sábado, 23 de mayo de 2026

El pueblo perdido de Santa María Ñadó

Al momento de la conquista española, la extensa Provincia de Jilotepec -dentro de la cual se encontraba el territorio de Aculco- albergaba numerosos pequeños asentamientos hoy desaparecidos y, en muchos casos, completamente olvidados. Su desaparición obedeció principalmente a las grandes epidemias del siglo XVI, que diezmaron a la población indígena de la Nueva España y dejaron muchos de aquellos pueblos reducidos a unos cuantos habitantes o incluso totalmente despoblados.

Ante esta crisis demográfica, las autoridades virreinales ordenaron la congregación de los sobrevivientes en determinados pueblos de la región, con el propósito de evitar que la dispersión dificultara tanto la vida cotidiana como las labores de evangelización. Para ello se eligieron los sitios mejor provistos y de mayor importancia. En el caso de la porción occidental de la Provincia de Jilotepec, se dispuso que diversos poblados fueran reunidos en San Jerónimo Aculco. Allí se congregaron, entre otros con escaso vecindario, los habitantes de San Juan Aculco, Santa María Ñadó (también llamado Xipzoneca o Xipopeca), San Lucas Totolmaloya, Santa Ana Matlavat, San Pedro Tenango y San Ildefonso Tultepec. Sus moradores abandonaron casas y templos, aunque continuaron reivindicando la propiedad de las tierras que habían poseído en torno a aquellos antiguos asentamientos. Este proceso de congregación tuvo lugar entre 1593 y 1605.

En algunos casos, los pueblos de origen terminaron por desaparecer por completo y su memoria se perdió. Así ocurrió con San Juan Aculco y Santa María Ñadó. Otros, en cambio, tuvieron mejor fortuna y lograron repoblarse tiempo después, prolongando su existencia hasta nuestros días. Fue el caso, por ejemplo, de Santa Ana, San Lucas, San Pedro y San Ildefonso.

La ubicación del desaparecido San Juan Aculco puede inferirse con relativa facilidad, pues un plano de 1611 lo sitúa al sureste del casco de la hacienda de Arroyozarco. Mucho más difícil resulta localizar Santa María Ñadó. Los planos conservados no permiten identificar su emplazamiento con precisión, y los documentos que lo mencionan ofrecen apenas referencias vagas y generales, citándolo sólo en relación con las estancias de ganado de los indios Rafael y Cristóbal de los Ángeles: “sobre términos del pueblo de Santa María el dicho sitio al pie de la falda de la sierra que llaman de Nato [sic], linde de sitio de estancia de D. Cristóbal de los Ángeles" y "sobre términos del pueblo de Santa María Xicponeca, linda por la parte del oriente con dicho pueblo de Santa María". En términos generales, podemos suponer que el pueblo de Santa María Ñadó se econtraba cercano al sitio de Bimbó.

A principios del siglo XVIII, los naturales de Aculco reclamaban aún como parte de las posesiones lo correspondiente al fundo legal y tierras de comunidad de Santa María Ñadó Xipopeca, pero estas posesiones no se encontraba ya bajo su dominio. Esto sucedió en parte debido a los extraños que se introdujeron para apropiárselas, pero quizá también por habérseles considerado como baldías. En 1705, los vecinos de Aculco consiguieron la restitución de parte de esas propiedades, mas no hicieron uso de ellas al no haberse concluido el litigio que incluía otras posesiones también reclamadas. En realidad, lo más probable es que nunca hayan recobrado la posesión efectiva de dichas tierras. Conjuntamente con la invasión de las tierras de Santa María Ñadó, es posible que las mercedes de tierras concedidas en sus inmediaciones por las autoridades del virreinato a diversos particulares, a fines del siglo XVI y principios del siglo XVII, hayan terminado por constreñir el fundo original hasta hacer desaparecer incluso la memoria de su ubicación exacta. Esas primeras mercedes de tierras se unieron muchos años más tarde bajo una misma propiedad, a lo largo de un proceso largo y complicado, y con el tiempo acabaron por formar el latifundio conocido como hacienda de Ñadó

A mediados del siglo XIX, la lectura deficiente de los documentos que hablaban del pueblo de Santa María Ñadó llevó a que la comunidad de naturales de Jilotepec pretendiera reclamar las tierras que le habían pertenecido, aunque por lo visto lo suponían ubicado cerca de la cabecera de aquella cabecera. La carta que dirigieron a las autoridades, recogida por Margarita Carbó en su artículo "Una historia mexicana del siglo XIX. La corporación civil ante el proyecto desamortizador de los liberales", es muy interesante, pues describe un proceso histórico muy parecido al que descrito hasta aquí:

Señor:
Los que suscribmos indígenas y vecinos del Partido de Jilotepec, súbditos fieles de V.M.I. le exponemos respetuosamente que en el año de 1595 existía en términos de la cabecera de nuestra vecindad el pueblo de nuestros mayores conocido entonces con el nombre de ¿Xiponeca?, y este pueblo como todos los que se erijían en tiempos del gobierno español, disfrutaba de su fundo legal, esto es, tenía seiscientas varas de terreno por cada viento, gozaba de su monte y ejido con arreglo a lo que disponían las Leyes de Indias y la cédula del 12 de julio de 1695. A inmediaciones del pueblo y a la distancia que determinaban las mismas leyes, poseían D. Cristobal y D. Rafael de los Angeles tres caballerías de tierra y dos sitios de ganado mayor…
Los habitantes de este pueblo se fueron disminuyendo paulatinamente a causa sin duda de las epidemias que se desarrollan en aquella época (…) y en la misma proporción iban disminuyéndose los terrenos del pueblo por la codicia de los colindantes que siempre han procurado aumentar sus posesiones con detrimento de los pueblos…
Aunque como hemos dicho y no podemos fijar con certidumbre la época (de la desaparición) y no han faltado indígenas en más o menos número que hayan habitado en terrenos del pueblo en más o menos extensión como descendientes de los primeros fundadores y que molestados y perseguidos no hemos desamparado el lugar donde existía el pueblo.
Hemos solicitado los títulos originales de su fundación y a pesar de nuestro empeño buscándolos en el Archivo General no hemos podido hallarlos, pero esto no obstante, tenemos la convicción de que ninguno puede haberse hecho dueño de los terrenos que formaban el fundo legal del pueblo, porque el gobierno español jamás vendía los pueblos de indígenas, antes bien, nos dispensaba una protección tan especial y cuidaba tanto de que las tierras se conservasen en nuestro poder, que aun cuando a algún particular indígena le concedía merced de algunas, era con la precisa condición de no poder venderlas…
Dijimos Señor que siempre ha habido indígenas que han procurado no desamparar aquellos lugares, y hoy asciende su número a quinientas personas: hemos construido una capilla y le hemos dado mayor amplitud, sólo nos falta, Señor, el fundo que debe tener todo pueblo según lo determinan las leyes 6ª, 7ª y 10ª del título 5, libro 4º de la Recopilación de Indias y otras del 6º.
Como de día en día crece el número de habitantes y carecemos de los terrenos necesarios para formar nuestras habitaciones, para la siembra de las semillas que nos proporcionan los alimentos necesarios para nuestra subsistencia; como por la parte pequeña de tierras que ocupamos nos exigen renta y si no la satisfacemos nos embargan y nos reducen a la última miseria, ocurrimos a V.M. suplicando encarecidamente se sirva erigir de nuevo el pueblo de nuestros mayores, mandando se nos restituyan los terrenos que lo formaban (…) en lo que recibiremos merced y gracia particular.
Jilotepec, noviembre del 1865. Firmas, la última de las cuales apostilla: “amigo de los que no saben firmo yo.
 
Fuente: AGN. IJPCM, vol I a fojas 107.

desapareció físicamente, sobrevivió su rastro en los documentos: planos que todavía evocan su existencia y litigios por sus tierras sostenidos mucho tiempo después de su abandono. Pero, sobre todo, perduró su nombre en el de la hacienda, último vestigio de un asentamiento borrado del paisaje, aunque no del todo de la memoria histórica.

viernes, 15 de mayo de 2026

Una estampa de la educación socialista en Bañé (1935)

La implantación de la educación socialista en México fue uno de los proyectos más controvertidos del Estado posrevolucionario. Impulsada bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas, la reforma al artículo 3o. constitucional de 1934 estableció que la enseñanza impartida por el Estado debía ser socialista, excluir toda doctrina religiosa y formar en los alumnos una conciencia colectiva orientada hacia la justicia social y la transformación económica del país. Más que un simple cambio pedagógico, la medida buscaba consolidar la autoridad del nuevo régimen revolucionario en el campo y en las ciudades y combatir la influencia de la Iglesia. Tal como lo señaló el "Jefe Máximo de la Revolución", Plutarco Elías Calles, en su discurso de Guadalajara del 21 de julio de 1934, buscaban apoderarse "de las conciencias de la niñez, de las conciencias de la juventud porque son y deben pertenecer a la Revolución".

La educación socialista encontró fuertes resistencias, pero también abrió un amplio debate sobre el papel de la educación en la construcción de la nación moderna y en la definición de la identidad ideológica del México del siglo XX. En la Universidad Nacional, por ejemplo, se discutió si la institución también debía alinearse o no a la ideología del Estado. El exrector Antonio Caso estaba en contra de ello, mientras que el director de la Escuela Nacional Preparatoria, Vicente Lombardo Toledano, estaba a favor. Aunque por el momento el bando ideologizado triunfó, al cabo del tiempo esta discusión fortaleció la defensa de la autonomía universitaria y la libertad de cátedra.

En Aculco, como en el resto del país, se implantó también en aquellos años la educación socialista. De esta etapa, sin embargo, lo desconocemos casi todo, por resultra muy interesante la pequeña crónica que hoy quiero mostrarles, que se refiere al trabajo en esos tiempos de la escuela rural de la comunidad de Bañé, ubicada al norte de la cabecera municipal. En realidad, poco se refiere directamente a la ideologización de la educación, más allá del uso de la expresión "fanatismo" que en realidad se refería simplemente a la religión. Más bien se trata de una lista de acciones meritorias en su pequeña escala. El artículo fue publicado en el periódico El Nacional el 22 de junio de 1935:

 

REAFÍRMASE LA ESCUELA SOCIALISTA

Paulatina, pero firmemente, la nueva escuela creada al reformarse el artículo tercero de la Constitución, va afirmándose en toda la República, siendo los habitantes de nuestras extensas zonas rurales, los primeros en sentir y palpar sus beneficios. Con los informes oficiales que dan fe de este arraigo, acaba de rendirse un importante reporte a la Secretaría del Ramo, especialmente en lo que hace a la implantación de la Escuela Socialista en el Estado de México.

A este particular, el señor profesor Carlos Flores Zamora, Jefe del Departamento de Enseñanza Rural, ha reunido las informaciones de cada uno de los diversos sectores rurales del Estado de México, documentación que, por su importancia, transcribimos a continuación.

[...]

LO QUE SE LOGRÓ EN BANÉ

Interesante, sin género de duda, resulta Vicenta H. Arce, Directora de la Escuela de Bané, Aculco, Méx., que dice: "Se han celebrado todas las fiestas patrias y actos que el calendario escolar señala, en el teatro al aire libre. Con el fin de realizar y llevar a mejor éxito la campaña antialcohólica, verificada en las fiestas sociales, hablándoles a los concurrentes de los daños que traen toda clase de vicios, particularmente el alcohol y el fanatismo, aconsejándoles sustituyeran lo anterior por el deporte y la lectura.

"Con la colaboración del vecindario se han estado efectuando campañas prohigiene, profilaxia, que están dando por resultado una mejor indumentaria en los habitantes y aseo individual.

"Buen número de personas están siendo vacunadas; los niños están atendidos, y el aseo de la dentadura se está llevando a cabo de modo cotidiano.

"Las niñas confeccionan sencillas prendas de vestir, así como costuritas útiles y adecuadas a su trabajo. En la escuela rural, se hacen dulces sencillos y aun se utilizan los productos que se obtienen, para la compra de útiles escolares.

"La Sociedad de Madres de Familia colabora con la escuela: un gabinete rústico de aseo tenemos instalado en el plantel, y no descuidamos el baño semanario que llevan a cabo en un río vecino. Estamos instalando filtros en los hogares, para tomar agua potable.

"Se practica con empeño el deporte y algunos encuentros hemos tenido, que han servido, por cierto, para unir a los habitantes con íntimos lazos de solidaridad".

Como trabajo material, "pintó la escuela, ventanas y puertas, dejándola lista para la inauguración". Construyó la casa del maestro y aun el teatro al aire libre.

Atiende con esmero el jardín escolar que está floreciente; en la huerta escolar planta árboles de la región y hace un experimento del cultivo de la linaza.

Con los productos de la parcela escolar, compró ladrillos para el piso de la casa del maestro. Colocó una campana en la escuela, para llamar las horas de entrada a los alumnos y, cosa curiosa, la inscripción de 81 alumnos, es casi igual a la asistencia ordinaria diaria.

El piso del salón de clase está ahora cimentado; la magnífica lámpara de gasolina que ilumina nuestras clases nocturnas, fue comprada, y se construyó la casa-habitación que ocupa.

 

Aquella pequeña escuela de Bañé —una sencilla construcción de piedra, de perfil mixtilíneo— se mantiene, por fortuna, todavía en pie y hoy funciona como biblioteca de la Escuela Primaria Emiliano Zapata. Pero más interesante aún sería saber qué memoria dejaron aquellos años entre los pobladores; si alguien recuerda todavía a la maestra Vicenta H. Arce, y si la implantación de la educación socialista representó para ellos una experiencia liberadora o una indebida injerencia del Estado en la formación de la infancia local.

La desaparición de la educación socialista en México ocurrió de manera gradual durante la década de 1940, conforme el Estado posrevolucionario abandonó el tono radical del cardenismo y buscó una política de conciliación nacional. Bajo el gobierno de Manuel Ávila Camacho, quien se definía públicamente como creyente, disminuyó la confrontación con la Iglesia y se promovió una visión más moderada de la enseñanza pública. Finalmente, en 1946, el artículo 3o constitucional fue reformado para eliminar el carácter socialista de la educación y sustituirlo por una orientación “democrática”, centrada en la unidad nacional, el desarrollo científico y la convivencia plural. Con ello, el Estado mexicano dejó atrás el proyecto de formación ideológica revolucionaria que había caracterizado a los años treinta y abrió paso a un modelo educativo más pragmático y menos doctrinario.

***

Antes de concluir, permítante hacer un comentario etimológico sobre el significado del nombre de Bañé. En su libro Onomatología del Estado de México (1894), Manuel de Olaguíbel propone que ese nombre es corrupción de la palabra otomí baduí, a la que le atribuye el significado de "corona de flores". Miguel Ángel Nolasco Álvarez en la Monografía municipal de Aculco de 1997 añade respecto a esa traducción que "sirve para referirse a un camino de flores, también sirve para identificar a un arroyo largo con agua, en la misma lengua". Pero afirma también que "la gente que domina la lengua otomí dice 'Lugar donde el agua lleva hojarasca'". Yo considero erradas por completo estas etimologías por la siguiente razón: la palabra hñe en otomí significa "barranca" y eso es precisamente lo que caracteriza al lugar: se halla casi a orillas de la barranca por la que corre el arroyo Zarco y que separa el territorio municipal de Aculco del de Polotitlán. De manera que su nombre debe estar ligado indudablemente con ese significado, barranca. "barranca grande" se dice dähñé en otomí y la semejanza con el nombre actual de Bañé me hace pensar que bien podría ser esta su etimología correcta.

sábado, 9 de mayo de 2026

Una cacería en Arroyozarco en honor al gobernador del Estado de México (1922)

A principios de la década de 1920 gobernaba el Estado de México el general obregonista Abundio Gómez (1889-1967), originario de Tetipac, Guerrero. Fue designado gobernador para el periodo 1921-1925, inmediatamente después de la Rebelión de Agua Prieta y del asesinato del presidente Venustiano Carranza, en una etapa todavía marcada por la inestabilidad política y militar de la Revolución. Durante su administración emprendió una reorganización de la hacienda pública estatal e impulsó una política fiscal más activa, que incluyó nuevos gravámenes a la minería y al comercio, aunque posteriormente moderó algunas de esas cargas. Su gobierno promovió además un amplio reparto agrario que benefició sobre todo a comunidades del oriente y del norte de la entidad.

En enero de 1922, el Club Cinegético “30-30” de Jilotepec, presidido por el doctor Ricardo Martínez, decidió invitar al gobernador Abundio Gómez a una cacería en los terrenos de la hacienda de Arroyozaco. En la organización participaron también los hermanos Ezeta Huitrón —Leopoldo, Alfredo y Alfonso—, a quienes Íñigo Laviada describe en su precioso libro Vida y muerte de un latifundio como “los tres alegres y parranderos, derrochadores y aficionados al juego”. Laviada les dedica incluso un capítulo entero: “Los Ezeta, propietarios de Calpulalpan”:

Alfredo bebía por toda la familia. Vivían en Calpulalpan con sus padres y eran obligados a dejar su cama temprano. Salían al camino y se acostaban de nuevo en cualquier lugar sombreado, sobre el duro suelo, para completar el sueño, pues se acostaban de madrugada. Saqueaban la despensa y la bodega de vinos y rompían las vajillas. Heredaron el buen humor de su tío Mariano Ezeta que en los carnavales paseaba por Toluca disfrazado y montado en un toro. Alfredo Ezeta era un hombre culto, simpático y guapo. Su alcoholismo no desmerecía su encanto personal. De 1911 a 1913, desde las postrimerías del porfiriato hasta el gobierno del general Victoriano Huerta, fue jefe político de Jilotepec, cargo a que había desempeñado su abuelo 40 años antes. Leopoldo Ezeta Huitrón fue ayudante del general José Vicen-te Villada , gobernador del Estado de México desde 1889 hasta su muerte en 1904.

Alfonso, como sus hermanos, había participado también en la administración porfiriana y había sido administrador de rentas en Otumba en 1910. Pero los hermanos supieron acomodarse en el México posrevolucionario, por lo menos por un tiempo. Leopoldo, el mayor, fue electo diputado al Congreso del Estado de México por el distrito de Jilotepec en 1921.

Además del gobernador, el Club y los alegres hermanos Ezeta invitaron, entre otros, a don Manuel Pérez Treviño, jefe del Estado Mayor del presidente Obregón, Jesús R. Madrigal, jefe de las Operaclones Militares en el Estado de México, a los coroneles Filiberto y Margarito Gómez, hermanos del gobernador, al licenciado Enrique Landa Berriozábal (que, como esposo de una de las herederas de la hacienda Arroyozarco, Guadalupe Verdugo, de alguna manera actuaría como anfitrión), el juez Alberto Gómez Jáuregui, el ingeniero Adolfo de Rosenzweig, Jorge Prieto Laurens, por entonces diputado al Congreso de la Unión, el poblano Froylán C. Manjarrez, que fue el constituyente más joven en el Congreso de 1917, Rubén Vizcarra, también diputados y Esteban Huitrón, presidente municipal de Jilotepec. Una nutrida y selecta concurrencia, pues, en la que predominaban los políticos.

¿Qué piezas cobrarían en Arroyozarco los improvisados cazadores? Una breve nota publicada en la sección "Ecos de la Repúiblica" del periódico El Demócrata el 28 de enero de 1922 nos da una idea sucinta: "abunda el pato, la liebre, la codorniz y el venado". Tomando en cuenta la época del año, el invierno, es posible en efecto que abundaran los patos migrantes en el mayor de los vasos de la hacienda, la presa de Huapango. Los venados se cazaban en los montes del sur de la propiedad, en Bucio, El Rincón y Cañada de Lobos. Liebres y codornices seguramente se hallarían en el campo abierto. Copio Aquí la transcripción de la nota entera:

MËXICO
Se ha Organizado una Cacería en Honor del Gobernador del Estado
Correspondencia especiai para EL DEMOCRATA.
TOLUCA, Méx., 26 de enero.- Persona que acaba de llegar a esta ciudad, procedente del lejano Distrito de Jilotepec de Abasolo, se sirvió informarme que los señores Leopoldo, Alfredo y Alfonso Ezeta, en unión del Club Cinegético de aquella villa, y que se denomina "30-30", han organzado una cacería en honor del señor general Abundio Gómez, la cual se llevará a cabo, en la pintoresca hacienda de "Arroyozarco", en cuyos lugares abunda el pato, la liebre, la codorniz y el venado. Cacería, que promete ser muy interesante, serán invitadas las personas siguientes: señores general don Manuel Pérez Treviño, jefe del Estado Mayor del ciudadano Presidente de la República y Jesús R. Madrigal, jefe de las Operaciones Militares en el Estado, coroneles Filiberto y Margarito Gómez. licenciado Enrique Landa Berriozábal, Alberto Gómez Jáuregui, ingeniero Adolfo de Rosenzweig, Jorge Prieto Laurens, Froylán C. Manjarrez y Rubén Vizcarra, diputados al Congreso de la Unión, doctor Ricardo Martínez, presidente del club antes referido, y Esteban Huitrón, Presidente Municipal del Municipio de Jilotepec, y otras personas más.

Pero, como pasa en tantas ocasiones, no hay noticias de que esta cacería se haya llevado a efecto. Quizá en algún desconocido archivo duerme el documento que nos permitiría comprobarlo.

viernes, 24 de abril de 2026

El cuerno se fue al cuerno



Hasta hace no muchos años, era posible observar en muchas paredes de las casas de Aculco argollas o amarres para caballos. Los había de muchas formas: los más antiguos y tradicionales eran de piedra, donde asomaba medio círculo del muro. Había también simples argollas de metal. en un solo ejemplo -en la casa que fue de don Modesto Uribe- se usaron con ese fin unas viejas ruedas con radios de madera. Pero el ejemplo que más me llamaba la atención, sobre todo de niño, eran los cuernos de toro, clavados por la cepa en los muros, que hacían las veces de esos amarres.

El ejemplo más notable de este uso era el de la llamada Casa de la Hacienda de la Loma (después de la familia Andrade), donde por lo menos tres cuernos bastante grandes flanqueaban la puerta de entrada hasta la década de 1970. El último ejemplo que sobrevivió -hasta hace unos meses- fue el de la casa que habitaba doña Mariana Fernández en la primera mitad del siglo XX. Ahí, bajo su portalito que da a la placita del Ojo de Agua, estuvo presente el cuerno.

Pero ya no existe más. Seguramente por vandalismo, el cuerno fue arrancado y sólo quedó la marca de su empotramiento en la pared. Es una pena, porque por simple capricho se eliminó una seña de identidad del pueblo, con historia y tradición. Ojalá los dueños de la casa reparen esta destrucción y coloquen un nuevo cuerno. No será el mismo, nunca se habrá amarrado un caballo ahí (el patrimonio, cuando se destruye, nunca se recupera, aunque se intente), pero por lo menos quedará la señal de esa tradición.

viernes, 17 de abril de 2026

La receta aculqueña del vino de membrillo

El membrillo (Cydonia oblonga) es el fruto que nace de un árbol pequeño, casi arbustivo, llegado a México desde el Viejo Mundo en la época colonial. Parecido a una manzana o a una pera, no es un fruto que se pueda comer directamente del árbol, ni cuando está maduro: es demasiado duro, astringente y agrio, por lo que se aprovecha para preparar mermeladas, ates y jaleas, cocerlo en almíbar y preparar... "vino". Pongo "vino" entre comillas porque en realidad no se trata de una bebida fermentada, por lo menos como se acostumbra en Aculco, sino de un zumo endulzado al que se le agrega directamente alcohol.

Sin duda los membrillos eran más abundantes en Aculco en el pasado. Todavía en 1982 el escritor Rodolfo García Gutiérrez, en su libro Páginas dispersas se refirió a las "magníficas huertas de perales, manzanos y membrillos" que había en el Molino Viejo, hoy un sitio desolado. Muchas casas tenían algún membrillero en su casa y se les solía plantar también a la orilla de las milpas, especialmente en lugares húmedos, junto con tejocotes y capulines. Quizá entre el poco atractivo de una fruta que siempre exige más trabajo para consumirse y las formas modernas de abastecimiento, que han desplazado el autoconsumo incluso en el campo, el membrillo fue desapareciendo. Hoy no es fácil encontrarlos y, cuando aparecen, casi siempre están medio abandonados.

Seguramente en cada casa de Aculco había -o hay todavía- alguna receta propia para preparar el vino de membrillo. La que hoy comparto la encontré en un papel azuloso, escrito con tinta azul y con la letra de mi abuelo, Napoléon Lara Rodríguez, quien de vez en cuando preparaba algunas botellas que alcancé a beber en la década de 1980. Tal vez lo que sigue sea un falso recuerdo, pero conservo la vaga impresión de que las botellas (reusadas de otras bebidas) se tapaban con olotes.

Vino de membrillo

Los membrillos bien maduros se parten en cuadritos chiquitos, quitándoles el corazón. Se ponen en agua para que no se pongan prietos. Al terminar de picar se sacan del agua, se ponen en una canasta para que se escurran. Al estar escurridos se muelen en un metate o se ponen en la prensa. Después de molidos se exprimen muy bien con una bolsa de manta no muy tupida, quedando en la bolsa únicamente el bagazo. Al tener el jugo, se pone en un recipiente de barro o peltre a que se repose 24 horas. Al terminar este tiempo se prepara el jarabe, al estar hirviendo se le pone canela, un trocito por cada 2 kilos azúcar. El punto de jarabe es punto de bola. Se le pone el jugo sin quitarlo de la lumbre, se deja hervir nuevamente y se quita el cazo de la lumbre y enseguida se le pone el alcohol. Se deja enfriar un poco y se embotella, dejando las botellas 24 horas destapadas. Al pasar ese tiempo se tapan.

Fórmula

Para cada litro de agua, 1/2 kilo de azúcar y un trocito de canela. 1 decilitro de alcohol.

El mismo procedimiento para el vino de manzana y capulín, únicamente que el punto del jarabe debe de ser de cortina.

Por cierto, otro producto habital del membrillero eran las "varas de membrillo", fuertes y flexibles que se empleaban para azuzar a las cabalgaduras... y también para azotar a los niños.

martes, 14 de abril de 2026

La capilla posa noroeste en riesgo de colapso

Hace unos días me detuve a fotografiar los daños que, a causa de filtraciones, presenta la capilla posa noroeste de la parroquia de Aculco. Pude constatar que se trata de afectaciones importantes que no pueden atribuirse únicamente a la falta de mantenimiento, como ocurre en las otras capillas posas.

En este caso, el muro derecho muestra un desplome considerable, probablemente asociado a la inestabilidad del terreno, ya que la capilla se ubica en el punto donde la nivelación del atrio, realizada hace siglos, requirió un mayor relleno. Esta inclinación ha provocado la ruptura de la bóveda a la altura de la clave, donde se observan daños que ya no se limitan a los aplanados, sino que incluyen desprendimientos en las juntas.

Por otra parte, al examinar la portada de cantera, se advierte que el desplome no es reciente: ha alterado la geometría del arco de medio punto y la bóveda, cuya corrección en el pasado se llevó a cabo con evidente descuido, pero permitió su conservación.

En estas condiciones, la capilla posa noroeste no requiere ya únicamente labores de mantenimiento, sino una intervención más compleja, que atienda primero la estabilización del muro y, posteriormente, su restauración integral.

Es fundamental actuar pronto, por lo menos apuntalar el muro y la bóveda. De lo contrario, existe el riesgo de que esta pequeña construcción -cuya estructura posiblemente data del siglo XVI- se derrumbe. Conviene recordar que el patrimonio histórico, una vez perdido, es irrecuperable.

Aculco forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO precisamente por valores arquitectónicos como éste. No es congruente presumir ese reconocimiento mientras se descuida el patrimonio que lo sustenta.

viernes, 27 de marzo de 2026

El equilibrista del atrio

Si existe una imagen enigmática y sorprendente de Aculco es esta vista del atrio parroquial tomada a principios del siglo XX, muy probablemente después del terremoto que asoló la región en noviembre de 1912. La imagen perteneció al Arq. Édgar Serrano Pérez, antiguo cronista de Acambay, quien muy generosamente me la obsequió hace unos pocos días.

La escena resulta de lo más curiosa: un acróbata camina por la cuerda floja –tendida entre la torre del templo y unas largas vigas ubicadas al centro de la explanada– equilibrándose con una garrocha. Por debajo de él, un grupo sostiene la insignificante red que le servía de protección en caso de caída. Mientras tanto, una abigarrada multitud de hombres, mujeres, y niños, indígenas de manta, charros ensarapados e individuos de toda condición, contemplan el raro espectáculo, presentado quizá en la fiesta patronal del 30 de septiembre.

La presentación de equilibristas -hombres y mujeres- estuvo entre los espectáculos más populares de la época, especialmente antes del estallido de la Revolución en 1910. Fue muy famoso el equilibrista Miguel Robledilla, al que los periódicos solían calificar como el mejor del mundo. Según parece, el acto máximo de estos hombres de circo era el que llamaban "El paso del Niágara", pues se inspiraba justamente en el que realizaban acróbatas estadounidenses para cruzar de un lado al otro del río donde se hallan las cataratas de ese nombre, entre la frontera de Estados Unidos y Canadá. Ese parece ser el acto que muestra en la fotografía, y sabemos que se realizaba en pueblos relativamente cercanos del Estado de México gracias a un artículo publicado en el periódico El Diario del miércoles 17 de marzo de 1909 sobre los festejos que se realizaron en Ixtlahuaca para celebrar la declaratoria de un nuevo gobernador:

A mediodía, el equilibrista Eugenio Reyes efectuó el atrevido acto llamado "El paso del Niágara", cruzando el espacio sobre un alambre tendido entre la torre de la iglesia parroquial y la azotea del Palacio, siendo calurosamente ovacionado por la multitud.

Aunque se sabe por tradición oral que llegaron a darse funciones circenses en el patio del antiguo Palacio Municipal de la calle Juárez y está documentada la presencia de "cómicos de la legua" en la hacienda de Arroyozarco, no hay noticia de eventos como el que se ve aquí. Sin embargo, así de insólito como debió ser, abre una interesante línea de investigación dirigida a averiguar quién era aquel equilibrista, si actuaba solo o se trataba de alguna compañía, y el año en que presentó su acto en Aculco. En la parte posterior de la fotografía se encuentra una firma que no he podido descifrar, con una rúbrica que se asemeja a una clave de sol invertida. ¿Será la del equilibrista, la del empresario o simplemente del dueño original de la foto? ¡Quién lo sabe! Pero deja abierta la posibilidad de averiguar quién era el desconocido acróbata.

ACTUALIZACIÓN: 27 DE ABRIL DE 2026

Édgar Serrano me escribe y aclara el punto: "la firma detrás de la foto del equilibrista es de Néstor Peña quien fue abuelo de Magdalena Peña Mercado expresidenta de Acambay… Nestor es tío abuelo de Enrique Peña Nieto y hasta donde sé, trabajo junto a su padre como médico de animales en Arroyozarco". Aquí algo más sobre Néstor Peña, tomado del libro Toluca antigua y moiderna. Álbum del Estado de México (1901):

Si la escena misma que muestra la fotografía es sugestiva, el entorno arquitectónico en el que se da no lo es menos, ya que retrata el atrio cuando era todavía un cementerio con tumbas a ras de tierra, nichos en los muros y sepulcros de mayor entidad, algunos verdaderamente notables. Un par de ellos pueden advertirse muy cerca de la fachada de la antigua capilla de la Tercera Orden (que había perdido ya su cubierta). Más extraordinaria resulta la presencia del pedestal escalonado de la cruz atrial, que porta sin embargo una gran cruz de madera que seguramente no era ya la original, que fue colocada en 1708 y que posiblemente era de piedra.

Aquí les presento algunos detalles de la fotografía, al lado de versiones coloreadas de los mismos (algo distorsionadas por la IA) que permiten apreciarlos con un poco de más claridad.

La fotografía ya fue publicada anteriormente en algún libro, pero descrita por error como una vista de la antigua parroquia de Acambay, destruida en 1912 por el terremoto del 19 noviembre.