viernes, 27 de febrero de 2026

“Con esta mujer no he tenido una hora de gusto”: las quejas de un marido atribulado en el Aculco del siglo XVIII

Hacia mediados del siglo XVIII, en fecha que no es posible determinar pues la carta a la que me referiré no la tiene, un apesadumbrado hombre llamado Francisco Xavier, vecino del rancho de San Antonio, escribió al cura de Aculco que por entonces lo era don Lorenzo Díaz del Costero una sentida queja sobre el mal comportaminto de su mujer, de la que tampoco tuvo el cuidado de anotar el nombre:

Desde que me casé con esta mujer no he tenido hora de gusto, porque todo es pleitos y maldiciones el rato que estoy en mi casa, pues no contenta con haberme largado solo y trabajando, las ocasiones que la vengo a ver, no le deseo siquiera que en caridad me de una tortilla, antes corriéndome luego.

Pero la cosa era más grave aún que las malas palabras, el no quererlo ver en casa o no darle de comer. La mujer se iba de su casa por las noches para alejarse del marido y sólo regresaba al día siguiente:

En días pasados se me salió. y habiéndose ido como a la [hora de] la oración no vino hasta otro día al salir el sorl, y porque le pregunté de adónde venía me ha hecho muchas maldiciones tratándome de hijo de adultera. Pasados algunos días se salió a las tres y vino a la media noche, preguntándole me dijo que no tenía facultad para celarla después de haberme tratado muy mal, que no tenía miedo a ninguno, ni al señor cura ni al señor teniente [de justicia], que qué le habían de hacer.

Un marido maltratado por su esposa acudía al párroco principalmente para buscar mediación y reconciliación. El matrimonio, como sacramento indisoluble según la doctrina católica, no podía romperse fácilmente: abandonarla habría sido una grave falta moral y también civil. En los pueblos pequeños de la Nueva España, el párroco —como autoridad moral más cercana y accesible— era la instancia natural para exponer el conflicto. Él podía amonestar a la esposa, exigirle arrepentimiento en confesión y promover la restauración de la "paz conyugal". Si los maltratos continuaban o eran graves, el marido podía recurrir al teniente de justicia, quien podía imponer medidas como órdenes de buen comportamiento o, en casos excepcionales, un depósito de la esposa en casa ajena.

Francisco Xavier, que por lo que hemos visto trabajaba fuera, se la había llevado con él en cinco ocasiones, pero en todas regresaba a su casa a los tres o cuatro días y tenía queregresa a buscarla. En la última ocasión, continuaba el marido, había hablado con su padre, y mientras esto sucedía salió la mujer a decirle que se mudara, que no necesitaba de chismes, que era "un meco diablo y muchas malas razones que no pongo por no ser dignas de que usted sepa". Todavía el esposo intentó calmarla: la llevó a un cuartito que estaba detrás de la casa de su padre, y aunque se lo pidió "por todos los santos", ella se empeñó en que "no volvía a hacer más vida" con él. Ya con coraje, él respondió que se la llevaría "aunque fuera a pedazos".

Francisco Javier se quejaba también del desprecio que le hacía su mujer a sus regalos: le había traído chile y unas enaguas "que son ocho varas" y cuatro varas más de manta. "Las naguas y manta me las tiró a la cara en mi casa", se quejaba el hombre, "y dijo no se ponía eso". Estas eran sólo algunas quejas, continuaba, pero tenía "mucho que sentir porque había visto cositas como las que llevo referidas y no soy de preguntar nada porque luego es pleito. El hombre se extrañaba de ese mal trato, decía, porque sólo le había puesto la mano encima en una ocasión "que me iba a matar con un cuchillo ". Finalmente, el atribulado marido le suplicaba al cura que "como padre" que nose quedara eso así, "porque yo no la puedo largar (es decir, dejar)."

Como en tantos otros documentos que he reseñado aquí, no se conoce el desenlace de este asunto. No parece que la mujer estuviera dispuesta a reconciliarse con el esposo, pero no es imposible. En fin, si el pleito no acabó bien, que nos disculpen por haberlos sacado un momento del resposo en que estaban sus asuntos desde hace unos 260 años.

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