitieron paulatinamente sus experiencias y le dieron su tiempo y su paciencia! Pero el resultado, hoy se veía presente. Como una planta que se observa desde que brota, crece.

 

Fuente: Gascón Mercado, Julián, Acuarelas sociales; de gira con el maestro Gustavo Baz, México, 1959, edición del autor, p. 70 y 71.

Del Hospital Concepción Martínez podemos decir que entró años después en franca decadencia, de la que lo rescató un nuevo patronato en la década de 1980 y hoy en día continúa, por fortuna, brindando atención médica. De la alberca... bueno, todos sabemos que un fallido intento de remodelación por parte del Ayuntamiento la dejó inutilizable desde hace cerca de dos años. Los trabajos por recuperarla se han reanudado hace poco, aunque no se advierte mucho empeño en ello.

miércoles, 30 de agosto de 2017

¿Aculco de Espinosa o de Espinoza?

Justo en vísperas de la fiesta patronal de san Jerónimo del año de 1954, la Legislatura del Estado de México aprobó un decreto por el que la cabecera municipal de Aculco perdió oficialmente la parte de su nombre que lo ligaba con aquel santo y recibió a cambió el apellido de don Ignacio Espinosa Martínez, filántropo local al que el pueblo le debe entre otras cosas la fundación del Hospital Concepción Martínez (que lleva ese nombre por su madre). Pero si cuando se llamaba San Jerónimo Aculco con gran frecuencia su nombre se veía escrito como "San Gerónimo Aculco" (y esta ortografía, con "g", resulta además la más abundante en documentos históricos que se refieren a él), con su nuevo nombre resultó que también en innumerables ocasiones lo vemos escrito -incluso en documentos oficiales- como "Aculco de Espinoza", con "z".

Pero lo cierto es que la ortografía que le corresponde es con "s". Así escribía su apellido don Ignacio y lo siguen haciendo de la misma manera sus familiares cercanos y lejanos. Incluso el decreto original respetó dicho uso, como se puede ver con claridad en el número 28 de la Gaceta del Gobierno del Estado de México del miércoles 6 de octubre de 1954, en la que se publico del decreto correspondiente.

Un detalle más en el que acostumbro insistir: sólo la cabecera municipal lleva el nombre de Aculco de Espinosa, no el municipio que se llama simplemente Aculco.

sábado, 26 de agosto de 2017

Aquí estuvo la escalera más hermosa de Aculco

Hace ya mucho tiempo escribí en este blog acerca de la Casa del Puente, una de las grandes casonas virreinales de Aculco, que fue estúpidamente demolida en la década de 1960 para dejar en su lugar prácticamente un baldío. Sobrevivieron apenas el portal que da a la plazuela José María Sánchez y Sánchez, su gran acceso enmarcado en cantera que se abre hacia dicho portal, unas habitaciones hacia la calle de Iturbide que también acabaron por desaparecer años después y, al interior, el cuerpo de construcción de mampostería de piedra blanca, tezontle y "piedra maciza" que albergó un día su escalera.

Pese a su ruinoso estado actual, los restos de esta señorial escalera todavía nos sirven para imaginarla en su mejor momento. Conserva, por ejemplo, el arco carpanel de acceso desde el patio, apoyado en un par de capiteles de orden toscano en cantera de buena factura. A su izquierda se observan dos vanos: el superior parece corresponder a la ventana del rellano; el de la parte baja a un acceso semienterrado a los sótanos que tuvo esta casa y que la distinguían entre todas las casas del pueblo.

Al interior de este cubo se observa un amontonamiento de piedras que quizá son los restos de la propia escalera, si bien los escalones de cantera fueron reutilizados al parecer en la fachada de un inmueble nuevo que se construyó parcialmente en su sitio. Al fondo se abre todavía el hueco de una alacena que se ubicaba en el descanso de la misma.

En el extremo opuesto y también bajo el arco de acceso se pueden ver todavía los restos del aplanado de cal y arena que cubrió en su totalidad sus paredes. Conserva este aplanado restos de policromía de diversas épocas y colores. El más antiguo corresponde quizá a a una capa de color amarillo con sillares fingidos que más tarde se cubrió de azul y al final de su existencia se adornó con un guardapolvo rojizo, época en que también se pintaron de ese color el arco, las pilastras e incluso los capiteles de cantera.

Escalinatas de esta importancia en Aculco sólo las hubo en el convento y en el Hotel de Diligencias de Arroyozarco. Por ello es más de lamentarse su pérdida, más cuando correspondió a una casa que fue por muchos otros motivos verdaderamente excepcional.

viernes, 18 de agosto de 2017

Santiago Oxthoc Toxhié y la restauración de su capilla

En febrero pasado alertaba sobre la demora en el inicio de los trabajos de restairación de la cubierta de la capilla de Santiago Oxtoc-Toxhié, uno de los pueblos con mayor presencia indígena otomí de nuestro municipio de Aculco. No era para menos ya que el proyecto fue anunciado en diciembre de 2015 y refrendado cerca de seis meses después en una visita al propio pueblo de Toxhié por parte de las autoridades del Ayuntamiento. Aunque con una larga demora difícil de explocar, por fortuna los trabajos preliminares para estas obras han comenzado ya, a cargo del Arq. Lázaro González Frutis.

Originalmente se había contemplado que la restauración abarcara las cubiertas de la nave del templo y de la sacristía. Sin embargo, por petición de los propios vecinos el proyecto original se modificó para que las maderas de la techumbre que quedan a la vista desde el interior sean también restauradas y en consecuencia por ahora no se tocará la cubierta de la sacristía.

En otro post prometo hablarles después acerca de la historia de Santiago Toxhié. Por ahora déjenme ocuparme solamente de su capilla, una de las más interesantes de toda la jurisdicción municipal.

La capilla señala el centro del pueblo, que se ubica apenas a unos 12 kilómetros en línea recta al sur de Aculco de Espinoza, si bien lo accidentado de su ubicación, rodeado de cerros, dificulta un tanto el acceso. El sitio, pese a las numerosas viviendas nuevas, conserva el patrón de asentamiento disperso característico de los poblados de raíz otomí de la zona, en el que las casas no forman una agrupación compacta sino que se levantan entre las milpas y junto a los caminos. La capilla continpua siendo el inmueble de mayor altura y relevancia del lugar.

Indudablemente debió existir donde hoy se levanta el templo una capilla en el siglo XVI, pero no parece haber quedado algún vestigio visible de esa construcción. Lo que hoy podemos contemplar se remonta a principios del siglo XVIII, con el significativo añadido del campanario a mediados del siglo XIX. Es fácil advertir que el desconocido arquitecto de la capilla dedicada a Santiago se inspiró en el templo parroquial de Aculco, si bien edificándolo con dimensiones mucho menores, empleando menos recursos y utilizando materiales más humildes. El resultado fue una interesantísima muestra de arquitectura popular indígena que, aunque, sobria, evoca en sus detalles el gran estilo barroco de la época.

La planta de la capilla señala claramente dos espacios bien diferenciados: la nave única cubierta con viguería y tejado, con tapanco, y el presbiterio, más angosto que ella y cubierto por una cúpula. Acaso esto también indica una mayor antigüedad del presbiterio, que pudo haber sido una capilla abierta aislada antes de que se le agregara la nave al frente. Al sur del presbiterio se levanta perpendicularmente la sacristía y, formando un estrecho callejón con la nave, una casa anexa de construcción moderna.

El atrio estuvo limitado anteriormente sólo con bardas de "piedra sobre piedra", pero hará apenas unos diez años que se le construyó una barda de mampostería que, por alguna extraña razón, no abarcó toda su antigua superficie, especialmente hacia el norte y el este. Tuvo este atrio su cruz atrial de piedra al centro sobre un masivo pedestal de dos cuerpos, el inferior casi cúbico y coronado por una cornisilla, y el superior de media esfera. Muy lamentablemente este pedestal fue destruido y la cruz atrial corona ahora el moderno acceso al atrio, fabricado en mampostería de cantera rosa. Sería prudente intentar en algún momento la reconstrucción del pedestal y colocar de nuevo ahí esta cruz atrial, en el sitio para el que fue labrada.

Adornaban también este atrio varios credros de bastante altura igualmente retirados ya.

La fachada de esta capilla -igual que la de la parroquia de Aculco- se desarrolla en varios cuerpos horizontales separados por molduras y tres calles verticales divididas por machones verticales. El remate de perfil triangular que se quiebra o forma un "escalón" a la altura de los machones centrales, para formar un triángulo menor, sigue directamente las líneas del gablete de aquella parroquia. Sin embargo, difiere de ella significativamente en los materiales, pues no empleó la cantera en sus paramentos sino una rústica mampostería enfoscada. De igual manera la relativa abundancia de detalles ornamentales del templo de Aculco se reduce aquí a lo esencial: el arco de cantera del acceso principal, un par de hornacinas vacías a sus lados, la ventana del coro adornada con relieves muy rústicos, el nicho que bajo una venera guarda un relieve pintado del apóstol Santiago en su caballo, un par de gárgolas que emergen de los machones laterales y una estrella o sol casi en la cúspide. Sobre la cornisa se yerguen dos imágenes de bulto en piedra, que parecen representar a san Pedro y san Pablo (aunque parece ser que la tradición local los identifica con los encomenderos). Una antigua cruz remata la composición y frente a ella, cubriendo parte de su pedestal, se colocó una escultura de ave con las alas extendidas que parece representar la paloma del Espíritu Santo.

Al lado derecho de la fachada se levantó un contrafuerte inclinado que la oculta parcialmente.

El primer cuerpo de la torre es contemporáneo de esta fachada, lo que se descubre en una fecha que lleva inscrita: 1708. En la cara oeste de este primer cuerpo fueron empotrados un par de corderos pascuales de piedra, cada uno de ellos mirando hacia el lado opuesto, que siempre me han parecido fascinantes por su carácter arcaico, casi románico o gótico, y que pueden señalarse entre las mejores piezas escultóricas en piedra de todo el municipio. Sobre este pedestal se desplanta el campanario de dos cuerpos rematado por un chapitel que recuerda una mansarda, el cual fue edificado entre 1858 y 1860 por el maestro don Juan Llerende, como reza una inscripción. Las campanas pertenecen también a la década de 1860.

Un elemento interesante que conocí ya fuera de su ubicación original fue un reloj de sol hecho en cantera, que estaba malamente colocado sobre el arco de entrada al atrio antes de su reciente reconstrucción. Parece ser que todavía se encuentra ahí en el atrio, entre otras piedras descartadas. Ojalá en la restauración en curso se consiga por lo menos reubicarlo en un sitio en el que esté menos comprometida su supervivencia.

El presbiterio se aloja en un alto cuerpo prismático, cubierto como ya mencioné por una cúpula de media naranja (aunque lo defectuoso de su construcción le da una forma muy poco regular). Corona la cúpula una cruz de doble travesaño sobre un peestal que evoca sin serlo una linternilla, mientras que los ángulos de los muros tuvieron sendos remates de los que sólo se conservan los dos posteriores. Una cruz más se yergue sobre el testero y desaguan la cubierta cuatro gárgolas que evocan muy cercanamente por su extremo en forma de flor las del templo parroquial y del antiguo convento. En el muro de la "estampa" existe un curioso relieve con flores y una cruz.

El interior de la capilla de Santiago Toxhié es oscuro, ya que se ilumina solamente por la puerta de entrada, la ventana del coro y un par de óculos en los muros laterales del presbiterio. Entre la nave y el prebiterio se ubica el "arco triunfal" de cantera, que lleva labrada en su clave una figura que puede ser la de un ángel (por los relieves en forma de ala a los lados) o la de un sacerdote (pues parece llevar sobre la cabeza un bonete). La viguería del tapanco está pintada de azul y se apoya en canecillos labrados, de los que los más cercanos al arco triunfal son más largos y están labrados en forma de león. El coro, también de madera, es de poca altura y se halla muy maltratado.

El altar mayor parece ser demasiado moderno. Por su remate formado por tres frontones triangulares excesivamente peraltados y coronados por una cruz el del centro y ráfagas los laterales, se puede afirmar que está inspirado en un retablo neoclásico, si bien éste es poco más que una gran vitrina. Al pie del altar se colocan las antiguas imágenes procesionales de Santiago el Mayor y el Menor (según me han dicho), ambos sobre caballos blancos y casi indistingubles uno de otro. A lo largo de la nave se hallan otros altares y cuadros, las banderas que los habiatntes de Toxhié usan en sus procesiones (y que probablemente están emparentadas con la bandera insurgente de Aculco), etcétera.

La parte del templo que habrá de intervenirse en la actual restauración comprende todos los elementos de madera del tapanco de la nave, el interesante terrado que se ubica encima suyo, con curiosas canalizaciones para el agua de lluvia que se filtra, los morillos que sostienen la cubierta a dos aguas y la totalidad del tejado. La obra se realizará con recursos a partes iguales del FOREMOBA/CONACULTA y del municipio de Aculco.