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sábado, 18 de julio de 2026

Por la calle de Bravo

La calle de Nicolás Bravo corre entre la Avenida Hidalgo y la calle de Pomoca: dos cuadras que hacia el oeste se vuelven tres, pues desemboca en aquel costado la callecita de Santos Degollado sin prolongarse hacia el este. Degollado, por cierto, fue hastala década de 1950 o 60 apenas un angosto callejón al que solían nombrar "del Beso", en referencia al mucho más famoso callejon del mismo nombre que se encuentra en la ciudad de Guanajuato. Pero no nos desviemos del tema de este texto y comencemos a andar por la calle de Bravo.

La calle inicia entre dos casas significativas en el paisaje aculquense. Al poniente, la casa que fue don Macario Sánchez Ruiz y su esposa María Lara Rodríguez, remodelada a mediados del siglo XX con unas ventanas de cantera adornadas con una guardamalleta bajo el alféizar. Al oriente, la que llamaban Casa de la Pechera, que en este extremo tenía un portalito con arcos el cual, en la década de 1970 se cerró con una fachada de piedra blanca con elementos similares a los de la Unidad Jorge Jiménez Cantú.

Si el caminante levanta la vista desde este inicio, advertirá que el primer tramo de la calle corre en línea recta. Pero a lo lejos, después de cruzar Aldama, percibirá que el segundo tramo se tuerce pues serpentea al tiempo que desciende hacia el norte. Este es un detalle que revela la distinta antigüedad de estos dos tramos: los mapas más antiguos, como el de 1898, permiten comprobar que el segundo tramo no existía entonces, y que se abrió ya en el siglo XX trazándolo con menos cuidado, atendiendo seguramente más a los linderos de los solares que a la conveniencia de una traza rectilínea. El censo de 1930 parece apuntar en esa dirección. Registra apenas cuatro viviendas en la calle, al parecer todas ubicadas en el primer tramo. Esto podría indicar que el segundo todavía no existía, aunque también cabe la posibilidad de que ya hubiera sido abierto, pero permaneciera prácticamente deshabitado.

No es una de las calles más hermosas de Aculco, pero sí es simpática y conserva en buena medida su armonía. Empedrada, como todas las del centro. En ella todavía no se aprecia el desorden arquitectónico que ha alterado de manera irreversible otras calles del pueblo. Es una calle angosta y sin banquetas. Como los corrales de varias casas daban hacia ella, durante mucho tiempo estuvo definida por las altas bardas de piedra blanca que se alzaban a ambos lados, interrumpidas aquí y allá por antiguas portadas de cantera. Recuerdo especialmente la del número 8, que hacia 1995 vi desmontada junto a la nueva entrada, ampliada para permitir el acceso de vehículos. Con todo, la mayor parte de los muros que hoy verá el caminante sigue siendo la original, aunque muchos hayan sido horadados con ventanas de proporciones poco afortunadas (con alguna excepción) o con accesos ensanchados para colocar portones metálicos.

Llegamos al cruce con la calle de Aldama. Vemos con claridad que no sólo es el trazo de la calle de Bravo el que cambia, sino que también sus construcciones son más sencillas, señal de que se edificaron en tiempos relativamente recientes y en lo que ya eran plenamente las orillas del pueblo. O, más bien debería decir, eran más sencillas, pues la reciente edificación de construcciones nuevas ha comenzado a alterar ese aire ese aire que durante tanto tiempo caracterizó a este lugar. Una de esas nuevas construcciones está precisamente en la esquina. Vamos a detenernos un momento en ella.

La casa intenta integrarse a su entorno mediante el uso de muros blancos, teja de barro, vanos verticales y herrería sencilla. Pero la escala del edificio, su volumen compacto y los numerosos retranqueos y huecos de distintas dimensiones le dan una presencia mucho más dominante que la de las construcciones tradicionales vecinas. "Salta a la vista", pues, lo que es un grave pecado cuando una casa nueva se inserta en un entorno histórico. Arquitectónicamente, además, me parece fallida: su composición carece de una jerarquía clara y sus referencias coloniales parecen añadidas a una construcción moderna más como una concesión que como parte de una intención genuina de integrarse al conjunto urbano de Aculco. Con una composición de fachadas más sencilla, el resultado habría sido mucho mejor. El muro colindante hacia el norte es además una desgracia, con sus castillos de concreto y ladrillos expuestos en toda su altura. En resumen, su incorporación no es un error dramático, pero sí una oportunidad desperdiciada para aumentar la belleza de este rincón del pueblo.

Justo enfrente de esta casa y abarcando también su respectiva esquina, se está levantando también otra casa de nueva planta. Esta vez, la fachada está construida íntegramente en la hermosa y rústica piedra blanca de Aculco. El muro de este material se prolonga sin vanos a lo largo de toda la calle de Bravo, evocando en materiales y dimensiones la vieja barda que existía antes ahí. Sobre esta barda sobresalen en altura un par de cuerpos de dos plantas que, desde el exterior, apenas muestran hacia la calle unas pocas ventanas de pequeño tamaño. Al momento de tomar las imágenes, no se había completado el rajueleado entre las piedras, lo que le daba una apariencia poco tradicional, pero las zonas donde el rajuleado se ha colocado indican que esto se resolverá adecuadamente.

Esta construcción tiene sus méritos. Me gusta. Me parece mucho más adecuada e integrada al sitio. La verdad es que la piedra blanca tiene mucho que ver con ello, pues este material tiene la capacidad de evocar inmediatamente la imagen tradicional de Aculco. Sus dos torrecillas recuerdan además las trojes construidas en alto de las viejas casas del pueblo, trojes que casi se han perdido en remodelaciones y adaptaciones. Con todo, hay que señalar detalles que me parece que fallan, como son la torpe cornisilla de concreto que recorre toda la construcción y la falta del tratamiento en piedra de su colindancia hacia el norte (por lo menos no deja este muro expuesto como en la otra casa que reseño). Pero no es este su mayor pecado, sino otro: para levantar esta construcción se destruyó una vieja casa tradicional, extremadamente sencilla y bastante maltratada, cierto, pero auténtica. Podría haberse conservado parcialmente. Aquí algunas fotos de aquella vieja casa cuando estuvo a la venta:

Aunque tomé algunas fotos del interior de esta casa, casi todo se halla todavía en construcción y es difícil saber cómo será en definitiva. Pero continuemos nuestro camino por la calle de Bravo. Seguimos bajando entre bardas de piedra blanca y casitas de poca importancia arquitectónica, lo mismo revocadas que con acabado en ladrillo. Destaca sólo por mejor cuidada la que alberga ahora al Café Casa Arte, con su entrada principal enmarcada en ladrillo, un acceso lateral con portada de cantera y sus canales que desaguan la azotea. Desde su terraza -como desde los altos de otras casas del rumbo- se tiene una preciosa vista del centro de Aculco.

Llegamos así a los últimos metros de esta calle, que aquí se ensancha para confluir con la de Pomoca. Al mismo tiempo, su lienzo occidental se endereza hacia el norte, mientras el oriental gira ligeramente al noreste. Sus últimas casas son muy sencillas. Una de ellas, pequeña y de un solo piso, estuvo hace poco a la venta por un precio absurdo. Hoy ya no está el letrero que la anunciaba y, aunque parece haber sido reparada, una nueva y desafortunada cubierta de estructura metálica y teja plástica protege ahora su pasillo de entrada. Quizá sea el preludio de una transformación mayor en un futuro no demasiado lejano. Es de temerse que para aprovechar tan reducida superficie su dueño intente levantar más de dos pisos.

Frente a ella hay otra casa pequeña que podría pasar por su gemela. Lo que destaca detrás de ella es una construcción reciente de dos plantas, pintada de color crema, tan simple como poco afortunada. Uno se pregunta cómo quien la edificó pudo dejar pasar la oportunidad de embellecer este rincón del pueblo cuando habría bastado incorporar unos cuantos elementos tradicionales para integrarla al conjunto urbano. No parece haber sido una cuestión de recursos. Tampoco de falta de ejemplos, porque Aculco ofrece muchos. La pregunta es otra: ¿se trata de falta de cultura arquitectónica, de sensibilidad o, simplemente, de indiferencia hacia el paisaje urbano que todos compartimos?

Las últimas casas de la calle, al llegar a Pomoca.

El caminante deja finalmente la calle Nicolás Bravo. Puede visitar el Santuario de Nenthé, que se encuentra a unos cuantos metros, o regresar al centro del pueblo por la calle de Pomoca. Yo me alejo con un poco de melancolía. ¡Sería tan fácil que Aculco conservara, e incluso acrecentara, su belleza con un poco de cuidado y buen gusto! Pero vivimos en una época en la que esto preocupa a muy pocos. Cada quien dirige su atención hacia asuntos distintos y sólo unos cuantos seguimos creyendo que no se puede vivir de espaldas a la belleza.

lunes, 22 de septiembre de 2025

Por la calle de Pomoca

Hay calles de Aculco que parecen siempre haber estado allí y que sin embargo tienen un origen que podemos situar con precisión en el tiempo. Es el caso de la calle llamada Pomoca, que corre desde el Ojo de Agua hasta el santuario de Nenthé y más allá, alcanzando la que se conocía como Milpa del Bondote, hoy parque Estado de México. Su trazo es al principio una franca diagonal hacia el noroeste que luego toma, con cierta irregularidad, dirección al poniente. Se trata de una calle angosta, especialmente en su zona más cercana al centro del pueblo. Más allá debe su amplitud a la reconstrucción de la capilla de Nenthé en la década de 1940, pues se adquieron entonces fracciones frente al templo para desahogarlo un poco.

En los documentos más antiguos, esta vía aparece con los nombres de callejón del Ojo de Agua, callejón de Nenthé o, en ocasiones, simplemente como el callejón que va a Nenthé. Parece que esto últim describía su función casi única hasta principios del siglo XIX: permitir el acceso a la antigua capilla construida en el siglo XVIII en un terreno propiedad de la familia Ramírez. Fue hasta 1826 que su presencia en el entramado del pueblo comenzó a oficializarse y esto sucedió debido a que los propietarios de las fincas que colindaban con el callejón intentarion cerrarlo en alguno de sus tramos en junio de aquel año:

Algunos ciudadanos [...] no hallan por justo el que el callejón de Nenthé, división de las dos casas del finado padre señor don Ignacio Sánchez y del ciudadano Ignacio Zamudio, esté cerrada, y por esto se impida el tránsito que siempre ha sido costumbre y que por esta causa les es gravoso. (1)

Presentada la queja al Ayuntamiento de Aculco a través del síndico procurador, la corporación resolvió a favor del libre tránsito por el punto:

Dictaminamos se les franquée el paso de la calle ya cerrada, abriéndola en los mismos términos que siempre ha estado, sin agrandarla ni disminuarla [sic].

¿Cuando se le cambió el nombre a la calle de Nenthé para bautizarlo como Pomoca? Debió suceder hacia el último cuarto del siglo XIX, cuando casi todas las calles del pueblo recibieron nuevos nombres de personajes de la Independencia y la Reforma. Pero no porque Pomoca haya sido uno de estos héroes, sino que la palabra es el anagrama del apellido de Melchor Ocampo. Fue él mismo quien formó este anagrama y lo usó para bautizar a su fracción de la hacienda de Pateo en Michoacán. Allá en Pomoca, Ocampo fue capturado por el famoso guerrillero Lindoro Cajigas, que lo entregó para su ejecución en Tepeji del Río en 1861. Resulta así una curiosidad que en Aculco tengamos una calle de Pomoca en lugar de una calle de Melchor Ocampo.

El planito de Aculco de 1898 nos muestra la calle ya perfectamente definida en su recorrido de la Plaza del Ojo de Agua hasta un poco más allá de la calle de los Insurgentes, si bien entonces no se había abierto el tramo de la calle de Nicolás Bravo que hace esquina con Pomoca, de modo que el trayecto era entonces de una sola cuadra.

Hacia 1930 la ya nombrada calle de Pomoca seguía siendo en realidad un angosto callejón. Aunque contaba quizá con unas siete u ocho casas, parece que sólo dos de ellas eran habitadas en aquel momento, como muestra el Censo Nacional de ese año. En la marcada con el número 1 vivía el señor Donato Díaz, viudo y comerciante de 52 años, con su hija Paula y las criadas Carmen Díaz y Juana García, de 26, 20 y 25 años, respectivamente. Al lado opuesto de la calle, en el número 5, vivían Pascual (de oficio trapichero, es decir, molinero), Merenciana y Guadalupe, todos de apellido Tovar, de 55, 60 y 35 años.

En la década de 1940 la capilla de Nenthé se reconstruyó pues el templo de tiempos coloniales se había arruinado. La calle de Pomoca se ensanchó entonces frente al nuevo santuario, una ampliación en realidad menor, pero con el cual la calle pasa de los exiguos cuatro metros que tiene en su parte más angosta a unos ocho metros en ese tramo. Aunque el ensanchamiento absorbió sobre todo la orilla de unas milpas apenas cercadas con piedra, también mutiló o destruyó algunas casas cercanas al cruce con la calle de Nicolás Bravo. Una de ellas, aunque arruinada, se mantuvo en pie por muchos años y todavía alcancé a fotografiarla en la década de 1990. Era de dos plantas, construida en piedra blanca revocada y con balcones vacíos en lo alto. Hoy en su lugar se alzan dos feas casas modernas.

En el terreno que se hallaba en el número 7 de esta calle, la familia Rodríguez (no originaria de Aculco, pero que se enamoró de estas tierras) construyó en la década de 1990 una casa de nueva planta con un amplio jardín. A su frente reconstruyeron los arcos de la Casa de don Abraham Ruiz, que estuvieron en pie por largos años in situ tras la destrucción de la casa a la que pertenecieron, y que por fortuna se rescataron para lucir aquí.

A pesar de cambios, mutilaciones y recrecidos lamentables en algunas fachadas antiguas, la calle de Pomoca continúa siendo un lugar evocador del viejo Aculco.

 

FUENTES: 1. Archivo Histórico Municipal de Aculco, Estado de México. Fondo: Ayuntamiento. Actas de Cabildo, Volumen 1, Expediente 1, páginas 68-69.

jueves, 25 de noviembre de 2021

Cuando algo destaca por lo malo

La verdad nunca pensé que esta casita llegara a aparecer en mi blog por otra razón que no fuera su evidente fealdad y la manera tan desafortunada en que interrumpe la agradable uniformidad de muros de piedra blanca de la calle Corregidora. Pero en días pasados fue allanada por agentes federales para detener a una persona presuntamente dedicada a la venta de droga y para decomisar mariguana y cristal.

Si ya antes el inmueble destacaba por su pésima integración al paisaje urbano aculquense, ahora sobresale también por su vínculo con la delincuencia. Y ya que se presenta la oportunidad de referirnos a ella, digamos unas cuantas palabras sobre su historia.

Como muchos de ustedes saben, a lo largo del lienzo norte de la calle Corregidora, en el espacio que va desde la alberca municipal hasta la troje de la huerta, existe una serie de pequeños predios que se reconocen individualmente por los portillos (algunos tapiados) que se abrían en un muro continuo de piedra blanca. Se trata de los antiguos baños, en los que algunas de las familias más prósperas de Aculco disfrutaban de agua que corría continuamente desde los manantiales de la alberca por un canalillo que atravesaba estos terrenos, permitiendo así lavar ropa, bañarse, reposar y usar el líquido sin necesidad de sacarlo de un pozo. Todos estos baños están tristemente en el abandono, cuando forman parte de un sistema hidráulico que debería considerarse en su conjunto como patrimonio.

Los baños de algunas casas del pueblo son muy originales, son unos cuartos provistos de un tanquecito por el que pasa agua corrediza de un canal" (Dr. Enrique Rojas López, "Informe general sobre la exploración sanitaria del municipio de Aculco, Méx.", 1943)

Donde hoy se levanta la casa en cuestión -Corregidora número 12- se encontraba antes el baño de don Hesiquio Morales. Aunque mutilado, todavía es posible reconocer su antiguo acceso a la derecha de la nueva entrada para automóviles. Todo lo demás que existió en su interior desapareció en la década del 2000, cuando pasó a otras manos y el nuevo poseedor decidió fincarlo como casa. Entonces la vieja entrada fue tapiada, se derribó casi toda su barda exterior para abrir un portón, con tabicón se levantó una segunda planta en la que sólo se aplanó la fachada y se coronó con una marquesina que prolonga la losa de concreto. Una ventana descentrada y alargada horizontalmente deja ver con claridad que no se tuvo ninguna intención de integrar la construcción con su entorno. Y vamos, ¡habría sido tan sencillo realizar la fachada de esa segunda planta en piedra, para que no desentonara así! Pero en fin, pudo ser también mucho peor, como ocurre con las casas que se levantan metros más adelante en el lienzo sur de la calle, cerca de la esquina con la de Matamoros.

Desconozco quién es el actual propietario de la casa. Tampoco si la propiedad caerá en los supuestos de la ley de extinción de dominio al haber sido utilizada para la comisión de delitos y pasará al control del Gobierno Federal, o si sus dueños podrán demostrar que nada tienen que ver con ello y lograrán conservarla. Pero ojalá en algún futuro no muy lejano alguien decida integrarla mejor a su entorno para que deje de ser una especie de "negrito en el arroz" en el aspecto tradicional de la vieja calle de la Corregidora.