viernes, 10 de julio de 2020

Arroyozarco y el frío

Al revisar viejos papeles, libros y periódicos, una de las peculiaridades climáticas de Arroyozarco en el siglo XIX es el frío. Una de las referencias más antiguas es la del jesuita José de Echeverría, procurador de las misiones de California en tiempos en que la hacienda de Arroyozarco contribuía a su manutención, que en su viaje a aquella península entre octubre de 1729 y febrero de 1730 mencionó en una curiosa comparación que eran allá "mayores los fríos que en Huapango por enero" (1). No es difícil tampoco encontrar noticias de nevadas e incluso Porfirio Díaz, en un telegrama escrito en Arroyozarco, se refiere a la "mucha lluvia y nieve" que ha tenido que soportar al llegar a ese sitio en diciembre de 1876 (2). La casa vieja de la hacienda y el Hotel de Diligencias de Arroyozarco están entre las pocas construcciones antiguas del municipio de Aculco que contaban con chimeneas, lo que parece corroborar esta apreciación.

El relato que les traigo hoy es precisamente el de un viajero que habla del frío de este lugar. Quizá es poca cosa, pero un detalle menor sirve también para escribir historias más grandes.

 

El camino de San Juan a Arroyozarco presenta llanos áridos que se pierden en el horizonte, y que lateralmente están encerrados entre montañas elevadas que forman de ellos un valle inmenso. Las montañas están entrecortadas por llanos de tierras cultivadas. [...] Arroyozarco no es mas que una hacienda con un mesón público, todavía sepultado en gran parte en las ruinas de la revolución. Allí fue donde por la primera vez tuve frío verdadero en México: cuando partí al paso por la montaña de Capulalpan, no pude sostenerme en el caballo. Con justicia el barón de Humboldt ha apreciado la altura de este lugar en 1295 toesas sobre el nivel del mar, y en 1379 la de la montaña.

Las personas que son bastante dichosas para caminar en coche, felicidad que en México no les envidio, toman desde Arroyozarco el camino de Tula; pero yo, pobre peregrino, a caballo y según habéis visto en Querétaro, muy á pique de perder aun este recurso y ser de a pié, tomé el de las mulas, que podrá también llamarse de los lobos, a través de un país que no sabré indicaros lo bastante y que nadie desearía recorrer. Escogí tal derrotero para llegar cuanto antes a Huehuetoca. (3)

 

El autor de estos párrafos es Giacomo Constantino Beltrami, originario de Bérgamo, Lombardía, que pasó por México en 1824. Seguramente en su tierra natal, tan cercana a los Alpes, había conocido fríos extremos, por lo que resulta más notable su comentario sobre el "frío verdadero" que experimentó en Arroyozarco. La obra que narra sus viajes, titulada originalmente Le Mexique, fue publicada en francés en París en 1830 y se tradujo al español hasta 1853. Curiosamente, este libro se incluyó rápidamente en el Índice de libros prohibidos por la Iglesia, posiblemente por sus críticas al párroco de Tampico Alto. Aunque ​Beltrami solicitó al papa Pío IX retirar la prohibición, no lo logró y quizá por ello fue tan poco conocido.

 

FUENTES:

(1) Venegas, Miguel, S.J., Noticia de la California y de su conquista, Madrid, Imprenta de la viuda de Manuel Fernández, 1757, p. 423

(2) Carreño, Alberto María (prólogo y notas), Archivo del general Porfirio Díaz, México, Elede, 1952, p. 126.

(3) Beltrami, G. C., México, tomo II, Querétaro, Imprenta de Francisco Frías, 1853, pp. 347-351.

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