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miércoles, 6 de septiembre de 2017

El Dr. Gustavo Baz en Aculco, en 1957

Dudé mucho en ponerle el título a esta entrada de mi blog Aculco, lo que fue y lo que es. Porque, en realidad, el texto que quiero compartirles hoy de lo que menos habla es propiamente del Dr. Gustavo Baz Prada, gobernador del Estado de México de 1957 a 1963, pese a que fue escrito en relación con su campaña electoral a la gubernatura. Resulta mucho más extenso, en cambio, el espacio que dedica el autor a dos filántropos aculquenses -Ignacio Espinosa y Alfonso Díaz- y particularmente a dos de sus donaciones al pueblo, entonces muy recientes: el Hospital Concepción Martínez y la reconstrucción de la Alberca Municipal (a la que por esos años se pretendió darle el nombre poco afortunado y convenientemente olvidado de "Balneario María Elena"). Vayamos, pues, al texto.

Por un camino de terracería, polvoriento, dejamos Polotitlán. Aculco era nuestra siguiente meta.

Aculco es un pueblo que debemos conocer. Es muy interesante. Baste decir que una tarde, ya para ponerse el sol, llegó un anciano de mirada noble y de porte augusto, a pedir ayuda para su causa. De esto hace siglo y medio. El pueblo lo observó, primero con angustia y luego lo acogió con fervor.

"Hijos — les dijo tan noble varón — , acudo a ustedes para que hagamos juntos la libertad de México". Aquel anciano había de ser el Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo y Costilla. Aculco le dio, junto con el corazón, todo lo que pidió aquel inolvidable cura.

Al llegar a Aculco, un centenar de charros y chinas poblanas, esperaban al Maestro [Gustavo Baz] en las afueras del pueblo. El Doctor montó en un hermoso caballo canelo y lo escoltaron los charros hasta el jardín principal, donde se realizaría nuestro segundo mitin del día. El acto se desarrolló ordenadamente y se veía mucho entusiasmo en las gentes. Cuando terminó dicho acto, nos invitaron a visitar una preciosa alberca olímpica que tenía poco de inaugurada. Casi no quieren bañarse, para no maltratarla. Su historia es la siguiente:

De Aculco son dos ciudadanos ejemplares, filántropos de corazón gigantesco. El señor Alfonso Díaz y don Ignacio Espinoza. El primero es el que se encargó casi en forma permanente, de hacer arreglar las calles, donó hace algún tiempo, el Palacio Municipal y acaba de construir para bien del pueblo, aquella alberca que costó más de un cuarto de millón de pesos.

La alberca está en la parte Norte de la población y tiene una vista panorámica muy hermosa. Desde aquellos trampolines se miran las casas de Aculco, cuyas paredes de blanca piedra, tienen un trasunto de pueblo arábigo.

El otro hijo predilecto del pueblo, don Ignacio Espinoza, introdujo el agua potable y llevó la electricidad y con ella las múltiples comodidades que la vida moderna ofrece. Al morir en 1952, dejó un donativo de tres millones de pesos para un precioso hospital que ya se construyó. Este donativo lo manejaron con tal habilidad, que durante cinco años que trabajaron el dinero, construyeron su hospital con costo de más de un millón de pesos y a la fecha, tienen íntegro el donativo original.

El hospital lo maneja un patronato y es adecuado para las necesidades actuales, además de que se encuentran previstas las necesidades hospitalarias de una población creciente. Allí se palpa con objetividad, la labor casi apostólica que realizan los médicos de pueblo, que tienen claro sentido de su deber y son conscientes de una misión tan importante.

En una misma sala del hospital, se apreciaba el esfuerzo de un joven cirujano. Allí estaba el resultado de su arte y de su ciencia. Una señora convalecía de una operación de la vesícula biliar; una más había sido tratada de cierta fractura en una pierna; a otra se le practicó una cesárea, etc. Las demás se quejaban y no investigué el motivo. Me dió mucho gusto ver allí, el resultado de ubicuos esfuerzos. ¡Para que el cirujano aquél llegara a curar tanta dolencia, cuántos años de esfuerzo personal y cuántos sufrimientos habrá tenido! ¡Cuántos Maestros le transmitieron paulatinamente sus experiencias y le dieron su tiempo y su paciencia! Pero el resultado, hoy se veía presente. Como una planta que se observa desde que brota, crece.

 

Fuente: Gascón Mercado, Julián, Acuarelas sociales; de gira con el maestro Gustavo Baz, México, 1959, edición del autor, p. 70 y 71.

Del Hospital Concepción Martínez podemos decir que entró años después en franca decadencia, de la que lo rescató un nuevo patronato en la década de 1980 y hoy en día continúa, por fortuna, brindando atención médica. De la alberca... bueno, todos sabemos que un fallido intento de remodelación por parte del Ayuntamiento la dejó inutilizable desde hace cerca de dos años. Los trabajos por recuperarla se han reanudado hace poco, aunque no se advierte mucho empeño en ello.

miércoles, 30 de agosto de 2017

¿Aculco de Espinosa o de Espinoza?

Justo en vísperas de la fiesta patronal de san Jerónimo del año de 1954, la Legislatura del Estado de México aprobó un decreto por el que la cabecera municipal de Aculco perdió oficialmente la parte de su nombre que lo ligaba con aquel santo y recibió a cambió el apellido de don Ignacio Espinosa Martínez, filántropo local al que el pueblo le debe entre otras cosas la fundación del Hospital Concepción Martínez (que lleva ese nombre por su madre). Pero si cuando se llamaba San Jerónimo Aculco con gran frecuencia su nombre se veía escrito como "San Gerónimo Aculco" (y esta ortografía, con "g", resulta además la más abundante en documentos históricos que se refieren a él), con su nuevo nombre resultó que también en innumerables ocasiones lo vemos escrito -incluso en documentos oficiales- como "Aculco de Espinoza", con "z".

Pero lo cierto es que la ortografía que le corresponde es con "s". Así escribía su apellido don Ignacio y lo siguen haciendo de la misma manera sus familiares cercanos y lejanos. Incluso el decreto original respetó dicho uso, como se puede ver con claridad en el número 28 de la Gaceta del Gobierno del Estado de México del miércoles 6 de octubre de 1954, en la que se publico del decreto correspondiente.

Un detalle más en el que acostumbro insistir: sólo la cabecera municipal lleva el nombre de Aculco de Espinosa, no el municipio que se llama simplemente Aculco.

martes, 8 de febrero de 2011

El Hospital Concepción Martínez

El Hospital Concepción Martínez a principios de la década de 1960.

Desde 1954, por decreto de la legislatura estatal, el antiguo pueblo de San Jerónimo Aculco lleva el nombre de Aculco de Espinosa (así, con "s"), en honor a don Ignacio Espinosa Martínez, oriundo de este lugar, quien a su muerte donó parte de su gran fortuna para diversas obras de beneficencia. Don Ignacio, hay que recordarlo, formaba parte del grupo de inversionistas que encabezados por Roberto García Loera adquirieron en 1917 el Ingenio de San Cristóbal, en Veracruz, y gracias a ello vio crecer su ya importante patrimonio. Ello le convirtió también en el personaje más destacado de Aculco en las décadas de 1940 y 1950, si bien mucho de su actuar en el pueblo lo hacía indirectamente, a través de su hermano Mateo que a diferencia de él sí residía en el pueblo.

Patio del Hospital Concepción Martínez en 1959.

El principal legado de don Ignacio a su pueblo natal fue el hospital bautizado con el nombre de su madre, Concepción Marínez, dotado con más de tres millones de pesos de aquella época el 7 de julio de 1953, que inició operaciones en 1956 en un edificio de nueva planta situado en la calle de Matamoros no. 4. Aunque de pequeño tamaño, su equipamiento era de primer nivel, por lo que rivalizaba con los establecimientos hospitalarios incluso de la capital del estado. Sin embargo, largos años de administración deficiente lo llevaron a cerrar sus puertas en la década de 1980.

Exterior del hospital en la actualidad. Frente a su fachada, la antigua casa del padre José Canal.

Por fortuna, un grupo de aculquenses encabezado por los señores Carlos de la Vega Parks y Jorge Lara Morales iniciaron entonces un gran esfuerzo por mantener sus puertas abiertas que se sostiene hasta la fecha. Con recursos más modestos que en su origen -ya que su patrimonio había sido dilapidado, sus activos físicos saqueados e incluso parte de su solar vendido para cubrir deudas- contaron en su tarea con el invaluable auxilio de la congregación de religiosas Hijas de María Madre de la Iglesia.

Pasillo del hospital en la actualidad. Nótese que los corredores han quedado cerrados hacia el patio.

Así, en la actualidad, junto con la atención hospitalaria que se da al público con un costo de recuperación que resulta realmente simbólico, la Fundación de Asistencia Privada Concepción Martínez, I.A.P. promueve cotidianamente la presencia brigadas de salud que han permitido la realización de cirugías a personas de bajos recursos. Esto, además del funcionamiento de una Casa Hogar a cargo de las religiosas.

El frondoso y bien cuidado jardín invita a pasear.

Hace pocos meses tuve la oportunidad de recorrer el establecimiento y la impresión fue inmejorable: aunque en mucho parece todavía anclado en la década de 1950 en que se construyó, el inmueble luce inmaculadamenet limpio, cuidado con mimo y esmero. En su última renovación se dio una reubicación general de las áreas tanto operativas como administrativas, lo que sin duda constribuye a su eficiencia. Los corredores fueron cerrados y acristalados, algo que resultaba indispensable por el clima de Aculco y los requerimientos de higiene de una institución de su naturaleza. El jardín es una delicia y la capilla, que guarda un fragmento del antiguo altar mayor de la parroquia, luce con mucha dignidad.

Capilla con el fragmento del antiguo altar mayor neoclásico de la parroquia.

Si bien el Hospital Concepción Martínez no es un edificio histórico en sentido estricto, guarda como ningún otro la memoria de uno de los más generosos hijos de este pueblo. Su arquitectura, aunque con inequívocos rasgos de modernidad, es un buen ejemplo de la adecuada incorporación, sutil, amable y sin estridencias, respetuosa del entorno, las tradiciones constructivas y los materiales locales, de un edificio contemporáneo en el tejido urbano histórico del pueblo.

Por cierto, el hospital aparece en el anuncio de la Secretaría de Salud federal sobre la vacunación contra la influenza, que puedes ver aquí



Dos vistas más de los jardines

ACTUALIZACIÓN, 1 DE MARZO DE 2012

Dos interesantes fotografías del Hospital Concepción Martínez.

Vista general del hospital, desde su parte posterior. Foto tomada de Estampas de Aculco.

Una capilla interior construida no hace muchos años en los anexos del hospital habitados por las religiosas. Foto tomada del sitio Colecta Aculco 2009.

Otra vista de la capilla interior. Fotografía tomada del blog A Maryland Chicana.

ACTUALIZACIÓN, 3 DE ABRIL DE 2025:

Dis interesantes fotos más:

martes, 10 de agosto de 2010

El retablo del Hospital: vestigios del antiguo altar mayor de la parroquia

El retablo desde el exterior de la capilla del Hospital Concepción Martínez

Hace ya muchos meses publicamos en este blog un texto sobre el desaparecido ciprés o baldaquino neoclásico de la parroquia de San Jerónimo, lamentándonos de su completa desaparición en la década de 1950. Pero esto ha resultado no ser completamente cierto: gracias a las antiguas fotografías hemos podido constatar que unos cuantos de sus elementos constructivos sobrevivieron para ser adaptados a la capilla del Hospital Concepción Martínez, bello y útil inmueble edificado por el filántropo local don Ignacio Espinosa en 1956.

Vista general del único cuerpo del retablo

Nosotros ya sabíamos que este retablo, casi desconocido aún para los aculquenses, procedía de la parroquia. Nos lo habían confirmado así varias personas y muchos detalles constructivos así lo evidencian. Sin embargo, en ninguna fotografía antigua del interior del templo aparece un altar con similares características y disposición, esto es: un banco ante el que se alza la mesa del altar (labrado el frente de esta con medallones, guirnaldas, pebeteros y ménsulas); un único cuerpo que se desplanta sobre dos gradas interrumpidas al centro por el sagrario (cuya puerta, pintada al óleo, parece respresentar la adoración del Sagrado Corazón del Niño Jesús); sobre las gradas, cuatro columnas sin pedestal, abalaustradas en su parte inferior, estriadas, y con unos alargados capiteles compuestos que apoyan sobre el ábaco un angosto y extraño entablamento de planta lobulada. Las imágenes de la Virgen de Guadalupe y del Niño Jesús vestido de médico son contemporáneas y evidentemente no forman parte del retablo original.

Capitel compuesto

Fragmento inferior de la columna, de tipo abalaustrado

Detalle del Sagrado Corazón del Niño Jesús en la puerta del sagrario

Ángeles en la parte inferior de la misma pintura

Visto así, en su apariencia actual, parece una versión pequeña y de un estilo neoclásico aún más popular de los retablos laterales de la parroquia.

El antiguo altar mayor

Ha sido una antigua fotografía del baldaquino que sirvió de altar mayor en la parroquia de San Jerónimo Aculco a lo largo de una centuria, desde mediados del XIX la que nos ha dado la pista final de su procedencia. Obsérvese primero en la vieja fotografía que la mesa del altar es la misma, lo que se aprecia por el relieve central.

Mesa del antiguo altar mayor de la parroquia

Detalle de la mesa del altar del Hospital

Ahora, observemos esa especie de pequeño templete que se hallaba bajo la bóveda del baldaquino: aunque la foto no permite verlo a detalle, se percibe fácilmente que sus columnas, abalaustradas, son las mismas del retablo del Hospital. Uno de los pocos ejemplos que existen en nuestro país del uso de este tipo columnas lo tenemos en la fachada de la Catedral de Querpetaro (antiguo Oratorio de San Felipe Neri), construida a principios del siglo XIX.

Templetillo en el interior del antiguo baldquino con la comparación de sus elementos constructivos con los del retablo del Hospital

Columnas del segundo cuerpo de la fachada de la Catedral de Querétaro, de estilo de transición entre el barroco y el neoclásico, con columnas muy parecidas a la de este retablo.

Finalmente, el sagrario también parece ser, por sus características formales, obra del siglo XIX y perteneciente al antiguo altar mayor, aunque en este caso no es posible demostrarlo ya que en la fotografía antigua se advierte sólo la silueta del adorno, aunque a simple vista parece reproducir los contornos de la pintura descrita. El resto de los elementos de madera del actual retablo del Hospital también parecen haber pertenecido al viejo ciprés.

Puerta del antiguo sagrario

Puerta del sagrario

En conclusión; más allá de los documentos gráficos que reproducen el aspecto del desaparecido ciprés neoclásico de Aculco, así como de los varios baldaquinos construidos en iglesias de su jurisdicción parroquial que intentaron reproducirlo y que se conservan como testimonio del original, podemos tener un conocimiento aún mayor de esta interesante obra perdida por una decisión incomprensible hace más de medio siglo.