martes, 27 de mayo de 2008

El lento deterioro de la cruz atrial de Nenthé

Fuera de la vista de la mayor parte de la gente que visita el Santuario del Señor de Nenthé, en Aculco, en un extremo del atrio y pegada al muro, existe una antigua cruz atrial pasionaria que parece datar del siglo XVI. Su pedestal, construido por el "gremio de albañiles y peones de Aculco" en 1949, ha movido a engaño a muchos que creen que de esa misma fecha es la cruz misma, que en realidad es 400 años más vieja.

¿De dónde procede esta cruz? Lo primero que podemos pensar es que de la antigua capilla de Nenthé que fue demolida en 1943 para construir la actual. Pero es también posible que ésta sea la cruz atrial que debió existir en la parroquia. Cualquiera que sea su origen, debió hallarse en medio del atrio de uno de estos dos templos, como era usual.

No se trata de una gran cruz como las de Jilotepec y Huichapan, su tamaño es más bien reducido. Lleva labrados los símbolos de la pasión y a primera vista se distingue el cráneo de Adán, la columna y la escalera, el gallo de San Pedro, la corona de espinas, las pinzas y los clavos. Los chorros de sangre que salen junto a los clavos se parecen mucho a los que Constantino Reyes Valerio identificó como una supervivencia de la iconografía indígena en otras cruces atriales (como la de Huichapan) en su libro "Arte indocristiano".

Por sus proporciones, podemos deducir que la cruz está incompleta, lo que además refuerza la idea de que fue traída de otro lado. Si se le compara con otras cruces atriales mexicanas, nos percatamos enseguida de que carece del "INRI" como remate. Es posible también que tuviera algún adorno en los extremos del travesaño y tal vez eso justificaría las despostilladuras que se ven en ellos, tan extrañamente simétricas. Su aspecto original debió ser parecido al de la "Cruz del Patio" del convento de JIlotepec, con la que guarda ciertas analogías.

Esta antigua cruz, medio olvidada, es probablemente uno de los vestigios históricos más antiguos de Aculco. Lamentablemente la humedad va desgastando poco a poco sus labrados, que se van haciendo ilegibles.

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