martes, 13 de junio de 2023

Elogio de la piedra blanca de Aculco

Más que la cantera, más que la teja o la madera, más que la cal que blanquea sus muros enlucidos, es sin duda la piedra blanca de Aculco el material histórico de construcción más representativo de este pueblo. No sólo sus casas antiguas están construidas con ella, sino que el subsuelo mismo está formado por este tipo de roca y de allí su abundancia y amplio uso desde los orígenes de este poblado hasta nuestros días.

La piedra blanca de Aculco es una toba volcánica, roca ígnea que procede de erupciones muy violentas que producen flujo piroclástico (nube ardiente), el cual, al enfriarse, conforma grandes depósitos de muchos metros de profundidad, a veces ubicados a decenas de kilómetros de su fuente. A simple vista se observa que contiene gran cantidad de fragmentos de piedra pómez de distintos tamaños, ceniza, cristales y fragmentos de otras rocas. Suele aparecer formando columnas o paredes verticales (como se ve en el Salto de la Concepción), así como esferas que antes eran extraídas cuidando su forma como simple curiosidad.

Seguramente las primeras construcciones del pueblo se levantaron con piedra blanca extraída del propio lugar. Consta incluso que hasta la década de 1950 se extrajo piedra blanca de la casa ubicada en la Plaza de la Constitución no. 12 para aprovecharla en el mismo inmueble. Pero conforme Aculco crecía seguramente se fueron buscando yacimientos un poco más apartados. Uno de ellos sigue en explotación y se ubica en la zona que conocemos como Los Puentes, en el límite poniente del Barrio de San Jerónimo. El aprovechamiento de los yacimientos situados entre el pueblo de La Concepción y su cascada parecen ser mucho más recientes. El color de la piedra extraída de cada sitio varía ligeramente con respecto a los otros, a veces es más blanca, más amarillenta, azulosa o rosada, aunque casi nadie se percata de ello.

La piedra blanca se aprovechaba principalmente para formar muros de mampostería. Se labraba de forma irregular y los ángulos rectos se reservaban sólo para los marcos de puertas y ventanas, así como para los ángulos de las construcciones. Algunas veces, cuando se le extraía de yacimientos en donde su conformación era más compacta, se le podía tallar casi como cantera para obtener superficies más pulidas. Hoy en día es quizá en forma de sillares cortados con maquinaria como se comercializa más, si bien es muy fácil comprarla en bruto directamente en los yacimientos para construir muros de mampostería tradicional. Un camión de piedra blanca bruta (aproximadamente cien piedras) tiene en estos tiempos uno costo de entre 1,400 y 1,800 pesos.

Esta piedra resultó un magnífico material de construcción: abundante, ligera, fácil de labrar, reutilizable, con una rugosidad que favorece el agarre del lodo o la cal con que se unía en las viejas casas. Los muros construidos con ella son térmicos, pues permiten conservar la temperatura interior de los cuartos sin grandes variaciones, así en el frío como en el calor. Pero, además, la piedra blanca tiene una particular belleza, lo mismo acabada de labrar, cuando se muestra en toda su blancura, como cuando tras años de exposición a la intemperie va tomando al oxidarse un agradable tono dorado.

¿Desventajas? Bueno, una es que es que su suavidad la hace poco apta para usarla en suelos, especialmente si es mucho el tránsito. La lluvia la hace además resbaladiza, especialmente para los automóviles. Cuando la humedad es permanente, como en un desagüe mal atendido, la piedra blanca ennegrece con facilidad y hasta se vuelve verde por el crecimiento de musgo. Otro problema es que resulta mucho más quebradiza que la cantera. También que por su suavidad es poco apta para dejarla a la vista en el interior de las habitaciones, pues con cualquier frotamiento desprenderá arenillas. La última, que por su porosidad permite con alguna facilidad el ascenso capilar de la humedad, por lo que en terrenos húmedos se solia construir un cimiento alto de "piedra maciza" antes de elevar los muros de piedra blanca.

Las grandes y antiguas bardas de piedra blanca que todavía existen en el pueblo de Aculco, especialmente en sus extremos norte y oriente, deberían considerarse patrimonio histórico y arquitectónico, y exigirse su conservación en cualquier proyecto de construcción o remodelación. No sólo las que muestran la piedra a la vista, sino también donde se encuentra cubierta de aplanados. Para mí resulta increíble que, muy recientemente, los dueños de algunos terrenos que tenían por único adorno el lujo de una barda así hayan preferido derruirla en lugar de aprovecharla para vincular una nueva construcción con sus raíces aculqueñas.

Como simple dato curioso, la piedra blanca de Aculco es muy similar a la piedra que se conoce como sillar de Arequipa, que se extrae en la ciudad peruana de ese nombre. Arequipa es llamada también la "ciudad blanca" pues la gran mayoría de sus edificios históricos están construidos con esa piedra clara. Haz una búsqueda en Google y te encontrás con imágenes de la Arequipa colonial que sin duda te recordarán algunos sitios de Aculco debido a la semejanza de materiales.

miércoles, 7 de junio de 2023

Una esclava rescatada por amor

El matrimonio criollo formado por Rita Ávarez Godoy y Juan González Rubio, junto con sus cuatro hijos, habitaba a mediados del siglo XVIII en la ranchería de Ruano, entonces parte de la jurisdicción de Aculco y hoy del municipio de Polotitlán. Infortunadamente, la mujer falleció en abril de 1759 y fue sepultada el día 25 de ese mes. Con tal motivo, el viudo acudió con el cura interino de Aculco, don Nicolás María de Arroyo, para cubrir los derechos parroquiales. En aquella reunión, sin embargo, el cura le comentó que su mujer había dejado "esclavos para su funeral", es decir, cautivos que debían venderse para cubrir los gastos de su sepelio.

No es claro dónde consignó doña Rita esta disposición acerca de sus esclavos. Tal vez estaba escrita en un testamento depositado en el archivo del templo (como se hacía frecuentemente en aquella época), o quizá simplemente lo había señalado de manera verbal al sacerdote. El caso es que González admitió que aquello era cierto, pero que la difunta, hallándose ya "en artículo de muerte", había ordenado que se dejara libres a esos esclavos. El padre Arroyo aconsejó entonces a González que se dirigiera al teniente de Justicia de Jilotepec para que éste les diera a aquellos pobres siervos -una mujer y sus dos hijos- su correspondiente carta de liberación.

González siguió el consejo y compareció ante el teniente, don Antonio de la Colina. Inesperadamante, éste desechó la liberación y le ordenó conducir a los esclavos a su presencia para sacarlos a pública subasta. El viudo no tenía evidentemente recursos para participar en aquel remate y, viéndose así "tan oprimido de la justicia", recurrió a un par de amigos más solventes, don Manuel Sánchez y don José Quintanar, para que compraran a su nombre a la madre y a un hijo, respectivamente, y le permitieran recuperarlos al saldar su deuda con ellos.

Sánchez, en efecto, obtuvo a la esclava en remate, pero no a nombre de González como éste quería sino al suyo propio. Por su parte, Quintanar también obtuvo a un hijo esclavo e incluso recibió del viudo 50 pesos que cubrían "su ínfimo precio", pero en una situación poco clara, mientras González sufría las fiebres de un tabardillo (tifus), sus familiares le entregaron el recibo de aquel monto a don Manuel Sánchez. De tal manera el teniente de Justicia escrituró los esclavos a don Manuel Sánchez por un monto total de 150 pesos. El intento de González de conservar a los esclavos para liberarlos parecía haber fracasado.

Pero don Juan no podía darse por vencido, por razones que veremos enseguida. Regresó con el cura de Aculco y le descubrió la raíz de su empeño en liberar a aquella mujer y a sus hijos: "haciéndole patente mi desdicha en la cual había caído como hombre en fragilidad", es decir, confesándole que mantenía relaciones con la mujer, le manifestó que deseaba su libertad para casarse con ella. Al arrebatársela, sospechaba el viudo, don Manuel Sánchez intentaba impedir ese matrimonio, ya que era su tío y seguramente no veía con buenos ojos una unión tan dispar.

El cura decidió dar cuenta de todo esto al teniente de Justicia de Jilotepec. Éste, comprensivo aunque severo, ordenó que la mujer y sus dos hijos le fueran entregados enseguida a Juan González, pero también que se le multara con 200 pesos. Esta cantidad no incluía el monto que Manuel Sánchez había pagado por ellos, de modo que se emitiría una nueva escritura, en que mediante fianza de don Diego González -hermano de Juan- le reconocería a Sánchez un adeudo por 150 pesos por los menores, mientras que a mujer se le daría carta de libertad.

Pero don Manuel no estaba conforme con aquello y se negó a comparecer para elaborar la nueva escritura. Es más, a causa de otro proceso judicial se vio en la circunstancia de huir de Aculco y se llevó los documentos, por lo que don Juan pidió al cura Arroyo que lo ayudara ante las autoridades civiles para, de no hallarse la escritura que daba propiedad de los esclavos a Sánchez, se elaborara "una detestación en forma para que en ningún tiempo [aquellas escrituras] valgan fe".

La situación, sin embargo, no obstaculizó que se celebrara el matrimonio de don Juan y la esclava, que por cierto era mulata y se llamaba Paula de Álvarez (su apellido, que coincide con el de la primera mujer de González, seguramente derivaba de él; además, curiosamente, el matrimonio de Juan y Rita había llamado María Paula a su última hija, nacida el 2 de marzo de 1755). Tras levantarse la información matrimonial en que declararon que deseaban casarse "de su libre y espontánea voluntad" y correr las amonestaciones, su boda se celebró en la parroquia de Aculco el 3 de febrero de 1761 ante el cura don Nicolás María de Arroyo, con Manuel Martínez y María Martínez como testigos y padrinos. Así, aquella pobre mujer cambió de estado y condición, para unirse legalmente a una familia que, sin ser necesariamente rica, pertenecía a los estratos sociales más altos de la región.

 

NOTAS

(1) Esta historia tiene como única fuente los libros sacramentales de la parroquia de san Jerónimo Aculco. El documento principal es una "Relación de todo lo que pasó en el discurso de este negocio, desde su origen hasta el fin", manuscrito anónimo y sin fechar que proporcionó sin embargo datos suficientes para hallar los registros que muestran el segundo apellido de Juan González, el entierro de su primera esposa y su posterior matrimonio con la ex esclava. Las referencias de estos documentos son las siguientes:

"Relación de todo lo que pasó": "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9396-1Q96-1F?cc=1837908&wc=MGXY-MNL%3A164300601%2C164305102%2C165841601 : 21 May 2014), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Información matrimonial 1688, 1719, 1768-1770 > image 89 of 417; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico).

Registro de entierro de Rita Álvarez Godoy: "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:939X-QK7R-5?cc=1837908&wc=MGNZ-PT5%3A164300601%2C164305102%2C165570901 : 21 May 2014), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Defunciones 1679-1762 > image 549 of 1145; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico).

Información matrimonial de Paula de Álvarez, mulata esclava, y Juan González, español: "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9396-1QSC-8Y?cc=1837908&wc=MGX1-3TG%3A164300601%2C164305102%2C165945503 : 21 May 2014), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Información matrimonial 1759-1782 > image 129 of 591; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico).

Registro de matrimonio de Paula de Álvarez y Juan González: "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:939X-DB93-XQ?cc=1837908&wc=MGVW-16D%3A164300601%2C164305102%2C168343603 : 21 May 2014), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Matrimonios 1719-1789 > image 597 of 609; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico).

Registro de bautizo de María Paula, hija de Juan González Rubio y Rita Álvarez, 2 de marzo de 1755: "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:939X-DBQ7-Y?cc=1837908&wc=MGVW-6TG%3A164300601%2C164305102%2C164409701 : 8 December 2021), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Bautismos de hijos legítimos 1744-1763 > image 143 of 435; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico). Otra hija, María, nació el 4 de febrero de 1754: "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:939X-DBQW-1?cc=1837908&wc=MGVW-6TG%3A164300601%2C164305102%2C164409701 : 8 December 2021), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Bautismos de hijos legítimos 1744-1763 > image 124 of 435; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico). Una más, María de la Concepción, nació el 15 de diciembre de 1748: "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:939X-DBQK-F?cc=1837908&wc=MGVW-6TG%3A164300601%2C164305102%2C164409701 : 8 December 2021), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Bautismos de hijos legítimos 1744-1763 > image 44 of 435; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico).

lunes, 5 de junio de 2023

El general Antonio López de Santa Anna en Arroyozarco

Ya alguna vez he comentado aquí que resulta un tanto elemental señalar que este o aquel personaje de la historia mexicana pasó por Arroyozarco. Esto porque la hacienda era sitio de tránsito obligado para quien viajaba desde la Ciudad de México hacia el Bajío y el norte del país, y las más de las veces el pasar por ahí no tenía nada de extraordinario. Esto no disminuye, hay que subrayarlo, la importancia de Arroyozarco como punto de encuentro de todos esos viajes, pues fue un lugar por el que pasó "todo México" desde el Virreinato hasta finales del siglo XIX.

Hubo viajes, claro, dignos de ser reseñados, como las tres veces que Maximiliano pasó por la hacienda. O el paso de Guillermo Prieto por estos parajes, de los que escribió magníficas descripciones costumbristas. Hoy les voy a hablar de una visita a Arroyozarco que dejó ciertamente menos huella, pero es igualmente interesante: la del general Antonio López de Santa Anna en 1844.

Santa Anna, uno de los personajes más importantes de nuestra historia y también de los más aborrecidos, nació en Xalapa en 1794. Formó parte del ejército virreinal y en 1821 se adhirió al Ejército Trigarante de Agustín de Iturbide para proclamar la independencia. En 1823 se rebeló contra Iturbide y lanzó en su contra el Plan de Casa Mata. En 1829 aplastó el intento de reconquista española en Tampico. Y en 1833 se convirtió por vez primera en presidente de la República. Pero Santa Anna era más un hombre en busca de gloria que de poder; prefería retirarse a su hacienda Manga de Clavo en lugar de ejercer la Presidencia, dejando el poder en manos de su vicepresidente, y de ahí solamente lo sacaban las ocasiones en las que podía aspirar a un mayor renombre. En 1836 creyó que la Guerra de Texas le permitiría cubrirse de honores, pero fue derrotado y hecho prisionero. En 1838 la suerte le permitió recuperar el honor, cuando resistió la primera intervención francesa en Veracruz y perdió una pierna en ese trance. Gracias a ello volvió al poder en 1839, 1841 y 1844. Ya sabemos que en 1847 participó en la guerra contra Estados Unidos y aunque peleó con valentía fue nuevamente derrotado, lo que costó a México más de la mitad de su territorio. Santa Anna salió al exilio y regresó a México hasta 1853, para coupar nuevamente la Presidencia. Esta vez su gobierno fue degenerando hacia la dictadura (fue cuando se autonombró "Alteza Serenísima") y terminó con el triunfo de la Revolución liberal de Ayutla en 1855. Salió nuevamente al exilio y se le permitió regresar a México en 1874. Murió pobre y enfermo en 1876.

Santa Anna estuvo en Arroyozarco varias veces, pero muy poco sabemos de esos momentos más allá de algunas fechas. Estuvo, por ejemplo, en 1833, en su campaña contra los generales Arista y Durán (1). Hacia abril o mayo de 1835 también habría pasado por ahí, rumbo a Zacatecas. Lo mismo en diciembre del mismo año, para ponerse al frente del ejército que combatió a los rebeldes texanos. Pero de su estancia en la hacienda entre el 2 y 3 de diciembre de 1844 sí se conservó algo más, una carta firmada en el lugar, dirigida al general guanajuatense Pedro Cortázar y Rábago. Veamos ese texto:

Exmo. Sr. D. Pedro Cortázar.— Arroyozarco, diciembre 2-3 de 1844.— Reservada.— Mi estimado amigo— Como la carta de V. que contesté desde San Juan del Rio cayó en manos de mi secretario, fué preciso que ella contestara en los términos que V. habrá visto; pues ya V. sabe que ciertos secretos no pueden fiarse á todos en momentos que hay su exaltación entre estos militares. Contesto, pues, á aquella agradeciendo á V. mucho sus amistosos consejos, hijos sin duda del afecto que siempre le he merecido, y queriendo darle una prueba de mi singular aprecio, acepto en todas sus partes la mediación en su persona para transigir la cuestión que hoy agita á la república. He dicho á V. que estoy muy ageno de querer desempeñar la presidecia que se me confirió por el voto legal de los pueblos, y si aun me presento reclamando mis prerogativas, mas bien lo hago por dignidad ó delicadeza, que por deseos de continuar con aquella investidura. Estoy, pues, dispuesto á renunciar los derechos que la ley me da como presidente de la república, y expatriarme luego, sin mas condición, que V, sea, como me ha ofrecido, quien se constituya responsable de ponerme sin vejámenes en el puerto donde me convenga embarcarme, acompañado de mi familia é intereses que pueda reunir. Supuesto lo dicho, he de merecer á V. se ponga en camino luego luego, pero sin comunicar á nadie el objeto que á V. lo trae por aquí; pues ya he manifestado que hay en el ejército su exaltación, y podia esta negociación entorpecerse. Quedo en su espera y entre tanto me repito suyo, amigo afectísimo, Q. B. S.M.—Antonio López de Santa-Anna. (2)

Como ya habrán podido deducir por esta carta, Santa Anna era entonces presidente de la República, pero había surgido una rebelión militar en Guadalajara que le disputaba el cargo. El historiador Luis Jáuregui hace un excelente resumen de las circunstancias en que ocurría esto:

En su ambición de ser dictador, el general veracruzano se enemistó con todos los grupos sociales. Se confeccionó una Constitución, la de las Bases Orgánicas de 1843, y él mismo la desobedeció a pesar de que, contrario a lo que él creía, tenía al Congreso de su lado.

Se enemistó con los extranjeros cuando les prohibió la venta al menudeo de sus productos y vendió, a precio reducido y a sus financieros favoritos, inmuebles que pertenecían a la Iglesia. También prohibió al clero la venta de propiedades sin permiso del gobierno. Modificó los términos de la deuda contraída con algunos prestamistas para favorecer a otros. Para arreglar la situación en Yucatán, otorgó exenciones fiscales tan excesivas que fueron interpretadas como una humillación del gobierno nacional. Manipuló el proceso electoral de agosto y septiembre de 1844 para la designación del nuevo Congreso.

Se cobraron múltiples impuestos, se solicitaron préstamos y se adoptaron medidas caprichosas y sin concierto mientras que a los empleados del gobierno no se les pagaron sus salarios y a los militares de bajo rango se les redujo su ración diaria. Ciudad de México, con su flamante estatua del veracruzano y un nuevo teatro acional, continuó siendo un lugar sucio y peligroso para vivir. Además, Santa Anna desafió las convenciones sociales de la élite que lo había colocado en el poder cuando, apenas a seis semanas de haber enviudado, se casó con la quinceañera Dolores Tosta.

Santa Anna también se enemistó con militares de alto rango en la República. Por una cuestión trivial, a inicios de 1843 se distanció del general Gabriel Valencia, quien lo había ayudado a deponer a Anastasio Bustamante en 1841. Por causas desconocidas, en abril de 1844 destituyó del Ministerio de Guerra a su mano derecha, el también veracruzano José María Tornel, el más fiel informante de Santa Anna de lo que ocurría en Ciudad de México durante sus ausencias. Más grave aún fue el agravio que años antes había hecho a Paredes y Arrillaga cuando, debido a una indiscreción de borrachera, le quitó sus poderes militares y políticos en Ciudad de México.

Fue Paredes y Arrillaga el general que se pronunció en Guadalajara en contra del régimen santannista. El 2 de noviembre de 1844 reclamaba la violación de la Constitución, el despilfarro y el desarreglo de la hacienda y el ejército. Santa Anna marchó en contra de los pronunciados sin percatarse de que ya no era popular en Ciudad de México. El 6 de diciembre, después del pronunciamiento militar en la capital republicana, el pueblo salió a las calles, tiró la estatua del general veracruzano y desenterró la pierna para arrastrarla por las calles gritando “¡Muera el cojo! ¡Viva el Congreso!”. (3)

Santa Anna, pues, se hallaba en Arroyozarco el 2 de diciembre de regreso de Silao, pues antes de enfilar hacia Guadalajara a sofocar la rebelión de Paredes y Arrillaga se enteró de que Valentín Canalizo, a quien había dejado como interino en la Ciudad de México, había suspendido el Congreso y comenzaban a estallar revueltas populares. El 6 de diciembre, el Congreso nombró un nuevo presidente, el general Herrera. El 14 de diciembre, el general Pedro Cortázar, a quien Santa Anna había enviado la carta desde Arroyozarco, se rebeló y lanzó su propio plan, que en su artículo segundo establecía "cesará en el poder ejecutivo el Excmo. Sr. D. Antonio López de Santa Anna, hasta que no responda de todos sus actos públicos, y deje satisfecha a la nación de su manejo durante la época de su administración provisional" (4). Al cabo de de unas semanas, las rebeliones triunfaron y Santa Anna fue capturado, aunque al final se le amnistió en 1845. Partió al destierro en Cuba, de donde regresó para combatir la invasión de Estados Unidos a México.

 

NOTAS

(1) "Luego que Arista y Durán avanzaron hacia Querétaro, salimos de Arroyo Zarco para San Juan del Río. Aquellos siguieron su camino para Guanajuato y nosotros entramos a Querétaro, cuya población estaba ya muy consternada, porque se esperaba ya la invasión del cólera morbo que en México estaba ya haciendo estragos horrorosos", escribió un médico del Ejército, Francisco J. Estrada. Estrada, Francisco J. 1992. "Guerra y cólera: la campaña de Santa Anna". Ciencias núm. 25, enero-marzo, pp. 41-45. [En línea].

(2) Causa criminal instruida al Exmo. Sr. presidente constitucional general de división don Antonio López de Santa Anna. México, Imprenta de Lara, 1846, p. 60.

(3) Jáuregui, Luis. "Santa Anna y los impuestos", Relatos e historias de México, no. 147, enero de 2021.

(4) Plan del general Pedro Cortázar, 14 de diciembre de 1844.

martes, 23 de mayo de 2023

"Aculco 1522": el vino que celebra los 500 años de este pueblo

La pasada Semana Santa estuve unos días en Aculco y una tarde fui a comer al restaurante Jäpi en la Plazuela Hidalgo, que se encuentra en lo que es posiblemente la mejor ubicación del pueblo por lo que respecta a la belleza del entorno y a la histórica casa que lo alberga. En ella se han aprovechado sabiamente los salones, corredores, patio y hornos para ofrecer un ambiente sosegado y amable, auténtico, que aunado a la deliciosa comida que ofrece (la tabla de quesos es una joya) invitan a regresar.

Nuestro anfitrión, Enrique Gutiérrez, nos atendió con la amabilidad que es parte esencial de su personalidad. Debo decir que conocí a Enrique apenas en septiembre, pero es una de esas personas de las que uno se hace amigo inmediatamente. Basta decir que nos despidió con un obsequio especial: una botella del vino "Aculco 1522" que él mismo está produciendo y que en su nombre conmemora los 500 años de la fundación de nuestro pueblo.

Este vino artesanal es toda una celebración del origen de Aculco: en su etiqueta vemos el glifo toponímico de Antamehe que proviene del Códice de Huichapan y que es el símbolo otomí de este lugar. En la parte posterior observamos que este antiguo nombre ha servido para bautizar a la casa productora, Bodegas Antamehe, título que aparece escrito con grafía parecida a la manuscrita del siglo XVII. "Néctar precioso del mestizo fruto, rica cosecha del suelo otomí, del alma aliento, dulce alimento", reza una frase en esta botella que revela el cariño que se ha puesto en su elaboración.

El vino se elabora ahora con uvas de la zona vinícola de San Juan del Río-Ezequiel Montes, pero existe el proyecto de producirlo en un futuro con uvas cosechadas en tierras aculquenses (hay antecedentes suficientes de producción de uva en Aculco para creer que es totalmente factible). Ojalá sea así y pronto se convierta en un clásico de nuestro pueblo.

El vino tinto "Aculco 1522" está a la venta en el mismo restaurante Jäpi (palabra otomí por cierto, que significa "bendición"). Además del buen sabor del vino, la botella es tan agradable a la vista que seguramente se convertirá por sí misma en un bonito souvenir, un buen regalo para amigos y familiares tras una visita al pueblo. Creo que esta iniciativa de Enrique Gutiérrez merece todo nuestro apoyo y difusión, pues contribuye a ampliar el abanico de productos propios de Aculco y lo hace con enorme dignidad y buen gusto.

viernes, 12 de mayo de 2023

Los pilares del Tixhiñú: los restos mejor conservados del Ferrocarril Cazadero-Solís

En mi libro Ñadó, un monte, una hacienda, una historia (Gobierno del Estado de México, 2009), cuento con bastante detalle la historia del Ferrocarril Cazadero-Solís, la única vía férrea para carga y pasajeros que llegó a tenderse en el municipio de Aculco. Quizá es oportuno recuperar aquí algunos párrafos de esta historia antes de hablarles ahora de los Pilares del Tixhiñú, vestigio de aquella vía:

El interés por construir un ferrocarril en esta zona databa de inicios del Porfiriato. La primera concesión, otorgada al señor Rodolfo Fink el 31 de mayo de 1882, no llegó a concretarse pues se declaró caduca en 1885, tras realizarse sólo algunos trabajos en los que, por cierto, se provocó un desorden y tumulto del que las autoridades de Aculco culparon a Bonifacio Arredondo, empleado del Ferrocarril Central. La construcción definitiva de la vía angosta no fue iniciada sino hasta 1895, cuando la emprendió don Felipe Martell, propietario de la hacienda de La Torre. Su objetivo principal consistía en enlazar las fincas de la zona y facilitar el traslado de la madera, el carbón y otros productos. Debe haberse tratado de una inversión compartida pues el permiso -sin subvenciones por parte del Gobierno- fue concedido a Guadalupe Guadarrama y al sanjuanense T. Melesio Alcántara por decreto del 9 de diciembre de 1893. La línea, que se constituyó ramal del Ferrocarril Central Mexicano, fue conocida comúnmente como “Ferrocarril Cazadero-Solís”, aunque también recibió los nombres de “Ferrocarril Cazadero, La Torre y Tepetongo” y aún “Ferrocarril Cazadero-San Pablo”. Esta variación de nombres obedece a una razón muy simple: aunque proyectado para establecer una conexión entre la estación Cazadero del Ferrocarril Central y la vía angosta del Ferrocarril Nacional (o Ferrocarril Sullivan) en un punto entre las estaciones de Solís y Tepetongo, la línea nunca alcanzó esos lugares y los trabajos se detuvieron en el rancho de San Pablo de la hacienda de La Torre. Algunas fuentes indican que la vía llegó a tener una longitud total de 57 millas (91.71 kilómetros), pero parece que en realidad se extendía por cerca de 59 ó 60 kilómetros, de los que en mayo de 1895 existían 30 y para 1897 se habían construido ya cuarenta y ocho.

Su trazo aproximado era paralelo al que sigue actualmente la Carretera Panamericana entre Ñadó y Palmillas, poco más o menos. La vía se bifurcaba, a partir de Ñadó, hacia el rancho de San Pablo ubicado precisamente al otro lado del cerro (punto alrededor del cual nacían treinta kilómetros más de vías portátiles Decauville que se iban desplanzado conforme el corte de árboles lo exigía) y a Llano Largo en Tixmadejé, Acambay, hacia el sur. Al concluirse su construcción, contaba con las estaciones de Cazadero, Taxhié, La Estancia, Cofradía, Ñadó, La Fábrica, Tixmadejé y San Pablo. De Cazadero a Ñadó, las estaciones daban servicio público de carga, correo y pasajeros, mientras que de Ñadó a San Pablo el servicio era sólo privado.

La producción silvícola del monte incluyó carbón, tablas, duelas, leña, hachas, vigas, morillos, planchones, cintas y pilotes de maderas de encino, ocote, aile y madroño. De la explotación forestal salió el equivalente a más de mil plataformas de vía ancha hacia la ciudad de México, cargadas con los pilotes de madera de pino utilizadas en la consolidación del subsuelo de algunos de los edificios emblemáticos del Porfiriato, como el Palacio de Bellas Artes y el inconcluso Palacio Legislativo, que terminó convertido en monumento a la Revolución.

Durante más de veinte años, los ferrocarriles Central y Nacional fueron dotados también con durmientes de encino y ocote para vías ancha y angosta provenientes de Ñadó. Cuando los grandes árboles se agotaron, comenzó a explotarse en gran escala el carbón de encino, pero de una manera tan salvaje que hubo áreas en las que aún las raíces de los árboles fueron utilizadas para producir carbón de arranque, sin dar oportunidad a que el bosque se recuperara con renuevos de los árboles talados.

El ferrocarril cesó operaciones y la vía comenzó a ser levantada en 1928 para reaprovechar el hierro. Sin embargo, quedaron a lo largo de su trazo algunos vestigios de piedra en diverso estado de conservación. De la estación de Ñadó quedaron sólo los cimientos, en la loma del Caxthí subsiste un puentecito esviajado, en Cofradía todavía existe la estación (semioculta por construcciones modernas), pilas de agua y otros restos, así como el Puente Piedad (cuyos pilares estaban completos, pero fueron mutilados por el Ayuntamiento de Aculco en 2001 a pesar de tratarse de un monumento histórico catalogado por el INAH). Y en una de las cañadas que descienden del cerro de Ñadó hacia el oriente, sobrevive lo mejor conservado de todo: Los Pilares del Tixhiñú, restos de un puente cuyo nombre original desconozco, pero que ahora se nombran así al encontrarse en tierras ejidales de esa comunidad.

Según los planos que se conservan de la construcción del ferrocarril, los Pilares el Tixhiñú corresponden al tramo de la vía que corría entre la hacienda de Ñadó y San Pablo, reservado sólo al transporte de carga. Si observamos con cuidado estos planos, veremos que al llegar a esa hacienda la vía, que hasta entonces corría de norte a sur daba una vuelta en U y comenzaba a ascender al monte virando poco a poco hacia el poniente. Es en este trayecto, en el punto en que debía atravesarse una cañada profunda, donde se construyeron hacia 1897 estos pilares que conformaban un viaducto ferroviario. Por cierto, parece ser que quien determinó el trazo sobre el que después se construyó la vía fue el renombrado ingeniero R. R. Swisher (ca. 1856-1906), según informa el Engineering News, vol. LVI, no. 24, 13 de diciembre de 1906, p. 630.

Se trata de cuatro pilares prismáticos de mampostería de cantera con los ángulos reforzados por sillares bien cortados. Casa uno consta de dos cuerpos, el inferior más ancho y de mayor altura, y el superior coronado por una cornisa recta. En la cara que da aguas arriba, cada pilar tiene su tajamar angular para cortar la corriente de agua en caso de una crecida. En ambos extremos, sendos estribos o contrafuertes edificados también con mampostería y sillares se unen a las paredes de la cañada. La distancia entre los pilares es mayor al centro y se va estrechando hacia los lados. Por encima de ellos corría una estructura muy ligera de vigas de hierro ya desaparecida, que soportaba los durmientes y los rieles. A simple vista, los Pilares del Tixhiñú semejan una versión en pequeño del Puente Piedad del mismo ferrocarril, pues aquel tenía doce pilares

Estos pilares se encuentran dentro del Ejido Tixhiñú, en la zona en que se realiza el aprovechamiento autorizado de recursos forestales maderables. Con muy buen sentido, actualmente se realiza el mantenimiento de la estructura, así como la limpieza de maleza en el sitio. La inicitiva de esta obra que realiza el propio ejido es de John Alexander, asesor técnico forestal, quien propuso esta actividad dentro de un programa de servicios ambientales que apoyan PROBOSQUE y CONAFOR para predios que tienen bosque. Desde hace pocos años el sitio ha comenzado a recibir algunas visitas turísticas y sin duda con estas acciones serán más las personas las que se acercarán al sitio a conocer este interesantísimo vestigio histórico en medio del bosque.

Si quieres ver en el mapa de Google la ubicación de los pilares, pincha aquí.

Y en este mismo blog encontrarás más información sobre el Ferrocarril Cazadero-Solís si pinchas acá.

Agradezco las fotografías de los pilares que me envió John Alexander.

 

ACTUALIZACIÓN, 7 DE JUNIO DE 2023

John me ha enviado más fotografías que muestran el avance de los trabajos de consolidación de los pilares, así como unas imágenes de clavos de riel y pernos que han sido hallados en sus inmediaciones por los ejidatarios del Tixhiñú. Les comparto aquí estos testimonios del gran trabajo que se está haciendo en ese lugar.