viernes, 12 de junio de 2026

Isauro Castillo Garrido, revolucionario y diputado federal aculquense

Los historiadores y cronistas de Aculco no han sido especialmente diligentes en la tarea de investigar las vidas de quienes forjaron la historia del municipio o de aquellos que, nacidos aquí, participaron en escenarios más amplios de la historia de México. Es una falta de la que, en cierta medida, también me considero responsable, pues sólo en años recientes me he preocupado por escribir perfiles verdaderamente biográficos de esos personajes. Antes los dejaba aparecer y desaparecer en mis libros sin preocuparme demasiado por saber quiénes eran en realidad, más allá de los datos indispensables para la narración.

El fruto de ese esfuerzo que todavía podemos llamar incipiente puede encontrarse en este mismo blog en textos como Los insurgentes de Aculco; Blas Guller, el penúltimo administrador jesuita de Arroyozarco; José Carbajal García, el sindicalista de Chalco que nació en Aculco; Un aviador aculquense: el general Manuel Bravo Ruiz; Los primeros franciscanos en Aculco; Don Antonio Magos Bárcena y Cornejo, cacique otomí de Aculco; Don Antonio Martínez Infante: el cura alegre, generoso... y escandaloso; José Riverón Mondragón: el único general aculquense en la Revolución; El bachiller don Luis José Carrillo y Troncoso, cura de Aculco (1753-1830); Don Gumersindo Mendoza: un aculquense olvidado, entre varios otros.

Pero, justamente, como decía al principio, quedan todavía muchas biografías de aculquenses notables por escribir. Y peor aún: de muchos de ellos ha desaparecido casi todo recuerdo, de modo que mencionarlos provoca hoy auténtica sorpresa. Resulta significativo que, hace algunas décadas, cuando el gobierno municipal decidió bautizar algunas calles que carecían de nombre con el de personajes aculquenses, la mayoría se dedicó a individuos de épocas muy recientes y, con perdón de sus familiares, varios sin mérito alguno. Fue como si Aculco hubiera olvidado por completo quiénes eran los hombres y mujeres que construyeron su historia.

Por eso quiero hablar hoy de un revolucionario aculquense que fue el primero en ocupar una curul en la Cámara de Diputados federal y que, sin embargo, ha sido casi borrado de la memoria colectiva. Me refiero a Isauro Castillo Garrido.

Isauro Castillo Garrido nació a las 11 de la mañana del 24 de enero de 1881 en la hacienda de Arroyozarco. Sus padres fueron don Federico Castillo, que por entonces tenía 24 años y trabajaba como tejedor en la fábrica de casimires de aquella finca, y Felipa Garrido de 18 años. Sobre don Federico Castillo ya he escrito antes y pueden encontrar la información aquí. Don Federico procuró que sus vástagos tuvieran buena educación y mejores perspectivas, por lo que varios de ellos emigraron a la Ciudad de México. Fue el caso de Isauro, quien se dedicó al comercio en la capital y estableció su domicilio en la Primera Calle del Relox no. 9 (hoy República de Argentina).

El 19 de octubre de 1905, Isauro contrajo matrimonio con Alfonsina Lazcano, de 21 años, hija natural de Genoveva Lazcano. En su partida de matrimonio religioso, celebrado en la iglesia de San Miguel el 5 de noviembre del mismo año por el padre Modesto Basurto (aculquense también), Alfonsina aparece sin embargo con el apellido Domínguez, que era el de su padre Pedro ya difunto, y como hija legítima. Isauro y Alfonsina tuvieron por lo menos dos hijos nacidos en la Ciudad de México, Rubén (1906) y Eugenia (1910). Al nacer esta última, tenían su domicilio den la Tercera calle de Degollado número 43, en la colonia Guerrero. En 1916 tuvieron un tercer hijo, Alfonso, nacido en Chalchicomula, Puebla. Alfonso, por cierto, murió muy joven, en 1938, debido a una tifoidea.

No he podido averiguar todavía cuándo y por qué motivos se unió a la Revolución, aunque es seguro que su expediente se encuentre en el archivo de la Secretaría de la Defensa Nacional. Lo cierto es que en 1915 ya participaba en ella (probablemente por ello su hijo Alfonso nació en Chalchicomula) y hacia el final del movimiento armado había alcanzado el grado de capitán, como parte del 19o regimiento de caballería con matriz en Polotitlán y destacamentado en Jilotepec. Por lo visto, su ocupación militar no fue obstáculo para que mantuviera su comercio (o quizá incluso le ayudó), pues en septiembre de 1916 seguía comerciando en su tienda de la Tercera Calle de Mesones número 80 con arroz, azúcar, harina americana y del país, pastas para sopa de Morelia y trementina, algunos de estos artículos al por mayor.

En 1918 decidió contender por la diputación federal del distrito 10 del Estado de México para el periodo 1918-1920 y la votación le favoreció, pues recibió 2,019 sufragios contra los de 1,573 de su contendiente, Daniel Basurto. Sin embargo, Basurto elevó una protesta pues Castillo había infringido la ley: se hallaba en servicio activo en el Ejército al momento de la elección, lo que violaba la fracción I del artículo 43, en consonancia con la fracción IV del artículo 75 de la Constitución recientemente promulgada.

El caso se discutió en el Congreso. No era el único en esa situación, por cierto, pues otros como el general Rafael Cárdenas se hallaban en parecido conflicto. Los diputados expusieron diversas posturas, que mostraban las dificultades del paso del orden militar de la Revolución hacia un nuevo orden civil, que en realidad tardaría en concretarse todavía tres décadas. El diputado Manlio Fabio Altamirano, por ejemplo, habló a favor del capitán aculquense:

Se dice que el señor Castillo Garrido no puede ser diputado porque era militar en servicio activo; pero yo creo que los constituyentes, cuando dictaron este artículo, tuvieron en consideración que muchos militares, olvidándose de los deberes y de las obligaciones de todo ciudadano, se valen del rifle que traen en la mano y de las fuerzas de que disponen, así como el temor que infunden al pueblo, para fraguar una elección a su favor. Por consiguiente, yo mismo sentiría cierta duda acerca de la elección del señor Castillo Garrido, si en lugar de haber ido él sólo con su pecho sano y con su frente muy alta, a hacer su propaganda en ese Distrito Electoral, hubiera ido como jefe de la guarnición, con cientos o miles de hombres a su mando; entonces sí hubiera yo podido creer que por medio de esos hombres, que por medio del terror, él podía haber ejercido sobre sus conciudadanos, alguna presión hubiera podido imponerse a la voluntad de ellos, para traer así una credencial; pero el C. Castillo Garrido fue sólo, fue únicamente atenido al voto del pueblo, que lo llamó a la elección fue atenido únicamente a sus propias fuerzas y a sus propias alcances; no votó un solo soldado a su favor. Por consecuencia, ¿dónde puede haber la causa de nulidad que se llama presión, para nulificar la credencial del señor Castillo Garrido?

La comisión del Congreso encargada de dictaminar la elección opinó en contra, pues "aunque el C. Castillo Garrido no tenía mando de fuerza en el Distrito Electoral de que se trata, la ley, a este respecto, es terminante. La Comisión ha consultado los debates del Constituyente sobre el particular, y encontró que la mira de los legisladores fue incapacitar a todo militar para el cargo de diputado, tan sólo por el hecho de estar en servicio activo", por lo que determinó la nulidad. Sin embargo, y "acatando esta Comisión el sentir de la honorable Asamblea" (lo que se puede traducir como las presiones de los congresistas), el diputado secretario sometió a aprobación un dictamen distinto, que declaró válida la elección. Así llegó Isauro Castillo Garrido a su primer periodo como diputado federal en septiembre de 1918 como parte de la XXVIII Legislatura.

Castillo Garrido formó parte de la Comisión Segunda de Guerra. Además, se ocupó muy particularmente de atender asuntos de su distrito electoral, es decir, de la región de Jilotepec, sobre todo conflictos por tierras y aguas. Por ejemplo, una solicitud en noviembre de 1920 a la Secretaría de Agricultura y Fomento para el aprovechamiento de las aguas del manantial "El Quinte", cercano a Soyaniquilpan, para la generación de fuerza motriz con fines industriales. Se recuerdan también sus contribuciones "utilitarias a la ciencia", como escribe Andrés Moreno Nieto en su tesis "La botánica en la Dirección de Estudios Biológicos (1915-1926)":

El diputado representante del Estado de México, Isauro Castillo Garrido, sostuvo en una de sus iniciativas al Congreso en el año 1920 que si no desaparecía la DEB al menos debía reducir sus gastos y actividades “a lo que lógicamente le corresponde”. ¿A qué se refería el diputado con estas actividades lógicas? Suponemos que la opinión del legislador respondió a una visión pragmática y utilitaria de la ciencia en la cual los aspectos teóricos sin aplicación directa representaban un gasto innecesario. La biología era considerada una disciplina auxiliar de la medicina para propósitos sanitarios, no para especulaciones que podían prestarse costosas a reflexiones metafísicas.

Castillo Garrido era un legislador que presentó varias iniciativas para el aprovechamiento de los ríos, la fauna y la minería, es decir, un político adepto a la aplicación pragmática de toda institución científica o dispositivo tecnológico en aras de la industrialización. Al respecto, en 1920 el Congreso de la Unión y la Secretaría de Agricultura y Fomento insistieron en la utilidad del arroyo de “El Xhote” en el pueblo de San Francisco, Estado de México, para generar fuerza motriz.²⁰³ Pareciera que se estaba construyendo una visión utilitaria de la ciencia mexicana en la cual la DEB era inoperante para solucionar algunas de las necesidades más importantes del país en el siglo XX.

En 1920, Isauro resultó nuevamente electo a la Cámara de Diputados, esta vez por el Distrito 11 del Estado de México. En esta legislatura, la XXIX, el aculquense estuvo entre los diputados que suscribieron la injusta iniciativa para borrar del recinto de la Cámara el nombre de Agustín de Iturbide y sustituirlo por el de Belisario Domínguez, en septiembre de 1921, centenario de la Consumación de la Independencia de la que Iturbide fue artífice.

Sin embargo, parece ser que Castillo Garrido no no simpatizaba con el nuevo Gobierno de la República, establecido tras la caída y asesinato de Venustiano Carranza en mayo de 1920 con Adolfo de la Huerta como presidente interino y Álvaro Obregón como presidente constitucional a partir de diciembre de aquel año. De hecho, en 1921 tomó partido en las elecciones del Estado de México a favor del general Andrés Castro contra el obregonista Abundio Gómez. Gómez obtuvo la victoria y Castillo Garrido se vio implicado en el conflicto postelectoral, denunciando las acciones violentas de los gomistas. En la Cámara, sus adversarios llegaron a burlarse de su vehemencia, como lo hizo el diputado Vizcarra en la sesión del 7 de septiembre de 1921:

Días antes, meses antes, ya el señor Castillo Garrido, el valiente señor Castillo Garrido, ya había dirigido una misiva, que se publicó, a uno de sus amigos en Villa del Carbón y que más o menor decía esto: O triunfa el general Castro o nos levantamos en armas, y el señor Castillo Garrido no se ha levantado en armas y ya véis ustedes.... (Risas. Voces: ¡Ya véis vosotros!) Yo no me admiro de que el señor se levante en armas cuando se verifica una imposición, pero sí me admiro de que sin consultar la opinión, de que sin consultar la opinión del pueblo y de que antes de saber los últimos detalles de la elección del Estado de México, se ofrezca levantarse en armas si no resulta el capricho de uno; es de lo que me admiro y no de otra cosa, compañero.

Pero aquella burla tomó otro rostro en los días siguientes, cuando la idea de la sublevación de Castillo Garrido estuvo cerca de convertirse en realidad. El 16 de ese mes, el diario El Demócrata publicó esta nota:

Dio El Demócrata ayer una amplia información sobre el asalto que, a la ciudad de Toluca, preparaban algunos elementos adictos al general Andrés G. Castro, que figuró como candidato al gobierno de esa entidad y fue derrotado por el general Abundio Gómez. Sorprendidos en sus movimientos los presuntos asaltantes, fueron capturados más de treinta de ellos y traídos a esta capital ayer, después de medio día, escoltados por fuerzas de las que se encuentran de destacamente en Cuajimalpa y Santa Fe.

Los sospechosos habían sido advertidos en el tranvía de Tacubaya a Cuajimalpa, por lo que el conductor avisó por teléfono al presidente municipal de este lugar, quien informó a su vez al jefe del destacamento militar. Los soldados se encontraron con los sospechosos en la estación de Contadero, donde, al notar su presencia, corrieron a esconderse entre las milpas. Ahí capturaron a Isidro Castillo Garrido, quien, apenas detenido "quiso ponerse a salvo, y para ello mostró su credencial, por lo que el capitán Hernández lo dejó en libertad". Pero su participación era evidente. "Los llevaba Castillo", señaló en un subtítulo el mismo diario:

Una vez llevados al cuartel de Coajimalpa, estos individuos, según nos manifiesta el capitán Hernández, manifestaron que iban con el diputado Castillo, y que según se les había manifestado, iban a atacar la ciudad de Toluca, para apoderarse del Gobierno e instalar en él al general Castro, que el mismo Castillo les había manifestado que un poco más adelante, tenía más gente para esta empresa, por lo que estaba seguro del éxito. No se les recogieron armas, porque no las tenían, y dijeron que en algún punto cercano a Toluca, les serían entregadas a fin de que se consumaran los planes propuestos por el diputado.

A raíz de este conflicto, Castillo publicó con el Lic. Ángel Alanís Fuentes un libro titulado El Caso Electoral del Estado de México ante la Historia. Él era el autor directo de la primera parte de esta obra, que se centraba en "consideraciones de orden político". Aunque logró mantenerse en su curul, al parecer este suceso significó de alguna manera su debacle política, pues en adelante dejó de sobresalir en la Cámara de Diputados.

A pesar de sus ocupaciones políticas y comerciales en la capital del país, Isauro no perdió por completo el contacto con Aculco. Prueba de ellos es que fue padrino de matrimonio de Martín Basurto y Josefa Morales el 6 de agosto de 1921, cuando era diputado.

El 26 de septiembre de 1922, Castillo Garrido se asoció con Román Meraz para adquirir el rancho El Paraíso y formar la empresa Castillo Garrido y Meraz, con un capital de $ 5,000 pesos. No he hallado información sobre esta empresa ni su destino, pero curiosamente algún problema legal en el que se vio inmiscuida dio pie a una tesis jurisprudencial: "Los miembros de una sociedad, no pueden considerarse corno personas extrañas, en el juicio seguido contra aquélla, sino acaso, como vencidos sin haber sido oído".

Para 1935, Castillo Garrido ya había fallecido. En 1962, su viuda dirigió al presidente López Mateos un memorial en el que solicitaba una pensión por los servicios que Isauro había prestado a la Revolución. Alfonsina murió a su ves el 24 de noviembre de 1968, en la capital del país.

Como pueden ver, esta es una biografía todavía en construcción. Pero no quise dejar por más tiempo en el olvido a este personaje. Por lo menos así, con este texto y datos incompletos, los lectores de Aculco, lo que fue y lo que es podrán tener una ligera idea de quién fue Isauro Castillo Garrido.

sábado, 6 de junio de 2026

El niño al que mató el granizo

La tarde del 30 de abril de 1907, azotó a Aculco una fuerte tempestad acompañada de granizo. El pequeño Isidro Teodoro Pérez, de apenas siete años, estaba apacentando ovejas cuando sobrevino la tormenta. Su padre, José Teodoro, lo esperó en vano aquella noche en su casa de Santa María Nativitas. A la mañana siguiente, salió a buscarlo al campo y lo encontró tendido, muerto, sin más huellas de violencia que las marcas de aquella terrible granizada.

¿Puede alguien morir a golpe de granizo? ¿Habrá sido otra la causa de su muerte: un rayo, una caída o el frío? Nunca lo sabremos. Sólo sabemos que Isidro murió solo, en medio ddel rebaño del que era responsable, trabajando, a una edad en la que en nuestros días apenas estaría cursando la primaria.

El acta de defunción del niño Isidro Teodoro Pérez.

viernes, 5 de junio de 2026

El arriero desconocido

Como todos ustedes lo saben bien, la arriería tuvo una gran importancia en Aculco durante los siglos del virreinato. Para el siglo XVIII, buena parte de los habitantes de Aculco se dedicaban a la arriería y los dueños de las principales haciendas de la zona, como la de Arroyozarco, se contaban entre los grandes propietarios de recuas del reino. Antes de la Guerra de Independencia, no menos de 80 hatajos de mulas pertenecientes a los vecinos de Aculco recorrían el Camino Real de Tierra Adentro, y los arrieros aculquenses llegaban en sus viajes hasta las ciudades de Durango y Chihuahua.

Aunque el Camino Real de Tierra Adentro era la vía natural por la que transitaban los arrieros aculquenses con sus cargas, lo cierto es que en ocasiones emprendían desde la Ciudad de México el camino hacia el puerto de Veracruz, una ruta que tenía sus propios desafíos, tales como el clima cambiante desde el altiplano hasta la costa, el gran desnivel que dificultaba el regreso e incluso las enfermedades, pues las ciudadees del Golfo con frecuencia casi anual se veían afectadas por enfermedades endémicas como la fiebre amarilla.

Precisamente la fiebre amarilla parece haber sido la causa de muerte de un arriero desconocido, posiblemente aculquense, que fue hallado ya en los huesos cerca del camino de Veracruz, en los alrededores de San Antonio Atzitzintla, en diciembre de 1783. El teniente de cura del lugar, don José Mariano Moncada sepultó aquella "osamenta de hombre de un cuerpo ignorado" el día 4 de ese mes, consignando que por los restos de su indumentaria era "al parecer arriero" y que quizá había "muerto del mal de Veracruz". Por lo visto, el sacerdote había confesado días antes a un grupo de "arrieros del pueblo de Aculco que venían con el asentista de azogues" (es decir, de mercurio para el procesamiento del oro y la plata en las minas, que provenía de Europa) y que padecían de "dicho accidente" (es decir, aquella enfermedad), por lo que creía que el fallecido era uno de ellos.

El padre Moncada dejó también una descripción del traje de aquel arriero deconocido, sumamente interesante para la historia costumbrista de Aculco y un curioso antecedente de la indumentaria charra en la región: "calzones de gamuza acanelada... cotón rayado de algodón, una manga de cordoncillo azul sin forro ribeteada con gamuza, unos zapatos de vaqueta, un sombrero negro viejo".

Aquel pobre arriero de Aculco quedó así enterrado muy lejos de su patria chica, apenas traspuestas las Cumbres de Maltrata y a la vista del Pico de Orizaba. Seguramente su familia no llegó a enterarse nunca de dónde había muerto y dónde descansa.

FUENTE: "San Andrés, Chalchicomula de Sesma, Puebla, Mexico registros," imágenes, FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:939J-DCZD-S?view=explore : 4 jun 2026), Imagen 115 de 185; Archivo Diocesano de La Paz. Número del grupo de imágenes: 004656654.

viernes, 29 de mayo de 2026

¿Pueblo, villa o ciudad?

La mayoría de los lectores de este blog coincidirán conmigo en que nunca se nos ha ocurrido referirnos a la cabecera municipal de Aculco de otra manera que no sea como pueblo. Recientemente, sin embargo, me topé con un par de documentos oficiales, uno del Instituto Mexiquense de Salud Mental y Adicciones y otro más procedente de la SEDATU fechados "en la Ciudad de Aculco". Por otra parte, en un puñado de documentos del siglo XIX y la primera mitad del XX se le llama ocasionalmente "villa de Aculco". Aunque estos pocos casos son hasta ahora sólo anecdóticos, quizá vale la pena preguntarse cuál debería ser la clasificación política real de la cabecera municipal.

En el Virreinato, el pueblo era el tipo de asentamiento formal básico. Dado que al principio de la colonización se prohibió a los españoles que habitaran en poblados de indígenas, a esos lugares se les llamaba comúnmente "pueblos de indios". Contaban con gobierno propio y tierras comunales. Esa fue la categoría que tuvo Aculco prácticamente durante todo el virreinato, pero también lo fueron San Juan del Río e incluso Querétaro (hasta 1655). Las villas solían ser poblados fundados por y para españoles ubicados estratégicamente cerca de las minas, los caminos o las zonas agrícolas. Fueron villas en su origen, por ejemplo San Miguel el Grande (hoy de Allende), Toluca, Orizaba, Jalapa, San Juan de los Lagos, Oaxaca y Aguascalientes. Las ciudades reconocidas como tales eran más bien pocas: por supuesto la Ciudad de México, Puebla, Guadalajara, Mérida. Excepcionalmente, hubo algunas ciudades indígenas, reconocidas como tales por su importancia: Texcoco, Tlaxcala, Huejotzingo, Cholula, Pátzcuaro, Xochimilco, Lerma, Tepeaca y Tehuacán.

Desde aquellos siglos y luego también en el siglo XIX, el paso de una categoría a otra superior era también cuestión de prestigio, en el que solían empeñarse las autoridades locales. Cerca de Aculco, a Jilotepec, como cabecera del distrito, se le otorgó el título de villa el 10 de agosto de 1861 y luego el de ciudad en 1878, con el agregado "de Abasolo". Por su parte, Polotitlán recibió también en 1878, el 17 de octubre, el tíitulo de "Villa de Polotitlán de la Ilustración", aunque en este caso fue casi un "premio de consolación" después de que el Congreso local revirtiera la anexión de territorios aculquenses que se le había hecho en años anteriores a esa fecha.

En el ámbito legal vigente, sin embargo, no hay sitio a ambigüedades o a concesiones arbitrarias: según el artículo 9 de la Ley Orgánica Municipal del Estado de México, las localidades mexiquenses se definen "por el tamaño de su población y por la presencia de servicios e infraestructura social" de la siguiente manera:

I. Ciudad. Localidad con más de quince mil habitantes, servicios públicos, servicios médicos, equipamiento urbano, hospital, mercado, rastro, centro de readaptación social, y panteón; instituciones bancarias, industriales, comerciales y agrícolas; y centros educativos de enseñanza preescolar, primaria, media y media superior.

II. Villa. Localidades entre cinco mil y quince mil habitantes, servicios públicos, servicios médicos, equipamiento urbano, hospital, mercado, centro de readaptación social y panteón; y centros educativos de enseñanza primaria y media superior.

III. Pueblo. Localidades entre mil y cinco mil habitantes, servicios públicos indispensables, centro de readaptación social y panteón; y centros educativos de enseñanza primaria.

IV. Ranchería. Localidades entre quinientos y mil habitantes, edificio para escuela rural, delegación y subdelegación municipal.

V. Caserío. Localidad de hasta quinientos habitantes.

Según el último censo general (INEGI, 2020), Aculco de Espinosa, cabecera municipal, tiene una población de apenas 1,957 habitantes. Así, aunque cuenta con la mayoría de los servicios que caracterizan a una villa o a una ciudad (servicios públicos, servicios médicos, equipamiento urbano, hospital, mercado, rastro, panteón, instituciones bancarias, industriales, comerciales y agrícolas, centros educativos de enseñanza preescolar, primaria, media y media superior), su clasificación sigue correspondiendo indudablemente a la de pueblo. Es más: el propio INEGI establece un límite de 2,500 habitantes para considerar un asentamiento como "localidad urbana", de manera que que Aculco seguiría siendo bajo ese criterio una "localidad rural".

Pero rasquemos un poco más: todos sabemos que los barrios de La Soledad y San Jerónimo están conurbados a la cabecera, y buena parte de su territorio no tiene ya el carácter rural que antes los caracterizaba. Imaginemos que se toma la decisión de incorporarlos formalmente a ella. Asi, se le sumarían 2,480 y 2,456 habitantes, respectivamente, para darnos una cifra total de 6,893 personas. Aculco entraría ya de esta manera en el rango de villa. Pero se hallaría todavía muy lejos de contar con la población necesaria para que se le considerara ciudad.

De manera que, mientras la cabecera de Aculco no sufra una explosión demográfica que duplique repentinamente su población, mientras no cambie la ley, y si no se le ocurre a algún político pasar por encima de las normas por simple capricho (que en los tiempos que corren no sería algo raro), Aculco seguirá siendo pueblo por bastante tiempo.

sábado, 23 de mayo de 2026

El pueblo perdido de Santa María Ñadó

Al momento de la conquista española, la extensa Provincia de Jilotepec -dentro de la cual se encontraba el territorio de Aculco- albergaba numerosos pequeños asentamientos hoy desaparecidos y, en muchos casos, completamente olvidados. Su desaparición obedeció principalmente a las grandes epidemias del siglo XVI, que diezmaron a la población indígena de la Nueva España y dejaron muchos de aquellos pueblos reducidos a unos cuantos habitantes o incluso totalmente despoblados.

Ante esta crisis demográfica, las autoridades virreinales ordenaron la congregación de los sobrevivientes en determinados pueblos de la región, con el propósito de evitar que la dispersión dificultara tanto la vida cotidiana como las labores de evangelización. Para ello se eligieron los sitios mejor provistos y de mayor importancia. En el caso de la porción occidental de la Provincia de Jilotepec, se dispuso que diversos poblados fueran reunidos en San Jerónimo Aculco. Allí se congregaron, entre otros con escaso vecindario, los habitantes de San Juan Aculco, Santa María Ñadó (también llamado Xipzoneca o Xipopeca), San Lucas Totolmaloya, Santa Ana Matlavat, San Pedro Tenango y San Ildefonso Tultepec. Sus moradores abandonaron casas y templos, aunque continuaron reivindicando la propiedad de las tierras que habían poseído en torno a aquellos antiguos asentamientos. Este proceso de congregación tuvo lugar entre 1593 y 1605.

En algunos casos, los pueblos de origen terminaron por desaparecer por completo y su memoria se perdió. Así ocurrió con San Juan Aculco y Santa María Ñadó. Otros, en cambio, tuvieron mejor fortuna y lograron repoblarse tiempo después, prolongando su existencia hasta nuestros días. Fue el caso, por ejemplo, de Santa Ana, San Lucas, San Pedro y San Ildefonso.

La ubicación del desaparecido San Juan Aculco puede inferirse con relativa facilidad, pues un plano de 1611 lo sitúa al sureste del casco de la hacienda de Arroyozarco. Mucho más difícil resulta localizar Santa María Ñadó. Los planos conservados no permiten identificar su emplazamiento con precisión, y los documentos que lo mencionan ofrecen apenas referencias vagas y generales, citándolo sólo en relación con las estancias de ganado de los indios Rafael y Cristóbal de los Ángeles: “sobre términos del pueblo de Santa María el dicho sitio al pie de la falda de la sierra que llaman de Nato [sic], linde de sitio de estancia de D. Cristóbal de los Ángeles" y "sobre términos del pueblo de Santa María Xicponeca, linda por la parte del oriente con dicho pueblo de Santa María". En términos generales, podemos suponer que el pueblo de Santa María Ñadó se econtraba cercano al sitio de Bimbó.

A principios del siglo XVIII, los naturales de Aculco reclamaban aún como parte de las posesiones lo correspondiente al fundo legal y tierras de comunidad de Santa María Ñadó Xipopeca, pero estas posesiones no se encontraba ya bajo su dominio. Esto sucedió en parte debido a los extraños que se introdujeron para apropiárselas, pero quizá también por habérseles considerado como baldías. En 1705, los vecinos de Aculco consiguieron la restitución de parte de esas propiedades, mas no hicieron uso de ellas al no haberse concluido el litigio que incluía otras posesiones también reclamadas. En realidad, lo más probable es que nunca hayan recobrado la posesión efectiva de dichas tierras. Conjuntamente con la invasión de las tierras de Santa María Ñadó, es posible que las mercedes de tierras concedidas en sus inmediaciones por las autoridades del virreinato a diversos particulares, a fines del siglo XVI y principios del siglo XVII, hayan terminado por constreñir el fundo original hasta hacer desaparecer incluso la memoria de su ubicación exacta. Esas primeras mercedes de tierras se unieron muchos años más tarde bajo una misma propiedad, a lo largo de un proceso largo y complicado, y con el tiempo acabaron por formar el latifundio conocido como hacienda de Ñadó

A mediados del siglo XIX, la lectura deficiente de los documentos que hablaban del pueblo de Santa María Ñadó llevó a que la comunidad de naturales de Jilotepec pretendiera reclamar las tierras que le habían pertenecido, aunque por lo visto lo suponían ubicado cerca de la cabecera de aquella cabecera. La carta que dirigieron a las autoridades, recogida por Margarita Carbó en su artículo "Una historia mexicana del siglo XIX. La corporación civil ante el proyecto desamortizador de los liberales", es muy interesante, pues describe un proceso histórico muy parecido al que descrito hasta aquí:

Señor:
Los que suscribmos indígenas y vecinos del Partido de Jilotepec, súbditos fieles de V.M.I. le exponemos respetuosamente que en el año de 1595 existía en términos de la cabecera de nuestra vecindad el pueblo de nuestros mayores conocido entonces con el nombre de ¿Xiponeca?, y este pueblo como todos los que se erijían en tiempos del gobierno español, disfrutaba de su fundo legal, esto es, tenía seiscientas varas de terreno por cada viento, gozaba de su monte y ejido con arreglo a lo que disponían las Leyes de Indias y la cédula del 12 de julio de 1695. A inmediaciones del pueblo y a la distancia que determinaban las mismas leyes, poseían D. Cristobal y D. Rafael de los Angeles tres caballerías de tierra y dos sitios de ganado mayor…
Los habitantes de este pueblo se fueron disminuyendo paulatinamente a causa sin duda de las epidemias que se desarrollan en aquella época (…) y en la misma proporción iban disminuyéndose los terrenos del pueblo por la codicia de los colindantes que siempre han procurado aumentar sus posesiones con detrimento de los pueblos…
Aunque como hemos dicho y no podemos fijar con certidumbre la época (de la desaparición) y no han faltado indígenas en más o menos número que hayan habitado en terrenos del pueblo en más o menos extensión como descendientes de los primeros fundadores y que molestados y perseguidos no hemos desamparado el lugar donde existía el pueblo.
Hemos solicitado los títulos originales de su fundación y a pesar de nuestro empeño buscándolos en el Archivo General no hemos podido hallarlos, pero esto no obstante, tenemos la convicción de que ninguno puede haberse hecho dueño de los terrenos que formaban el fundo legal del pueblo, porque el gobierno español jamás vendía los pueblos de indígenas, antes bien, nos dispensaba una protección tan especial y cuidaba tanto de que las tierras se conservasen en nuestro poder, que aun cuando a algún particular indígena le concedía merced de algunas, era con la precisa condición de no poder venderlas…
Dijimos Señor que siempre ha habido indígenas que han procurado no desamparar aquellos lugares, y hoy asciende su número a quinientas personas: hemos construido una capilla y le hemos dado mayor amplitud, sólo nos falta, Señor, el fundo que debe tener todo pueblo según lo determinan las leyes 6ª, 7ª y 10ª del título 5, libro 4º de la Recopilación de Indias y otras del 6º.
Como de día en día crece el número de habitantes y carecemos de los terrenos necesarios para formar nuestras habitaciones, para la siembra de las semillas que nos proporcionan los alimentos necesarios para nuestra subsistencia; como por la parte pequeña de tierras que ocupamos nos exigen renta y si no la satisfacemos nos embargan y nos reducen a la última miseria, ocurrimos a V.M. suplicando encarecidamente se sirva erigir de nuevo el pueblo de nuestros mayores, mandando se nos restituyan los terrenos que lo formaban (…) en lo que recibiremos merced y gracia particular.
Jilotepec, noviembre del 1865. Firmas, la última de las cuales apostilla: “amigo de los que no saben firmo yo.
 
Fuente: AGN. IJPCM, vol I a fojas 107.

desapareció físicamente, sobrevivió su rastro en los documentos: planos que todavía evocan su existencia y litigios por sus tierras sostenidos mucho tiempo después de su abandono. Pero, sobre todo, perduró su nombre en el de la hacienda, último vestigio de un asentamiento borrado del paisaje, aunque no del todo de la memoria histórica.

viernes, 15 de mayo de 2026

Una estampa de la educación socialista en Bañé (1935)

La implantación de la educación socialista en México fue uno de los proyectos más controvertidos del Estado posrevolucionario. Impulsada bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas, la reforma al artículo 3o. constitucional de 1934 estableció que la enseñanza impartida por el Estado debía ser socialista, excluir toda doctrina religiosa y formar en los alumnos una conciencia colectiva orientada hacia la justicia social y la transformación económica del país. Más que un simple cambio pedagógico, la medida buscaba consolidar la autoridad del nuevo régimen revolucionario en el campo y en las ciudades y combatir la influencia de la Iglesia. Tal como lo señaló el "Jefe Máximo de la Revolución", Plutarco Elías Calles, en su discurso de Guadalajara del 21 de julio de 1934, buscaban apoderarse "de las conciencias de la niñez, de las conciencias de la juventud porque son y deben pertenecer a la Revolución".

La educación socialista encontró fuertes resistencias, pero también abrió un amplio debate sobre el papel de la educación en la construcción de la nación moderna y en la definición de la identidad ideológica del México del siglo XX. En la Universidad Nacional, por ejemplo, se discutió si la institución también debía alinearse o no a la ideología del Estado. El exrector Antonio Caso estaba en contra de ello, mientras que el director de la Escuela Nacional Preparatoria, Vicente Lombardo Toledano, estaba a favor. Aunque por el momento el bando ideologizado triunfó, al cabo del tiempo esta discusión fortaleció la defensa de la autonomía universitaria y la libertad de cátedra.

En Aculco, como en el resto del país, se implantó también en aquellos años la educación socialista. De esta etapa, sin embargo, lo desconocemos casi todo, por resultra muy interesante la pequeña crónica que hoy quiero mostrarles, que se refiere al trabajo en esos tiempos de la escuela rural de la comunidad de Bañé, ubicada al norte de la cabecera municipal. En realidad, poco se refiere directamente a la ideologización de la educación, más allá del uso de la expresión "fanatismo" que en realidad se refería simplemente a la religión. Más bien se trata de una lista de acciones meritorias en su pequeña escala. El artículo fue publicado en el periódico El Nacional el 22 de junio de 1935:

 

REAFÍRMASE LA ESCUELA SOCIALISTA

Paulatina, pero firmemente, la nueva escuela creada al reformarse el artículo tercero de la Constitución, va afirmándose en toda la República, siendo los habitantes de nuestras extensas zonas rurales, los primeros en sentir y palpar sus beneficios. Con los informes oficiales que dan fe de este arraigo, acaba de rendirse un importante reporte a la Secretaría del Ramo, especialmente en lo que hace a la implantación de la Escuela Socialista en el Estado de México.

A este particular, el señor profesor Carlos Flores Zamora, Jefe del Departamento de Enseñanza Rural, ha reunido las informaciones de cada uno de los diversos sectores rurales del Estado de México, documentación que, por su importancia, transcribimos a continuación.

[...]

LO QUE SE LOGRÓ EN BANÉ

Interesante, sin género de duda, resulta Vicenta H. Arce, Directora de la Escuela de Bané, Aculco, Méx., que dice: "Se han celebrado todas las fiestas patrias y actos que el calendario escolar señala, en el teatro al aire libre. Con el fin de realizar y llevar a mejor éxito la campaña antialcohólica, verificada en las fiestas sociales, hablándoles a los concurrentes de los daños que traen toda clase de vicios, particularmente el alcohol y el fanatismo, aconsejándoles sustituyeran lo anterior por el deporte y la lectura.

"Con la colaboración del vecindario se han estado efectuando campañas prohigiene, profilaxia, que están dando por resultado una mejor indumentaria en los habitantes y aseo individual.

"Buen número de personas están siendo vacunadas; los niños están atendidos, y el aseo de la dentadura se está llevando a cabo de modo cotidiano.

"Las niñas confeccionan sencillas prendas de vestir, así como costuritas útiles y adecuadas a su trabajo. En la escuela rural, se hacen dulces sencillos y aun se utilizan los productos que se obtienen, para la compra de útiles escolares.

"La Sociedad de Madres de Familia colabora con la escuela: un gabinete rústico de aseo tenemos instalado en el plantel, y no descuidamos el baño semanario que llevan a cabo en un río vecino. Estamos instalando filtros en los hogares, para tomar agua potable.

"Se practica con empeño el deporte y algunos encuentros hemos tenido, que han servido, por cierto, para unir a los habitantes con íntimos lazos de solidaridad".

Como trabajo material, "pintó la escuela, ventanas y puertas, dejándola lista para la inauguración". Construyó la casa del maestro y aun el teatro al aire libre.

Atiende con esmero el jardín escolar que está floreciente; en la huerta escolar planta árboles de la región y hace un experimento del cultivo de la linaza.

Con los productos de la parcela escolar, compró ladrillos para el piso de la casa del maestro. Colocó una campana en la escuela, para llamar las horas de entrada a los alumnos y, cosa curiosa, la inscripción de 81 alumnos, es casi igual a la asistencia ordinaria diaria.

El piso del salón de clase está ahora cimentado; la magnífica lámpara de gasolina que ilumina nuestras clases nocturnas, fue comprada, y se construyó la casa-habitación que ocupa.

 

Aquella pequeña escuela de Bañé —una sencilla construcción de piedra, de perfil mixtilíneo— se mantiene, por fortuna, todavía en pie y hoy funciona como biblioteca de la Escuela Primaria Emiliano Zapata. Pero más interesante aún sería saber qué memoria dejaron aquellos años entre los pobladores; si alguien recuerda todavía a la maestra Vicenta H. Arce, y si la implantación de la educación socialista representó para ellos una experiencia liberadora o una indebida injerencia del Estado en la formación de la infancia local.

La desaparición de la educación socialista en México ocurrió de manera gradual durante la década de 1940, conforme el Estado posrevolucionario abandonó el tono radical del cardenismo y buscó una política de conciliación nacional. Bajo el gobierno de Manuel Ávila Camacho, quien se definía públicamente como creyente, disminuyó la confrontación con la Iglesia y se promovió una visión más moderada de la enseñanza pública. Finalmente, en 1946, el artículo 3o constitucional fue reformado para eliminar el carácter socialista de la educación y sustituirlo por una orientación “democrática”, centrada en la unidad nacional, el desarrollo científico y la convivencia plural. Con ello, el Estado mexicano dejó atrás el proyecto de formación ideológica revolucionaria que había caracterizado a los años treinta y abrió paso a un modelo educativo más pragmático y menos doctrinario.

***

Antes de concluir, permítante hacer un comentario etimológico sobre el significado del nombre de Bañé. En su libro Onomatología del Estado de México (1894), Manuel de Olaguíbel propone que ese nombre es corrupción de la palabra otomí baduí, a la que le atribuye el significado de "corona de flores". Miguel Ángel Nolasco Álvarez en la Monografía municipal de Aculco de 1997 añade respecto a esa traducción que "sirve para referirse a un camino de flores, también sirve para identificar a un arroyo largo con agua, en la misma lengua". Pero afirma también que "la gente que domina la lengua otomí dice 'Lugar donde el agua lleva hojarasca'". Yo considero erradas por completo estas etimologías por la siguiente razón: la palabra hñe en otomí significa "barranca" y eso es precisamente lo que caracteriza al lugar: se halla casi a orillas de la barranca por la que corre el arroyo Zarco y que separa el territorio municipal de Aculco del de Polotitlán. De manera que su nombre debe estar ligado indudablemente con ese significado, barranca. "barranca grande" se dice dähñé en otomí y la semejanza con el nombre actual de Bañé me hace pensar que bien podría ser esta su etimología correcta.

sábado, 9 de mayo de 2026

Una cacería en Arroyozarco en honor al gobernador del Estado de México (1922)

A principios de la década de 1920 gobernaba el Estado de México el general obregonista Abundio Gómez (1889-1967), originario de Tetipac, Guerrero. Fue designado gobernador para el periodo 1921-1925, inmediatamente después de la Rebelión de Agua Prieta y del asesinato del presidente Venustiano Carranza, en una etapa todavía marcada por la inestabilidad política y militar de la Revolución. Durante su administración emprendió una reorganización de la hacienda pública estatal e impulsó una política fiscal más activa, que incluyó nuevos gravámenes a la minería y al comercio, aunque posteriormente moderó algunas de esas cargas. Su gobierno promovió además un amplio reparto agrario que benefició sobre todo a comunidades del oriente y del norte de la entidad.

En enero de 1922, el Club Cinegético “30-30” de Jilotepec, presidido por el doctor Ricardo Martínez, decidió invitar al gobernador Abundio Gómez a una cacería en los terrenos de la hacienda de Arroyozaco. En la organización participaron también los hermanos Ezeta Huitrón —Leopoldo, Alfredo y Alfonso—, a quienes Íñigo Laviada describe en su precioso libro Vida y muerte de un latifundio como “los tres alegres y parranderos, derrochadores y aficionados al juego”. Laviada les dedica incluso un capítulo entero: “Los Ezeta, propietarios de Calpulalpan”:

Alfredo bebía por toda la familia. Vivían en Calpulalpan con sus padres y eran obligados a dejar su cama temprano. Salían al camino y se acostaban de nuevo en cualquier lugar sombreado, sobre el duro suelo, para completar el sueño, pues se acostaban de madrugada. Saqueaban la despensa y la bodega de vinos y rompían las vajillas. Heredaron el buen humor de su tío Mariano Ezeta que en los carnavales paseaba por Toluca disfrazado y montado en un toro. Alfredo Ezeta era un hombre culto, simpático y guapo. Su alcoholismo no desmerecía su encanto personal. De 1911 a 1913, desde las postrimerías del porfiriato hasta el gobierno del general Victoriano Huerta, fue jefe político de Jilotepec, cargo a que había desempeñado su abuelo 40 años antes. Leopoldo Ezeta Huitrón fue ayudante del general José Vicen-te Villada , gobernador del Estado de México desde 1889 hasta su muerte en 1904.

Alfonso, como sus hermanos, había participado también en la administración porfiriana y había sido administrador de rentas en Otumba en 1910. Pero los hermanos supieron acomodarse en el México posrevolucionario, por lo menos por un tiempo. Leopoldo, el mayor, fue electo diputado al Congreso del Estado de México por el distrito de Jilotepec en 1921.

Además del gobernador, el Club y los alegres hermanos Ezeta invitaron, entre otros, a don Manuel Pérez Treviño, jefe del Estado Mayor del presidente Obregón, Jesús R. Madrigal, jefe de las Operaclones Militares en el Estado de México, a los coroneles Filiberto y Margarito Gómez, hermanos del gobernador, al licenciado Enrique Landa Berriozábal (que, como esposo de una de las herederas de la hacienda Arroyozarco, Guadalupe Verdugo, de alguna manera actuaría como anfitrión), el juez Alberto Gómez Jáuregui, el ingeniero Adolfo de Rosenzweig, Jorge Prieto Laurens, por entonces diputado al Congreso de la Unión, el poblano Froylán C. Manjarrez, que fue el constituyente más joven en el Congreso de 1917, Rubén Vizcarra, también diputados y Esteban Huitrón, presidente municipal de Jilotepec. Una nutrida y selecta concurrencia, pues, en la que predominaban los políticos.

¿Qué piezas cobrarían en Arroyozarco los improvisados cazadores? Una breve nota publicada en la sección "Ecos de la Repúiblica" del periódico El Demócrata el 28 de enero de 1922 nos da una idea sucinta: "abunda el pato, la liebre, la codorniz y el venado". Tomando en cuenta la época del año, el invierno, es posible en efecto que abundaran los patos migrantes en el mayor de los vasos de la hacienda, la presa de Huapango. Los venados se cazaban en los montes del sur de la propiedad, en Bucio, El Rincón y Cañada de Lobos. Liebres y codornices seguramente se hallarían en el campo abierto. Copio Aquí la transcripción de la nota entera:

MËXICO
Se ha Organizado una Cacería en Honor del Gobernador del Estado
Correspondencia especiai para EL DEMOCRATA.
TOLUCA, Méx., 26 de enero.- Persona que acaba de llegar a esta ciudad, procedente del lejano Distrito de Jilotepec de Abasolo, se sirvió informarme que los señores Leopoldo, Alfredo y Alfonso Ezeta, en unión del Club Cinegético de aquella villa, y que se denomina "30-30", han organzado una cacería en honor del señor general Abundio Gómez, la cual se llevará a cabo, en la pintoresca hacienda de "Arroyozarco", en cuyos lugares abunda el pato, la liebre, la codorniz y el venado. Cacería, que promete ser muy interesante, serán invitadas las personas siguientes: señores general don Manuel Pérez Treviño, jefe del Estado Mayor del ciudadano Presidente de la República y Jesús R. Madrigal, jefe de las Operaciones Militares en el Estado, coroneles Filiberto y Margarito Gómez. licenciado Enrique Landa Berriozábal, Alberto Gómez Jáuregui, ingeniero Adolfo de Rosenzweig, Jorge Prieto Laurens, Froylán C. Manjarrez y Rubén Vizcarra, diputados al Congreso de la Unión, doctor Ricardo Martínez, presidente del club antes referido, y Esteban Huitrón, Presidente Municipal del Municipio de Jilotepec, y otras personas más.

Pero, como pasa en tantas ocasiones, no hay noticias de que esta cacería se haya llevado a efecto. Quizá en algún desconocido archivo duerme el documento que nos permitiría comprobarlo.