jueves, 26 de agosto de 2010

La estación de tren de Cofradía



Uno de los edificios aculquenses que las generaciones futuras más lamentarán haber perdido -porque se habrá de perder en poco tiempo, ¡qué duda cabe!- es la vieja estación de Cofradía del ferrocarril Cazadero-Solís.

Vista general de la antigua estación de Cofradía.

No se trata de un edificio estéticamente relevante. Sin embargo, como hemos insistido muchas veces anteriormente en este blog, el conjunto urbano de Aculco, junto con los edificios patrimoniales de su jurisdicción, destaca principalmente por su integridad, por su variado número de tipologías arquitectónicas, y por la autenticidad de sus edificios. Hablando más claro: lo que vale es sobretodo el conjunto completo y original de sus inmuebles antiguos. Cuando la estación de Cofradía caiga al fin, se habrá perdido la única construcción del municipio que pertenece a la categoría de las estaciones de ferrocarril y con ello el conjunto perderá también parte de su valor.

El camino de Aculco a la estación muestra todavía las huellas de las ruedas de las carretas.

En fin, vayamos a su historia.

El interés por construir un ferrocarril en esta zona databa de inicios del Porfiriato. La primera concesión, otorgada al señor Rodolfo Fink el 31 de mayo de 1882, no llegó a concretarse pues se declaró caduca en 1885, tras realizarse sólo algunos trabajos. La construcción definitiva de la vía angosta no fue iniciada sino en 1895 (al mismo tiempo que se otorgaron los primeros permisos de explotación forestal del cerro de Ñadó), por don Felipe Martell, propietario de la hacienda de La Torre. Su objetivo principal consistía en enlazar las fincas de la zona y facilitar el traslado de la madera, el carbón y otros productos. Debe haberse tratado de una inversión compartida pues el permiso - sin subvenciones por parte del Gobierno- fue concedido a Guadalupe Guadarrama y al sanjuanense T. Melesio Alcántara por decreto del 9 de diciembre de 1893.

La estación con las construcciones parásitas edificadas a su lado en los últimos años.

Algunas fuentes indican que la vía llegó a tener una longitud total de 57 millas (91.71 kilómetros), pero parece que en realidad se extendía por cerca de 59 ó 60 kilómetros, de los que en mayo de 1895 existían 30 y para 1897 se habían construido ya cuarenta y ocho. Su trazo aproximado era paralelo al que sigue actualmente la Carretera Panamericana entre Ñadó y Palmillas, poco más o menos. La vía se bifurcaba, a partir de Ñadó, hacia el rancho de San Pablo ubicado precisamente al otro lado del cerro (punto alrededor del cual nacían treinta kilómetros más de vías portátiles Decauville que se iban desplanzado conforme el corte de árboles lo exigía) y a Llano Largo en Tixmadejé, Acambay, hacia el sur. Al concluirse su construcción, contaba con las siguientes estaciones:

Cazadero, a 29 km. al sur de la ciudad de San Juan del Río, Qro.
Taxhié (Polotitlán, Méx.), a 12 km de la anterior.
La Estancia (Aculco, Méx.), a 5 km de la anterior.
Cofradía (Aculco, Méx.), a 11 km de la anterior.
Ñadó (Aculco, Méx.), a 8 km de la anterior.
La Fábrica (Aculco, Méx.) a distancia desconodida de la anterior.
Tixmadejé (Acambay, Méx.), a 17 km de Ñadó.
San Pablo (Amealco, Méx.), a 23 km de Ñadó.

La casa de la izquierda se adosó a la fachada principal de la estación, ocultándola por completo.

La estaciones de Cazadero a Ñadó daban servicio público de carga, correo y pasajeros, mientras que de Ñadó a San Pablo el servicio era sólo privado.

De todas estas estaciones, la única que parece haber llegado a nuestros días es la de Cofradía. A pesar de ser diminuta, como se puede advertir en las fotografías, se convirtió en un importante punto de partida hacia la capital y norte del país para los habitantes de la región: hacia 1897, mientras el Camino de Tierra Adentro caía en el abandono, las autoridades municipales de Aculco cuidaban de construir un puente y empedrar el camino ella, al empezar a prestarse el servicio de transporte de pasajeros.

Muro surponiente de la estación. Adviértase el diseño inciso sobre el aplanado que simula sillares.

Detalle del piñón que remata el muro lateral. El terminado del muro en forma de lomo de toro y con una cornisilla de ladrillo era característico de las construcciones antiguas de Aculco. Muchas de ellas lo perdieron al sustituírseles por cornisas de tres hiladas de ladrillo en 1974, durante el "Programa Echeverría de Remodelación de Pueblos".

En 1923, la distancia de tres kilómetros entre Aculco y Cofradía se cubría en una hora a través de carros tirados por mulas, con tarifa de 2 pesos por tonelada transportada entre ambos lugares. Los pasajeros que tomaban el tren en esa estación solían hospedarse en los mesones y casas particulares de Aculco, donde pagaban un peso por noche. El costo del pasaje entre Cofradía y Cazadero era en 1919 de un peso con ocho centavos.


Otra vista de la estación y de la casa adosada quie oculta su fachada.

La estación de Cofradía constaba de un solo edificio de piedra blanca, de planta rectangular de unos diez por cuatro metros y cubierta de teja a dos aguas, orientado de suroeste a noreste. En su fachada principal, que miraba hacia el noroeste (en dirección al Puente Piedad), destacaba la puerta de entrada y un par de angostas ventanas, vanos todos que mostraban marcos acodados labrados en cantera. El piso era de ladrillo colocado en "petatillo". Todos los muros exteriores se hallaban cubiertos con aplanados de cal y arena y mostraban un diseño inciso que simulaba sillares. El edificio destacaba al hallarse aislado de cualquier otra construcción inmediata.

Como se puede apreciar en esta foto, los marcos de cantera que rodean los vanos de la fachada principal permanecen en su sitio, aunque ocultos por la nueva construcción. En la imagen, se puede ver el costado del marco acodado que corresponde a la ventana del lado izquierdo.

La venta del lado derecho, por el interior. Sobrevive la obra de carpintería en regular estado de conservación.

Increíblemente, la estación de Cofradía se mantiene hoy en día en su originalidad constructiva, utilizada como vivienda (como seguramente lo ha sido los últimos 82 años, desde que se levantó la vía del ferrocarril en 1928). No podemos decir lo mismo en cuanto a su concepción espacial, ya que una casa moderna de reciente construcción fue edificada muro con muro sobre su fachada principal, ocultando a la vista los enmarcamientos de cantera que, pese a todo, permanecen en su sitio. La cubierta se muestra ya muy deteriorada, con las vigas combadas, soportadas al interior con pies derechos de madera, las tejas desacomodas y rotas, aunciando todo una cercana ruina.

Actualmente, esta entradilla en la parte posterior del edificio es su único acceso. Quizá no corresponde al diseño original.

El conjunto luce tan destartalado que quizá no soportará una temporada más de lluvias. O, acaso, el dinero para edificar en su sitio un cuarto de tabicón llegue antes y sus muros caerán a golpe de barreta. Sea que desaparezca por los embates de la naturaleza o a manos del hombre, la vieja estación de Cofradía parece tener -como tantos otros edificios históricos de Aculco- el tiempo contado.

En este muro se advierte también el diseño de sillares, inciso y remarcado con negro.

Estaciones de tren de dimensiones parecidas y valor arquitectónico equivalente han sido restauradas recientemente en algunos lugares del país. Es el caso de ésta, la estación Casa Blanca en Jojutla.

1 comentario:

  1. hola, buen artículo! sólo para comentarte que la estación de polotitlán también se ha conservado, lamentablemente no en las condiciones deseadas pues está habitada por paracaidistas, espero poder mostrarte unas fotografías después.

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