viernes, 19 de junio de 2026

Manuel Pérez Romero, el primer diputado federal aculquense

Hace unos días, tras publicar en este blog una breve semblanza del capitán Isauro Castillo Garrido, un lector comentó que siempre había creído que el maestro Arturo Osornio Sánchez había sido el primer y único diputado federal nacido en Aculco. La observación era comprensible por el desconocimiento que se tiene de la historia de nuestro municipio, aunque incorrecta. Pero no sólo tuve que aclararle que Arturo no había sido el único, sino que Castillo tampoco podía reclamar el honor de haber sido el primero. Ese lugar corresponde, en realidad, a otro personaje: don Manuel Pérez Romero (1875-1948).

Don Manuel era hermano de Sara Pérez Romero, la esposa de Francisco I. Madero. A pesar de ello, su nombre es hoy poco recordado en Aculco. La celebridad histórica de Sara y la fama local de su otro hermano —o más propiamente medio hermano— Macario Pérez Romero, terminaron por relegarlo a un segundo plano. Resulta curioso, porque la trayectoria de Manuel fue, en todos sentidos, más notable. No sólo tuvo una participación más amplia en la Revolución Mexicana, sino que alcanzó posiciones de gran relevancia en la vida pública del país: fue diputado federal (representando al estado de Querétaro) y más tarde embajador de México ante varios gobiernos extranjeros.

Pero para abordar su biografía vayamos al principio... y en el principio está su padre, Macario Pérez Sr.

Macario Pérez Sr. nació en 1845 en Real del Monte, hoy estado de Hidalgo. Su madre, Anastasia Sánchez Adrián, tras enviudar, se casó en segundas nupcias con José Joaquín de Rozas Irazábal, propietario desde 1858 de la hacienda de Arroyozarco junto con su hermano Manuel. José Joaquín y Anastasia tuvieron una hija, Dolores Rozas, media hermana por tanto de Macario. Cuando José Joaquín murió hacia 1872, Manuel su hermano quiso quedarse con la totalidad de la hacienda, pero no logró saldar el adeudo con Dolores por su parte y terminó por entregársela en propiedad en 1877. Se encargó de recibirla precisamente Macario, quien ya vivía en la hacienda y a partir de aquel momento se convirtió en el administrador de la finca.

La gestión de Macario Pérez resultó controvertida por diversas razones. Sus contemporáneos le reprocharon tanto sus abusos y maneras autoritarias como los conflictos que surgieron tras su conversión al protestantismo, que deterioró su relación con los trabajadores católicos de la hacienda (tema sobre el que escribí un texto que puede consultarse aquí). En 1885, Dolores decidió relevarlo de la administración, aunque diez años después consintió su retorno. Su vida privada tampoco contribuyó a mejorar su reputación. En mi libro sobre la hacienda de Arroyozarco tracé el siguiente retrato de su personalidad:

Para quien lo conoció u oyó hablar de él a sus padres o abuelos, don Macario coincide con la imagen cruel y altiva del administrador o hacendado del porfiriato, ampliamente difundida por los críticos de este período de la historia de México. Don Macario nunca se casó, pero sí engendró varios hijos con distintas mujeres, a algunos de los cuales ni siquiera reconoció (aunque a veces fue su padrino). Los que llevaron su apellido fueron Manuel, Sara, Macario hijo, Agustín y Tomás.

Sara (1872-1952) fue reconocida por su padre desde el nacimiento. Aunque don Macario no estaba casado con su madre, Velina Romero —quien figura como soltera en el acta levantada en San Juan del Río, Querétaro—, la niña recibió su apellido desde la cuna. No ocurrió lo mismo con Manuel (1875-1948), también hijo de Velina, ni con Macario Jr. (1884-1967), nacido de Rosaura Romero (media hermana de Velina por parte de padre, para mayor escándalo). Ambos nacieron en Arroyozarco y todo indica que el reconocimiento paterno sólo llegó tiempo después.

Porque, en efecto, don Macario Pérez Sr. llevó a esos dos hijos varones ya bastante crecidos al registro civil de la Ciudad de México en 1888 para reconocerlos el mismo día. Vale la pena reproducir aquí las dos actas. Nótese en ellas, por una parte, la insistencia de don Macario en que su nombre constara en el acta, pero por la otra, que en los dos casos se haya callado el nombre de la madre:

254. Doscientos cincuenta y cuatro. Pérez Manuel

En la ciudad de México, a las 10 diez de la mañana del día 28 veintiocho de marzo de 1888 mil ochocientos ochenta y ocho, ante mí, Enrique Valle, juez del Estado Civil, compareció el ciudadano Macario Pérez, del real del Monte, Hidalgo, de 44 cuarenta y cuatro años, casado, agricultor, vive en la tercera calle de Balderasnúmero 11 once y presentó vivo al niño Manuel que nació en la hacienda de Arroyozarco, Estado de México, el día 16 dieciséis de agosto de 1875 mil ochocientos setenta y cinco a las 10 diez de la mañana, hijo natural suyo, habido antes de celebrar su matrimonio civil. El compareciente pide expresamente que su nombre conste en esta acta. Son testigos los ciudadanos Bibiano Flores y Cornelio Carrillo, de México, comerciantes, el primero casado, vive en la calle de la Espalda de la Misericordia , número 6 seis, el segundo viudo, vive en el Hotel de Vergara. Leída la presente acta la ratificaron y firmaron. E. Valle = Macario Pérez = Bibiano Flores = Cornelio Carrillo.

255. Doscientos cincuenta y cinco. Pérez Macario Ramón

En la ciudad de México, a las 10 diez y 30 treinta minutos de la mañana del día 28 veintiocho de marzo de 1888 mil ochocientos ochenta y ocho, ante mí, Enrique Valle, juez del Estado Civil, compareció el ciudadano Macario Pérez, del real del Monte, Hidalgo, de 44 cuarenta y cuatro años, casado, agricultor, vive en la tercera calle de Balderasnúmero 11 once y presentó vivo al niño Macario Ramón que nació en la hacienda de Arroyozarco, Estado de México, el día 31 treinta y uno de agosto de 1884 mil ochocientos ochenta y cuatro a las 11 once de la noche, hijo natural suyo, habido antes de celebrar su matrimonio civil. El compareciente pide expresamente que su nombre conste en esta acta. Son testigos los ciudadanos Bibiano Flores y Cornelio Carrillo, de México, comerciantes, el primero casado, vive en la calle de la Espalda de la Misericordia, número 6 seis, el segundo viudo, vive en el Hotel de Vergara. Leída la presente acta la ratificaron y firmaron. E. Valle = Macario Pérez = Bibiano Flores = Cornelio Carrillo.

También aparece aquí un dato que al escribir mi libro sobre Arroyozarco desconocía: Macario Pérez Sr. sí llegó a casarse, en noviembre de 1886. Lo hizo con María de la Luz Amalia Hartmann Lejárzar, de la que tuvo dos hijos más, los únicos legítimos: Francisco e Isabel Pérez Hartmann.

Con los datos que informó don Macario al registrar extemporáneamente a Manuel, intenté rastrear su nacimiento para saber si originalmente se había hecho bajo otro nombre, pero no hallé nada. Lo que sí existe es un registro de bautismo también extemporáneo e irregular, pues informa en 1885 que había sido bautizado en 1880 "in articulo mortis", es decir, cuando se hallaba en riesgo de muerte. Su padrino lo fue Juan Cash, un importante técnico de la fábrica de casimires "El Progreso" de Arroyozarco:

En 18 de Julio de 1885, en la Primitiva Parroquia del Señor San José de México, el R.P.F. Felipe de la Trinidad Buitrago, V.P. solemnemente puse los santos óleos y suplí la ceremonia del santo bautismo a un niño a quien nombré José Manuel y bauticé con agua simple in artículo mortis en su casa habitación Arcos de Belen numero 2 en el día 20 de Diciembre de 1880, hijo natural de D. Macario Pérez y de Da. Abelina Romero; de ambos abuelos no dieron razón: fue su padrino de agua el mismo que suscribe y de brazos D. Juan Cash y Da. María Ana Noriega a quienes advertí su obligación y parentesco espiritual y para que conste firmé con el Sr. Cura. Adrian Ruiz.

Manuel vivió hasta los ocho años en Arroyozarco. No tengo datos sobre su educación formal. Su hermana Sara, como es bien sabido, estudió en Estados Unidos, en el Colegio Notre Dame en Indiana, mientras que Macario estudió en el Instituto Josefino de Querétaro y luego al parecer en el Instituto Literario de Toluca. Por ello se puede suponer que don Macario no habría descuidado la formación de Manuel, aunque no existe información para corroborarlo.

Volvemos a tener noticias de Manuel Pérez hasta 1905, cuando con 30 años aparece en la correspondencia de Francisco I. Madero, quien se había convertido en su cuñado al casarse con Sara en 1903. El 10 de febrero de aquel año, por ejemplo, Madero le escribió en respuesta a una misiva del 11 de diciembre anterior, en la que le narra los sucesos de la campaña por la presidencia municipal de San Pedro de las Colonias, Coahuila, en las que "no obstante que obtuvimos un triunfo grandísimo, el Gobierno se valió de toda clase de chicanas para nulificar nuestros trabajos". También le cuenta algunos problemas de salud de Sara y lo invita al norte "pues ya tenemos verdaderos deseos de verte".

El 1o. de junio de 1908, Manuel contrajo matrimonio civil y religioso en San Luis Potosí con la coahuilense Matilde García-Lozano Ramos. Fueron testigos de su enlace precisamente su cuñado Francisco y su hermana Sara. De aquel matrimonio, que terminó en divorcio, nacerían tres hijos: María del Refugio Matilde (1909), María Matilde Sara (1910) y Francisco Manuel Pérez García-Lozano (1912). Don Manuel señalaba en 1908 como su domicilio particular la 6a Calle del General Prim número 106, en la colonia Juárez de la capital.

En cartas posteriores de Madero, de finales de 1908 y 1909, queda claro que Manuel había empezado a colaborar en sus esfuerzos políticos contra la dictadura de Porfirio Díaz, enviando a través suyo recursos para continuar la publicación de su periódico El Antireeleccionista y para el auxilio de los presos antireeleccionistas en la capital del país. Mantuvieron la correspondencia durante la campaña electoral de Madero a la presidencia, pero no consta, sin embargo, que Manuel haya participado en el movimiento armado que inició en nociembre de 1910. Al parecer permaneció en aquellos meses en sus ocupaciones normales como "empleado particular", a caballo entre San Juan del Río y la Ciudad de México.

Tras la renuncia de Porfirio Díaz en mayo de 1911 y después de que Madero se convirtiera en presidente en noviembre de ese mismo año, Manuel Pérez Romero se presentó como candidato a diputado federal por el 2o. Distrito del estado de Querétaro, con sede en San Juan del Río. Al verificarse su triunfo, formó parte de la XXVI Legislatura del Congreso de la Unión de México, que entró en funciones el 16 de septiembre de 1912. Formó parte del llamado Bloque Renovador, que se definía como "un grupo de demócratas enamorados de todas las libertades y de todas las redenciones: de la libertad política, de la libertad económica, de la libertad civil; de la redención de las conciencias, de la redención del pueblo, de la redención del trabajo; de todas las libertades y de todas las redenciones [...] que aspira y pretende implantar en lo político, en lo económico, en lo agrario, en la cultura popular y en todos los servicios administrativos las promesas del Plan de San Luis, acometiendo resueltamente una labor de renovación".

Los debates de esta legislatura fueron muy fuertes y de verdadera oposición, debido a la composición plural de las cámaras. Esto dificultó también la labor del gobierno de Madero. "La gestión parlamentaria sólo sirvió para demostrar -escribe la historiadora Josefina Mac Gregor- que la sociedad estaba dividida de manera irreconciliable, que el marco legal era inoperante para resolver los problemas sociales que aquejaban al país y que, frente a éstos, no había una sola respuesta para su solución sino muchas y muy diversas, según hasta dónde se quisiera llegar en las transformaciones".

Apenas 15 meses después de la llegada de Madero al poder, en febrero, de 1913, ocurrió el Golpe de Estado que llevó a la detención del presidente, su renuncia obligada y muerte. Cuando la renuncia se sometió a la aprobación de la Cámara de Diputados, don Manuel fue uno de los tres únicos diputados que se negaron a aceptarla. Tras el artero asesinato de Madero, don Manuel permaneció al principio al lado de su hermana Sara, lo mismo que el otro hermano, Macario. Pero pronto debió comprender que también corría peligro. El 9 de abril, en carta a la Cámara, solicitó licencia y se dirigió hacia el norte del país, donde el 26 de marzo de ese año Venustiano Carranza proclamó el Plan de Guadalupe y se rebeló en contra del traidor Victoriano Huerta para reestablecer el orden constitucional. En aquellos primeros meses de la Revolución Constitucionalista, Carranza. que tomó el título de Primer Jefe, nombró a Manuel Pérez Romero su agente confidencial ante el gobierno de Estados Unidos, el 18 de junio de 1913. De esta época debe datar también su designación con el grado de coronel.

Don Manuel permaneció en Washington con ese encargo sólo cuatro meses, hasta el 30 de octubre cuando lo reemplazó un nuevo enviado, Roberto V. Pesqueira. Su encargo principal era buscar el reconocimiento del gobierno de Carranza, pero la diplomacia estadounidense le dejó muy claro que por el momentro el presidente Woodrow Wilson "no cambiará su política, no reconocerá gobiernos emanados de una revolución", pero que en cambio "cualquiera que sea electo siempre será apoyado". De manera que si "Carranza manifestaba que él también deseaba unas elecciones libres y que lucharía con votos en vez de luchar con armas, haría una buena impresión".

Los Tratados de Teoloyucan del 13 de agosto de 1914 sellaron la victoria de los Constitucionalistas. Sin embargo, en los meses siguientes sobrevino la ruptura de este bando en dos facciones contrarias: los Convencionistas, que tuvieron por principal respaldo militar a Francisco Villa y Emiliano Zapata, y los Carrancistas, que además de apoyar al Primer Jefe contaban con varios importantes generales entre los que destacaba Álvaro Obregón. Don Manuel Pérez Romero se adhirió a los Carrancistas e incluso por unos días, entre el 4 el 12 de octubre de 1914, fue nombrado por Carranza gobernador sustituto del estado de Veracruz, en reemplazo de Cándido Aguilar, quien se retiró temporalmente para atender asuntos militares. Aunque breve, su gobierno se recuerda porque expidió el decreto que declaró obligatorio el descanso dominical para los empleados de la industria y el comercio en Veracruz, un antecedente clave para los derechos laborales en México. Al regreso de Cándido Aguilar a la gubernatura, Pérez Romero tomó el cargo de secretario general de Gobierno del Estado, que mantuvo el resto del año.

El siguiente encargo importante de don Manuel resulta todavía más interesante: el 9 de febrero de 1915, Carranza lo nombró enviado diplomático en misión especial en Japón. Esa misión consistía en recuperar las armas que había intentado comprar a la compañía Mitsui Bussan el hermano del presidente Madero, Gustavo, y que luego había reclamado la dictadura de Victoriano Huerta, pero que nunca fueron entregadas a México. El enviado sólo obtuvo evasivas: que acudiera a la matriz en Nueva York, que había que esperar el reconocimiento de Carranza por el gobierno japonés, que todavía faltaba liquidar un adeudo. Con hartazgo, don Manuel dirigió una carta con sus quejas a la empresa: "no veo claramente el motivo por el cual hacen, de un asunto sencillo y razonado, una cuestión difícil y complicada. La forma evasiva en que ustedes hacen referencia a la parte fundamental, me hace creer que rehúsan obsequiar los deseos del Gobierno Mexicano". En México, mientras algunos como el secretario de Guerra, Ignacio Pesqueira, pidieron frenar los ímpetus de don Manuel, otros como el inspector de los Establecimientos Fabriles Militares, Alfredo Breceda, recomendaron que Pérez Romero fuera aún más exigente con la Mitsui. Después de varios enredos por el desconocimiento que se tenía del curso que había tenido el trato y los pagos en plena Revolución, la Mitsui acordó liquidar el asunto con la devolución de 60 mil dólares a México. Don Manuel Pérez Romero se sintió satisfecho con el trato y con haber dejado todo "a la honradez de la casa [Mitsui] y honorabilidad de sus representantes".

Pérez Romero regresó a México en octubre de 1915. Pero el 27 de septiembre de 1916 fue nombrado embajador en China, país que sin embargo no llegó a pisar hasta 1919. Estuvo en funciones ahí desde el 13 de marzo de 1919 hasta el 2 de noviembre del mismo año. El 1 de enero de 1920 recibió el nombramiento de embajador en Bélgica, cargo que ocupó sólo hasta el 20 de septiembre de ese año. Esto, debido a que el 20 de agosto había sido designado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en las legaciones de México en Noruega, Suecia y Dinamarca. Permaneció en ese encargo hasta el 26 de enero de 1922, en el caso de Noruega y Dinamarca, y hasta el 2 de julio de 1921, para Suecia.

Tras la finalización de estos encargos, el rastro de don Manuel Pérez Romero se vuelve a perder. Lo más probable es que se haya retirado de la diplomacia, dedicándose sólo a sus asuntos particulares. Murió en la Ciudad de México, en su domicilio de Zacatecas 88, colonia Roma (casa que todavía existe), el 21 de diciembre de 1948, a causa de un ateroma de la aorta e insuficiencia cardiaca.

Una calle sin importancia en la colonia Santa Martha Acatitla en la delegación Izatapala de la Ciudad de México lleva su nombre.

viernes, 12 de junio de 2026

Isauro Castillo Garrido, revolucionario y diputado federal aculquense

Los historiadores y cronistas de Aculco no han sido especialmente diligentes en la tarea de investigar las vidas de quienes forjaron la historia del municipio o de aquellos que, nacidos aquí, participaron en escenarios más amplios de la historia de México. Es una falta de la que, en cierta medida, también me considero responsable, pues sólo en años recientes me he preocupado por escribir perfiles verdaderamente biográficos de esos personajes. Antes los dejaba aparecer y desaparecer en mis libros sin preocuparme demasiado por saber quiénes eran en realidad, más allá de los datos indispensables para la narración.

El fruto de ese esfuerzo que todavía podemos llamar incipiente puede encontrarse en este mismo blog en textos como Los insurgentes de Aculco; Blas Guller, el penúltimo administrador jesuita de Arroyozarco; José Carbajal García, el sindicalista de Chalco que nació en Aculco; Un aviador aculquense: el general Manuel Bravo Ruiz; Los primeros franciscanos en Aculco; Don Antonio Magos Bárcena y Cornejo, cacique otomí de Aculco; Don Antonio Martínez Infante: el cura alegre, generoso... y escandaloso; José Riverón Mondragón: el único general aculquense en la Revolución; El bachiller don Luis José Carrillo y Troncoso, cura de Aculco (1753-1830); Don Gumersindo Mendoza: un aculquense olvidado, entre varios otros.

Pero, justamente, como decía al principio, quedan todavía muchas biografías de aculquenses notables por escribir. Y peor aún: de muchos de ellos ha desaparecido casi todo recuerdo, de modo que mencionarlos provoca hoy auténtica sorpresa. Resulta significativo que, hace algunas décadas, cuando el gobierno municipal decidió bautizar algunas calles que carecían de nombre con el de personajes aculquenses, la mayoría se dedicó a individuos de épocas muy recientes y, con perdón de sus familiares, varios sin mérito alguno. Fue como si Aculco hubiera olvidado por completo quiénes eran los hombres y mujeres que construyeron su historia.

Por eso quiero hablar hoy de un revolucionario aculquense que fue el primero en ocupar una curul en la Cámara de Diputados federal y que, sin embargo, ha sido casi borrado de la memoria colectiva. Me refiero a Isauro Castillo Garrido.

Isauro Castillo Garrido nació a las 11 de la mañana del 24 de enero de 1881 en la hacienda de Arroyozarco. Sus padres fueron don Federico Castillo, que por entonces tenía 24 años y trabajaba como tejedor en la fábrica de casimires de aquella finca, y Felipa Garrido de 18 años. Sobre don Federico Castillo ya he escrito antes y pueden encontrar la información aquí. Don Federico procuró que sus vástagos tuvieran buena educación y mejores perspectivas, por lo que varios de ellos emigraron a la Ciudad de México. Fue el caso de Isauro, quien se dedicó al comercio en la capital y estableció su domicilio en la Primera Calle del Relox no. 9 (hoy República de Argentina).

El 19 de octubre de 1905, Isauro contrajo matrimonio con Alfonsina Lazcano, de 21 años, hija natural de Genoveva Lazcano. En su partida de matrimonio religioso, celebrado en la iglesia de San Miguel el 5 de noviembre del mismo año por el padre Modesto Basurto (aculquense también), Alfonsina aparece sin embargo con el apellido Domínguez, que era el de su padre Pedro ya difunto, y como hija legítima. Isauro y Alfonsina tuvieron por lo menos dos hijos nacidos en la Ciudad de México, Rubén (1906) y Eugenia (1910). Al nacer esta última, tenían su domicilio den la Tercera calle de Degollado número 43, en la colonia Guerrero. En 1916 tuvieron un tercer hijo, Alfonso, nacido en Chalchicomula, Puebla. Alfonso, por cierto, murió muy joven, en 1938, debido a una tifoidea.

No he podido averiguar todavía cuándo y por qué motivos se unió a la Revolución, aunque es seguro que su expediente se encuentre en el archivo de la Secretaría de la Defensa Nacional. Lo cierto es que en 1915 ya participaba en ella (probablemente por ello su hijo Alfonso nació en Chalchicomula) y hacia el final del movimiento armado había alcanzado el grado de capitán, como parte del 19o regimiento de caballería con matriz en Polotitlán y destacamentado en Jilotepec. Por lo visto, su ocupación militar no fue obstáculo para que mantuviera su comercio (o quizá incluso le ayudó), pues en septiembre de 1916 seguía comerciando en su tienda de la Tercera Calle de Mesones número 80 con arroz, azúcar, harina americana y del país, pastas para sopa de Morelia y trementina, algunos de estos artículos al por mayor.

En 1918 decidió contender por la diputación federal del distrito 10 del Estado de México para el periodo 1918-1920 y la votación le favoreció, pues recibió 2,019 sufragios contra los de 1,573 de su contendiente, Daniel Basurto. Sin embargo, Basurto elevó una protesta pues Castillo había infringido la ley: se hallaba en servicio activo en el Ejército al momento de la elección, lo que violaba la fracción I del artículo 43, en consonancia con la fracción IV del artículo 75 de la Constitución recientemente promulgada.

El caso se discutió en el Congreso. No era el único en esa situación, por cierto, pues otros como el general Rafael Cárdenas se hallaban en parecido conflicto. Los diputados expusieron diversas posturas, que mostraban las dificultades del paso del orden militar de la Revolución hacia un nuevo orden civil, que en realidad tardaría en concretarse todavía tres décadas. El diputado Manlio Fabio Altamirano, por ejemplo, habló a favor del capitán aculquense:

Se dice que el señor Castillo Garrido no puede ser diputado porque era militar en servicio activo; pero yo creo que los constituyentes, cuando dictaron este artículo, tuvieron en consideración que muchos militares, olvidándose de los deberes y de las obligaciones de todo ciudadano, se valen del rifle que traen en la mano y de las fuerzas de que disponen, así como el temor que infunden al pueblo, para fraguar una elección a su favor. Por consiguiente, yo mismo sentiría cierta duda acerca de la elección del señor Castillo Garrido, si en lugar de haber ido él sólo con su pecho sano y con su frente muy alta, a hacer su propaganda en ese Distrito Electoral, hubiera ido como jefe de la guarnición, con cientos o miles de hombres a su mando; entonces sí hubiera yo podido creer que por medio de esos hombres, que por medio del terror, él podía haber ejercido sobre sus conciudadanos, alguna presión hubiera podido imponerse a la voluntad de ellos, para traer así una credencial; pero el C. Castillo Garrido fue sólo, fue únicamente atenido al voto del pueblo, que lo llamó a la elección fue atenido únicamente a sus propias fuerzas y a sus propias alcances; no votó un solo soldado a su favor. Por consecuencia, ¿dónde puede haber la causa de nulidad que se llama presión, para nulificar la credencial del señor Castillo Garrido?

La comisión del Congreso encargada de dictaminar la elección opinó en contra, pues "aunque el C. Castillo Garrido no tenía mando de fuerza en el Distrito Electoral de que se trata, la ley, a este respecto, es terminante. La Comisión ha consultado los debates del Constituyente sobre el particular, y encontró que la mira de los legisladores fue incapacitar a todo militar para el cargo de diputado, tan sólo por el hecho de estar en servicio activo", por lo que determinó la nulidad. Sin embargo, y "acatando esta Comisión el sentir de la honorable Asamblea" (lo que se puede traducir como las presiones de los congresistas), el diputado secretario sometió a aprobación un dictamen distinto, que declaró válida la elección. Así llegó Isauro Castillo Garrido a su primer periodo como diputado federal en septiembre de 1918 como parte de la XXVIII Legislatura.

Castillo Garrido formó parte de la Comisión Segunda de Guerra. Además, se ocupó muy particularmente de atender asuntos de su distrito electoral, es decir, de la región de Jilotepec, sobre todo conflictos por tierras y aguas. Por ejemplo, una solicitud en noviembre de 1920 a la Secretaría de Agricultura y Fomento para el aprovechamiento de las aguas del manantial "El Quinte", cercano a Soyaniquilpan, para la generación de fuerza motriz con fines industriales. Se recuerdan también sus contribuciones "utilitarias a la ciencia", como escribe Andrés Moreno Nieto en su tesis "La botánica en la Dirección de Estudios Biológicos (1915-1926)":

El diputado representante del Estado de México, Isauro Castillo Garrido, sostuvo en una de sus iniciativas al Congreso en el año 1920 que si no desaparecía la DEB al menos debía reducir sus gastos y actividades “a lo que lógicamente le corresponde”. ¿A qué se refería el diputado con estas actividades lógicas? Suponemos que la opinión del legislador respondió a una visión pragmática y utilitaria de la ciencia en la cual los aspectos teóricos sin aplicación directa representaban un gasto innecesario. La biología era considerada una disciplina auxiliar de la medicina para propósitos sanitarios, no para especulaciones que podían prestarse costosas a reflexiones metafísicas.

Castillo Garrido era un legislador que presentó varias iniciativas para el aprovechamiento de los ríos, la fauna y la minería, es decir, un político adepto a la aplicación pragmática de toda institución científica o dispositivo tecnológico en aras de la industrialización. Al respecto, en 1920 el Congreso de la Unión y la Secretaría de Agricultura y Fomento insistieron en la utilidad del arroyo de “El Xhote” en el pueblo de San Francisco, Estado de México, para generar fuerza motriz.²⁰³ Pareciera que se estaba construyendo una visión utilitaria de la ciencia mexicana en la cual la DEB era inoperante para solucionar algunas de las necesidades más importantes del país en el siglo XX.

En 1920, Isauro resultó nuevamente electo a la Cámara de Diputados, esta vez por el Distrito 11 del Estado de México. En esta legislatura, la XXIX, el aculquense estuvo entre los diputados que suscribieron la injusta iniciativa para borrar del recinto de la Cámara el nombre de Agustín de Iturbide y sustituirlo por el de Belisario Domínguez, en septiembre de 1921, centenario de la Consumación de la Independencia de la que Iturbide fue artífice.

Sin embargo, parece ser que Castillo Garrido no no simpatizaba con el nuevo Gobierno de la República, establecido tras la caída y asesinato de Venustiano Carranza en mayo de 1920 con Adolfo de la Huerta como presidente interino y Álvaro Obregón como presidente constitucional a partir de diciembre de aquel año. De hecho, en 1921 tomó partido en las elecciones del Estado de México a favor del general Andrés Castro contra el obregonista Abundio Gómez. Gómez obtuvo la victoria y Castillo Garrido se vio implicado en el conflicto postelectoral, denunciando las acciones violentas de los gomistas. En este conflicto, algunas organizaciones políticas pidieron incluso que a se nombrara a Castillo como gobernador provisional, como según acta de la Cámara de Senadores del 6 de abril de 1921:

Se dio cuenta con tres memoriales de agrupaciones políticas del Estado de México, manifestando que esperan que esta Cámara resuelva el conflicto político de su estado, declarando que han desaparecido los poderes y se nombre gobernador provisional al c. diputado Isauro Castillo Garrido.- [Pasa] A las comisiones que tienen antecedentes.

En la Cámara, sus adversarios llegaron a burlarse de la vehemencia de Castillo Garrido, como lo hizo el diputado Vizcarra en la sesión del 7 de septiembre de 1921:

Días antes, meses antes, ya el señor Castillo Garrido, el valiente señor Castillo Garrido, ya había dirigido una misiva, que se publicó, a uno de sus amigos en Villa del Carbón y que más o menor decía esto: O triunfa el general Castro o nos levantamos en armas, y el señor Castillo Garrido no se ha levantado en armas y ya véis ustedes.... (Risas. Voces: ¡Ya véis vosotros!) Yo no me admiro de que el señor se levante en armas cuando se verifica una imposición, pero sí me admiro de que sin consultar la opinión, de que sin consultar la opinión del pueblo y de que antes de saber los últimos detalles de la elección del Estado de México, se ofrezca levantarse en armas si no resulta el capricho de uno; es de lo que me admiro y no de otra cosa, compañero.

Pero aquella burla tomó otro rostro en los días siguientes, cuando la idea de la sublevación de Castillo Garrido estuvo cerca de convertirse en realidad. El 16 de ese mes, el diario El Demócrata publicó esta nota:

Dio El Demócrata ayer una amplia información sobre el asalto que, a la ciudad de Toluca, preparaban algunos elementos adictos al general Andrés G. Castro, que figuró como candidato al gobierno de esa entidad y fue derrotado por el general Abundio Gómez. Sorprendidos en sus movimientos los presuntos asaltantes, fueron capturados más de treinta de ellos y traídos a esta capital ayer, después de medio día, escoltados por fuerzas de las que se encuentran de destacamente en Cuajimalpa y Santa Fe.

Los sospechosos habían sido advertidos en el tranvía de Tacubaya a Cuajimalpa, por lo que el conductor avisó por teléfono al presidente municipal de este lugar, quien informó a su vez al jefe del destacamento militar. Los soldados se encontraron con los sospechosos en la estación de Contadero, donde, al notar su presencia, corrieron a esconderse entre las milpas. Ahí capturaron a Isidro Castillo Garrido, quien, apenas detenido "quiso ponerse a salvo, y para ello mostró su credencial, por lo que el capitán Hernández lo dejó en libertad". Pero su participación era evidente. "Los llevaba Castillo", señaló en un subtítulo el mismo diario:

Una vez llevados al cuartel de Coajimalpa, estos individuos, según nos manifiesta el capitán Hernández, manifestaron que iban con el diputado Castillo, y que según se les había manifestado, iban a atacar la ciudad de Toluca, para apoderarse del Gobierno e instalar en él al general Castro, que el mismo Castillo les había manifestado que un poco más adelante, tenía más gente para esta empresa, por lo que estaba seguro del éxito. No se les recogieron armas, porque no las tenían, y dijeron que en algún punto cercano a Toluca, les serían entregadas a fin de que se consumaran los planes propuestos por el diputado.

A raíz de este conflicto, Castillo publicó con el Lic. Ángel Alanís Fuentes un libro titulado El Caso Electoral del Estado de México ante la Historia. Él era el autor directo de la primera parte de esta obra, que se centraba en "consideraciones de orden político". Aunque logró mantenerse en su curul, al parecer este suceso significó de alguna manera su debacle política, pues en adelante dejó de sobresalir en la Cámara de Diputados.

A pesar de sus ocupaciones políticas y comerciales en la capital del país, Isauro no perdió por completo el contacto con Aculco. Prueba de ellos es que fue padrino de matrimonio de Martín Basurto y Josefa Morales el 6 de agosto de 1921, cuando era diputado.

El 26 de septiembre de 1922, Castillo Garrido se asoció con Román Meraz para adquirir el rancho El Paraíso y formar la empresa Castillo Garrido y Meraz, con un capital de $ 5,000 pesos. No he hallado información sobre esta empresa ni su destino, pero curiosamente algún problema legal en el que se vio inmiscuida dio pie a una tesis jurisprudencial: "Los miembros de una sociedad, no pueden considerarse corno personas extrañas, en el juicio seguido contra aquélla, sino acaso, como vencidos sin haber sido oído".

Para 1935, Castillo Garrido ya había fallecido. En 1962, su viuda dirigió al presidente López Mateos un memorial en el que solicitaba una pensión por los servicios que Isauro había prestado a la Revolución. Alfonsina murió a su ves el 24 de noviembre de 1968, en la capital del país.

Como pueden ver, esta es una biografía todavía en construcción. Pero no quise dejar por más tiempo en el olvido a este personaje. Por lo menos así, con este texto y datos incompletos, los lectores de Aculco, lo que fue y lo que es podrán tener una ligera idea de quién fue Isauro Castillo Garrido.

sábado, 6 de junio de 2026

El niño al que mató el granizo

La tarde del 30 de abril de 1907, azotó a Aculco una fuerte tempestad acompañada de granizo. El pequeño Isidro Teodoro Pérez, de apenas siete años, estaba apacentando ovejas cuando sobrevino la tormenta. Su padre, José Teodoro, lo esperó en vano aquella noche en su casa de Santa María Nativitas. A la mañana siguiente, salió a buscarlo al campo y lo encontró tendido, muerto, sin más huellas de violencia que las marcas de aquella terrible granizada.

¿Puede alguien morir a golpe de granizo? ¿Habrá sido otra la causa de su muerte: un rayo, una caída o el frío? Nunca lo sabremos. Sólo sabemos que Isidro murió solo, en medio ddel rebaño del que era responsable, trabajando, a una edad en la que en nuestros días apenas estaría cursando la primaria.

El acta de defunción del niño Isidro Teodoro Pérez.

viernes, 5 de junio de 2026

El arriero desconocido

Como todos ustedes lo saben bien, la arriería tuvo una gran importancia en Aculco durante los siglos del virreinato. Para el siglo XVIII, buena parte de los habitantes de Aculco se dedicaban a la arriería y los dueños de las principales haciendas de la zona, como la de Arroyozarco, se contaban entre los grandes propietarios de recuas del reino. Antes de la Guerra de Independencia, no menos de 80 hatajos de mulas pertenecientes a los vecinos de Aculco recorrían el Camino Real de Tierra Adentro, y los arrieros aculquenses llegaban en sus viajes hasta las ciudades de Durango y Chihuahua.

Aunque el Camino Real de Tierra Adentro era la vía natural por la que transitaban los arrieros aculquenses con sus cargas, lo cierto es que en ocasiones emprendían desde la Ciudad de México el camino hacia el puerto de Veracruz, una ruta que tenía sus propios desafíos, tales como el clima cambiante desde el altiplano hasta la costa, el gran desnivel que dificultaba el regreso e incluso las enfermedades, pues las ciudadees del Golfo con frecuencia casi anual se veían afectadas por enfermedades endémicas como la fiebre amarilla.

Precisamente la fiebre amarilla parece haber sido la causa de muerte de un arriero desconocido, posiblemente aculquense, que fue hallado ya en los huesos cerca del camino de Veracruz, en los alrededores de San Antonio Atzitzintla, en diciembre de 1783. El teniente de cura del lugar, don José Mariano Moncada sepultó aquella "osamenta de hombre de un cuerpo ignorado" el día 4 de ese mes, consignando que por los restos de su indumentaria era "al parecer arriero" y que quizá había "muerto del mal de Veracruz". Por lo visto, el sacerdote había confesado días antes a un grupo de "arrieros del pueblo de Aculco que venían con el asentista de azogues" (es decir, de mercurio para el procesamiento del oro y la plata en las minas, que provenía de Europa) y que padecían de "dicho accidente" (es decir, aquella enfermedad), por lo que creía que el fallecido era uno de ellos.

El padre Moncada dejó también una descripción del traje de aquel arriero deconocido, sumamente interesante para la historia costumbrista de Aculco y un curioso antecedente de la indumentaria charra en la región: "calzones de gamuza acanelada... cotón rayado de algodón, una manga de cordoncillo azul sin forro ribeteada con gamuza, unos zapatos de vaqueta, un sombrero negro viejo".

Aquel pobre arriero de Aculco quedó así enterrado muy lejos de su patria chica, apenas traspuestas las Cumbres de Maltrata y a la vista del Pico de Orizaba. Seguramente su familia no llegó a enterarse nunca de dónde había muerto y dónde descansa.

FUENTE: "San Andrés, Chalchicomula de Sesma, Puebla, Mexico registros," imágenes, FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:939J-DCZD-S?view=explore : 4 jun 2026), Imagen 115 de 185; Archivo Diocesano de La Paz. Número del grupo de imágenes: 004656654.

viernes, 29 de mayo de 2026

¿Pueblo, villa o ciudad?

La mayoría de los lectores de este blog coincidirán conmigo en que nunca se nos ha ocurrido referirnos a la cabecera municipal de Aculco de otra manera que no sea como pueblo. Recientemente, sin embargo, me topé con un par de documentos oficiales, uno del Instituto Mexiquense de Salud Mental y Adicciones y otro más procedente de la SEDATU fechados "en la Ciudad de Aculco". Por otra parte, en un puñado de documentos del siglo XIX y la primera mitad del XX se le llama ocasionalmente "villa de Aculco". Aunque estos pocos casos son hasta ahora sólo anecdóticos, quizá vale la pena preguntarse cuál debería ser la clasificación política real de la cabecera municipal.

En el Virreinato, el pueblo era el tipo de asentamiento formal básico. Dado que al principio de la colonización se prohibió a los españoles que habitaran en poblados de indígenas, a esos lugares se les llamaba comúnmente "pueblos de indios". Contaban con gobierno propio y tierras comunales. Esa fue la categoría que tuvo Aculco prácticamente durante todo el virreinato, pero también lo fueron San Juan del Río e incluso Querétaro (hasta 1655). Las villas solían ser poblados fundados por y para españoles ubicados estratégicamente cerca de las minas, los caminos o las zonas agrícolas. Fueron villas en su origen, por ejemplo San Miguel el Grande (hoy de Allende), Toluca, Orizaba, Jalapa, San Juan de los Lagos, Oaxaca y Aguascalientes. Las ciudades reconocidas como tales eran más bien pocas: por supuesto la Ciudad de México, Puebla, Guadalajara, Mérida. Excepcionalmente, hubo algunas ciudades indígenas, reconocidas como tales por su importancia: Texcoco, Tlaxcala, Huejotzingo, Cholula, Pátzcuaro, Xochimilco, Lerma, Tepeaca y Tehuacán.

Desde aquellos siglos y luego también en el siglo XIX, el paso de una categoría a otra superior era también cuestión de prestigio, en el que solían empeñarse las autoridades locales. Cerca de Aculco, a Jilotepec, como cabecera del distrito, se le otorgó el título de villa el 10 de agosto de 1861 y luego el de ciudad en 1878, con el agregado "de Abasolo". Por su parte, Polotitlán recibió también en 1878, el 17 de octubre, el tíitulo de "Villa de Polotitlán de la Ilustración", aunque en este caso fue casi un "premio de consolación" después de que el Congreso local revirtiera la anexión de territorios aculquenses que se le había hecho en años anteriores a esa fecha.

En el ámbito legal vigente, sin embargo, no hay sitio a ambigüedades o a concesiones arbitrarias: según el artículo 9 de la Ley Orgánica Municipal del Estado de México, las localidades mexiquenses se definen "por el tamaño de su población y por la presencia de servicios e infraestructura social" de la siguiente manera:

I. Ciudad. Localidad con más de quince mil habitantes, servicios públicos, servicios médicos, equipamiento urbano, hospital, mercado, rastro, centro de readaptación social, y panteón; instituciones bancarias, industriales, comerciales y agrícolas; y centros educativos de enseñanza preescolar, primaria, media y media superior.

II. Villa. Localidades entre cinco mil y quince mil habitantes, servicios públicos, servicios médicos, equipamiento urbano, hospital, mercado, centro de readaptación social y panteón; y centros educativos de enseñanza primaria y media superior.

III. Pueblo. Localidades entre mil y cinco mil habitantes, servicios públicos indispensables, centro de readaptación social y panteón; y centros educativos de enseñanza primaria.

IV. Ranchería. Localidades entre quinientos y mil habitantes, edificio para escuela rural, delegación y subdelegación municipal.

V. Caserío. Localidad de hasta quinientos habitantes.

Según el último censo general (INEGI, 2020), Aculco de Espinosa, cabecera municipal, tiene una población de apenas 1,957 habitantes. Así, aunque cuenta con la mayoría de los servicios que caracterizan a una villa o a una ciudad (servicios públicos, servicios médicos, equipamiento urbano, hospital, mercado, rastro, panteón, instituciones bancarias, industriales, comerciales y agrícolas, centros educativos de enseñanza preescolar, primaria, media y media superior), su clasificación sigue correspondiendo indudablemente a la de pueblo. Es más: el propio INEGI establece un límite de 2,500 habitantes para considerar un asentamiento como "localidad urbana", de manera que que Aculco seguiría siendo bajo ese criterio una "localidad rural".

Pero rasquemos un poco más: todos sabemos que los barrios de La Soledad y San Jerónimo están conurbados a la cabecera, y buena parte de su territorio no tiene ya el carácter rural que antes los caracterizaba. Imaginemos que se toma la decisión de incorporarlos formalmente a ella. Asi, se le sumarían 2,480 y 2,456 habitantes, respectivamente, para darnos una cifra total de 6,893 personas. Aculco entraría ya de esta manera en el rango de villa. Pero se hallaría todavía muy lejos de contar con la población necesaria para que se le considerara ciudad.

De manera que, mientras la cabecera de Aculco no sufra una explosión demográfica que duplique repentinamente su población, mientras no cambie la ley, y si no se le ocurre a algún político pasar por encima de las normas por simple capricho (que en los tiempos que corren no sería algo raro), Aculco seguirá siendo pueblo por bastante tiempo.

sábado, 23 de mayo de 2026

El pueblo perdido de Santa María Ñadó

Al momento de la conquista española, la extensa Provincia de Jilotepec -dentro de la cual se encontraba el territorio de Aculco- albergaba numerosos pequeños asentamientos hoy desaparecidos y, en muchos casos, completamente olvidados. Su desaparición obedeció principalmente a las grandes epidemias del siglo XVI, que diezmaron a la población indígena de la Nueva España y dejaron muchos de aquellos pueblos reducidos a unos cuantos habitantes o incluso totalmente despoblados.

Ante esta crisis demográfica, las autoridades virreinales ordenaron la congregación de los sobrevivientes en determinados pueblos de la región, con el propósito de evitar que la dispersión dificultara tanto la vida cotidiana como las labores de evangelización. Para ello se eligieron los sitios mejor provistos y de mayor importancia. En el caso de la porción occidental de la Provincia de Jilotepec, se dispuso que diversos poblados fueran reunidos en San Jerónimo Aculco. Allí se congregaron, entre otros con escaso vecindario, los habitantes de San Juan Aculco, Santa María Ñadó (también llamado Xipzoneca o Xipopeca), San Lucas Totolmaloya, Santa Ana Matlavat, San Pedro Tenango y San Ildefonso Tultepec. Sus moradores abandonaron casas y templos, aunque continuaron reivindicando la propiedad de las tierras que habían poseído en torno a aquellos antiguos asentamientos. Este proceso de congregación tuvo lugar entre 1593 y 1605.

En algunos casos, los pueblos de origen terminaron por desaparecer por completo y su memoria se perdió. Así ocurrió con San Juan Aculco y Santa María Ñadó. Otros, en cambio, tuvieron mejor fortuna y lograron repoblarse tiempo después, prolongando su existencia hasta nuestros días. Fue el caso, por ejemplo, de Santa Ana, San Lucas, San Pedro y San Ildefonso.

La ubicación del desaparecido San Juan Aculco puede inferirse con relativa facilidad, pues un plano de 1611 lo sitúa al sureste del casco de la hacienda de Arroyozarco. Mucho más difícil resulta localizar Santa María Ñadó. Los planos conservados no permiten identificar su emplazamiento con precisión, y los documentos que lo mencionan ofrecen apenas referencias vagas y generales, citándolo sólo en relación con las estancias de ganado de los indios Rafael y Cristóbal de los Ángeles: “sobre términos del pueblo de Santa María el dicho sitio al pie de la falda de la sierra que llaman de Nato [sic], linde de sitio de estancia de D. Cristóbal de los Ángeles" y "sobre términos del pueblo de Santa María Xicponeca, linda por la parte del oriente con dicho pueblo de Santa María". En términos generales, podemos suponer que el pueblo de Santa María Ñadó se econtraba cercano al sitio de Bimbó.

A principios del siglo XVIII, los naturales de Aculco reclamaban aún como parte de las posesiones lo correspondiente al fundo legal y tierras de comunidad de Santa María Ñadó Xipopeca, pero estas posesiones no se encontraba ya bajo su dominio. Esto sucedió en parte debido a los extraños que se introdujeron para apropiárselas, pero quizá también por habérseles considerado como baldías. En 1705, los vecinos de Aculco consiguieron la restitución de parte de esas propiedades, mas no hicieron uso de ellas al no haberse concluido el litigio que incluía otras posesiones también reclamadas. En realidad, lo más probable es que nunca hayan recobrado la posesión efectiva de dichas tierras. Conjuntamente con la invasión de las tierras de Santa María Ñadó, es posible que las mercedes de tierras concedidas en sus inmediaciones por las autoridades del virreinato a diversos particulares, a fines del siglo XVI y principios del siglo XVII, hayan terminado por constreñir el fundo original hasta hacer desaparecer incluso la memoria de su ubicación exacta. Esas primeras mercedes de tierras se unieron muchos años más tarde bajo una misma propiedad, a lo largo de un proceso largo y complicado, y con el tiempo acabaron por formar el latifundio conocido como hacienda de Ñadó

A mediados del siglo XIX, la lectura deficiente de los documentos que hablaban del pueblo de Santa María Ñadó llevó a que la comunidad de naturales de Jilotepec pretendiera reclamar las tierras que le habían pertenecido, aunque por lo visto lo suponían ubicado cerca de la cabecera de aquella cabecera. La carta que dirigieron a las autoridades, recogida por Margarita Carbó en su artículo "Una historia mexicana del siglo XIX. La corporación civil ante el proyecto desamortizador de los liberales", es muy interesante, pues describe un proceso histórico muy parecido al que descrito hasta aquí:

Señor:
Los que suscribmos indígenas y vecinos del Partido de Jilotepec, súbditos fieles de V.M.I. le exponemos respetuosamente que en el año de 1595 existía en términos de la cabecera de nuestra vecindad el pueblo de nuestros mayores conocido entonces con el nombre de ¿Xiponeca?, y este pueblo como todos los que se erijían en tiempos del gobierno español, disfrutaba de su fundo legal, esto es, tenía seiscientas varas de terreno por cada viento, gozaba de su monte y ejido con arreglo a lo que disponían las Leyes de Indias y la cédula del 12 de julio de 1695. A inmediaciones del pueblo y a la distancia que determinaban las mismas leyes, poseían D. Cristobal y D. Rafael de los Angeles tres caballerías de tierra y dos sitios de ganado mayor…
Los habitantes de este pueblo se fueron disminuyendo paulatinamente a causa sin duda de las epidemias que se desarrollan en aquella época (…) y en la misma proporción iban disminuyéndose los terrenos del pueblo por la codicia de los colindantes que siempre han procurado aumentar sus posesiones con detrimento de los pueblos…
Aunque como hemos dicho y no podemos fijar con certidumbre la época (de la desaparición) y no han faltado indígenas en más o menos número que hayan habitado en terrenos del pueblo en más o menos extensión como descendientes de los primeros fundadores y que molestados y perseguidos no hemos desamparado el lugar donde existía el pueblo.
Hemos solicitado los títulos originales de su fundación y a pesar de nuestro empeño buscándolos en el Archivo General no hemos podido hallarlos, pero esto no obstante, tenemos la convicción de que ninguno puede haberse hecho dueño de los terrenos que formaban el fundo legal del pueblo, porque el gobierno español jamás vendía los pueblos de indígenas, antes bien, nos dispensaba una protección tan especial y cuidaba tanto de que las tierras se conservasen en nuestro poder, que aun cuando a algún particular indígena le concedía merced de algunas, era con la precisa condición de no poder venderlas…
Dijimos Señor que siempre ha habido indígenas que han procurado no desamparar aquellos lugares, y hoy asciende su número a quinientas personas: hemos construido una capilla y le hemos dado mayor amplitud, sólo nos falta, Señor, el fundo que debe tener todo pueblo según lo determinan las leyes 6ª, 7ª y 10ª del título 5, libro 4º de la Recopilación de Indias y otras del 6º.
Como de día en día crece el número de habitantes y carecemos de los terrenos necesarios para formar nuestras habitaciones, para la siembra de las semillas que nos proporcionan los alimentos necesarios para nuestra subsistencia; como por la parte pequeña de tierras que ocupamos nos exigen renta y si no la satisfacemos nos embargan y nos reducen a la última miseria, ocurrimos a V.M. suplicando encarecidamente se sirva erigir de nuevo el pueblo de nuestros mayores, mandando se nos restituyan los terrenos que lo formaban (…) en lo que recibiremos merced y gracia particular.
Jilotepec, noviembre del 1865. Firmas, la última de las cuales apostilla: “amigo de los que no saben firmo yo.
 
Fuente: AGN. IJPCM, vol I a fojas 107.

desapareció físicamente, sobrevivió su rastro en los documentos: planos que todavía evocan su existencia y litigios por sus tierras sostenidos mucho tiempo después de su abandono. Pero, sobre todo, perduró su nombre en el de la hacienda, último vestigio de un asentamiento borrado del paisaje, aunque no del todo de la memoria histórica.

viernes, 15 de mayo de 2026

Una estampa de la educación socialista en Bañé (1935)

La implantación de la educación socialista en México fue uno de los proyectos más controvertidos del Estado posrevolucionario. Impulsada bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas, la reforma al artículo 3o. constitucional de 1934 estableció que la enseñanza impartida por el Estado debía ser socialista, excluir toda doctrina religiosa y formar en los alumnos una conciencia colectiva orientada hacia la justicia social y la transformación económica del país. Más que un simple cambio pedagógico, la medida buscaba consolidar la autoridad del nuevo régimen revolucionario en el campo y en las ciudades y combatir la influencia de la Iglesia. Tal como lo señaló el "Jefe Máximo de la Revolución", Plutarco Elías Calles, en su discurso de Guadalajara del 21 de julio de 1934, buscaban apoderarse "de las conciencias de la niñez, de las conciencias de la juventud porque son y deben pertenecer a la Revolución".

La educación socialista encontró fuertes resistencias, pero también abrió un amplio debate sobre el papel de la educación en la construcción de la nación moderna y en la definición de la identidad ideológica del México del siglo XX. En la Universidad Nacional, por ejemplo, se discutió si la institución también debía alinearse o no a la ideología del Estado. El exrector Antonio Caso estaba en contra de ello, mientras que el director de la Escuela Nacional Preparatoria, Vicente Lombardo Toledano, estaba a favor. Aunque por el momento el bando ideologizado triunfó, al cabo del tiempo esta discusión fortaleció la defensa de la autonomía universitaria y la libertad de cátedra.

En Aculco, como en el resto del país, se implantó también en aquellos años la educación socialista. De esta etapa, sin embargo, lo desconocemos casi todo, por resultra muy interesante la pequeña crónica que hoy quiero mostrarles, que se refiere al trabajo en esos tiempos de la escuela rural de la comunidad de Bañé, ubicada al norte de la cabecera municipal. En realidad, poco se refiere directamente a la ideologización de la educación, más allá del uso de la expresión "fanatismo" que en realidad se refería simplemente a la religión. Más bien se trata de una lista de acciones meritorias en su pequeña escala. El artículo fue publicado en el periódico El Nacional el 22 de junio de 1935:

 

REAFÍRMASE LA ESCUELA SOCIALISTA

Paulatina, pero firmemente, la nueva escuela creada al reformarse el artículo tercero de la Constitución, va afirmándose en toda la República, siendo los habitantes de nuestras extensas zonas rurales, los primeros en sentir y palpar sus beneficios. Con los informes oficiales que dan fe de este arraigo, acaba de rendirse un importante reporte a la Secretaría del Ramo, especialmente en lo que hace a la implantación de la Escuela Socialista en el Estado de México.

A este particular, el señor profesor Carlos Flores Zamora, Jefe del Departamento de Enseñanza Rural, ha reunido las informaciones de cada uno de los diversos sectores rurales del Estado de México, documentación que, por su importancia, transcribimos a continuación.

[...]

LO QUE SE LOGRÓ EN BAÑÉ

Interesante, sin género de duda, resulta Vicenta H. Arce, Directora de la Escuela de Bané, Aculco, Méx., que dice: "Se han celebrado todas las fiestas patrias y actos que el calendario escolar señala, en el teatro al aire libre. Con el fin de realizar y llevar a mejor éxito la campaña antialcohólica, verificada en las fiestas sociales, hablándoles a los concurrentes de los daños que traen toda clase de vicios, particularmente el alcohol y el fanatismo, aconsejándoles sustituyeran lo anterior por el deporte y la lectura.

"Con la colaboración del vecindario se han estado efectuando campañas prohigiene, profilaxia, que están dando por resultado una mejor indumentaria en los habitantes y aseo individual.

"Buen número de personas están siendo vacunadas; los niños están atendidos, y el aseo de la dentadura se está llevando a cabo de modo cotidiano.

"Las niñas confeccionan sencillas prendas de vestir, así como costuritas útiles y adecuadas a su trabajo. En la escuela rural, se hacen dulces sencillos y aun se utilizan los productos que se obtienen, para la compra de útiles escolares.

"La Sociedad de Madres de Familia colabora con la escuela: un gabinete rústico de aseo tenemos instalado en el plantel, y no descuidamos el baño semanario que llevan a cabo en un río vecino. Estamos instalando filtros en los hogares, para tomar agua potable.

"Se practica con empeño el deporte y algunos encuentros hemos tenido, que han servido, por cierto, para unir a los habitantes con íntimos lazos de solidaridad".

Como trabajo material, "pintó la escuela, ventanas y puertas, dejándola lista para la inauguración". Construyó la casa del maestro y aun el teatro al aire libre.

Atiende con esmero el jardín escolar que está floreciente; en la huerta escolar planta árboles de la región y hace un experimento del cultivo de la linaza.

Con los productos de la parcela escolar, compró ladrillos para el piso de la casa del maestro. Colocó una campana en la escuela, para llamar las horas de entrada a los alumnos y, cosa curiosa, la inscripción de 81 alumnos, es casi igual a la asistencia ordinaria diaria.

El piso del salón de clase está ahora cimentado; la magnífica lámpara de gasolina que ilumina nuestras clases nocturnas, fue comprada, y se construyó la casa-habitación que ocupa.

 

Aquella pequeña escuela de Bañé —una sencilla construcción de piedra, de perfil mixtilíneo— se mantiene, por fortuna, todavía en pie y hoy funciona como biblioteca de la Escuela Primaria Emiliano Zapata. Pero más interesante aún sería saber qué memoria dejaron aquellos años entre los pobladores; si alguien recuerda todavía a la maestra Vicenta H. Arce, y si la implantación de la educación socialista representó para ellos una experiencia liberadora o una indebida injerencia del Estado en la formación de la infancia local.

La desaparición de la educación socialista en México ocurrió de manera gradual durante la década de 1940, conforme el Estado posrevolucionario abandonó el tono radical del cardenismo y buscó una política de conciliación nacional. Bajo el gobierno de Manuel Ávila Camacho, quien se definía públicamente como creyente, disminuyó la confrontación con la Iglesia y se promovió una visión más moderada de la enseñanza pública. Finalmente, en 1946, el artículo 3o constitucional fue reformado para eliminar el carácter socialista de la educación y sustituirlo por una orientación “democrática”, centrada en la unidad nacional, el desarrollo científico y la convivencia plural. Con ello, el Estado mexicano dejó atrás el proyecto de formación ideológica revolucionaria que había caracterizado a los años treinta y abrió paso a un modelo educativo más pragmático y menos doctrinario.

***

Antes de concluir, permítante hacer un comentario etimológico sobre el significado del nombre de Bañé. En su libro Onomatología del Estado de México (1894), Manuel de Olaguíbel propone que ese nombre es corrupción de la palabra otomí baduí, a la que le atribuye el significado de "corona de flores". Miguel Ángel Nolasco Álvarez en la Monografía municipal de Aculco de 1997 añade respecto a esa traducción que "sirve para referirse a un camino de flores, también sirve para identificar a un arroyo largo con agua, en la misma lengua". Pero afirma también que "la gente que domina la lengua otomí dice 'Lugar donde el agua lleva hojarasca'". Yo considero erradas por completo estas etimologías por la siguiente razón: la palabra hñe en otomí significa "barranca" y eso es precisamente lo que caracteriza al lugar: se halla casi a orillas de la barranca por la que corre el arroyo Zarco y que separa el territorio municipal de Aculco del de Polotitlán. De manera que su nombre debe estar ligado indudablemente con ese significado, barranca. "barranca grande" se dice dähñé en otomí y la semejanza con el nombre actual de Bañé me hace pensar que bien podría ser esta su etimología correcta.