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lunes, 26 de febrero de 2024

"Que el diablo la había engañado": La historia de una bruja que quizá no existió

Hace tiempo les platiqué en este blog acerca de los casos de tres mujeres y un hombre que fueron acusados de practicar la brujería en Aculco en tiempos coloniales. En ese entonces el temor hacia los brujos era real -aunque sus maleficios no lo fueran- y la creencia influía en la vida cotidiana de muchas personas, lo mismo de quienes buscaban con su intervención el arreglo de algún asunto, como de los que sin buscarla se creían sus víctimas. Y, por supuesto también, de quienes pretendían ser hechiceros o eran acusados falsamente de serlo. Ese miedo tardó siglos en agotarse y quizá subsiste aún. Todavía en la década de 1970, una pobre mujer fue asesinada en su casa y en presencia de una de sus hijas cerca de Ñadó, pues sus vecinos la consideraban bruja.

Hoy les traigo un relato algo distinto: el de una bruja que probablemente nunca existió, pero que quedó registrada en documentos del siglo XVII relacionados con Aculco.

La historia inicia el 13 de abril de 1650, cuando una mujer llamada Josefa de la Serna se presentó "por descargo de su conciencia" ante don Diego de Alarcón Fajardo, cura del pueblo de Chapa de Mota. Quería referirle lo que Salvador García, "vecino del pueblo y partido de San Jerónimo Aculco", le había contado a ella cosa de año y medio atrás, su fortuito y pavoroso encuentro con una bruja:

Dijo el dicho Salvador García que pasando el susodicho una noche por el cementerio de la iglesia del pueblo de Huichapan vio un bulto con una candela encendida en el dicho cementerio, y que llegando a reconocer lo que era, vio que era una mujer que esta declarante no se acuerda cómo la nombró el susodicho, y que estaba desenterrando un difunto. El cual habiéndola reñido, dijo la dicha mujer que por amor de Dios no la descubriese, que el diablo la había engañado, y que esto mismo oyó referir segunda vez al dicho Salvador García, habrá nueve meses poco más o menos.

Del relato del aculquense había sido testigo otra mujer, Isabel de Robles, hijastra de Josefa, que interrogada por el mismo sacerdote sólo agregó que la conversación había tenido lugar en la hacienda de Santa Cruz de don Francisco de Monroy y que Salvador García había situado el encuentro con la bruja en el cementerio de Huichapan "a deshoras". El cura decidió entonces llamar al propio Salvador García de la Mejorada para que le refiriera de primera mano su historia. El 16 de abril, Sábado Santo, y ya de noche, García fue interrogado. Aseguró primero que era de calidad español (es decir, criollo), casado, de 44 años, labrador y vecino como ya sabemos del pueblo de Aculco. Luego se le preguntó si sabía la razón por la qué había sido llamado:

Siendo preguntado si sabe o presume la causa por la que es llamado, dijo que no la sabe ni la presume. Fue exhortado que por reverencia de Dios recorra su memoria y diga si ha visto u oído decir a alguna o algunas personas alguna cosa que sea, o parezca ser, contra la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, o contra el recto y libre ejercicio del Santo Oficio. Dijo que no ha dicho cosa alguna, ni menos ha visto ni oído cosa alguna a ninguna persona contra nuestra Santa Fe Católica y lo más referido,ni nada de lo que se le pregunta. Y habiéndosele apercibido que ciertas personas le citan por testigo en un caso que el susodicho vio a deshora de la noche en un cementerio de una iglesia a una mujer que con una luz encendida estaba desenterrando un difunto y que declare enteramente la verdad, dijo que no se acordaba de tal cosa, y que tales personas debían de haberse equivocado en el nombre, y que esta es la verdad por el juramento que tiene hecho.

¿Había inventado todo aquello Salvador García?, ¿había sido su historia sólo un cuento para asustar en alguna noche oscura a aquel par de mujeres? Dos meses después se le llamó nuevamente para que ratificara lo dicho y se mantuviera en su negativa de reconocer como suya aquella historia o bien para que aportara nueva información. La respuesta de nuestro paisano fue la siguiente:

Que habiendo recorrido sus memorias, se acuerda que el caso que fue preguntado en su dicho no le sucedió al declarante, sino que un hermano suyo llamado ¿? Sánchez, vecino de la dicha provincia de Xilotepec, que le contó que habiendo encontrado una india con un caminante pasajero, al cual no reconoció, ni sabe de dónde es, que el dicho caminante refirió el caso contado en su dicho y declaración, que sucedió cerca de la ciudad de Guadalajara, pero que ni él ni el dicho su hermano saben en qué parte, ni conocen las personas, y que el dicho su hermano lo refirió en diferentes partes, por donde es cierto que las personas que le citaron por testigo se equivocaron en el nombre, y que esto es la verdad, so cargo del juramento que tiene hecho.

Al parecer el cura de Chapa de Mota consideró con esto que no valía la pena hacer más averiguaciones y dio por terminado el caso. Todo había sido una historia escuchada por los caminos de la Nueva España y de la que no existían testigos directos a los que se pudiera interrogar.

A pesar de este final tan soso, el relato nos revela los temores de la gente de nuestra región hace 374 años y la forma en que entendían o imaginaban las prácticas de brujería. Y quizá también, oculto entre las brumas de la leyenda, la realidad de alguna bruja y sus hechizos.

 

NOTAS

Toda esta historia procede del Archivo General de la Nación, Fondo Inquisición, expediente 19, fojas 33-35v.

sábado, 26 de noviembre de 2022

Las historias reales de tres brujas de Aculco

La semana pasada les platicaba aquí del brujo Alejandro, al que se le atribuía la capacidad de hablar con los animales. Por el gran número de visitas que tuvo ese relato entiendo que gustó y que a los lectores de este blog les interesaría conocer más historias por el estilo. Las hay, por supuesto, aunque la mayoría de las veces no se conoce su desenlace, pues apenas han llegado hasta nosotros documentos sueltos que guardan las denuncias de estos casos ante las autoridades eclesiásticas. Por lo que parece, pocos llegaban a preocupar realmente a la Iglesia, pues seguramente se atribuían simplemente a la ignorancia o a la superstición de los feligreses, más que a una verdadera intervención diabólica, y por ello no pasaban de la denuncia o de las primeras averiguaciones. Hoy les traigo tres más de estas historias de brujas, todas muy interesantes, pero lamentablemente todas ellas también truncas.

 

I. La india Rosa Zidi y sus maleficios (1)

Esta primera historia no tiene fecha, pues el documento que trata de ella no la tiene, ni tiene relación con los papeles a los que se halla anexo (que, baste apuntar el dato, señalan fechas tan distantes como 1725 y 1688). El relato, resumido, es el siguiente: Nicolasa María, india tributaria que vivía en el barrio de San Pedro del pueblo de San Gerónimo Aculco, casada con Juan Antonio, acusó en el juzgado eclesiástico de la parroquia a la también india Rosa Zidi, vecina del lugar, por haber "maleficiado" a su hija Anastasia por encargo de una tal María, casada con Nicolás, gañán del rancho de Las Ánimas, debido a los celos que sentía por ella.

Lo curioso es que la propia "hechicera" se descubrió y reveló el maleficio a Anastasia, ofreciéndole librarla de él si le pagaba, "y que lo afianzaba con el pescuezo si no la curaba". Fueron las dos mujeres a la casa de la bruja, pero como Anastasia no pagó, "la dejó dañada pues se halla malísima casi agonizando". Siendo conocido en el pueblo que Rosa Zidi era "de malísima opinión pues anda por la ocasión" y que había hecho algunas otras malas obras de hechicería en San Lucas, Nicolasa pidió al cura que mandara por ella "y se ponga en grande apremio para que confiese tanta maldad como se dice de ella, como hace constar por testigos, pues se ha visto presa por sus maldades, y como no sea presa como corresponde su depravada malicia, no cesa de andar haciendo maldades".

 

II. La hechicera que negaba serlo (2)

A diferencia del caso anterior, en el que la hechicera se asumió como tal, este segundo relato parte de la negación de dicha condición. Sucedió en éste que una india tributaria de nombre Francisca María acusó a otra mujer de Aculco por haber hechizado a su hijo y con ello haberle causado la muerte.

En defensa de la supuesta hechicera -cuyo nombre no se conoce- salieron sus cuatro hijos: Mateo, Matías, Antonio y Bartolo, todos de apellido Cristóbal. Acusaron ellos a su vez a Francisca María de culpar a su madre con la única intención de "desquiciarse de nuestra casa, y todo cuanto ocurre, el bienestar con su marido". Señalaron que la muerte del niño se debía a "las lombrices que tenía, de comer tierra" y apuntaban como prueba que en el pueblo habían "muerto varios del aventamiento y lombrices que echan". Los hermanos, ante el "falso testimonio" de Francisca María, pidieron al cura de Aculco "la remoción de dicha Francisca, cuyos excesos la hacen sin duda indigna de que se le dé crédito" y que "entretanto se justifique su demanda ... se ponga en depósito ... con la integridad debida". Este "depósito" significaba recluirla en alguna casa respetable del pueblo para tenerla vigilidada. El documento que cuenta esta historia no tiene fecha, pero por el fraseo de la denuncia parece ser contemporáneo de la acusación a Rosa Zidi.

 

III. María Antonia García, bruja de San Pedro Denxhi (3)

El asunto ocurrió en 1768. Esta vez, la mujer acusada de hechicería se presentó primero como curandera y fue después que levantó sospechas sobre sus maleficios, cuando el hombre al que pretendió curar falleció.

Los documentos cuentam que el indio Manuel Gerónimo, del pueblo de San Pedro Denxhi, sufrió dolores de estómago por varios meses, hasta que finalmente la enfermedad lo postró. Ni los remedios caseros ni los de botica lograron mejorarlo. Llevaba ya tres meses en cama, aunque en sus cinco sentidos, cuando el domingo 15 de mayo de 1768 llegó a su casa María Antonia García acompañada de su esposo Melchor de los Reyes. Después de saludar a la familia y a Manuel, preguntó por qué no le habían pedido algún remedio "para la sanidad del enfermo". Ellos le respondieron que lo viera y si tenía remedio los ayudara. Antonia les informó entonces que aquel mal "era muy malicioso" y preguntó al enfermo si recordaba con quién se había topado en el río o de camino hacia él. Manuel contestó que primero se había encontrado a un tal Pascual y a otro Miguel, y después a Ángel Argüello. La india señaló que este último era quien lo tenía en ese estado, que sabía que andaba rodeando la casa con cal y que valiéndose de su dinero había hecho que le causara daño un vecino de la "Cofradia de Nuestro Amo" (es decir la Cofradía del Santísimo Sacramento, después conocida como Cofradía Grande). En más de diez ocasiones -relató Antonia- aquel hombre le había dicho que Manuel Gerónimo "no se había de casar sino con la tierra", una clara amenaza de muerte.

La curandera indicó entonces el remedio que habían de aplicarle al enfermo: un menjurje que incluía aceite de comer, aceite de abeto, aceite de alicornio y un escorpión, aceite de contra y aceite de Santa María. Además, debían pagarle cuatro misas pero tenían que darle el dinero a su esposo, "que él sabía a qué padre había que pagársela". Mientras conseguían los ingredientes, ordenó le aplicaran "tantita yerba de Santa María que llaman thixú", la que molida le untaron al enfermo en brazos y piernas, y luego el sobrante se lo dieron a beber a la fuerza. Finalmente, Antonia comentó que si le hubieran avisado antes habría hecho un remedio con "llave de chivo", pezuña de caballo y estiércol de zorrillo.

Cuando la mujer se fue, el enfermo comenzó a sentirse muy mal, le ardía el estómago y dijo que sabía que aquella mujer lo había matado con el supuesto remedio. Al día siguiente, sus hermanos fueron nuevamente a buscar a la curandera, pero ella les dijo que desde luego se moría, porque toda la noche había estado soñando que luchaba con un gato negro que le quería quitar al enfermo y que por fin se lo quitó, así que no tenia remedio. En efecto, cuando los familiares regresaron a la casa el hombre se hallaba ya sin habla y al poco tiempo, cerca de la media noche, expiró. "Luego que murió el difunto -declaró su hermano, Pascual Gerónimo- dijimos como tan adoloridos que quizá esa dicha Antonia había enhechizado al enfermo o ayudado a ello". A los tres días que se presentó Antonia de nuevo en la casa, la llamaron bruja y decidieron informar al cura de Aculco.

A diferencia de los dos casos anteriores, esta vez consta que el párroco don Lorenzo Díaz del Costero decidió investigar el asunto más a fondo. Además de citar como testigos a los familiares del difunto Manuel Gerónimo, que coincidieron en sus declaraciones con lo aquí apuntado, se apersonó también Francisco Valeriano, quien en algún tiempo que había estado amancebado con la tal Antonia García. Él había rechazado casarse con ella a pesar de sus apremios y lo hizo en su lugar con una mujer de nombre María Josefa. Sin embargo, al mes y medio de la boda la esposa murió, después de sufrir un dolor de cabeza por ocho días. Mientras agonizaba, afirmó Francisco, estaba ahí presente un gato prieto, que se mantuvo en el sitio hasta que murió. El dueño le echó entonces a sus dos perros y al salir de la casa se oyó un estruendo en el techo, pero después de revisarlo nada hallaron en él. El cuerpo de María Josefa fue conducido a su oratorio y colocado en el suelo. Y a la noche, con horror, la mucha gente presente vio que entre el cabello de la difunta salían hormigas y arañas prietas "que no había en tal forma en el pueblo", además de gusanos blancos "en demasía". Naturalmente, las sospechas de Francisco recayeron en la bruja despechada.

Finalmente compareció ante el cura la propia curandera. María Antonia se cuidó de hacer cualquier declaración que la comprometiera como bruja. Explicó que el "medicamento" de aceite de cocina (no mencionó los otros ingredientes) le había servido a ella misma para curarse y nada habló de maleficios, gatos, ni de otros remedios como señalaron sus acusadores.

¿Qué pasaría con aquella mujer? ¿Convencería al párroco de su inocencia con esa declaración? Para no variar, los documentos no nos dicen nada más que lo aquí transcrito.

***

Hay en estas tres historias muchos detalles de interés. El primero es que se trata siempre de mujeres, pues indudablemente eran ellas más señaladas por practicar la brujería que los hombres. El segundo es que parece haber más puntos de coincidencia con la tradición occidental de la hechicería que con prácticas prehispánicas, pues aparecen notoriamente los gatos negros, especie que no existía en América antes de la llegada de los europeos, y en la poción de la hechicera Maria Antonia hay ingredientes del Viejo Mundo, como el chivo y el caballo. Sobre esto, hay que apuntar que las declaraciones solían hacerse en lengua otomí y eran traducidas por un intérprete al castellano, por lo que ciertos detalles que podrían indicar una supervivencia de antiguas prácticas indígenas pudieron perderse en su traslación. El tercer detalle es la persistente creencia en brujas y hechicerías, que a los aterrados aculquenses de la época les parecían factibles y reales, tanto como para denunciar sus actos a las autoridades y esperar un castigo para ellas.

Esto último quizá no es tan soprendente. En fechas tan recientes como finales de la década de 1970, hubo todavía en el municipio de Aculco alguna mujer que pagó con su vida la convicción de sus vecinos de que se trataba de una hechicera.

 

NOTAS

(1) "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9396-1Q9X-CQ?cc=1837908&wc=MGXY-MNL%3A164300601%2C164305102%2C165841601 : 21 May 2014), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Información matrimonial 1688, 1719, 1768-1770 > image 65 of 417; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico).

(2) "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9396-1Q9X-BG?cc=1837908&wc=MGXY-MNL%3A164300601%2C164305102%2C165841601 : 21 May 2014), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Información matrimonial 1688, 1719, 1768-1770 > image 61 of 417; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico).

(3) "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9396-1QS4-RL?cc=1837908&wc=MGX1-3TG%3A164300601%2C164305102%2C165945503 : 21 May 2014), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Información matrimonial 1759-1782 > image 421 of 591; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico).

viernes, 18 de noviembre de 2022

Alejandro, el brujo de Aculco que hablaba con los animales

El crecimiento del turismo en años recientes ha causado una singular situación: quienes ofrecen recorridos por el pueblo no conocen muchas leyendas o sucedidos de Aculco, por lo que se los inventan sin vergüenza alguna. Quizá el mejor ejemplo es el de la "bruja de Aculco", un relato que nació hace pocos años, pero que se ha extendido como si fuera tradicional gracias a internet. Y la verdad no es que las historias falten, sino quizá que no les parecen lo suficientemente atractivas o no han encontrado la manera de narrarlas.

Hace quizá unos seis meses, tal vez más tiempo, un conocido me preguntaba precisamente por leyendas de Aculco. Le conté algunas y por insistencia suya prometí hablar en este blog de una historia que no había tenido oportunidad de poner por escrito, relacionada con un pacto con el diablo y un hombre que hablaba con los animales. Lo interesante de ella es que está registrada en documentos de 1773 del archivo parroquial. Espero les guste y que cuando les pregunten sobre historias aculquenses de miedo, se aprovechen de ella:

El 12 de junio de 1773, una aterrada mujer se presentó ante don Ignacio Claudio de Mendoza, cura párroco de Aculco. Se trataba de Manuela Gertrudis de Rivera, de calidad española, vecina del rancho de Toxindejé (conocido también como rancho de Almoloya, que había pertenecido a Gabriel Lorenzo Magos) y casada con don José Saldívar. Su intención era denunciar a un joven de nombre Alejandro, sin que se conociera su apellido, del rancho de Fondó, por "brujo, sacrílego o que tiene pacto con el diablo". Decía Manuela que Alejandro era culpable de que se hallara enferma "según parece de maleficio que le ha hecho por no condescender a torpes contratos" (un eufemismo por no decir que quería acostarse con ella), pues él mismo le había confirmado "que la tiene así, y que tiene poder para hacer eso y mucho más".

¿Qué más podía hacer el tal Alejandro? El mismo documento lo aclara:

Le ha dicho que él es del Infierno, y que tiene poder para hacer entender a los animales, como con efecto le consta a la que declara: que habiendo soltado un buey en el corral, lo oyó decir la que declara al buey preguntado por Alejandro: "Ya vendrá". Lo que le parece pudo percibir y entender don Cristóbal Basurto que al mismo tiempo iba llegando hacia la casa, y vio la que declara que los ojos se le anegaron de agua al dicho Basurto, y entendió ser por lo que había oído del buey.

Que en otra ocasión habiéndola amenazado dicho Alejandro, le dijo Chepa la mujer de Marcelino: "yo no he de venir asustada del agua" y al día siguiente habiendo ido a lavar la que declara oyó la voz del dicho Alejandro, aunque no lo vio, que decía "cójalo, allá va", y al instante vio la declarante delante de sí dos carneros blancos con astas que la querían embestir, y conforme alababa la que declara a María Santísima se retiraban dichos carneros, habiendo hecho el acometimiento de embestirle tres ocasiones, pero nunca le hicieron daño, y habiéndose ido para su casa la que declara, los carneros estuvieron a la vista de dicha casa hasta el anochecer. Que se fueron metiendo para el monte.

Y que algunas veces le ha dicho, y ahora en este tiempo le ha enviado a decir, que ha de tener algún dolor en parte señalada de su cuerpo, y que en efecto lo ha tenido.

Todo esto declaró la mujer bajo juramento, señalando "que no hace dicha denuncia por odio ni mala voluntad, sino únicamente por celo de nuestra santa Fe, y que no tiene otros documentos, no sabe que otras personas tengan noticia para justificar la sospecha contra dicho Alejandro".

El problema con esta historia es que no sabemos lo que sucedió después, si el cura de Aculco consideró que el caso ameritaba mayores investigaciones o simplemente archivó la declaración de Manuela Gertrudis. Como sea, nos legó la imagen de un personaje que con algo de dramatización se puede recuperar como leyenda local: la historia del misterioso y lujurioso brujo Alejandro de Fondó, que se decía venido del Infierno, capaz de hablar y hacer hablar a los animales, que enviaba un par de carneros blancos a atacar a sus enemigos (a los que se podía alejar lanzando alabanzas a la Virgen María) y ejercía maleficios sobre otros causándoles dolores en partes precisas del cuerpo. Es una buena historia y tiene casi 250 años.

 

NOTAS

La declaración de Manuela se puede consultar aquí: "México, México, registros parroquiales, 1567-1970," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9396-1Q9N-ZH?cc=1837908&wc=MGXY-MNL%3A164300601%2C164305102%2C165841601 : 21 May 2014), Aculco de Espinosa > San Jerónimo > Información matrimonial 1688, 1719, 1768-1770 > image 386 of 417; parroquias Católicas, Estado de Mexico (Catholic Church parishes, Estado de Mexico