miércoles, 27 de mayo de 2009

El horror: la casa de Tiburcio Terreros

La casa de Tiburcio Terreros hace unos días.

En la calle Hidalgo, frente a la Plaza José María Sánchez y Sánchez (que se encuentra a espaldas del Palacio Municipal) y a un lado de la muy bella y destrozada Casa de los Terreros, se encuentra la relativamente pequeña casa que es motivo de este post.

Esta casa perteneció, hacia el primer tercio del siglo XX, a don Tiburcio Terreros. Él como presidente municipal de Aculco, con el auxilio del sanguinario secretario Terrazas y bajo la tutela del cacique de San Juan del Río, Saturnino Osornio, crearon un clima de terror en el municipio a principios de la década de 1930. Como relatamos en nuestro libro Arroyozarco, puerta de tierra adentro, varias personas perdieron la vida en sus manos a lo largo de esos años.

Pero el predominio de Tiburcio Terreros concluyó con un motín popular en abril o mayo de 1935. La propia casa de Terreros (que es a la que nos referimos) fue asaltada por la turba y sus posesiones arrojadas por las ventanas, mientras él escapaba por un caño.

Antaño, la casa de Tiburcio Terreros era un buen ejemplo de vivienda media aculquense. Tenía sólo una planta, con patio central rodeado por corredores con columnas de cantera. Su fachada, con vanos enmarcados también en fina cantería, mostraba un acceso principal con jambas alargadas hasta la cornisa (a la usanza del siglo XVIII) y pequños balcones, distribuidos irregularmente. Desafortunadamente, las fotografías que conservamos nostros de aquella fachada originaria son muy deficientes.

Hacia mediados de la década de 1980, la casa comenzó a ser transformada. Se le agregó una segunda planta que mostraba unos sencillos balconcillos enrejados hacia la plaza. Al ampliarse los vanos de la planta baja, se retiró toda la cantera labrada. El patio interior conservó en su planta baja más o menos completos sus elementos constructivos, mientras que en la planta superior se construyeron pilares de concreto. Aquella bella casa quedó, así, con una apariencia anodina, que pese a la grave pérdida de su fachada original tenía la virtud de pasar prácticamente desapercibida.

Fachada de la casa de Tiburcio Terreros hacia 1997. Obsérvense los tres discretos balcones de la planta alta.

Pero aquello era apenas el comienzo. Pocos años después los discretos balcones de la planta alta comenzaron a ser ampliados nuevamente (hasta el exceso), uno por uno y procurando por lo visto que ninguno se pareciera al vecino. Así la limpia fachada quedó convertida en un caos arquitectónico sin pies ni cabeza, tras la que asoman ahora nuevas construcciones ilegales (pues exceden los seis metros de altura) que han dado al traste con el patio.

Casa de Tiburcio Terreros en septiembre de 2008. Obsérvese la ridícula alteración de los balcones, el añadido de barditas, tejadillos y construcciones de una tercera planta remetida.

¿Y el reglamento de construcción municipal?
¿Y las autoridades del Ayuntamiento?
¿Es esto lo que el gobierno del estado permite en uno de sus declarados "Pueblos con Encanto del Bicentenario"?
¿Con este tipo de disparates arquitectónicos tiene Aculco de verdad alguna posibilidad de ser incluido como parte del Camino Real de Tierra Adentro para su inscripción en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO?