jueves, 5 de marzo de 2009

Una inscripción perdida



De no haber sido por la historiadora de arte Elisa Vargas Lugo, quien hacia 1954 copió la inscripción que se encontraba en una lápida junto a la entrada poniente del atrio de la parriquia de Aculco, nada sabríamos de ella. Ya no digamos de lo que en ella decía, ni siquiera de la existencia de dicha inscripción.

Por fortuna, Vargas Lugo incluyó el contenido de esa inscripción, junto con una fotografía de la piedra, en su ensayo
"La Vicaría de Aculco", publicado en el número 22 de los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Según la autora:

"Sobre la barda del atrio, en la parte exterior que mira a la plaza, hay una inscripción incompleta que dice lo siguiente:

"'...en ocho días del mes de marzo de mil setecientos sesenta y seis años siendo guardían (de esta casa) fray Joan D. Vázquez se hizo (ver)dadera dedicación de esta Santa Iglesia en presencia de fr. Francisco... Administrador general della."

"Esta inscripción, hecha siete años después de la secularización (1759), sin duda fue grabada para conmemorar y constar el cambio de dueños por el que pasó la vicaría (es decir, de la orden regular de los franciscanos a los sacerdotes del clero secular)."

Nosotros no creemos que, como escribió la historiadora, la lápida se encontrara incompleta. Y, en nuestra opinión, Elisa Vargas Lugo leyó mal la fecha, pues la despostillada palbara "setecientos" parece más bien haber dicho "seiscientos", lo que eliminaría su supuesta relación con la secularización de la parroquia y se situaría cercana más bien a la época de construcción de la mayor parte del conjunto conventual de Aculco, llevada a cabo entre 1685 y 1708. De hecho, la barda de la huerta del convento, que da hacia la calle de Matamoros y que limitaba al recinto en su extremo opuesto al de la barda en que se encontraba la inscripción, tiene labrado el año de 1699 en una lápida semejante a ésta.

Pero ese no habría sido su único error. Al examinar la fotografía, y tomando en cuenta que muchas de sus partes son definitivamente ilegiles, pensamos que la inscripción más bien dice:

"'...en ocho días del de marzo de … seiscientos y sesenta y seis aos siendo guar.dn de … fr. Joan de Vázquez se hizo … pader al cementerio desta S. Iglesia en presencia de fr. Francisco..."

Nos parece más sensata y sencilla esta interpretación, que hablaría sólo de la conclusión de la "pader" (sic pro pared) del atrio o cementerio de la Iglesia. Pero esto es ya imposible de averiguar cabalmente pues la lápida fue retirada de su ubicación y desapareció en 1974, cuando algún genial arquitecto del Programa Echeverría de Remodelación de Pueblos decidió ampliar el acceso poniente al atrio de la parroquia. Esta acción rompió la unidad que presentaban hasta entonces las tres entradas del atrio -angostas, con sencillas jambas labradas, coronadas con pebeteros neoclásicos-, hizo desaparecer la escalinata original, de piedra muy bien labrada, destruyó varios enterramientos antiguos (entre ellos, el de la "muerta destapada" que sólo los muy viejos recuerdan ya) y, por supuesto, borró la inscripción a la que hemos dedicado este texto.

La entrada poniente del atrio hacia la Plaza de la Constitución ofrecía un aspecto muy semejante a éste (que corresponde a la entrada norte) hasta el año de 1974, cuando fue destruida. Junto a aquella entrada se encontraba la lápida desaparecida.

En esta fotografía se observan los restos del machón original de la entrada poniente del atrio, con la casa del Portal de la Primavera adosada a él. Esta casa, del siglo XIX, originalmente no contaba con la segunda planta, por lo que dejaba visibles los arcos invertidos de la barda atrial (ahora perdidos) y el remate neoclásico que adornó ese machón.

Este es el aspecto que muestra actualmente la entrada poniente del atrio. Por darle mayor vista a la fachada de la parroquia desde la plaza, el acceso ha perdido todo su interés artísticio, histórico y epigráfico.

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