domingo, 12 de julio de 2009

¿Museo Bicentenario?

Portón de la Casa de los Alcántara Terreros.

Entre los compromisos de campaña de Marcos Javier Sosa Alcántara, candidato ganador en las recientes elecciones para presidente municipal de Aculco (que estuvieron visibles hasta hace pocos días en la página oficial del PRI del Estado de México), se encuentra la de crear en nuestro pueblo un "Museo Bicentenario":

"Creación del Museo Bicentenario, integrado en ese mismo lugar la Casa de Cultura."

El ofrecimiento en sí mismo es loable. Más, cuando municipios vecinos con una menor significación histórica cuentan con sus propios museos locales (como Acambay). Y todavía mejor, el que se le quiera dar un enfoque relacionado con el Bicentenario de la Independencia, ya que en Aculco ocurrió uno de los eventos más importantes de la primera etapa insurgente: la batalla del 7 de noviembre de 1810.

El texto de la promesa, como puede leerse, no profundiza más allá de la creación de este museo. En los mentideros aculquenses, sin embargo, hemos recogido la versión de que el plan incluye la compra del inmueble conocido como Casa de los Alcántara Terreros en la Plaza Juárez (actualmente en venta, en efecto) para instalar ahí dicho museo y trasladar al mismo sitio la Casa de la Cultura. En la actual Casa de la Cultura -antigua escuela Venustiano Carranza- se establecerían las aulas de la nueva Universidad del Bicentenario, promovida por el Gobierno del Estado de México. De la Casa de los Alcántara Terreros ya hemos hablado anteriormente, al referirnos a los desaparecidos remates barrocos de sus balcones y al tratar sobre la Plaza Juárez.



Dos vistas recientes de la fachada principal de la casa.

Sin duda alguna, la Casa de los Alcántara Terreros sería uno de los mejores albergues que se podrían escoger en Aculco para un museo, ya que es una de las más hermosas casas del siglo XVIII en el pueblo y también una de las mejor conservadas. Y este precisamente es el punto delicado del asunto: de ser cierto que el inmueble será destinado a museo y casa de la cultura, deberá procurarse la conservación de sus características originales; priorizar que la adaptación sea repetuosa de su historicidad: en fin, que la propia casa sea una pieza más (y quizá la más importante) de esa exhibición.

Uno de los balcones de la sala de esta casa.

Hacemos desde este humilde blog un respetuoso llamado al presidente muncipal electo para que así sea.

Esta fotografía y las siguientes, provienen de un sitio de Internet que promovía la venta del inmueble, hace unos años.

Vista del corredor, soportado en columnas de madera.

La sala de la casa con su mobiliario del siglo XIX.

Menaje de la casa.

Una de las habitaciones que dan hacia la Plaza Juárez.

Comedor.


Dos vistas de los corrales.

jueves, 9 de julio de 2009

De mesón a hotel

Fachada del actual "Hotel Aculco".

Sobre la actual calle de Morelos existieron antaño varios mesones que daban servicio a los arrieros y pasajeros que transitaban por Aculco, desviándose del trazo recto del Camino Real de Tierra Adentro. Esto se debía, en parte, a que la calle se encontraba a la orilla del pueblo, aunque no servía como ahora de entrada a todo aquel que llega a él desde el oriente, sino que a ella desembocaba el antiguo camino que venía de Arroyozarco, que al entrar a Aculco tomaba el nombre de Calle de la Arena, hoy Matamoros.

Con el tiempo, aquellos mesones se transformaron en viviendas y de la mayor parte se perdió todo recuerdo de su antiguo uso. El único que conservó esa denominación fue el "Mesón de los Uribe".

A lo lejos, la calle de Morelos con sus mesones, a principios de la década de 1950.

Esta vez no nos referiremos a ese mesón, sino a su vecino: un inmueble convertido actualmente en el "Hotel Aculco" del que también queda memoria (y algunos vestigios materiales) de su uso como albergue para arrieros, viajantes y cabalgaduras.

No sabemos a quién perteneció este edificio hasta que, a mediados del siglo XX, pasó a manos de don Evodio Ángeles. Sus hijos lo vendieron en la década de 1980 a su actual propietario, el señor Jesús Chávez Chacón. Él fue quien lo convirtió en hotel, y para ello llevó a cabo una reforma que en términos llanos consistió en demoler casi totalmente el interior y conservar, con ciertas modificaciones, la antigua fachada de piedra blanca.

Poco antes de aquella reforma conocimos el interior desaparecido. Al modo habitual de las casas aculquenses, se desarrollaba alrededor de un patio relativamente pequeño, rodeado por corredores con pilares de mampostería y que contaba con un pretil del mismo material en los intercolumnios. Lo más notable era la portada de piedra rojiza de lo que debió haber sido el salón principal, pero sobre todo la gran concha barroca que adornaba el derrame de su cerramiento interior. Ambos elementos fueron destruidos.

El patio, desde el cubo del zaguán.

Actualmente, el patio aparece rodeado por arcos carpaneles sobre pilares de cantera rosa sin pulimento, deficientemente trazados. Los viejos aposentos fueron reemplazados por habitaciones propias de un hotel. Entre lo poco original que se conservó en este interior está el viejo pozo con bóveda de cañón que se hallaba en su corral.

Otra vista del patio.

La fachada, por el contrario, conserva aproximadamente el aspecto que tuvo hasta antes de la transformación en hotel, excepto por la incorporaciónn de rejas de hierro completas (y algo mal proporcionadas) a los balcones de la planta superior, una serie de farolas y un par de pequeñas ventanas del lado derecho. La antigua portada del acceso principal, amplia para la entrada de carros de caballos, se conserva en su sitio, cerrada con un portón claveteado moderno de buena factura.

Pero lo que definitivamente no se mira bien en esta fachada es la tercera planta agregada, inconclusa desde hace varios años. No se trata de que permanezca sin terminar, ni hay algo malo en sus materiales (pues se construye con la misma piedra blanca de la parte antigua), ni en la proporción de sus vanos. Simplemente, viola lo dispuesto en el Bando Municipal:

ARTÍCULO 50.- Queda prohibido en la Cabecera Municipal y zona conurbada:
I. Construir edificaciones mayores de dos plantas con estilo arquitectónico diferente al estilo típico de la Cabecera Municipal. Los muros deberán ser blancos con acabados en cantera y herrería negra.

Fachada del hotel. Obsérvese la tercera planta inconclusa.

POSTDATA: Un comentarista anónimo nos ha hecho ver que cometimos un error al transcribir el artículo del Bando Municipal, agregando una "y" que ya fue retirada, y que de alguna manera alteraba el sentido del mismo. Este error fue totalmente involuntario, aunque lo pareciera no pretendía subrayar nuestro argumento.

Por otra parte, cualquiera puede percatarse de la pésima redacción que tiene el artículo en cuestión. Si nos atenemos al texto verbatim, y no a lo que creemos que es su espíritu, el artículo 50 del Bando Municipal estaría permitiendo que las edificaciones de 1 y 2 plantas en plena "Zona Histórica Municipal" declarada por el mismo ordenamiento puedan hacerse en el estilo que se quiera, sin apegarse al "típico". Ésto, siguiendo el principio legal generalmente aceptado de que lo que no está prohibido está permitido.



ACTUALIZACIÓN

En abril de 2010 el edificio está siendo concluido, aunque de manera deplorable. Si bien parecía que lo único verdaderamente criticable de la fachada del inmueble era su desmesurada altura, ahora nos ha sorprendido con un remate disneylandesco, escudo de armas y almenas incluidos. Es cierto que las casas nobles de la época novohispana tenían escudos y almenas, pero se trataba por una parte escudos auténticos, no apropiados o inventados, y por otra las almenas guardaban un ritmo y proporciones muy distintas.

Hotel Chávez con su remate almenado en construcción.

Detalle del remate.

jueves, 2 de julio de 2009

Casa de la Cruz del Ojo de Agua

Esquina de la casa de la Cruz del Ojo de Agua

La Plaza del Ojo de Agua es la más pequeña de las plazas históricas del pueblo de Aculco. Es también la única que no se encuentra propiamente en el centro de la población, sino en lo que fueron su orillas. Es quizá también la única que no recibe oficialmente la denominación de "plaza".

Con todo, es uno de los lugares que mejor conserva el sabor del viejo Aculco. Su superficie es la de un triángulo que tiene su vértice en la confluencia de las calles de Iturbide, Aldama y Corregidora, y se va ensanchando paralelo a la calle de Pomoca, antiguamente llamada calle de Nenthé. Todo el lado oriente de esta placita está limitado por los Lavaderos Públicos del Ojo de Agua, lastimosamente "restaurados" (en realidad destruidos y reedificados) hace dos años.

Vista general de la Plaza del Ojo de Agua, hacia el norte.

El tejado del Ojo de Agua parte casi a ras de suelo de la plaza, ya que los lavaderos se encuentran cerca de dos metros por debajo de su nivel. Esto no siempre fue así y de ello es evidencia el sencillo y hermoso portal que tiene la placita hacia el norte, que aparece también "hundido". Antaño, cuando conservaba la plaza su nivel original, el Ojo de Agua no tenía los muros laterales, sino una serie de pilares en los que se apoyaba el tejado que permitían su vista hacia el interior. Al nivelarse la plaza, los intercolumnios fueron rellenados con piedra. Ni siquiera hay que mencionar que la reconstrucción de 2007 borró toda la evidencia histórica de esta antigua disposición al reemplazar, lo mismo columnas que relleno, con muros nuevos de piedra blanca, desagradablemente "rajueleados".

El costado norte de la plaza lo limita, en escuadra con el Ojo de Agua, el portal que mencionamos líneas arriba, con tejado apoyado en cuatro pilares de piedra blanca a los que la remodelación de 1974 les regaló sendos capitelitos de concreto. A este portal se abren una puerta con marcod e cantera con cerramiento poligonal y moldura, así como un balcón también moldurado que conserva los restos del barandal de madera que tuvo hasta hace no muchos años. Un par de cuernos de toro empotrados en la pared indican que ahí se solían amarrar las cabalgaduras.

Portal de la Plaza del Ojo de Agua. Obsérvese el desnivel con la calle.

La totalidad del costado poniente de la plaza lo ocupa la interesante construcción a la que nos referimos en este post: la Casa de la Cruz del Ojo de Agua, o Casa de los Villafuerte, por haber sido la familia de este apellido la que la poseyó desde el siglo XIX y hasta la década de 1960, en que fue vendida a su pariente, el Dr. Juan Lara Mondragón.

Vista antigua, general, de la Casa de la Cruz del Ojo de Agua. Se aprecia la doble galería que mira hacia el oriente, así como parte del patio y el corral.

Una vista más reciente de la misma casa.

El nombre de Casa de la Cruz es evidente, ya que en la esquina que forma en la intersección de las calles Aldama y Pomoca existe una gran cruz formada con pequeñas piedras de tezontle embutidas en el muro. La leyenda cuenta que la cruz fue colocada debido a que en ese punto se aparecía "La Llorona" aunque, refierela misma leyenda, en realidad esto era un cuento divulgado por el campanero de la parroquia, quien lograba así que cualquier entrometido despejara el campo y le permitiera llevar a cabo en el Ojo de Agua sus ilícitos encuentros con su amante. Una versión de esa historia, más bien poco conocida, concluye con un desenlace trágico y ejemplar: una noche, cuando la amante del campanero se ocultaba esperándolo, escuchó el ruido que hacían los cascos de un caballo. Al asomarse, vio que se trataba de una gran mula prieta (seguramente el diablo mismo) que arremetió a coces contra ella, dejándola muerta.

Esquina con cruz de tezontle.

Vista general de la casa, desde la calle Corregidora.

En la Casa de la Cruz del Ojo de Agua se aprecian por lo menos dos etapas constructivas importantes. De la más antigua se conservaba, al fondo de la propiedad, un gran salón del siglo XVII o XVIII, ya arruinado, que estuvo cubierto de gruesa viguería y que contaba con un hermoso portón con clavos ornamentales de hierro, calados en forma de cruz, a más de una alacena con hermosas puertas casetonadas. Según creemos este salón era el último resto de una gran construcción con las mismas características, pues hacia los solares colindantes existían restos ya muy deteriorados que parecían continuar aquellos gruesos muros y altas azoteas.

Hacia 1905, don Fidencio Villafuerte instaló en ese salón una fábrica de cambayas, de cuyos telares de madera sobrevive todavía algún fragmento.

Restos de la maquinaria de la fábrica de mantas y cambayas que existió en esta casa.

De una etapa constructiva posterior, seguramente ya de principios o mediados del siglo XIX, es el resto de la casa. El cuerpo principal forma escuadra con el antiguo salón y se desarrolla en dos pisos de poca altura relativa. Cuenta con un corredor principal que mira hacia el oriente y una pequeña prolongación en ángulo recto con vista al norte. Según se puede apreciar, lo sostenían antiguamente columnillas de madera apoyadas en bases de cantera y con zapatas labradas, que se alternaban con delgados pilares de mampostería que eran quizá un agregado posterior. Otros elementos notables de esta casa son su simpática escalera de madera torneada, su pozo cuadrado equipado todavía con una bomba de mano, otro pozo circular y con escalerilla de caracol que yace enterrado, y sobre todo su extraña portada doble hacia la calle de Aldama.

Portada de la casa.

Aunque la casa se conserva en relativo bien estado de conservación, con la excepción del gran salón que como ya dijimos perdió sus azoteas hará más una década, la integridad de su antiguo solar ha sido violada: un pedazo de no más de 150 metros cuadrados de su corral fue regalado por el dueño a una parienta suya, pretendiendo borrar con ello viejos agravios familiares por herencias. En este terreno (en el que quedaban los restos de lo que en algún momento fue una tienda), se construyó una casa de nueva planta que contrasta desfavorablemente con la vieja construcción por sus materiales modernos, por su reja con vista a la calle y por su techo de concreto con marquesinas.

Fachada de la casa hacia la calle Aldama. Obsérvese la intrusión, a la derecha, de la reja de la casa moderna construida en parte del solar.

La casa moderna "incrustada" entre los lienzos de la fachada principal y la barda del corral de la Casa de la Cruz del Ojo de Agua.

Bardas del corral de la misma casa, hacia la calle Pomoca.

ACTUALIZACIÓN, 22 de febrero de 2018

En estos corerdores altos y bajos, los pilares con capitel son originales, mientras que los que carecen de él han reemplazado a las columnas de madera que se hallaban en su sitio. Si se observa con cuidado, en la piso bajo del lado derecho se observa todavía una de esas columnas de madera.

jueves, 25 de junio de 2009

Restos de un cementerio perdido

Como todos los atrios de las iglesias principales de los pueblos del virreinato, el de la actual parroquia de San Jerónimo Aculco fue utilizado como cementerio por lo menos desde el siglo XVII y (oficial pero no efectivamente) hasta 1876, cuando se construyó un nuevo panteón, el actual, junto a la desaparecida ermita del Calvario. Muchos años más tarde, a fines de la década de 1950, los padres agustinos que administraban por entonces la parroquia de Aculco decididieron eliminar todos los monumentos funerarios y lápidas del atrio para ajardinarlo y embaldosarlo con lajas, como se aprecia actualmente.

Lamentablemente, de aquellas viejas y grandes tumbas -casi todas del siglo XIX, pero algunas que se remontaban al XVIII- no se conservan más que unas cuantas malas fotografías y algunos restos materiales dispersos.

A la izquierda, el sepulcro familiar de la familia Del Castillo.

En la fotografía que mostramos aquí se observa, al lado izquierdo de la capilla posa noreste, una rara construcción con remate piramidal. Se trataba del sepulcro familiar de la familia Del Castillo. Gracias al historiador de arte Francisco de la Maza, que en su recorrido por la ruta de Miguel Hidalgo y Costilla se tomó unos minutos para copiar las inscripciones de esta sepultura, podemos saber hoy quiénes se hallaban enterrados en él:

Junto a la primera posa está un túmulo con tres gavetas. En la de enmedio yace doña Mariana Legorreta de Del Castillo, nacida en 1759 y muerta en 1846; abajo, su hijo Rafael muerto en 1861, y arriba don Apolonio del Castillo y su esposa Juliana A. de Del Castillo, enterrados allí en 1898. La relación con Hidalgo es la siguiente: la familia Del Castillo fue —y es— dueña de la casa que habitó en Aculco, y doña Mariana Legorreta de Del Castillo fue quien le hizo los honores y lo hospedó en la sala de su casa (Fuente: Francisco de la Maza, "La ruta del padre de la independencia", 1960).

Sepulcro en la base de la torre de la iglesia.

Otra de las tumbas notables que alcanzaron a ser fotografiadas es la que aparece aquí y que se encontraba en la base de la torre del templo. No sabemos a quién pertenecía. Su forma era la de una gran lápida curva en su parte inferior y rematada en la superior por una especie de frontón triangular. Este monumento sobrevivió hasta la década de 1970.

Como ya dijimos líneas arriba, los monumentos funerarios del atrio fueron removidos prácticamente en su totalidad hace 50 años y sus piedras fueron dispersadas y algunas reutilizadas en construcciones de poca monta dentro del mismo recinto del ex convento. Algunos sillares, por ejemplo, sirvieron para tapiar el vano de acceso a lo que fue la capilla de la Tercera Orden. Un par de lápidas de forma oval, sin inscripciones, se integraron a la capilla posa noroeste. También algunas piedras se aprovecharon para el nuevo enlosado, de las que una, muy cerca de la entrada norte del atrio conserva una inscripción casi borrada en la que apenas se pueden leer las primeras letras de la palabra requiescat (descanse):

Antigua lápida que forma hoy parte del enlosado del atrio.

Muro formado con lápidas y otras piedras provenientes de los sepulcros destruidos, que se encuentra en lo que fue la huerta del convento.

Una gran cantidad de lápidas y sillares se usaron al interior del curato, entre lo que fue la huerta y la capilla de la Tercera Orden, para construir muretes y zahúrdas. Pocas lápidas fuerona dar casas particulares. Al final, sólo un sepulcro permaneció en su sitio: el de Leocadio Basurto y su esposa Gertrudis Guisa de Basurto, que permanece todavía en la base de la torre de la parroquia.

Obsérvese la reutilización de sillares de los sepulcros para tapiar la entrada de la derruida capilla de la Tercera Orden.

El atrio, hacia 1960, recién renovado por los agustinos y ya sin sus sepulturas, con excepción de las que se encuentran en la base de la torre.

Lápida de don Vicente Almaraz.

Las lápidas que se encuentran al interior de la huerta del ex convento son las mejor conservadas y legibles. En ésta, de don Vicente Almaraz, se puede leer, respetando su ortografía:

AQUI YACE MI PADRE,
SIGUIENDO CUAL DEBIO,
LA SENDA QUE MI MADRE,
HA TIEMPO LE TRAZO.
TUS HIJAS DESDE EL SUELO
AL DIOS DE LA BERDAD,
DEMANDAN EL CONSUELO,
LLORANDO SU ORFANDAD.
VICENTE ALMARAZ


Lápida de don Luciano Martínez (1892)

EL DIA 17 DE JULIO DE
1892, MURIO EL SEÑOR CURa.
DON LUCIANO MARTINEZ
A LOS 64 AÑOS DE EDAD.
SUS RESTOS LOS CUBRE
ESTA LOSA.
RIP


Lápida de don Lorenzo Martínez (1884).

AL ABRIGO DE ESTA LOZA
DESCANSAN LOS RESTOS DEL SR.
D. LORENZO MARTINEZ QUE MURIO
EL DIA 7 DE NOVIEMBRE DE 1884
A LOS 77 AÑOS DE EDAD.
REQUIESCAT IN PASE.


Lápida y sepultura de don Leocadio Basurto y Gertrudis Guisa de Basurto. Es el único sepulcro que subsiste en el atrio de la parroquia.

Detalle de la lápida de don Leocadio Basurto.

Reutilización de lápidas como elementos ornamentales de la capilla posa noroeste.

Esta lapida con labrados mixtilíneos se encuentra en el enlosado del patio de la Casa de los Lara Mnodragón, en la Plaza de la Constitución.

Lápida de la década de 1870, partida por la mitad, que al parecer cubrió la tumba de la niña Concepción (Mo)rales, fallecida a los tres años de edad. Actualmente sirve de escalón a un salón del ex convento.