lunes, 28 de marzo de 2016

Calle de Aldama número 9: soberana tontería

Me gustaba pasear por la calle de Aldama y especialmente frente a la casa que lleva el número 9. Era como regresar al Aculco más antiguo, pues ésta y las casas vecinas (que quizá en algún momento formaron una sola propiedad) parecían no haber sido tocadas desde su construcción, probablemente llevada a cabo a principios del siglo XVIII. Extrañamente, ni siquiera la remodelación de 1974 que abarcó casi todo el pueblo llegó a esta calle, no sé si por simple olvido o porque el arquitecto responsable quiso dejar una muestra -un testigo diríamos en términos de restauración- del estado original de nuestro poblado.

No es que se tratara de una casa grandiosa en términos arquitectónicos(aunque su acceso principal era alto y hermoso como el de un pequeño palacio) pero resultaba encantadora por su originalidad, por su prístino estado de conservación: un sobrio muro de piedra blanca encalada, rematada a la manera tradicional aculquense -casi perdida- con una hilada de ladrillo y lomo de toro; en el muro se abrían ventanas cerradas con rejas, distribuidas un poco caprichosamente. A los lados de alguna entrada se conservaban los peculiares poyos, antaño tan frecuentes en Aculco. Sólo al extremo -y formando, creo, parte ya de la casa vecina- se abría un balconcillo en lo alto, señalando la existencia de una planta superior. A través de la reja que cubría la entrada principal, era posible ver su patio con jardín, tan bien conservado y tan auténtico como el exterior, al que se abría un pequeño corredor de poca altura.

Lo más hermoso era la portada principal, toda de cantera encalada, con pequeños resaltes como pedestales en las jambas, que se elevaba con unos escalones sobre el nivel de la calle y se remataba en una gruesa moldura que permitía suponer la época de su construcción, como dije arriba, en los primeros años del 1700. Desgraciadamente esta portada, que más de un adinerado habría deseado para su casa de San Ángel o Coyoacán, fue mutilada hace apenas unos días, a despecho de todos los ordenamientos legales que supuestamente protegen el patrimonio histórico de Aculco y que en la realidad a nadie le interesa aplicar. Hoy es una vulgar, vulgarísima cochera. Sólo sobrevivió la moldura del remate, como indicando con su presencia lo que bajo ella se perdió.

¿Alguien recuerda aquel tríptico que repartió el Ayuntamiento de Aculco apenas incluido este pueblo en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como parte del Camino real de Tierra Adentro en 2010? Tenía un párrafo que decía:

Asimismo es tarea de todos implementar las acciones básicas necesarias para su conservación, por ejemplo, evitando realizar cambios a las construcciones, y al entorno urbano y ambiental inmediato que alteren de manera drástica el valor patrimonial por el cual fue reconocido por la UNESCO.

Pues estimados lectores, eso es justamente lo que se hizo con esta casa y que en realidad se sigue haciendo en toda la extensión del pueblo. Tan importante era esta construcción que en el propio plano del Plan de Gestión del Camino Real de Tierra Adentro aprobado por la UNESCO, aunque no se le incluyó en las áreas núcleo y de amortiguamiento le señaló como un edificio de valor histórico contextual que debía preservarse en su integridad. Hoy, esa integridad conservada por tres siglos se ha perdido.

Parece que ni los habitantes y propietarios de Aculco, quizá ni siquiera las autoridades civiles y religiosas del lugar, han acabado de comprender cabalmente lo que significa la designación de Aculco como sitio del Patrimonio Mundial: quiere decir que se debe conservar, que los cambios a sus construcciones deben ser restringidos y muy reglamentados, significa que nadie debería poder libremente ensanchar un vano, convertir una ventana en puerta, construirle un segundo piso a su casa, reemplazar sus tejados por losas de concreto, cambiar su puerta de madera por una cortina metálica, subdividir el predio, destruir el interior y conservar sólo su fachada, etcétera. Lo siento, sí, esto suena muy restrictivo, pero es justamente a lo que el Ayuntamiento de Aculco, el Gobierno del Estado de México, el Gobierno Federal y el INAH se comprometieron al buscar la incorporación del pueblo a ese patrimonio mundial. Y un día tendrán que rendidr cuentas de ello. Porque uno no puede visitar ciudades como Ávila, Toledo, Praga, Córdoba y otras reconocidas en la lista de la UNESCO esperando encontrarse con que al dueño de cierta casa histórica se le ocurrió mutilar la entrada para que cupiera su auto; el viajero que visita esas ciudades busca exactamente lo contrario: la permanencia frente a lo cambiante del resto del mundo.

En fin, se ha perdido un poco más del patrimonio de Aculco. Aculco es hoy un poco menos auténtico, un poco menos original, un poco menos valioso, un poco menos respetuoso de las leyes, un poco menos ejemplar, un poco menos hermoso. Quizá sea momento de preguntarse cuántos de esos "poco menos" es capaz de resistir.

¿Quieres ver cómo se veía esta casa en 2009? Sigue este link para entrar a Google Street View.

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