Durante la Guerra de Independencia, Aculco fue tomado muchas veces tanto por insurgentes como por realistas. Todos sabemos que el cura Hidalgo entró el 5 de noviembre de 1810 y que dos días después el pueblo fue capturado por el brigadier Calleja tras la derrota del ejército rebelde, pero las entradas de grupos insurgentes y la recuperación por los realistas (quienes tenían su control casi todo el tiempo) se verificaron prácticamente hasta las vísperas de la consumación de la Independencia, en septiembre de 1821.
Para facilitar la defensa de Aculco, los realistas realizaron diversas obras en el lugar, principalmente la fortificación del atrio de la parroquia, la excavación de "cortaduras", es decir, una especie de trincheras para dificultar el tránsito en las calles principales, y la construcción de parapetos en esos mismos puntos. Entre 1816 y 1817, cuando por órdenes del capitán realista Manuel Linares se organizó el destacamento de Aculco, que quedó a las órdenes de don José María Beltrán de la Cueva, se emprendió la reparación de dicha fortificación, que debe haber tenido ya varios años pues se le llama "antigua". También obligó a los vecinos del pueblo a contribuir con 600 a 900 pesos para comprar armamento, tanto para armarse ellos mismos como para proveer a los hombres de Linares, amenazando con fusilar a quién no cubriera el monto que se le asignó para completar esa cantidad. Con ese dinero se adquirieron apenas algo más de veinte carabinas y fusiles para el destacamento de Aculco. (1)
Unos años después, en abril de 1821, cuando el antiguo realista Agustín de Iturbide había ya proclamado el Plan de Iguala y se había unido a los insurgentes de Vicente Guerrero para conformar el Ejército Trigarante, nuevamente cundió la alarma entre los realistas de la zona por alguna posible incursión rebelde. De nuevo, las autoridades militares ordenaron que se reforzaran las defensas del pueblo, "a más de fortificar el cementerio [...] se levantaran los puntos en la situación de antes", pero el Ayuntamiento de Aculco procedió esta vez con cierta desidia, como si estuviera conciente ya de la inutilidad de estas acciones. Joaquín Cid, encargado de hacer cumplir esas órdenes, pedía con urgencia al alcalde el 16 de aquel mes que le proporcionara los trabajadores para realizar la tarea: "hasta esta hora no hay peones para que den materiales a los albañiles, y todo esto acarrea más demora, tanto para el cumplimiento de la superior orden como para retirarme, según se me impone, por lo que espero que al momento mande V. traerlos". (2)
No se sabe con detalle cómo se habría fortificado el atrio, pero no es tan difícil imaginarlo. El atrio ofrecia ya una infraestructura adecuada gracias a sus muros, que hacia el norte y al poniente, cuando todavía no se habían construido las casas ahora adosadas a él, alcanzaban una altura respetable. Una obra de reforzamiento adecuada posiblemente habría supuesto elevar un poco el muro sur, o quizá solamente tapiar sus arcos invertidos. También habría sido conveniente cerrar dos de los accesos, para reducir la debilidad de estos puntos. En alguna parte seguramente se levantó un adarve o pasillo interior elevado que permitiera el tránsito y la ubicación de gente armada con fusiles.
La memoria de la existencia de estas obras de defensa, especialmente de las cortaduras de las calles, permaneció por mucho tiempo en la memoria aculquense. Todavía escuché de niño hablar de ello, y algunas personas afirmaban que antes de las obras de empedrado realizadas en 1974 todavía eran perfectamente visibles las trazas de aquellas trincheras, aunque por supuesto se habían rellenado cuando terminó su utilidad.
NOTAS
1. Carta del Coronel Manuel de la Concha. Operaciones de Guerra. Vol. 117. Exp. 112 AGN. Actas de Cabildo. Exp. 1. Años 1820 y 1821. Carta de José María Ramos al Ayuntamiento de Aculco. Marzo 30 de 1821. Presidencia. Caja 4. AHMA
2. Archivo Histórico Municipal de Aculco. Sección: Obras Públicas. Volumen: 1. Expediente 1.



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