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sábado, 24 de febrero de 2018

La restauración del Mesón de Arroyozarco

En diciembre de 2016, el Fondo de Apoyo a Comunidades para Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos de Propiedad Federal (FOREMOBA) seleccionó, entre otros proyectos a los que otorga recursos anualmente, el de la primera etapa de restauración del antiguo Mesón de Arroyozarco, que conocemos también como el Hotel de Diligencias. Este inmueble de fines del siglo XVIII, del que tantas veces he escrito en este blog, había caído en la última década en un estado de deterioro alarmante con la pérdida de cubiertas y entrepisos, lo que hacía necesaria una intervención.

Los trabajos de restauración tardaron bastente en iniciar. Cuando empezaron, con sorpresa descubrí que no las estaba llevando acabo el arquitecto Lázaro González Frutis, quien promovió la restauración, elaboró el proyecto que se presentó al FOREMOBA y gracias a cuyos buenos oficios se obtuvo una respuesta favorable de este organismo. Y la sorpresa del arquitecto debe haber sido mayor que la mía, pues me comentó que a él ni siquiera se le avisó que otra empresa se encargaría de la restauración. Es cierto que el Ayuntamiento de Aculco tiene total libertad para asignar el proyecto a quien mejor le convenga. Cierto también que la propia presidente municipal tuvo la iniciativa de acudir al FOREMOBA desde fines de 2015 o principios de 2016 para tratar el asunto de la restauración. Cierto asimismo que la elaboración y presentación del proyecto no lo comprometía de ninguna manera con la empresa de Frutis. Lo que me preocupa en realidad es que esta falta de cortesía limite la participación en futuros proyectos en Aculco de este arquitecto, a quien debemos sin duda las más trascendentes obras de restauración del patrimonio aculquense en los últimos ocho o nueve años.

Lo más importante, sin embargo, es que el Mesón de Arroyozarco por fin está siendo ya restaurado. Y no sólo eso, sino que el Ayuntamiento de Aculco ha estado promoviendo diligentemente la prosecución de la obra en nuevas etapas con diversas instancias estatales y federales. Si critiqué antes una descortesía, ahora no puedo más que elogiar de la manera más sincera la forma en que nuestras autoridades municipales se han propuesto sacar adelante la idea de recuperar un edificio tan valioso desde el punto de vista patrimonial, arquitectónico e histórico. Es de agradecerse mucho este interés de Aurora González Ledezma por darle nueva vida a un inmueble que hasta hace pocos años parecía ya condenado a la ruina.

Ahora bien, ahora que el Mesón está en vías de recuperación, creo que es muy oportuno insistir aquí en un par de cosas de las que ya he tratado antes aquí.

-La primera: estas obras deberían complemetarse con otras orientadas al mejoramiento profundo de la imagen urbana de Arroyozarco, de modo que se convierta en un marco adecuado para sus edificios históricos. No hablo de cosas muy elaboradas, sino de una imagen rústica y típica, propia del lugar. Así como la cabecera municipal de Aculco ha sido -en términos generales- ejemplo del compromiso con la conservación de la imagen urbana, Arroyozarco es hoy en día el ejemplo más deplorable de lo contrario. Todavía es tiempo de corregir esa situación y lograr en pocos años que Arroyozarco se convierta también en un punto agradable de recorrer y no sólo para visitar puntualmente el Mesón restaurado. Hacer de Arroyozarco un importante punto turístico del municipio.

-La segunda: entre la restauración del Mesón y la mejora de la imagen urbana, debe promoverse también la incorporación de Arroyozarco a los puntos incluidos en el Camino Real de Tierra Adentro como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Tendría todo para lograrlo, ya que se encuentra ya en la lista indicativa para su incorporación y lo que lo impidió en el pasado fue precisamente la falta de programas para la recuperación de los edificios históricos y su entorno.

Finalmente, les presento algunas fotografías del estado previo del Hotel de Diligencias y de las actuales obras de restauración.

lunes, 29 de enero de 2018

La viguería de la capilla de Toxhié restaurada

Los templos de la región en la que se asienta Aculco se caracterizaron durante los años del Virreinato por sus techumbres de viguería, mismos que reflejaban por una parte la abundancia de madera y por otra la falta de capacidad técnica o económica para la construcción de bóvedas y cúpulas. Las bóvedas se limitaron durante esa época a contadas edificaciones de tamaño más bien menor, como las capillas posas del atrio de la parroquia de san Jerónimo. Incluso el templo parroquial -la construcción colonial más importante del municipio- conservó su cubierta de madera hasta 1843, cuando se inició la construcción de la bóveda de cañón y la cúpula actuales.

Siguiendo la moda adoptada en la parroquia, algunos templos de la jurisdicción parroquial aculquense se enriquecieron también con este tipo de cubiertas durante la segunda mitda del siglo XIX y principios del XX. La capilla de Santa María Nativitas, por ejemplo, se reedificó hacia 1858 siguiendo muy de cerca del modelo parroquial, mismo caso fue el de San Lucas Totolmaloya en 1857, y el de San Pedro Denxhi en fecha indeterminada. En las capillas de La Concepción y Santiago Oxthoc Toxhié sólo se reemplazaron las techumbres del presbiterio con cúpulas. En cambio, las capillas de Nenthé (la antigua, no el actual santuario), la de la hacienda de Arroyozarco y la de Santa Ana Matlavat conservaron íntegras sus viguerías coloniales, si bien protegidas por tejados superpuestos estas dos últimas.

Precisamente estos techos de vigas resultan especialmente vulnerables, tanto por su propia antigüedad como por la facilidad con que pueden deteriorarse a causa de la humedad y de los insectos, pero también porque son fácilmente reemplazables por losas de concreto (como ha sucedido en innumerables ocasiones en las casas de Aculco). Cuando esto sucede, con gran frecuencia los nuevos techos de concreto y varilla resultan demasiado pesados para la construcción antigua y con el tiempo provocan un daño mayor. Incluso, en caso de un sismo, los techos de concreto apoyados en muros de piedra o adobe antiguos pueden provocar el colapso de la estructura.

Por todo lo anterior, resulta especialmente importante la feliz culminación de la restauración de la cubierta de madera de la capilla de Santiago Oxthoc Toxhié, de la que les hablé en anteriores entregas de este blog. Ahora les presento nuevas fotografías que muestran ya la obra finalizada.

Como podrán observar, se mantuvo en esta obra el criterio de conservar la mayor cantidad de madera original posible, reemplazando en una buena proporción de las vigas antiguas solamente los cabezales podridos con injertos de madera nueva, con uniones reforzadas con soleras de acero atornilladas. Al mismo tiempo, se retiraron las capas de pintura que cubrían la viguería para dejarla al natural con un acabado con aceite de linaza y cera natural de abeja.

Se trata de una restauración que considero ejemplar, pues no sólo mantuvo materiales y formas, sino la propia autenticidad y originalidad de la techumbre histórica, tratándola como un elemento valioso en sí mismo, digno de ser protegido. Resulta importante señalar esto pues, aunque el resultado es muy bello y atractivo, con gran sabor para quienes gustamos de la arquitectura colonial, a los ojos de algún espectador común puede parecer desconcertante que se haya buscado mantener la rusticidad del techo y no mejorar artificialmente los acabados puliendo, resanando, pintando o barnizando las vigas. Pero lo que se buscó fue recuperar, sin falsear, la apariencia con la que debieron verlo sus constructores hace quizá 300 años; de ninguna manera darle un aspecto cercano al gusto estético actual.

Así, la techumbre restaurada de Toxhié sigue siendo la original, la misma que ha albergado en sus oraciones a muchas generaciones de habitantes de aquél poblado y que esperamos cobije muchas generaciones más. Mi agradecimiento al arquitecto Lázaro Frutis no sólo por las fotografías que me comparte, sino principalmente por haber llevado a cabo esta obra tan significativa. Mi reconocimiento también al FOREMOBA y al Ayuntamiento de Aculco por los recursos aportados para la restauración.

jueves, 9 de febrero de 2017

Las restauraciones que quizá no llegarán

En julio pasado publiqué en este blog una entrada que titulé "Nerviosismo: las obras de restauración que no empiezan". Decía entonces que el Municipio de Aculco había resultado favorecido en el concurso convocado en 2015 por el Fondo de Apoyo a Comunidades para la Restauración de Monumentos Históricos y Bienes Artísticos de Propiedad Federal (FOREMOBA), para que se llevaran a efecto los trabajos de restauración de la torre de la parroquia, así como de la cubierta de la capilla de Santiago Oxthoc Toxhié, como puede verse aquí. Que el FOREMOBA, organismo que forma parte de la Secretaría de Cultura, había depositado ya al Ayuntamiento los fondos que le correspondían para ambas obras (ya que el municipio también aporta recursos). Y que, pese a ello, dichas obras no habían iniciado todavía. Pues bien, ya transcurrió prácticamente un año desde que el Ayuntamiento recibió los fondos, seis meses desde que echamos en falta estos trabajos y todavía no ocurre nada.

Me sorprende realmente la forma descuidada con la que el Ayuntamiento ha abordado este problema, cuando se ha mostrado muy activo en otras iniciativas benéficas para Aculco, pero que considero de menor trascendencia. Porque es en realidad ya un problema, pues no se trata de dineros propios, sino de fondos federales que no le pertenecen al municipio y que de no ejercerse para lo que están destinados deben ser devueltos a la Federación, intereses incluidos, como manda la ley. Peor aún, si vemos las cosas con una perspectiva más amplia: en el concurso convocado por el FOREMOBA en 2016, Aculco, que contaba con un buen historial por las etapas de restauración que se han llevado a cabo en la parroquia de san Jerónimo, fue nuevamente favorecido, esta vez para trabajos de conservación de las cubiertas del antiguo Hotel de Diligencias (o mesón) de Arroyo Zarco; sin embargo, hasta el momento los fondos correspondientes -según me informan- están listos pero han sido retenidos mientras no se inicien las obras anteriores. Es decir, ya no son sólo dos proyectos de restauración los que están en riesgo, sino también un tercero. Y, además, estos malos antecedentes necesariamente tendrán que influir en los próximos concursos del FOREMOBA, que son sumamente competidos.

Sinceramente no sé en qué acabará esto. Pero sí quiero decirles que resulta de lo más lamentable para la conservación del patrimonio de nuestro municipio que, una vez que se había hallado el camino para restaurarlo poco a poco, de manera cuidadosa, sean ahora las propias autoridades municipales las que parecen estar cerrando esa ruta. Sin intención alguna de conflicto con nuestras autoridades, creo que merecemos cuando menos una buena explicación.