miércoles, 1 de julio de 2026

Macario Pérez Romero, el diputado constituyente que no fue

Para continuar con la serie sobre los diputados federales de origen aculquense, quiero hablarles ahora de uno que lo fue, y al cabo no fue: don Macario Pérez Romero.

Don Macario era hermano de otro aculquense -arroyozarqueño- que fue trambién diputado, don Manuel Pérez Romero, de quien les platique hace unas semanas. Como el origen y la niñez de ambos son parecidos, permítanme para empezar copiar algunas líneas de lo que escribí antes sobre los hermanos Pérez Romero y proseguir después con la biografía propia de don Macario.

Les decía entonces que, para abordar la biografía de los Pérez Romero hay que ir al principio... y que en el principio está su padre, don Macario Pérez Sr.

Macario Pérez Sr. nació en 1845 en Real del Monte, hoy estado de Hidalgo. Su madre, Anastasia Sánchez Adrián, tras enviudar, se casó en segundas nupcias con José Joaquín de Rozas Irazábal, propietario desde 1858 de la hacienda de Arroyozarco junto con su hermano Manuel. José Joaquín y Anastasia tuvieron una hija, Dolores Rozas, media hermana por tanto de Macario. Cuando José Joaquín murió hacia 1872, Manuel su hermano quiso quedarse con la totalidad de la hacienda, pero no logró saldar el adeudo con Dolores por su parte y terminó por entregársela en propiedad en 1877. Se encargó de recibirla precisamente Macario, quien ya vivía en la hacienda y a partir de aquel momento se convirtió en el administrador de la finca.

La gestión de Macario Pérez resultó controvertida por diversas razones. Sus contemporáneos le reprocharon tanto sus abusos y maneras autoritarias como los conflictos que surgieron tras su conversión al protestantismo, lo que deterioró su relación con los trabajadores católicos de la hacienda (tema sobre el que escribí un texto que puede consultarse aquí). En 1885, Dolores decidió relevarlo de la administración, aunque diez años después consintió su retorno. Su vida privada tampoco contribuyó a mejorar su reputación. En mi libro sobre la hacienda de Arroyozarco esbocé este retrato suyo:

Para quien lo conoció u oyó hablar de él a sus padres o abuelos, don Macario coincide con la imagen cruel y altiva del administrador o hacendado del porfiriato, ampliamente difundida por los críticos de este período de la historia de México. Don Macario nunca se casó, pero sí engendró varios hijos con distintas mujeres, a algunos de los cuales ni siquiera reconoció (aunque a veces fue su padrino). Los que llevaron su apellido fueron Manuel, Sara, Macario hijo, Agustín y Tomás.

Sara (1872-1952) fue reconocida por su padre desde el nacimiento. Aunque don Macario no estaba casado con su madre, Velina Romero —quien figura como soltera en el acta levantada en San Juan del Río, Querétaro—, la niña recibió su apellido desde la cuna. No ocurrió lo mismo con Manuel (1875-1948), también hijo de Velina, ni con Macario Jr. (1884-1967), nacido de Rosaura Romero -media hermana de Velina por parte de padre, para mayor escándalo. Los dos varones nacieron en Arroyozarco y todo indica que el reconocimiento paterno sólo llegó tiempo después.

Porque, en efecto, don Macario Pérez Sr. llevó a esos dos hijos ya bastante crecidos al registro civil de la Ciudad de México, en 1888, para reconocerlos el mismo día. Vale la pena transcribir aquí el acta de Macario hijo. Nótese en ella, por una parte, la insistencia de don Macario en que su nombre constara en el acta, pero por la otra, que se haya callado el nombre de la madre:

255. Doscientos cincuenta y cinco. Pérez Macario Ramón

En la ciudad de México, a las 10 diez y 30 treinta minutos de la mañana del día 28 veintiocho de marzo de 1888 mil ochocientos ochenta y ocho, ante mí, Enrique Valle, juez del Estado Civil, compareció el ciudadano Macario Pérez, del real del Monte, Hidalgo, de 44 cuarenta y cuatro años, casado, agricultor, vive en la tercera calle de Balderas número 11 once y presentó vivo al niño Macario Ramón que nació en la hacienda de Arroyozarco, Estado de México, el día 31 treinta y uno de agosto de 1884 mil ochocientos ochenta y cuatro a las 11 once de la noche, hijo natural suyo, habido antes de celebrar su matrimonio civil. El compareciente pide expresamente que su nombre conste en esta acta. Son testigos los ciudadanos Bibiano Flores y Cornelio Carrillo, de México, comerciantes, el primero casado, vive en la calle de la Espalda de la Misericordia, número 6 seis, el segundo viudo, vive en el Hotel de Vergara. Leída la presente acta la ratificaron y firmaron. E. Valle = Macario Pérez = Bibiano Flores = Cornelio Carrillo.

También aparece aquí un dato que al escribir mi libro sobre Arroyozarco desconocía: Macario Pérez Sr. sí llegó a casarse, en noviembre de 1886. Lo hizo con María de la Luz Amalia Hartmann Lejárzar, de la que tuvo dos hijos más, los únicos legítimos: Francisco e Isabel Pérez Hartmann. De esta rama descienden los actuales propietarios de la hacienda de Cofradía.

A diferencia de Manuel, su hermano, acerca de Macario Jr. no he encontrado ningún registro de bautismno católico. hay que recordar que justamente por aquellos años, don Macario Sr. se había convertido al protestantismo, por lo que es posible Macario haya sido bautizado bajo ese credo.

Al parecer, Macario vivió sus primeros años en Arroyozarco con su madre. Luego su padre lo envió a estudiar la educación primaria al Instituto Josefino de Querétaro. Más tarde, según algunas biografías suyas, estudió el bachillerato en el Instituto Literario de Toluca, pero la base de datos de alumnos del propio Instituto parece no confirmar ese dato.

En contraste con su hermano Manuel, Macario Pérez Jr. tuvo siempre más interés por el campo que por la política u otras actividades. Aun en el libro donde de pequeño aprendía la lengua francesa (que existía en el archivo del doctor Juan Lara Mondragón) dibujó un paisaje –muy infantil- en el que vemos quizá anunciarse ese amor a la vida campestre que le llevó a reconstruir la hacienda de Cofradía y los ranchos de Santa Rosa, Decá, Chapala, San Rafael y el Molino Viejo, plantar calzadas de árboles, levantar presas, etc. Él fue, por cierto, quién encargó al pintor charro Ernesto Icaza los murales de tema campirano que adornan la hacienda de Cofradía.

Macario Jr. tuvo también algunos emprendimientos más allá de los ranchos. En mayo de 1907, formó una empresa llamada “Hernández, Pérez y Cía.” para la compra de caballos de Arroyozarco y su posterior venta en la ciudad de México. Esta empresa nació con un capital social de 300 pesos y subsistió corto tiempo. También se asoció on Rafael Frías, formando la sociedad “Pérez y Frías”, que se encargaría de la venta de carbón al menudeo en México. El negocio comenzó a prosperar pronto bajo la hábil administración de Frías y los oportunos envíos de carbón de Macario. Jocosamente escribió el administrador de Arroyozarco a su socio en 1907: "Te estás echando a perder, no cabe duda: ¿dónde has visto carboneros con sofá, sillones, columnas, etc.? Pero en fin, somos fachosos, para todo hay como no se arrebate".

Tras la muerte de don Macario Pérez padre en 1909, el joven Macario se ocupó de la administración de Arroyozarco. Tenía para entonces ya cierta experiencia en el manejo de la finca, pues había ejercido temporalmente la administración en 1907, cuando su padre enfermo se vio obligado a retirarse a la ciudad de México.

Con la muerte de Macario Sr., empezaron sin embargo las dificultades entre los hermanos Pérez Romero por la hacienda de Cofradía. Esta propiedad había pertenecido primero a doña María Jesús Sánchez Adrián, tía materna de Macario Pérez padre. Ella la heredó tanto a su sobrino como a los tres hijos naturales de éste, Manuel, Sara y Macario, por partes iguales. Don Macario, a su vez, al morir heredó su parte a Macario hijo. De manera que, en 1909, Macario Jr. se había convertido en dueño de la mitad de la finca, mientras que sus hermanos poseían sólo una cuarta parte cada uno.

Macario no fue muy diligente para presentar cuentas de la hacienda a sus hermanos y en el mismo año comenzaron los pleitos por los productos de la finca. Francisco I. Madero, quien en 1903 se había casado con Sara, propuso a su cuñado una solución equitativa al problema y pidió a doña Dolores Rozas (a quien llamaba madrina) que sirviera de árbitro y buscara la aceptación del trato por parte de su sobrino Macario, pues aunque Madero no pensaba llevar el caso a los tribunales, escribió, sí “debía ver por los bienes de Sarita”. Para 1910, este problema quizá ya se había solucionado, o por lo menos la comunicación entre Macario hijo y Madero había vuelto a sus cauces normales, tal vez a causa de algún acuerdo económico aceptado por ambas partes, como deja entrever una carta de Macario a su cuñado.

Y luego llegó la Revolución.

Al principio, parece ser que Macario no tuvo en lo personal mayores problemas. Aunque era cuñado del caudillo que encabezaba la rebelión, no hay pruebas de que haya colaborado con él en su campaña presidencial -como sí lo había hecho su hermano Manuel- ni participó en el movimiento armado. Además, la Revolución maderista fue tan breve -apenas seis meses entre el 20 de noviembre de 1910 cuando estalló y el 25 de mayo de 1911 cuando Porfirio Díaz renunció- que sus efectos práticamente sólo se sintieron en Chihuahua y en Morelos. Tras el triunfo de la Revolución, sin embargo, Macario sí comenzó a compañar a Madero, como lo hizo en su viaje a Puebla y Tlaxcala a mediados de julio de 1911.

Como bien se sabe, tras la llegada de Madero a la presidencia, Emiliano Zapata y otros caudillos como Pascual Orozco y Félix Díaz se rebelaron contra el presidente. Fue entonces cuando el ambiente comenzó a volverse inseguro. Si bien a fines de marzo de 1912 don Macario Pérez hijo informaba a doña Dolores Rozas estar “hasta muy bien en cuanto a ladrones” en Arroyozarco, lo cierto es que no descuidaban la defensa, pues pocos días después decía que “de zapatistas no hemos tenido nada... pero ya estamos... en condiciones de hacerles una recepción digna de ellos”. No fue sino hasta septiembre de ese año cuando los zapatistas se acercaron peligrosamente a la hacienda. En noviembre de 1912, el diario El País publicaba esta nota:


Por qué Aculco no teme un asalto
Nos encontramos ayer con un vecino de Aculco, Estado de Méjico (sic), y le preguntamos noticias sobre la situación de su distrito. Nos manifestó que por aquellos rumbos los zapatistas no se atreven a merodear por estar cerca de Aculco la hacienda de Arroyo Zarco, propiedad de la familia del señor Madero, que se encuentra convertida en una verdadera fortaleza que cuenta con cañones, ametralladoras y numerosa guarnición bien armada y municionada. Nos aseguró nuestro entrevistado que el distrito de Aculco es un verdadero oasis de paz y seguridad en el Estado, que ha sido tan probado y sigue siendo por las hordas zapatistas que lo han invadido.

Las cosas acabarían por complicarse en 1913, al ser depuesto el presidente Madero por los golpistas Victoriano Huerta, Aureliano Blanquet, Manuel Mondragón y Félix Díaz. En su traslado a la penitenciaría, el expresidente fue asesinado. Más tarde, una multitud exaltada incendió su casa de la colonia Juárez. Los Pérez se sintieron entonces en verdero peligro a causa de su parentesco con el político caído. Es probable que Macario Pérez, que se hallaba en Arroyozarco, temiera represalias en su contra ahora que su cuñado había muerto pues, según Vasconcelos, los familiares de Sara Pérez “quedaron todos en calidad de sospechosos, vigilados como delincuentes o activamente perseguidos”. Durante algún tiempo permaneció don Macario en la hacienda, sin intentar un viaje a la capital. Finalmente, pidió a doña Dolores Rozas le indicara cuándo podría ir a México con toda seguridad. A partir del momento en que pudo hacerlo, dejó en su lugar en Arroyozarco al nuevo administrador: don Juan Lara Alva.

Don Macario, por cierto, era un hombre muy activo. Además de montar a caballo -su yegua favorita se llamaba La Charra, pedía que se la llevaran a la estación de tren de Dañú para ir en ella hacia Cofradía y la mandó pintar a Ernesto Icaza- fue socio del Club Olímpico de la Ciudad de México y practicaba el box. Otra de sus pasiones fue el automovilismo. En diciembre de 1911 ganó el primer premio en la Clase B, como aficionado, en la carrera Imparcial Puebla y regreso. Conducía un Buick con el número 10.

Después el golpe de Estado contra Madero, Macario Pérez Romero no regresó nunca más a la administración de Arroyozarco y se concentró en los años siguientes en el trabajo en Cofradía y otros ranchos que le pertenecían. Luego, tras el triunfo de la Revolución constitucionalista que vengó el asesinato de Madero, y una vez que Venustiano Carranza se erigió en triunfador de la guerra entre facciones revolucionarias, decidió participar por primera vez en la política, respondiendo a la convocatoria para elegir diputados para el Congreso constituyente de 1916-1917.

El 22 de octubre de 1916 se efectuaron las elecciones, en las que resultó triunfador Macario por el 10o. distrito electoral del Estado de México, con sede en Jilotepec. Obtuvo 3,042 votos contra los 2,332 que recibió su adversario Artemio Basurto, quien así quedó como diputados suplente. Los historiadores ubicaban a Macario entre los diputados "jacobinos", es decir, aquellos que durante las sesiones modificaron el proyecto de Venustiano Carranza -más cercano a la Constitución de 1857- y lo convirtieron en un documento con alto contenido social.

El primero de diciembre de 1916, ante la presencia de 151 diputados, se declaró abierto el periodo único de sesiones del Congreso Constituyente en la Ciudad de Querétaro. Aquel era un momento histórico: el trabajo de los diputados constituyentes consistiría en redactar, discutir y aprobar la Ley Suprema que, a pesar de infinidad de enmiendas, todavía rige en México. Pero no estaba ahí Macario y nunca llegó. Se disculpó justificándose en que tenía que atender "cuidados de familia" y así se bajó del carro de la historia cuando estaba a punto de ser uno de sus protagonistas. Simplemente no fue.

Unos años más tarde, en 1919, cuando doña Dolores Rozas intentaba proteger del agrarismo la hacienda de Arroyozarco vendiendo una franja de un kilómetro en toda la orilla de la propiedad, Macario compró una de aquellas fracciones, la 103, con una superficie de 250 hectáreas, la que se conoció como el rancho de Chapala. Esta compra refuerza la opinión que compartí antes: lo que interesaba verdaderamente a Macario era el trabajo del campo. Para su madre compró el rancho de Santa Rosa, ubicado entre el pueblo de Santa Ana Matlavat y las tierras de Arroyozarco.

Al mediar la década de 1920, Macario tenía ya 40 años pero no parecía muy entusiasmado por formar una familia. Sucedió entonces un hecho que en Aculco se comentaba en voz baja, como hablilla mal intencionada: en un viaje que emprendió a España, "emborracharon" a don Macario y lo casaron con una mujer llamada Juana Ibáñez, "Juanita". El chisme tiene algo de verdad, pero no la historia real no parece ser tan cruda.

María de los Dolores Juana Ibáñez Peón, nacida el 21 de julio de 1889, se había casado en primer matrimonio con don Pedro Dueñas Zárate (propietario y "agente de policía"), a finales de 1908. Dieciséis años después, el 24 de junio de 1922, murió don Pedro dejándola viuda y, al parecer, con no muy abudantes recursos. El drama era delicado, ya que Juanita pertenecía a una vieja y aristocrática familia y aquella escasez debió sentarle muy mal. Por lo visto era muy cercana a doña Dolores Rozas y en su casa debió conocer a Macario. Y tal como contaba la leyenda, en un viaje a España en 1925 se casó con ella en la catedral de Santander.

Para Juanita, el matrimonio significaba el remedio a sus apuros económicos. Para Macario, el ascenso a la primera línea de la aristocracia de la época. Pero el matrimonio no funcionó y duró sólo unos pocos años.

El 25 de enero de 1930, menos de cinco años después de su primera boda, don Macario se casó nuevamente, esta vez con María Luisa Hartinan, una mujer de León, de 26 años y ya divorciada como él, hija de Luis Lugo. Por aquellos años Macario habitaba en la calle de Querétaro 81, en la colonia Roma. Todavía vivía su madre Rosaura, de 62 años, a la que se atrevió a llamar "viuda" del viejo don Macario, aunque ya sabemos que nunca se casó con ella.

Para entonces, los Pérez Romero habían comenzado ya a padecer la expropiación de sus ranchos por la Reforma Agraria. Todo comenzó en 1926, cuando le fueron entregadas algunas tierras de Cofradía al pueblo de San Lucas Totolmaloya. Luego, el 31 de diciembre de 1932, 333 hectáreas más pasaron a los habitantes de la ranchería de Gunyó. En un breve lapso, la Cofradía quedaría reducida a los límites del casco, por el reparto de la mayor parte de sus tierras y la invasión de las restantes. Aun el pequeño rancho El Molino Viejo fue invadido por los agraristas de Gunyó en diversas ocasiones (una de ellas en abril de 1934), aunque a la postre consiguió conservar íntegra esta propiedad.

Acerca de la reforma agraria, don Macario Pérez hijo decía en 1923 a su administrador que “si implantan por esa región sus proyectos, nos perjudican a todos y no benefician a nadie.” Y así fue en efecto. El reparto de las haciendas no solamente no solucionó los problemas del campo, sino que los complicó, y condenó a las siguientes generaciones de campesinos a la emigración a las ciudades para encontrar el sustento que ya no hallaban en el agro destrozado.

La indemnización por la expropiación de sus tierras tardó varios años en concretarse. Finalmente, mediante un acuerdo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y de la Secretaría de Agricultura y Fomento, fechado el 1.º de noviembre de 1944, se determinó que Macario Pérez Romero sería indemnizado con 326,929.20 pesos por las casi 2,382 hectáreas que había perdido en las propiedades de Cofradía, San Rafael y Chapala. Esa suma equivalía a la mitad del avalúo oficial de los terrenos expropiados. El pago, además, no se efectuaría íntegramente en efectivo: la mitad se cubriría con tierras de riego en el Sistema del Río Yaqui, en Sonora, y el resto en dinero.

A partir de esos años se nos pierde el rastro de Macario. Vivió todavía más de dos décadas, pues murió el 13 de enero de 1967 de síncope cardiaco y ateroesclerosis coronaria, sumada a la diabetes en su casa de Zaragoza 71, colonia Guerrero. Dijeron los testigos que estaba "divorciado, se ignora de quién", lo que habla de su poco apego a sus mujeres. Fue inhumado en el Panteón Español de la Ciudad de México. En la casilla que señalaba ocupación al momento de fallecer, el acta de defunción dice "agricultor", una última declaración de su amor a la tierra.

viernes, 26 de junio de 2026

Datos monográficos de Aculco de Espinosa (1974)

En varios momentos a lo largo del siglo XX, distintas personas originarias de Aculco quisieron poner por escrito la información que tenían o conocían sobre nuestro municipio. No se trataba de los tradicionales formularios estadísticos que llenaban los empleados municipales para las secretarías federales o para el gobierno estatal, sino escritos espontáneos con los que buscaban preservar o difundir datos históricos, geográficos o tradicionales. Ninguno de ellos se publicó en forma impresa, aunque sí se conocieron por copias fotostáticas. Quizá el más mejor de esos escritos es el que realizó Francisco Alcántara Gómez en la década de 1960, que algún día les mostraré aquí. Pero el que hoy les presento es mucho más breve que aquél y lo escribió el profesor Napoleón Lara Rodríguez en 1974. Aunque muy breve de extensión, nos permite conocer qué era lo que interesaba o llamaba la atención de su municipio a los aculquenses de su tiempo, qué sabían de él y también saber qué errores daban por ciertos. Se los dejo aquí sin más comentarios, aunque quizá en algún momento regresa a este texto para aprovechar -o rebatir- alguno de los datos que proporciona.

 


DATOS MONOGRÁFICOS DE ACULCO DE ESPINOSA, ESTADO DE MÉXICO.
POR EL PROF. NAPOLEÓN LARA RODRÍGUEZ

 


GENERALIDADES

 


ACULCO: palabra otomíe que significa "agua torcida", denominación que obedece a la existencia en el subsuelo de dos corrientes de agua; una salada y otra dulce, que se cruzan entre sí; el agua salada se origina en montes minerales con escasa vegetación, la dulce en montes elevados y exuberantes.

 


HISTORIA

 


El pueblo de ACULCO fue fundado por Misioneros Franciscanos en el siglo XVII. Los primeros moradores fueron españoles y criollos; estos Misioneros procedían de Jilotepec, rumbo a Querétaro, y a su paso por estos lugares fundaron ACULCO.
El estilo arquitectónico del pueblo es netamente colonial en su totalidad, indicando pueblos españoles. La fecha de fundación del pueblo es de 1652. En el municipio predominan habitantes mestizos; pero en los alrededores existen pueblos de indígenas otomíes.
ACULCO fue teatro de acontecimientos históricos en la guerra de Independencia; al alcanzar el triunfo los Insurgentes en la sangrienta batalla del Monte de las Cruces, acamparon en Aculco el día 7 de noviembre de 1810; se conserva la casa en la que se hospedó el señor Cura Hidalgo.
En este pueblo fueron sorprendidos por los ejércitos realistas, mandados por el General Calleja; después de feroz lucha, el ejército de los patriotas fue vencido. Hidalgo retrocedió unos cuantos kilómetros hasta el sitio denominado "El Salto". En este lugar, el señor Cura celebró Misa, improvisando el altar en una roca, en la que hicieron los insurgentes la inscripción siguiente: AQUÍ CELEBRANDO MISA, cuya piedra con esa inscripción y otras más, se encuentran colocadas en una portada de la Ex Hacienda de Cofradía, próxima a estos lugares. Esta finca es muy pintoresca y se encuentra muy cercana a esta Cabecera Municipal, fue propiedad de la señora Sara Pérez de Madero, esposa de don Francisco I. Madero.
La señora Sara Pérez de Madero, fue originaria de este Municipio, pues nació en la Hacienda de Arroyozarco, de esta jurisdicción; hizo sus estudios primarios en Aculco, siendo de su propiedad la casa que recientemente fue demilida [sic pro demolida] para construir la nueva Presidencia Municipal, posteriormente pasó a seguir sus estudios en los Estados Unidos, lugar donde conoció a don Francisco I. Madero.
Durante la Intervención Francesa, también tuvieron lugar en Aculco hechos históricos de importancia; entre ellos se citan batallas entre los ejércitos invasores y los defensores. De estos hablan como mudos testigos las trincheras que se encontraban en los cruceros de las calles. En la actualidad han sido tapadas. En la Ex Hacienda de Arroyozarco, perteneciente a este Municipio, existe un cementerio donde fueron sepultados muchos franceses.
En la época de la Reforma, en el comedor de la Ex Hacienda (hoy propiedad de Recursos Hidráulicos) se planeó y dirigió la batalla de San Miguel de la Victoria y Calpulalpan Méx., por los Generales González Ortega y Zaragoza. Este edificio anteriormente fue estación de Diligencias, habiendo pasado la noche muchos personajes en este Hotel, como Maximiliano, Juárez, Porfirio Díaz y muchos más.
En la Revolución de 1910, por haber conocido y tratado a don Francisco I. Madero, todos los habitantes de este Municipio fueron maderistas, incorporándose a sus filas muchos elementos.
En la tercera etapa de la Revolución, o sea la guerra de facciones, muchos elementos, principalmente campesinos se alistaron en las filas del Carrancismo y Villismo, habiendo destacado el General José Riverón Mondragón, Manuel Pérez Romero, Isauro Castillo Garrido, Gabriel Chávez y muchos más.

 


GEOGRAFÍA

 


El pueblo de Aculco está situado a 2,531 metros sobre el nivel del mar, a 20° 10' de latitud Norte y 99° 48' de longitud al oeste de Greenwich.
Los límites de Aculco son: por el Norte con el Municipio de Polotitlán; al Sur, con el de Acambay; al Oriente, con el de Jilotepec y al Poniente con el Estado de Querétaro.
Su clima es templado moderado, con invierno seco no muy riguroso, lluvioso, siendo el promedio de lluvias anual 600 mmm y su temperatura media de 22°.
Aculco dista de la ciudad de Toluca 104 kilómetros por la carretera Panamericana, con una desviación de 14 kilómetros para llegar al pueblo. Por la carretera México-Querétaro (Autopista) dista de la ciudad de México 123 kilómetros hasta la desviación "El Rosal", de allí 15 kilómetros para llegar a Aculco, todo pavimentado.

 


HIDROGRAFÍA

 


Por todas direcciones y muy cerca de Aculco, corren pequeños ríos y arroyos. El conjunto de estos ríos y arroyos, forman el nacimiento del Río Pánuco.
Aculco cuenta con un conjunto de cinco presas principales para el servicio de la Agricultura, siendo la mayor la de Huapango, que fué construida por los Misioneros Jesuitas en 1725 durante su estancia en la Hacienda de Arroyozarco, formando este conjunto de presas, el Distrito de Riego de Arroyozarco, de Recursos Hidráulicos.

 


DATOS COMPLEMENTARIOS

 


La Fiesta Titular de Aculco, se celebra el día 30 de septiembre, día de San Jerónimo Doctor del Pueblo, tomando las Fiestas Patrias como la titular, son muy concurridas y animadas, pues aparte de que la localidad cuenta con lugares muy pintorescos e históricos, todas estas fiestas se celebran en la Cabecera Municipal, la que cuenta con una plaza y lienzo charro, con una alberca olímpica con aguas renovables por contar con manantiales propios dentro de la misma alberca.
Con motivo a la Remodelación de los Pueblos, obedeciendo al Plan Echeverría, Aculco presenta ya en la actualidad una fisonomía muy singular en esta región del Estado de México.
El primer Ayuntamiento de Aculco, se constituyó en 1820, siendo las elecciones el día 30 de julio de 1820, tomó posesión el día 6 de agosto de 1820; las personas que formaron este primer Ayuntamiento fueron:
PRESIDENTE O ALCALDE: JOSE RAMON ROMERO CORREA.
REGIDORES:
JOSE ESTANISLAO CRUZ
JOSE MARIA BELTRAN DE LA CUEVA.
PEDRO REQUEJO.
JOSE PABLO.
HILARIO GARCIA.
TOMAS MIRANDA.
SINDICO PROCURADOR: CAYETANO BASURTO.
SECRETARIO CONSTITUCIONAL. ANTONIO PEREZ.
Aculco, Méx., a 5 de septiembre de 1974.

 


[Firma]
Profr. Napoleón Lara Rodríguez.
Lara.-071212.

lunes, 22 de junio de 2026

La carretera que partirá en dos a Aculco

Cuentan que en la década de 1940, cuando se proyectaba la construcción de la Carretera Panamericana, don José Díaz Herrera, gran amigo del gobernador Isidro Fabela, le pidió como un favor especial que la nueva vía no atravesara la cabecera municipal de Aculco. Su argumento era tan sencillo como revelador: «Si la carretera pasa por aquí, el pueblo se va a llenar de rateros». Haya sido o no por esa razón, lo cierto es que, mientras la carretera se trazó junto a Toluca, Ixtlahuaca, Atlacomulco y Acambay, pasó a unos convenientes cuatro kilómetros del centro de Aculco.

Con el paso de los años, a lo largo de la Panamericana surgieron en esas poblaciones nuevos asentamientos comerciales, habitacionales e industriales. El crecimiento fue rápido y, como suele ocurrir en México, pocas veces obedeció a una planeación cuidadosa. Aculco, en cambio, conservó durante décadas un conjunto urbano compacto, coherente y reconocible. Su fisonomía tradicional se mantuvo prácticamente intacta y sólo en tiempos recientes el desorden de las orillas del pueblo ha comenzado a adquirir rasgos preocupantes. Es cierto que Aculco no alcanzó el desarrollo comercial que el tránsito de la Panamericana llevó a otras localidades. Habrá quien considere aquello una oportunidad perdida. También puede verse de otra manera: no todo pueblo tiene la obligación de perseguir el crecimiento a cualquier costo. A veces, mantenerse al margen de las grandes corrientes del desarrollo permite conservar bienes igualmente valiosos: el patrimonio histórico, la personalidad propia, la relación con el campo, la tranquilidad cotidiana e incluso cierta sensación de seguridad que en otros lugares terminó por diluirse.

Hoy Aculco se enfrenta a un riesgo mucho mayor que el que representó en su momento la Carretera Panamericana. Una nueva autopista de cuota entre Atlacomulco y Polotitlán pasará probablemente a menos de un kilómetro del centro de la cabecera municipal, entre ésta y el pueblo de Santa María Nativitas. El trazo previsto atraviesa una de las zonas más cuidadas y atractivas del municipio, la que durante décadas ha constituido la entrada más hermosa al pueblo. En algún punto que todavía no se ha dado a conocer con precisión se levantará una autopista de cuatro carriles, confinada y construida sobre terraplén. El municipio quedará partido casi exactamente por la mitad por una barrera física que difícilmente aportará beneficios proporcionales al costo que impondrá al territorio. Aculco ya cuenta con dos grandes vías de comunicación, la Carretera Panamericana y la Autopista México-Querétaro, que satisfacen sus necesidades de conexión.

Quizá todavía no se alcanza a dimensionar lo que esto significa. Comunidades que han mantenido relaciones cotidianas quedarán separadas por una infraestructura cuyo cruce sólo será posible a través de pasos específicos, previsiblemente distantes unos de otros. El resultado será una desvinculación entre distintas partes del municipio. En algunos casos, quienes deseen evitar largos rodeos podrían verse obligados incluso a utilizar la propia autopista de cuota para desplazarse dentro de una zona que hoy es continua.

Los opositores al proyecto han señalado además otros riesgos: la posible afectación de manantiales y áreas naturales, el impacto sobre vestigios del Camino Real de Tierra Adentro y la alteración de paisajes que forman parte de la identidad del municipio. Todo ello pertenece al ámbito de las consecuencias inmediatas. A largo plazo existe otra preocupación igualmente seria. La experiencia mexicana muestra que las grandes vías de comunicación suelen atraer desarrollos comerciales, habitacionales e industriales que pocas veces responden a una planeación rigurosa. Con frecuencia surgen asentamientos dispersos, construcciones improvisadas y corredores urbanos desordenados que terminan transformando de manera irreversible el entorno.

También está el problema de la seguridad. Si don José Díaz Herrera temía en la década de 1940 que una carretera cercana alterara la tranquilidad de Aculco, hoy las circunstancias son muy distintas. El país enfrenta niveles de delincuencia que entonces habrían parecido inimaginables. Las carreteras se han convertido en espacios donde operan con frecuencia diversas formas de criminalidad. Nadie puede asegurar que la nueva autopista produzca ese resultado, pero sería ingenuo ignorar un riesgo que ya es visible en otros corredores carreteros. La Panamericana y la México-Querétaro son focos de inseguridad y nadie puede negarlo.

No son claros todavía los puntos exactos por los que pasará la Autopista Atlacomulco-Polotitlán. Se conoce únicamente su trazo general. Aun así, estoy convencido de que cuando el proyecto se dé a conocer con precisión muchas de estas preocupaciones encontrarán confirmación, y no me sorprendería que surgieran otras que hoy ni siquiera alcanzamos a prever. La experiencia indica que las grandes obras de infraestructura suelen parecer abstractas mientras sólo existen sobre un plano. Es cuando sus detalles se vuelven públicos y sus consecuencias concretas pueden medirse sobre el terreno cuando la verdadera magnitud de sus efectos se hace evidente.

El afán de construir infraestructura a toda costa tiene un nombre: desarrollismo. Se trata de una forma de entender el progreso que mide el éxito casi exclusivamente por la cantidad de carreteras, presas, fábricas o complejos urbanos que pueden levantarse, relegando a un segundo plano los costos ambientales, sociales, culturales y paisajísticos que esas obras suelen acarrear. La discusión de fondo no consiste en decidir si Aculco debe permanecer inmóvil o renunciar al progreso. La verdadera pregunta es qué tipo de desarrollo desea para su futuro y cuánto está dispuesto a sacrificar de su patrimonio natural, histórico y paisajístico para alcanzarlo. El problema mayor es que se trata de un proyecto federal ya concesionado, cuya planeación quizá escapa de las posibilidades de intervención de los aculquenses. Sólo una acción mayoritaria, fuerte y decidida podría permitir que los cuestionamientos de los habitantes de Aculco sean escuchados y, quizá, con un poco de suerte, atendidos.

Algunas transformaciones son irreversibles. Una vez construida la autopista, el municipio que hoy conocemos ya no volverá a ser el mismo.

viernes, 19 de junio de 2026

Manuel Pérez Romero, el primer diputado federal aculquense

Hace unos días, tras publicar en este blog una breve semblanza del capitán Isauro Castillo Garrido, un lector comentó que siempre había creído que el maestro Arturo Osornio Sánchez había sido el primer y único diputado federal nacido en Aculco. La observación era comprensible por el desconocimiento que se tiene de la historia de nuestro municipio, aunque incorrecta. Pero no sólo tuve que aclararle que Arturo no había sido el único, sino que Castillo tampoco podía reclamar el honor de haber sido el primero. Ese lugar corresponde, en realidad, a otro personaje: don Manuel Pérez Romero (1875-1948).

Don Manuel era hermano de Sara Pérez Romero, la esposa de Francisco I. Madero. A pesar de ello, su nombre es hoy poco recordado en Aculco. La celebridad histórica de Sara y la fama local de su otro hermano —o más propiamente medio hermano— Macario Pérez Romero, terminaron por relegarlo a un segundo plano. Resulta curioso, porque la trayectoria de Manuel fue, en todos sentidos, más notable. No sólo tuvo una participación más amplia en la Revolución Mexicana, sino que alcanzó posiciones de gran relevancia en la vida pública del país: fue diputado federal (representando al estado de Querétaro) y más tarde embajador de México ante varios gobiernos extranjeros.

Pero para abordar su biografía vayamos al principio... y en el principio está su padre, Macario Pérez Sr.

Macario Pérez Sr. nació en 1845 en Real del Monte, hoy estado de Hidalgo. Su madre, Anastasia Sánchez Adrián, tras enviudar, se casó en segundas nupcias con José Joaquín de Rozas Irazábal, propietario desde 1858 de la hacienda de Arroyozarco junto con su hermano Manuel. José Joaquín y Anastasia tuvieron una hija, Dolores Rozas, media hermana por tanto de Macario. Cuando José Joaquín murió hacia 1872, Manuel su hermano quiso quedarse con la totalidad de la hacienda, pero no logró saldar el adeudo con Dolores por su parte y terminó por entregársela en propiedad en 1877. Se encargó de recibirla precisamente Macario, quien ya vivía en la hacienda y a partir de aquel momento se convirtió en el administrador de la finca.

La gestión de Macario Pérez resultó controvertida por diversas razones. Sus contemporáneos le reprocharon tanto sus abusos y maneras autoritarias como los conflictos que surgieron tras su conversión al protestantismo, que deterioró su relación con los trabajadores católicos de la hacienda (tema sobre el que escribí un texto que puede consultarse aquí). En 1885, Dolores decidió relevarlo de la administración, aunque diez años después consintió su retorno. Su vida privada tampoco contribuyó a mejorar su reputación. En mi libro sobre la hacienda de Arroyozarco tracé el siguiente retrato de su personalidad:

Para quien lo conoció u oyó hablar de él a sus padres o abuelos, don Macario coincide con la imagen cruel y altiva del administrador o hacendado del porfiriato, ampliamente difundida por los críticos de este período de la historia de México. Don Macario nunca se casó, pero sí engendró varios hijos con distintas mujeres, a algunos de los cuales ni siquiera reconoció (aunque a veces fue su padrino). Los que llevaron su apellido fueron Manuel, Sara, Macario hijo, Agustín y Tomás.

Sara (1872-1952) fue reconocida por su padre desde el nacimiento. Aunque don Macario no estaba casado con su madre, Velina Romero —quien figura como soltera en el acta levantada en San Juan del Río, Querétaro—, la niña recibió su apellido desde la cuna. No ocurrió lo mismo con Manuel (1875-1948), también hijo de Velina, ni con Macario Jr. (1884-1967), nacido de Rosaura Romero (media hermana de Velina por parte de padre, para mayor escándalo). Ambos nacieron en Arroyozarco y todo indica que el reconocimiento paterno sólo llegó tiempo después.

Porque, en efecto, don Macario Pérez Sr. llevó a esos dos hijos varones ya bastante crecidos al registro civil de la Ciudad de México en 1888 para reconocerlos el mismo día. Vale la pena reproducir aquí las dos actas. Nótese en ellas, por una parte, la insistencia de don Macario en que su nombre constara en el acta, pero por la otra, que en los dos casos se haya callado el nombre de la madre:

254. Doscientos cincuenta y cuatro. Pérez Manuel

En la ciudad de México, a las 10 diez de la mañana del día 28 veintiocho de marzo de 1888 mil ochocientos ochenta y ocho, ante mí, Enrique Valle, juez del Estado Civil, compareció el ciudadano Macario Pérez, del real del Monte, Hidalgo, de 44 cuarenta y cuatro años, casado, agricultor, vive en la tercera calle de Balderasnúmero 11 once y presentó vivo al niño Manuel que nació en la hacienda de Arroyozarco, Estado de México, el día 16 dieciséis de agosto de 1875 mil ochocientos setenta y cinco a las 10 diez de la mañana, hijo natural suyo, habido antes de celebrar su matrimonio civil. El compareciente pide expresamente que su nombre conste en esta acta. Son testigos los ciudadanos Bibiano Flores y Cornelio Carrillo, de México, comerciantes, el primero casado, vive en la calle de la Espalda de la Misericordia , número 6 seis, el segundo viudo, vive en el Hotel de Vergara. Leída la presente acta la ratificaron y firmaron. E. Valle = Macario Pérez = Bibiano Flores = Cornelio Carrillo.

255. Doscientos cincuenta y cinco. Pérez Macario Ramón

En la ciudad de México, a las 10 diez y 30 treinta minutos de la mañana del día 28 veintiocho de marzo de 1888 mil ochocientos ochenta y ocho, ante mí, Enrique Valle, juez del Estado Civil, compareció el ciudadano Macario Pérez, del real del Monte, Hidalgo, de 44 cuarenta y cuatro años, casado, agricultor, vive en la tercera calle de Balderasnúmero 11 once y presentó vivo al niño Macario Ramón que nació en la hacienda de Arroyozarco, Estado de México, el día 31 treinta y uno de agosto de 1884 mil ochocientos ochenta y cuatro a las 11 once de la noche, hijo natural suyo, habido antes de celebrar su matrimonio civil. El compareciente pide expresamente que su nombre conste en esta acta. Son testigos los ciudadanos Bibiano Flores y Cornelio Carrillo, de México, comerciantes, el primero casado, vive en la calle de la Espalda de la Misericordia, número 6 seis, el segundo viudo, vive en el Hotel de Vergara. Leída la presente acta la ratificaron y firmaron. E. Valle = Macario Pérez = Bibiano Flores = Cornelio Carrillo.

También aparece aquí un dato que al escribir mi libro sobre Arroyozarco desconocía: Macario Pérez Sr. sí llegó a casarse, en noviembre de 1886. Lo hizo con María de la Luz Amalia Hartmann Lejárzar, de la que tuvo dos hijos más, los únicos legítimos: Francisco e Isabel Pérez Hartmann.

Con los datos que informó don Macario al registrar extemporáneamente a Manuel, intenté rastrear su nacimiento para saber si originalmente se había hecho bajo otro nombre, pero no hallé nada. Lo que sí existe es un registro de bautismo también extemporáneo e irregular, pues informa en 1885 que había sido bautizado en 1880 "in articulo mortis", es decir, cuando se hallaba en riesgo de muerte. Su padrino lo fue Juan Cash, un importante técnico de la fábrica de casimires "El Progreso" de Arroyozarco:

En 18 de Julio de 1885, en la Primitiva Parroquia del Señor San José de México, el R.P.F. Felipe de la Trinidad Buitrago, V.P. solemnemente puse los santos óleos y suplí la ceremonia del santo bautismo a un niño a quien nombré José Manuel y bauticé con agua simple in artículo mortis en su casa habitación Arcos de Belen numero 2 en el día 20 de Diciembre de 1880, hijo natural de D. Macario Pérez y de Da. Abelina Romero; de ambos abuelos no dieron razón: fue su padrino de agua el mismo que suscribe y de brazos D. Juan Cash y Da. María Ana Noriega a quienes advertí su obligación y parentesco espiritual y para que conste firmé con el Sr. Cura. Adrian Ruiz.

Manuel vivió hasta los ocho años en Arroyozarco. No tengo datos sobre su educación formal. Su hermana Sara, como es bien sabido, estudió en Estados Unidos, en el Colegio Notre Dame en Indiana, mientras que Macario estudió en el Instituto Josefino de Querétaro y luego al parecer en el Instituto Literario de Toluca. Por ello se puede suponer que don Macario no habría descuidado la formación de Manuel, aunque no existe información para corroborarlo.

Volvemos a tener noticias de Manuel Pérez hasta 1905, cuando con 30 años aparece en la correspondencia de Francisco I. Madero, quien se había convertido en su cuñado al casarse con Sara en 1903. El 10 de febrero de aquel año, por ejemplo, Madero le escribió en respuesta a una misiva del 11 de diciembre anterior, en la que le narra los sucesos de la campaña por la presidencia municipal de San Pedro de las Colonias, Coahuila, en las que "no obstante que obtuvimos un triunfo grandísimo, el Gobierno se valió de toda clase de chicanas para nulificar nuestros trabajos". También le cuenta algunos problemas de salud de Sara y lo invita al norte "pues ya tenemos verdaderos deseos de verte".

El 1o. de junio de 1908, Manuel contrajo matrimonio civil y religioso en San Luis Potosí con la coahuilense Matilde García-Lozano Ramos. Fueron testigos de su enlace precisamente su cuñado Francisco y su hermana Sara. De aquel matrimonio, que terminó en divorcio, nacerían tres hijos: María del Refugio Matilde (1909), María Matilde Sara (1910) y Francisco Manuel Pérez García-Lozano (1912). Don Manuel señalaba en 1908 como su domicilio particular la 6a Calle del General Prim número 106, en la colonia Juárez de la capital.

En cartas posteriores de Madero, de finales de 1908 y 1909, queda claro que Manuel había empezado a colaborar en sus esfuerzos políticos contra la dictadura de Porfirio Díaz, enviando a través suyo recursos para continuar la publicación de su periódico El Antireeleccionista y para el auxilio de los presos antireeleccionistas en la capital del país. Mantuvieron la correspondencia durante la campaña electoral de Madero a la presidencia, pero no consta, sin embargo, que Manuel haya participado en el movimiento armado que inició en nociembre de 1910. Al parecer permaneció en aquellos meses en sus ocupaciones normales como "empleado particular", a caballo entre San Juan del Río y la Ciudad de México.

Tras la renuncia de Porfirio Díaz en mayo de 1911 y después de que Madero se convirtiera en presidente en noviembre de ese mismo año, Manuel Pérez Romero se presentó como candidato a diputado federal por el 2o. Distrito del estado de Querétaro, con sede en San Juan del Río. Al verificarse su triunfo, formó parte de la XXVI Legislatura del Congreso de la Unión de México, que entró en funciones el 16 de septiembre de 1912. Formó parte del llamado Bloque Renovador, que se definía como "un grupo de demócratas enamorados de todas las libertades y de todas las redenciones: de la libertad política, de la libertad económica, de la libertad civil; de la redención de las conciencias, de la redención del pueblo, de la redención del trabajo; de todas las libertades y de todas las redenciones [...] que aspira y pretende implantar en lo político, en lo económico, en lo agrario, en la cultura popular y en todos los servicios administrativos las promesas del Plan de San Luis, acometiendo resueltamente una labor de renovación".

Los debates de esta legislatura fueron muy fuertes y de verdadera oposición, debido a la composición plural de las cámaras. Esto dificultó también la labor del gobierno de Madero. "La gestión parlamentaria sólo sirvió para demostrar -escribe la historiadora Josefina Mac Gregor- que la sociedad estaba dividida de manera irreconciliable, que el marco legal era inoperante para resolver los problemas sociales que aquejaban al país y que, frente a éstos, no había una sola respuesta para su solución sino muchas y muy diversas, según hasta dónde se quisiera llegar en las transformaciones".

Apenas 15 meses después de la llegada de Madero al poder, en febrero, de 1913, ocurrió el Golpe de Estado que llevó a la detención del presidente, su renuncia obligada y muerte. Cuando la renuncia se sometió a la aprobación de la Cámara de Diputados, don Manuel fue uno de los tres únicos diputados que se negaron a aceptarla. Tras el artero asesinato de Madero, don Manuel permaneció al principio al lado de su hermana Sara, lo mismo que el otro hermano, Macario. Pero pronto debió comprender que también corría peligro. El 9 de abril, en carta a la Cámara, solicitó licencia y se dirigió hacia el norte del país, donde el 26 de marzo de ese año Venustiano Carranza proclamó el Plan de Guadalupe y se rebeló en contra del traidor Victoriano Huerta para reestablecer el orden constitucional. En aquellos primeros meses de la Revolución Constitucionalista, Carranza. que tomó el título de Primer Jefe, nombró a Manuel Pérez Romero su agente confidencial ante el gobierno de Estados Unidos, el 18 de junio de 1913. De esta época debe datar también su designación con el grado de coronel.

Don Manuel permaneció en Washington con ese encargo sólo cuatro meses, hasta el 30 de octubre cuando lo reemplazó un nuevo enviado, Roberto V. Pesqueira. Su encargo principal era buscar el reconocimiento del gobierno de Carranza, pero la diplomacia estadounidense le dejó muy claro que por el momentro el presidente Woodrow Wilson "no cambiará su política, no reconocerá gobiernos emanados de una revolución", pero que en cambio "cualquiera que sea electo siempre será apoyado". De manera que si "Carranza manifestaba que él también deseaba unas elecciones libres y que lucharía con votos en vez de luchar con armas, haría una buena impresión".

Los Tratados de Teoloyucan del 13 de agosto de 1914 sellaron la victoria de los Constitucionalistas. Sin embargo, en los meses siguientes sobrevino la ruptura de este bando en dos facciones contrarias: los Convencionistas, que tuvieron por principal respaldo militar a Francisco Villa y Emiliano Zapata, y los Carrancistas, que además de apoyar al Primer Jefe contaban con varios importantes generales entre los que destacaba Álvaro Obregón. Don Manuel Pérez Romero se adhirió a los Carrancistas e incluso por unos días, entre el 4 el 12 de octubre de 1914, fue nombrado por Carranza gobernador sustituto del estado de Veracruz, en reemplazo de Cándido Aguilar, quien se retiró temporalmente para atender asuntos militares. Aunque breve, su gobierno se recuerda porque expidió el decreto que declaró obligatorio el descanso dominical para los empleados de la industria y el comercio en Veracruz, un antecedente clave para los derechos laborales en México. Al regreso de Cándido Aguilar a la gubernatura, Pérez Romero tomó el cargo de secretario general de Gobierno del Estado, que mantuvo el resto del año.

El siguiente encargo importante de don Manuel resulta todavía más interesante: el 9 de febrero de 1915, Carranza lo nombró enviado diplomático en misión especial en Japón. Esa misión consistía en recuperar las armas que había intentado comprar a la compañía Mitsui Bussan el hermano del presidente Madero, Gustavo, y que luego había reclamado la dictadura de Victoriano Huerta, pero que nunca fueron entregadas a México. El enviado sólo obtuvo evasivas: que acudiera a la matriz en Nueva York, que había que esperar el reconocimiento de Carranza por el gobierno japonés, que todavía faltaba liquidar un adeudo. Con hartazgo, don Manuel dirigió una carta con sus quejas a la empresa: "no veo claramente el motivo por el cual hacen, de un asunto sencillo y razonado, una cuestión difícil y complicada. La forma evasiva en que ustedes hacen referencia a la parte fundamental, me hace creer que rehúsan obsequiar los deseos del Gobierno Mexicano". En México, mientras algunos como el secretario de Guerra, Ignacio Pesqueira, pidieron frenar los ímpetus de don Manuel, otros como el inspector de los Establecimientos Fabriles Militares, Alfredo Breceda, recomendaron que Pérez Romero fuera aún más exigente con la Mitsui. Después de varios enredos por el desconocimiento que se tenía del curso que había tenido el trato y los pagos en plena Revolución, la Mitsui acordó liquidar el asunto con la devolución de 60 mil dólares a México. Don Manuel Pérez Romero se sintió satisfecho con el trato y con haber dejado todo "a la honradez de la casa [Mitsui] y honorabilidad de sus representantes".

Pérez Romero regresó a México en octubre de 1915. Pero el 27 de septiembre de 1916 fue nombrado embajador en China, país que sin embargo no llegó a pisar hasta 1919. Estuvo en funciones ahí desde el 13 de marzo de 1919 hasta el 2 de noviembre del mismo año. El 1 de enero de 1920 recibió el nombramiento de embajador en Bélgica, cargo que ocupó sólo hasta el 20 de septiembre de ese año. Esto, debido a que el 20 de agosto había sido designado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en las legaciones de México en Noruega, Suecia y Dinamarca. Permaneció en ese encargo hasta el 26 de enero de 1922, en el caso de Noruega y Dinamarca, y hasta el 2 de julio de 1921, para Suecia.

Tras la finalización de estos encargos, el rastro de don Manuel Pérez Romero se vuelve a perder. Lo más probable es que se haya retirado de la diplomacia, dedicándose sólo a sus asuntos particulares. Murió en la Ciudad de México, en su domicilio de Zacatecas 88, colonia Roma (casa que todavía existe), el 21 de diciembre de 1948, a causa de un ateroma de la aorta e insuficiencia cardiaca.

Una calle sin importancia en la colonia Santa Martha Acatitla en la delegación Izatapala de la Ciudad de México lleva su nombre.

viernes, 12 de junio de 2026

Isauro Castillo Garrido, revolucionario y diputado federal aculquense

Los historiadores y cronistas de Aculco no han sido especialmente diligentes en la tarea de investigar las vidas de quienes forjaron la historia del municipio o de aquellos que, nacidos aquí, participaron en escenarios más amplios de la historia de México. Es una falta de la que, en cierta medida, también me considero responsable, pues sólo en años recientes me he preocupado por escribir perfiles verdaderamente biográficos de esos personajes. Antes los dejaba aparecer y desaparecer en mis libros sin preocuparme demasiado por saber quiénes eran en realidad, más allá de los datos indispensables para la narración.

El fruto de ese esfuerzo que todavía podemos llamar incipiente puede encontrarse en este mismo blog en textos como Los insurgentes de Aculco; Blas Guller, el penúltimo administrador jesuita de Arroyozarco; José Carbajal García, el sindicalista de Chalco que nació en Aculco; Un aviador aculquense: el general Manuel Bravo Ruiz; Los primeros franciscanos en Aculco; Don Antonio Magos Bárcena y Cornejo, cacique otomí de Aculco; Don Antonio Martínez Infante: el cura alegre, generoso... y escandaloso; José Riverón Mondragón: el único general aculquense en la Revolución; El bachiller don Luis José Carrillo y Troncoso, cura de Aculco (1753-1830); Don Gumersindo Mendoza: un aculquense olvidado, entre varios otros.

Pero, justamente, como decía al principio, quedan todavía muchas biografías de aculquenses notables por escribir. Y peor aún: de muchos de ellos ha desaparecido casi todo recuerdo, de modo que mencionarlos provoca hoy auténtica sorpresa. Resulta significativo que, hace algunas décadas, cuando el gobierno municipal decidió bautizar algunas calles que carecían de nombre con el de personajes aculquenses, la mayoría se dedicó a individuos de épocas muy recientes y, con perdón de sus familiares, varios sin mérito alguno. Fue como si Aculco hubiera olvidado por completo quiénes eran los hombres y mujeres que construyeron su historia.

Por eso quiero hablar hoy de un revolucionario aculquense que fue el primero en ocupar una curul en la Cámara de Diputados federal y que, sin embargo, ha sido casi borrado de la memoria colectiva. Me refiero a Isauro Castillo Garrido.

Isauro Castillo Garrido nació a las 11 de la mañana del 24 de enero de 1881 en la hacienda de Arroyozarco. Sus padres fueron don Federico Castillo, que por entonces tenía 24 años y trabajaba como tejedor en la fábrica de casimires de aquella finca, y Felipa Garrido de 18 años. Sobre don Federico Castillo ya he escrito antes y pueden encontrar la información aquí. Don Federico procuró que sus vástagos tuvieran buena educación y mejores perspectivas, por lo que varios de ellos emigraron a la Ciudad de México. Fue el caso de Isauro, quien se dedicó al comercio en la capital y estableció su domicilio en la Primera Calle del Relox no. 9 (hoy República de Argentina).

El 19 de octubre de 1905, Isauro contrajo matrimonio con Alfonsina Lazcano, de 21 años, hija natural de Genoveva Lazcano. En su partida de matrimonio religioso, celebrado en la iglesia de San Miguel el 5 de noviembre del mismo año por el padre Modesto Basurto (aculquense también), Alfonsina aparece sin embargo con el apellido Domínguez, que era el de su padre Pedro ya difunto, y como hija legítima. Isauro y Alfonsina tuvieron por lo menos dos hijos nacidos en la Ciudad de México, Rubén (1906) y Eugenia (1910). Al nacer esta última, tenían su domicilio den la Tercera calle de Degollado número 43, en la colonia Guerrero. En 1916 tuvieron un tercer hijo, Alfonso, nacido en Chalchicomula, Puebla. Alfonso, por cierto, murió muy joven, en 1938, debido a una tifoidea.

No he podido averiguar todavía cuándo y por qué motivos se unió a la Revolución, aunque es seguro que su expediente se encuentre en el archivo de la Secretaría de la Defensa Nacional. Lo cierto es que en 1915 ya participaba en ella (probablemente por ello su hijo Alfonso nació en Chalchicomula) y hacia el final del movimiento armado había alcanzado el grado de capitán, como parte del 19o regimiento de caballería con matriz en Polotitlán y destacamentado en Jilotepec. Por lo visto, su ocupación militar no fue obstáculo para que mantuviera su comercio (o quizá incluso le ayudó), pues en septiembre de 1916 seguía comerciando en su tienda de la Tercera Calle de Mesones número 80 con arroz, azúcar, harina americana y del país, pastas para sopa de Morelia y trementina, algunos de estos artículos al por mayor.

En 1918 decidió contender por la diputación federal del distrito 10 del Estado de México para el periodo 1918-1920 y la votación le favoreció, pues recibió 2,019 sufragios contra los de 1,573 de su contendiente, Daniel Basurto. Sin embargo, Basurto elevó una protesta pues Castillo había infringido la ley: se hallaba en servicio activo en el Ejército al momento de la elección, lo que violaba la fracción I del artículo 43, en consonancia con la fracción IV del artículo 75 de la Constitución recientemente promulgada.

El caso se discutió en el Congreso. No era el único en esa situación, por cierto, pues otros como el general Rafael Cárdenas se hallaban en parecido conflicto. Los diputados expusieron diversas posturas, que mostraban las dificultades del paso del orden militar de la Revolución hacia un nuevo orden civil, que en realidad tardaría en concretarse todavía tres décadas. El diputado Manlio Fabio Altamirano, por ejemplo, habló a favor del capitán aculquense:

Se dice que el señor Castillo Garrido no puede ser diputado porque era militar en servicio activo; pero yo creo que los constituyentes, cuando dictaron este artículo, tuvieron en consideración que muchos militares, olvidándose de los deberes y de las obligaciones de todo ciudadano, se valen del rifle que traen en la mano y de las fuerzas de que disponen, así como el temor que infunden al pueblo, para fraguar una elección a su favor. Por consiguiente, yo mismo sentiría cierta duda acerca de la elección del señor Castillo Garrido, si en lugar de haber ido él sólo con su pecho sano y con su frente muy alta, a hacer su propaganda en ese Distrito Electoral, hubiera ido como jefe de la guarnición, con cientos o miles de hombres a su mando; entonces sí hubiera yo podido creer que por medio de esos hombres, que por medio del terror, él podía haber ejercido sobre sus conciudadanos, alguna presión hubiera podido imponerse a la voluntad de ellos, para traer así una credencial; pero el C. Castillo Garrido fue sólo, fue únicamente atenido al voto del pueblo, que lo llamó a la elección fue atenido únicamente a sus propias fuerzas y a sus propias alcances; no votó un solo soldado a su favor. Por consecuencia, ¿dónde puede haber la causa de nulidad que se llama presión, para nulificar la credencial del señor Castillo Garrido?

La comisión del Congreso encargada de dictaminar la elección opinó en contra, pues "aunque el C. Castillo Garrido no tenía mando de fuerza en el Distrito Electoral de que se trata, la ley, a este respecto, es terminante. La Comisión ha consultado los debates del Constituyente sobre el particular, y encontró que la mira de los legisladores fue incapacitar a todo militar para el cargo de diputado, tan sólo por el hecho de estar en servicio activo", por lo que determinó la nulidad. Sin embargo, y "acatando esta Comisión el sentir de la honorable Asamblea" (lo que se puede traducir como las presiones de los congresistas), el diputado secretario sometió a aprobación un dictamen distinto, que declaró válida la elección. Así llegó Isauro Castillo Garrido a su primer periodo como diputado federal en septiembre de 1918 como parte de la XXVIII Legislatura.

Castillo Garrido formó parte de la Comisión Segunda de Guerra. Además, se ocupó muy particularmente de atender asuntos de su distrito electoral, es decir, de la región de Jilotepec, sobre todo conflictos por tierras y aguas. Por ejemplo, una solicitud en noviembre de 1920 a la Secretaría de Agricultura y Fomento para el aprovechamiento de las aguas del manantial "El Quinte", cercano a Soyaniquilpan, para la generación de fuerza motriz con fines industriales. Se recuerdan también sus contribuciones "utilitarias a la ciencia", como escribe Andrés Moreno Nieto en su tesis "La botánica en la Dirección de Estudios Biológicos (1915-1926)":

El diputado representante del Estado de México, Isauro Castillo Garrido, sostuvo en una de sus iniciativas al Congreso en el año 1920 que si no desaparecía la DEB al menos debía reducir sus gastos y actividades “a lo que lógicamente le corresponde”. ¿A qué se refería el diputado con estas actividades lógicas? Suponemos que la opinión del legislador respondió a una visión pragmática y utilitaria de la ciencia en la cual los aspectos teóricos sin aplicación directa representaban un gasto innecesario. La biología era considerada una disciplina auxiliar de la medicina para propósitos sanitarios, no para especulaciones que podían prestarse costosas a reflexiones metafísicas.

Castillo Garrido era un legislador que presentó varias iniciativas para el aprovechamiento de los ríos, la fauna y la minería, es decir, un político adepto a la aplicación pragmática de toda institución científica o dispositivo tecnológico en aras de la industrialización. Al respecto, en 1920 el Congreso de la Unión y la Secretaría de Agricultura y Fomento insistieron en la utilidad del arroyo de “El Xhote” en el pueblo de San Francisco, Estado de México, para generar fuerza motriz.²⁰³ Pareciera que se estaba construyendo una visión utilitaria de la ciencia mexicana en la cual la DEB era inoperante para solucionar algunas de las necesidades más importantes del país en el siglo XX.

En 1920, Isauro resultó nuevamente electo a la Cámara de Diputados, esta vez por el Distrito 11 del Estado de México. En esta legislatura, la XXIX, el aculquense estuvo entre los diputados que suscribieron la injusta iniciativa para borrar del recinto de la Cámara el nombre de Agustín de Iturbide y sustituirlo por el de Belisario Domínguez, en septiembre de 1921, centenario de la Consumación de la Independencia de la que Iturbide fue artífice.

Sin embargo, parece ser que Castillo Garrido no no simpatizaba con el nuevo Gobierno de la República, establecido tras la caída y asesinato de Venustiano Carranza en mayo de 1920 con Adolfo de la Huerta como presidente interino y Álvaro Obregón como presidente constitucional a partir de diciembre de aquel año. De hecho, en 1921 tomó partido en las elecciones del Estado de México a favor del general Andrés Castro contra el obregonista Abundio Gómez. Gómez obtuvo la victoria y Castillo Garrido se vio implicado en el conflicto postelectoral, denunciando las acciones violentas de los gomistas. En este conflicto, algunas organizaciones políticas pidieron incluso que a se nombrara a Castillo como gobernador provisional, como según acta de la Cámara de Senadores del 6 de abril de 1921:

Se dio cuenta con tres memoriales de agrupaciones políticas del Estado de México, manifestando que esperan que esta Cámara resuelva el conflicto político de su estado, declarando que han desaparecido los poderes y se nombre gobernador provisional al c. diputado Isauro Castillo Garrido.- [Pasa] A las comisiones que tienen antecedentes.

En la Cámara, sus adversarios llegaron a burlarse de la vehemencia de Castillo Garrido, como lo hizo el diputado Vizcarra en la sesión del 7 de septiembre de 1921:

Días antes, meses antes, ya el señor Castillo Garrido, el valiente señor Castillo Garrido, ya había dirigido una misiva, que se publicó, a uno de sus amigos en Villa del Carbón y que más o menor decía esto: O triunfa el general Castro o nos levantamos en armas, y el señor Castillo Garrido no se ha levantado en armas y ya véis ustedes.... (Risas. Voces: ¡Ya véis vosotros!) Yo no me admiro de que el señor se levante en armas cuando se verifica una imposición, pero sí me admiro de que sin consultar la opinión, de que sin consultar la opinión del pueblo y de que antes de saber los últimos detalles de la elección del Estado de México, se ofrezca levantarse en armas si no resulta el capricho de uno; es de lo que me admiro y no de otra cosa, compañero.

Pero aquella burla tomó otro rostro en los días siguientes, cuando la idea de la sublevación de Castillo Garrido estuvo cerca de convertirse en realidad. El 16 de ese mes, el diario El Demócrata publicó esta nota:

Dio El Demócrata ayer una amplia información sobre el asalto que, a la ciudad de Toluca, preparaban algunos elementos adictos al general Andrés G. Castro, que figuró como candidato al gobierno de esa entidad y fue derrotado por el general Abundio Gómez. Sorprendidos en sus movimientos los presuntos asaltantes, fueron capturados más de treinta de ellos y traídos a esta capital ayer, después de medio día, escoltados por fuerzas de las que se encuentran de destacamente en Cuajimalpa y Santa Fe.

Los sospechosos habían sido advertidos en el tranvía de Tacubaya a Cuajimalpa, por lo que el conductor avisó por teléfono al presidente municipal de este lugar, quien informó a su vez al jefe del destacamento militar. Los soldados se encontraron con los sospechosos en la estación de Contadero, donde, al notar su presencia, corrieron a esconderse entre las milpas. Ahí capturaron a Isidro Castillo Garrido, quien, apenas detenido "quiso ponerse a salvo, y para ello mostró su credencial, por lo que el capitán Hernández lo dejó en libertad". Pero su participación era evidente. "Los llevaba Castillo", señaló en un subtítulo el mismo diario:

Una vez llevados al cuartel de Coajimalpa, estos individuos, según nos manifiesta el capitán Hernández, manifestaron que iban con el diputado Castillo, y que según se les había manifestado, iban a atacar la ciudad de Toluca, para apoderarse del Gobierno e instalar en él al general Castro, que el mismo Castillo les había manifestado que un poco más adelante, tenía más gente para esta empresa, por lo que estaba seguro del éxito. No se les recogieron armas, porque no las tenían, y dijeron que en algún punto cercano a Toluca, les serían entregadas a fin de que se consumaran los planes propuestos por el diputado.

A raíz de este conflicto, Castillo publicó con el Lic. Ángel Alanís Fuentes un libro titulado El Caso Electoral del Estado de México ante la Historia. Él era el autor directo de la primera parte de esta obra, que se centraba en "consideraciones de orden político". Aunque logró mantenerse en su curul, al parecer este suceso significó de alguna manera su debacle política, pues en adelante dejó de sobresalir en la Cámara de Diputados.

A pesar de sus ocupaciones políticas y comerciales en la capital del país, Isauro no perdió por completo el contacto con Aculco. Prueba de ellos es que fue padrino de matrimonio de Martín Basurto y Josefa Morales el 6 de agosto de 1921, cuando era diputado.

El 26 de septiembre de 1922, Castillo Garrido se asoció con Román Meraz para adquirir el rancho El Paraíso y formar la empresa Castillo Garrido y Meraz, con un capital de $ 5,000 pesos. No he hallado información sobre esta empresa ni su destino, pero curiosamente algún problema legal en el que se vio inmiscuida dio pie a una tesis jurisprudencial: "Los miembros de una sociedad, no pueden considerarse corno personas extrañas, en el juicio seguido contra aquélla, sino acaso, como vencidos sin haber sido oído".

Para 1935, Castillo Garrido ya había fallecido. En 1962, su viuda dirigió al presidente López Mateos un memorial en el que solicitaba una pensión por los servicios que Isauro había prestado a la Revolución. Alfonsina murió a su ves el 24 de noviembre de 1968, en la capital del país.

Como pueden ver, esta es una biografía todavía en construcción. Pero no quise dejar por más tiempo en el olvido a este personaje. Por lo menos así, con este texto y datos incompletos, los lectores de Aculco, lo que fue y lo que es podrán tener una ligera idea de quién fue Isauro Castillo Garrido.

sábado, 6 de junio de 2026

El niño al que mató el granizo

La tarde del 30 de abril de 1907, azotó a Aculco una fuerte tempestad acompañada de granizo. El pequeño Isidro Teodoro Pérez, de apenas siete años, estaba apacentando ovejas cuando sobrevino la tormenta. Su padre, José Teodoro, lo esperó en vano aquella noche en su casa de Santa María Nativitas. A la mañana siguiente, salió a buscarlo al campo y lo encontró tendido, muerto, sin más huellas de violencia que las marcas de aquella terrible granizada.

¿Puede alguien morir a golpe de granizo? ¿Habrá sido otra la causa de su muerte: un rayo, una caída o el frío? Nunca lo sabremos. Sólo sabemos que Isidro murió solo, en medio ddel rebaño del que era responsable, trabajando, a una edad en la que en nuestros días apenas estaría cursando la primaria.

El acta de defunción del niño Isidro Teodoro Pérez.

viernes, 5 de junio de 2026

El arriero desconocido

Como todos ustedes lo saben bien, la arriería tuvo una gran importancia en Aculco durante los siglos del virreinato. Para el siglo XVIII, buena parte de los habitantes de Aculco se dedicaban a la arriería y los dueños de las principales haciendas de la zona, como la de Arroyozarco, se contaban entre los grandes propietarios de recuas del reino. Antes de la Guerra de Independencia, no menos de 80 hatajos de mulas pertenecientes a los vecinos de Aculco recorrían el Camino Real de Tierra Adentro, y los arrieros aculquenses llegaban en sus viajes hasta las ciudades de Durango y Chihuahua.

Aunque el Camino Real de Tierra Adentro era la vía natural por la que transitaban los arrieros aculquenses con sus cargas, lo cierto es que en ocasiones emprendían desde la Ciudad de México el camino hacia el puerto de Veracruz, una ruta que tenía sus propios desafíos, tales como el clima cambiante desde el altiplano hasta la costa, el gran desnivel que dificultaba el regreso e incluso las enfermedades, pues las ciudadees del Golfo con frecuencia casi anual se veían afectadas por enfermedades endémicas como la fiebre amarilla.

Precisamente la fiebre amarilla parece haber sido la causa de muerte de un arriero desconocido, posiblemente aculquense, que fue hallado ya en los huesos cerca del camino de Veracruz, en los alrededores de San Antonio Atzitzintla, en diciembre de 1783. El teniente de cura del lugar, don José Mariano Moncada sepultó aquella "osamenta de hombre de un cuerpo ignorado" el día 4 de ese mes, consignando que por los restos de su indumentaria era "al parecer arriero" y que quizá había "muerto del mal de Veracruz". Por lo visto, el sacerdote había confesado días antes a un grupo de "arrieros del pueblo de Aculco que venían con el asentista de azogues" (es decir, de mercurio para el procesamiento del oro y la plata en las minas, que provenía de Europa) y que padecían de "dicho accidente" (es decir, aquella enfermedad), por lo que creía que el fallecido era uno de ellos.

El padre Moncada dejó también una descripción del traje de aquel arriero deconocido, sumamente interesante para la historia costumbrista de Aculco y un curioso antecedente de la indumentaria charra en la región: "calzones de gamuza acanelada... cotón rayado de algodón, una manga de cordoncillo azul sin forro ribeteada con gamuza, unos zapatos de vaqueta, un sombrero negro viejo".

Aquel pobre arriero de Aculco quedó así enterrado muy lejos de su patria chica, apenas traspuestas las Cumbres de Maltrata y a la vista del Pico de Orizaba. Seguramente su familia no llegó a enterarse nunca de dónde había muerto y dónde descansa.

FUENTE: "San Andrés, Chalchicomula de Sesma, Puebla, Mexico registros," imágenes, FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:939J-DCZD-S?view=explore : 4 jun 2026), Imagen 115 de 185; Archivo Diocesano de La Paz. Número del grupo de imágenes: 004656654.