viernes, 7 de octubre de 2016

"Un cura revoltoso"

El viernes 29 de marzo de 1912, apareció en el Diario del Hogar, periódico dirigido por Juan Sanabria que se publicaba en la capital del país, una breve nota bajo el título "Un cura revoltoso", que informaba:

Varios vecinos del pueblo de Aculco del Estado de México se han dirigido a esta redacción quejándose de los atropellos de que vienen siendo víctimas por parte del cura del mismo, Pbro. Santiago Garza Treviño, con quien a decir de los expresados vecinos se encuentra todo el pueblo disgustado, al grado de que no ha faltado quien pretenda violentarse contra él si la autoridad eclesiástica no previene el removerlo. Los mismos quejosos nos han mostrado una carta que les dirige el odiado cura y que a la letra dice:

"Es conveniente que todos los que están en edad de casarse lo hagan pues el Gobierno Federal dispone un sorteo para obtener soldados entre los ciudadanos de 18 a 45 años de edad y este sorteo será entre los hombres solteros.

"El Sr. Juez Auxiliar y el Sr. Fiscal deben de aconsejar a sus vecinos, para que se casen y vivan como Dios manda en el pueblo del Santo Apóstol Santiago Toshié.

"El asperjes debe de hacerse cada ocho días, los domingos, en el pueblo de Toshié, ya por el Sr. Cura o por el Sr. Vicario de la Parroquia de San Jerónimo Aculco. Y el Sr. Fiscal don Faustino Ciriaco saldrá en el asperjes, con su 'vara', signo de autoridad en el templo".

Por el inserto anterior, se ve que no sólo se conforma el fraile de referencia en molestar a los habitantes de ese humilde pueblo sino se declara enemigo a las ideas del Gobierno cuando su deber como hombre honrado, sería dadas las condiciones por las cuales atraviesa el país y con la facilidad que tiene para hacerlo, llamar al pueblo para que preste su contingente y esté dispuesto a la defensa de honras e intereses del mismo en el caso dado de que se viera amagado por las hordas que perturban el orden de nuestra patria, y animarlos asimismo sin distinción de clases ni estados, a cumplir con un deber de patriotas apoyando y siguiendo las ideas del Gobierno constituido. Nosotros nos permitimos llamar la atención del ilustrísimo Sr. Arzobispo de México D. José Mora y del Río para que tome nota de la conducta del repetido cura.

Esta nota llama la atención por varias razones: la primera, que el padre Garza había llegado a la parroquia apenas el 2 de febrero anterior y además en calidad de cura interino, por lo que cualquier malqueriente podría haber tenido un poco más de paciencia y esperado algunos meses más a que fuera relevado del cargo. La segunda, que el único de los "atropellos" que se especifica es el de haber recomendado a sus feligreses de Toxhié que se casaran para no verse obligados por la leva a prestar servicio en el Ejército (que entonces combatía, en el norte, a Pascual Orozco, y en el sur, a Emiliano Zapata). La tercera, que tras una supuestamente respetuosa petición al arzobispo se esconden expresiones del más rancio anticlericalismo, como "el odiado cura" o el calificativo de "fraile", cuando obviamente no lo era. La cuarta, que los remitentes supieron exactamente a quién enviar su queja, pues el Diario del Hogar era un férreo defensor del gobierno de Francisco I. Madero y la noticia de que un sacerdote saboteaba el reclutamiento (por los únicos medios a su alcance, por cierto) era material muy aprovechable por esa publicación para señalar la deslealtad de quienes no compartían su adhesión al maderismo.

Quizá sea mucho especular acerca de la identidad los aculquenses remitentes de la carta al Diario del Hogar, pero ¿quién era el principal maderista de la época en nuestro pueblo y por ello podría haberle disgustado más la recomendación del padre Garza? Pues don Macario Pérez Jr., cuñado del propio presidente Madero.

Por lo demás resulta curioso -e interesante para nosotros, aunque quizá no para los lectores de entonces- que el gacetillero decidiera incluir en la transcripción de la carta del padre Garza la parte que se refiere al asperjes (un rezo de introducción a la misa que se acompañaba con aspersión de agua bendita) y la participación en ese acto del fiscal del pueblo con su vara de mando, "signo de autoridad".

La nota del Diario del Hogar produjo, por supuesto, gran enojo en Aculco entre quienes no veían mal al padre Garza. Así, un grupo de ellos respondió con una carta dirigida al periódico que apareció publicada también en el diario católico El País, el domingo 7 de abril de 1912, con el título "En defensa de un sacerdote". Esta carta decía:


Señor Director del "Diario del Hogar"

C. de Méjico, D.F.

Aculco, E. de Méjico, 4 de abril de 1912.

Muy respetable señor:

El día 24 del pasado, domingo y por lo tanto día de precepto para todo católico, para oir la santa misa, todo Aculco se hallaba representado en nuestro templo y en las dos misas de 6 a.m. y 11 a.m., que tocó por turno celebrar a nuestro respetable párroco el señor cura don Santiago Garza Treviño, nos habló en su sermón o conferencia religiosa, sobre el respeto que debemos guardar a las leyes de nuestra patria, de nuestro Estado, de nuestra jefatura y de nuestro municipio, con tal claridad que nadie dejó de comprender la importancia de su predicación, y como cada ocho días o cuando él cree oportuno, nos exhorta al cumplimiemto de nuestros deberes como católicos y como miembros de una sociedad culta, nos agrada, y con mayor gusto concurrimos a nuestro templo.

Todos los vecinos de esta municipalidad somos católicos y nos preciamos de respetar a nuestros sacerdotes, a nuestro párroco y a su vicario, por esta razón nos sorprendió a muchos, a los que formamos el centro de Aculco, nos sorprendió ver en el "Diario del Hogar" el día 29 del pasado, un artículo en el cual quiere tergiversarse la sana intención del señor cura Garza Treviño, en lo que nos promueve, contra cuyo artículo protestamos todos los caballeros de esta población, pues en lo que inicia o nos ordena nuestro párroco, reconocemos que lo anima el mejor propósito para nuestra cultura, para nuestra piedad, para nuestro bien.

Semejante artículo nos ha escandalizado porque es indudable que quien los inspiró, o no es de Aculco o ha olvidado sus principios de cristiano, pues Aculco se precia de ser católico, y repetimos, protestamos contra semejante escándalo, haciendo público nuestro respeto al señor cura don Santiago Garza Treviño.

Reconocemos en la permanencia de nuestro párroco en Aculco la voluntad de Dios, hecha palpable con la disposición de nuestro Ilmo. señor Arzobispo de México, el señor doctor don José Mora y del Río.

Tenga usted la bondad de conocernos como sus afectísimos y seguros servidores que con gusto damos a usted las gracias si se sirve ordenar se publique en su respetable diario esta rectificación en favor de nuestro párroco.

Cirino María Arciniega, José María Alcántara, Abraham Ruiz, Jesús Silva.

Con esta carta y la anterior, podemos imaginar lo que probablemente ocurrió: El padre Santiago Garza Treviño habría planteado a sus parroquianos la amenaza potencial del reclutamiento, pero no lo habría hecho con el fin de impulsarlos a inclumplir con un "deber patriótico" de acudir a combatir las "hordas que perturban el orden de nuestra patria", como aseguró el Diario del Hogar, sino más bien con la intención de presionar a aquellos que vivían amancebados "para que se casen y vivan como Dios manda", frase que parecería guardar, con sutileza, esa intención.

¿O no?

Porque ciertamente el padre Garza Treviño -originario de Tamaulipas y hermano de otro sacerdote, de nombre Norberto- no era por lo visto muy dado a permanecer largo tiempo en ninguna de sus parroquias, pues antes de llegar a nuestro pueblo había sido en 1901 cura de Ocuilan, en 1905 segundo vicario del Santuario de los Remedios (donde construyó el arco de entrada al trio y elaboró el reglamento de la asociación religiosa vinculada al recinto) y en 1908 párroco de Naucalpan. Y esa poca estabilidad puede ser un indicio de desavenencias constantes con sus feligreses o con la autoridad civil. De hecho, el sacerdote pasó también fugazmente por Aculco (como correspondía ciertamente, más allá del escándalo, a lo temporal de su nombramiento) pues fue sustituido el 25 de abril por el Pbro. Luis Ignacio Montes de Oca, partiendo enseguida a hacerse cargo de la parroquia de Chalco. Justamente en este sitio, asediado constantemente por los zapatistas, el padre Garza Treviño -por buenas razones o no- nuevamente se manifestó en contra de las acciones del ejército maderista:

Para octubre de ese mismo año [de 1912] el gobierno había retomado el control político y militar de la región. El número de soldados que habían llegado a Chalco fue tan numeroso que hubo problemas para instalarlos y ocasionó molestias a los lugareños. Tal fue el caso del presbítero Santiago Garza Treviño, quien al solicitarle el jefe político permiso para instalar sus tropas en el curato, con altanería y palabras injuriosas se negó ha acceder a tal petición. (Anaya Pérez, Marco Antonio, Rebelión y revolución en Chalco-Amecameca, Estado de México, 1821-1921: Sublevación campesina en la Sierra Nevada, INEHRM, México, 1997, p. 125)

En suma, sí existen indicios de que el padre Garza Treviño fue desafecto al maderismo. Las pruebas, sin embargo, son de alguna manera circunstanciales pues en el primer caso pudo tratarse tan sólo de un esfuerzo pastoral y en el segundo pudo haberse debido al disgusto por imaginar su propia casa ocupada por la soldadesca. Como haya sido, con este texto, junto con el que antes publiqué acerca del padre Antonio Martínez Infante, sólo he querido hacerles notar que los disgustos de la feligresía con sus sacerdotes no son en modo alguna cosa reciente, sino que han existido en todas las épocas y en todos los lugares, e incluso recientemente lo hemos visto así en Aculco. Cuando estos asuntos se ven con algo de perspectiva histórica, encontramos que con frecuencia partidarios y adversarios tienen su parte de razón. Por eso ayuda mucho, antes de tomar un bando, imaginar cómo será contada una historia así en cien años y de qué lado nos queremos ver; quizá lo mejor sea sólo ser espectador.

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