lunes, 19 de octubre de 2015

El equívoco histórico de la alberca de Aculco

¿Cuántos años tendrá la alberca de Aculco? ¿Alguien podría señalarlo con certeza?

El papel más viejo que habla de ella data de 1746 (1). Consta por documentos de 1820 que su uso y conservación caían bajo la responsabilidad de las autoridades civiles, pues en ese año las Actas de Cabildo municipales registran que se nombraba a un regidor para mantuviera limpio dicho estanque (2). Pero esto no significa que la alberca tenga solamente 269 años, pues seguramente fue construida mucho tiempo atrás; porque, en realidad, su existencia descansa en el origen mismo de este poblado y no se le puede considerar de manera aislada, sino como parte de todo un sistema hidráulico que se conserva parcialmente y que a pesar de ser casi desconocido es uno de sus patrimonios históricos más importantes.

Cierta narración tradicional recogida por las autoridades municipales de Aculco en 1923 afirma lo siguiente:

Por la tradición se sabe que el pueblo fue fundado por doce españoles que llegaron a lo que hoy es pueblo de Nativitas en donde pensaban fundar el pueblo de Aculco; pero que en vista de que carecían de agua se mostraban indecisos, y al ver una mañana que en punto de este lugar se levantaba una bruma, supusieron que debía existir agua, dirigiéndose en seguida al punto que les había llamado la atención encontraron un pantano. Que pretendieron fundarlo al lado norte del río; pero que, temiendo las inundaciones se decidieron por el lugar que hoy ocupa, habiendo encontrado bastante agua (3).

Aquel pantano inundaba probablemente buena parte del valle que se extiende entre Aculco y Gunyó, y debió estar entre las primeras tareas de los habitantes del pueblo procurar que el agua de los manantiales que le daba origen se canalizara para facilitar su consumo, al mismo tiempo que la ciénega se drenaba para utilizar las tierras para el cultivo. La importancia de los manantiales se refleja incluso en el nombre original en otomí de nuestro pueblo: Antämehe, que quiere decir "Gran manantial". Así, debieron haberse trazado en el pantano canales que derivaran el exceso de líquido hacia los ríos y construido un estanque al que vertieran directamente el agua los veneros. Y este estanque, seguramente pequeño al principio pero después ampliado excavando directamente en la roca que forma el subsuelo de Aculco, fue el antecesor de la actual alberca. Con el paso de los años se sumaron a este rudimentario sistema hidráulico nuevas acequias de mampostería, pequeños acueductos sobre arcos, sifones, una serie de baños particulares alineados sobre la calle de las Fuentes (como se le llamaba antiguamente a la calle Corregidora) y los famosos lavaderos públicos de 1884.

De tal manera, la razón de ser de la alberca habría sido en su origen el almacenamiento del agua de los manantiales de Aculco para los usos más diversos, desde el consumo humano, el riego agrícola, el baño de personas y animales (existía un área especial para bañar caballos) y hasta la pesca, pues por su rusticidad crecían en él plantas acuáticas y se criaban charales y acociles comestibles. Al centro del estanque se erguía una cruz de piedra (en cuya base salían a asolearse las tortugas) que delimitaba las zonas en las que se podían bañar, separados, mujeres y hombres.

Las más viejas fotografías que se conservan de aquella alberca original nos muestran que, si bien era bastante grande, su tamaño resultaba aproximadamente de la mitad de la alberca actual. Contaba ya en su extremo poniente, como ahora, con un portal, en el que se alternaban pilares de piedra y de madera. Pero en 1953 el filántropo aculquense don Alfonso Díaz de la Vega llevó a cabo el proyecto que transformó aquel estanque colonial en la piscina de dimensiones semiolímpicas que conocemos hoy en día. Su obra mereció ser inaugurada con la presencia del gobernador del Estado de México, Salvador Sánchez Colín, en abril de 1953. En este regalo a su pueblo, don Alfonso no escatimó en gastos y sin duda el sitio adquirió prestancia y comodidad, claro que a costa de perder buena parte de su historicidad. Además, la ampliación del estanque y la pérdida de su sustrato natural enfriaron el agua, como recuerdan todavía quienes llegaron a bañarse en la antigua alberca. Aunque se le dotó de una caldera, su operación nunca fue muy eficiente y era excesivamente costosa para un pueblo de las pocas posibilidades de Aculco. Esto, junto con el clima frío y el que ya para esa época casi todas las casas del pueblo contaran con agua corriente determinó que las oportunidades para disfrutarla fueran más bien escasas. Pero quizá la remodelación de 1953 la salvó, ya que otras albercas del mismo tipo en la región desaparecieron en épocas cercanas, como ocurrió con la que existió en Huichapan, destruida para edificar el mercado.

El equívoco al que alude el título de este texto se refiera a que, desde dicha remodelación, la alberca dejó de ser concebida en el imaginario aculquense como el tanque de almacenamiento que fue durante quizá cuatro siglos y sólo se le vio a partir de entonces como un sitio de nado recreativo y deportivo. También ayudó a ello que en el español de México la palabra "alberca" se use hoy en día en el sentido de "lugar para nadar" más que como simple estanque, que es el significado que todavía prevalece en el español peninsular. La alberca de Aculco perdió entonces, bajo la perspectiva de todos los que desconocían su historia, su relación de parentesco con estanques virreinales como el Tepeapulco o el del convento de Actopan o incluso más parecido aún, los llamados "baños de Moctezuma" del bosque de Chapultepec, para quedar simplemente en calidad de piscina para nadar. Y es precisamente bajo ese imaginario local que desde aquellos años y de manera recurrente se ha hablado de la necesidad de calentar el agua o de techar la alberca para que pueda ser utilizable más días al año. Vamos, que quienes ven la alberca sin considerar su historia se preguntan para qué diablos quiere Aculco una gran, enorme alberca en la que sólo se puede nadar una o dos semanas de cada año debido al clima, sin detenerse a pensar que tal vez el error está en haberse creído que en efecto se trata desde su origen de una piscina de nado y no un estanque colonial de múltiples usos al que se quiso dar caprichosamente un aspecto de alberca de competencias, como nos dice la realidad.

En fin, actualmente está en proceso un nuevo intento, muy respetable, de climatizar y techar la alberca. No tengo más información al respecto ni sé si se cuenta para ello con la autorización necesaria por parte del INAH, pues la alberca se encuentra dentro del área delimitada para su conservación como sitio del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Una modificación tal como la incorporación de una cubierta probablemente alterará no sólo su propio aspecto sino el paisaje urbano de Aculco en un sitio tan significativo desde el punto de vista patrimonial como es el Ojo de Agua y la calle Corregidora, pero no se puede saber si no se conoce el proyecto. Lo cierto es que la plataforma de clavados ya ha sido demolida y seguramente veremos muchas más alteraciones en el corto plazo. Supongo que las autoridades municipales han hecho bien sus cuentas, porque adaptar este inmueble, y sobre todo mantenerlo, no será con certeza nada barato. O tal vez el Ayuntamiento ya encontró la manera de concesionarlo y obtener utilidades, cosa que de ninguna manera critico -estoy convencido de que los edificios deben ganarse su existencia- pero que esto debe hacerse con total transparencia.

Ahora bien, en mi opinión muy personal y con todo respeto hacia las autoridades municipales considero que tales modificaciones no son adecuadas. Éstas son mis razones:

1. Estoy convencido en primer lugar de que la alberca de Aculco es demasiado grande como para que resulte rentable climatizarla y techarla. Pienso que lo más probable es que de realizarse el proyecto lo que tendremos es un "elefante blanco" que el Municipio de Aculco no podrá sostener. Además, dichas obras incidirán probablemente en el paisaje urbano protegido de Aculco.

2. Si hay un interés turístico en estas obras, creo que es un esfuerzo inútil intentar competir en materia de balnearios con "pueblos mágicos" muy cercanos que le llevan una gran ventaja a Aculco en ese renglón, como Ixtapan de la Sal, Méx., Tequisquiapan, Qro. y Tecozautla, Hgo. Está en la naturaleza de esos pueblos, por sun clima o aguas termales, ofrecer un atractivo así al visitante, no en la de Aculco.

3. Creo sin embargo que es muy loable la intención de que exista en Aculco un balneario que pueda utilizarse todo el año, donde se pueda aprender a nadar o simplemente echarse un chapuzón. ¿A quién no le atrae esa idea? Pero, ¿por qué no construirlo desde cero, con una alberca de menores dimensiones para facilitar su mantenimiento y climatización, incluso varias albercas? ¿Por qué no encontrar la zona más adecuada para ello, fuera de las restricciones que impone construir en el área patrimonial de Aculco? Quizá sería más oportuno buscar la participación de la iniciativa privada en un proyecto así, para evitar cargar el presupuesto municipal con gastos y costos relacionados con su construcción y operación.

Y, finalmente, ¿qué hacer con la alberca?, pues en efecto su uso es sumamente limitado. No es tan descabellado pensar en dejarla simplemente como está, situación en la que ha permanecido sin mayor problema por décadas y siglos, dando fe de su historia y de sus transformaciones. Esa sería mi decisión. Pero, si se le quiere dar un uso nuevo, respetuoso de su historia, de sus características hidráulicas, de su valor paisajístico, de su integración al conjunto urbano de Aculco, que al mismo tiempo sirva como reclamo turístico y que no genere grandes gastos de mantenimiento, sugiero que, una vez que exista un balneario que lo sustituya -porque de ninguna manera debe privarse a los aculquenses de su tradicional albercada de Semana Santa- se convierta en un estanque para remar.

Sí, para remar: tal como sucede con otros magníficos estanques recreativos de origen colonial, como el del Jardín Borda de Cuernavaca (con el cual la vieja alberca de Aculco guardaba algunas interesantes semejanzas). Añadirle otros atractivos como sitios de descanso o de alimentos para que la gente lo visite también como lugar para pasear y estar. Incluso de esa manera se podría, con un costo menor y programado en varias etapas, recrear parte de los elementos que la caracterizaban originalmente para devolverle un aspecto más evocador y concordante con la imagen colonial de Aculco. Y aún si este proyecto no resultara exitoso en un lapso razonable, podría revertirse fácilmente sin daño alguno para el inmueble y sin un gasto significativo.

Pero esa es sólo una propuesta que hago casi a vuelapluma. Ustedes, lectores ¿qué opinan?

NOTAS

(1) AGN, Indiferente Virreinal, Caja 1447, Exp. 9.

(2) AHMA, Actas de Cabildo, 1820.

(3) AHMA, Estadística, "Respuesta al cuestionario del Departamento de Estadística", 20 de octubre de 1923.

sábado, 17 de octubre de 2015

Al tiempo: la afortunadamente desaparecida cancha de Santa María Nativitas

"Se luce como un logro lo que es una pérdida", escribí hace casi cinco años en este blog al criticar la construcción de una cancha de usos múltiples en la plaza del pueblo aculquense de Santa María Nativitas. La cancha en cuestión, cerrada por sus cuatro costados, ocupaba casi toda la superficie de esta plaza, dejando sólo estrechos callejones entre sus muros y las casas que la rodean y ocultaba el ábside de la capilla del lugar (que tiene la particularidad de darle la "espalda" a esta explanada). En los muros de esta cancha (con sus tabicones a la vista hacia el exterior y aplanados en el interior), grandes letreros anunciaban a los promotores de la obra: el Ayuntamiento 2009-2012, la Delegación Municipal de Santa María Nativitas y el Diputado Federal del Distrito I. Todo con una estética iztapalapense -pobre en el sentido material y de diseño, ramplona, barriobajera, abundante en tabicones, cemento y varilla, malla de gallinero, mal concebida y mal ejecutada- que tristemente y ante la complacencia de los mexicanos va inundando poco a poco todos los lugares del país.

Afortunadamente para Aculco, aquel bodrio arquitectónico que quiso quitar su sentido a esta plaza ha sido retirado ya, dejando nuevamente el sitio libre en toda su superficie, rodeado por los mismos fresnos de siempre, permitiendo la vista de la recién restaurada capilla de Santa María. No sé cuándo sucedió, tal vez hace ya un buen tiempo y apenas me estoy dando cuenta. Pero me congratulo pues el espacio concebido para estar abierto ha recuperado ese sentido esencial. Las plazas, aunque las autoridades de todas las épocas hayan querido utilizarlas para construir jardines, kioscos, monumentos, mercados cerrados y hasta canchas, pierden su razón de ser una vez que el espacio libre resulta menor que el permanentemente ocupado.

Supongo que la cancha se retiró por las reclamaciones de los propios vecinos que vieron convertida su plaza en un conjunto de callejones lamentables y sucios, y a los que estoy seguro ni siquiera se les preguntó si querían que se construyera aquello. Imagino que también tuvo mucho que ver en su remoción el buen sentido queha demostrado el actual Ayuntamiento. Espero que este elogio no sea tomado como lambisconería, pues hago notar que todavía falta ver el resultado de las obras que se realizan en la alberca municipal para juzgar si ese buen sentido será o no la marca de esta administración.

Y bien, la plaza ha sido liberada. Ha vuelto a ser un espacio de sosiego en un pueblito que vive todos los días el agitado tránsito de su carretera. Pero, ¿se quedará así?

Personalmente, creo que se le debe dignificar, pero esto no quiere decir que nuevamente se intente ocupar su espacio. Significa delimitar bien su superficie llana, sus banquetas y sus zonas ajardinadas (que no existen, pero podrían crearse al pie de sus viejos fresnos) con pavimentos adecuados para el lugar, no cemento ni estampados de concreto, sino piedra natural de los tipos que por siglos se han usado en Aculco. Crear banquetas y adecuar sus transiciones hacia las casas y calles por las que se accede al sitio. Iluminarlo. Crear con todo ello una plaza de belleza serena: nada de estridencias en materiales, colores ni letreros de políticos vanagloriándose de sus obras. Varias de las casas que rodean la plaza también deberían pasar por un programa de "mejoramiento de fachadas" que ayude a transformar el sitio. Incluso podría construirse un portalito, siempre y cuando no le robe espacio a la plaza sino que se levante en el terreno de los predios que lo rodean, un sitio ideal podría ser el de la escuela. Opinaría que hasta un kiosco le vendría bien al lugar, pero creo que el espacio es demasiado pequeño ya para admitir algo así.

Y quizá es ya mucho soñar, pero un proyecto de este tipo podría extenderse poco a poco al resto de Santa María Nativitas. Aculco está apostando casi todo su futuro desarrollo al turismo y las autoridades de todos los niveles deben actuar en consecuencia. No perdamos de vista que este pueblo sirve como puerta de entrada a la cabecera municipal y para los viajeros el anárquico conjunto de accesorias que lo han hecho crecer como "pueblo calle" en las últimas décadas no resulta nada atractivo, ni tampoco los vendedores ambulantes que ya habitualmente se apostan a orillas de la carretera. Pero, al mismo tiempo, Santa María ha experimentado las ventajas económicas de estar en el camino hacia un atractivo turístico mayor -el propio pueblo de Aculco- y tener un sitio de paso obligado para los transeúntes -la gasolinería, lo que no debe soslayarse. Santa María Nativitas tiene además una capilla del siglo XVII recién restaurada y digna de visitarse; en su atrio está el más hermoso pedestal de cruz atrial del municipio, que lleva la fecha de 1678.

Lo que Santa María necesita es sencillamente orden urbano y arquitectónico, convertirlo por una parte en un "vistazo" a lo que el turista encontrará en Aculco y a la vez en un sitio que pueda visitar por sus propios valores patrimoniales, lo que en conjunto con otros sitios "menores" del municipio puede estimular la pernocta, que es sin duda alguna la piedra angular del desarrollo turístico de Aculco.

No esperemos a que el caos urbano de Santa María Nativitas sea tal que se vuelva irreparable.

sábado, 10 de octubre de 2015

La piedra de la misa de don Miguel Hidalgo

En la fachada de la capilla de la hacienda de Cofradía existe, al lado derecho de su entrada principal, una lápida de cantera rosa toscamente labrada y rodeada por un marco del mismo material. Entre varias figuras y cifras de difícil interpretación, parece leerse la frase "aquí celebrando misa" que es precisamente la que la vincula con una arraigada tradición aculquense. Según ésta, la piedra habría servido a don Miguel Hidalgo y Costilla, como mesa de altar para la celebración de una misa, durante su estancia en Aculco entre el 5 y el 7 de noviembre de 1810.

Aunque algunas variantes de la leyenda afirman que la piedra estuvo bajo el árbol conocido como Palo Bendito (otro sitio señalado para una improbable misa celebrada por Hidalgo), en realidad se encontraba lejos de ese sitio, en terrenos de la hacienda de Cofradía, al parecer en algún punto inmediato al salto llamado precisamente "de Cofradía" (donde hoy está la cortina de la presa) o al salto del Tixhiñú. Y no todas las versiones afirman que se trata de una mesa de altar, sino que algunas indican que es un fragmento de la roca desde la que el cura de Dolores contempló la Batalla de Aculco. Esto último no resulta del todo descabellado puesto que los planos de la batalla muestran que justamente en la zona en la que se encontraba esta cantera los insurgentes dispusieron se colocara el tesoro, carros y equipajes, e Hidalgo no solía estar en primera línea en los combates sino más bien en la retaguardia.

De cualquier manera, a principios del siglo XX los dueños de la hacienda de Cofradía mandaron cortar aquella piedra para retirar la inscripción y la llevaron para su resguardo a la capilla, como decíamos al principio de este texto.

Todo lo anterior corresponde a lo que escuché de niño o averigüé ya más grande entre la gente de edad de nuestro pueblo. Pero hace unos pocos años localicé un par de fotografías de la piedra, tomadas antes de que se le arrancara de su lecho, que cuestionan varias de estas ideas y que hoy quiero compartir con ustedes. Estas dos fotografías con parte de la serie de imágenes estereoscópicas capturadas por el fotógrafo Gustavo F. Solís durante el viaje que realizó por todos los puntos de la ruta de la Independencia con el historiador Luis Castillo Ledón en 1907.

En la primera fotografía, catalogada en la Fototeca Nacional bajo el número 603892 y con la descripción "barranca cercana a Aculco", aparece la piedra vista desde cierta distancia. Por su ubicación parece ser un afloramiento rocoso que forma parte de la pared de una de las barrancas que abundan precisamente en la zona que va desde la presa de Cofradía hasta el salto del Tixhiñú y más allá. Sólo contrastando mucho la fotografía se advierte que aquella roca tiene una inscripción en la cara que ve hacia el espectador, aunque resulta totalmente ilegible.

La segunda fotografía, con número de catálogo 603892 y descripción "barranca de Aculco, vista de roca con inscripciones", es un acercamiento a la piedra, tomada seguramente con el fin específico de retratar el texto inciso en ella. Pero desafortunadamente tampoco resultó comprensible lo que dice ahí salvo, quizá, una parte de la frase "... de mayo de 18..." y un "... Aquí ...". Acaso alguno de los lectores del blog Aculco, lo que fue y lo que es tendrá la paciencia y herramientas para descubrir el entido de esta inscripción.

Al conocer estas fotos antiguas de la piedra, me pareció evidente que por su ubicación definitivamente no pudo ser utilizada como mesa de altar. Tampoco, creo, como "telón de fondo" para una misa de las tropas insurgentes, pues habría sido absurdo celebrar la eucaristía en un sitio tan incómodo y poco apropiado como una barranca. Más fácil habría sido, como asegura la otra versión de la leyenda, que haya servido a Hidalgo de atalaya para atisbar el encuentro con las tropas de Calleja (quizá al otro lado de la barranca), pero sin otros puntos de referencia tampoco eso se podría asegurar. Quizá la única manera de tener idea de lo que conmemora la inscripción es revisarla detalladamente en su actual ubicación, en la hacienda de Cofradía. Yo la vi hace muchos años y no recuerdo casi nada de ella. Me han dicho que se encuentra ya muy desgastada y es imposible de leer, pero tengo la esperanza de revisarla personalmente algún día con suficiente calma y poder comprender algo de lo que en ella se grabó.

Sin ayuda de un visor estereoscópico, tan sólo cruzando un poco los ojos (haciendo bizco, pues) es posible mirar las fotografías dobles incluidas en este post con el "efecto 3-D", como diríamos ahora, que buscaron sus creadores. Sin embargo, como regalo a los lectores de este blog a los que se les dificulte hacer bizcos, subo enseguida los pares de imágenes como gifs animados que les darán una buena idea de su tridimensionalidad simulada.

viernes, 18 de septiembre de 2015

La plaza Juárez en la década de 1940 y hoy en día

Ofrezco a mis lectores una disculpa por no haber dispuesto de tiempo para escribir entradas más sustanciosas para el blog Aculco, lo que fue y lo que es en estas semanas. Pero como no quiero dejarlos en ayunas, pongo aquí una animación que hice hace tiempo para mostrar una comparación de la plaza Juárez en la década de 1940 y hoy. La imagen vale más que mil palabras. Sugiero a los lectores muevan la imagen para que puedan apreciar todos los detalles, especialmente la torre del reloj a la derecha.

sábado, 29 de agosto de 2015

Las otras capillas-oratorio otomíes del muncipio de Aculco

En el último post del blog Aculco, lo que fue y lo que es, les hablé un poco acerca de las capillas-oratorio otopames, su área de distribución en por lo menos cuatro estados de nuestro país (México, Hidalgo, Querétaro y Guanajuato) y presenté el caso particular de una de estas edificaciones que visité recientemente en el pueblo aculquense de La Concepción. También comenté entonces que esa capilla-oratorio, aunque es la única que conozco personalmente, no es por fortuna el único ejemplo que subsiste en Aculco, sino que, por el contrario, el Catálogo de Monumentos Históricos del INAH recoge la existencia de por lo menos diez más. Aunque la versión en línea de ese catálogo tiene muchos problemas que dificultan su consulta y, sobre todo, confunde con demasiada frecuencia la localización de los edificios históricos, quiero presentarles esta semana las fotografías de dichas capillas-oratorio tomadas del mismo. Es probable que al sugerir la ubicación de alguna de ellas me equivoque y por ello les ofrezco disculpas por adelantado.

Esta primera capilla se ubica, según el catálogo, "a 2 kilómetros al norponiente del templo de la Concepción", lo que parece cierto pues el paisaje corresponde a las inmediaciones de la gran barranca que separa a Querétaro del Estado de México. A simple vista la capilla es un pequeño edificio con cubierta a dos aguas (que debió ser de teja y hoy es de lámina), con una pequeña cúpula sobre el presbiterio y cruz en el hastial. La entrada principal es un arco quizá de cantera y en su costado tiene un ojo de buey aparentemente mixtilíneo. Delimita el atrio una rústica barda de piedra y en él se levanta una cruz atrial de cantera sobre su pedestal.

La segunda capilla-oratorio se encuentra también en La Concepción, a "1 kilómetro al nororiente" del templo del lugar. Lo llaman localmente "La Bóveda" (al que me refería en el post anterior), pues se trata precisamente de una construcción con bóveda de cañón. En la fotografía del catálogo su apariencia es de abandono, pues la barda atrial se observa parcialmente derrumbada y los arbustos parecen competir con la cruz del atrio por el espacio. Poco más que eso es visible en la fotografía, pues tan sólo asoma la parte superior de la portada de cantera en forma de arco y un entablamento que se extiende hasta la cornisilla, modelo que siguen casi todos los edificios que veremos.

Esta capilla-oratorio, la tercera, parece ser que se levanta en las inmediaciones del pueblo de San Antonio, "a 100 metros al norponiente del panteón" (lo que ciertamente contradice al plano que el mismo catálogo muestra). Es un edificio de planta rectangular y cubierta a dos aguas, edificado en piedra y con portada en forma de arco, seguramente de cantera pero que ha sido encalada. Tiene cruz atrial, que se yergue sobre un basamento de dos cuerpos, pero la barda que rodeaba el atrio se ha derrumbado. Unos árboles añosos, al parecer tepozanes, dan sombra a este atrio.

Esta capilla, ubicada a "1 kilómetro al suroriente del templo de San Pedro Denxhi", es quizá el más importante del conjunto de oratorios familiares otomíes de nuestro municipio. Por su aspecto exterior es equiparable a algunas de las más bellas capillas de Tolimán, Querétaro, incluidas en la lista del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO bajo la denominación "Lugares de memoria y tradiciones vivas de los otomí-chichimecas de Tolimán: la Peña de Bernal, guardiana de un territorio sagrado". El oratorio es de planta rectangular, cubierto con bóveda de cañón y apoyado en contrafuertes en su exterior. Una cruz corona la portada y la barda atrial de fuerte mampostería limita el recinto. Una sencilla decoración resalta la curvatura de la bóveda y es indicio de que, quizá, el interior guarda también algún tipo de ornamentación. Según el Catálogo, se trata del "oratorio del Señor de la Humildad".

Esta quinta capilla-oratorio, afirma el Catálogo de Monumentos Históricos del INAH, está a 1 kilómetro al sur del templo de San Antonio. Como ya habrán observado los lectores, existen básicamente dos tipologías de estos edificios en Aculco: una más sencilla con cubierta de teja a dos aguas y otra un poco más lujosa con cubierta de bóveda de cañón. El oratorio que ahora vemos es del tipo sencillo, y tanto que ni siquiera hay indicio de que sus paredes de piedra hayan estado alguna vez aplanadas. El muro del atrio es también muy rústico y encierra una superficie muy pequeña, menor incluso que la de la propia capilla.

Vemos aquí nuevamente una capilla con bóveda de cañón, que se encuentra dos kilómetros y medio al sur del templo de san Pedro Denxhi. Es por esto del tipo más suntuoso, y si en las fotografías anteriores no era posible observar libremente la fachada principal de las otras capillas, aquí podemos apreciarla en toda su bella sencillez: la curva de la bóveda, sin más transición, da forma al imafronte, que remata una cruz de cantera adornada con un adorno temporal de cucharilla. Sobresalen a los lados los gruesos muros que soportan la bóveda, dándole a la fachada un perfil mixtilíneo. El arco de entrada, de cantera encalada, es un arco muy sencillo en el que sólo resaltan las basas de las jambas y sus impostas. A los lados, más que verse se adivinan los fuertes muros del atrio. Quizá la advocación de este oratorio es la de "Santiaguito".

Una séptima capilla, vista sólo lateralmente, nos permite suponer que al nivel del contrafuerte que soporta el muro lateral existe en el interior un arco que divide en dos partes la nave, precisamente a la manera de varias de las capillas queretanas de Tolimán, que, como ésta, se cubren con bóveda de cañón. Salvo la cruz del hastial y las paredes de "piedra sobre piedra" del atrio, es poco más lo que se puede comentar de ella, salvo que el Catálogo informa que se trata del "oratorio de la Virgen de la Concepción", sin que se pueda precisar su localización.

Es muy probable que la fachada de esta capilla-oratorio, construida a 3 kilómetros al surponiente del templo de San Pedro Denxhi, haya sido reconstruida en tiempos no muy lejanos y ello le quitó su sabor antiguo, al mismo tiempo que la alejó del modelo habitual hasta aquí. Su vano de entrada es adintelado, estrecho, y no se advierte ninguna ornamentación. El remate de la fachada, que oculta la curva de la bóveda, es de trazo recto con un escalonamiento de cuatro gradas al centro. No se observan indicios de que haya tenido muro ni cruz atrial.

Es una verdadera pena que el Catálogo de Monumentos Históricos del INAH no muestro sino sólo una fotografía, y mala, de cada uno de estos edificios. Más lamentable aún en el caso presente, en el que la capilla-oratorio abovedada parece contar con anexos o en todo caso con una vivienda con la que forma un conjunto, además de otras particularidades como el tamaño de la cruz del remate, el acceso con una cruz en la clave, y el cerramiento en forma de arco conopial. Esta construcción se levanta, según afirma el Catálogo, a cuatro kilómetros al suroriente de San Pedro Denxhi.

La última de las capillas se encuentra en ruinas. Según el Catálogo, se trata del "oratorio de Guadalupe" y está en la "parte superior de la lomita" en las inmediaciones del pueblo de Santiago Oxthoc Toxhié. A pesar de su estado, con los muros caídos hasta la mitad de su altura, el arco monolítico de entrada sigue en su lugar, sostenido por dos jambas igualmente monolíticas. No es difícil advertir que su cubierta debió ser de teja, seguramente a dos aguas.

Para finalizar, debo apuntar que este notable conjunto de capillas-oratorio de Aculco pertenece seguramente a los siglos XVIII y XIX, y que se concentran principalmente, como lo hemos visto, en los alrededores de tres de los pueblos de mayor raigambre otomí, ubicados todos en la mitad poniente del territorio municipal: La Concepción, San Pedro Denxhi y San Antonio. Estoy convencido de que no son los únicos templos de familiares de este tipo que existen en Aculco, y por ahí debe haber algunos más, ya sea en uso o convertidos en vivienda, bodega o granero. Como sea, el conjunto de capillas oratorio-otomíes es un patrimonio que merece ser conocido, difundido, estudiado y apreciado por todos nosotros.

ACTUALIZACIÓN, 20 DE NOVIEMBRE DE 2025:

Está documentada la existencia de un oratorio doméstico en Santa Ana Matlavat en 1805. El 28 de mayo de ese año, el indio tributario Seferino Ramón relató haber retirado "una chapita y llave que quité de la puertita del oratorio", en el contexto de los pleitos con su tía María Catarina por la repartición de los bienes de su abuelo. En el mismo expediente se menciona que la casa estaba techada con tejamanil. AGN, Tierras, V. 2882-2883, exp. 41 f. 22.

ACTUALIZACIÓN, 19 DE FEBRERO DE 2026:

Unas imágenes en fotografía y video de la Dirección de Turismo de Aculco de la segunda capilla reseñada en este texto ("La Bóveda"), ubicada en el pueblo de La Concepción. Luce ahora restaurada y en excelente estado.

sábado, 15 de agosto de 2015

Una capilla-oratorio otomí en La Concepción

En los últimos meses he escrito en este blog varios textos acerca de varias cosas interesantes que hallé en mi más reciente visita al pueblo de La Concepción, uno de los más atractivos natural y culturalmente del territorio municipal de Aculco. Esta vez continuaré hablando del mismo lugar, con mayor precisión de un antiguo edificio hoy casi en ruinas que nos refiere a algunas de las tradiciones más características de la cultura otomí en los siglos del virreinato.

Se trata de una capilla-oratorio familiar. Esto es, un tipo de construcción de culto familiar y privado que fue característico de los pueblos otomianos después de la conquista española, y del que podemos encontrar ejemplos en toda la geografía mexicana por la que se extienden las etnias otomí, mazahua, pame, etcétera: un territorio que aproximadamente va del Valle de Toluca al sur hasta el inicio de la Sierra Gorda por el norte, y desde el río Lerma por el suroeste hasta la sierra de Hidalgo por el noreste. Según algunos investigadores, en estas capillas se rendía culto a los antepasados, a los xhitas (viejos), los fundadores de un linaje, y formaban parte del solar en que se levantaba la vivienda. Aunque muy abundantes, solamente en sitios como Tolimán, Querétaro (donde hay más de 250 y se les considera patrimonio inmaterial del estado con la denominación de "capillas oratorio del valle sagrado otomí"), y en las cercanías de San Miguel de Allende, Guanajuato (donde existe un recorrido por la que llaman "ruta de las capillas de indios", que incluye algunos templos de este tipo) se les ha prestado verdadera atención, se les ha inventariado puntualmente y se han sometido a estudio y restauración. En el municipio de Aculco existen todavía varios ejemplos, según nos muestra el Catálogo de Monumentos Históricos del INAH aunque, he de ser franco, nunca he visitado casi ninguno de ellos. Algunas muestran ser casi tan monumentales como las capillas de Tolimán, que son las mejor construidas de todas las que se conocen.

El oratorio del que quiero platicarles no es, ciertamente, una gran construcción. Se levanta aislado a poco más de 500 metros en línea recta al noroeste de la capilla principal del pueblo, en la falda de una loma de suave declive. Es una construcción pequeña, mide quizá unos seis metros de largo por unos cuatro de ancho, de planta rectangular y su técnica constructiva a base de piedra blanca ya amarillenta por los años, lodo, cal y cubierta de teja a un agua sobre vigas de madera, no la hacen destacar mucho de las edificaciones habitacionales más antiguas del sitio. Sólo la entrada (su único vano), que mira aproximadamente al sur, le presta distinción y permite advertir que no se trata de una vivienda sino de un edificio destinado al culto.

Esta portada, de cantera color café claro, de poca altura, se alcanza por medio de tres gradas formadas por piedras burdas que en su momento se hallaban sin duda mejor colocadas que ahora. Sus jambas parten de bases toscamente molduradas y rematan en impostas casi idénticas a ellas. Las jambas no son totalmente rectas, sino que muestran una curvatura que hace más ancho el vano aproximadamente desde un tercio de su altura y que se continúa en el cerramiento con un arco formado por dos grandes piedras que se unen directamente al centro sin que medie una clave.

Como decía antes, el oratorio está actualmente aislado, pero con un poco de observación es posible distinguir los restos de otros elementos que lo acompañaban: a la izquierda de la entrada, por ejemplo, y separada unos metros del muro, se encuentra una roca sobre la que una serie de piedras dan forma a un rústico nicho, lo que recuerda inmediatamente los pedestales de las cruces atriales de la región y los nichos que suelen estar practicados en ellos y en los que se colocan ofrendas. Asimismo, en el muro poniente de la capilla se distinguen los mechinales que apoyaron seguramente un tejado de poca altura.

A simple vista podría parecer que la portada es el único ornamento de la capilla-oratorio familiar, Sin embargo, existe otra piedra labrada colocada en uno de sus ángulos, a baja altura, inmediatamente sobre el cimiento. El relieve que muestra este sillar es difícil de interpretar dada la poca profundidad con que fue elaborado pero también por el desgaste. Aparentemente se trata de un escudo con una cruz incisa, que por su costado izquierdo es atravesado por algo que parece una flecha y que al que por su lado derecho acompaña una figura humana esquemática.

La capilla perdió en años recientes su techumbre, pues las fotografías tomadas en la década de 1990 para el Catálogo de Monumentos Históricos del INAH nos la muestran todavía en buen estado de conservación. El interior naturalmente ya no guarda objeto alguno, salvo los restos del derrumbe. Más allá del aplanado con cal y lodo, este interior no muestra señal de pintura mural, altares ni elemento alguno que interrumpa la rectitud de los muros. La puerta estuvo formada por dos gruesas y toscas hojas labradas cada una en un solo tablón lleno de nudos, de las que una permanece en su sitio y la otra yace a su lado fuera de quicio.

Al visitar este oratorio platiqué con un hombre que me dijo ser nieto de uno de los propietarios recientes del oratorio. No me dio su nombre -y no lo culpo en estos tiempos de tanta inseguridad- pero me informó que en efecto se trataba de un sitio de culto religioso, al que en determinadas fechas las mujeres del pueblo se acercaban a ejecutar danzas. Y también que no era ése su único uso, sino que se empleaba de igual manera para almacenar el maíz cosechado, lo que explicaría lo alto y pequeño de su único acceso. Un uso que bien pudo estar relacionado con ritos de fertilidad o, sencillamente, se hacía así por puro sentido práctico.

No lejos de este oratorio parece existir otro más, al que desafortunadamente no pude llegar por lo complicado de las indicaciones que me dieron. Se referían a él como "la bóveda", lo que anticipa que su construcción debe ser más importante que la de la capilla que les he presentado aquí. Si alguno de ustedes conoce el lugar o tiene fotografías, le agradeceré me las comparta para poder enriquecer este post.