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sábado, 13 de diciembre de 2025

Los acueductos antiguos de Aculco

¿Con cuántos acueductos antiguos cuenta Aculco? Escrita así, esta frase es casi un trabalenguas. Pero, hablando ya en serio, ¿cuántos acueductos serías capaz de recordar que existen en nuestro municipio? Lo más fácil es que recuerdes dos de ellos que son uno solo: los llamados "arcos de Aculco", que forman parte del sistema que conducía el agua desde la presa de Ñadó hacia las tierras de riego de la misma hacienda, y que tienen dos tramos de arquerías a la orilla misma de la carretera. En el otro extremo del municipio, si te has alejado un poco de los caminos habituales, posiblemente conozcas el acueducto de Arroyozarco, que se encuentra en la ribera de la presa del Molino. Pero hay varios más. Algunos casi ocultos, como los que conformaban el sistema de riego que conducía el agua del Ojo de Agua y de la Alberca hacia las tierras de cultivo al norte de la cabecera municipal. Porque, aunque estamos acostumbrados a referirnos a un acueducto como un canal que va sobre unos arcos, la realidad es que al acueducto le basta el canal para conducir agua, aunque no tenga esos apoyos.

Es difícil, por tanto, contabilizar los acueductos de Aculco, pero hay quien ya lo intentó: se trata del ingeniero Antonio de las Casas Gómez y del arquitecto Rafael Ramírez Eudave, quienes en 2016 publicaron el libro Acueductos de México. Antología y breve revisión histórica, que es en realidad un inventario de los acueductos históricos en territorio mexicano, como ellos mismos lo explican:

El interés de identificar e inventariar los acueductos en territorio nacional es, por sí misma, una tarea sumamente ambiciosa; la extensión territorial, la inaccesibilidad de ciertas poblaciones y los problemas documentales son solo algunos de los contratiempos que impiden una certeza científica de muchos de los datos recabados.

No obstante, existen medios para asegurarse de no obviar los ejemplos más representativos de los acueductos mexicanos. Una de esas herramientas es el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles, desarrollado por la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia desde la década de 1980, y que es un compendio de construcciones relevantes entre los siglos XVI y XX. Otra fuente importante la constituyen el Archivo Geográfico Jorge Enciso, a cargo de la misma Coordinación, y la bibliografía especializada, pese a su relativa escasez.

Para Aculco, los autores reseñaron siete acueductos antiguos. No son todos, naturalmente, pero sí están ahí los más importantes y algunos otros que son casi desconocidos para la gran mayoría de los aculquenses. Por eso quiero compartirles hoy las fichas de esos acueductos: en esas fichas encontrarán alguna información conocida, que ya he públicado aquí, pues los autores usan mi blog como una de sus fuentes, pero también datos novedosos de interés.

Mirar estos viejos acueductos con atención es también una forma de reconocernos: en esos canales de piedra, visibles u ocultos, persiste la memoria de un territorio trabajado, pensado y habitado a lo largo de siglos. Contarlos es apenas el inicio, comprenderlos y preservarlos es la tarea que sigue.

 

FUENTE: Antonio de las Casas Gómez y Rafael Ramírez Eudave. Acueductos de México. Antología y breve revisión histórica, México, s.p.i., 2016.

viernes, 27 de agosto de 2010

Vidó

EL torreón de la casa de Vidó.

Vidó es un topónimo de origen otomí que según Rubén García (Rincones y paisajes del México maravilloso) significa "Piedra Roja", traducción que no nos satisface del todo pues aunque ciertamente "dö" en esa lengua significa piedra, rojo se diría más bien "thëni". A falta de una mejor interpretación conviene dejar abierta aquella posibilidad. Pero, sea cual fuere su significado preciso, lo interesante aquí es que recibía este nombre una milpa con una pequeña casita de piedra que se extendía en el extremo oriente de Aculco, limitada por la Calle del Sol, el camino que lleva al pueblo de Santa María Nativitas, la prolongación de la Calle José Canal y el arroyo llamado también Vidó que desciende desde la Sierra de Aculco a lo largo del Barrio de la Soledad.

El único tramo de la calle del Sol, antaño la vía más oriental de Aculco. Esta calle se prolonga al norte por el Callejón del Sol, que tiene distinto alineamiento.

La milpa de Vidó era -apenas puede creerse hoy en día- uno de los sitios de recreo del Aculco viejo. A orillas del arroyo se formaba una playa de arena fina y en sus pozas nadaba la gente (principalmente los niños) en el calor de la primavera, única época del año en que el frío clima permitía solazarse de esta manera.

La limpieza personal está en razón directa de la cultura de estas gentes, pues las hay que casi nunca se bañan, ni siquiera lavan sus ropas. Las personas de la afueras del pueblo se bañan en el río, las mujeres cubren sus cuerpos con una sábana, o con sus enaguas bañándose por debajo de ellas" (Dr. Enrique Rojas López, "Informe general sobre la exploración sanitaria del municipio de Aculco, Méx.", 1943)

Existía en esa milpa una sola vivienda, como dijimos arriba: una casita de piedra cubierta de teja que tenía la única particularidad de contar con una alacenda donde, asegura la leyenda, su dueño halló dinero enterrado. Sea que el dinero tuviera su origen en este entierro o en su trabajo (en el que debemos incluir el puesto de Diputado local), el propietario edificó allí mismo en la década de 1970 una amplia y hermosa casa moderna con detalles neocoloniales, de piedra blanca, bóvedas esféricas de ladrillo, jardín al frente y un simpático torreón, que si bien no se inspiró directamente en la antigua arquitectura aculquense, por lo menos se adaptó al entorno de manera tersa, sin estridencias.

Muro norte de Vidó, hacia el camino entre Aculco y Santa María Nativitas.

Una vista más extensa de este muro en Google Steetview. A la izquierda, a la orilla del arroyo, se extendían las pequeñas playas que hicieron localmente famosa a esta milpa.

Si de la antigua casita no sabemos si quedó huella, en cambio se conservan a la vista en Vidó otros restos importantes que datan de los primeros años del siglo XX. El más importante de ellos es un gran arco de piedra que libra perpendicularmente el arroyo y que fue construido por don Abraham Ruiz Lara para conducir el agua de riego proveniente de la presa de Ñadó hacia los terrenos que poseía en la margen derecha de esta corriente. El arco nunca llegó a cumplir con su función, de hecho parece ser que nunca llegó a construirse el canal de la parte superior. En cambio, sirvió para que algunos charros de antaño hicieran gala de la habilidad propia y la de sus caballos para transitar por tan estrecho paso; así lo hacía, por ejemplo, don Luis del Castillo.

El arco de Vidó, edificado en piedra blanca.

Las dimensiones del arco resultan verdaderamente notables.

El arco prolonga el muro sur -que sirve de lienzo a la Calle José Canal- al otro lado del arroyo de Vidó.

Sillares del estribo oriente del arco. Aunque están construidos en suave piedra blanca, su desgaste es mínimo.

Hoy en día, Vidó es un terreno cercado por todos sus lados. Aunque la casa construida en los setentas ocupa buena parte de su superficie, en otra sección existen unos baños públicos y una enorme área a orillas del arroyo permanece como espacio abierto, sin edificar. No sé a qué se deba, será seguramente que el camino no lleva a ninguna parte, pero el tramo final de la calle José Canal que corre a lo largo del muro sur nunca ha sido empedrado y, en los últimos tiempos, se le utilizado como excusado, basurero y hasta para descargar cascajo. Todos estos desechos se deben sortear si uno desea acercarse a la orilla del ahora maloliente arroyo (gracias a las descargas del drenaje en el mal urbanizado barrio de La Soledad) para apreciar el grandioso arco de Vidó, quizá el arco exento de mayor radio construido nunca en el municipio de Aculco.

Muro de Vidó hacia la calle José Canal. El remate de lomo de toro con una cornisilla de ladrillo era característico de las construcciones antiguas del pueblo.

La prolongación de la calle José Canal hacia el arroyo de Vidó ha sido respetada por los colindantes como lugar público, pese a no estar empedrada y constituir prácticamente un baldío.

Esquina norponiente de Vidó (Calle del Sol y Avenida Morelos), sitio donde se encuentran actualmente unos baños públicos. Fotografía de Google Street View.

Muro frontero a Vidó, en la esquina de José Canal y Calle del Sol.

jueves, 16 de abril de 2009

El acueducto de la hacienda de Ñadó

Arcos del acueducto, reforzados con rieles y durmientes portátiles de ferrocarril de tipo Decauville. Al fondo, la Peña de Ñadó.

Los sistemas antiguos de conducción de agua que existen en el municipio de Aculco -acequias, canales y acueductos- fueron casi sin excepción utilizados para llevar agua de riego (o más modernamente agua utilizada como fuerza motriz) hasta los puntos en que era utilizada, pero no para trasladar agua potable, que se extraía normalmente de pozos públicos (como el del Ojo de Agua) o privados, ubicados en los patios de las viviendas. Entre estos sistemas de conducción de agua, el más vistoso por sus características constructivas, aunque no el más extenso ni importante, es el acueducto que perteneció a la hacienda de Ñadó.



Este acueducto formaba parte del intrincado sistema de riego que partía de la antigua Presa de Ñadó y que servía principalmente para irrigar tierras de la hacienda del mismo nombre en la zona de la Loma del Caxthi, y tenía una longitud de más de seis kilómetros. Su parte más notable corresponde a las arquerías de piedra blanca que soportaban el canal en dos de sus tramos, cada uno de ellos de más de cien metros de longitud. Según Horacio Ramirez de Alba, autor que se ocupó de su estudio técnico en el libro La construcción en el Estado de México:

Cuenta con dos arcadas importantes; la que aquí se discute está localizada a un lado de la carretera Panamericana a un kilómtero del entronque a Aculco. Otro tramo de acueducto sobre arcos se encuentra aguas abajo, paralelo al camino hacia Aculco.
El acueducto está en uso y sirve a una zona de riego en una región donde tradicionalmente los habitantes son laboriosos y emprendedores
(sic, posible errata geográfica del autor, ironía o humor involuntario). El tramo de acueducto que aquí se trata consta de 27 arcos y un tramo soportado por losa de concreto armado, seguramente una modificación reciente. Se observan reparaciones y refuerzos. Siete arcos están reforzados con riel y durmientes metálicos, provenientes de una línea ferroviaria particular de una compañía maderera que operó en la zona.


Primer tramo del acueducto sobre arcos.



En efecto, ese primer tramo con arcos corre de sur a norte y se localiza en la inmediaciones del Jacal de Ñadó, paralelo y a unos metros de la carretera Panamericana. Tiene una longitud total de más de 318 metros, aún cuando el tramo soportado por arcos es de sólo poco más de 130 metros. Sus arcos, de forma ligeramente elíptica y radio cercano a 1.75 metros, alcanzan la mayor altura de todo el conjunto en su parte central, poco menos de 5 metros. Como se puede observar en la imagen, los arcos y pilares están construidos, ya lo hemos mencionado, en piedra blanca, mientras que las paredes del canal son de otro tipo de piedra más oscura y menos común en la zona. En el punto en el que no existen arcos, sino la losa de concreto mencionada arriba, parece haber existido un sifón. Sobre los rieles que refuerzan el intradós de siete de sus arcos y que actúan como cimbra permanente, mencionaremos que pertenecieron a la vía angosta portátil (sistema Decauville) del ferrocarril Cazadero - Solís. Según los libros de contabilidad de la hacienda de Ñadó, en 1914 se destinaron 196.83 pesos a la construcción o reparación de este acueducto. Uno solo de sus arcos, reconstruido en enero de 1915, tuvo un costo de doce pesos.

Segundo tramo de acueducto sobre arcos.

El mismo tramo como se encontraba en 1973.

El segundo tramo sobre arcos del acueducto de Ñadó se encuentra paralelo al camino que comunica a Aculco con la Carretera Panamericana y su disposición es prácticamente perpendicular al anterior, pues corre de poniente a oriente. Aunque su longitud es mayor (cerca de 170 metros), sus arcos de medio punto tienen una altura menor.



Este acueducto, aún en uso, está incorporado en el catálogo de Monumentos Históricos del INAH (clave 18003001) con el nombre de "Acueducto Arcos de Aculco", nombre sacado de la manga ya que nunca ha sido nombrados así por la gente del lugar, que cuando mucho se referirá a él -genéricamente- como "los arcos". Ha sido incluido, además, en dos publicaciones: la ya citada La construcción en el Estado de México (El Colegio Mexiquense, 1991), de Horacio Ramírez de Alba (acompañado de un par de dibujos, uno técnico y otro artístico) y el mucho más reciente El agua, ciclo de un destino, publicado en la Colección Mayor de la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario (2007).

ACTUALIZACIÓN, 16 DE JULIO DE 2024:

La siguiente fotografía, procedente del Archivo General Agrario, muestra el primer tramo del acueducto (llamándolo equivocadamente acueducto de Toxhié) en 1927. En primer plano, se observa la vía angosta del ferrocarril Cazadero Solís un año antes de que comenzara a ser levantada.