domingo, 14 de septiembre de 2014

¿Era el tesoro que Hidalgo perdió en Aculco?

Ahora que se acerca un aniversario más del Grito de Dolores, creo oportuno compartirles esta narración acerca del tesoro que Hidalgo pudo haber dejado en Aculco. Casi toda la crónica está tomada directamente de mi libro Ñadó, un monte, una hacienda, una historia (Gobierno del Estado de México, 2009), aunque adaptado para este blog y con alguna información adicional. Espero lo disfruten.

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Apenas iniciada la vida independiente del país, sucedió un hecho misterioso en Aculco en el que estuvieron involucradas las más altas autoridades del entonces Imperio Mexicano. Todo comenzó el 9 de noviembre de 1821, cuando el aún no designado emperador Agustín de Iturbide envió a tierras aculquenses un cuerpo militar formado por cincuenta hombres de caballería al mando del coronel Jesús Gómez de Aguado (quien según se dice había militado en el ejército de Hidalgo) con una comisión suya “interesante a la Patria”, que no se hizo pública.(1)

Ese extraño interés por Aculco y el secreto en el que Gómez de Aguado y sus hombres realizaron el encargo podría parecer un suceso sin importancia. Pero pocos días después se presentó ante Salvador de Garfias, alcalde del pueblo, José María Correa, quien portaba un documento firmado por Iturbide con fecha del 21 de noviembre que le facultaba para la extracción de ciertos caudales "ocultos" en la "poza del salto del río Ñadó". Por no haber podido realizar en ese momento la operación, se retiró para regresar varias semanas después a terminar el trabajo. En el intervalo, sin embargo, se hizo presente ante los funcionarios municipales Ignacio García de la Madrid con una orden de la regencia del Imperio del 13 de diciembre que le autorizaba la extracción de tesoros de diversos lugares, razón por la que aseguraba le correspondía también el caudal de la poza del salto:

Habiéndose servido el Supremo Consejo de Regencia conceder su permiso a D. Ignacio García de la Madrid para la extracción de varios tesoros que denunció, ha tenido a bien disponer que por los justicias y ayuntamientos a quienes ocurriese el interesado en solicitud de todos los auxilios que necesite se le franqueen inmediatamente, siempre que no resulten en perjuicio de tercero. Lo que de orden de Su Alteza Serenísima prevengo a todos los jueces, ayuntamientos y demás autoridades a quienes fuese presentada esta orden cumplan y hagan cumplir su contenido, en lo que harán un servicio a la Nación.(2)

Vuelto Correa y al enterarse de la pretensión de García de la Madrid, protestó ante el alcalde, asegurando que su autorización era precisa acerca del sitio designado, mientras que la del otro era poco concreta:

En la mañana de este día se me ha manifestado por Vd. una orden del Excelentísimo. Sr. Ministro Universal de Hacienda, que ha dirigido a este Ilustre Ayuntamiento D. Ygnacio García de la Madrid, relativa a facultad que le concede la Suprema Regencia del Imperio para extraer varios tesoros que se hayan ocultos en diversos parajes de este distrito, etcétera: Y como en la generalidad de esta orden no se comprende la del salto del Río de Ñadó, suplico a Vd. se sirva decirme, si esta totalidad de facultad, destruye la especial que se me está concedida por el serenísimo Sr. Almirante, insertada en oficio del Sr. Gral. del Ejército de Retaguardia D. Luis Quintanar fecha 22 del próximo pasado noviembre, que presenté al Ayuntamiento de éste: y si no, dígame Vd. si está dispuesto a prestarme los auxilios que he solicitado desde mi ingreso en éste.

Es público y notorio que desde aquella época no he perdido momento en practicar diligencias relativas del desempeño de mi comisión, sin cesar de operar como probaré oportunamente, y refiriéndome a la que toca Vd. acreditar le suplico tenga la bondad de ampliarme la certificación que solicité se me diera en el mismo acto de mi comparecencia: sirviéndose Vd. asimismo acusarme recibo de éste por ser efectivo a los fines consiguientes.(3)

El alcalde coincidía con don José María en que dentro del permiso general que tenía García de la Madrid, el de Correa podía considerarse una excepción y que él era quien debía realizar la extracción del tesoro. Pero decidió consultar antes al Consejo de Regencia para despejar cualquier duda. (4) En tanto obtenía una respuesta, Garfias impidió a los dos individuos el emprender acción alguna, pues consideraba el asunto como de mucha “importancia a la Nación”. Para ello comisionó a un regidor encargado del resguardo de la poza. (5)

Contrario a la opinión del alcalde y aún a su sensata determinación de impedir el acceso a de los demandantes al lugar, el Subdelegado de Tula, don Juan José Valverde, tomó partido a favor de García de la Madrid y amenazó con viajar a Aculco para autorizar personalmente la extracción del tesoro. Garfias respondió valientemente que no permitiría tal ultraje a su autoridad, ni la intervención del funcionario en un territorio que no pertenecía a su jurisdicción. (6)

Finalmente, el 11 de enero de 1822 el Ministro Universal de Hacienda, Rafael Pérez Maldonado, respondió a la consulta del ayuntamiento aculquense. Para sorpresa de la autoridad municipal, el permiso le fue confirmado a García de la Madrid y negado expresamente a José María Correa. (7) Y no sólo esto, sino que para mayor disgusto de don Salvador de Garfias, el 29 de enero de siguiente Maldonado envió otra carta al Subdelegado de Tula, con copia para el Ayuntamiento de Aculco en la que le decía que

...esta disposición en manera alguna varió ni reformó la comisión conferida a Vd. para intervenir en las extracciones de tesoros y mucho menos autorizó al citado Alcalde para mezclarse en otra cosa que en dejar á García de la Madrid, verificar la expresada extracción en los términos bajo que Su Alteza Serenísima le concedió el permiso para ella el 13 del último diciembre y para lo que calificó por conveniente la intervención de Vd. sin embargo de ser de otra jurisdicción diversa de la de Aculco. (8)

Es importante recordar que el erario del Imperio Mexicano se hallaba agotado en aquellos primeros momentos de independencia. Tales permisos de extracción de tesoros ocupaban el interés de las más altas autoridades hacendarias debido a la necesidad que tenían de hacerse de recursos para solventar las necesidades más apremiantes de la administración:

... necesitado a la vez el gobierno de abundantes recursos para pagar el numeroso ejército que había combatido por la independencia, y para reparar los daños de once años de guerra, se encontró desde luego con un deficiente de cosa de dos millones de pesos. (9)

Tal como lo recomendó el ministro Maldonado, el Ayuntamiento de Aculco no volvió a tratar el asunto y es por ello que no conocemos el final del incidente, ni siquiera si llegó a encontrarse algún valor en la poza. Sólo añadiremos que la tradición local le señala el origen de este tesoro en los caudales que el ejército de Hidalgo obtuvo como botín tras la toma de Guanajuato en 1810 (unos tres millones de pesos en oro y plata conforme a algunas estimaciones, de los que tan sólo mil 625 pesos habrían sido recuperados por los realistas en la acción de Aculco del 7 de noviembre de 1810). Esta leyenda tuvo eco incluso desde antes que terminara la guerra, hacia 1818, cuando se intentó desaguar una poza (creemos que la misma) donde según se decía, los “primeros cabecillas de la rebelión echaron cantidad de reales.” (10)

La versión de este origen tiene buen fundamento: de acuerdo con la narración del insurgente Pedro García, parte de los fondos insurgentes fueron abandonados en el campo de batalla de Aculco, cuando Allende mismo rompió las talegas de dinero para distraer la atención de los realistas y cesar su persecución, mientras muchos insurgentes huían precisamente hacia la zona de Ñadó. No es inverosímil, entre muchas posibilidades, que alguno de los fugitivos haya tomado alguna parte del caudal y al verse estorbado por él terminara por arrojarlo a la poza del salto. (11) Que las arcas insurgentes debieron hallarse precisamente en las cercanías de una de las dos cascadas del río Ñadó parece demostrado en el impreciso mapa de la batalla que publicó Bustamante, en el que los “equipajes” aparecen situados cerca del cerro del Tixhiñú, que él nombra equivocadamente Cerro de Aculco. (12) (Para más detalle, ver en este blog: "El campo de batalla de Aculco") Creo, pues, que la llamada "poza del salto del río Ñadó" debe ser la que forma la primera cascada, la llamada precisamente del Tixhiñú.

Pero en esta historia, de manera muy destacada, está el testimonio mismo de don Miguel Hidalgo, quien ya estando prisionero e interrogado ante sus jueces en la ciudad de Chihuahua acerca de lo que había hecho con "tantos caudales, así metálico como en efectos de todas clases, tanto del Rey como de los particulares y los que tomado de las iglesias", respondió:

Que aunque es cierto que la masa de la insurrección se ha apoderado y dilapidado muchos caudales de todas clases, no es grande la cantidad que ha entrado en el fondo de ella, pues por lo que toca al declarante apenas había entrado en su poder un millón del que se quedaron cerca de trescientos mil pesos en Aculco... (14)

De esos trescientos mil pesos que precisa Hidalgo, Calleja, sólo decíamos líneas arriba, sólo recuperó 1,625 pesos, por lo que no es de ninguna manera descabellado pensar que parte del dinero quedó oculto en algún lugar de los alrededores del pueblo y muy factiblemente en aquella poza del salto. Quizá sigue aún ahí, esperando al descubridor del tesoro que Miguel Hidalgo dejó en Aculco.

 

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(1) Salvoconducto del Capitán Don Jesús Gómez de Aguado, firmado por Iturbide. 9 de noviembre de 1821. Colección particular (CP).

(2) Carta de Maldonado ordenando que las autoridades le presten todos los auxilios a don Ignacio García en la extracción de tesoros. México, 13 de diciembre de 1821. Secc. Justicia. Año de 1821. Archivo Histórico Municipal de Aculco (AHMA)

(3) Oficio de D. José Ma. Correa al Ayuntamiento de Aculco, 4 de enero de 1822. CP.

(4) Contestación al oficio de D. José Ma. Correa., enero 4 de 1822. Se encuentra en el libro 1 de Actas de Cabildo, que va de 1820 a 1832. AHMA.

(5) Carta del Ayuntamiento de Aculco al Supremo Consejo de Regencia del Imperio, enero de 1822. Se encuentra en el libro de Actas de Cabildo de 1820 a 1832. AHMA.

(6) Carta al Subdelegado D. Juan José Valverde, enero 21 de 1822. Se encuentra copiada en el libro 1 de Actas de Cabildo de 1820 a 1832. AHMA.

(7) Carta de Maldonado al Ayuntamiento de Aculco, enero 11 de 1822. CP.

(8) Carta de Maldonado al Ayuntamiento de Aculco, enero 28 de 1822. CP.

(9) Payno, Manuel. México y sus cuestiones financieras con la Inglaterra, la España y la Francia. México, 1862. Imprenta de Ignacio Cumplido. Pág. 2.

(10) Indiferente Virreinal – Operaciones de Guerra. Caja 6004. Exp. 19. Archivo General de la Nación (AGN).

(11) García, Pedro. “Con el Cura Hidalgo”. Citado por Fuente, José María de la. Hidalgo íntimo. México, 1910. Págs. 286-289.

(12) Bustamante, Carlos María de. Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana... Tomo I. Pág. 92.

(14) Causa militar contra Miguel Hidalgo y Costilla, paleografía y edición electrónica del AGN.

domingo, 7 de septiembre de 2014

¿"Dragones" en la torre?

Hace unos años publiqué en este blog una serie de tres artículos a los que titulé "Bestiario aculquense", cuyas ligas pongo después de este párrafo por si alguno de los visitantes quiere leerlos nuevamente o por lo menos darse una idea de su contenido. Como el título indica, se trataba de un esbozo de catálogo de las representaciones animales en Aculco través de los siglos.

Bestiario aculquense I

Bestiario aculquense II

Bestiario aculquense III

Más allá de la necesaria actualización en aquellos textos -pues en el tiempo transcurrido desde entonces he conocido algunas piezas que deberían sumárseles, además de haber tenido noticia de la restauración de otras- creo importante dedicar un espacio propio a uno de los más recientes y sorprendentes hallazgos, ni más ni menos que en la parroquia de Aculco, el más importante edificio histórico de este municipio. Pero no nos detengamos más, vayamos a ella.

Debido a que el acceso a lo que fue la huerta del antiguo convento no es público, probablemente la mayoría de los lectores no han tenido oportunidad de observar desde la cercanía los relieves de la cara oriente de la torre del templo parroquial. A simple vista, es fácil advertir que esta cara recibió menos atención de parte de sus constructores: los sillares se acomodaron con menos cuidado, la cantería se alterna con desidia con la mampostería, e incluso es claro que algunos de sus relieves no fueron concluidos. Es más, las reparaciones efectuadas en esta parte de la torre en tiempos relativamente recientes se ejecutaron también sin gran atención a la estética de los acabados (como una jamba sur del arco del tercer cuerpo, realizada o por lo menos recubierta con concreto). Todo ello, seguramente, porque se trata de la cara menos observada y son pocos los que se pueden acercar a contemplarla.

Pero precisamente por ello fue una verdadera sorpresa para mí encontrar, apenas el pasado el miércoles 27 de agosto, en un sitio donde sólo creía poder hallar relieves vegetales como los de las otras caras de la torre, un par de representaciones animales labradas en bajorrelieve. Estas dos criaturas se encuentran en la arquivolta del arco del segundo cuerpo de la torre, inmediatamente encima de las impostas. La rudeza del labrado les da un aire medieval, pero es más probable que esté inspirado en algún grabado renacentista, como parece sugerir la "planta" que parece salir de su hocico y se curva de manera que recuerda a los grutescos del siglo XVI. Tan difícil es en realidad distinguirlas, que sólo al revisar en mi casa las fotografías que tomé ese día pude darme cuenta de que estaban ahí.

La primera reacción al ver estas bestias, sugerida además por su postura con la cabeza vuelta hacia atrás, es creer que se trata de corderos pascuales, una prefiguración simbólica de Cristo que procede del Éxodo. Pero enseguida saltan al ojo atento rasgos que no corresponden a tan pacífica representación: la larga cola retorcida, las garras de las patas, la posición rampante, las largas orejas. En su rostro de perfil convexo hay algo más de caballuno que de ovino, y mucho de malévolo en el ojo de uno de ellos.

Es difícil aventurar sin tener mejores fotografías y sin una más profunda investigación de qué animales se trata, si son animales reales o fantásticos y, sobre todo, por qué están ahí. A pesar de ello, quiero señalar dos rasgos curiosos y sorprendentes de estos dos seres: el primero, la larga cola retorcida, una característica con la que desde la Edad Media se representaba a los dragones, pues se decía que formando nudos con sus colas eran capaces incluso de matar a los elefantes; el segundo es el relieve, la "planta" que parece surgir de las bocas de estos animales y que a simple vista parece uno de tantos róleos vegetales que cubren esta fachada... pero, ¿no podría tratarse quizá de llamas que emergen precisamente de sus fauces? Alguno podría señalar que para ser dragones les faltan alas y tendría razón, pues las representaciones habituales las incluyen. Pero también existieron imágenes de dragones ápteros (sin alas) en el arte de otros siglos.

La inspiración de estos y otros relieves de la fachada de la parroquia de Aculco parece provenir de grabados de libros de los siglos XV y XVI, hecho que comparten con los ornatos de otros templos mexicanos (lo que ha sido ampliamente documentado), si bien casi todos ellos pertenecen al primer siglo de la colonización, mientras que los de nuestro pueblo se pueden fechar con razonable certeza a fines del siglo XVII y principios del XVIII. Ello lo convertiría en un ejemplo bastante tardío del uso de grabados renacentistas en la arquitectura. Ahora bien, hallar el grabado específico del que proviene el modelo de los relieves de Aculco es tarea de largo plazo. Por ahora, muestro aquí varios grabados que tienen alguna relación formal y estilística con ellos, aunque ninguno se puede considerar modelo de los "dragones" de la torre.

Espero poder aportar más adelante alguna información adicional sobre las fuentes de inspiración de este par de interesantísimos relieves. Por ahora creo suficiente compartirles su ubicación y agregarlos a la lista de maravillas que recorriendo con calma los ornatos del edificio parroquial, pueden hallarse para sorpresa de los habitantes y visitantes de Aculco.

sábado, 23 de agosto de 2014

El bautisterio viejo

La arquitectura de la parroquia de San Jerónimo Aculco y sus casas curales -convento franciscano hasta 1759- es el resultado de más de 450 años de construcción, adiciones, demoliciones, transformaciones, renovaciones y cambios de uso. De tal manera, aunque el primer establecimiento franciscano data probablemente de 1540, seguramente sólo hasta finales del siglo XVI -cuando se convirtió en verdadero convento- el conjunto adquirió alguna relevancia y se asentó su trazado general; luego, a fines del siglo XVII y principios del XVIII, una nueva etapa constructiva le dio la fachada del templo, claustros y sacristía que podemos ver hoy en día; en la década de 1740 se añadió la desparecida capilla de la Tercera Orden y sólo a mediados del siglo XIX pero se concluyeron la bóveda, cúpula y decoración de la nave. De ahí que la parroquia y el ex convento luzcan -y a veces también escondan- huellas de varios siglos de existencia y repetida reedificación en el mismo sitio, muchas veces con las mismas piedras, reutilizadas una y otra vez.

También los espacios de este conjunto religioso han sido varias veces "reciclados" y ha cambiado su vocación por las necesidades de la época, por las transformaciones de la liturgia, por las modas y por muchas otras razones. Es el caso de un sitio que pocos, salvo los más viejos aculquenses, identificarían con su uso original: el bautisterio viejo.

La ubicación del bautisterio viejo fuera del templo e integrado al volumen del ex convento -pasando la portería o portal de peregrinos, a mano derecha, antes de trasponer la puerta que da al claustro-, nos puede parecer hoy en día excéntrica, pero en realidad es una traza que se repite en numerosos conventos novohispanos, especialmente en aquellos construidos en el siglo XVI. Es el caso, por ejemplo, del convento de Zinacantepec, donde el bautisterio con su magnífica pila se halla justamente a la derecha de la portería-capilla abierta, de manera parecida al de Aculco. De hecho, las disposiciones de la Iglesia desde la antigüedad hasta nuestros días han puntualizado la conveniencia de que el bautisterio constituya un edificio separado al templo y, cuando esto no sea posible, se ubique en una capilla cercana a su entrada, con su piso a menor nivel que el de la nave y delimitado por una puerta o reja que debe cerrarse.

Las razones de esta intención por mostrar la separación entre el templo y el bautisterio debemos buscarla en el propio sentido de los sacramentos que se administran en cada uno de estos lugares. El templo es el sitio de reunión de la comunidad cristiana, la ecclesia (asamblea). A él sólo deben acceder los cristianos que lo son plenamente por haber recibido el bautismo para celebrar la eucaristía, confesarse, casarse, recibir la confirmación, etcétera. En cambio, el bautisterio es la matriz desde la que el catecúmeno nace a la cristiandad y sólo después de pasar por él tiene derecho a entrar al templo. La separación entre templo y bautisterio no quiere decir que se reste importancia a este último; por el contrario, se trata de destacar su importancia pues el altar y el bautisterio son considerados los dos lugares más sagrados de un recinto religioso católico. Esta importancia del bautisterio y la intención de singularizarlo cuando los recursos lo permitían es evidente, por ejemplo, en los monumentales battisteri de Pisa y Florencia, que ocupan un ligar destacado frente a las catedrales de estas ciudades italianas. En México existen también ejemplos notables, como el bautisterio del convento de San Diego Churubusco, del siglo XVIII, o el mucho más moderno bautisterio de la Basílica de Guadalupe.

En tiempos de la evangelización, destacar la importancia del sacramento del bautismo debió ser muy importante para los frailes ante las multitudes de indígenas conversos. Prueba de ellos son las magníficas pilas bautismales del siglo XVI que subsisten en toda la geografía mexicana (entre ellas, la del cercano Jilotepec, con hermosísimos relieves renacentistas). También debió ser importante el señalar claramente la separación entre el templo, sitio de la comunidad ya cristiana, y el bautisterio, que era la puerta a través de la cual el catecúmeno entraba a esa comunidad. De ahí su ubicación apartada como ocurre en Aculco.

En su estado actual, el bautisterio viejo de Aculco es un recinto rectangular, orientado de norte a sur, poca altura y dimensiones no mayores a las que tendría una habitación de la época, con el acceso al norte, una puerta posiblemente moderna de comunicación hacia las dependencias curales al sur y una ventanita enrejada que da hacia la portería, quizá no muy antigua pero que ya existía con seguridad en 1838. Su única ornamentación visible es el arco de entrada, el que por su basta molduración considero pertenece efectivamente al siglo XVI. El interior, convertido primero en parte de la casa habitación del párroco y actualmente en notaría parroquial, no ofrece en su arquitectura ningún detalle notable. Originalmente, por supuesto, la gran pila bautismal debió estar colocada en su centro y seguramente existió en sus muros algún óleo que representaba el bautismo de Cristo, como era costumbre. De hecho, se conserva en la sacristía del templo una pintura de regulares dimensiones, pero poco arte, de esta escena. Data posiblemente del siglo XIX.

A mediados del siglo XX, sin embargo, se decidió mudar el bautisterio para que tuviera comunicación directa con la iglesia. Para ello se construyó un nuevo recinto sobre los restos de la antigua capilla de la Tercera Orden, al norte de la nave, aprovechando precisamente el acceso enmarcado en cantera que había servido para comunicar el templo principal con aquella capilla y que se encontraba tapiado. Este nuevo bautisterio se adornó con un vitral central que muestra la conocida escena del bautizo de Jesús por san Juan en el río Jordán y un par de vitrales laterales abstractos. Se le colocó además una reja de baja altura y feo diseño que no cubría todo el vano de entrada. Allá se mudó entonces la pila bautismal, elaborada en cantera rosa, que data posiblemente del siglo XIX.

Pero, como escribía al principio de este texto, los espacios cambian y son reciclados por los gustos, las modas, las disposiciones litúrgicas... o por real gana. Así, el bautisterio nuevo fue también transformado hace relativamente pocos años en capilla del Santísimo Sacramento, colocándose en su interior un sagrario, una mesa de altar, bancas y reclinatorios para cumplir su nueva función. Sobre las dovelas de la portada de acceso se colocó incluso un letrero que informa su actual destino. La gran pila bautismal fue movida una vez más, ahora junto a las gradas del presbiterio, del lado del Evangelio. Estos cambios, más allá de opiniones personales, contradicen varias disposiciones litúrgicas, como la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis del Papa Benedicto XVI:

... en las iglesias donde no hay capilla del Santísimo Sacramento, y el sagrario está en el altar mayor, conviene seguir usando dicha estructura para la conservación y adoración de la Eucaristía, evitando poner delante la sede del celebrante. En las iglesias nuevas conviene prever que la capilla del Santísimo esté cerca del presbiterio; si esto no fuera posible, es preferible poner el sagrario en el presbiterio, suficientemente alto, en el centro del ábside, o bien en otro punto donde resulte bien visible.

De tal manera, hoy en día el sagrario, que debería estar cercano al presbiterio, ocupa en Aculco los pies del templo, mientras que la pila bautismal, que se situaba tradicionalmente en un sitio aparte, a la entrada o fuera de la iglesia, está ahora junto al presbiterio. En ello hay una lección evidente: antes de hacer un cambio en este tipo de recintos, que encierran un simbolismo y una experiencia de siglos, hay que detenerse a pensarlo un poco más.

sábado, 9 de agosto de 2014

Reporte del avance de obra en la restauración de la parroquia

El pasado 7 de agosto, el arquitecto Lázaro González Frutis, responsable de las obras de restauración que se realizan actualmente en la parroquia de Aculco, me envió un reporte del avance de estos trabajos. Aunque breve y sucinto, resulta muy interesante para conocer la forma en la que se está llevando a cabo esta restauración, así como los problemas a los que su equipo se ha enfrentado a lo largo del proceso. Para que los aculquenses tengan acceso a este reporte, me permito transcribirlo incluyendo las fotografías que aparecen en él, así como algunas que yo mismo tomé hace pocas semanas.

Como siempre, agradezco al arquitecto González Frutis su permanente disposición para informarme de esta obra.

REPORTE FOTOGRÁFICO DEL AVANCE DE OBRA DE LA RESTAURACIÓN DE LA FACHADA PRINCIPAL Y CONSOLIDACIÓN ESTRUCTURAL DEL PRESBITERIO, MUROS LATERALES NORTE Y SUR DEL TEMPLO DE SAN JERONIMO, EN ACULCO DE ESPINOZA, ESTADO DE MEXICO.

Al inicio del proyecto, se inició la preparación de los insumos que se iban a utilizar en la obra, tales como la cal en piedra, arena de río, y baba de nopal. Para apagar la cal se adecuo en la parte norte del predio una artesa, donde alguna vez se ubicó la capilla de la tercera orden, y se cubrió con plástico transparente calibre 600, con el propósito de evitar la infiltración de las aguas pluviales. Esta fue cribada mediante malla de mosquitero, para evitar que las “palomas” se aglutinaran con los aplanados, teniendo sumo cuidado de que el nivel de la cal, estuviera siempre bajo el agua. La arena fue extraída del rio Ñado, el cual está cerca de la población y fue colocada sobre plástico para evitar su contaminación, una vez que fue asoleada, se cribó en malla de mosquitero para el repellado y la arena fina fue cribada con bolsa de mandado.

El plan de trabajo planteado al inicio del proyecto cambio al observar las condiciones de estabilidad estructural en el paramento exterior del presbiterio, en donde se observaban grietas importantes ocasionadas probablemente, por movimientos telúricos. Por lo anterior, las labores de intervención se concentraron en este frente de trabajo, debido a la urgente necesidad de recuperar su capacidad de trabajo, realizando para ello el siguiente procedimiento:

Una vez que se terminó de colocar el sistema de andamiaje a la altura requerida, se procedió a retirar el material base suelto en los labios de las grietas, (piedra rosa de cantera) y/o su capacidad de trabajo, a base de cincel fino y maceta, teniendo sumo cuidado de no afectar sus elementos colindantes. Sin embargo cuando se retiraron las piedras de cantera, se localizaron grandes oquedades en los muros que casi atravesaban todo su espesor (aproximadamente 1. 20 cm), por lo que la realización de los trabajos, tardaron más de los previsto.

Para consolidar el núcleo, se retiró todo el material suelto de las oquedades, tanto en el sentido vertical como horizontal, posteriormente se reintegró el material base (piedra local de cantera), teniendo sumo cuidado de entrelazar las piezas, asentadas a base de cal apagada en obra, arena de rio en proporción 1:1 y la suficiente baba de nopal hasta lograr maleabilidad y de rellenar las oquedades a base de fragmentos de piedra de cantera y de lechada de cal arena.

Este mismo sistema de inyección se llevó a cabo en las grietas localizadas en el paramento exterior del muro norte, en donde también se localizó un arbusto de medianas dimensiones. Cabe mencionar que al descubrir las grietas se pudo cotejar su verdadera forma y magnitud, las cuales fueron de mayores dimensiones de lo que inicialmente se habían observado, por lo cual, los trabajos se postergaron más de lo que inicialmente se había planeado.

Una vez concluidos los trabajos de estabilización en las grietas, se procedió a intervenir la fachada principal del templo, colocando primeramente el sistema de andamiaje, hasta alcanzar la altura del imafronte. Posteriormente se procedió a eliminar toda presencia de hongos, líquenes y microorganismos a base de un cepillado en seco con escobeta de raíz, teniendo sumo cuidado de no afectar la superficie con el tallado. Posteriormente se procedió a lavar la superficie a base de una solución de agua con jabón de chía, tal como se nos especificó en la licencia del INAH Estado de México, especialmente en las manchas oscuras y microorganismos en donde no se hubieran eliminado. Asimismo, se tuvo especial cuidado en limpiar las tapas de las molduras horizontales que dividen los cuerpos, ya que es estos elementos se acumulaba residuos de polvo, basura y de microorganismos.

Posteriormente se procedió a liberar las juntas que habían perdido su capacidad de trabajo, o que eran demasiado anchas, a base de cincel fino y maceta con golpes rasantes y teniendo sumo cuidado de no afectar la estabilidad del inmueble.

Al mismo tiempo que fueron realizados los trabajos de estabilización estructural en el presbiterio, muros laterales norte y sur se trabajó en el extradós de la cubierta de la planta alta del portal de peregrinos. Los daños que presentaban el extradós de la bóveda catalana, consistían en una fractura longitudinal ocasionada probablemente por los asentamientos del terreno. Para intervenir este grave deterioro primero se realizó la liberación de los ladrillos que se encontraban fracturados, a base de cincel fino y maceta a base de golpes rasantes, teniendo cuidado de no afectar su estabilidad estructural. Posteriormente se liberó parte del relleno que había perdido su capacidad de trabajo, para posteriormente reintegrarlo a base de cal apagada en obra, fragmentos de tezontle, residuos de cal y la suficiente baba de nopal, para lograr su maleabilidad adecuada.

Finalmente se reintegró el ladrillo de barro rojo recocido con en el área donde antes existió la grieta longitudinal, debidamente tratado a base de una solución hidrofugante de wackker 290, con aromina natural en proporción 1:13.

A T E N T A M E N T E :

MTRO. EN ARQ. LAZARO GONZALEZ FRUTIS

RESPONSABLE DE LOS TRABAJOS

Av. Álvaro Obregón No. 230 Int. 13 Col. Roma Norte, Delegación Cuauhtémoc, México, D. F. Tel. (01 55) 5912 5062 Cel. 55 4494 6610

ACTUALIZACIÓN: 25 de agosto de 2014.

Algunas fotografías más de la obra. Las primeras son del propio Lázaro Gonzáles Frutis:

 

Y éstas son de mi primo Octavio: