La Constitución de 1917 había establecido diversas restricciones a la actividad de las iglesias: prohibía las órdenes religiosas, limitaba la enseñanza religiosa y las manifestaciones públicas de culto, impedía a las iglesias poseer bienes inmuebles y sometía a los ministros a una estricta regulación por parte del Estado. Aunque durante varios años muchas de estas disposiciones se aplicaron de forma irregular, su cumplimiento se endureció a partir de 1926.
Ese año, el presidente Plutarco Elías Calles (1924-1928) decidió aplicar con rigor las disposiciones anticlericales de la Constitución y promulgó una ley que establecía sanciones penales para quienes las infringieran. La nueva legislación endureció de manera considerable el control del Estado sobre la vida religiosa y el ejercicio del ministerio sacerdotal.
Como respuesta, el episcopado mexicano tomó una decisión sin precedentes en la historia del país: el 25 de julio de 1926 anunció que el culto público se suspendería en todo México a partir del último día del mes. De un día para otro, miles de templos cerraron sus puertas y dejaron de celebrarse misas, bautizos, matrimonios y funerales religiosos. Para una sociedad profundamente católica, el impacto fue enorme.
La Iglesia esperaba que la presión social obligara al gobierno a dar marcha atrás. Calles, en cambio, recibió con satisfacción el cierre de los templos. Convencido de que la medida terminaría por debilitar a la Iglesia, comentó al diplomático francés Ernest Lagarde que por cada semana sin culto perdería el dos por ciento de sus fieles. Calculaba que, en un año, México dejaría de ser un país católico.
La reacción popular al cierre de los templos tuvo dos vertientes principales. La primera fue pacífica: un boicot económico promovido por organizaciones católicas, que llamaron a la población a reducir al mínimo sus compras, evitar espectáculos y diversiones, y abstenerse de consumir productos o servicios que generaran ingresos al gobierno. La segunda fue violenta: un amplio levantamiento armado, predominantemente campesino, que surgió de manera espontánea y sin una dirección unificada y que durante casi tres años puso en jaque al gobierno en la llamada Guerra Cristera (1926-1929).
Al cerrarse los templos el 31 de julio de 1926 -hace exactamente cien años-, los edificios y todos los bienes destinados al culto fueron entregados a juntas vecinales creadas para ese propósito, conforme a las instrucciones del Gobierno federal.
En Aculco, la entrega y el inventario se realizaron precisamente ese día. En presencia del presidente municipal, Juan Lara, y del secretario del Ayuntamiento, Mateo Ruiz, el padre José Soto, cura encargado de la parroquia, entregó el templo, sus anexos, la capilla de Nenthé y todos los bienes destinados al culto a una junta integrada por destacados vecinos del pueblo: Santiago Lozano; Loreto y Domitilo Alcántara; Alfonso de la Cueva; Hesiquio Morales; Benjamín Ruiz; Guadalupe Lara; Macario y Epifanio Sánchez y Ruiz, y Jesús Sánchez R.
El acta levantada con ese motivo, que aún se conserva en el Archivo Municipal de Aculco (1), dice así:
En el curato de la parroquia de Aculco del Distrito de Jilotepec en el Estado de México, á las cuatro de la tarde del día treinta y uno de julio de mil novecientos veintiséis, reunidos los C.C. Juan Lara, Presidente Municipal, Mateo Ruiz Secretario del H. Ayuntamiento, Santiago S. Lozano, Loreto y Domitilio Alcántara, Alfonso de la Cueva, Hesiquio Morales, Benjamín Ruiz, Guadalupe Lara, Macario y Epifanio S. y Ruiz, Jesús Sánchez R. miembros de la Junta encargada de recibir el templo y sus demás dependencias, cuya Junta intervino en la recepción ó aviso que diera el Sr. Cura Don José Soto al hacerse cargo del templo de esta Cabecera el tres de mayo del corriente año, se procedió al acto por medio del inventario por el cual el C. Presidente recibió del Sr. Cura el repetido templo, habiendo resultado todo de conformidad y dándose por recibidos los citados miembros, protestando cumplir fielmente con su encargo.
Se dió por terminado el acto con la entrega que se hizo de las llaves correspondientes, levantando para constancia la presente acta que firmaron los de la Junta conmigo y el Secretario. Doy fé.
[Firmas]
A su vez, el inventario levantado con ese motivo e incorporado como anexo al expediente del cierre incluye el siguiente listado de bienes:
INVENTARIO por el cual el C. Presidente Municipal de este lugar hace entrega á la Junta del templo de esta Cabecera con todo lo que á dicho templo pertenece.
10 Candeleros estriados de metal amarillo de 75 cent. tamaño.
8 Id. grandes id. medio uso.
8 Id. metal forma antigua de 55 cent.
2 Id. medianos desiguales.
40 Id. medianos varios tamaños.
1 Id. de tres brazos, en buen estado.
1 Id. de tres brazos, quebrado.
1 Escultura de San Jerónimo arriba del trono.
2 Ángeles de adoración en el altar mayor.
1 Imagen de la Santísima Virgen del Cármen.
2 Ciriales y un crúz alta.
1 Rodaja con campanillas.
1 Cuadro grande de Sn. Antonio tamaño natural pintura antigua mala.
2 Lámparas colgantes. [manuscrito: una quebrada]
7 Florero de vidrio, azules. amarillos y dos blancos.
1 Tabernáculo con su cortina de felpa en el trono.
1 Cortina razo blanco en el trono.
1 Sagrario nuevo.
2 Sillones muy usados.
2 Barandal de fierro en su comulgatorio.
ALTAR DE LA PURÍSIMA.
1 Nicho con vidiriera, depositando la escultura de la Purísima.
3 Esculturas de Sr. Sn. Joaquín, de Sra. Santa Ana y de Sn. Francisco de Asís.
1 Sagrario viejo.
1 Santo Cristo con peana de toda de metál.
1 Pilar con depósito de los Santos Oleos.
1 Id. con un relox de sala.
ALTAR DE SR. SN. JOSÉ.
1 Nicho con vidiriera con la escultura de Sr. sn. José.
2 Ramilletes luminares de siete luces.
4 Candeleros estriados medianos.
1 Crucifijo metal amarillo de 25 cent.
ALTAR DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES.
1 Nicho con vidiriera depositando la escultura de la Virgen de los Dolores con auréola deplata y espada del mismo metal. [manuscrito: la auriola es bronce]
1 Escultura de Sn Juán.
2 Id, de la Magdalena.
1 Crucifijo grande arriba con corona de plata.
1 Crucifijo mediano de madera.
ALTAR DE LA MILAGROSA.
1 Nicho con vidiriera depositando la escultura de la Milagrosa.
ALTAR DE LA SAGRADA FAMILIA.
1 Nicho plano con vidiriera, depositando al Niño Dios, en miniatura.
1 Escu,tura de Sr. Sn. José arrodillado.
1 Id. de la Sma. Virgen arrodillada.
1 Cricifijo chico.
ALTAR DEL SAGRADO CORAZON DE JESUS.
1 Nicho con vidiriera, depositando la escultura del Sdo. Corazón de Jesús.
1 Escultura del Santo Entierro.
1 Crucifijo.
ALTAR DE SAN JUAN NEPOMUCENO.
1 Nicho con vidriera, depositando la escultura de Sn. Juán.
1 Escultura del Sr. de la Resurrección.
1 Id. de Sn. Antonio.
1 Crucifijo metal chico.
ALTAR DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE.
1 Cuadro grande forrado de yarda con la imagen de Ntra. sra. de Guadalupe sin vidiriera.
2 Esculturas de Santos viejos.
1 Nicho con vidiriera, depositando la escultura de Sn. Luis Gonzaga.
DIVERSOS.
2 Esculturas de Jesús Nazareno en sus repisas muy viejos.
9 Id. viejas de varios Santos en su repisa.
1 Cuadro lienzo con marco dorado de San Diego.
1 Misterio para posadas. [manuscrito: dentro del cuarto de ?].
14 Cuadros viacrucis en el interior del templo.
1 Escultura grande del Sr. del Coro.
3 Palabreros con vidrio para el altar mayor.
5 Confesionarios uno de ellos en la capilla de Nenthé.
5 Atriles cedros.
6 Palabreros en los altares.
SACRISTÍA.
3 Cálices de plata con sus patenas y cucharitas, excepto uno que no tiene patena ni cucharita.
1 Copón de plata con su capillo.
1 Custodia de plata.
1 Relicario de plata forma de Ánfora.
1 Platillo de plata para la comunión.
1 Incensario de plata usado.
1 Incensario de latón muy usado.
1 Fierro para hacer hostias.
1 Naveta de plata usada.
1 Id. de plata chica rota del pié.
2 Asetres de metal.
1 Recortador de hostias chico.
1 Bandeja de cobre para lavamanos.
3 Misales medio uso.
1 Tomo grande, breviario.
3 Misales viejos. [manuscrito: repetido].
1 Crucifijo madera de un metro de tamaño.
3 Misales viejos.
1 Cuadro grande en que está el apostolado.
1 Cajonero grande en que están los hornamentos.
2 Cuadros con el profeta y la Virgen.
4 Cuadros ovalados de Sn. Juán Nepomuceno.
1 Cuadro de Ntra. Sra. de Guadalupe (antiguo).
1 Cuadro de Sn. Luis Gonzaga con marco de yarda.
1 Id. de la Santísima Trinidad.
6 Retratos en lienzo de curas propios.
1 Par vinajeras.
3 Reclinatorios barnizados de azul.
2 Id. sin pintar.
3 Alfombras viejas.
ORNAMENTOS BLANCOS.
1 Ornamento blanco compuesto de casulla y dos dálmicas.
3 Casullas útiles.
3 Id. usadas.
1 Dálmica usada.
3 Capas una regular y dos usadas.
2 Palios uno nuevo y el otro viejo.
ENCARNADOS.
1 Ornamento nuevo con capa, casulla y dos dálmicas.
1 Capa.
3 Casullas regulares.
3 Casullas usadas sin habilitación.
3 Dálmicas viejas.
NEGROS.
1 Ornamento nuevo [tachado] para tres ministros con capa.
2 Casullas muy usadas.
2 Ornamentos viejos para tres ministros, sin estola.
2 Casullas.
VERDES
4 Casullas medio uso.
1 Capa vieja.
MORADOS.
1 Ornamento medio uso.
1 Id. paratres ministros.
2 Capas.
AZUL.
1 Casulla nueva con habilitación.
OBJETOS VARIOS.
3 Albas en regular estado.
2 Amitos y dos síngulos muy usados.
22 Manteles viejos de distintos colores.
2 Manteles nuevos y dos para el comulgatorio.
1 Cortina de razo en el Sagrario, pintada.
8 Opas viejas para los acólitos. [manuscrito: falta una].
1 Armonium grande en el coro.
1 Vía=Crucis en el claustro.
4 Mesas grandes para altares.
4 Bancas sin respaldo.
3 Bancos grandes con respaldo.
1 Biblia incompleta.
PARA LA VELA PERPETUA.
8 Reclinatorios y siete vasos para aceite. [manuscrito: ojalata].
1 Estandarte de razo blanco.
BAUTISTERIO.
1 Cajita de madera con crismeras de vidrio y tapón de plata.
1 Fuente bautismal.
1 Platillo con dos anforitas para los santos óleos.
1 Cota con estola y una cajita de madera con ánforas.
CASA CURAL.
1 Mesa grande con cuatro cajones.
1 Banca.
1 Mesa chica para la asistencia de la comida.
1 Trastero.
TROJE DEL DIEZMO.
1 Saranda para cernir maíz.
1 Cricifijo.
EN LA CAPILLA DE NENTHE.
1 Cricifijo con la imagen del Sr. de Nenthé.
1 Imagen de la Santísima Virgen de los Dolores.
1 Cuadro de la Virgen del Cármen.
Aculco, julio 31 de 1926.
ENTREGUE.
Presidente municipal
[FIRMA]
RECIBIMOS.
Los miembros de la Junta.
[FIRMAS]
La tradición local señala además que algunas de las piezas más valiosas de la parroquia, tanto vasos sagrados como pinturas y esculturas, no fueron inventariados y se entregaron a algunas familias del pueblo para su resguardo, debido a la desconfianza que se tenía hacia el gobierno. Las piezas egresaron al templo al finalizar el conflicto.
El padre Soto, oculto y protegido por vecinos de Aculco, permaneció dentro del territorio de su parroquia. Los libros parroquiales muestran que, pese a la persecución emprendida por el gobierno, continuó administrando los sacramentos a su feligresía de manera clandestina en el propio Aculco, en Dañú (estado de Hidalgo) e incluso en la Ciudad de México. De hecho, una denuncia informó al presidente municipal de San Juan del Río que, a lo largo de 1927, el sacerdote había celebrado en secreto misas, matrimonios y bautizos en Aculco y Polotitlán. Las autoridades ordenaron entonces su aprehensión. El capitán segundo José Montoya intentó capturarlo en el poblado de Canalejas, municipio de Jilotepec, pero no logró encontrarlo. (2)
Aunque la rebelión contra Calles no alcanzó en esta región la intensidad que tuvo en Guanajuato, Jalisco o Michoacán, por sus caminos también rondaron pequeños grupos de rebeldes cristeros, entre ellos los amealcenses Gerardo Perusquía y Salvador Granados (3). En noviembre de 1927, las fuerzas cristeras al mando de Favila, Mendoza y Ocampo ocuparon Aculco al frente de unos ochocientos hombres (4). Se dice también que Gabriel Chávez, revolucionario villista oriundo del pueblo, se unió a la causa cristera. Ya les he contado antes la historia de otro aculquense que participó en esta guerra: el general José Riverón. Él, sin embargo, combatió en el bando federal y lejos de su tierra, en el estado de Jalisco.
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En esos mismos años ocurrió además en el municipio de Aculco un episodio de violencia en el que confluyeron dos conflictos distintos: el agrario, provocado por las demandas de restitución de tierras de los pueblos, y el religioso, al que me he referido en estas líneas.
En 1928 apareció en varios pueblos de la región un sacerdote disfrazado de paisano que se hacía pasar por tratante de vinos. Al llegar a Santiago Toxhié parece haber revelado su verdadera identidad. El hecho quizá no habría tenido mayores consecuencias, pues el pueblo era mayoritariamente católico y la presencia de un sacerdote dispuesto a administrar los sacramentos era bien recibida. Sin embargo, durante una misa pronunció un sermón contra el reparto agrario. Ante aquellos vecinos, firmes agraristas que habían estado entre los primeros de la región en obtener la restitución de sus tierras comunales en 1916 y que buscaban ampliar el reparto a expensas de la hacienda de Ñadó, calificó la expropiación de los latifundios como un robo. Sus palabras provocaron tal indignación que, cuando abandonaba el pueblo, fue detenido y encerrado en un gallinero.
La noticia del secuestro llegó pronto a Aculco. Primero partió un grupo de mujeres con la intención de convencer pacíficamente a los habitantes de Toxhié de liberar al sacerdote. Poco después salió un contingente de hombres armados a caballo, encabezado por don José Díaz Herrera y reforzado por empleados de la hacienda de Ñadó, entre ellos el administrador Pedro Mondragón Buenavista y Toribio Peralta, que emprendió el ascenso al cerro donde se encuentra el pueblo. El enfrentamiento fue violento. A tiros y hondazos se libró una verdadera batalla campal en la que murieron los vecinos de Toxhié Benigno de Jesús y Faustino Rodríguez. Los hombres de Aculco y de Ñadó lograron rescatar ileso al sacerdote, pero posteriormente fueron denunciados ante la Secretaría de Gobernación y, por temor a represalias, algunos de ellos —entre ellos el propio Pedro Mondragón— tuvieron que abandonar la región durante varios años (5).
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¿Cuál era el sentir de los aculquenses ante la persecución religiosa emprendida por el gobierno de Calles? Se conservan pocos testimonios escritos que permitan responder esa pregunta. Uno de ellos pertenece al padre José María Basurto, sacerdote josefino nacido en Aculco. En una carta fechada en la Ciudad de México el 20 de enero de 1929, dirigida a su sobrina Mercedes Arciniega, escribió:
Deploro en el alma las necesidades de ese mi pueblo, tan querido para mi; las hago mías, y cumpliré con su encargo de pedirle a Dios el remedio de ellas. Que después de haber soportado hasta aquí tan dura prueba, solo Dios sabe lo que todavía tengamos que sufrir, porque el Señor no se aplaca, ni quiere, porque no se quita la causa que ha provocado su indignación divina, que es el pecado; antes por el contrario , las costumbres se pervierten cada día, la inmoralidad es un lujo, los crímenes se multiplican, la Fe se debilita, y no se teme al Señor ni se le aplaca. ¿A dónde iremos a parar? (6)
Para entonces, las negociaciones entre la Iglesia y el gobierno para poner fin a la guerra ya estaban en marcha. Finalmente, en junio de 1929 ambas partes alcanzaron un acuerdo, conocido como los Arreglos. En él se pactaron el fin de la rebelión armada, una amnistía general, la reanudación del culto y el compromiso de los sacerdotes de acatar la ley, una obligación cuyo cumplimiento las autoridades vigilaron con escaso rigor. Muchos combatientes cristeros que depusieron las armas se sintieron traicionados, pues no fueron consultados durante las negociaciones y las disposiciones anticlericales de la Constitución permanecieron intactas. Para agravar ese sentimiento, varios de ellos fueron asesinados después de entregar su armamento.
En Aculco, como en muchas otras poblaciones del centro del país, el fin de la guerra no borró de inmediato las heridas. Durante buena parte de la década de 1930 continuaron las tensiones entre las autoridades y una población mayoritariamente católica, aunque poco a poco la vida religiosa fue recuperando la normalidad y el conflicto quedó como un recuerdo imborrable para quienes lo habían vivido.
FUENTES:
1. Actas de entrega de la Parroquia de Aculco e Inventarios. Archivo Histórico Municipal de Aculco. Asuntos Eclesiásticos. Año de 1926.
2. Nota 204 del Agente Federal de Hacienda en esta, solicitando informes acerca de los actos de violación a las leyes en materia de culto externo, denunciados por el presidente municipal de San Juan del Río. Diciembre 23 de 1927. Secc. Justicia. Caja 1. AArchivo Histórico Municipal de Aculco.
3. Ellos y sus 29 hombres se rindieron el 26 de julio de 1929. García Ugarte, Marta Eugenia. Los católicos y el presidente Calles, en Revista Mexicana de Sociología. UNAM. Vol. 57. No. 3 (julio de 1995). Pág. 151.
4. Meyer, Jean. La Cristíada. México, 1998. Siglo Veintiuno Editores. Tomo 1. Pág. 207.
5. Se ha reconstruido este hecho con base a lo que narraron a Javier Lara Bayón sus abuelos (el señor Napoleón Lara Rodríguez y su esposa María Mondragón de Lara), además de lo expresado en Grupo Documental Dirección General de Gobierno. Vol. 35 Exp. 8. Archivo General de la Nación.
6. Carta del Pbro. José María Basurto a la Srita. Mercedes Arciniega. Ms. México, Enero 20 de 1929. Colección de Javier Lara Bayón.




































