viernes, 24 de abril de 2026

El cuerno se fue al cuerno



Hasta hace no muchos años, era posible observar en muchas paredes de las casas de Aculco argollas o amarres para caballos. Los había de muchas formas: los más antiguos y tradicionales eran de piedra, donde asomaba medio círculo del muro. Había también simples argollas de metal. en un solo ejemplo -en la casa que fue de don Modesto Uribe- se usaron con ese fin unas viejas ruedas con radios de madera. Pero el ejemplo que más me llamaba la atención, sobre todo de niño, eran los cuernos de toro, clavados por la cepa en los muros, que hacían las veces de esos amarres.

El ejemplo más notable de este uso era el de la llamada Casa de la Hacienda de la Loma (después de la familia Andrade), donde por lo menos tres cuernos bastante grandes flanqueaban la puerta de entrada hasta la década de 1970. El último ejemplo que sobrevivió -hasta hace unos meses- fue el de la casa que habitaba doña Mariana Fernández en la primera mitad del siglo XX. Ahí, bajo su portalito que da a la placita del Ojo de Agua, estuvo presente el cuerno.

Pero ya no existe más. Seguramente por vandalismo, el cuerno fue arrancado y sólo quedó la marca de su empotramiento en la pared. Es una pena, porque por simple capricho se eliminó una seña de identidad del pueblo, con historia y tradición. Ojalá los dueños de la casa reparen esta destrucción y coloquen un nuevo cuerno. No será el mismo, nunca se habrá amarrado un caballo ahí (el patrimonio, cuando se destruye, nunca se recupera, aunque se intente), pero por lo menos quedará la señal de esa tradición.

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