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miércoles, 1 de julio de 2026

Macario Pérez Romero, el diputado constituyente que no fue

Para continuar con la serie sobre los diputados federales de origen aculquense, quiero hablarles ahora de uno que lo fue, y al cabo no fue: don Macario Pérez Romero.

Don Macario era hermano de otro aculquense -arroyozarqueño- que fue trambién diputado, don Manuel Pérez Romero, de quien les platique hace unas semanas. Como el origen y la niñez de ambos son parecidos, permítanme para empezar copiar algunas líneas de lo que escribí antes sobre los hermanos Pérez Romero y proseguir después con la biografía propia de don Macario.

Les decía entonces que, para abordar la biografía de los Pérez Romero hay que ir al principio... y que en el principio está su padre, don Macario Pérez Sr.

Macario Pérez Sr. nació en 1845 en Real del Monte, hoy estado de Hidalgo. Su madre, Anastasia Sánchez Adrián, tras enviudar, se casó en segundas nupcias con José Joaquín de Rozas Irazábal, propietario desde 1858 de la hacienda de Arroyozarco junto con su hermano Manuel. José Joaquín y Anastasia tuvieron una hija, Dolores Rozas, media hermana por tanto de Macario. Cuando José Joaquín murió hacia 1872, Manuel su hermano quiso quedarse con la totalidad de la hacienda, pero no logró saldar el adeudo con Dolores por su parte y terminó por entregársela en propiedad en 1877. Se encargó de recibirla precisamente Macario, quien ya vivía en la hacienda y a partir de aquel momento se convirtió en el administrador de la finca.

La gestión de Macario Pérez resultó controvertida por diversas razones. Sus contemporáneos le reprocharon tanto sus abusos y maneras autoritarias como los conflictos que surgieron tras su conversión al protestantismo, lo que deterioró su relación con los trabajadores católicos de la hacienda (tema sobre el que escribí un texto que puede consultarse aquí). En 1885, Dolores decidió relevarlo de la administración, aunque diez años después consintió su retorno. Su vida privada tampoco contribuyó a mejorar su reputación. En mi libro sobre la hacienda de Arroyozarco esbocé este retrato suyo:

Para quien lo conoció u oyó hablar de él a sus padres o abuelos, don Macario coincide con la imagen cruel y altiva del administrador o hacendado del porfiriato, ampliamente difundida por los críticos de este período de la historia de México. Don Macario nunca se casó, pero sí engendró varios hijos con distintas mujeres, a algunos de los cuales ni siquiera reconoció (aunque a veces fue su padrino). Los que llevaron su apellido fueron Manuel, Sara, Macario hijo, Agustín y Tomás.

Sara (1872-1952) fue reconocida por su padre desde el nacimiento. Aunque don Macario no estaba casado con su madre, Velina Romero —quien figura como soltera en el acta levantada en San Juan del Río, Querétaro—, la niña recibió su apellido desde la cuna. No ocurrió lo mismo con Manuel (1875-1948), también hijo de Velina, ni con Macario Jr. (1884-1967), nacido de Rosaura Romero -media hermana de Velina por parte de padre, para mayor escándalo. Los dos varones nacieron en Arroyozarco y todo indica que el reconocimiento paterno sólo llegó tiempo después.

Porque, en efecto, don Macario Pérez Sr. llevó a esos dos hijos ya bastante crecidos al registro civil de la Ciudad de México, en 1888, para reconocerlos el mismo día. Vale la pena transcribir aquí el acta de Macario hijo. Nótese en ella, por una parte, la insistencia de don Macario en que su nombre constara en el acta, pero por la otra, que se haya callado el nombre de la madre:

255. Doscientos cincuenta y cinco. Pérez Macario Ramón

En la ciudad de México, a las 10 diez y 30 treinta minutos de la mañana del día 28 veintiocho de marzo de 1888 mil ochocientos ochenta y ocho, ante mí, Enrique Valle, juez del Estado Civil, compareció el ciudadano Macario Pérez, del Real del Monte, Hidalgo, de 44 cuarenta y cuatro años, casado, agricultor, vive en la tercera calle de Balderas número 11 once y presentó vivo al niño Macario Ramón que nació en la hacienda de Arroyozarco, Estado de México, el día 31 treinta y uno de agosto de 1884 mil ochocientos ochenta y cuatro a las 11 once de la noche, hijo natural suyo, habido antes de celebrar su matrimonio civil. El compareciente pide expresamente que su nombre conste en esta acta. Son testigos los ciudadanos Bibiano Flores y Cornelio Carrillo, de México, comerciantes, el primero casado, vive en la calle de la Espalda de la Misericordia, número 6 seis, el segundo viudo, vive en el Hotel de Vergara. Leída la presente acta la ratificaron y firmaron. E. Valle = Macario Pérez = Bibiano Flores = Cornelio Carrillo.

A diferencia de Manuel, su hermano, acerca de Macario Jr. no he encontrado ningún registro de bautismo católico. hay que recordar que justamente por aquellos años, don Macario Sr. se había convertido al protestantismo, por lo que es posible Macario haya sido bautizado bajo ese credo.

Pero hay aquí un misterio mayor: en los libros del Registro Civil de Aculco consta que el 12 de enero de 1887 murió de "alferecía" (quizá epilepsia) un niño llamado Macario Pérez, de un año y medio de edad, "hijo natural de la señora Rosaura Romero, originaria de Tenazat [...] de 20 años de edad". Casi indudablemente se trata de la madre del Macario del que estamos hablando, pero obviamente el niño no es él. Y, entonces, ¿tuvo Macario un hermano dos o tres años menor que él, nombrado igual que él en honor a su padre? No es imposible, pero lo extraño es que Macario no aparezca de niño en ningún registro antes de que su padre lo reconociera en la Ciudad de México a los cuatro años. Mi teoría es que Macario Jr. recibió otro nombre al nacer (quizá sólo Ramón, su segundo nombre), y únicamente después de la muerte del hermanito que sí lo llevaba desde el nacimiento fue que sus padres decidieron nombrar Macario al que vivió.

Más allá de este misterio, al parecer Macario vivió sus primeros años en Arroyozarco con su madre. Luego su padre lo envió a estudiar la educación primaria al Instituto Josefino de Querétaro. Más tarde, según algunas biografías suyas, estudió el bachillerato en el Instituto Literario de Toluca, pero la base de datos de alumnos del propio Instituto parece no confirmar ese dato.

En contraste con su hermano Manuel, Macario Pérez Jr. tuvo siempre más interés por el campo que por la política u otras actividades. Aun en el libro donde de pequeño aprendía la lengua francesa (que existía en el archivo del doctor Juan Lara Mondragón) dibujó un paisaje –muy infantil- en el que vemos quizá anunciarse ese amor a la vida campestre que le llevó a reconstruir la hacienda de Cofradía y los ranchos de Santa Rosa, Decá, Chapala, San Rafael y el Molino Viejo, plantar calzadas de árboles, levantar presas, etc. Él fue, por cierto, quién encargó al pintor charro Ernesto Icaza los murales de tema campirano que adornan la hacienda de Cofradía.

Macario Jr. tuvo también algunos emprendimientos más allá de los ranchos. En mayo de 1907, formó una empresa llamada “Hernández, Pérez y Cía.” para la compra de caballos de Arroyozarco y su posterior venta en la ciudad de México. Esta empresa nació con un capital social de 300 pesos y subsistió corto tiempo. También se asoció on Rafael Frías, formando la sociedad “Pérez y Frías”, que se encargaría de la venta de carbón al menudeo en México. El negocio comenzó a prosperar pronto bajo la hábil administración de Frías y los oportunos envíos de carbón de Macario. Jocosamente escribió el administrador de Arroyozarco a su socio en 1907: "Te estás echando a perder, no cabe duda: ¿dónde has visto carboneros con sofá, sillones, columnas, etc.? Pero en fin, somos fachosos, para todo hay como no se arrebate".

Tras la muerte de don Macario Pérez padre en 1909, el joven Macario se ocupó de la administración de Arroyozarco. Tenía para entonces ya cierta experiencia en el manejo de la finca, pues había ejercido temporalmente la administración en 1907, cuando su padre enfermo se vio obligado a retirarse a la ciudad de México.

Con la muerte de Macario Sr., empezaron sin embargo las dificultades entre los hermanos Pérez Romero por la hacienda de Cofradía. Esta propiedad había pertenecido primero a doña María Jesús Sánchez Adrián, tía materna de Macario Pérez padre. Ella la heredó tanto a su sobrino como a los tres hijos naturales de éste, Manuel, Sara y Macario, por partes iguales. Don Macario, a su vez, al morir heredó su parte a Macario hijo. De manera que, en 1909, Macario Jr. se había convertido en dueño de la mitad de la finca, mientras que sus hermanos poseían sólo una cuarta parte cada uno.

Macario no fue muy diligente para presentar cuentas de la hacienda a sus hermanos y en el mismo año comenzaron los pleitos por los productos de la finca. Francisco I. Madero, quien en 1903 se había casado con Sara, propuso a su cuñado una solución equitativa al problema y pidió a doña Dolores Rozas (a quien llamaba madrina) que sirviera de árbitro y buscara la aceptación del trato por parte de su sobrino Macario, pues aunque Madero no pensaba llevar el caso a los tribunales, escribió, sí “debía ver por los bienes de Sarita”. Para 1910, este problema quizá ya se había solucionado, o por lo menos la comunicación entre Macario hijo y Madero había vuelto a sus cauces normales, tal vez a causa de algún acuerdo económico aceptado por ambas partes, como deja entrever una carta de Macario a su cuñado.

Y luego llegó la Revolución.

Al principio, parece ser que Macario no tuvo en lo personal mayores problemas. Aunque era cuñado del caudillo que encabezaba la rebelión, no hay pruebas de que haya colaborado con él en su campaña presidencial -como sí lo había hecho su hermano Manuel- ni participó en el movimiento armado. Además, la Revolución maderista fue tan breve -apenas seis meses entre el 20 de noviembre de 1910 cuando estalló y el 25 de mayo de 1911 cuando Porfirio Díaz renunció- que sus efectos práticamente sólo se sintieron en Chihuahua y en Morelos. Tras el triunfo de la Revolución, sin embargo, Macario sí comenzó a compañar a Madero, como lo hizo en su viaje a Puebla y Tlaxcala a mediados de julio de 1911.

Como bien se sabe, tras la llegada de Madero a la presidencia, Emiliano Zapata y otros caudillos como Pascual Orozco y Félix Díaz se rebelaron contra el presidente. Fue entonces cuando el ambiente comenzó a volverse inseguro. Si bien a fines de marzo de 1912 don Macario Pérez hijo informaba a doña Dolores Rozas estar “hasta muy bien en cuanto a ladrones” en Arroyozarco, lo cierto es que no descuidaban la defensa, pues pocos días después decía que “de zapatistas no hemos tenido nada... pero ya estamos... en condiciones de hacerles una recepción digna de ellos”. No fue sino hasta septiembre de ese año cuando los zapatistas se acercaron peligrosamente a la hacienda. En noviembre de 1912, el diario El País publicaba esta nota:


Por qué Aculco no teme un asalto
Nos encontramos ayer con un vecino de Aculco, Estado de Méjico (sic), y le preguntamos noticias sobre la situación de su distrito. Nos manifestó que por aquellos rumbos los zapatistas no se atreven a merodear por estar cerca de Aculco la hacienda de Arroyo Zarco, propiedad de la familia del señor Madero, que se encuentra convertida en una verdadera fortaleza que cuenta con cañones, ametralladoras y numerosa guarnición bien armada y municionada. Nos aseguró nuestro entrevistado que el distrito de Aculco es un verdadero oasis de paz y seguridad en el Estado, que ha sido tan probado y sigue siendo por las hordas zapatistas que lo han invadido.

Las cosas acabarían por complicarse en 1913, al ser depuesto el presidente Madero por los golpistas Victoriano Huerta, Aureliano Blanquet, Manuel Mondragón y Félix Díaz. En su traslado a la penitenciaría, el expresidente fue asesinado. Más tarde, una multitud exaltada incendió su casa de la colonia Juárez. Los Pérez se sintieron entonces en verdero peligro a causa de su parentesco con el político caído. Es probable que Macario Pérez, que se hallaba en Arroyozarco, temiera represalias en su contra ahora que su cuñado había muerto pues, según Vasconcelos, los familiares de Sara Pérez “quedaron todos en calidad de sospechosos, vigilados como delincuentes o activamente perseguidos”. Durante algún tiempo permaneció don Macario en la hacienda, sin intentar un viaje a la capital. Finalmente, pidió a doña Dolores Rozas le indicara cuándo podría ir a México con toda seguridad. A partir del momento en que pudo hacerlo, dejó en su lugar en Arroyozarco al nuevo administrador: don Juan Lara Alva.

Don Macario, por cierto, era un hombre muy activo. Además de montar a caballo -su yegua favorita se llamaba La Charra, pedía que se la llevaran a la estación de tren de Dañú para ir en ella hacia Cofradía y la mandó pintar a Ernesto Icaza- fue socio del Club Olímpico de la Ciudad de México y practicaba el box. Otra de sus pasiones fue el automovilismo. En diciembre de 1911 ganó el primer premio en la Clase B, como aficionado, en la carrera Imparcial Puebla y regreso. Conducía un Buick con el número 10.

Después el golpe de Estado contra Madero, Macario Pérez Romero no regresó nunca más a la administración de Arroyozarco y se concentró en los años siguientes en el trabajo en Cofradía y otros ranchos que le pertenecían. Luego, tras el triunfo de la Revolución constitucionalista que vengó el asesinato de Madero, y una vez que Venustiano Carranza se erigió en triunfador de la guerra entre facciones revolucionarias, decidió participar por primera vez en la política, respondiendo a la convocatoria para elegir diputados para el Congreso constituyente de 1916-1917.

El 22 de octubre de 1916 se efectuaron las elecciones, en las que resultó triunfador Macario por el 10o. distrito electoral del Estado de México, con sede en Jilotepec. Obtuvo 3,042 votos contra los 2,332 que recibió su adversario Artemio Basurto, quien así quedó como diputados suplente. Los historiadores ubicaban a Macario entre los diputados "jacobinos", es decir, aquellos que durante las sesiones modificaron el proyecto de Venustiano Carranza -más cercano a la Constitución de 1857- y lo convirtieron en un documento con alto contenido social.

El primero de diciembre de 1916, ante la presencia de 151 diputados, se declaró abierto el periodo único de sesiones del Congreso Constituyente en la Ciudad de Querétaro. Aquel era un momento histórico: el trabajo de los diputados constituyentes consistiría en redactar, discutir y aprobar la Ley Suprema que, a pesar de infinidad de enmiendas, todavía rige en México. Pero no estaba ahí Macario y nunca llegó. Se disculpó justificándose en que tenía que atender "cuidados de familia" y así se bajó del carro de la historia cuando estaba a punto de ser uno de sus protagonistas. Simplemente no fue.

Unos años más tarde, en 1919, cuando doña Dolores Rozas intentaba proteger del agrarismo la hacienda de Arroyozarco vendiendo una franja de un kilómetro en toda la orilla de la propiedad, Macario compró una de aquellas fracciones, la 103, con una superficie de 250 hectáreas, la que se conoció como el rancho de Chapala. Esta compra refuerza la opinión que compartí antes: lo que interesaba verdaderamente a Macario era el trabajo del campo. Para su madre compró el rancho de Santa Rosa, ubicado entre el pueblo de Santa Ana Matlavat y las tierras de Arroyozarco.

Al mediar la década de 1920, Macario tenía ya 40 años pero no parecía muy entusiasmado por formar una familia. Sucedió entonces un hecho que en Aculco se comentaba en voz baja, como hablilla mal intencionada: en un viaje que emprendió a España, "emborracharon" a don Macario y lo casaron con una mujer llamada Juana Ibáñez, "Juanita". El chisme tiene algo de verdad, pero no la historia real no parece ser tan cruda.

María de los Dolores Juana Ibáñez Peón, nacida el 21 de julio de 1889, se había casado en primer matrimonio con don Pedro Dueñas Zárate (propietario y "agente de policía"), a finales de 1908. Dieciséis años después, el 24 de junio de 1922, murió don Pedro dejándola viuda y, al parecer, con no muy abudantes recursos. El drama era delicado, ya que Juanita pertenecía a una vieja y aristocrática familia y aquella escasez debió sentarle muy mal. Por lo visto era muy cercana a doña Dolores Rozas y en su casa debió conocer a Macario. Y tal como contaba la leyenda, en un viaje a España en 1925 se casó con ella en la catedral de Santander.

Para Juanita, el matrimonio significaba el remedio a sus apuros económicos. Para Macario, el ascenso a la primera línea de la aristocracia de la época. Pero el matrimonio no funcionó y duró sólo unos pocos años.

El 25 de enero de 1930, menos de cinco años después de su primera boda, don Macario se casó nuevamente, esta vez con María Luisa Hartinan, una mujer de León, de 26 años y ya divorciada como él, hija de Luis Lugo. Por aquellos años Macario habitaba en la calle de Querétaro 81, en la colonia Roma. Todavía vivía su madre Rosaura, de 62 años, a la que se atrevió a llamar "viuda" del viejo don Macario, aunque ya sabemos que nunca se casó con ella.

Para entonces, los Pérez Romero habían comenzado ya a padecer la expropiación de sus ranchos por la Reforma Agraria. Todo comenzó en 1926, cuando le fueron entregadas algunas tierras de Cofradía al pueblo de San Lucas Totolmaloya. Luego, el 31 de diciembre de 1932, 333 hectáreas más pasaron a los habitantes de la ranchería de Gunyó. En un breve lapso, la Cofradía quedaría reducida a los límites del casco, por el reparto de la mayor parte de sus tierras y la invasión de las restantes. Aun el pequeño rancho El Molino Viejo fue invadido por los agraristas de Gunyó en diversas ocasiones (una de ellas en abril de 1934), aunque a la postre consiguió conservar íntegra esta propiedad.

Acerca de la reforma agraria, don Macario Pérez hijo decía en 1923 a su administrador que “si implantan por esa región sus proyectos, nos perjudican a todos y no benefician a nadie.” Y así fue en efecto. El reparto de las haciendas no solamente no solucionó los problemas del campo, sino que los complicó, y condenó a las siguientes generaciones de campesinos a la emigración a las ciudades para encontrar el sustento que ya no hallaban en el agro destrozado.

La indemnización por la expropiación de sus tierras tardó varios años en concretarse. Finalmente, mediante un acuerdo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y de la Secretaría de Agricultura y Fomento, fechado el 1.º de noviembre de 1944, se determinó que Macario Pérez Romero sería indemnizado con 326,929.20 pesos por las casi 2,382 hectáreas que había perdido en las propiedades de Cofradía, San Rafael y Chapala. Esa suma equivalía a la mitad del avalúo oficial de los terrenos expropiados. El pago, además, no se efectuaría íntegramente en efectivo: la mitad se cubriría con tierras de riego en el Sistema del Río Yaqui, en Sonora, y el resto en dinero.

A partir de esos años se nos pierde el rastro de Macario. Vivió todavía más de dos décadas, pues murió el 13 de enero de 1967 de síncope cardiaco y ateroesclerosis coronaria, sumada a la diabetes en su casa de Zaragoza 71, colonia Guerrero. Dijeron los testigos que estaba "divorciado, se ignora de quién", lo que habla de su poco apego a sus mujeres. Fue inhumado en el Panteón Español de la Ciudad de México. En la casilla que señalaba ocupación al momento de fallecer, el acta de defunción dice "agricultor", una última declaración de su amor a la tierra.

viernes, 7 de octubre de 2016

"Un cura revoltoso"

El viernes 29 de marzo de 1912, apareció en el Diario del Hogar, periódico dirigido por Juan Sanabria que se publicaba en la capital del país, una breve nota bajo el título "Un cura revoltoso", que informaba:

Varios vecinos del pueblo de Aculco del Estado de México se han dirigido a esta redacción quejándose de los atropellos de que vienen siendo víctimas por parte del cura del mismo, Pbro. Santiago Garza Treviño, con quien a decir de los expresados vecinos se encuentra todo el pueblo disgustado, al grado de que no ha faltado quien pretenda violentarse contra él si la autoridad eclesiástica no previene el removerlo. Los mismos quejosos nos han mostrado una carta que les dirige el odiado cura y que a la letra dice:

"Es conveniente que todos los que están en edad de casarse lo hagan pues el Gobierno Federal dispone un sorteo para obtener soldados entre los ciudadanos de 18 a 45 años de edad y este sorteo será entre los hombres solteros.

"El Sr. Juez Auxiliar y el Sr. Fiscal deben de aconsejar a sus vecinos, para que se casen y vivan como Dios manda en el pueblo del Santo Apóstol Santiago Toshié.

"El asperjes debe de hacerse cada ocho días, los domingos, en el pueblo de Toshié, ya por el Sr. Cura o por el Sr. Vicario de la Parroquia de San Jerónimo Aculco. Y el Sr. Fiscal don Faustino Ciriaco saldrá en el asperjes, con su 'vara', signo de autoridad en el templo".

Por el inserto anterior, se ve que no sólo se conforma el fraile de referencia en molestar a los habitantes de ese humilde pueblo sino se declara enemigo a las ideas del Gobierno cuando su deber como hombre honrado, sería dadas las condiciones por las cuales atraviesa el país y con la facilidad que tiene para hacerlo, llamar al pueblo para que preste su contingente y esté dispuesto a la defensa de honras e intereses del mismo en el caso dado de que se viera amagado por las hordas que perturban el orden de nuestra patria, y animarlos asimismo sin distinción de clases ni estados, a cumplir con un deber de patriotas apoyando y siguiendo las ideas del Gobierno constituido. Nosotros nos permitimos llamar la atención del ilustrísimo Sr. Arzobispo de México D. José Mora y del Río para que tome nota de la conducta del repetido cura.

Esta nota llama la atención por varias razones: la primera, que el padre Garza había llegado a la parroquia apenas el 2 de febrero anterior y además en calidad de cura interino, por lo que cualquier malqueriente podría haber tenido un poco más de paciencia y esperado algunos meses más a que fuera relevado del cargo. La segunda, que el único de los "atropellos" que se especifica es el de haber recomendado a sus feligreses de Toxhié que se casaran para no verse obligados por la leva a prestar servicio en el Ejército (que entonces combatía, en el norte, a Pascual Orozco, y en el sur, a Emiliano Zapata). La tercera, que tras una supuestamente respetuosa petición al arzobispo se esconden expresiones del más rancio anticlericalismo, como "el odiado cura" o el calificativo de "fraile", cuando obviamente no lo era. La cuarta, que los remitentes supieron exactamente a quién enviar su queja, pues el Diario del Hogar era un férreo defensor del gobierno de Francisco I. Madero y la noticia de que un sacerdote saboteaba el reclutamiento (por los únicos medios a su alcance, por cierto) era material muy aprovechable por esa publicación para señalar la deslealtad de quienes no compartían su adhesión al maderismo.

Quizá sea mucho especular acerca de la identidad los aculquenses remitentes de la carta al Diario del Hogar, pero ¿quién era el principal maderista de la época en nuestro pueblo y por ello podría haberle disgustado más la recomendación del padre Garza? Pues don Macario Pérez Jr., cuñado del propio presidente Madero.

Por lo demás resulta curioso -e interesante para nosotros, aunque quizá no para los lectores de entonces- que el gacetillero decidiera incluir en la transcripción de la carta del padre Garza la parte que se refiere al asperjes (un rezo de introducción a la misa que se acompañaba con aspersión de agua bendita) y la participación en ese acto del fiscal del pueblo con su vara de mando, "signo de autoridad".

La nota del Diario del Hogar produjo, por supuesto, gran enojo en Aculco entre quienes no veían mal al padre Garza. Así, un grupo de ellos respondió con una carta dirigida al periódico que apareció publicada también en el diario católico El País, el domingo 7 de abril de 1912, con el título "En defensa de un sacerdote". Esta carta decía:


Señor Director del "Diario del Hogar"

C. de Méjico, D.F.

Aculco, E. de Méjico, 4 de abril de 1912.

Muy respetable señor:

El día 24 del pasado, domingo y por lo tanto día de precepto para todo católico, para oir la santa misa, todo Aculco se hallaba representado en nuestro templo y en las dos misas de 6 a.m. y 11 a.m., que tocó por turno celebrar a nuestro respetable párroco el señor cura don Santiago Garza Treviño, nos habló en su sermón o conferencia religiosa, sobre el respeto que debemos guardar a las leyes de nuestra patria, de nuestro Estado, de nuestra jefatura y de nuestro municipio, con tal claridad que nadie dejó de comprender la importancia de su predicación, y como cada ocho días o cuando él cree oportuno, nos exhorta al cumplimiemto de nuestros deberes como católicos y como miembros de una sociedad culta, nos agrada, y con mayor gusto concurrimos a nuestro templo.

Todos los vecinos de esta municipalidad somos católicos y nos preciamos de respetar a nuestros sacerdotes, a nuestro párroco y a su vicario, por esta razón nos sorprendió a muchos, a los que formamos el centro de Aculco, nos sorprendió ver en el "Diario del Hogar" el día 29 del pasado, un artículo en el cual quiere tergiversarse la sana intención del señor cura Garza Treviño, en lo que nos promueve, contra cuyo artículo protestamos todos los caballeros de esta población, pues en lo que inicia o nos ordena nuestro párroco, reconocemos que lo anima el mejor propósito para nuestra cultura, para nuestra piedad, para nuestro bien.

Semejante artículo nos ha escandalizado porque es indudable que quien los inspiró, o no es de Aculco o ha olvidado sus principios de cristiano, pues Aculco se precia de ser católico, y repetimos, protestamos contra semejante escándalo, haciendo público nuestro respeto al señor cura don Santiago Garza Treviño.

Reconocemos en la permanencia de nuestro párroco en Aculco la voluntad de Dios, hecha palpable con la disposición de nuestro Ilmo. señor Arzobispo de México, el señor doctor don José Mora y del Río.

Tenga usted la bondad de conocernos como sus afectísimos y seguros servidores que con gusto damos a usted las gracias si se sirve ordenar se publique en su respetable diario esta rectificación en favor de nuestro párroco.

Cirino María Arciniega, José María Alcántara, Abraham Ruiz, Jesús Silva.

Con esta carta y la anterior, podemos imaginar lo que probablemente ocurrió: El padre Santiago Garza Treviño habría planteado a sus parroquianos la amenaza potencial del reclutamiento, pero no lo habría hecho con el fin de impulsarlos a inclumplir con un "deber patriótico" de acudir a combatir las "hordas que perturban el orden de nuestra patria", como aseguró el Diario del Hogar, sino más bien con la intención de presionar a aquellos que vivían amancebados "para que se casen y vivan como Dios manda", frase que parecería guardar, con sutileza, esa intención.

¿O no?

Porque ciertamente el padre Garza Treviño -originario de Tamaulipas y hermano de otro sacerdote, de nombre Norberto- no era por lo visto muy dado a permanecer largo tiempo en ninguna de sus parroquias, pues antes de llegar a nuestro pueblo había sido en 1901 cura de Ocuilan, en 1905 segundo vicario del Santuario de los Remedios (donde construyó el arco de entrada al trio y elaboró el reglamento de la asociación religiosa vinculada al recinto) y en 1908 párroco de Naucalpan. Y esa poca estabilidad puede ser un indicio de desavenencias constantes con sus feligreses o con la autoridad civil. De hecho, el sacerdote pasó también fugazmente por Aculco (como correspondía ciertamente, más allá del escándalo, a lo temporal de su nombramiento) pues fue sustituido el 25 de abril por el Pbro. Luis Ignacio Montes de Oca, partiendo enseguida a hacerse cargo de la parroquia de Chalco. Justamente en este sitio, asediado constantemente por los zapatistas, el padre Garza Treviño -por buenas razones o no- nuevamente se manifestó en contra de las acciones del ejército maderista:

Para octubre de ese mismo año [de 1912] el gobierno había retomado el control político y militar de la región. El número de soldados que habían llegado a Chalco fue tan numeroso que hubo problemas para instalarlos y ocasionó molestias a los lugareños. Tal fue el caso del presbítero Santiago Garza Treviño, quien al solicitarle el jefe político permiso para instalar sus tropas en el curato, con altanería y palabras injuriosas se negó ha acceder a tal petición. (Anaya Pérez, Marco Antonio, Rebelión y revolución en Chalco-Amecameca, Estado de México, 1821-1921: Sublevación campesina en la Sierra Nevada, INEHRM, México, 1997, p. 125)

En suma, sí existen indicios de que el padre Garza Treviño fue desafecto al maderismo. Las pruebas, sin embargo, son de alguna manera circunstanciales pues en el primer caso pudo tratarse tan sólo de un esfuerzo pastoral y en el segundo pudo haberse debido al disgusto por imaginar su propia casa ocupada por la soldadesca. Como haya sido, con este texto, junto con el que antes publiqué acerca del padre Antonio Martínez Infante, sólo he querido hacerles notar que los disgustos de la feligresía con sus sacerdotes no son en modo alguna cosa reciente, sino que han existido en todas las épocas y en todos los lugares, e incluso recientemente lo hemos visto así en Aculco. Cuando estos asuntos se ven con algo de perspectiva histórica, encontramos que con frecuencia partidarios y adversarios tienen su parte de razón. Por eso ayuda mucho, antes de tomar un bando, imaginar cómo será contada una historia así en cien años y de qué lado nos queremos ver; quizá lo mejor sea sólo ser espectador.

martes, 12 de julio de 2016

Algo sobre la capilla de Encinillas

Revisando viejos periódicos encontré hace poco algunos datos muy interesantes sobre la capilla de la comunidad de Encinillas, sitio limítrofe entre los municipios de Aculco y Polotitlán que fue un importante punto de remuda del Camino Real de Tierra Adentro. Aunque el lugar en que se levanta aquel edificio no pertenece a nuestro municipio -aclaran siempre los vecinos que el pueblo de Encinillas es de Polotitlán, mientras que el ejido de Encinillas sí se encuentra dentro de los límites de Aculco- su historia está profundamente ligada con la historia aculquense y por eso quiero compartirles esta nota publicada hace casi 109 años:

 

BENDICIÓN DE UN TEMPLO

Nos dicen de Aculco, Estado de México, que las fiestas verificadas en la ranchería de Encinillas (Polotitlán) de aquel estado, con motivo de la dedicación del templo erigido en dicho lugar, en honor del Sagrado Corazón de Jesús, resultaron espléndidas.

La misa solemne fue celebrada por el Pbro. Don Benjamín Manuel Romero. La cátedra sagrada fue ocupada por el Pbro. Francisco Cervantes, párroco de San Juan del Río, quien con fácil y persuasiva palabra exhortó a los fieles a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Una banda de Aculco y una orquesta de San Juan del Río, contribuyeron al esplendor de las fiestas.

La nueva capilla ostenta en el frontispicio un buen reloj de grande utilidad para aquel vecindario.

Los iniciadores de la obra fueron la señora Doña Dolores Rozas viuda de Verdugo, quien cooperó con la mayor parte de los gastos y la señora Doña Jesús S. viuda de Romero, que cedió el terreno para la capilla. Colocó la primera piedra el finado jurisconsulto, Lic. Agustín Verdugo.

La voz de México, 19 de septiembre de 1907.

 

Como sabemos, doña Dolores Rozas era la propietaria de la hacienda de Arroyozarco y el Lic. Agustín Verdugo era su esposo. La construcción de la capilla católica en Encinillas fue sin duda un hecho de especial significación, ya que en ese sitio habían comenzado las prédicas protestantes en la zona en la década de 1870 y en apenas 15 años la mayoría de sus vecinos había abrazado el credo metodista-episcopal. Resulta así plausible creer que se trataba de un esfuerzo específicamente dirigido a recuperar terreno para el catolicismo, lo que se consiguió sin duda pues ya para 1930 los protestantes representaban sólo el 18% de la población de Encinillas. También es notorio el espíritu de cooperación entre la familia Romero, donante del terreno, y los propietarios de Arroyozarco, constructores de la capilla, después de los fuertes enfrentamientos que tuvieron aquellos con el administrador de la finca, Macario Pérez, a fines del siglo XIX.

Si quieres saber más sobre los temas que sirven de contexto a esta nota puedes leer en este mismo blog los textos La llegada del protestantismo a Aculco en el siglo XIX y La gavilla de Encinillas, ¿bandidaje o simple venganza?

domingo, 22 de junio de 2014

La "gavilla de Encinillas", ¿bandidaje o simple venganza?

Hacia 1890, cuando el régimen porfiriano estaba consolidado, la seguridad de los caminos y en campo se había restablecido gracias a la presencia de la Policía Rural -conocidos por todos simplemente como los "Rurales"-, cuerpo al que desde su creación en tiempos del gobierno de Benito Juárez se le había concedido la facultad de ejecutar sumariamente y sin juicio a cualquier salteador capturado en flagrante delito. Pese a ello, justo en aquel año comenzaron a aparecer en los periódicos de la capital del país noticias alarmantes que señalaban la presencia de un grupo de bandoleros, al que se le bautizó como la "gavilla" o la "cuadrilla" de Encinillas por ser esta ranchería, situada en los límites entre los municipios de Aculco y Polotitlán, el centro de sus actividades delictivas.

Así, el 11 de febrero de 1890, en la primera plana de El Diario del Hogar se publicó una nota acerca de cierto "Asesinato frustrado", que tenía que ver con uno de los personajes más influyentes de la región en esa época, don Macario Pérez Sr.:

Asesinato frustrado

-Excitativa a las autoridades del Estado de México-

Hay en Encinillas, población del municipio de Polotitlán, Estado de México, un individuo llamado Manuel Romero, contra cuya conducta protestarán los vecinos por ver amagadas así su tranquilidad como las garantías que merecen ver aseguradas todos los hombres de bien que sólo aspiran a vivir tranquilos en sus labores.

El deseo de disfrutar de esas garantías es el que hace alzar la voz contra la existencia en dicha población del individuo citado, quien tuvo una cuestión judicial con una familia, en la que el fallo no fue favorable a Romero, por no asistirle razón ni justicia.

Esto enojó a Romero, quien buscó la venganza. Poco después resultó incendiada la casa de aquella familia.

El sr. Macario Pérez, avecindado en Aculco, donde posee algunas propiedades, es persona cuya reputación es generalmente reconocida, y bien conocidos sus antecedentes, pues el Estado todo conoce a dicho señor y lo ha juzgado. El día 12 del próximo pasado enero, en la noche, hallándose el sr. Pérez en su residencia de San Rafael, rancho de su propiedad, acercóse a su casa inesperadamente un grupo de ocho individuos.

Inquiridos por el sr. Pérez sobre visita tan inesperada, fue uno de ellos presentado de entre el grupo a Cándido Calleja, dependiente del sr. Pérez, diciendo que lo presentaba acusándolo de haber lastimado un caballo de Romero que se hallaba haciendo daño en terrenos de San Rafael.

Parece que esto no fue más que un pretexto para introducirse en la casa, y cerciorado el sr. Pérez de la verdad de las cosas, procuró que cada quien quedara en su lugar, y dada por terminada la entrevista, los visitantes se retiraron y todo quedaba al parecer en calma.

Esto, no obstante, el sr. Pérez, temiendo alguna celada, quiso dejar las cosas en su lugar, y al efecto se dirigió a casa del sr. Romero, a fin de cerciorarse si en efecto el caballo estaba lastimado.

Se le dijo que el mal lo tenía el caballo en una pata, y al inclinarse el sr. Pérez a reconocer al animal, oyó un disparo tras de sí; se puso en pie y vio a un hombre que le apuntaba a boca de jarro con una pistola, el cual de inmediato hizo fuego disparándole tres tiros, de los cuales uno le tocó la oreja izquierda y los otros dos le atravesaron la ropa rozando el costado izquierdo.

Dominando el sr. Pérez aquella situación de un solo golpe de vista, se arrojó a luchar a brazo partido y cuerpo a cuerpo con el asesino, al que derribó por tierra desarmándolo, mientras el desarmado gritaba "¡Quítenmelo, que me mata!" Y muy bien que pudo el sr. Pérez darle muerte inmediata; pero no fue así; noble siempre y siempre todo un hombre, perdonó la vida al asesino, dejándolo en libertad para que se uniera con sus demás compañeros.

Aquí terminó el incidente. El sr. Pérez como tenía que ser, informó a la autoridad superior de lo acontecido, quedando bajo la acción de la justicia la averiguación y persecución del responsable de ese delito.

Esto coincide con la ausencia de Romero de dicha población. Nos permitimos recomendar muy especialmente a las dignas cuanto honorables autoridades superiores del Estado de México, no omitan fijar su atención en el acontecimiento a que hemos hecho referencia, esperando que con su reconocida rectitud y energía, pongan coto a los desmanes de la canalla que infesta a Encinillas, dando a los hombres honrados y laboriosos, como el Sr. Pérez, las garantías consiguientes, evitándoles que tengan que hacerse justicia por su mano. (1)

Otros periódicos de la ciudad de México hicieron eco de aquella noticia: el 15 de febrero, el periódico católico El Tiempo publicó una nota en la que resumía el suceso, añadiendo que el agresor estaba ya en manos de la justicia:

Intentona.- Refiere el Diario del Hogar que el 12 del pasado, el Sr. Macario Pérez, vecino de Aculco (Estado de México) estuvo a punto de ser asesinado por unos individuos que, valiéndose del pretexto de la reclamación de un caballo herido, se introdujeron a la casa del Sr. Pérez no siendo en realidad sino con el fin de prepararle una celada infame. Parece que en los momentos de estar reconociendo el caballo del Sr. Pérez, uno de los asaltantes le disparó a quemarropa varios tiros de una pistola; pero con tan mala puntería, que sólo una bala vino a herirlo ligeramente en una oreja. La policía, que ha aprehendido al infame agresor, ya aclarará los hechos. (2)

Por su parte, el periódico de la comunidad metodista de México (a la que pertencía don Macario), llamado El Abogado Cristiano Ilustrado, publicó en su sección "Crónica religiosa" un texto que decía:

El Sr. Macario Pérez, buen amigo y hermano nuestro que residió por muchos años en Arroyozarco, estuvo a punto de ser proditoria y alevosamente asesinado por unos facinerosos de San Rafael, rancho de su propiedad, el día 12 del próximo pasado enero. Sentimos el lance y nos alegramos que ninguna de las heridas que recibió el Sr. Pérez reviste gravedad alguna. Que Dios conserve su vida y castigue a los culpables (3).

A pesar de los buenos deseos y de la noticia de la aprehensión del atacante, las agresiones, según publicó la prensa, no se detuvieron allí: el 21 de mayo de 1890 El Diario del Hogar dio cuenta del asesinato del administrador de los ranchos de don Macario Pérez:

Un asesinato alevoso

El 13 del corriente fue asesinado de la manera más vil e inicua el administrador y encargado de la hacienda de Cofradía y rancho de San Rafael, perteneciente a la Municipalidad de Polotitlán, Distrito de Jilotepec, en el Estado de México. Los asesinos pertenecen a una conocida familia de la Ranchería de Encinillas, y no parece sino que se han propuesto ser el azote de aquellos rumbos, pues ni perdonan medio de saciar su sed de sangre y exterminio, al grado de que las familias empiezan a emigrar, buscando en otra población la garantías que pongan a salvo su vida e intereses.

Como consecuencia del último crimen queda una familia en la miseria, y unos huérfanos abandonados, esperando correr también la suerte de su infeliz padre.

Nos permitimos excitar, una vez más, al Gobernador del Estado de México, a fin de que las autoridades del Distrito de Jilotepec, cumpla con sus deberes, aplicando a los delincuentes todo el rigor de la ley.

Se nos ofrecen mayores informes, por lo cual más adelante, volveremos a tratar este asunto; agregando que ya el Sr. Gobernador tiene conocimiento de este escandaloso suceso y que a los quejosos ha ofrecido proceder en la órbita de sus facultades con toda la energía y actividad que los caracterizan.

Tendremos al tanto a nuestros lectores de lo que sobre el particular ocurra. (4)

Sin embargo, hay evidencias de que esta muerte pudo no haberse dado exactamente en esos términos. De hecho, la partida de defunción del supuesto administrador, Jesús Romero Almaraz, parece contradecir varios puntos de la noticia anterior. El compareciente, Federico Romero, labrador de 24 años, originario y vecino de Encinillas, testificó:

... el martes trece del corriente como a las ocho de la mañana en una riña que tuvo lugar en aquella Ranchería fue muerto por mano homicida su hermano Jesús Romero Almaraz, no indígena casado que fue civil, zapatero y de 38 años de edad del mismo origen y vecindad del compareciente, quedando viuda la señora Guadalupe Romero, no indígena y de 24 años de edad, originaria de Nopala y residente en la misma Ranchería de Encinillas... (5)

Así, su muerte no parece haberse debido a un ataque, sino sólo a una riña. No se trataba además del administrador de don Macario, sino de un zapatero. Y, para remate, su esposa y él tenían el mismo apellido Romero de los presuntos atacantes(que hasta aquí el diario no menciona, pero lo haría en los meses siguientes). ¿Podría tratarse más bien de una venganza familiar (recordemos que don Macario estaba también relacionado familiarmente con esa familia: sus hijos Manuel y Sara los había tenido con doña Velina Romero, y a Macario con doña Rosaura Romero), o por lo menos personal en curso que de agresiones de un verdadero grupo de bandoleros? Muy probablemente sí.

El 19 de agosto de 1890, El Diario del Hogar volvió sobre el asunto. Fue entonces cuando se atrevió incluso a bautizar al real o imaginario grupo delictivo como "La gavilla de Encinillas":

La gavilla de Encinillas

En enero y mayo de este año ocurrieron, y de ello hicimos mención, ataques en las personas de los Sres. D. Macario Pérez, hacendado del Estado de México y su administrador D. Jesús Romero respectivamente.

La agresión de este último le produjo la muerte; fue un asesinato proditorio, ambos hechos llevados a término por un grupo de foragidos [sic] vecinos de Encinillas, apellidados Romero, que han venido siendo un amago para las personas y los intereses.

De esos hechos ha dado cuenta la prensa excitando a las autoridades del Estado de México a cortar de raíz el mal. El resultado de tales excitativas fue que el Sr. Gobernador Villada tomara providencias, que por desgracia no han sido eficazmente secundadas por las autoridades de Jilotepec y especialmente por la de Encinillas.

Prueba de ello es que los Romero y sus compañeros no cesan en sus ataques emprendidos contra los intereses y servidores del Sr. Pérez.

Al asesinato del [...] administrador Jesús Romero, hay que agregar un hecho que acaba de pasar y es el siguiente:

Marchando por el camino real junto a la ranchería de Encinillas, el encargado del Tinacal de San Rafael, de nombre Magín Romero, fue insultado por un vecino de Jilotepec Florencio Yera, perteneciente al grupo de los Romero; este individuo insultó y provocó a una riña al encargado del Tinacal; pero éste, apercibiéndose de que al lugar en que se hallaban se aproximaba el grupo de aquellos bandoleros de Encinillas y recordando la suerte del administrador asesinado por los mismos, se retiró.

Dio parte al Juez de Encinillas, pero éste en lugar de conjurar el peligro, se agrupó al insultador Yera y sus colegas los Romero, y se dirigieron a embriagar, haciendo aquel Juez alarde de amistad con éstos.

Semejante conducta de esta autoridad ha envalentonado a esos individuos constituidos en un verdadero peligro para la gente honrada, al grado de que en el distrito de Jilotepec no se vive con tranquilidad.

En ese concepto, debemos llamar la atención del Sr. Gobernador del Estado de México a fin de que, con energía, ordene la persecución de esos individuos y que las autoridades secunden sus acuerdos encaminados a dar garantías a los gobernados.

Por otra parte, debemos llamar la atención del Inspector de Rurales acerca del deficiente servicio que presta el destacamento situado en Arroyozarco, así en el reciente caso que referimos como en los anteriores acaecidos, pues poca o ninguna ayuda han prestado, como no contribuye en general a poner a raya a los malhechores tantas veces citados y cuyo centro es Encinillas.

Muy probablemente al tomarse nota de estos datos, nos informará la Gaceta del Estado de México de las medidas que dicte el Sr. Villada: quedamos pues, esperando esa noticia. (6)

Esta narración me convence aún más de que tal gavilla no existía. No se trataba de ladrones que atacaran indiscriminadamente a la población, sino de un grupo específicamente antagónico a Macario Pérez. Incluso la manera de buscar el enfrentamiento con los empleados de éste no parece el de delincuentes gratuitos. Aun la falta de acción de los rurales de Arroyozarco mueve a preguntarse si en realidad existía una razón para que ellos actuaran y no la autoridad común. Fue el comentario sobre el "deficiente servicio" de los rurales en la nota anterior lo que movió a una respuesta precisamente en ese sentido por parte del Inspector de Fuerzas Rurales, Francisco M. Ramírez:

Sobre la cuadrilla de Encinillas

Carta del Inspector de Fuerzas Rurales

Oficina, agosto 19 de 1890.- Señor Director del Diario del Hogar.- Presente.

Muy señor mío:

[...]

A reserva de lo que el periódico oficial del Estado de México diga, respecto a la existencia de esa gavilla, de que el que suscribe no tiene conocimiento alguno, creo de mi deber manifestar a vd. que, en ningún caso, puede la policía rural obrar en oposición a las autoridades locales, ya del orden político, ya del judicial, y, del caso de que se habla, de la riña a que provocaba un vecino de Jilotepec al encargado del tinacal de San Rafael, tomó conocimiento el juez de Encinillas y no se dice que los quejosos recurrieran al auxilio de la fuerza rural, que, seguramente, lo habría prestado, como lo presta en todos los casos en que se le pide.

Por otra parte, sabedor el que suscribe de que, por cuestiones que no es el caso señalar aquí, el Sr. Macario Pérez, el hacendado de que el articulista habla, o sus dependientes pudieran ser agredidos, he dado al primero, a fines del año próximo pasado o principios del presente, una carta para que el encargado del destacamento de Arroyozarco, una carta en la que prevenía a este jefe que le prestase los auxilios que necesitara, única cosa que él solicitó de mí y que era lo que estaba en mis facultades otorgar; pues las fuerzas de la federación no pueden intervenir en los detalles de la administración interior de los Estados.

Por causas muy locales no es raro que se formen grupos, en las poblaciones pequeñas, para hostilizar a determinadas personas o a determinados intereses y, acaso, a este móvil haya obedecido la formación del grupo, si es que existe, de los Romeró [...]; pero, mientras estos no recurran a las vías de hecho, las fuerzas rurales no pueden proceder contra ellos, como, acaso, podría proceder la autoridad judicial [...].

Desde el momento en el que proveí a dicho Sr. Pérez del documento de que he hablado, a él tocaba, como a interesado, graduar la oportunidad del momento y la gravedad del peligro que podría ocurrir para solicitar el auxilio de la fuerza rural, y si así no lo ha hecho, seguramente que de ello no es responsable ni esta Inspección ni el destacamento de Arroyozarco, que, como todos los de rurales, está listo para hacer el servicio que se le ordena [...]. (7)

Unos cuantos días después El Diario del Hogar regresó por última vez al asunto. Pero entonces el tono de alarma había disminuido notoriamente, había cesado en su cuestionamiento a la autoridad (excepto al juez de Encinillas) y aceptaba que no existía tal "cuadrilla de Romero". Incluso parecía darse por satisfecho con la aprehensión de sólo dos de los antes llamados "forajidos":

La seguridad en Jilotepec

La Gaceta del Estado de México, después de reproducir nuestro escrito referente a una agresión frustrada con el encargado del Tinacal de San Rafael por un compañero de los Romero, familia pendenciar y peligrosa radicada en Encinillas, del Distrito de Jilotepec, nos ha informado que en aquella Ranchería no existe cuadrilla alguna de bandoleros, que hay absoluta seguridad y por parte de las autoridades empeño en conservar el orden.

No nos sorprende esto último, cuando los primeros hemos reconocido el empeño del Sr. Gobernador Villada y principales funcionarios del Estado porque en él se disfrute de garantías; precisamente por eso nos pareció desusada la lenidad del Juez de Encinillas en el último suceso, motivo de estas líneas.

Ahora bien, nadie ha asegurado que existe la cuadrilla de Romero recorriendo cierta zona en armas; lo que aseguramos fue que radicada esa peligrosa familia en Encinillas, constituye un amago para la gente honrada y que por ello urge tenerla a raya. A ese fin excitamos a las autoridades del Estado de México y al Jefe de la Fuerza Rural de Arroyozarco, cuyo Comandante radicado en San Juan del Río a lo que parece ha sentídose molesto porque dijimos que era deficiente la vigilancia de aquella sección.

Afortunadamente el empeño de las autoridades de Jilotepec ha estado ya a la altura de los primeros funcionarios del Estado y así podemos ahora anunciar que dos de los autores del proditorio homicidio perpetrado en la persona del Administrador de una de las haciendas del Sr. D. Macario Pérez y cuyos reos son miembros de la familia Romero, de Encinillas, han sido reducidos a prisión y en breve se les sentenciará. Esto es ya un motivo de tranquilidad, que adjudica un encomio a esas autoridades y una excitativa para que persistan en la tarea de imponer orden a los que pretendan reincidir en sus fechorías. (7)

Hasta aquí, si bien parece haber quedado claro que se trataba simplemente de venganzas locales y no del surgimiento de una auténtica banda armada como en algún momento supusieron los diarios capitalinos (seguramente por influencia del propio Macario Pérez), sólo hemos escuchado las voces que acusaban a los Romero. Pero esta familia tenía su versión de los hechos, misma que publicaron en julio de 1890 en un folleto titulado Proceso de don Macario Pérez ante el tribunal de los hombres honrados (9). En este documento, firmado por José Romero (hermano de Manuel, todavía entonces prófugo), y por el abogado Lic. M. Mejía, se afirma de Pérez que "su vida entera es una larga cadena de asesinatos, plagios estupros, raptos y otros excesos; pero ¿quién se atreve a quejarse de ellos, a denunciarlos a la justicia, a declarar contra el culpable, a ministrar todas las pruebas del delito, cuando vemos la impunidad de que viene gozando desde hace muchos años, unas veces porque las autoridades del Distrito son sus compadres, otras porque le temen y otras por el singular y extraño fenómeno de ver las cosas al revés de como el mundo las ve, tomando por criminales a los ofendidos y por agraviados a los mismos ofensores?". En efecto, la narración de los hechos del 12 de enero de ese año es distinta en términos de culpabilidad a la publicada en los diarios:

Manuel Romero se quejó la tarde de aquel día al Juez auxiliar de la ranchería de Encinillas, de que Cándido Callejas, dependiente de Pérez, le había lastimado un caballo con actos de bárbara crueldad. El Juez hizo comparecer a su presencia a aquel sujeto, y pasada la averiguación puramente verbal relativa al caso, en la que ambas partes convinieron pasarse al siguiente día ante las autoridades de la cabecera, determinó acompañarlo hasta la casa de su amo, la que por pura malicia había dejado sola y abierta, para hacer constar que nada se había extraviado de ella. El respeto y atenciones que ciertos reyezuelos de aldea se hacen tributar de los sencillos labradores movieron al Señor Juez auxiliar a dar a Pérez, que se encontraba ya en su finca, una especie de satisfacción por el llamado de Callejas. Pérez recibió esa satisfacción con su acostumbrada altanería; afeó y censuró la conducta, demasiado prudente y justificada de la autoridad, y dándose por ofendido con los procedimientos empleados con su dependiente, descubrió su mala voluntad hacia mi hermano Manuel, a quien viene persiguiendo de algún tiempo a esta parte, como se verá después, con un odio implacable.

Retirada la autoridad y llegadas las altas horas de la noche [...] Macario Pérez, a caballo y armado, se dirige resueltamente a mi casa en compañía de su cómplice Cándido Callejas; llaman al zaguán que por la sorpresa se les abre irreflexivamente; echa pie a tierra don Macario y penetra al interior del patio sin ser invitado a entrar por ninguna persona de la casa. Como disimulara sus criminales intentos fingiendo y manifestando deseos de ver el caballo lastimado, creyendo yo en la sinceridad de sus intenciones aunque me preocupaba lo inoportuno de tales reconocimientos, vuelvo a las piezas interiores por una linterna, diríjome a mi regreso delante de él hacia la caballeriza creyendo que me seguiría don Macario; pero me sorprende de repente una detonación y luego otra que me deja azorado. Vuelvo la cara hacia atrás y aunque la lámpara apagádose descubro a don Macario y a Manuel rodando por los suelos empeñados en lucha terrible. Corro hacia ellos para apaciguarlos, y entre tanto procuro yo separarlos se acerca Callejas para prestar auxilio a la agresión de su amo; y sin duda habría dado muerte a Manuel si yo no lo hubiera detenido, o él no hubiera temido herir a don Macario que cubría con su cuerpo el de Manuel. Cuando éste siente la presencia de otro enemigo que le arrebató de la mano izquierda su pistola, pues con la otra sujetaba la de Pérez, , hace un esfuerzo supremo, se desprende de Macario, párase violentamente, se arroja sobre Callejas, le arrebata una pistola y echa a correr para salvar su vida ante un peligro inminentísimo. Todavía Pérez le sigue a balazos, pero las sombras de la noche lo protegen [...].

¿Qué pasó entre aquel hombre y mi hermano en el momento de las detonaciones? Sólo Dios y ellos lo deben saber bien, porque nadie presenció el encuentro: ni el mismo Callejas, por impedírselo la oscuridad de la noche. Pero según Manuel, de cuya veracidad no puedo dudar, al oír el tropel de los caballos a horas tan avanzadas en el zaguán de la casa, sospechó que algún peligro amenazaba a la familia y mientras yo salía ver qué sucedía [...] él buscaba una pistola vieja que en la casa tenía. Habiéndola encontrado se dirigió también al patio, pero al ser descubierto por Pérez, que parecía estar esperándolo, éste le disparó un tiro y luego otro. Manuel también disparó sobre él, pero como no dio fuego su pistola tuvo que arrojarse sobre su adversario y emprender con él una lucha muy desventajosa, por cierto, para desarmarlo.

¿Quién sería, pues, el ofensor y quién el ofendido? A 124 años de distancia de aquellos enfrentamientos, resulta muy difícil averiguar quién tenía razón en la disputa. Es claro que don Macario Pérez tenía bastantes enemigos, producto de su carácter y actos personales, así como de sus creencias religiosas protestantes, pero seguramente también a causa de sus decisiones como administrador de la hacienda de Arroyozarco (puesto que en 1890 ya había abandonado), y todo ello le pudo haber acarreado un ataque como el que describió. Pero también resulta evidente que don Macario no era ninguna "hermana de la caridad", que tenía gran influencia sobre las autoridades así como los editores de El Diario del Hogar y bien pudo ser que los sucesos acaecieran tal como los relató Romero. En todo caso, estos hechos nos permiten abrir una pequeña ventana hacia los tiempos del porfiriato en esta zona, que no fueron tan pacíficos como a veces suponemos. Estas enemistades, acumuladas por décadas, aflorarían con violencia años después, en tiempos de la Revolución y la Reforma Agraria.

NOTAS

(1) El Diario del Hogar, 11 de febrero de 1890, p. 1.

(2) El Tiempo, 13 de febrero de 1890, p. 2.

(3) El Abogado Cristiano Ilustrado, 15 de febrero de 1890, p. 29.

(4) El Diario del Hogar, 21 de mayo de 1890, p. 2.

(5) Registro Civil de Polotitlán, Defunciones, 1890, partida 46, 16 de mayo de 1890.

(6) El Diario del Hogar, 19 de agosto de 1890, p. 1.

(7) El Diario del Hogar, 22 de agosto de 1890, p. 2.

(8) El Diario del Hogar, 5 de septiembre de 1890, p.1.

(9) Romero, José y M. Mejía, Proceso de don Macario Pérez ante el tribunal de los hombres honrados, s.p.i, [1890].

domingo, 23 de marzo de 2014

La llegada del protestantismo a Aculco en el siglo XIX

Desde la Conquista, uno de los mayores empeños de la Corona española fue mantener a sus dominios de América libres de la influencia del protestantismo que se había extendido por Europa bajo diversos credos: anglicanismo, luteranismo, calvinismo, anabaptismo, etcétera. Con ello, no sólo cumplían lo que veían como un designio providencial al dar al catolicismo más fieles de los perdidos por la herejía en el Viejo Continente, sino también apartar a sus reinos de las guerras de religión que ensangrentaron y dividieron a Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII.

Sin embargo, algunos cristianos no católicos llegaron a Nueva España durante los tres siglos del Virreinato. La mayor parte de ellos fueron piratas y corsarios de nacionalidad inglesa, francesa y holandesa tomados prisioneros en acciones de guerra o después de naufragar. También parece que unos cuantos llegaron ocultando sus verdaderas creencias y pudieron vivir pacíficamente hasta que una denuncia o algunas expresiones soltadas sin precaución los entregaban en manos de la Inquisición (por ello quedó constancia de su presencia). Hubo también algunos que llegaron con autorización de las propias autoridades españolas, como el extraño caso de unos constructores de barcos procedentes de Nueva York a los que se pretendía emplear en el puerto de San Blas, Nayarit, a fines del siglo XVIII.

Con todo, la Corona española logró su propósito y al iniciar la etapa del México Independiente en 1821 sólo una minoría -aunque influyente- cuestionaba seriamente el papel de la Iglesia Católica en el país y comenzaba a pugnar por la libertad de culto. Conforme avanzó el siglo XIX estas voces se fueron haciendo más fuertes; a veces abogaban por sí mismos aunque pocos lo declaraban con franqueza, pues el libre examen de las Sagradas Escrituras -elemento básico en casi todas las vertientes del protestantismo- y la eliminación del control de la Iglesia en todos los ámbitos de la vida social, concordaba con el liberalismo político-económico que profesaban. En otros casos, aunque practicaban el catolicismo con verdadera convicción, los defensores la libertad de culto veían en ella un factor de desarrollo económico pues pensaban que al decretarse atraería, como lo estaba haciendo Estados Unidos, a inmigrantes de toda Europa que contribuirían a la prosperidad de México.

Sin duda, la independencia de Texas acalló por un tiempo esas voces, pues resultaba evidente que la entrada de inmigrantes no católicos había propiciado, junto con otros muchos factores por supuesto, la pérdida territorial.

Los conservadores, por su parte, se mostraban siempre adversos a la libertad de culto. Pensaban que, siendo la población mexicana íntegramente católica (por lo menos de nombre), no había necesidad de permitir en las leyes otro tipo de cultos religiosos, ya que además en la práctica a nadie que tuviera otra religión se le perseguía; además, si se quería atraer inmigrantes, se debería buscar que procedieran de países católicos para así facilitar su integración. Pero había también motivos de orden práctico que expresó muy bien don Lucas Alamán: "es lo primero conservar la religión católica, porque creemos en ella y porque aun cuando no la tuviéramos por divina, la consideramos como el único lazo común que liga a todos los mexicanos, cuando todos los demás han sido rotos" (1). En un México profundamente dividido y desigual, anárquico, en el que todavía eran minoría quienes hablaban español, con estados que expresaban intenciones separatistas, extenso e incomunicado, la posición de Alamán no podía considerarse disparatada.

Finalmente, la Constitución liberal de 1857 permitió la libertad de culto de manera tácita, simplemente al eliminar de su texto cualquier referencia al tema, pues las constituciones anteriores tuvieron siempre un artículo que señalaba que la única religión de México sería la católica. La liberta de culto explícita la promulgaría el presidente Juárez tres años después, durante la Guerra de Tres Años, como parte de las Leyes de Reforma. A partir de aquel momento, pero en especial después del triunfo de la República frente al Imperio de Maximiliano en 1867, la llegada de misioneros protestantes y las conversiones que lograron, la apostasía de algunos clérigos católicos y el arribo de numerosos empresarios y comerciantes extranjeros permitieron arraigar a diversas denominaciones cristianas evangélicas en nuestro territorio. En su afán por atacar a la Iglesia Católica, además, los liberales jacobinos en el poder dieron toda clase de facilidades a la predicación protestante, que naturalmente llegó en primera instancia desde Estados Unidos. Más tarde algunos de estos liberales como Ignacio Ramírez "el Nigromante" (quien, por cierto, era ateo) se arrepintieron de ello y alentaron la creación de una iglesia protestante nacional como fue la Iglesia de Jesús, fundada por el padre Manuel Aguas y otros clérigos católicos que habían renunciado a su fe.

El protestantismo llegó a tierras aculquenses en la primera mitad de la década de 1870. El sitio de entrada de estas nuevas creencias a Aculco fue precisamente el punto desde el que le llegaba tradicionalmente toda novedad: la hacienda de Arroyozarco y otros puntos situados sobre el Camino Real de Tierra Adentro. Todo comenzó en 1874, cuando un ministro protestante que predicaba en Nopala extendió sus trabajos a Tenazat y Encinillas, en la jurisdicción parroquial de Aculco (hoy en día pertenecientes a Polotitlán). Probablemente la predicación de este religioso tuvo entonces éxito con algunas decenas de conversiones, pero una sola valdría por muchas: la del administrador de la hacienda de Arroyozarco, don Macario Pérez Sr., el mismo que sería años después suegro de don Francisco I. Madero (2).

La situación alarmó naturalmente al clero católico, pues veía en riesgo a "multitud de gente que habitaba en la hacienda, 'ya como operarios del campo, arrendatarios o peones; ya como venteros, artesanos o empleados de diversas clases; como se puede inferir de la grande extensión e importancia de la finca'". Sin embargo, don Macario era sólo el administrador, y don Manuel Rozas Irazábal, el propietario de Arroyozarco, seguía siendo católico. Por ello se mantuvieron sin cambios los servicios prestados por el párroco de Aculco en la capilla de la hacienda (3).

Pasaron algunos años. Don Manuel Rozas falleció en 1877 y la hacienda de Arroyozarco quedó en manos de su sobrina, María Dolores Rozas. Ella nombró a Macario, quien era al parecer su medio hermano, para que continuara como administrador de la finca. Mas la juventud de la dueña legítima -tenía apenas 17 años- le permitió al administrador usar y abusar del cargo como le vino en gana (4). Fue entonces que tomó todas las medidas posibles para expandir el culto protestante en sus dominios y disminuir el católico. Así, hizo un llamado a los misioneros de la Iglesia Metodista-Episcopal (que habían llegado al país en 1873 y adquirido el antiguo claustro mayor del convento de San Francisco, en la ciudad de México, para fundar su templo de la Santísima Trinidad) para que acudieran a establecerse al lugar. El reverendo John William Butler, irlandés y fundador de las misiones metodistas de México y de la India, escribió:

One of the most important works in our mission to-day is Arroyozarco. Long before any Christian missionary found out this beautiful spot up in the mountains, Christian tracts and a copy of the Bible had providentially found their way thither. Last spring, as a result of the work of these silent messengers, there came to us a true Macedonian cry. We hastened "over to help", and found on our first visit nearly sixty souls waiting to be taught more perfectly the new way (5).

(Una de las obras más importantes de nuestra misión hoy en día es Arroyozarco. Mucho antes de que cualquier misionero cristiano descubriera este hermoso lugar en las montañas, folletos cristianos y una copia de la Biblia habían encontrado providencialmente su camino hacia allá. La primavera pasada, como resultado de la labor de estos mensajeros silenciosos, vino a nosotros un verdadero grito de Macedonia. Nos apresuramos "a ayudar", y encontramos en nuestra primera visita casi sesenta almas esperando a aprender con mayor perfección el nuevo camino.)

Con aquello del "grito de Macedonia", que se refiere a la visión que tuvo San Pablo en Troas (Hechos de los Apóstoles 16:09), cuando en sueños se le apareció un hombre le rogaba ir a Macedonia a ayudarlos, Butler naturalmente hablaba del llamado de don Macario Pérez. Al llegar a la hacienda, los metodistas miraron con horror iconoclasta las bellísimas imágenes de santos que llenaban la capilla de la hacienda y las más humildes de los altares domésticos de las viviendas de los trabajadores. En un artículo titulado "Mexico-Light in the darkness" ("México-luz en la oscuridad"), publicado originalmente en el Zion's Herald, el propio Butler escribió:

About ninety miles north of the city of Mexico, "beautiful for situation", lies the immese state of Arroyozarco on which over a thousand persons are employed. Until recently these people lived in "the land of darkness and the shadow of death". The Word of God was to them an unknown book; the gospel's shining rays had not penetrated into those sombre regions. Near every cluster of mud huts there was a little chapel with its altar; but such an altar! These altars, instead being places where shone forth the "brightness of his glory", where literally covered with idols, pictures of saints, and such a variety of human inventions as, like the locusts of Egypt, "covered the face of the whole earth, so that the land was darkness".

During our firsts visits to this place we learned of a beautiful incident which suggested the title of this article. One day a poor labourer fell ill, and soon came down to death's door. Realizing his critical condition he asked a fellow-labourer to go and bring the priest, so that he might confess, receive the last sacrament, and be ready to die. This fellow-labourer said to him, "A neighbour of mine has a book in his house which I want to bring you first". So oft he ran to bring the book. He himself knew very little about it, but as he returned and sat by the dyin man's side, he opened the book, as he supposed accidentally, in the Acts of the Apostles, and instantly his eye fell upon the following verse, which he read aloud: "What must I do to be saved?" He read on: "Believe on the Lord Jesus Christ, and thou shalt be saved". He proceeded to turn the leaves of that wonderful book, and read to his dying friend such verses as he thought appropriate to his circumstances. Soon the pallid countenance began to gleam, and the tears fell profusely. Then he asked his dying friend, "Shall I go now for the priest?" "Oh, no", was the reply, "I am satisfied"; and in a few moments he died happy in Jesus. "A brand plucked from the burning", without priest or sacrament -another testimony of the inestimable value of the word. On this word is founded our little congregation of Arroyozarco (6).

(A unos noventa kilómetros al norte de la ciudad de México, "hermosa por su ubicación", se encuentra la inmensa finca de Arroyozarco, en la que se emplean más de mil personas. Hasta hace poco, estas personas vivían en "la tierra de tinieblas y en sombra de muerte". La Palabra de Dios era para ellos un libro desconocido, los brillantes rayos del Evangelio no habían penetrado en aquellas regiones sombrías. Cerca de cada grupo de chozas de barro había una pequeña capilla con su altar, ¡pero qué altar! Estos altares, en lugar de ser lugares en los que brillara el "resplandor de su gloria", estaban literalmente cubiertos de ídolos, imágenes de santos, y una variedad de invenciones humanas que, al igual que las langostas de Egipto, "cubrieron la faz de toda la tierra y la tierra se oscureció".

Durante nuestras primeras visitas a este lugar nos enteramos de un hermoso incidente que sugiere el título de este artículo. Cierto día, un pobre trabajador cayó enfermo y pronto estuvo a las puertas de la muerte. Al darse cuenta de lo crítico de su estado, le pidió a un compañero traer al sacerdote, para que pudiera confesarse, recibir los últimos sacramentos y disponerse a morir. El compañero le dijo: "un vecino mío tiene un libro en su casa que quiero traer antes". Así que corrió a traer el libro. Él mismo sabía muy poco de aquél, pero cuando regresó y se sentó al lado del hombre que moría abrió el libro, suponiendo que por accidente, en los Hechos de los Apóstoles, y al instante sus ojos se posaron en el siguiente versículo, que leyó en voz alta: "¿Qué debo hacer para ser salvo?" Siguió leyendo: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo". Él procedió a pasar las hojas de ese maravilloso libro, y leyó a su amigo moribundo versículos que creyó adecuados a sus circunstancias. Pronto su semblante pálido comenzó a brillar y las lágrimas cayeron profusamente. Entonces le preguntó a su amigo moribundo, " ¿Voy ahora por el sacerdote? " "Oh, no", fue la respuesta, "estoy satisfecho", y al poco murió feliz en Jesús. "Un tizón arrebatado del incendio", sin sacerdote o sacramento -otro testimonio del inestimable valor de la palabra. En esta palabra se funda nuestra pequeña congregación de Arroyozarco.)

La congregación metodista de Arroyozarco era atendida por el predicador Paulino Martínez, antiguo seminarista que llegó a recibir el subdiaconado en la diócesis de Guadalajara y había apostatado del catolicismo. Según escribió el párroco de Aculco, José Ma. Flores, en 1885, Martínez había seducido y casado civilmente con una "desgraciada de Arroyozarco" (7). Macario Pérez le dio todas las facilidades para instalarse, le proporcionó un local y los muebles necesarios para sus reuniones (8). El propio superintendente de las misiones metodistas en México, el reverendo Charles W. Dress, llegó a predicar dos veces en Arroyozarco a principios de marzo de 1884, y asistió a la apertura de la escuela metodista local "bajo auspicios muy favorables" (9). A esta escuela acudía, ese mismo año, un total de 25 alumnos: 12 niños y 13 niñas (10). En su número de abril de 1884, el periódico El Abogado Cristiano Ilustrado, editado por la Iglesia Metodista Episcopal, reportaba:

ESCUELA HIDALGO

Con este nombre tan respetado y querido de todo mexicano ha abierto nuestra Iglesia una nueva escuela en Arroyozarco, de la cual es director el Sr. Paulino Martínez. Esperamos con fundamento ópimos frutos de este plantel, que será mirado con la misma solicitud y empeño que lo ha sido la congregación que tenemos allí mismo establecida, por nuestro apreciado amigo el Sr. Macario Pérez, quien se muestra tan entusiasta por cuanto dice relación, directa o indirecta, por la instrucción y moralidad de las clases trabajadoras, cuyo progreso y bienestar tanto le preocupa e interesa (10b).

En su combate al catolicismo, don Macario Pérez comenzó por anunciar al vicario de Aculco que la hacienda no pagaría ya los diez pesos que daba para las misas, "porque la casa estaba pobre", lo que motivó que los empleados católicos reclamaran al administrador su decisión. Le reprochaban, por ejemplo, que no tuviera recursos para pagar al sacerdote, "pero sí tiene para pagar al ministro protestante que viene cada ocho días desde esa capital, se le costea el viaje en el ferrocarril, se le trae en carruaje desde la estación de Dañú y se le lleva para que regrese a la capital. Se costean ministros protestantes para las escuelas, y se obliga a los padres de familia a enviar a sus hijos a ellas, so pena de privacía de quehacer..." (11).

Por aquellos días Arroyozarco estaba pasando por una terrible sequía que afectó de manera señalada a la comunidad protestante. A fines de año, el periódico El Abogado Cristiano Ilustrado informaba que la falta de agua había producido "grandes trastornos en la fábrica y hacienda de Arroyozarco, y asimismo ha perjudicado a la congregación y escuela allí establecidas. Muchos de los trabajadores han tenido que salir a otras partes y el resultado ha sido la disminución de la congregación y de la escuela" (12). En efecto, dos tercios de los operarios de la fábrica de casimires El Progreso de Arroyozarco, movida todavía entonces por energía hidráulica, eran miembros de esa iglesia y, aunque el reporte parece exagerado, se decía que "cientos de familias" se habían visto obligadas a emigrar en busca de trabajo (13).

Quizá esa disminución en en el empuje del protestantismo en Arroyozarco fue lo que hizo que el arzobispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, al tomar cartas en el asunto de la supresión de las misas católicas en la hacienda, lo hiciera de manera conciliadora con Macario Pérez. Así, con la anuencia del administrador y el interés en ello de doña Dolores Rozas, propietaria de finca, el arzobispo destinó a Arroyozarco el 27 de marzo de 1885 al padre Rosendo Pérez para restablecer el culto católico, con la recomendación de que obrara "en armonía y buena inteligencia" con don Macario. El resto de las instrucciones que recibió el padre Pérez estaba dirigido a evitar el enfrentamiento de la población católica y del propio sacerdote con los protestantes: eludir todo encuentro con los ministros metodistas, nada decir a los que siguieran sus prácticas (excepto cuando espontáneamente lo consultaran), informarse al bautizar un niño o un adulto si no lo había sido ya bajo el rito evangélico y qué ceremonias se habrían usado, absolver a los protestantes que acudieran a la confesión incluso del pecado de herejía mixta, predicar en la capilla y sacar procesiones con la anuencia del administrador, así como casar en caso de muerte de no existir impedimento canónico (14).

De esta manera, el padre Rosendo Pérez, casi sin tiempo para prepararlas, pudo realizar las funciones de Semana Santa de aquel año sin oposición, como comunicó oportunamente don Macario al arzobispo el 5 de abril, Domingo de Resurrección. Satisfecho de la buena relación que parecía existir entre el sacerdote católico y el administrador protestante, el arzobispo decidió nombrarlo vicario y crear una jurisdicción separada que incluía no sólo parte del territorio parroquial de Aculco, sino también las tierras de la hacienda que caían dentro de los límites de las parroquias de Acambay y Jilotepec. Aún más: el prelado decidió que también le correspondería atender a los pocos católicos de la ranchería de Encinillas (donde la población protestante era mayoritaria) y la vicaría de San Francisco Soyaniquilpan, que estaban fuera de la propiedad (15).

Uno de tantos conflictos que tuvo que atender el padre Rosendo Pérez en Arroyozarco fue el que se refería al entierro de los protestantes que fallecían. En el período anterior a su llegada, habían sido sepultados en el mismo cementerio de la hacienda utilizado por la población católica. El padre Pérez sugirió y obtuvo la autorización de poner una valla que dividiera en dos el camposanto, a mediados de 1885 (16).

Pero si don Macario Pérez se había mostrado aquiescente, de buen o mal grado, a todas las sugerencias del padre Rosendo (pese a que el párroco de Aculco opinaba que el administrador era un hombre sin moralidad que sacrificaba todo en aras de sus pasiones), el predicador Paulino Martínez, "el más tenaz en el protestantismo, el maestro de escuela puesto por el administrador, que ejecuta fielmente las órdenes de Lutero en aquel lugar" no pudo soportar aquella situación de convivencia entre católicos y protestantes, así como de indiferencia hacia su persona, y pasó a la ofensiva.

Martínez estaba decidido a conseguir la salida del padre Pérez, pues como escribió al encargado de difundir el protestantismo en Jilotepec, "el fraile que está aquí perjudica mucho nuestra causa con el púlpito y el confesionario". Así, primero convenció al administrador de expulsar a las familias de los empleados que enviaban a sus hijos a la escuela católica que él mismo le había permitido establecer al padre Pérez, y los recontrató sólo bajo la condición expresa de enviar a sus hijos a la escuela municipal. Después, en el mes de julio, consiguió la destitución del director de dicha escuela municipal, un antiguo aspirante al ministerio metodista que había regresado al redil católico por influencia del padre Pérez, para ser nombrado él mismo como nuevo director por el Jefe Político de Jilotepec pues, según el Annual report of the Missionary Society of the Methodist de 1885, aquél había "sobrepasado sus límites, y enseñado la superioridad de la Iglesia de Roma y su autoridad sobre el Estado". Aquel cambio de director, visto como "providencial" desde el punto de vista de los protestantes, tuvo un curioso suceso cuando los inspectores de educación -por lo visto menos liberales que el Jefe Político- se presentaron días después a hacer su visita anual a esa escuela. Así lo narra la misma publicación evangélica:

Decidieron llamar a nuestro hombre [el predicador metodista] "al orden" por la enseñanza de la Constitución de su país en lugar del "Catecismo de Ripalda". Al principio, de hecho, se negaron a examinar a la clase, e incluso amenazaron con suspenderlo de su puesto. Afortunadamente, nuestro maestro estaba lo suficientemente familiarizado con el libro como para saber cómo responder a los examinadores fanáticos. Así que repuso calmadamente que si se negaban a continuar con los exámenes, lo notificaría al comandante militar de la plaza. Con lo cual el examen siguió, y el pequeño volumen que tanto detestaban sirvió como libro de texto para, al menos, una clase. Así se ganó otra victoria sobre el fanatismo ignorante, y se dio un paso hacia el día en que la importancia de "la libertad de culto y de expresión", garantizada por la Constitución, sea un hecho para los millones de esta tierra largamente controlada por los sacerdotes.

Poco tiempo después Martínez continuó su ofensiva: cuando el padre Rosendo Pérez sacó una procesión fuera de los límites del templo con el permiso de don Macario Pérez, el reverendo Martínez lo denunció a las autoridades por violar las Leyes de Reforma, por lo que el sacerdote católico fue aprehendido y llevado por siete soldados a Jilotepec (17).

No contento con todo ello, el reverendo se quejó en una carta abierta dirigida al padre Rosendo, que publicó íntegra el diario El Monitor Republicano el 15 de julio de 1885, de los adjetivos que supuestamente había vertido contra su persona desde el púlpito, llegando en su protesta al extremo de llamar sociedad vampírica al catolicismo (18). Aunque larga en extensión, las quejas podían resumirse en tres: haberle llamado nocivo para sociedad, hablar en contra de las autoridades civiles y pedir a su feligresía no tener trato con el ministro protestante ni llevar a sus hijos a la escuela que él dirigía:

Carta abierta

Arroyozarco, julio 4 de 1885.

Sr. Presbítero Rosendo Pérez.-Presente.

Muy señor mío:

Habiéndome comunicado personas fidedignas y de entero crédito, que el mipércoles 1o. del actual -olvidando los bienhechores preceptos del Decálogo y las máximas sublimes, caritativas y consoladoras, del Cristianismo puro- convirtió vd. la tribuna dizque cristiana en trono bélico de Júpiter, tronando rayos y centellas contra nuestras autoridades legítimamente constituidas; fulminando excomuniones contra todos aquellos que siguen el bando de Juárez; contra los protestantes, contra todos los padres de familia, tutores o encargados de menores, que mandaran a sus hijos a la escuela municipal; y muy particularmente contra mi individuo; diciendo al auditorio que no debían saludarme, ni aún rozarse con mi ropa, porque yo era un hombre nocivo ante la sociedad, hereje, etc; y en su consecuencia, se condenaban los que, siquiera, me dirigieran una mirada...

Por lo expuesto, me veo en la necesidad de contestar vuestros católico-papistas ultrajes.

Advirtiendo al público sensato que si dichos ultrajes, no tuvieran otro fin que execrar mi persona, los vería como merecen ser vistos!...

Mas como vuestro fin, es amedrentar a los padres de familia, para que no manden a sus hijos a la escuela municipal (de la que soy director) estoy aun más obligado a contestaros; pues mi silencio, en tal caso, sería un delito que jamás podría perdonarme, el Partido neto-liberal, al cual tengo la dicha, el honor y la gloria de pertenecer.

Así pues, Sr. Pérez, entremos en materia.

Tened la bondad de decirme; por qué soy nocivo para la sociedad? Qué crímenes he cometido? Qué pena infamante me han aplicado las leyes o los representantes de la sociedad?

¡Vamos señor presbítero! Convenid en que vuestro discurso del 1o. del actual nada tuvo de cristiano. Lo habéis elaborado en medio de las convulsiones de la agonía papista...

Era muy natural.

Os habían noticiado que en la mañana de ese día, previa la protesta de ley (*) había arrancado de manos de vuestro ciego adepto y estimado favorito (antes herjísimo y aspirante a ministro protestante) la dirección de esta escuela municipal.

Y como nada tenía que alegar vuestro acomodaticio favorito; pues se le despedía por inepto y desobediente a las Leyes de Reforma (como puede justificarlo la H. Junta de Instrucción Pública del Distrito) era muy natural que tratara de pintarlo, en el púlpito, como una víctima más del bando de Juárez; y dijérais de mí todo lo que vino en aquella hora, a vuestra loca y calenturienta imaginación.

Empero, debíais haber explicado mejor -de un modo más claro- por qué (en vuestro concepto) soy nocivo a la sociedad.

Es decir, poco más o menos, en estos términos: "Ese hereje que acaba de recibir la escuela municipal es un hombre nocivo a la sociedad romanista; porque no subyuga su conciencia humana, bajo el yugo férreo del Papismo; porque no degrada sus facultades intelectuales, ante esa densa bruma que ofusca completamente los destellos sublimes de la inteligencia con que el Creador dotara al hombre, al crearle a su imagen y semejanza... es nocivo a la sociedad de las siete colinas porque no nos ayuda a embrutecer al pueblo y sumergirle en la ignorancia para explotarle con más facilidad. ; es nocivo a la gran familia del Papa porque les enseña a vuestros tiernos hijos -esa riquísima presa, ese sabroso y suculento manjar de nuestro porvenir, en el cual tenemos la única esperanza de nuestro porvenir- los derechos del hombre consignados en ese Código, siete veces herético, del 57, y les enseña además sus obligaciones civiles!.."

Sí; es nocivo a la sociedad de la Ciudad Eterna porque transige con el progreso y propaga activamente el credo malhadado de la Democracia moderna: Libertad, Igualdad, Fraternidad! Y sobre todo; es siete mil veces nocivo a nuestra sociedad vampírica porque tuvo la audacia de acusarme ante la autoridad política del distrito, por infractor y desobediente a las Leyes de Reforma. Por todo esto; mis... queridos oyentes, no mandéis vuestros hijos a la escuela. Ni le saludéis a ese condenado! Ni consintáis en el roce de su traje!...

Aún más, cuando pase cerca de vosotros ni le miréis!...

Al explicar por qué soy nocivo a vuestra digna familia (os hablo comos sectario del Romanismo) habríais obrado con justicia y verdad.

En cuanto a la herejía, les hubiérais explicado por qué soy hereje y en qué consiste mi herejía.

Os suplico muy afectuosamente, que en la próxima tempestad que lanzéis desde la tribuna de Júpiter, les expliquéis esto:

Soy hereje, porque he leído las Sagradas Escrituras y en ellas he encontrado la verdad pura y sublime en todo su esplendor! Allí he reconocido el Cristianismo en su primitiva forma y esencia... Le he visto libre de todas las cadenas que le forjó el Papismo! ¡Ah! La doctrina del Salvador y Regenteador de la Familia Humana, ha hecho palpitar mi corazón de un modo inexplicable!...

[...]

En fin, señor Presbítero, tendría que llenar muchos volúmenes, para deciros todas las negras iniquidades de vuestra sociedad papista. Por lo mismo, sinteticemos las causas de mi herejía así:

Soy hereje porque no regalo mi trabajo a vuestra digna sociedad, para que lo emplee después en... obras de caridad. Estoy anatematizado, porque maldigo la memoria de Pedro Arbués, Domingo de Guzmán, Ignacio de Loyola y todos los demás asesinos; así como bendigo la de los caritativos Vicente de Paul, Francisco de Asís, Juan de Dios y demás bienhechores de la humanidad como Hidalgo, Juárez, Washington, Bolívar, Ocampo, Comonfort, degollado, Iturbide (Sabás) y otros muchos!...

Soy herejísimo, en fin, porque no me burlo de la madre del Salvador, deificándola como a los dioses de la gentilidad pagana, sino dándole su verdadero lugar de Santa y altamente favorecida del Altísimo; pero nunca Madre de Dios!!

Termino suplicándoos que obréis de un modo más cristiano y caritativo! Siquiera por conveniencia vuestra no le echéis más lodo a vuestra religión! Poned las cosas en su verdadero lugar!

Decidles a los padres de familia que manden a sus hijos a la escuela; pues nada deben temer de la enseñanza puramente civil que aquí se les enseña.

Decidles que según la ley orgánica del 15 de mayo de 1875, la enseñanza es obligatoria a todos los niños mayores de cinco años y menores de doce y que el apóstol Pedro a quienes vosotros tituláis primer Papa de Roma, dice: debemos ser sujetos y obedientes a toda ordenación humana por causa del Señor.

Vuestroa afectísimo servidor.

P. Martínez.

(*) Aunque no se me exigió dicha protesta, ni por el Auxiliar presente, ni por el preceptor saliente.

En carta del 25 de julio de 1885, el padre Rosendo Pérez afirmó al arzobispo que aquel texto era calumnioso en todas sus partes, "pues nada he dicho en el púlpito que pueda ofender a persona alguna". Negó también haber predicado contra Martínez ni contra las autoridades, tampoco haber pedido a los padres de familia que no enviaran a sus hijos a la escuela municipal (cosa que le constaba a don Macario Pérez). En sucesivas misivas enviadas en esos mismos días, le comunicó que se encontraba en una situación crítica, "perseguido, calumniado y sin ningún apoyo para el santo Ministerio" y que "ya no puedo predicar, porque como los protestantes comprenden la gran fuerza que tiene la palabra de Dios, la atacan y me calumnian que digo cosas ofensivas a sus personas; sin embargo, no debo callar". Asimismo, afirmaba que no había hablado en contra de ninguno de los ministros protestantes que celebraban su culto en Arroyozarco, ni contra Martínez, ni contra el reverendo Butler, ni contra el padre Agustín Palacios (sacerdote católico apóstata que entre 1871 y 1879 había dirigido su propia iglesia y se había unido después al metodismo) (19).

El sacerdote, sin embargo, se topó con la falta de determinación del arzobispo para actuar o quizá un exceso de prudencia. Puede ser que estuviera esperando a hablar personalmente con Macario Pérez o simple espíritu de tolerancia, pero la situación desgastó innecesariamente al padre Rosendo Pérez y a su feligresía. Finalmente, el 30 de noviembre de 1885, el sacerdote salió de Arroyozarco para ejercer su ministerio como vicario de San Andrés Timilpan y los pueblos, ranchos y rancherías que habían conformado la vicaría de Arroyozarco regresaron a sus respectivas parroquias. (20)

Pese a que la suspensión del trabajo en la fábrica de Arroyozarco se había mantenido aquel año, y ello afectaba especialmente a su congregación (que contaba entonces, 1885, con 50 adherentes y una asistencia promedio de 15 feligreses a los servicios dominicales), los metodistas se mostraban optimistas por el apoyo que recibían y la manera en la que se había ido esparciendo su credo desde ahí hacia Jilotepec y otros pueblos de la zona. Hablan incluso de que quizá, en unos años, en lugar de hablar de la "congregación de Arroyozarco" lo harían del "circuito de Arroyozarco" (20b). Pero entonces la situación dio un giro inesperado. Doña Dolores Rozas, dueña de la hacienda, contrajo matrimonio con el reconocido abogado Lic. Agustín Verdugo. A través de don Agustín, Dolores le solicitó a Macario Pérez la entrega de la hacienda, recuperando así el control de la propiedad que su condición de mujer, su juventud y orfandad le habían impedido detentar cabalmente. Macario exigió una compensación exorbitante de 80,000 pesos sólo por concepto de administración de la hacienda, más otros gastos. Parece ser que el matrimonio Verdugo-Rozas, con tal de librarse de él, aceptó pagarle $63,890.00 pesos por el tiempo de su administración, más $28,800.00 por otros adeudos, con los bienes inventariados al 30 de noviembre de 1885. Así, Macario dejó de ser administrador de la hacienda de Arroyozarco y su influencia se redujo enormemente (21).

Ya con Macario fuera de la administración de Arroyozarco, y estableciendo un acuerdo con don Agustín Verdugo, el arzobispo retornó en septiembre del año siguiente a la idea de crear una vicaría fija en la hacienda que no dependiera de ninguna parroquia, sino directamente de la Mitra. Nombró para ocuparla al padre Teófilo Rojas, a quien la nueva administración de la hacienda le daría mensualmente 150 pesos, se le proporcionaría habitación en la hacienda "modesta y decente", se le darían los alimentos y, en contraparte, el sacerdote estaría obligado a administrar los sacramentos sin exigir derechos y estipendios. Sólo los cobraría a los feligreses comprendidos en la delimitación de la vicaría que no pertenecían a la hacienda de Arroyozarco. El 21 de enero de 1887 esta jurisdicción quedó delimitada por el arzobispo, incluyendo naturalmente todo el territorio de la hacienda, más las rancherías de Encinillas, Dos Caminos, Mesón Viejo llamado Rosal Chico, Encinos, Santa Gertrudis, Estancia de San Francisco, San Antonio, Trujillo, Huapango, El Capulín y La Lechera (22).

La congregación protestante de Arroyozarco, falta del apoyo de don Macario Pérez, comenzó a decaer. Eso no era obstáculo para que se mostraran agresivos, especialmente contra los peregrinos de Querétaro que cada año pasaban por la hacienda en dirección a la Basílica (entonces todavía Colegiata) de Guadalupe en la Ciudad de México. Así lo narró el diario El siglo XIX en septiembre de 1886:

Los peregrinos que vinieron a pie fueron 500; como en Arroyozarco hay mexicanos que profesan las creencias de los yankees protestantes, sufrieron los consabidos insultos con la resignación evangélica. (22b)

Para 1887, mientras las congregaciones de Arroyozarco y Jilotepec se hallaban ya sin guía de algún pastor, el reverendo Paulino Martínez residía en San Juan del Río, Querétaro (23). Esta decadencia (que incluía lo económico) fue descrita así por los propios metodistas:

Arroyozarco was last year the seat of a hopeful work being the centre of a large hacienda. The work had been begun at the invitation of the adiministrador of the estate, but as it has changed hands and that gentleman is no longer in charge, our chapel was taken away from us, our people deprived of work and nearly all has been lost apparently. Our preacher still visits the place and encourages the few who remain but temporarily our work is almost entirely rooted up.

Jilotepec is one of the oldest towns in Mexico, having a history which turns far back beyond the conquest. We have here a circle of friends and believers of rather better social standing than anywhere else in the district, and the outlook for a good work is very good if we can properly attend to it. When our preacher was obliged to leave Arroyozarco he removed to this place and has made it the centre of his operations, visiting San Sebastian, Acazuchitlan and other villages, in each of which we have friends. But the present civil authorities of the State of Mexico are so hostile that our work in all this región has been hindered.

Finances. If we deduct the $150 reported last year from Arroyozarco and given by the gentleman in charge, I suppose in the way of rent, the total contributions on the district have been about one third more than last year. The missionary collections were especially good, being almost double what they were the previous year. In the midst of the greatest poverty Our people are learning to contribute to the benevolences of the Church. Had we a better-to-do class of people we could soon reach self-support (24).

(Arroyozarco fue el año pasado la sede de una obra esperanzadora por ser el centro de una gran hacienda. El trabajo se había iniciado por invitación del administrador de la finca, pero ya que ha cambiado de manos y este señor ya no está a cargo, se nos quitó nuestra capilla, nuestras personas fueron privadas de trabajo y casi todo se ha perdido, aparentemente. Nuestro predicador todavía visita el lugar y anima a los pocos que permanecen temporalmente, pero nuestro trabajo está casi completamente desarraigado.

Jilotepec es una de las ciudades más antiguas de México, con una historia que se remonta más allá de la Conquista. Aquí tenemos un círculo de amigos y creyentes de bastante mejor posición social que en cualquier otro en el distrito, y las perspectivas para un buen trabajo son muy buenas si podemos asistir adecuadamente al mismo. Cuando nuestro predicador se vio obligado a abandonar Arroyozarco se trasladó a este lugar y lo ha convertido en el centro de sus operaciones, visitando San Sebastián, Acazuchitlan y otros pueblos, en cada uno de los que tenemos amigos. Pero las actuales autoridades civiles del Estado de México son tan hostiles que nuestro trabajo en toda esta región se ha visto obstaculizado.

Finanzas. Si restamos los $150 reportados el año pasado de Arroyozarco y suministrados por el caballero a cargo, supongo que en cuanto a rentas las contribuciones totales en el distrito han sido alrededor de un tercio más que el año pasado. Las colectas de los misioneros han sido especialmente bueas, siendo casi el doble de lo que eran el año anterior. En medio de las pobreza más grande nuestra gente está aprendiendo a contribuir a la benevolencia de la Iglesia. Si tuviéramos una clase de personas más prósperas pronto podríamos llegar a la autosuficiencia).

Justo cuando el predicador Paulino Martínez fue enviado a San Juan del Río, Francisco L. Aguilar envió una carta al periódico católico El Tiempo, advirtiendo del "peligro" que su presencia representaba para los sanjuanenses:

Ha salido de la ciudad de Jilotepec en estos días, con dirección a San Juan del Río; con el exclusivo objeto de plantar allí un colegio; el cual tendrá por única base sus ideas masónicas, quedarán por consecuencia inconcusa esa población, si no lo rechazan, la discordia e inmoralidad, como en otros lugares ha hecho.

[...]

Ese individuo se llama Paulino Martínez, es de estatura mediana y un tanto fornido, de escasa barba, color trigueño. Ese individuo siempre emprende cuestiones principalmente con los sacerdotes, no esgrimiendo más armas que la calumnia y la hipocresía. Entre los suyos, es tenido como divinidad en talento, entre los católicos, como hipócrita trastornador de la sociedad; ha nurtido su cerebro con impías novelas, de las cuales ha sacado sus perversas doctrinas, que hoy con su crasa ignorancia diviniza y trata de propagarlas entre los seres débiles, como un gran apóstol de Jesucristo.

Además una de las notas que lo distinguen es su afabilidad con el sexo femenino, hablándole de aquello que más les agrada; con el fin de se que sea tenido en la sociedad como hombre sensato e instruido, para engañar a los incautos. No dudo que la presente noticia que hoy doy a la respetable y católica población de San Juan del Río, llegue a oídos de Paulino Martínez, y de los suyos y dirán por los periódicos liberales que es mentira; pero antes de que me exijan pruebas, las daré únicamente con pedir el testimonio y ratificación a las personas que han tenido ocasión de conocerle. Dígalo Arroyozarco, que por algún tiempo le tuvo en su seno y sufrió las consecuencias de sus falsas doctrinas y hasta hoy se encuentran muchos con extraviadas ideas. Dígalo Jilotepec, a donde sembró la calumnia, la división, el odio y sembró sus míseras ideas entre pobres incautos, que hoy se revuelcan en el fango inmundo del desprecio y del ridículo. Dígalo el virtuoso señor cura D. Rosendo Pérez, lo que ha sufrido de Martínez y cuyos hechos son bastante conocidos en gran parte de la sociedad. Dígalo, en fin, el sabio y prudente sacerdote Sr. D. Gerardo Herrera*, cuando por celo a su ministerio santo, estuvo unos días en Arroyozarco (26).

* Este sacerdote fue rector del seminario entre 1895 y 1898 y arcediano de la Catedral de México en 1908.

En el contexto de la decadencia de la comunidad protestante de Arroyozarco, hubo algunos casos de retorno a la fe católica. Un caso temprano fue el del adulto Ramón Pacheco "bautizado por ministro protestante", que el 12 de julio de 1884 recibió el bautismo católico en la parroquia de Aculco de manos del cura encargado Dr. José María Flores. Cuatro años después, en marzo de 1888, y al parecer debido a una visita de los dueños de Arroyozarco a la hacienda, hubo una pequeña ola de bautizos católicos de niños que antes lo habían recibido de un ministro protestante. El primero fue José María Pérez, de cuatro años y diez meses, el 1 de marzo, de manos del padre Manuel Ortiz. Le siguieron José María Abraham Pérez, de tres años y tres meses, el día 2; José Agustín de los Dolores Martínez, de trece años (apadrinado por los propietarios de la hacienda, don Agustín Verdugo y doña Dolores Rozas), el día 4; María Jesús de los Dolores Martínez, de 14 años, hermana del anterior, el mismo día; María de la Concepción Reséndiz, de diez años, también el día 4. (26b)

Existen indicios (más bien circunstanciales pues no hemos podido hallar la prueba definitiva) de que don Macario Pérez regresó al catolicismo después de 1890 y murió bajo ese credo. En primer lugar, todavía en ese año don Macario es llamado en el periódico metodista El Abogado Cristiano Ilustrado "buen amigo y hermano nuestro que residió por muchos años en Arroyozarco" (27). Sin embargo, en noviembre de 1895 apareció en el periódico católico El Tiempo una nota que informaba acerca de la próxima inauguración de una nueva iglesia, católica por supuesto, dedicada a la Virgen del Carmen en el pueblo de San Francisco Soyaniquilpan, y uno de los padrinos era, precisamente, Macario Pérez, quien por aquellas fechas regresó también a la administración de Arroyozarco (27b). También es dato importante que en 1892 su hijo Macario Jr. estudiaba en un colegio católico, el Instituto Josefino de Querétaro (27c). Luego, en febrero de 1909, aunque El Abogado Cristiano Ilustrado seguía publicándose, guardó notorio silencio por el fallecimiento de quien había sido benefactor de la congregación metodista. Antes bien el periódico que difundió la noticia en la capital fue, de nuevo, el católico El Tiempo, indicando además que sería sepultado en el Panteón Español que, si bien como todo cementerio civil admitía a personas de cualquier creencia, no era usado habitualmente por los protestantes (28). Casualmente -o no- era por entonces capellán de dicho cementerio el padre Teófilo Rojas, el mismo sacerdote que reemplazó al padre Rosendo Pérez en Arroyozarco. Son estos datos sueltos los que parecen indicar que finalmente, don Macario, como dirían los protestantes de la época, "murió papista".

Y bien, ¿quedó huella de aquella congregación metodista de Arroyozarco? El asunto no es muy claro. En 1897 ciertamente había en Encinillas una escuela protestante, pero correspondía a la Iglesia Episcopal Mexicana, una demoninación distinta del metodismo. En junio de aquel año, la revista Buena Lid, órgano de aquella congregación, informaba:

La escuela de Encinillas, Estado de México, en unión con la escuela municipal de esta ranchería, celebraron la misma fiesta [del cinco de mayo]. Varias persnas de Aculco y Polotitlán presenciaron el acto y quedaron muy complacidos con lo que vieron y oyeron. La srita. María Guillén, maestra de nuestra escuela, pronunció un discurso, siguiendo sue ejemplo algunas de sus discípulas, distinguéndose entre ellas la niña Magdalena Romero. La fiesta fue terminada con un discurso altamento patriótico del señor Pbro. Salinas. (27d)

Al examinar con detalle los datos del censo nacional de 1930, encontramos que en Encinillas y Tenazat, rancherías en que la población protestante llegó a ser mayoritaria, sólo se reportaron entonces 64 protestantes y evangélicos de un total de 357 habitantes, sin que conozcamos la congregación precisa a la que pertenecían. Arroyozarco, con 1,085 habitantes, no reportó un solo protestante. Es de suponerse, pues, que hasta la segunda oleada de las misiones protestantes de nuestro país, a mediados del siglo XX, la población que seguía ese credo en la región continuó su declive (29). Al mismo tiempo, resulta interesante considerar que, si en las décadas de 1870 y 1880 la convivencia entre católicos y protestantes fue difícil, pero no violenta, siete décadas más tarde, en tiempos que tenemos por más civilizados, la sangre sí llegó al río: el 5 de julio de 1954, un ministro bautista de nombre Nicodemo Jeronimo fue emboscado por un grupo de personas y brutalmente asesinado a tiros en Arroyozarco (30).

 

NOTAS

(1) González Navarro, Moisés. El pensamiento político de Lucas Alamán, México, El Colegio de México, 1952, p. 63.

(2) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso. México siglo XIX, México, IIS-UNAM/IMDOSOC/Miguel Ángel Porrúa/LXI Legislatura, Cámara de Diputados, 2010, Tomo II, p. 1483.

(3) Idem.

(4) Para una narración más extensa sobre los cambios de propietario y la situación de Macario Pérez en la hacienda, ver Lara Bayón, Javier. Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro, Toluca, Instituto Mexiquense de Cultura, 2003, pp. 158-160 y 220-227.

(5) Butler, Rev. J. W. Manual of the Methodist Episcopal Church, New York, Phillips & Hunt, 1884, vol. 4, p. 127.

(6) Bible Society Record, Vol. 29, June 1884, pp. 88-89.

(7) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., p. 1486.

(8) Butler, John W. to Charles G. Drees, s.d. y Annual Report for 1883. Methodist Episcopal Church Archive, Correspondencia de John Wesley Butler, 1880-1884.

(9) Dress, Charles W (from letrers of). Thirteen years in Mexico, New York, Abingdon Press, 1915, p. 198.

(10) El Abogado cristiano ilustrado, Tomo VII, no. 10, México, enero de 1884, p. 74. Idem, Tomo VIII, no. 8, noviembre de 1884, p. 68.

(10b) El Abogado cristiano ilustrado, Tomo VIII, no. 1, México, abril de 1884, p. 5.

(11) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., pp. 1483-1484.

(12) El Abogado cristiano ilustrado, Tomo VII, no. 10, México, enero de 1884, p. 74. Idem, Tomo VIII, no. 8, noviembre de 1884, p. 68.

(13) 66th Annual Report of the Board of Missions of the Methodist Episcopal Church, 1884 p. 195.

(14) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., pp. 1484-1485.

(15) Idem, pp. 1485-1486.

(16) Idem, p. 1486.

(16b) Minutes of the Second Session of the Mexico Annual Conference of the Methodist Episcopal Church, Mexico, Methodist Episcopal Mission Press, 1886, p. 18.

(17) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., pp. 1486-1487; Sixty-Seventh Annual Report of the Missionary Society of the Mehodist Episcopal Church for the Year 1885, New York, 1886, p. 221.

(18) El Monitor Republicano, Quinta Época, Año XXXV, No. 168, miércoles 15 de julio de 1885, p. 2.

(19) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., pp. 1486-1487.

(20) Idem, pp. 1486-1488.

(20b) Sixty-Seventh Annual Report of the Missionary Society of the Mehodist Episcopal Church for the Year 1885, New York, 1886, p. 221.

(21) Lara Bayón, Javier. Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro, pp. 220-223.

(22) García Ugarte, Marta Eugenia. Poder político y religioso..., pp. 1488-1489.

(22b) "La función de la Sagrada Mitra de Querétaro en la Colegiata", en El Siglo XIX, 8 de septiembre de 1886.

(23) Minutes of the Third Session of the Mexico Annual Conference of the Methodist Episcopal Church, Mexico, Methodist Episcopal Mission Press, 1887, p. 18.

(24) Idem, p. 29.

(25) Minutes of the Second Session of the Mexico Annual Conference of the Methodist Episcopal Church, Mexico, Methodist Episcopal Mission Press, 1886, p. 20.

(26) El Tiempo. Diario católico, Año IV, no. 1038, México, sábado 5 de febrero de 1887, p. 3.

(26b) "San Jerónimo, Aculco, Mexico, Mexico registros," imágenes, FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:939X-DB4J-7?view=explore : 4 may 2026), Imagen 73 de 532; Archivo de la Curia del Arzobispado (México, D.F.). Número del grupo de imágenes: 004592678 y "San Jerónimo, Aculco, Mexico, Mexico registros," imágenes, FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:939X-DBKY-D?view=explore : 4 may 2026), Imagen 373 de 484; Archivo de la Curia del Arzobispado (México, D.F.). Número del grupo de imágenes: 004592679

(27) El Abogado Cristiano Ilustrado, Tomo XIV, no. 4, México, 15 de febrero de 1890, p. 29.

(27c) Boleta de calificaciones del Macario Pérez Jr. en el Instituto Josefino de Querétaro, enero 6 de 1892, Archivo del Dr. Juan Lara Mondragón.

(27d) "Miscelánea", Buena lid, tomo III, no. 7, México, junio de 1897, p. 8.

(28) El Tiempo. Diario católico, Año XXVI, no. 8483, México, domingo 7 de febrero de 1909, p.2.

(29) El Censo de Población y Vivienda 2010 mostró que de un total de 44,805 habitantes del municipio de Aculco, 41,679 eran católicos (93.02%), 2,247 profesaban religiones protestantes y evangélicas (5.01%), 147 pertenecían a religiones bíblicas no evangélicas, 1 practicaba "otras religiones", 416 no tenían religión y 315 no la especificaron.

(30) The Pentecostal Evangel, Springfield, Missouri, Number 1954, October 21, 1951, p. 2.