viernes, 24 de septiembre de 2010

La historia y el vestigio material

Águila mexicana en la jabonera que pertenció al Hotel de Diligencias de Arroyozarco y después a doña Sara Pérez de Madero.

Mencionábamos en el post anterior que hace apenas unas semanas, la casa de antigüedades HQ, de la ciudad de Torreón, Coahuila, puso a la venta una colección de objetos que pertenecieron al presidente y revolucionario Francisco I. Madero así como a su esposa, Sara Pérez Romero, algunos de los cuales están relacionados con la aculquense hacienda de Arroyozarco.

Desde el momento de conocer que se encontraban en venta intentamos por lo menos conocer los precios de estos objetos, invaluables para la historia de nuestro municipio, pero desafortunadamente nos informaron que el lote fue vendido completo. Intenté adquirir del anticuario fotografías de los mismos en alta resolución, pero hasta el momento no han respondido mi solicitud y creo que ni siquiera se tomarán la molestia de hacerlo. Por ahora quizá sólo queda consignar su existencia.

La misma jabonera de mediados de la primera mitad del siglo XIX.

Para comprender la liga del siguiente objeto del que hablaremos con la hacienda de Arroyozarco, debemos recalcar primero la relación que el lote completo tiene con doña Sara Pérez de Madero, que como se sabe pasó su infancia en esa propiedad debido a que su padre era el administrador. Como se puede observar, la mayor parte de la colección se puede clasificar en dos tipos: objetos domésticos de uso cotidiano, con cierto matiz femenino, y "recuerdos". Entre los segundos, se encuentra la pintura en la que se observa el Molino de Arroyozarco, de la que hablamos en el post anterior. El objeto del que hablaremos hoy participa de ambos tipos: su uso es doméstico y sin embargo se trata de un recuerdo de otro de los edificios que componían el disperso casco de la hacienda, el antiguo Hotel de Diligencias.


Dos vistas de la jabonera de las Diligencias Generales.

Para la época en que vivió Sara Pérez en Arroyozarco, el Hotel de Diligencias había perdido ya ese carácter y se había transformado en la casa habitación principal de la hacienda. A pesar de ello, sobrevivieron muchos de los objetos que existieron en ella desde que el bilbaíno don Anselmo Zurutuza estableciera la posada de las Diligencias Generales que transitaban por el Camino Real de Tierra Adentro, en 1849. Se tiene constancia, por ejemplo, de la supervivencia del piano suizo de mediados del siglo XIX que en 1917 fue vendido al entonces administrador de Arroyozarco, don Juan Lara Alva. Y entre los objetos que debieron también sobrevivir se encontraba una hermosa jabonera de porcelana, que en algún momento Sara debió llevarse como recuerdo de su infancia pasada en este caserón, y que llegó muchos años más tarde a la casa de antigüedades en la que ha sido vendida.

Detalle del sello de la casa inglesa Copeland & Garret.

La jabonera es un hermoso ejemplar de porcelana de 21.5 centímetros de largo, 9.5 de ancho y 6.5 de altura. Fue fabricada por la casa inglesa Copeland & Garret, y gracias a la presencia de su sello se puede fechar entre 1833 y 1847, lo que coincide plenamente con el año de establecimiento del Hotel de Diligencias en Arroyozarco. La jabonera está adornada, además, tanto en la tapa como en su interior, con la leyenda "Diligencias Generales", el águila del escudo nacional de México, y un curioso dibujo de un coche tirado por cuatro caballos en el que viajan siete pasajeros.

Ornato de la jabonera que representa un carro de caballos.

Curiosamente, la jabonera también puede relacionarse de algún modo con la presencia en este lugar de un ilustre viajero y escritor, que se ocupó por lo menos en tres ocasiones de referir en sus obras su paso por Arroyozarco: Guillermo Prieto. En efecto, Prieto vió la conversión de lo que había sido el mesón virreinal en novedoso Hotel de Diligencias y, entre las cosas que le llamaron la atención, estaba el espíritu de orden y limpieza establecido por Zurutuza:

"... los altos habían cobrado el carácter del Hotel de Diligencias, merced al genio emprendedor de D. Anselmo Zurutuza, quien no sólo había improvisado salones, arreglado cuartos y dispuesto excelente fonda, sino que había dado a conocer espejos y lavamanos, baños e inodoros, llevando su celo al extremo de dictar un reglamento para el aseo de los concurrentes; atenciones para las señoras, y decencia y compostura en la mesa del comedor." Guillermo Prieto, "Memorias de mis tiempos".

En aquellos "lavamanos, baños e inodoros", reposaba ya seguramente la jabonera que después habría de pasar a manos de doña Sara Pérez y finalmente de algún desconocido y afortunado comprador, hace apenas unos días.


Vistas de las cuatro superficies de la jabonera.

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