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sábado, 18 de julio de 2026

Por la calle de Bravo

La calle de Nicolás Bravo corre entre la Avenida Hidalgo y la calle de Pomoca: dos cuadras que hacia el oeste se vuelven tres, pues desemboca en aquel costado la callecita de Santos Degollado sin prolongarse hacia el este. Degollado, por cierto, fue hastala década de 1950 o 60 apenas un angosto callejón al que solían nombrar "del Beso", en referencia al mucho más famoso callejon del mismo nombre que se encuentra en la ciudad de Guanajuato. Pero no nos desviemos del tema de este texto y comencemos a andar por la calle de Bravo.

La calle inicia entre dos casas significativas en el paisaje aculquense. Al poniente, la casa que fue don Macario Sánchez Ruiz y su esposa María Lara Rodríguez, remodelada a mediados del siglo XX con unas ventanas de cantera adornadas con una guardamalleta bajo el alféizar. Al oriente, la que llamaban Casa de la Pechera, que en este extremo tenía un portalito con arcos el cual, en la década de 1970 se cerró con una fachada de piedra blanca con elementos similares a los de la Unidad Jorge Jiménez Cantú.

Si el caminante levanta la vista desde este inicio, advertirá que el primer tramo de la calle corre en línea recta. Pero a lo lejos, después de cruzar Aldama, percibirá que el segundo tramo se tuerce pues serpentea al tiempo que desciende hacia el norte. Este es un detalle que revela la distinta antigüedad de estos dos tramos: los mapas más antiguos, como el de 1898, permiten comprobar que el segundo tramo no existía entonces, y que se abrió ya en el siglo XX trazándolo con menos cuidado, atendiendo seguramente más a los linderos de los solares que a la conveniencia de una traza rectilínea. El censo de 1930 parece apuntar en esa dirección. Registra apenas cuatro viviendas en la calle, al parecer todas ubicadas en el primer tramo. Esto podría indicar que el segundo todavía no existía, aunque también cabe la posibilidad de que ya hubiera sido abierto, pero permaneciera prácticamente deshabitado.

No es una de las calles más hermosas de Aculco, pero sí es simpática y conserva en buena medida su armonía. Empedrada, como todas las del centro. En ella todavía no se aprecia el desorden arquitectónico que ha alterado de manera irreversible otras calles del pueblo. Es una calle angosta y sin banquetas. Como los corrales de varias casas daban hacia ella, durante mucho tiempo estuvo definida por las altas bardas de piedra blanca que se alzaban a ambos lados, interrumpidas aquí y allá por antiguas portadas de cantera. Recuerdo especialmente la del número 8, que hacia 1995 vi desmontada junto a la nueva entrada, ampliada para permitir el acceso de vehículos. Con todo, la mayor parte de los muros que hoy verá el caminante sigue siendo la original, aunque muchos hayan sido horadados con ventanas de proporciones poco afortunadas (con alguna excepción) o con accesos ensanchados para colocar portones metálicos.

Llegamos al cruce con la calle de Aldama. Vemos con claridad que no sólo es el trazo de la calle de Bravo el que cambia, sino que también sus construcciones son más sencillas, señal de que se edificaron en tiempos relativamente recientes y en lo que ya eran plenamente las orillas del pueblo. O, más bien debería decir, eran más sencillas, pues la reciente edificación de construcciones nuevas ha comenzado a alterar ese aire ese aire que durante tanto tiempo caracterizó a este lugar. Una de esas nuevas construcciones está precisamente en la esquina. Vamos a detenernos un momento en ella.

La casa intenta integrarse a su entorno mediante el uso de muros blancos, teja de barro, vanos verticales y herrería sencilla. Pero la escala del edificio, su volumen compacto y los numerosos retranqueos y huecos de distintas dimensiones le dan una presencia mucho más dominante que la de las construcciones tradicionales vecinas. "Salta a la vista", pues, lo que es un grave pecado cuando una casa nueva se inserta en un entorno histórico. Arquitectónicamente, además, me parece fallida: su composición carece de una jerarquía clara y sus referencias coloniales parecen añadidas a una construcción moderna más como una concesión que como parte de una intención genuina de integrarse al conjunto urbano de Aculco. Con una composición de fachadas más sencilla, el resultado habría sido mucho mejor. El muro colindante hacia el norte es además una desgracia, con sus castillos de concreto y ladrillos expuestos en toda su altura. En resumen, su incorporación no es un error dramático, pero sí una oportunidad desperdiciada para aumentar la belleza de este rincón del pueblo.

Justo enfrente de esta casa y abarcando también su respectiva esquina, se está levantando también otra casa de nueva planta. Esta vez, la fachada está construida íntegramente en la hermosa y rústica piedra blanca de Aculco. El muro de este material se prolonga sin vanos a lo largo de toda la calle de Bravo, evocando en materiales y dimensiones la vieja barda que existía antes ahí. Sobre esta barda sobresalen en altura un par de cuerpos de dos plantas que, desde el exterior, apenas muestran hacia la calle unas pocas ventanas de pequeño tamaño. Al momento de tomar las imágenes, no se había completado el rajueleado entre las piedras, lo que le daba una apariencia poco tradicional, pero las zonas donde el rajuleado se ha colocado indican que esto se resolverá adecuadamente.

Esta construcción tiene sus méritos. Me gusta. Me parece mucho más adecuada e integrada al sitio. La verdad es que la piedra blanca tiene mucho que ver con ello, pues este material tiene la capacidad de evocar inmediatamente la imagen tradicional de Aculco. Sus dos torrecillas recuerdan además las trojes construidas en alto de las viejas casas del pueblo, trojes que casi se han perdido en remodelaciones y adaptaciones. Con todo, hay que señalar detalles que me parece que fallan, como son la torpe cornisilla de concreto que recorre toda la construcción y la falta del tratamiento en piedra de su colindancia hacia el norte (por lo menos no deja este muro expuesto como en la otra casa que reseño). Pero no es este su mayor pecado, sino otro: para levantar esta construcción se destruyó una vieja casa tradicional, extremadamente sencilla y bastante maltratada, cierto, pero auténtica. Podría haberse conservado parcialmente. Aquí algunas fotos de aquella vieja casa cuando estuvo a la venta:

Aunque tomé algunas fotos del interior de esta casa, casi todo se halla todavía en construcción y es difícil saber cómo será en definitiva. Pero continuemos nuestro camino por la calle de Bravo. Seguimos bajando entre bardas de piedra blanca y casitas de poca importancia arquitectónica, lo mismo revocadas que con acabado en ladrillo. Destaca sólo por mejor cuidada la que alberga ahora al Café Casa Arte, con su entrada principal enmarcada en ladrillo, un acceso lateral con portada de cantera y sus canales que desaguan la azotea. Desde su terraza -como desde los altos de otras casas del rumbo- se tiene una preciosa vista del centro de Aculco.

Llegamos así a los últimos metros de esta calle, que aquí se ensancha para confluir con la de Pomoca. Al mismo tiempo, su lienzo occidental se endereza hacia el norte, mientras el oriental gira ligeramente al noreste. Sus últimas casas son muy sencillas. Una de ellas, pequeña y de un solo piso, estuvo hace poco a la venta por un precio absurdo. Hoy ya no está el letrero que la anunciaba y, aunque parece haber sido reparada, una nueva y desafortunada cubierta de estructura metálica y teja plástica protege ahora su pasillo de entrada. Quizá sea el preludio de una transformación mayor en un futuro no demasiado lejano. Es de temerse que para aprovechar tan reducida superficie su dueño intente levantar más de dos pisos.

Frente a ella hay otra casa pequeña que podría pasar por su gemela. Lo que destaca detrás de ella es una construcción reciente de dos plantas, pintada de color crema, tan simple como poco afortunada. Uno se pregunta cómo quien la edificó pudo dejar pasar la oportunidad de embellecer este rincón del pueblo cuando habría bastado incorporar unos cuantos elementos tradicionales para integrarla al conjunto urbano. No parece haber sido una cuestión de recursos. Tampoco de falta de ejemplos, porque Aculco ofrece muchos. La pregunta es otra: ¿se trata de falta de cultura arquitectónica, de sensibilidad o, simplemente, de indiferencia hacia el paisaje urbano que todos compartimos?

Las últimas casas de la calle, al llegar a Pomoca.

El caminante deja finalmente la calle Nicolás Bravo. Puede visitar el Santuario de Nenthé, que se encuentra a unos cuantos metros, o regresar al centro del pueblo por la calle de Pomoca. Yo me alejo con un poco de melancolía. ¡Sería tan fácil que Aculco conservara, e incluso acrecentara, su belleza con un poco de cuidado y buen gusto! Pero vivimos en una época en la que esto preocupa a muy pocos. Cada quien dirige su atención hacia asuntos distintos y sólo unos cuantos seguimos creyendo que no se puede vivir de espaldas a la belleza.

viernes, 15 de mayo de 2026

Una estampa de la educación socialista en Bañé (1935)

La implantación de la educación socialista en México fue uno de los proyectos más controvertidos del Estado posrevolucionario. Impulsada bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas, la reforma al artículo 3o. constitucional de 1934 estableció que la enseñanza impartida por el Estado debía ser socialista, excluir toda doctrina religiosa y formar en los alumnos una conciencia colectiva orientada hacia la justicia social y la transformación económica del país. Más que un simple cambio pedagógico, la medida buscaba consolidar la autoridad del nuevo régimen revolucionario en el campo y en las ciudades y combatir la influencia de la Iglesia. Tal como lo señaló el "Jefe Máximo de la Revolución", Plutarco Elías Calles, en su discurso de Guadalajara del 21 de julio de 1934, buscaban apoderarse "de las conciencias de la niñez, de las conciencias de la juventud porque son y deben pertenecer a la Revolución".

La educación socialista encontró fuertes resistencias, pero también abrió un amplio debate sobre el papel de la educación en la construcción de la nación moderna y en la definición de la identidad ideológica del México del siglo XX. En la Universidad Nacional, por ejemplo, se discutió si la institución también debía alinearse o no a la ideología del Estado. El exrector Antonio Caso estaba en contra de ello, mientras que el director de la Escuela Nacional Preparatoria, Vicente Lombardo Toledano, estaba a favor. Aunque por el momento el bando ideologizado triunfó, al cabo del tiempo esta discusión fortaleció la defensa de la autonomía universitaria y la libertad de cátedra.

En Aculco, como en el resto del país, se implantó también en aquellos años la educación socialista. De esta etapa, sin embargo, lo desconocemos casi todo, por resultra muy interesante la pequeña crónica que hoy quiero mostrarles, que se refiere al trabajo en esos tiempos de la escuela rural de la comunidad de Bañé, ubicada al norte de la cabecera municipal. En realidad, poco se refiere directamente a la ideologización de la educación, más allá del uso de la expresión "fanatismo" que en realidad se refería simplemente a la religión. Más bien se trata de una lista de acciones meritorias en su pequeña escala. El artículo fue publicado en el periódico El Nacional el 22 de junio de 1935:

 

REAFÍRMASE LA ESCUELA SOCIALISTA

Paulatina, pero firmemente, la nueva escuela creada al reformarse el artículo tercero de la Constitución, va afirmándose en toda la República, siendo los habitantes de nuestras extensas zonas rurales, los primeros en sentir y palpar sus beneficios. Con los informes oficiales que dan fe de este arraigo, acaba de rendirse un importante reporte a la Secretaría del Ramo, especialmente en lo que hace a la implantación de la Escuela Socialista en el Estado de México.

A este particular, el señor profesor Carlos Flores Zamora, Jefe del Departamento de Enseñanza Rural, ha reunido las informaciones de cada uno de los diversos sectores rurales del Estado de México, documentación que, por su importancia, transcribimos a continuación.

[...]

LO QUE SE LOGRÓ EN BAÑÉ

Interesante, sin género de duda, resulta Vicenta H. Arce, Directora de la Escuela de Bané, Aculco, Méx., que dice: "Se han celebrado todas las fiestas patrias y actos que el calendario escolar señala, en el teatro al aire libre. Con el fin de realizar y llevar a mejor éxito la campaña antialcohólica, verificada en las fiestas sociales, hablándoles a los concurrentes de los daños que traen toda clase de vicios, particularmente el alcohol y el fanatismo, aconsejándoles sustituyeran lo anterior por el deporte y la lectura.

"Con la colaboración del vecindario se han estado efectuando campañas prohigiene, profilaxia, que están dando por resultado una mejor indumentaria en los habitantes y aseo individual.

"Buen número de personas están siendo vacunadas; los niños están atendidos, y el aseo de la dentadura se está llevando a cabo de modo cotidiano.

"Las niñas confeccionan sencillas prendas de vestir, así como costuritas útiles y adecuadas a su trabajo. En la escuela rural, se hacen dulces sencillos y aun se utilizan los productos que se obtienen, para la compra de útiles escolares.

"La Sociedad de Madres de Familia colabora con la escuela: un gabinete rústico de aseo tenemos instalado en el plantel, y no descuidamos el baño semanario que llevan a cabo en un río vecino. Estamos instalando filtros en los hogares, para tomar agua potable.

"Se practica con empeño el deporte y algunos encuentros hemos tenido, que han servido, por cierto, para unir a los habitantes con íntimos lazos de solidaridad".

Como trabajo material, "pintó la escuela, ventanas y puertas, dejándola lista para la inauguración". Construyó la casa del maestro y aun el teatro al aire libre.

Atiende con esmero el jardín escolar que está floreciente; en la huerta escolar planta árboles de la región y hace un experimento del cultivo de la linaza.

Con los productos de la parcela escolar, compró ladrillos para el piso de la casa del maestro. Colocó una campana en la escuela, para llamar las horas de entrada a los alumnos y, cosa curiosa, la inscripción de 81 alumnos, es casi igual a la asistencia ordinaria diaria.

El piso del salón de clase está ahora cimentado; la magnífica lámpara de gasolina que ilumina nuestras clases nocturnas, fue comprada, y se construyó la casa-habitación que ocupa.

 

Aquella pequeña escuela de Bañé —una sencilla construcción de piedra, de perfil mixtilíneo— se mantiene, por fortuna, todavía en pie y hoy funciona como biblioteca de la Escuela Primaria Emiliano Zapata. Pero más interesante aún sería saber qué memoria dejaron aquellos años entre los pobladores; si alguien recuerda todavía a la maestra Vicenta H. Arce, y si la implantación de la educación socialista representó para ellos una experiencia liberadora o una indebida injerencia del Estado en la formación de la infancia local.

La desaparición de la educación socialista en México ocurrió de manera gradual durante la década de 1940, conforme el Estado posrevolucionario abandonó el tono radical del cardenismo y buscó una política de conciliación nacional. Bajo el gobierno de Manuel Ávila Camacho, quien se definía públicamente como creyente, disminuyó la confrontación con la Iglesia y se promovió una visión más moderada de la enseñanza pública. Finalmente, en 1946, el artículo 3o constitucional fue reformado para eliminar el carácter socialista de la educación y sustituirlo por una orientación “democrática”, centrada en la unidad nacional, el desarrollo científico y la convivencia plural. Con ello, el Estado mexicano dejó atrás el proyecto de formación ideológica revolucionaria que había caracterizado a los años treinta y abrió paso a un modelo educativo más pragmático y menos doctrinario.

***

Antes de concluir, permítante hacer un comentario etimológico sobre el significado del nombre de Bañé. En su libro Onomatología del Estado de México (1894), Manuel de Olaguíbel propone que ese nombre es corrupción de la palabra otomí baduí, a la que le atribuye el significado de "corona de flores". Miguel Ángel Nolasco Álvarez en la Monografía municipal de Aculco de 1997 añade respecto a esa traducción que "sirve para referirse a un camino de flores, también sirve para identificar a un arroyo largo con agua, en la misma lengua". Pero afirma también que "la gente que domina la lengua otomí dice 'Lugar donde el agua lleva hojarasca'". Yo considero erradas por completo estas etimologías por la siguiente razón: la palabra hñe en otomí significa "barranca" y eso es precisamente lo que caracteriza al lugar: se halla casi a orillas de la barranca por la que corre el Arroyo Zarco y que separa el territorio municipal de Aculco del de Polotitlán. De manera que su nombre debe estar ligado indudablemente con ese significado, barranca. "barranca grande" se dice dähñé en otomí y la semejanza con el nombre actual de Bañé me hace pensar que bien podría ser esta su etimología correcta.

jueves, 2 de diciembre de 2021

Algo sobre la arquitectura de la Unidad Jorge Jiménez Cantú

Al viajar por los municipios del Estado de México nos topamos en casi cada cabecera municipal con un conjunto de edificios construidos en lo que hacia finales de la década de 1970 eran sus orillas, bautizados unánimemente como "Unidad Jorge Jiménez Cantú". Se trata de obras levantadas por el gobierno mexiquense durante la administración de este gobernador, las cuales aportaron equipamiento de tipo muy diverso a esas poblaciones: auditorios, teatros, edificios escolares, espacios culturales, mercados...

Muchas de estas unidades siguieron un plan arquitectónico muy parecido: edificios con cubierta de teja a dos aguas, con una sola planta, comunicados por un patio al que rodean arquerías abiertas, y con fachadas que evocan las construcciones tradicionales de la provincia mexicana. La diferencia de un lugar a otro radicaba principalmente en dos cosas: el destino al que se orientaban de los edificios y el uso de ciertos materiales locales (como la piedra, la cantera y el ladrillo) para ajustar su apariencia a la de las poblaciones donde se edificaron. Así son, por ejemplo, la Unidades Jorge Jiménez Cantú, de Polotitlán, Jilotepec, Villa del Carbón, Soyaniquilpan, por mencionar algunas de las más cercanas a nuestro municipio.

Curiosamente, en Aculco los arquitectos del gobierno decidieron apartarse bastante de ese modelo cuando construyeron nuestra Unidad Pública Jorge Jiménez Cantú en 1977-1978 y le dieron un estilo propio que podemos identificar como auténticamente aculquense, pues no se repitió en ningún otro sitio del estado.

Esta arquitectura, de intención neocolonial, se caracteriza por ser casi invariablemente de una sola altura y marcado aspecto horizontal, por el uso de la piedra blanca local en los muros y marcos moldurados de puertas y ventanas, por las almenas que coronan los pretiles, por los rítmicos contrafuertes que se convierten a veces en pilares de sus portales, por las cubiertas de bóveda de ladrillo desaguadas con canales de cantera rosa, por los vanos de dintel ligeramente curvo, por las puertas de madera claveteada, por las guarniciones de piedra de recinto y por los pavimentos de adoquín, algunos de cantera rosa y otros de adocreto.

En cuanto a su urbanismo, el centro del conjunto no es como en otros lugares un simple patio, sino una verdadera plaza totalmente peatonal: la Plaza del Oso Bueno. Plaza que además de haberse adornado con la escultura de un oso, obra del reconocido artista Íker Larrauri que forma parte de una fuente, remata visualmente la calle de Abasolo. Más aún, entre la plaza y la avenida de los Insurgentes se construyó una larga explanada -útil para eventos culturales, cívicos o políticos- que aleja aquel espacio del tránsito y le añade tranquilidad. Los otros tres costados de esta plaza son cerrados y se levantan ahí el viejo mercado (hoy Mercado del Queso), el Auditorio Municipal y el Jardín de Niños Guillermo Servín Menes. Estos fueron sus primeros tres edificios, a los que se sumaban los espacios abiertos ocupados por un gran estacionamiento empedrado y el área del tianguis, dispuesta entonces en desniveles.

Pero las autoridades tuvieron suficiente visión como para darse cuenta de que esta sería un área de desarrollo de más equipamiento que el inicial, los que además permitiría en el futuro evitar congestiones en el centro de Aculco. De tal manera, en los años y décadas siguientes la mayor parte de la gran manzana entre las calles de Insurgentes, Prolongación Hidalgo, Ignacio Espinoza y José Sánchez Lara se fue llenando de nuevos inmuebles de uso público: la Escuela Secundaria Alfredo del Mazo (de 1983), la ampliación del Auditorio Municipal, los locales de las taquerías, la terminal de autobuses y el nuevo mercado (que ocupó en 2009 la superficie anteriormente destinada al tianguis). La secundaria y la ampliación del auditorio se edificaron en el mismo estilo arquitectónico del conjunto inicial. Todavía en 2019 se inauguró un nuevo auditorio para la secundaria en igual estilo. El resto de las construcciones, por lo menos en la mayor parte de los casos, consigue al menos evocar la arquitectura histórica de Aculco.

En años todavía no muy lejanos se remodeló ligeramente la Plaza del Oso Bueno, dotándola de bancas, más jardineras, farolas de fierro colado de diseño muy agradable y bolardos del mismo material en la explanada junto a la avenida de los Insurgentes, que reemplazaron a los anteriores de piedra de recinto en forma de bala, unidos por gruesas cadenas.

Lo que no se pudo evitar fue que las calles aledañas al sitio se desarrollaran con mucha anarquía arquitectónica debido a la presión comercial. Esto sucedió especialmente en la calle de Abasolo, que une al centro de Aculco directamente con la explanada: de ser un sitio solitario, con largos muros de piedra blanca, se ha transformado en la principal avenida comercial del pueblo.

Por cierto, ese estilo de la Unidad Jorge Jiménez Cantú de Aculco tuvo algún éxito usada también por particulares e incluso en contextos religiosos, aunque siempre con ciertos cambios al original. Por ejemplo, en la fachada que se levantó en la esquina de Hidalgo y Nicolás Bravo, donde se encontraba anteriormente el antiguo Portal de la Pechera, y en la capilla del Panteón (levantada también en tiempos de Jiménez Cantú). De hecho, fue gracias a la Unidad Jorge Jiménez Cantú que que se popularizaron en este lugar las bóvedas de ladrillo, que antes no formaban parte de la arquitectura tradicional aculquense. Fuera de Aculco, en el vecino Acambay, el arquitecto Sergio Molina construyó asímismo en 1977 un mercado (convertido en 1999 en Museo Regional) que evoca estas construcciones aculquenes por su estilo y materiales, si bien utilizados de manera menos ornamentada.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Almenas contemporáneas

Hace casi exactamente un año les platicaba aquí acerca de las almenas, ese elemento arquitectónico que corona el perfil de algunas construcciones antiguas y que relacionamos inmediatamente con los castillos pero que tuvo gran difusión en el México virreinal, especialmente en iglesias y conventos del siglo XVI. Entre los ejemplos aculquenses estuvo precisamente el desaparecido almenado de la parroquia y subsisten almenados completos en la hacienda de Ñadó, así como almenas aisladas en el panteón, la hacienda de Arroyozarco y la capilla de Santa Ana Matlavat, entre otros sitios.

Como parte, pues, del repertorio de elementos contructivos coloniales, no resulta extraño que en construcciones modernas que han procurado integrarse al conjunto urbano de Aculco existan también almenas, algunas de ellas discretas y otras quizá demasiado ostentosas. Veamos pues, algunas de ellas.

El par de almenas más antiguo entre las que podemos llamar "contemporáneas" se encuentra flanqueando el remate del acceso principal a la antigua Escuela Venustiano Carranza, hoy Casa de la Cultura. El inmueble fue construido en 1947 por el arquitecto Armodio de Valle-Arizpe, quien logró armonizarlo con su entorno y empleó en él materiales locales como la propia piedra blanca en que se labraron la cornisa y las almenas.

Tres décadas después se edificó en la orilla poniente del pueblo la Unidad Jorge Jiménez Cantú (inaugurada en 1978), que incluyó alrededor de una nueva plaza (la del "Oso Bueno"), un mercado (actuales oficinas administrativas del Ayuntamiento), el Auditorio Municipal, un jardín de niños y la escuela secundaria. Esta vez el arquitecto encargado del diseño también aprovechó los materiales locales -en especial la piedra blanca con la que se labraron sus muros, marcos de puertas y ventanas, así como las almenas que marcan el ritmo de sus contrafuertes- pero introdujo innovaciones como las bóvedas queretanas de ladrillo. El resultado fue un estilo que encontró aceptación y en el que continuaron edificándose varias obras de carácter oficial y privado por algunos años.

Hacia la misma época, don José Sánchez Lara construyó su casa particular en el terreno llamado Vidó, a orillas del arroyo que lleva el mismo nombre. Una vez más, la tradicional piedra blanca de Aculco fue elegida para adornar un inmueble que, por otra parte, varió el modelo tradicional de vivienda local al distribuirse alrededor de un patio poligonal y presentar un jardín enrejado al frente. En la casa de Vidó, los pilares de dicho enrejado están rematados en pirámides que evocan almenas, almenas pequeñas coronan su fachada y, sobre todo, son notables las cuatro almenas que se alzan en lo alto de su simpático torreón.

En Arroyozarco, a orillas de la carretera, en algún momento de la década de 1990 o 2000 se construyó esta barda de piedra blanca con almenas. Las ventanas estrechas como aspilleras de los cuerpos que se levantan a los lados del acceso subrayan su aspecto defensivo.

Más amable, en parte por el entorno pero también por su mejor y más sencillo diseño, es esta entrada a una propiedad a orillas del Carril de Cofradía. Llama la atención que, a la hora de edificar almenas o elementos con aire de almenas en Aculco, se haya preferido casi invariablemente la piedra blanca.

El Hotel Chávez, en la calle de Morelos, se remató con un almenado completo al concluirse la edificación de su tercera planta hacia el año 2010. En su momento critiqué este almenado por parecerme excesivo y falto de proporción, pero al paso del tiempo y a la vista de algunas intervenciones mucho más desafortunadas en otros inmuebles he terminado por verlo con más comprensión o quizá condescendencia. No dejo de pensar, sin embargo, que con la misma intención de colocar almenas, pero mejor diseñadas y distribuidas (no como "castillito"), el edifició ganaría en dignidad.

Esta construcción se encuentra al interior de una casa de la Plaza de la Constitución. Aunque la parte principal es antigua, el remate es muy reciente, aprovechándose en él una hornacina del siglo XVIII procedente de otro sitio que alberga ahora la imagen de Santiago Apóstol. En tres de sus esquinas se yerguen sendas almenitas que pese le dan la apariencia de torrecilla a pesar de su poca altura.

Finalmente, esta casa que se levanta en la calle de Santos Degollado, concluida apenas en 2016, incorpora elementos de cantera labrada sobre una estructura moderna para armonizarla con el ambiente urbano del pueblo. En los extremos de su fachada se alza un par de almenas de mampostería revocada.

 

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Con este post doy por cerrado el año 2017, un año de extremos en el que tuve grandes alegrías, hermosos viajes, buenos logros, fuertes pérdidas y dolorosas penas. Espero que el año casi por concluir haya sido mejor para todos mis lectores y les deseo que el 2018 esté lleno de ventura. Feliz Navidad y feliz año nuevo a todos.