jueves, 14 de octubre de 2010

"El Despacho" de Arroyozarco

Baluarte, garitón y muralla sur del edificio de "El Despacho" de Arroyozarco.

Garitón sureste del edificio.

Comentábamos hace unos meses que el casco de la hacienda de Arroyozarco no conformaba un conjunto compacto, sino que sus principales edificios se encontraban separados y aún relativamente distantes unos de otros. De entre ellos, nos hemos referido ya a la capilla, al molino y al mesón u hotel de diligencias. Esta vez hablaremos de un inmueble arroyozarqueño más, el que a principios del siglo XX llevaba el nombre de "El Despacho".

Plano del edificio de 1768, trazado a raíz de la expulsión de los jesuitas el año anterior.

En esta fotografía, obtenida a través de Google Streetview, es posible observar las fachadas sur y oriente del edificio. Adviértase el aire de fortaleza resaltado por los garitones de las esquinas, los muros ciegos y las almenas aisladas.

Fachada poniente, semioculta por construcciones más recientes. A la derecha, el baluarte poligonal.

Acceso tapiado en la fachada oriente. La cartela de la parte superior no tiene inscripción.

Lavamanos mutilado situado al lado derecho del acceso tapiado.

Como su nombre indica, este inmueble concentraban en aquella época las labores administrativas de la finca. Sin embargo, cumplía simultáneamente otras dos funciones sumamente importantes para ella: la defensiva y la de almacenamiento. En efecto, desde los planos mismos dibujados en 1768 se advierte que se trata de un gran edificio fortificado cuyos cuerpos principales están formados por bodegas y trojes. Adviértase, por ejemplo, esa especie de baluarte poligonal que lo jalonaba en su esquina suroeste y los pocos vanos de sus muros exteriores (ventanas a gran altura con barrotes de madera casi todos ellos). Su situación, en la cumbre de una loma que domina los edificios de la casa vieja", el corral de las mulas y el mesón subrayan esta condición protectora, lo mismo que las almenas y garitones que coronan sus altos muros, agregadas según parece con posterioridad.

Portada del edificio que daba hacia la hera. Se advierte todavía el enlosado de ésta.

Detalle de la fachada, con una ventana con repisón y ménsulas. Nótese la sustitución de la cubierta original por lámina metálica.

Cruz sobre el acceso que daba hacia la hera. Existió una cruz semejante al otro extremo de la fachada, de la que sólo quedan unos pocos vestigios.

La parte principal del edificio estaba formada por un gran cuadrángulo, cuyos lados norte y poniente correspondían a dos grandes trojes, mientras que el costado poniente y el sur estaban ocupados por cuartos de apero, cocina, recámaras y sala. En el vacío patio sólo existía una cocina. Hacia el exterior, el edificio contaba con una hera y aventadero, así como un espiguero de dos naves donde se almacenaba el grano antes de ser trillado. Un par de "trojes de madera con sus portales de teja" cerca de su fachada oriente completaban el conjunto. Según los planos de 1768 se le denominaba entonces a este inmueble "fábrica donde vive el mayordomo y su ayudante".

Fachada interna de la troje que ocupa casi toda el ala norte del edificio.

La puerta de madera claveteada de esta troje.

Troje de dos naves que forma el costado poniente del edificio. Al fondo, el espacio destechado de la cabecera poligonal o baluarte.

En su mayor parte, esta troje está divida por un tapanco.

Pilar en el que se apoyaba la techumbre del baluarte y garitón en uno de sus ángulos.

Escalera de madera de acceso al tapanco.

Aquel edificio representado en los planos se conserva hoy en día en sus partes esenciales. Las excepciones son las trojes exteriores de madera (que quizá fueron parecidas a la troje contemporánea también construida por los jesuitas que subsiste en la igualmente mexiquense hacienda La Gavia), el espiguero de dos naves anexo a la hera (de ésta se conservan los enlosados del piso más no sus muretes), y las habitaciones que se encontraban a los lados del zaguán, de las que sólo quedan algunas paredes.

A cambio, en épocas posteriores se le agregaron elementos muy importantes como el hermoso portal de arcos de cantera de la fachada norte, una segunda planta para oficinas en su esquina noreste, una troje apoyada en columnas de madera sobre la que ya forma su ala norte, un tapanco que dividió la gran altura de la troje del lado poniente, una pequeña muralla de piedra hacia el sur y en fin, los garitones, almenas aisladas y remates neoclásicos que intentaron dulcificar sus adustos muros. Los restos de basas poligonales de tezontle que existen tiradas aquí y allá, así como las columnas de madera también poligonales que encajaban en ellas, no se comprenden fácilmente: puede tratarse de los vestigios de un gran corredor interno ya desaparecido que no fue dibujado en los planos del siglo XVIII, o acaso formaron parte de aquellas trojes de madera perdidas de las que hablábamos arriba.

Pila de ladrillo en el patio.

Grupo de basas de tezontle que sirvieron de apoyo a sendas columnas de madera.

Una de las basas de tezontle monolíticas conservada en su integridad. Su altura es superior a un metro.

Columnas ochavadas de madera. Nótese la espiga que encajaba en las basas de tezontle.

Otra de las basas de tezontle, mutilada en la parte inferior.

El edificio, aunque con ciertas amenazas hacia algunos de sus elementos, se encuentra en relativo buen estado de conservación; por lo menos no parece caminar hacia la ruina como la casa vieja o el decadente mesón. Algunas de sus techumbres, que parecen haber sido todas de viguería y terrado, ya no existen o han sido reemplazadas por lámina metálica. El portal de su fachada es quizá lo más dañado del inmueble, debido a la humedad acumulada y la podredumbre de algunas vigas, pero se advierte una intención de remediarlo en las viguetas de hierro que refuerzan la cubierta. Las construcciones parásitas del interior y exterior, aunque ocultan algunos de sus valores arquitectónicos, también contribuyen en cierta medida a su protección.

Troje con columnas de madera en la segunda planta.

Escalones en la escalinata de acceso a la troje superior.


Columnas de madera y cantera que apoyan la escalinata.

Leñera ubicada bajo la escalera.

De pocos edificios coloniales en México que se conserven en un estado tal que permita su restauración, se conservan planos y otros testimonios tan completos como en el caso de "El Despacho". Aunque en su estado actual el edificio puede conservarse sin deterioro mayor indefinidamente, sería verdaderamente afortunado verlo recuperar algún día todo su esplendor y admirarlo, libre de las construcciones que hoy en día lo impiden, coronando la loma desde la que protegía al resto de los edificios de la hacienda de Arroyozarco.

Área de oficinas del edificio de "El Despacho".

Vista desde la planta alta del área de oficinas hacia la plaza y el mesón.

Puertas internas del área de ofcinas.

Ventana del siglo XIX.

Portal que ocupa la mitad izquierda de la fachada norte del edificio.

Acceso hacia el portal. Esta portada lleva la cifra del año 1925 en la clave.

Remate neoclásico

miércoles, 6 de octubre de 2010

Los Puentes "Santa Anita" y "La Magdalena"

La avenida de San Jerónimo, en el punto en que el terreno comienza a descender hacia el arroyo de la Ladrillera.

El antiguo camino que llevaba de Aculco a la hacienda de Ñadó corría por las actuales calles Pípila, Abasolo, un pequeño tramo de Insurgentes y la avenida de San Jerónimo. Pasaba por ésta a un lado de la Cruz Verde y después de trasponer la loma del Barrio descendía hacia el Arroyo de la Ladrillera, de donde nuevamente subía por la loma del Caxti, ya en terrenos que pertenecieron a aquella finca. Aunque el arroyo lleva por lo general tan poca agua que es posible vadearlo sin mojarse apenas los zapatos, la corriente ha formado un cauce angosto y algo profundo gracias a lo suave del terreno -porosa toba blanca aculquense- por lo que de seguro resultaba molesto atravesarlo antes de la existencia de los puentes que lo libran.

Puente Santa Anita, costado norte.

Por supuesto, hay un puente moderno sobre el arroyo de La Ladrillera en la carretera que une a Aculco con "La Desviación", es decir, el entronque con la carretera Panamericana. Pero el viajero observador advertirá fácilmente que a unos metros, por su lado sur, se encuentran otros dos puentes bastante más viejos. Se trata de los que por antonomasia los aculquenses llaman precisamente "Los Puentes" y que fueron bautizados por su constructor como "Santa Anita" y "La Magdalena".

Puente Santa Anita, costado sur.

Estos puentes contiguos fueron edificados por don Enrique J. Ortiz, propietario de la hacienda de Ñadó, en 1934. Aunque su antigüedad no es tanta como la del Puente de Arroyozarco, del siglo XVIII, el Puente Colorado, de mediados del siglo XIX, o incluso el Puente Blanco, de 1921, su técnica constructiva es completamente tradicional, apegada además a los sencillos usos y materiales locales. Están edificados en sillería de piedra blanca en los arcos, bóvedas y muros interiores y mampostería irregular del mismo material en sus lienzos exteriores. El primer puente, el más oriental, está formado por un solo arco escarzano, mientras que el otro lo componen dos arcos de medio punto separados por un pilar protegido por un tajamar. Ninguno de los puentes tiene pretil ni presenta huellas de haberlo tenido alguna vez.

Arco de sillería del Puente La Magdalena.

Pese a que nadie se ocupa de ellos, el estado de conservación de los puentes es bastante bueno. Sus principales elementos de sustentación, bóvedas, arcos y pilares, no tienen deterioro observable e incluso son escasas las plantas que han echado raíces en las juntas de sus piedras. Sin embargo, en la parte superior, a los lados de la deteriorada calzada, se observa bastante humedad, crecimiento de musgo y pérdida de algunas piedras de las hiladas más expuestas.

Bóveda de un arco del Puente La Magdalena.

Pero no todo es felicidad con estos puentes. Hace unos días emprendí una excursión para fotografiarlos y tuve la desagradable sorpresa de encontrar que las placas de cantera labrada en que aparecían los nombres de los puentes y la fecha de su edificación, y que todavía pude copiar en 1995, han sido removidas, más bien dicho, arteramente robadas.

Detalle de la sillería de la bóveda del Puente La Magdalena. Su excelente construcción la ha librado de filtraciones y otros daños a pesar de no recibir mantenimiento.

¿A quién puede interesar guardar una lápida que dice "Puente Santa Anita -1934" en su casa, sobre todo si el puente existe en buen estado? ¿Quién tuvo la paciencia, el tiempo, las herramientas para retirar estas piedras? ¿Por qué nadie parece haberse dado cuenta de este robo? ¿Por qué no hay alguien que en Aculco se interese verdaderamente en el patrimonio histórico-arquitectónico de este pueblo, recientemente incluido en la Lista del Patrimonio Mundial?

Los dos arcos del Puente La Magdalena, en su costado sur. Obsérvese el tajamar en el pilar del centro.

Puente la Magdalena. Se pueden apreciar los daños en la parte superior a causa de la humedad.

El Puente la Magdalena. Nótese en la parte superior del pilar central el hueco que dejó el robo de la inscripción que tenía este puente. Lo mismo se puede observar en las fotografías del Puente Santa Anita que aparecen antes.

jueves, 30 de septiembre de 2010

San Jerónimo

Imagen de San Jerónimo en el altar mayor de la parroquia de Aculco.

San Jerónimo o Eusebio Hierónimo de Stridón, nació precisamente en Stridón, Dalmacia, ciudad romana desaparecida que se encontraba en algún lugar todavía no identificado en las actuales Croacia o Eslovenia, en el año 340. Es decir, apenas 29 años después de que cesaran las persecuciones contra los cristianos gracias a la conversión del emperador Constantino a esta religión.

Después de ser bautizado a los 18 años, San Jerónimo se trasladó a Antioquía hacia el año 374, y de allí se dirigió a las salvajes soledades del desierto de Calquis, donde pasó cuatro años en retiro y reflexión. Años más tarde escribiría:

En el rincón remoto de un árido y salvaje desierto, quemado por el calor de un sol tan despiadado que asusta hasta a los monjes que allá viven, a mí me parecía encontrarme en medio de los deleites y las muchedumbres de Roma... En aquel exilio y prisión a los que, por temor al infierno, yo me condené voluntariamente, sin más compañía que la de los escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginé que contemplaba las danzas de las bailarinas romanas, como si hubiese estado frente a ellas. Tenía el rostro escuálido por el ayuno y, sin embargo, mi voluntad sentía los ataques del deseo; en mi cuerpo frío y en mi carne enjuta, que parecía muerta antes de morir, la pasión tenía aún vida. A solas con aquel enemigo, me arrojé en espíritu a los pies de Jesús, los bañé con mis lágrimas y, al fin, pude domar mi carne con los ayunos durante semanas enteras.


El altar mayor de la parroquia, con San Jerónimo en el nicho central.

Una leyenda sugiere que durante su estancia en el desierto, San Jerónimo vio un león con la pata atravesada por una enorme espina. El santo se la retiró y desde entonces la bestia le siguió con mansedumbre. En realidad, esta tradición se refiere a San Gerásimo, y sólo parece haberse relacionado con San Jerónimo por la semejanza de los nombres. De cualquier manera, el león se convirtió en símbolo del santo dálmata y elemento esencial en su iconografía.

San Jerónimo es considerado uno de los Grandes Padres de la Iglesia, es decir, uno de los eclesiásticos que en los primeros tiempos del cristianismo definieron el conjunto doctrinal considerado fundamento de la fe y de la ortodoxia Católica. Participa de este grupo por haber realizado la traducción al latín de la Biblia, llamada la Vulgata (de vulgata editio, "edición para el pueblo"). Este texto fue, hasta la promulgación de la Neovulgata en 1979, el texto bíblico oficial de la Iglesia católica apostólica romana.

Para emprender su tarea, San Jerónimo tuvo que dominar el latín y el griego. Aunque conocía también el hebreo, decidió mudarse a Tierra Santa, a la ciudad de Belén, para perfeccionar su conocimiento del idioma. Comenzó la traducción en el año 382 y completó su obra en el año 405. Murió en la misma ciudad en que naciera Cristo, el 30 de septiembre del año 420.

Antiguo altar mayor neoclásico de la parroquia. Sobre el balaquino se puede observar la imagen de San Jerónimo.

¿Y por qué nuestro Aculco tiene como santo titular a San Jerónimo? Existe una versión muy curiosa de los motivos en un documento datado en el siglo XVIII, aunque conocido sólo por su trascripción del siglo XIX y por ello muy cuestionable, llamado Relación de méritos de un capitán de guerra otomí, que señala al día de San Jerónimo, 30 de septiembre de 1522, como fecha precisa de la fundación de Aculco, tras una supuesta batalla de los otomíes aliados de los españoles contra 562 mil chichimecas. Evidentemente esta cifra resulta exagerada, pero el texto puede contener algunos fundamentos de verdad conservados por tradición oral –por ejemplo, su calidad de pueblo fronterizo en aquellos años–, tal como sucede con otros documentos similares que describen las hazañas de los caciques otomíes en los primeros tiempos de la colonización española. Es el caso, por ejemplo, del la Relación de Méritos de Pedro Martín de Toro, que al hablar del inicio de la expansión de la Nueva España hacia el Norte afirma:


San Jerónimo penitente y el león. Relieve mutilado en la fachada de la parroquia de Aculco.

... y que la fundación comenzó desde San Gerónimo Aculco, San Miguel Acambay, Alfajayuca, Santiago Tecotzautla, Huichapan, San Juan del Río, Santa Maria Tequisquiapan, y el de San Juan de los Jarros y que dichos pueblos sin embargo de que en tiempo de la gentilidad, se hallaban poblados de indios; al tiempo de la conquista de este reino estos caciques ayudaron en todo a los españoles acaudillándoles y reformándolos de nuevo, y con la llegada del Santo Evangelio se les dio la advocación de los santos a cada pueblo...

Ahora bien, aunque es posible que se eligiera a San Jerónimo por la fecha de fundación del pueblo de Aculco o su reforma en tiempos coloniales, tal como sugieren esos documentos, lo cierto es que los frailes franciscanos, constructores del establecimiento con el que comenzó la evangelización en estas tierras, tenían una especial predilección por el santo de Dalmacia, pues la intención de su fundador San Francisco de Asís, al crear la orden de Frailes Menores, era el de poner en práctica la fórmula de San Jerónimo: nudus nudum Christum sequi, "seguir desnudo a Cristo desnudo". Más tarde, cuando en el siglo XIV se encargó a los franciscanos la custodia de los Santos Lugares, quedó a su cargo la gruta donde viviera San Jerónimo en Belén. Así, podría ser que la asignación de San Jerónimo a Aculco como santo patrono no haya tenido que ver con una fecha, sino que haya sido una elección a partir de las devociones de los franciscanos.

Uno de los cuatro leones de las gárgolas de la fachada del templo, que simbolizan a San Jerónimo.

En la parroquia de Aculco existen dos imágenes de San Jerónimo. La más antigua es la que, labrada en piedra y mutilada, se encuentra en la fachada del templo y puede fecharse a principios del siglo XVIII. Se trata de un relieve que muestra una escena en la que se le ve en sus desnudeces de penitente, entre un árbil y una cueva en la que observa al león de la leyenda. Desafortunadamente este relieve fue destruido en su parte superior, afectando la cabeza del santo, cuando a principios del siglo XX se empotró en ese sitio una lápida que conmemora la restauración de la iglesia después del terremoto de Acambay del 19 de noviembre de 1912.

En esta misma fachada, los leones labrados en las caras del par de grandes gárgolas que la adornan se relacionan también con San Jerónimo, al ser este animal su símbolo.

La segunda imagen de San Jerónimo en el templo parroquial es la escultura que ocupa el nicho central en el altar mayor. Ésta representa a San Jerónimo con vestidura roja de cardenal, con el sombrero propio de esta dignidad echado a la espalda, y en sus manos la pluma y el libro que son atributos de su labor como traductor de la Biblia. Como se puede ver en la fotografías más antiguas, es la misma imagen que se encontraba coronando el antiguo baldaquino del siglo XIX retirado en la década de 1950. Sin embargo, nunca hemos podido examinar esta imagen de cerca y por ello no sabemos con certeza si se trata también de una obra neoclásica o, como sugieren algunas de sus características, es más bien una escultura barroca, algo retocada ciertamente en sus acabados.

Detalle de la imagen de San Jerónimo en el altar mayor.

viernes, 24 de septiembre de 2010

La historia y el vestigio material

Águila mexicana en la jabonera que pertenció al Hotel de Diligencias de Arroyozarco y después a doña Sara Pérez de Madero.

Mencionábamos en el post anterior que hace apenas unas semanas, la casa de antigüedades HQ, de la ciudad de Torreón, Coahuila, puso a la venta una colección de objetos que pertenecieron al presidente y revolucionario Francisco I. Madero así como a su esposa, Sara Pérez Romero, algunos de los cuales están relacionados con la aculquense hacienda de Arroyozarco.

Desde el momento de conocer que se encontraban en venta intentamos por lo menos conocer los precios de estos objetos, invaluables para la historia de nuestro municipio, pero desafortunadamente nos informaron que el lote fue vendido completo. Intenté adquirir del anticuario fotografías de los mismos en alta resolución, pero hasta el momento no han respondido mi solicitud y creo que ni siquiera se tomarán la molestia de hacerlo. Por ahora quizá sólo queda consignar su existencia.

La misma jabonera de mediados de la primera mitad del siglo XIX.

Para comprender la liga del siguiente objeto del que hablaremos con la hacienda de Arroyozarco, debemos recalcar primero la relación que el lote completo tiene con doña Sara Pérez de Madero, que como se sabe pasó su infancia en esa propiedad debido a que su padre era el administrador. Como se puede observar, la mayor parte de la colección se puede clasificar en dos tipos: objetos domésticos de uso cotidiano, con cierto matiz femenino, y "recuerdos". Entre los segundos, se encuentra la pintura en la que se observa el Molino de Arroyozarco, de la que hablamos en el post anterior. El objeto del que hablaremos hoy participa de ambos tipos: su uso es doméstico y sin embargo se trata de un recuerdo de otro de los edificios que componían el disperso casco de la hacienda, el antiguo Hotel de Diligencias.


Dos vistas de la jabonera de las Diligencias Generales.

Para la época en que vivió Sara Pérez en Arroyozarco, el Hotel de Diligencias había perdido ya ese carácter y se había transformado en la casa habitación principal de la hacienda. A pesar de ello, sobrevivieron muchos de los objetos que existieron en ella desde que el bilbaíno don Anselmo Zurutuza estableciera la posada de las Diligencias Generales que transitaban por el Camino Real de Tierra Adentro, en 1849. Se tiene constancia, por ejemplo, de la supervivencia del piano suizo de mediados del siglo XIX que en 1917 fue vendido al entonces administrador de Arroyozarco, don Juan Lara Alva. Y entre los objetos que debieron también sobrevivir se encontraba una hermosa jabonera de porcelana, que en algún momento Sara debió llevarse como recuerdo de su infancia pasada en este caserón, y que llegó muchos años más tarde a la casa de antigüedades en la que ha sido vendida.

Detalle del sello de la casa inglesa Copeland & Garret.

La jabonera es un hermoso ejemplar de porcelana de 21.5 centímetros de largo, 9.5 de ancho y 6.5 de altura. Fue fabricada por la casa inglesa Copeland & Garret, y gracias a la presencia de su sello se puede fechar entre 1833 y 1847, lo que coincide plenamente con el año de establecimiento del Hotel de Diligencias en Arroyozarco. La jabonera está adornada, además, tanto en la tapa como en su interior, con la leyenda "Diligencias Generales", el águila del escudo nacional de México, y un curioso dibujo de un coche tirado por cuatro caballos en el que viajan siete pasajeros.

Ornato de la jabonera que representa un carro de caballos.

Curiosamente, la jabonera también puede relacionarse de algún modo con la presencia en este lugar de un ilustre viajero y escritor, que se ocupó por lo menos en tres ocasiones de referir en sus obras su paso por Arroyozarco: Guillermo Prieto. En efecto, Prieto vió la conversión de lo que había sido el mesón virreinal en novedoso Hotel de Diligencias y, entre las cosas que le llamaron la atención, estaba el espíritu de orden y limpieza establecido por Zurutuza:

"... los altos habían cobrado el carácter del Hotel de Diligencias, merced al genio emprendedor de D. Anselmo Zurutuza, quien no sólo había improvisado salones, arreglado cuartos y dispuesto excelente fonda, sino que había dado a conocer espejos y lavamanos, baños e inodoros, llevando su celo al extremo de dictar un reglamento para el aseo de los concurrentes; atenciones para las señoras, y decencia y compostura en la mesa del comedor." Guillermo Prieto, "Memorias de mis tiempos".

En aquellos "lavamanos, baños e inodoros", reposaba ya seguramente la jabonera que después habría de pasar a manos de doña Sara Pérez y finalmente de algún desconocido y afortunado comprador, hace apenas unos días.


Vistas de las cuatro superficies de la jabonera.

 

ACTUALIZACIÓN: 8 DE ABRIL DE 2025