viernes, 11 de marzo de 2016

A la orilla del camino / que llaman de Tierradentro...

La entrada de hoy en este blog Aculco, lo que fue y lo que es, no tiene otro fin más que copiar aquí el poema llamado "Romance* de Aculco" o "La Batalla de Aculco" (variante que muestran sus distintas ediciones), una composición del conocido autor Guillermo Prieto que forma parte de su Romancero Nacional (1885), y que no hay que confundir con otro de igual título, escrito por Rafael Ruiz Rivera del que antes hablé aquí.



Con su Romancero, Prieto intentaba llenar -afirma Ignacio Manuel Altamirano en el prólogo de la obra- "un vacío que existia en la poesía patria, en nuestra historia y en nuestros sentimientos", para crear "la Epopeya Nacional en una de sus varias formas, reuniendo en una colección de romances, todos los recuerdos históricos y tradicionales de la Independencia Nacional". Esto es, Prieto pretendía -de un tirón y con sólo sus poemas- darle a México una poesía épica y popular que por muchas razones no había surgido espontáneamente del propio pueblo. Aunque el intento hoy nos puede parecer un poco absurdo (y es muy obvio en sus composiciones que, lejos de rastrear auténticas leyendas y tradiciones populares sobre la Independencia, abrevó en los textos de los historiadores que podríamos llamar canónicos del periodo como Carlos María de Bustamante y Lucas Alamán), esta colección de romances es un buen ejemplo del nacionalismo literario de nuestro siglo XIX y del anhelo de los escritores de la época por crear patria.

El "Romance de Aculco" resulta curioso en varios aspectos. El primero, por la forma en que sus primeros versos ligan el pueblo al Camino de Tierra Adentro (vía que como todos sabemos le significó la incorporación a la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2010). También, por su mala descripción del pueblo, al que quizá Prieto ni siquiera conocía ("un conjunto de chozas que quiso llamarse pueblo"). Bien que conocía, en cambio, Arroyozarco, punto del que escribió en varias ocasiones y que no evitó mencionar aquí como referencia para sus lectores, pero intuyo que sobre todo como referencia para sí mismo.




La narración de la batalla del 7 de noviembre de 1810 en el "Romance de Aculco" es mala por poco clara, pero también porque falsea algunos hechos, como que el "intrépido Allende" retirándose "en concierto" (es decir, ordenadamente) salvó "carruajes, trenes (es decir, los bagajes y convoyes que los transportaban), tesoros, pertrechos de guerra inmensos". Por el contrario, Allende, escapó de Aculco en desbandada como el resto de los insurgentes y los carruajes, dinero, pertrechos y demás fueron capturados por Calleja. También es exagerada la afirmación de Prieto cuando dice "En las masas infelices ceba Calleja el despecho, e inmola su alma de hiena a rendidos prisioneros", pues como quedó claro en el texto publicado en este mismo blog acerca de la leyenda del "tamborcito de Valladolid", tan sólo tres prisioneros insurgentes capturados en Aculco fueron ejecutados poco más de una semana más tarde en San Juan del Río.
En fin, copio aquí el "Romance de Aculco" de Guillermo Prieto.

Romance: Combinación métrica de origen español que consiste en repetir al fin de todos los versos pares una misma asonancia y en no dar a los impares rima de ninguna especie (Diccionario de la R.A.E.).






ROMANCE DE ACULCO

A la orilla del camino
 que llaman de Tierradentro,
 que va entre inmensas llanuras
 cercadas á largos trechos
 por elevadas montañas
 y por empinados cerros,
 en una hermosa hondonada,
 de Arroyozarco no lejos,
 San Gerónimo de Aculco
 asoma el humilde aspecto.
 Es una verde llanura
 con unos pelados cerros,
 y es un conjunto de chozas
 que quiso llamarse pueblo,
 que el hábito no hace al monje,
 ni sirve para mi cuento.
 En la llanura, Calleja
 de Hidalgo se halla en acecho,
 porque así el virrey lo manda,
 y la orden tuvo en Querétaro.
 Hidalgo, desde las Cruces
 se retiró satisfecho,
y en medio, no ya de tropas,
 sí de tumultuoso pueblo,
 que celebrando victorias,
 mas sin rumbo ni concierto,
 coronaba las alturas
 desordenado y contento;
 pero gérmenes de muerte
 desarrollando en su seno
 están entre los caudillos
 las serpientes de los celos.
 De lo que Hidalgo concierta,
 Allende reclama el premio:
 uno detesta a los reyes
 y el otro al rey es afecto,
 mas la causa de las causas
 está en la tiniebla envuelto;
 aun tiene la historia sombras
 que no disipa el misterio
 y mucho hago levantando
 sólo la punta del velo,
que trastorna conjeturas
 y que confunde sucesos.
Cuando Calleja acomete
 se tornan tumulto inmenso
 el vasto campo de Hidalgo,
 sus trenes y sus guerreros,
 y se usurpa la sorpresa
 los lauros del vencimiento.
 Derrámanse en la llanura
 grupos de extraviado pueblo,
 como la tromba marina
 brota de la mar, barriendo
 las atropelladas olas
 que le salen al encuentro.
 Carruajes, trenes, tesoros,
 pertrechos de guerra inmensos
 intrépido salva Allende
 retirándose en concierto.
 En las masas infelices
 ceba Calleja el despecho,
 e inmola su alma de hiena
 a rendidos prisioneros.
 Hidalgo se encuentra aislado,
 y sigue firme y resuelto
 a Valladolid su marcha,
donde pronto le hallaremos.
Allende, con lo que salva
 de sus bravos compañeros
 a Guanajuato se lanza
 en rápido movimiento.
 Calleja al virrey escribe,
 vano, orgulloso, contento:
 "la insurrección es vencida;
 "ya la insurección ha muerto;"
 y así afirman los serviles
 entre entusiastas festejos,
así, cuando se percibe
 de pronto un claro de cielo
 y los relámpagos cruzan
 en nubarrones dispersos,
 no se mira que otras nubes
 que retumban a lo lejos
 como flotando esparcidas
 empujadas por los vientos,
 harán más recio el estrago
 si invaden de nuevo el cielo,
 estremeciendo la tierra
 con su retronar violento...

_____

En pos de Allende, Calleja,
dejando á Hidalgo, va presto,
y renueva Guanajuato,
en el formidable encuentro,
del horror de Granaditas
los sucesos estupendos;
pero esta vez la fortuna
condenó á martirio al pueblo.

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