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martes, 27 de diciembre de 2022

El testimonio de la fundación de Aculco en 1522

Como todos ustedes saben, el pasado mes de septiembre se celebraron los 500 años de la fundación de Aculco con diversos actos organizados tanto por el Ayuntamiento como por organizaciones civiles de nuetsro pueblo. Una de ellas fue la conferencia que presenté el día 23 de ese mes por invitación de la asociación civil Mujeres por Aculco, misma que pueden ver en esta liga de youtube: Aculco a 500 años de su fundación virreinal.

En la presentación, me referí al documento que da sustento a la fecha del 30 de septiembre de 1522 como el día de la fundación de San Jerónimo Aculco, la "Relación de méritos de un capitán de guerra otomí fundador del pueblo indígena llamado Scidoo". Este documento es muy poco conocido, pues únicamente se ha publicado su transcripción en la Gaceta de la crónica e historia de Salamanca, Guanajuato, en su número correspondiente a julio-septiembre de 1986, y por ello me parece oportuno publicarlo íntegramente en este blog antes de que concluya este año de festejos.

No voy ahora a profundizar en el contexto en que se escribió esta relación o en la calidad auténtica o apócrifa del documento (cosa que sí hice en la conferencia, a la que remito a quien esté interesado en el tema). Simplemente traslado lo que se publicó en la Gaceta, incluyendo la introducción escrita por el cronista salmantino Juan Diego Razo Oliva, en la que él explica las circunstancias en las que estos papeles llegaron a su poder, sus características y alguna opinión suya sobre la necesidad de profundizar más en el estudio de este tipo de documentos. Por cierto, no incluí un tercer documento (o tercera parte) al que alude Razo Oliva, pues procede de otro acervo -el Archivo General de la Nación- y se aleja del tema central para nosotros: la fundación de Aculco. Dado que el texto es algo largo, marqué con negritas el párrafo que habla sobre este hecho.

 

Documentos... y testimonios

INTRODUCCIÓN

Entre los varios papeles de su archivo que poco antes de morir me legó el inolvidable Pepe Rojas Garcidueñas, hay unos manuscritos de Don Pedro González -el otro gran historiador y erudito salmantino-, fechados en Salamanca y Dolores Hidalgo en Junio de 1891. Están muy rotos y con riesgo de mayores deterioros, por lo cual plenso entregarlos en custodia al Archivo Histórico Municipal que blen ha organizado Fidencio García Pérez; con la sugerencia para Victor Deschamps Contreras y el H. Cabildo Municipal de que la Sala de Consulta de dicho Archivo o toda esta unidad documental, lleve el nombre de Don Pedro González, como perpetuo y merecido homenaje a tan ilustre historiador y geógrafo salmantino, a quien mucho debemos aquí en la región los que estudiamos sobre nuestros municipios y el Estado de Guanajuato.

Entre los varios papeles de su archivo que poco antes de morir me legó el inolvidable Pepe Rojas Garcidueñas, hay unos manuscritos de Don Pedro González -el otro gran historiador y erudito salmantino-, fechados en Salamanca y Dolores Hidalgo en Junio de 1891. Están muy rotos y con riesgo de mayores deterioros, por lo cual plenso entregarlos en custodia al Archivo Histórico Municipal que blen ha organizado Fidencio García Pérez; con la sugerencia para Victor Deschamps Contreras y el H. Cabildo Municipal de que la Sala de Consulta de dicho Archivo o toda esta unidad documental, lleve el nombre de Don Pedro González, como perpetuo y merecido homenaje a tan ilustre historiador y geógrafo salmantino, a quien mucho debemos aquí en la región los que estudiamos sobre nuestros municipios y el Estado de Guanajuato.

Entre los varios papeles de su archivo que poco antes de morir me legó el inolvidable Pepe Rojas Garcidueñas, hay unos manuscritos de Don Pedro González -el otro gran historiador y erudito salmantino-, fechados en Salamanca y Dolores Hidalgo en Junio de 1891. Están muy rotos y con riesgo de mayores deterioros, por lo cual plenso entregarlos en custodia al Archivo Histórico Municipal que blen ha organizado Fidencio García Pérez; con la sugerencia para Victor Deschamps Contreras y el H. Cabildo Municipal de que la Sala de Consulta de dicho Archivo o toda esta unidad documental, lleve el nombre de Don Pedro González, como perpetuo y merecido homenaje a tan ilustre historiador y geógrafo salmantino, a quien mucho debemos aquí en la región los que estudiamos sobre nuestros municipios y el Estado de Guanajuato.

Volviendo a los documentos del caso, don Pedro González anota que los copió fielmente de un antiguo y ya casi llegible cuaderno que le prestó el salmantino Eufemio de la Cruz Zamora, descendiente de antiguas familias del barrio de Nativitas. En efecto, contienen una relación de mérito en campaña del capitán otomí de Frontera Chichimeca Don Juan de la Cruz Zamora (1a. parte). Que presuntamente hacia los años 1523-1530 llegó aquí a las riveras del río y con otros guerreros de su raza estableció y erigió los pueblos de San Juan Bautista Scidoo y de Santa Maria Nativitas. Y expuestos los grandes servicios prestados a la corona en la empresa de conquista y colonización de la Frontera Chichimeca Guachichil, tramitaron se les reconocieran títulos y privilegios de Caciques Principales, miramientos y tratos de nobleza, etc. (2a. Parte). Debo advertir que al publicar estos papeles no intento más que aportar unos cuantos datos más de los muchos que aún desconocemos y que faltan de confrontarse y analizarse con el debido cuidado, a efectos de poco a poco confirmar o desmentir la versión que sitúa precisamente en dichos barrios otomies, el núcleo de poblamiento que luego, en 1603, aglutinó la naciente Villa de Salamanca. Creo que al respecto nos queda mucho por conocer e indagar. Los mismos documentos aquí transcritos dados como verdaderas primicias para el lector de la GACETA no permiten concluir en un sentido o en otro, pues sus cifras, datos, referenclas y el mismo tono y estilo en que fueron redactados, sugieren graves dudas sobre su autenticidad y concordancla con otras fuentes históricas. Las intercalaciones que llevan entre paréntesis son de Rojas Garcidueñas y mías; y sólo fueron para aclarar la forma gramatical y facilitar su lectura por cualquier tipo de público.

El tercer documento, por último, si está debidamente peleografiado y corresponde al Acervo del Archivo General de la Nación. Aunque ya en la revista Salamanca Gráfica y Documental (Edición Especial de RIAMA, 1982) lo publicamos en versión directa, ahora lo volvemos a publicar en versión más comprensible. Se trata del acta de posesión y confirmación de la merced para la fundación legal del pueblo de Santa María de Nativitas, donde justamente el 8 de septiembre pasado volvieron a celebrar su fiesta de aniversario. Con estos documentos y los que ya aparecieron en la GACETA 1, cerramos un pequeño ciclo Informativo sobre la historia de los barrios de San Juan y Nativitas. (JDRO).

 

RELACIÓN DE MÉRITOS DE UN CAPITÁN DE GUERRA OTOMÍ PRESUNTO FUNDADOR DEL PUEBLO INDÍGENA LLAMADO SCIDOO

D(on) Juan de la Cruz Zamora, Indio cacique y principal de la provincia de Xilotepeque y capitán de los chichimecas, Caballero de la Orden de Santiago, Hijodalgo del Rey N(uestro) S(eñor) y su leal vasayo(;) el que ayudó a conquistar la frontera sur en el glorioso día del Señor San Gerónimo, la ganamos habiendo quinientos sesenta y dos mil chichimecas y murieron ciento veintidos mil y los demás se dieron de paz y los bautizamos con el R(evenderisimo) P(adre) Juan Bautista y les pusimos su Al(calde) y Fiscal y este pueblo se llama San Gerónimo Aculco y fue en el año de mil quinientos veintidos años (,) día de San Gerónimo...

Y pasamos a conquistar a Santa María de la Asumpclón Tequisquiapan en donde habla trescientos y treinta mil chichimecas y los vencimos y murieron sesenta y tres mil chichimecos y los demás los bautizamos en el cerro en un bautisterlo en donde estaba un ojo de mar hirviendo debajo de una peñuela (;) y lo hicimos con el Padre Don Juan Bautista y Don Alonso del Amor (,) ambos misioneros de la santa doctrina y fue en el año de mil quinientos veintitres años a quince de agosto.

Y pasamos a conquistar la frontera del Nordeste en donde había cuatro cientos y treinta y dos mil chichimecas y su capitán se llamaba Amuxe y los vencimos el glorioso día de San Juan Bautista y murieron doscientos veinticinco mil chichimecos y los demás se bautizaron a la falda de un cerrillo llamado Tenamacua (;) y les pusimos su Al(calde) y Fiscal para que les enseñaran a rezar. Fuimos al paseo en la (rotura; faltan palabras) grande para ir a la Gran Chichimeca (rotura: faltan palabras) y es el pueblo de Maxcu.

Y pasamos a conquistar la frontera (rotura: faltan palabras) donde había ochocientos y cincuenta mil chi(chimecos) y su capitán se llamaba Palaña y otro capitán se llamaba Espejos y (h)ubimos guerra y estuvimos guerreando treinta y dos horas y los vencimos y también se dieron porque devisaron (en) el aire al glorioso Señor Santiago Apóstol y a la Santísima Cruz (;) y asi se les hizo una Santa Cruz y por Providencia Div(ina) halló el maestro cantero cinco pledras en el arroyo de una Quebrada y estas se vinieron y al otro día de Señor Santiago Apóstol se puso la Santísima Cruz y se unió con la tierra y se dijo la Misa del Divino Espiritu y al instante todos se dieron. Hicimos el paseo en el llano grande para ir a la conquista de San Pedro de la Cañada (,) estuvimos guerreando quince horas y los vencimos y matamos a cincuenta y dos mil chichimecos y se bautizaron doscientos y nueve mil y se contaron trienta alcaldes de Mecos y un intérprete de ellos se llamaba don Martin de Arco y Flecha (.) (Y) corría la sangre hasta el arroyo Chichinchi y este pueblo se llama Santiago Querétaro (.) (Y) pasamos a y la ganamos con muchisimo trabajo y pasamos a conquistar a San Pedro de la Cañada y se bautizaron los chichimecos cerca de la piedra (Sagrada) que está dentro del río y a un lado está un ojo de mar hirviendo (;) y su capitán de estos se llamaba Coyote Maseomiri y les pusimos Alcalde y Fiscal para que los enseñaran a rezar y lo ganamos el día veintinueve de Junio de señor San Pedro Apóstol a las doce del día y así se llama San Pedro de la Cañada.

(Segui)mos a la conquista de San Geronimo Alfa (rotura: faltan palabras) dimos batalla sangrienta a más de treinta (rotura: faltan palabras) y murieron cinco mil y más (rotura: faltan palabras) que quedaron vivos se dieron a (rotura: faltan palabras) fe Catholica y los bautizamos y les pusimos su Alcalde y Fiscal y este lugar está a la falda y orilla del cerro de Peña León donde está un ojo de mar al pie (;) y había ciento y ochenta y dos mil chichimecos y murieron diez y nueve mil y los demás se dieron en el glorioso día de San Isidro Tolimanejo y seguimos a la frontera en donde había seiscientos catorce mil chichimecos y los vencimos en el glorioso dia de Sant Pedro Apóstol y murieron ciento y cuarenta mil chichimecos y los demás se bautizaron en el ojo de mar a la falda del cerro Maxini y les puse su Alcalde y Fiscal para que les enseñaran la santa doctrina y se llama el pueblo de San Pedro Tolimán.

Y de allí volvimos a conquistar a Sichún en donde había tresclentos y diez y nueve mil chichimecos los demás se bautizaron al pie del cerro Chinchi en donde está una peña larga a modo de sangre (;) y les pusimos Alcalde y Fiscal para que les enseñaran la Santa Doctrina y este pueblo se ganó el día de San Francisco a cuatro de octubre y se llama San Francisco Sichún y su capitán se llamaba Conejo.

Y de allí nos volvimos para el pueblo de Querétaro a disponer conquista de San Francisco Urireo en donde está un cerrillo punteagudo donde estaba un chichimeca llamado Venado en compañía de sesenta y dos mil chichimecos y los vencimos, murieron doce mil y los demás los bautizamos y les pusimos Alcalde y Fiscal y lo ganamos el día de Señor San Francisco de Borja y hoy se llama San Francisco Urireo.

(Y) nos venimos a San Bartolomé de Aguascalien(tes) (rotura) había doscientos y sesenta y cinco mil chichimecos y su capitán se llamaba Tecolote y los vencimos después de guerrear once horas y matamos treinta y dos mil chichimecos y los demás bautizamos y les pusimos su Alcalde y Fiscal para que les enseñara la Le(y) de N(uestro) S(eñor) y su Santa Doctrina y está este pueblo donde se está el ojo de mar hirviendo que hacen unos tepetates y esta agua es muy caliente y declan los chichimecos en el desafío que fueran los Santos P(adres) que les harían recibimiento en aquella agua caliente (;) y se ganó el día de San Bartolomé Apóstol y se llama San Bartolomé Aguascalientes y de allí fuimos a San Juan de Apasco (Apaseo) en donde había doscientos y setenta y ocho mil chichimecos y los demás los bautizamos en el ojo de mar hirviendo y les pusimos su Alcalde y Fiscal para que les enseñe la Santa Doctrina y este pueblo se ganó el día de San Juan Bautista y está a la falda de una loma extendida.

Y de allí venimos a la frontera del cerro Nazdate en donde había quinientos y noventa y dos mil chichimecos, y su capitán se llamaba Grillo (,) los vencimos y matamos trescientos y veintidos mil y los demás los bautizamos y se llamó el pueblo de San Juan Bautista Scidoo y yo como capitán pedí tierra para la fundación de este pueblo y me quedé viviendo en él porque por él y cerca pasa un rio muy caudaloso.

(Hasta aquí la transcripción de don Pedro González, quien termina con una nota que dice: "Es copia en parte de la original, cuyo principio y fin está(n) ilegible(s) por lo muy antigua y maltratada. Salamanca, 14 de Jullo de 1891", P. González; rúbrica).

 

RECONOCIMIENTO Y CONFIRMACION DE LOS TITULOS Y PRIVILEGIOS PARA LOS CAPITANES DE GUERRA OTOMIS, PRESUNTOS FUNDADORES DE SAN JUAN XIDOO Y SANTA MARIA DE NATIVITAS

"Un sello negro con las armas españolas que dice: "Carollis III D.G. Hispanias Rex, Impreso: "Sello Quarto. Un quartillo. Años de mil setecientos ochenta y uno".

Don Carlos Quarto por la Gracia de Dios Ntro, Sr. Rey de Castilla, de León, (siguen otros titulos de realeza).

Por cuanto a los Reyes y Grandes Príncipes pertenece principalmente engrandecer a los que de corazón (les aman?) y a los que lealmente les sirven(,) dándoles dignidades con que ellos y sus hijos y linajes fuesen más honrados. Por eso los sabios antiguos di(j)eron que sólo a los Reyes pertenece engrandecer o ennoblecer y usar de la justicia como decían que es de un hombre a otro. Más también de la justicia distributiva que es en este remunerable galardonar los cargos o buenas obras cuando las mercedes corresponden a grandes servicios en orden de armonía muy apacible a Dios Nto. Sr. a toda razón natural a los Reyes nuestros progenitores de gloriosas memorias que ennoblecieron a muchos de sus súbditos y naturales que blen o lealmente fueron (,) para que destos queden memorias de sus lina(jes) o aquellos exemplos para los que deseen lealmente servir(.) (Y) a vos mi hijodalgo Cacique y Caballero de la (O)rden de Santiago(,) Señor de la Banda Don Diego (de la Cruz) Martinez(,) Capítán conquistador de la gran Provincia de Xilotepeque, poblador y fundador de ella(,) quien en compa(ñ)ía del capitán general don Nicolás Montañez de San Luis(,) Don Pedro Felipe Xtal(,) Don Agustin de Gugorrola y demás caudillos habéis conquistado esa provincia poniendo vuestras nobles personas con todo riesgo y pellgros por nuestro servicio y (por) haber mucha pérdida en (v)uestro caudal y disteis batallas sangrientas con los guerreros bárbaros Cichimecos Guachichiles Gente Indómita de mala prosapia: Pues gloriosos Dios hízoles pedir paz abrazándose a la ley del Santo Evangelio y les arruinasteis la ine(x)pugnable fuerza con que vivían sepultados en la región del olvido (;) por cuya razón queriendo remunerar por esta nuestra real cédula y merced de tierras(,) debéis gozar un sitio de ganado mayor en término de la población de Xilotepeque y su provincia y os mando haréis una casa y en ella pondréis mis armas reales y las vuestras de que os (h)ago merced y serán en quarteles. Que en el primer quartel pondréis una Aguila Imperial a su color parada en un nopal. En el segundo una colu(m)na con letras de oro que diga Ave María. En el tercero pondréis vuestra semejanza. En el cuarto dos estrellas en campo verde. (Os) (h)ago merced vuestra casa de circunferencia de todas mis justicias para que nos vayan de poner a vuestra noble persona y a algunos de vuestro lina(je) así hijos como nietos (,) (b)isnietos(,) chosnos (,) bischosnos y demás sucesores de vuestra noble personal (,) así los que a(h)ora son como los que sean de aquí adelante que hayan de tener dicha vuestra casa para que gocen de este privilegio que (a) vos concedo. Compelo a todas justicias así los que a(h)ora son como los que sean de aquí adelante se han de aportar con mi vara que les será dada por mi Viso Rey o el que le considere sus veces y que hayan vestido de punta en blanco como también yos concedo para que uséis armas así ofensivas como defensivas y a vuestros hijos herederos subcesores y que podáis rondar así vuestro pueblo como fuera del (;) y (h)ago a vos hijo dalgo ml cacique de los caciques principales de ese pueblo. (Y) como señor de vuestro pueblo no consintáis que en (él) se introduzca ninguna justicia ni juez y que ningun(o) tenga voz activa ni pasiva so pena de negarlos por extraños a mi Real Corona. (Y) en la elección que hiciéredes se la remiteréis a mi Viso Rey para que la acuerde é la confirme sin consentir que en ella entren más que los que hubieren titulos de caciques y principales y nomás iguales ó libres vuestros pobladores y conquistadores de todos vuestros (h)echos ó derechos de tributos o alcaldes con otras imposiciones anexas á vuestros pueblos con todo el señorío de Jurisdicción civil ó criminal y que todos ellos podáis usar por título universal oneroso y lucrativo como de cosa vuestra. Y anulo muestra (C)édula que hubiere antes de esta ó después de esta para que solamente ésta sea válida. Y que os hayan y tengan llamen o intitulen Don Diego Martínez é así se llamen é intitulen vuestros hijos, herederos y subcesores que vuestra casa hereden y que hayan de gozar de los privilegios que vos concedo á vuestra noble persona. Apelo á todas mis Justicias guarden lo contenido en esta mi (C)édula y merced; por lo que mando a todos los Infantes (,) Prelados (,) Duques (,) Marqueses (,) Condes (,) Ricos Homes (,) Maestros de Ordeneschichimecos Priores (,) Comendadores (,) Subcomendadores (,) Alcaldes de los Castillos y Casas Fuertes (,) a Nuestro Consejo ó Viso Rey Presidente y Oidores (,) Alcaldes Mayores (,) Regidores (,) Alguaciles á los de mis justiclas y Gobernadores y á todos mis Consejos y Cancillerías Reales así á los que a(h)ora son como los que sean de aquí adelante (,) en particular la justicia de Xilotepeque y Ayuntamiento y demás lugares (,) (so) pena de mil pesos de oro común para mi Cámara y ayuda de mis gastos de Justicia- Dado en esta Noble Villa de Valladolid en treze de mayo de mil é quinientos y treinta y dos años. -Yo el Rey- por Mandato de su Magestad y su Alteza- Don Lorenzo Juárez de Mendoza",

(Hasta aquí la supuesta Cédula Real; en seguida vienen dos Actas confirmatorias de la misma, expedidas por los Virreyes Luis de Velazco y Martín Enríquez de Alamanza).

"... Por cuanto ha sido hecha relación que Don Diego Martinez es Indio Cacique Conquistador y Capitán General del pueblo de Santa Maria Nativitas (,) fundador y poblador de dicho pueblo y para que sepa notoriamente que es hijodalgo del Rey Ntro. Señor y Caballero de la (o)rden de Santiago (,) Cacique y principal de los casiques y principales de la gran provincia de Jilotepeque, que llegue á noticia de todos mando se guarde y se cumpla lo contenido en esta Real Cédula dada por su magestad y librada del Real Consejo de Indias (,) (so) pena de quinientos pesos para la cámara de su Magestad. (H)echo en México Tenuxtitlán en Diez de Octubre de mil quinientos e treinta y tres años. -Don Luis de Velazco(.) Francisco de Urquisa Escribano Real. "Don Martin Enriquez de Alamanza Capitán General (etcétera)... Hago a vos mi alcalde mayor de la gran provincla de Jilotepeque como me ha sido (h)echa relación que Don Diego de la Cruz Martinez es Cacique y principal de los principales Caciques de esa gran provincia de Jilotepeque y demás partes del pueblo de Ntra. Señora Santa Maria Natividad en que atento haber sido capitán de las fronteras de Chichimecas (,) poblador fundador y conquistador de ese dicho pueblo de Santa Maria Natividad y haber amantenido a los indios chichimecas de paz y que no es razón que por haberse convertido a nuestra Santa Feé Catholica ellos de peor condición y calidad y pierdan sus derechos que antes tenían y gosan de la Real Cédula de su magestad Don Carlos Quinto que Dios guarde años ,() pues por su fidelidad y lealtad del caballero primo Casique y principal Don Diego de la Cruz Martínez y demás que lo acompañan los caballeros y Capitanes Don José Alonso Palo (,) Don Antonio Guzmán (,) Don Agustín de la Bárcena (,) Don Bartolomé del Toro (,) Don Phelipe Ixal ,() Don Francisco Gurrola (,) Don Estevan Gonzáles (,) Don Pedro Hernández de la Guerra (,) Don Joseph Massimi (,) Don Pedro Martínez (,) Don Juan de los Angeles (,) Don Antonio de Luna (,) Don Nicolás Lugo (,) Don Christobal Sánchez (,) Don Gregorio Fierro (,) Don Juan Bocanegra (,) Don Pedro de la Cadena(,) Don Joachim Miguel Bala-Blanco (,) Don Santiago Granada y Tapia (,) Don Juan Carnero (y) Don Estevan de la Mota. Todos capa(c)es para el ministerio de Guerra caudillos capitanes y caballeros y casiques principales de Jilotepeque y Tula() harcis (sic: por haréis?) que Pedro Ledesma español inteligente en las disposiciones españolas y milicia chichimeca le acompaña al caballero y capitán Don Diego de la Cruz Martínez que lo acompañó en todos los puestos y (a)saltos que le acaecieron de guerra en fronteras de chichimecas y de San Juan del Río Maxen (,) San Pedro del Rincón (,) San Francisco Toliman (,) San Phelipe (,) Santiago Querétaro (,) San Francisco Urireo (,) San Bartolomé de Aguascalientes (,) San Juan de Apaxeo (,) San Pedro Purguagua (,) San Miguel Tarimoro (,) Santa Maria Natividad (,) Acámbaro (,) Santiago Silagua (,) León (,) Villa de San Miguel (,) San José Sombreretio (,) San Juan de los Lagos (,) y Sierra Madre y demás partes que (a)rmados de punta en blanco con vara de bastón de obediencia y por el real mandato que se dio de esta real audiencia y libros en el dicho Don Diego de la Cruz Martinez caballero de la Orden de Santiago casique principal de los casiques principales de ese pueblo. Vos (h)ago saber á vos mi alcalde mayor de la Villa de Zalaya que habéis de atender a dicho Don Diego de la Cruz en lo que se le ofreciere de justicia como también se le concede merced para que pueda cargar armas asi ofensivas como defensivas y que pueda rrondar (sic) dentro de canales (sic: por calles) como fuera de ellas y puede prender y usar de su justicia contra los que husurpen (sic) el Real haber y cualesquiera que no lo pagaren. Doy plenísima de este mi superior mandato á todas mis justicias en donde quiera que vaya sea (a)tendido y mirado y que no se le estorbe el derecho que se le concede para que dé él sus frondas (sic) así en poblados Villa y Ciudad como en la guarda de los campos y se dé auxilios que pidiera (,) y mando que este privilegio lo go(c)en en sus hijos como nietos (,) bisnietos(,) tataranietos y demás subcesores(;) y vos mando a voz (sic) mi dicho Alcalde mayor de la provincia de Jilotepeque y demás partes del pueblo de Santa María Nativitas hagan publicar á son de caxa y clarín y voz de pregonero todo a los puntos de su executoria (,) siendo dignos por sus merecimientos que se sepan notoriamente como es hijodalgo del Rey Ntro. Señor (,) casique y principal de ese pueblo de Natividad. Mando se execute todo lo mandado (so) pena de quinientos pesos para la Real Cámara. Fecho en México Tenastitlán en honce (sic) de mayo de mil quinientos setenta y dos años: -Martin de Enríquez Por mandato de su excelencia -Diego de Studillo Lic(enciado) Canalexa. Lo (h)ice escribir para en favor del capitán Don Diego Martinez se gún lo contenido en ella. -Don Lorenzo Juárez Lic. Francisco Menchaca, -Don Alonso Salazar y Altamirano Marquéz de Bobischo.."

Un sello que dice: Carolus III D.G. Hispaniar Rexes. Impreso; Sello Quarto, un quartillo, Años de mil setecientos ochenta y ochenta y uno.

(Y la nota final de don Pedro González díce: "Van copias de sus originales que tiene en su poder. D. Eufemio de la Cruz Zamora, vecino de Salamanca. Dolores Hidalgo, 29 de Julio de 1891". P. González. Rúbrica).

 

FUENTE: Juan Diego Razo Oliva, "Documentos y testimonios", Gaceta de la crónica e historia de Salamanca, Gto., julio-septiembre de 1986, p. 13-16.

jueves, 29 de abril de 2021

Ya es tiempo de preparar el festejo de los 500 años de Aculco

Según el único documento conocido que proporciona una fecha precisa de fundación de Aculco, este pueblo cumplirá 500 años de existir el 30 de septiembre de 2022. A exactamente un año y cinco meses de distancia de ese día, quizá es momento ya de que pensar cómo celebrar esa fecha tan significativa, que puede servir además como pretexto para reactivar con fuerza la actividad turística tras la pandemia (si es que para entonces ya ha pasado).

La fecha de fundación de Aculco -debemos dejarlo bien claro aquí- es tema todavía debatible. En el texto "Diez mitos e imprecisiones de la historia de Aculco", expliqué por qué los años que más se han mencionado para este hecho, los de 1110 y 1540, son descartables pues corresponden a sucesos distintos a su fundación. El documento más antiguo conocido en el que se habla de nuestro pueblo es el acta de fundación de Acámbaro, Guanajuato, del 19 de septiembre de 1526, en la que aparece mencionado don Pablo Fabián de León, cacique de San Jerónimo Aculco. Eso nos indica solamente que para ese año ya existía el pueblo. Ahora bien, el documento conocido como Relación de méritos de un capitán de guerra otomí, datado en el siglo XVIII pero conocido sólo por una transcripción del XIX, es el que afirma que el 30 de septiembre de 1522 se fundó Aculco, tras una batalla de los otomíes aliados de los conquistadores españoles contra los chichimecas. El texto habla sobre don Juan de la Cruz Zamora, fundador del pueblo de San Juan Bautista Scidoo (cerca de Salamanca, Guanajuato), y explica que él

ayudó a conquistar la frontera sur […] la ganamos habiendo quinientos sesenta y dos mil chichimecas y murieron ciento veintidos mil los demás se dieron de paz y este pueblo se llama San Gerónimo Aculco y fue en el año de mil quinientos veintidos años, día de San Gerónimo. (1)

Evidentemente la cifra de combatientes es exagerada, pero el texto puede contener algunos fundamentos de verdad conservados por tradición oral –por ejemplo, su calidad de pueblo fronterizo en aquellos años, o la colaboración de los otomíes en el proceso de conquista del Bajío–, tal como sucede con otros documentos similares que describen las hazañas de los caciques otomíes en los primeros tiempos de la colonización española. Y con esos fundamentos, quizá, la auténtica fecha de fundación de Aculco.

Sin dar por concluida esta cuestión -pues en el estudio de la historia es habitual que vayan surgiendo nuevos documentos que esclarecen el conocimiento que se tiene de los asuntos- opino que podemos aceptar de manera simbólica esa fecha y celebrarla. Muchas otras poblaciones en México y en el mundo tienen fechas de fundación todavía más inciertas que la de Aculco y a pesar de ello festejan la que consideran más probable. Es, ni más ni menos, el caso de la Ciudad de México, que este año 2021 ha decidido conmemorar los 700 años de su fundación.

¿Y cómo festejar estos 500 años de Aculco? La verdad es que se puede celebrar desde muchas vertientes: desde lo turístico hasta lo religioso, pasando por lo artístico y cultural. Creo yo que sería un magnífico momento para buscar el apoyo de otros niveles de gobierno, más allá del municipal, para abordar el mejoramiento de la imagen urbana que, siendo el principal atractivo de Aculco, se ha ido deteriorando seriamente con los años y ya merece atención. También, para obtener apoyo para solucionar otros problemas que el crecimiento y el turismo han traído consigo, como el tránsito y el estacionamiento de automóviles por el centro, para conseguir una plaza más despejada y atractiva para los visitantes. Sería un buen momento también para publicar una historia de Aculco actualizada. O para promover otras mejoras que considero necesarias, detalladas en el texto "Consejos que nadie pidió" que escribí hace dos años y que continúa vigente.

En fin, es precisamente ahora el momento de pensar qué hacer. Ojalá no dejemos pasar de largo esta fecha tan importante.

 

NOTAS

(1) Crespo, Ana María y Beatriz Cervantes, “Jilotepec en los mitos de Bajío”, en Dimensión Antropológica, vols. 9-10, enero-agosto, 1997, pp. 115-127. Disponible en: http://www.dimensionantropologica.inah.gob.mx/?p=1410

lunes, 10 de diciembre de 2018

En camino a la ruina: la capilla de Santa Ana Matlavat

Ennegrecida por los escurrimientos de lluvia, con sus paredes desconchadas y cuarteadas, los cabezales de las vigas de su cubierta podridos, sus tejas dilapidadas y rotas, la ventana de su fachada cegada con una lámina corrugada como si fuera un establo o un gallinero, sus vitrales rotos, permitiendo el paso de las palomas al interior del templo, la casa anexa a punto de caer: tal es el lamentable estado de la capilla del pueblo de Santa Ana Matlavat en diciembre de 2018.

A pocos parece importarles que esta capilla sea una de las edificaciones más antiguas de Aculco, quizá en efecto la más antigua. Ningún otro templo en todo el municipio tiene características constructivas tan claramente del siglo XVI: su ábside poligonal, sus almenas en lo alto, la curiosa ventana triangular del testero -herencia de la arquitectura gótica y románica-. Pocos parecen interesado en que este lugar esté ligado a la llamada "peregrinación azteca", como he señalado antes en este blog (si es que en efecto es el Matlahuacallan de las crónicas). A nadie parece decirle algo que este templo a punto de arruinarse contenga uno de los dos únicos retablos barrocos salomónicos de Aculco. Quizá casi nadie sepa que su presbiterio puede tener restos de pintura mural novohispana.

En otros templos de esta región el deterioro suele aparecer más por efecto del tiempo, del uso constante e incluso también por los esfuerzos mal encaminados para preservarlos. Pero parece como los vecinos de Santa Ana hubieran decidido simplemente abandonar esta capilla a su suerte, para que caiga y se olvide. Atravesando el atrio hay otro templo de construcción mucho más reciente, grande, vulgarmente suntuoso y estéticamente horrible, en la que la gente concentra sus cuidados, sin percatarse de que deja que se pierda lo verdaderamente valioso, lo irrepetible, lo que forma la raíz del lugar y que una vez que se destruya jamás podrá reconstruir.

Con todo, sé que hay algunos santanenses que buscan conservar su legado histórico. Este es el momento en que deben actuar, buscando de todas las maneras posibles que la comunidad y las autoridades se involucvren en su conservación y restauración. Sería muy lamentable que la capilla de Santa Ana Matlavat, única y con casi 500 años de vida, muriera en esta generación después de haber visto pasar tantas otras.

lunes, 9 de abril de 2018

Vestigios del gótico en Aculco

A Francisco de la Maza se le atribuye la frase que afirma "el arte gótico vino a morir en México". No le falta razón pues, en efecto, cuando en Europa las formas ojivales de ese arte cedían ya su lugar a las expresiones del Renacimiento, en la Nueva España se construían todavía -bajo el ímpetu de la arquitectura de la evangelización- bóvedas de nervaduras como las de la iglesia del convento de Oaxtepec, rosetones como el de Yecapixtla, claustros como el de Actopan, perfiles almenados como el de Yuriria, torres como el Rollo de Tepeaca, ventanas como las de Yanhuitlán, gárgolas como las de Cuitzeo, etcétera, los que claramente mostraban su filiación total o parcial con la última etapa del gótico español. No hay que confundir esta herencia gótica -auténtica- con el falso neogótico del siglo XIX, que intentó revivir un estilo que ya para entonces sí estaba completamente muerto.

Este arte gótico final es conocido también como "gótico isabelino", pues surgió y fue impulsado en tiempos de la reina Isabel la Católica. Por su naturaleza de estilo de transición resulta difícil clasificarlo y definirlo, pues en él se mezclan elementos propios del gótico con nuevos elementos renacentistas y otros procedentes del mudéjar. Entre otras características, se advierte la preferencia del uso del arco carpanel, y particularmente del arco conopial, sobre el arco ojival del gótico anterior, aunque sin abandonar éste.

Todavía en fechas tan tardías como principios del siglo XVII llegaron a construirse obras de carácter gótico en México. De hecho, los vestigios de tal estilo en la región histórica a la que pertenece Aculco se pueden fechar quizá entre 1585 y 1620. Entre ellos vale la pena mencionar el arco del presbiterio de la parroquia de Jilotepec, la puerta de la capilla de la Tercera Orden del mismo lugar, los restos de la capilla abierta del mismo sitio, la portada y arco del presbiterio de San Francisco Soyaniquilpan, las columnas del claustro de Huichapan y algunas puertas de ese convento, y ciertas portadas del convento de Tecozautla.

En Aculco quedan apenas algunos restos de aquellos tiempos, que debieron corresponder a la primera etapa constructiva del convento franciscano. Algunos otros que sabemos existieron (como los pretiles almenados de la parroquia) desaparecieron con el tiempo y bajo nuevas formas arquitectónicas. Pero nos concentraremos en lo que subsiste, que no son más que un par de portadas góticas de piedra: una que permanece en su sitio y otra ya fragmentada que anduvo rodando por ahí y actualmente se encuentra bajo mejor resguardo.

La primera portada se encuentra en el acceso al coro del templo, mirando hacia el interior de esa curiosa torrecilla que antes he señalado en este blog, ubicada en un ángulo del convento. De factura sencillísima, se adorna únicamente con un abocinamiento que forma una doble arquivolta y en consecuencia un doble arco conopial. Su dintel, monolítico y bellamente curvado, se halla roto cerca del vértice. La jamba izquierda de la portada se halla semioculta por el muro poniente de la torrecilla, lo que es señal de su mayor antigüedad.

De la segunda aportada tan sólo se conserva el dintel, también monolítico. Es, sin embargo, de factura más tosca tanto en su labrado como por la falta del abocinamiento y la ausencia de curvatura del cerramiento. Su escotadura conopial es con todo más marcada y se adorna con los monogramas de Jesús y María, bastamente labrados. Muestra las huellas de una intervención que quizá afectó la altura del recinto en que se hallaba pues su parte superior se rebajó sin gran cuidado. La piedra fue finalmente desechada y por años se halló tirada al norte de la iglesia, donde antaño se levantó la capilla de la Tercera Orden. Ahí la fotografié hacia 1997. Más tarde fue llevada al claustro y ahí se encuentra actualmente.

Si bien se trata tan sólo de vestigios, huellas apenas del primer convento de Aculco, este par de portadas góticas resultan especialmente valiosas para su historia: nos hablan de una época, del carácter arquitectónico de un edificio fundacional y de su persistencia hasta el día de hoy. Son obras de auténtico gótico, estilo que entonces que agonizaba en América.

* * *

He querido dejar aparte de los casos anteriores este nicho por su procedencia ajena al pueblo, pues llegó a Aculco traído de Guanajuato. Como se observa en la fotografía, sobre el arco carpanel que forma la concha las molduras se curvan formando un arco conopial, composición frecuente en las portadas del gótico isabelino. La moldura más exterior por cierto, presenta un diseño parecido al del cordón franciscano, lo que puede quizá señalar su procedencia conventual. En la parte superior, la cornisilla sobre dentículos la vincula con el arte renacentista. Aunque la figura que alberga parece evocar una fuente y por tanto quizá una pila de agua bendita, no presenta un hueco que permita atribuirle dicho uso. Se encuentra en una casa particular de Aculco, suelta, no colocada todavía en un muro.

domingo, 19 de julio de 2015

La cruz más hermosa de Aculco

Todas las antiguas capillas de los pueblos que pertenecen al municipio de Aculco tienen su punto de interés, ya sea por su arquitectura en general, por las obras de cantería o escultura que albergan sus muros, por sus retablos, por sus cruces atriales, por lo pintoresco de su emplazamiento, por las ceremonias que en ellos se realizan y las tradiciones que guardan. A pesar de lo mucho que ha cambiado todo desde los tiempos en que fueron construidas, cada una de ellas sigue siendo el corazón de las comunidades en que se levantan y en todos los casos el edificio más representativo del lugar.

Una de las capillas más interesantes de este conjunto es la del pueblo de La Concepción. Algún día espero platicarles del magnífico retablo dorado en su interior, de las inscripciones que hay en su fachada de sencillo estilo barroco entablerado (las cuales nos señalan el año de su construcción, 1724) y de otros detalles que la hacen única. En esta ocasión solamente les señalaré uno de éstos, que me pareció interesante, desconocido y que sin atender a su pequeño tamaño es sin duda alguna uno de los mayores tesoros de la capilla y de todo el municipio de Aculco.

Se trata de la cruz de cantera que remata el hastial de la fachada principal del templo. Sus dimensiones son bastante menores, pues la cruz propiamente dicha, sin el pedestal, no levanta más allá de unos 60 ó 70 centímetros de altura. Quizá menos. Desde el atrio, el observador apenas alcanza a advertir que está ricamente labrada y sólo gracias a las fotografías ampliadas se puede contemplar la gran calidad de los relieves de esta pequeña cruz.

Efectivamente, cuando revisé las fotografías que tomé en una visita que hice al lugar a principios del pasado mes de mayo, quedé gratamente sorprendido por lo que me mostraban: aquella cruz parecía una versión reducida y "resumida" de una de las más importantes cruces atriales de todo el país: la de Huichapan, estado de Hidalgo. Compartía con ella varias de sus características más importantes que, partiendo de un valioso texto escrito por la restauradora Marcela Zapiain, serían las siguientes:

1. El cuerpo es monolítico, es decir, fue labrado en un solo bloque de piedra.

2. El palo vertical y el travesaño son de sección elíptica, o forma ovalada y muestran los elementos iconográficos en altorrelieve. Estos elementos son una síntesis de la pasión de Cristo.

3. Al pie de la cruz, sobre el palo vertical, se observa el cáliz y la hostia o Sagrada Forma, lo que las distingue de otras cruces.

4. Por encima de las imágenes eucarísticas aparecen uno de los clavos y un chorro de sangre con un tratamiento muy interesante que revela la iconografía y la mano de obra indígena.

5. Una característica particular, es la generosa corona de espinas que rodea el palo vertical y descansa sobre de los brazos de la cruz, a manera de flexible guirnalda: se trata de una corona con espinas de inverosímiles dimensiones. Por encima de ésta, aparece el rostro de Cristo, también coronado con espinas y de proporciones más normales.

6. En los brazos del travesaño, uno a cada lado, aparecen los clavos de la crucifixión sobre abundantes chorros de sangre. Las puntas del travesaño (cantoneras) fueron rematadas con decoración fitomorfa.

Por supuesto, son también varios los relieves que existen en la cruz atrial de Huichapan y que no tiene la de La Concepción (el resto de los símbolos de la pasión o arma christi - armas de Cristo). Esto se explica fácilmente por las pequeñas dimensiones de la cruz aculquense y de ahí que yo la llame una versión "resumida". Asimismo, es evidente que le falta la cartela del INRI, pero por el remate irregular del palo vertical se puede deducir que sí la tuvo y la perdió por acción del tiempo.

Ahora bien, ya antes varios historiadores de arte han señalado que la cruz atrial de Huichapan guarda mucha semejanza con otras cruces mexicanas, hasta el punto de que se ha propuesto la existencia de un taller (o quizá un único artista) del que habrían salido todas ellas, hacia el segundo cuarto del siglo XVI. Sobre este grupo de cruces muy similares, Constatino Reyes-Valerio escribió:

…algunas cruces de atrio como las de Atzacoalco, México, y la Villa de Guadalupe, Distrito Federal, así como en las de Jilotepec y Huichapan, en Hidalgo, guardan estrecha semejanza, como si hubiesen salido de un solo taller…

(Reyes-Valerio, Constantino. Arte Indocristiano, INAH, México, 2000. p. 329).

Pienso yo que Reyes-Valerio no debió incluir la cruz atrial de Jilotepec en el grupo, pues resulta muy diferente de las otras. En cambio, las de Huichapan, la Villa de Guadalupe y la de Atzacoalco sí guardan un parecido indudable en sus proporciones, iconografía y ejecución. Sólo las distinguen las dimensiones, pues las de Huichapan y la Villa son grandes esculturas, mientras la de Atzacoalco es menor. Vistas las semejanzas que guardan también todas ellas con la de La Concepción, incluso la calidad del labrado, creo que debe considerarse de ahora en adelante como la hermana más pequeña y discreta de este grupo de cruces "tipo Huichapan" y quizá en la que mejor se esculpió el rostro de Cristo.

Hay un detalle particular de esta obra, en comparación con las cruces más grandes del grupo, que no quiero dejar de mencionar: el tamaño de la cruz aculquense obligó al escultor a prácticamente encimar el clavo que correspondería a los pies de Cristo y su correspondiente chorro de sangre, con el cáliz y la Sagrada Forma. Algo que, como opina Marcela Zapiain tiene mucho sentido:

"Queda decir que el clavo casi dentro del cáliz con su derrame de sangre-vino me parece de lo más consecuente, una perfecta unión entre eucaristía y pasión, algo que no se le hubiera ocurrido a ningún copista reciente".

Finalmente, también el pedestal sobre el que se levanta la cruz llama la atención, aunque la calidad del labrado es muy distinta y más rústica. Su forma y el relieve geométrico de su frente recuerda lejanamente a los tepetlacallis, las cajas de piedra prehispánicas en que se guardaban ofrendas.

Agradezco mucho a Marcela Zapiain por sus comentarios, que me fueron de gran utilidad.

sábado, 23 de agosto de 2014

El bautisterio viejo

La arquitectura de la parroquia de San Jerónimo Aculco y sus casas curales -convento franciscano hasta 1759- es el resultado de más de 450 años de construcción, adiciones, demoliciones, transformaciones, renovaciones y cambios de uso. De tal manera, aunque el primer establecimiento franciscano data probablemente de 1540, seguramente sólo hasta finales del siglo XVI -cuando se convirtió en verdadero convento- el conjunto adquirió alguna relevancia y se asentó su trazado general; luego, a fines del siglo XVII y principios del XVIII, una nueva etapa constructiva le dio la fachada del templo, claustros y sacristía que podemos ver hoy en día; en la década de 1740 se añadió la desparecida capilla de la Tercera Orden y sólo a mediados del siglo XIX pero se concluyeron la bóveda, cúpula y decoración de la nave. De ahí que la parroquia y el ex convento luzcan -y a veces también escondan- huellas de varios siglos de existencia y repetida reedificación en el mismo sitio, muchas veces con las mismas piedras, reutilizadas una y otra vez.

También los espacios de este conjunto religioso han sido varias veces "reciclados" y ha cambiado su vocación por las necesidades de la época, por las transformaciones de la liturgia, por las modas y por muchas otras razones. Es el caso de un sitio que pocos, salvo los más viejos aculquenses, identificarían con su uso original: el bautisterio viejo.

La ubicación del bautisterio viejo fuera del templo e integrado al volumen del ex convento -pasando la portería o portal de peregrinos, a mano derecha, antes de trasponer la puerta que da al claustro-, nos puede parecer hoy en día excéntrica, pero en realidad es una traza que se repite en numerosos conventos novohispanos, especialmente en aquellos construidos en el siglo XVI. Es el caso, por ejemplo, del convento de Zinacantepec, donde el bautisterio con su magnífica pila se halla justamente a la derecha de la portería-capilla abierta, de manera parecida al de Aculco. De hecho, las disposiciones de la Iglesia desde la antigüedad hasta nuestros días han puntualizado la conveniencia de que el bautisterio constituya un edificio separado al templo y, cuando esto no sea posible, se ubique en una capilla cercana a su entrada, con su piso a menor nivel que el de la nave y delimitado por una puerta o reja que debe cerrarse.

Las razones de esta intención por mostrar la separación entre el templo y el bautisterio debemos buscarla en el propio sentido de los sacramentos que se administran en cada uno de estos lugares. El templo es el sitio de reunión de la comunidad cristiana, la ecclesia (asamblea). A él sólo deben acceder los cristianos que lo son plenamente por haber recibido el bautismo para celebrar la eucaristía, confesarse, casarse, recibir la confirmación, etcétera. En cambio, el bautisterio es la matriz desde la que el catecúmeno nace a la cristiandad y sólo después de pasar por él tiene derecho a entrar al templo. La separación entre templo y bautisterio no quiere decir que se reste importancia a este último; por el contrario, se trata de destacar su importancia pues el altar y el bautisterio son considerados los dos lugares más sagrados de un recinto religioso católico. Esta importancia del bautisterio y la intención de singularizarlo cuando los recursos lo permitían es evidente, por ejemplo, en los monumentales battisteri de Pisa y Florencia, que ocupan un ligar destacado frente a las catedrales de estas ciudades italianas. En México existen también ejemplos notables, como el bautisterio del convento de San Diego Churubusco, del siglo XVIII, o el mucho más moderno bautisterio de la Basílica de Guadalupe.

En tiempos de la evangelización, destacar la importancia del sacramento del bautismo debió ser muy importante para los frailes ante las multitudes de indígenas conversos. Prueba de ellos son las magníficas pilas bautismales del siglo XVI que subsisten en toda la geografía mexicana (entre ellas, la del cercano Jilotepec, con hermosísimos relieves renacentistas). También debió ser importante el señalar claramente la separación entre el templo, sitio de la comunidad ya cristiana, y el bautisterio, que era la puerta a través de la cual el catecúmeno entraba a esa comunidad. De ahí su ubicación apartada como ocurre en Aculco.

En su estado actual, el bautisterio viejo de Aculco es un recinto rectangular, orientado de norte a sur, poca altura y dimensiones no mayores a las que tendría una habitación de la época, con el acceso al norte, una puerta posiblemente moderna de comunicación hacia las dependencias curales al sur y una ventanita enrejada que da hacia la portería, quizá no muy antigua pero que ya existía con seguridad en 1838. Su única ornamentación visible es el arco de entrada, el que por su basta molduración considero pertenece efectivamente al siglo XVI. El interior, convertido primero en parte de la casa habitación del párroco y actualmente en notaría parroquial, no ofrece en su arquitectura ningún detalle notable. Originalmente, por supuesto, la gran pila bautismal debió estar colocada en su centro y seguramente existió en sus muros algún óleo que representaba el bautismo de Cristo, como era costumbre. De hecho, se conserva en la sacristía del templo una pintura de regulares dimensiones, pero poco arte, de esta escena. Data posiblemente del siglo XIX.

A mediados del siglo XX, sin embargo, se decidió mudar el bautisterio para que tuviera comunicación directa con la iglesia. Para ello se construyó un nuevo recinto sobre los restos de la antigua capilla de la Tercera Orden, al norte de la nave, aprovechando precisamente el acceso enmarcado en cantera que había servido para comunicar el templo principal con aquella capilla y que se encontraba tapiado. Este nuevo bautisterio se adornó con un vitral central que muestra la conocida escena del bautizo de Jesús por san Juan en el río Jordán y un par de vitrales laterales abstractos. Se le colocó además una reja de baja altura y feo diseño que no cubría todo el vano de entrada. Allá se mudó entonces la pila bautismal, elaborada en cantera rosa, que data posiblemente del siglo XIX.

Pero, como escribía al principio de este texto, los espacios cambian y son reciclados por los gustos, las modas, las disposiciones litúrgicas... o por real gana. Así, el bautisterio nuevo fue también transformado hace relativamente pocos años en capilla del Santísimo Sacramento, colocándose en su interior un sagrario, una mesa de altar, bancas y reclinatorios para cumplir su nueva función. Sobre las dovelas de la portada de acceso se colocó incluso un letrero que informa su actual destino. La gran pila bautismal fue movida una vez más, ahora junto a las gradas del presbiterio, del lado del Evangelio. Estos cambios, más allá de opiniones personales, contradicen varias disposiciones litúrgicas, como la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis del Papa Benedicto XVI:

... en las iglesias donde no hay capilla del Santísimo Sacramento, y el sagrario está en el altar mayor, conviene seguir usando dicha estructura para la conservación y adoración de la Eucaristía, evitando poner delante la sede del celebrante. En las iglesias nuevas conviene prever que la capilla del Santísimo esté cerca del presbiterio; si esto no fuera posible, es preferible poner el sagrario en el presbiterio, suficientemente alto, en el centro del ábside, o bien en otro punto donde resulte bien visible.

De tal manera, hoy en día el sagrario, que debería estar cercano al presbiterio, ocupa en Aculco los pies del templo, mientras que la pila bautismal, que se situaba tradicionalmente en un sitio aparte, a la entrada o fuera de la iglesia, está ahora junto al presbiterio. En ello hay una lección evidente: antes de hacer un cambio en este tipo de recintos, que encierran un simbolismo y una experiencia de siglos, hay que detenerse a pensarlo un poco más.

domingo, 1 de junio de 2014

¿Estuvo aquí un glifo-escudo de Aculco?

Un glifo es un signo labrado, pintado o escrito, que algunas veces puede tener valor fonético individual (es decir, que significa un sonido único), pero habitualmente representa palabras, frases o ideas más complejas. Los pueblos del México antiguo desarrollaron sistemas de escritura basados en glifos que, según señala el investigador David Wright, pudieron haber tenido además una interpretación común, pese a las diferencias de idioma, en la región central del país. Es decir, un códice quizá podría haber sido leído igual por un hablante de otomí que por uno de lengua náhuatl.

En el estudio de estos sistemas de escritura prehispánicos tienen un lugar particular los glifos toponímicos, es decir, aquellos signos que se refieren a los nombres de los lugares. Ya antes en este blog me he referido al caso particular del nombre otomí de Aculco y su verdadero glifo toponímico, que representa una espiral de agua. Como señalé entonces, se conservan dos representaciones de raíz otomí de este glifo: una dibujada en el Códice de Huichapan y otra labrada en piedra que procede de Jilotepec y se encuentra en las bodegas del Museo Nacional de Antropología. Ambas parecen referirse bien a nuestro Aculco o a su "gemelo perdido", el pueblo de San Juan Aculco que se despobló a fines del siglo XVI o en los albores del siglo XVII. Pero, ¿existió también en Aculco una representación de su glifo toponímico? Como veremos en este post, es bastante probable que así fuera.

Contemplada desde nuestros días, a veces nos parece que la Conquista de México representó una ruptura cultural de tal magnitud, tan de tajo, que lo que sobrevivió entonces de las culturas prehispánicas fue puramente residual. Sin embargo en muchos aspectos esto no fue así y sus elementos se mantuvieron a lo largo de siglos. Entre ellos, de manera destacada, el idioma, pues en un principio no se consideró oportuno que los indígenas aprendieran español, sino más bien fueron los frailes encargados de su evangelización quienes se dieron a la tarea de comprender sus lenguas y codificarlas en el alfabeto latino. Es más, en los primeros años de la Colonia, la lengua náhuatl vivió una etapa de expansión al convertirse en una forma de comunicación común entre los diversos pueblos hablantes de una inmensa cantidad de lenguas incorporados al Virreinato de la Nueva España. Todavía en el siglo XIX, después de la Independencia, la mayoría de la población mexicana hablaba su lengua indígena materna y fue más bien el esfuerzo de las autoridades republicanas que el de los reyes españoles el que impuso al español como lengua común.

Empero, una vertiente importante de la comunicación, la escritura glífica, sobrevivió menos tiempo, pues se impuso rápidamente la escritura de las lenguas mesoamericanas en caracteres latinos. A pesar de ello dos tipos de glifos mesoamericanos mantuvieron por mucho más tiempo su vigencia: los glifos toponímicos y los calendáricos. El investigador Constantino Reyes Valerio, en su libro Arte indocristiano, detalla el sentido y localización de estas reminiscencias y algunas de otro tipo en la arquitectura y pintura novohispana.

Así, en los mapas coloniales elaborados por indígenas, por ejemplo, fue sumamente frecuente la utilización de glifos toponímicos. Un caso local es la representación del cerro de Ñadó en un mapa de 1596 que se halla en el Archivo General de la Nación, dibujado como una montaña sobre la que se ve el glifo "piedra" (tetl en náhuatl, do en otomí). En la arquitectura, los glifos toponímicos tuvieron una adaptación singular: de simplemente simbolizar el nombre de un pueblo o ciudad se transformaron prácticamente en escudos de armas a la manera española y, tomando algunas de sus características, aparecen con relativa frecuencia en lsa fachadas de conventos e iglesias del siglo XVI. Entre los mejores ejemplos de esta transformación están los conventos de Acolman e Ixmiquilpan, que muestran en su imafronte los glifos toponímicos de esos pueblos integrados con escudos españoles y de la orden agustina en su hermosa arquitectura plateresca.

Dentro del territorio de la antigua Provincia de Jilotepec, a la que pertenecía Aculco en el Virreinato, sólo existe un ejemplo conocido: se trata de la capilla del pueblo de Santa María Amealco, en el municipio de Chapantongo, hoy Estado de Hidalgo, situado a unos 33 kilómetros en línea recta desde nuestro pueblo (no confundir con el otro Amealco, municipio vecino situado en Querétaro). En la fachada de este pequeño templo existe una extraña lápida que data indudablemente del siglo XVI y reúne de manera singular símbolos prehispánicos y cristianos.

Como se aprecia en la fotografía, un cordón franciscano que simboliza a la orden religiosa que evangelizó esta región rodea al resto de sus elementos. En la parte superior se observan sendos monogramas de Jesús (IHS) y Cristo (XPS) con marcos circulares. Ocupando casi todo el espacio que resta, aparece el glifo toponímico interpretado por los expertos como Coatepec (del náhuatl Coatépetl, de cóatl, serpiente y tépetl, cerro, "cerro de la serpiente"). En mi particular opinión, sin descartar que en su conjunto la interpretación sea válida, me parece que la representación del cerro encierra un significado más amplio. En primer lugar parece tener características de altépetl (palabra náhuatl que significa literalmente agua-cerro y que era utilizada para referirse a los señoríos prehispánicos), pues el glifo de cerro se muestra con un diseño en rejilla semejante al que se integraba a él para simbolizar el agua (aunque ciertamente sin los caracoles o puntos que debía llevar en cada "rombo"). El altépetl de la región era Jilotepec, por lo que estaría aludiendo a él. Esta interpretación se ve reforzada por la planta que nace en la parte superior del cerro, que si bien parece una flor de lis (o incluso el glifo ácatl-caña, o bien, sólo el "rizo" superior que a veces llevaba el glifo tépetl) podría estar simbolizando la mazorca de maíz tierno que individualmente o en par aparece en casi todos los glifos toponímicos de Jilotepec.

El observar por primera vez este relieve me trajo inmediatamente a la memoria una lápida con características similares que se ubica actualmente en la base de la torre de la parroquia de Aculco. Es evidente que a esta lápida aculquense le falta la parte inferior ya que el dibujo de su interior aparece trunco (llega hasta el borde de la lápida y se corta) y carece del enmarcamiento liso que poseen sus otros tres lados. Además, parece tratarse de un elemento reutilizado de alguna construcción anterior, ya que está labrado en un tipo de cantera más oscuro que el que se utilizó en casi todos los demás relieves de la fachada, levantada en 1701. Sin embargo, En su estado actual difícilmente podríamos ver en él la supervivencia de un glifo prehispánico y es sólo la comparación con el relieve de la capilla de Amealco el que nos da algunas pistas de lo que pudo haber en su parte perdida.

De entrada, llama la atención la semejanza en la calidad del labrado de las dos lápidas, lo que nos permite situar a la de Aculco con alguna certeza en el siglo XVI. La disposición de los monogramas es casi idéntica y la cruz, aunque es particular del relieve aculquense, lleva remates flordelisados que recuerdan el símbolo sobre el glifo tépetl de la otra piedra. Y, sobre todo, la base sobre la que se desplanta esta cruz no sólo tiene el perfil curvo de aquel glifo, sino también el mismo patrón en red que cubre su superficie. En vista de la semejanza entre estos relieves y considerando que el de Aculco está trunco, se puede afirmar con razonable seguridad que la parte faltante representaba, en efecto, el glifo tépetl, probablemente en su sentido de altépetl-señorío. Lo más probable es que tanto el relieve de Amealco como el de Aculco no sean copia uno de otro, sino que tuvieron un modelo común a partir del cual fueron elaborados. Este modelo común seguramente se hallaba en alguno de los dos conventos más importantes de la Provincia: Jilotepec o Huichapan. Al realizarse la copia, en Amealco se habría agregado, tal vez, la serpiente, mientras en Aculco se destacó por alguna razón la cruz, recuperando los relieves flordelisados que sin duda llevaba el original aunque no sabemos qué se quiso representar con ellos.

Y bien, ¿podemos suponer qué otros elementos contenía la parte faltante del relieve de Aculco?. Quizá sí: aventuro que, a cada lado del glifo tépetl, podrían haberse visto el par de mazorcas que simbolizaban el altépetl-señorío de Jilotepec, al que pertenecía Aculco. Quizá en la parte central del mismo glifo, o bajo él, habría estado el glifo toponímico de Aculco-Antamehe (su nombre, respectivamente, en náhuatl y otomí), en forma de espiral de agua. A semejanza de los de Acolman e Ixmiquilpan, este relieve seguramente se habría situado un lado de la ventana del coro del desaparecido templo del siglo XVI, o bien en las enjutas del arco de entrada como en Amealco, llevando como pareja para dar simetría a la composición, tal vez, un escudo franciscano.

La pregunta que muchos se estarán haciendo es, ¿qué pasó con el resto del relieve, que habría resuelto su misterio? Tengo dos teorías. La primera es que, al realizarse la reconstrucción de la iglesia entre 1685 y 1701, los franciscanos decidieron conservar la parte de la lápida que incluía solamente símbolos cristianos y desechar los prehispánicos, pues es posible que ya en esa época ninguno de los habitantes del pueblo pudiera interpretar su sentido toponímico y sólo se vieran como una descartable supervivencia prehispánica. La segunda teoría parte de una base contraria: que el simbolismo de la lápida era todavía conocido, y que por ello al reconstruirse el templo se le buscó a la parte en la que estaban los glifos de origen prehispánico un sitio más propicio, ya fuera en el mismo templo o quizá en algún otro edificio importante como las Casas de Cabildo. En todo caso se habría perdido más tarde. O tal vez, reutilizado con sus figuras vueltas hacia el interior o cubierto de aplanados, existe todavía por ahí, empotrado en algún ignoto muro de Aculco.