viernes, 12 de noviembre de 2010

Un platero aculquense del siglo XVIII

Cáliz de plata sobredorada (ca. 1810), 23 x 13.5 cm con la marca del platero Alejandro Antonio de Cañas. Museum of New Mexico.

Entre las tareas más interesantes que podría tener un historiador de Aculco estaría la de descubrir a todos aquellos personajes que en tiempos pasados destacaron en las actividades propias de su oficio o profesión, contribuyeron de alguna manera al desarrollo de su pueblo e incluso del país, o que simplemente por circunstancias del destino se vieron situados como testigos privilegiados en medio del "torbellino" de la Historia.

Nadie ha emprendido en realidad este camino y vemos así que en las insulsas "Monografías municipales" suelen anotarse en la categoría de personajes notables a muchos que no deberían figurar ahí de ninguna manera: largas listas de presidentes municipales sin otro mérito que el del poder, generalmente mal ejercido y sólo para beneficio propio, algún diputado caciquil, individuos conocidos pero de ninguna manera destacados, pero poco o nada de los nombres que realmente deberíamos recordar, mucho menos si vivieron antes de la Independencia. En fin, como pequeña contribución a ese estudio pendiente de los auténticos "grandes hombres de Aculco" hablaremos esta vez de un notabilísimo artista aculquense que vivió hace doscientos años, el maestro platero Alejandro Antonio de Cañas.

Según su registro bautismal, Alejandro Antonio, hijo legítimo de Casimira de Llanos y de Mariano Cañas, de calidad español, nació en febrero de 1755 en la cabecera municipal de Aculco y fue bautizado el día 26 de ese mismo mes, siendo sus padrinos don José de Llanos y Ana María García. Lawrence Leslie Anderson, autor del libro pionero El arte de la platería en México, nos proporciona algunos datos más acerca del ejercicio de su profesión:

fué aprobado en examen para ser maestro y poner tienda pública el 27 de septiembre de 1786. En 1794 resultó electo veedor, y también lo fue en 1804. Todavía en el año de 1831 aparecen referencias de él, siendo su marca, que se encuentra con mucha frecuencia, la siguiente:





Por su parte, Francisco Santiago Cruz, autor de Las artes y los gremios en la Nueva España, escribe que "en la segunda mitad del siglo XVIII florecieron por su perfección y belleza las obras de un grupo de plateros, entre los cuales es posible mencionar a Alejandro Antonio Cañas, José María Rodállega ya José Luis Rodríguez". Y no duda en afirmar que esa "fue la época de mayor esplendor de la platería en tiempos del Virreinato". O como precisa Salvador Calvillo Madrigal en Platería mexicana, "las caracteristicas de la plateria de esa época, sin faltar las de origen europeo, son el buen gusto, el equilibrio, la serenidad".

Candelero de plata sobredorada (ca. 1810), 21 x 14 cm, atribuido a Alejandro Antonio de Cañas, colección privada, Zaragoza, España.

Entre las obras conocidas de este notabilísimo platero, la primera es el "puño de oro para bastón hecho por él" que en 1785 presentó como examen práctico ante el jurado reunido para atender su solicitud para ejercer como patrón de platería. (AGN, Real Casa de Moneda y Apartado, Vol. 271, exp. s/n, fs. 290-291v). En el Museo Franz Mayer de la ciudad de México se encuentra un cáliz suyo de plata sobredorada, de hacia 1825. Es factura suya también otro cáliz, actualmente en el Museo de Nuevo México, fechado alrededor de 1810. Clara Bargellini (La catedral de Saltillo y sus imágenes) le atribuye un cáliz neoclásico que existe en la catedral de Saltillo, debido a su parecido con el de Nuevo México. En España se le atribuyen también un ostensorio regalado por Domingo José Perillo a la iglesia de Moneo, Burgos, de hacia 1815, y un candelero en una colección privada de Zaragoza de hacia 1810. Por completo y por lo documentado de su origen e historia destaca el ajuar de la parroquia de San Esteban de Oyarzún, Guipúzcoa, obsequiado a ella por el indiano don Juan Bautista de Fagoaga en 1783, en el que existen un copón, una custodia y un cáliz con la marca de este platero.




De arriba a abajo: custodia, copón, cáliz y acetre elaborados por Alejandro Antonio de Cañas (ca. 1786). Forman parte del ajuar de Oyarzún, Guipúzcoa, España.

Alejandro Antonio de Cañas tuvo un hijo también platero, Gumersindo, nacido ya en la ciudad de México y activo desde 1811, de quien se conocen asimismo obras importantes, como el aguamanil de la Colegiata de San Miguel de Alfaro, en España, un cáliz procedente de Treguajantes, actualmente en el Museo Catedralicio de Calahorra, también en la Península Ibérica. Un plato de su autoría, en plata, de 30.5 cm. de diámetro y casi un kilogramo de peso, fue subastado en Londres por la casa Christie's en 1997 por $3,826 dólares. Un lote de dos piezas que incluía un cáliz de plata atribuido a él o Alejandro Antonio fue subastado asimismo en Sotheby's por 4,250 euros. Un platero más, Mateo Mariano de Cañas, del que se conocen obras a partir de 1818, pudo ser también hijo o quizás nieto de Alejandro Antonio. De Gumersindo o de Mateo Mariano debe ser la preciosa custodia mayor de la catedral de Saltillo, que lleva la marca de su apellido.

Cáliz de Treguajantes, de Gumersindo de Cañas, Museo Catedralicio de Calahorra, La Rioja, España.

Aguamanil de la Colegiata de San Miguel de Alfaro, elaborado por Gumersino de Cañas, La Rioja, España.

¿Habrá llegado a existir alguna obra dell aculquense Alejandro Antonio u otro miembro dela dinastía Cañas en Aculco? Resulta imposible saberlo ya que prácticamente ha desaparecido toda la orfebrería colonial que alguna vez tuvo la parroquia, y aunque en los viejos inventarios aparecen mencionados cálices, custodias y copones, no existe en ellos mención de las marcas que pudieran haber tenido. También va en contra de esa posibilidad lo tardío de las obras de esta familia de artistas, pues su época de actividad coincide casi con precisión con los tiempos más difíciles para la economía del pueblo a partir del estallido de la Guerra de Independencia en 1810. Pero que la obra de los Cañas haya sido realizada enteramente fuera del pueblo y que no existan ejemplos que admirar en su lugar de origen no es obstáculo para reconocer a Alejandro Antonio como el valioso artista que fue y nombrarlo entre los verdaderos personajes notables del Aculco virreinal.

Caliz realizado por Gumersindo o Alejandro Antonio de Cañas, subastado por Sotheby's.

Custodia mayor de la catedral de Saltillo, Coahuila, atribuida a Gumersindo o Mateo Mariano de Cañas.

ACTUALIZACIÓN: 7 de julio de 2015.

Según el censo de 1811, Alejandro de Cañas, de 56 años de edad, tenía su casa y taller en la calle de más renombre para su oficio en la ciudad de México, el número 7 de la primera calle de Plateros (hoy Francisco I. Madero). Vivía ahí con su esposa María Josefa Andrea Villegas, de 54 años, y sus hijos Gumersindo, de 28, y Mateo, de 11. Este último debe ser sin duda el Mateo Mariano del que hablábamos arriba, dedicado a la platería como su padre y su hermano.

Fuente: Lawrence Anderson, The Art of Silversmith in Mexico, 1519-1936, Oxford University Press, New York, 1941, volumen 1, p. 249.

2 comentarios:

  1. ¡Vaya tarea que tiene el historiador...!
    Este fin de semana fui a la tierra paterna y me surgieron varias preguntas que tal vez pueda ser tema para una entrada en el Blog.

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. NO SE SI TU TE ACUERDES QUE CUANDO EL PADRE ANTONIO LEYVA ERA PARROCO DE ACULCO EL UTILIZABA UN CALIZ MUY SIMILAR ALOS QUE MUESTRAS EN LAS MISAS DE LA PARROQUIA Y ADEMAS EN LA SACRISTIA EXISTIA OTRO CALIZ QUE SIEMPRE ESTUBO GUARDADO EN UNA CAJA DE MADERA Y NADAMAS SE LIMPIABA Y SE GUARDABO EN LA SACRISTIA

    ResponderEliminar