viernes, 27 de marzo de 2026

El equilibrista del atrio

Si existe una imagen enigmática y sorprendente de Aculco es esta vista del atrio parroquial tomada a principios del siglo XX, muy probablemente después del terremoto que asoló la región en noviembre de 1912. La imagen perteneció al Arq. Édgar Serrano Pérez, antiguo cronista de Acambay, quien muy generosamente me la obsequió hace unos pocos días.

La escena resulta de lo más curiosa: un acróbata camina por la cuerda floja –tendida entre la torre del templo y unas largas vigas ubicadas al centro de la explanada– equilibrándose con una garrocha. Por debajo de él, un grupo sostiene la insignificante red que le servía de protección en caso de caída. Mientras tanto, una abigarrada multitud de hombres, mujeres, y niños, indígenas de manta, charros ensarapados e individuos de toda condición, contemplan el raro espectáculo, presentado quizá en la fiesta patronal del 30 de septiembre.

La presentación de equilibristas -hombres y mujeres- estuvo entre los espectáculos más populares de la época, especialmente antes del estallido de la Revolución en 1910. Fue muy famoso el equilibrista Miguel Robledilla, al que los periódicos solían calificar como el mejor del mundo. Según parece, el acto máximo de estos hombres de circo era el que llamaban "El paso del Niágara", pues se inspiraba justamente en el que realizaban acróbatas estadounidenses para cruzar de un lado al otro del río donde se hallan las cataratas de ese nombre, entre la frontera de Estados Unidos y Canadá. Ese parece ser el acto que muestra en la fotografía, y sabemos que se realizaba en pueblos relativamente cercanos del Estado de México gracias a un artículo publicado en el periódico El Diario del miércoles 17 de marzo de 1909 sobre los festejos que se realizaron en Ixtlahuaca para celebrar la declaratoria de un nuevo gobernador:

A mediodía, el equilibrista Eugenio Reyes efectuó el atrevido acto llamado "El paso del Niágara", cruzando el espacio sobre un alambre tendido entre la torre de la iglesia parroquial y la azotea del Palacio, siendo calurosamente ovacionado por la multitud.

Aunque se sabe por tradición oral que llegaron a darse funciones circenses en el patio del antiguo Palacio Municipal de la calle Juárez y está documentada la presencia de "cómicos de la legua" en la hacienda de Arroyozarco, no hay noticia de eventos como el que se ve aquí. Sin embargo, así de insólito como debió ser, abre una interesante línea de investigación dirigida a averiguar quién era aquel equilibrista, si actuaba solo o se trataba de alguna compañía, y el año en que presentó su acto en Aculco. En la parte posterior de la fotografía se encuentra una firma que no he podido descifrar, con una rúbrica que se asemeja a una clave de sol invertida. ¿Será la del equilibrista, la del empresario o simplemente del dueño original de la foto? ¡Quién lo sabe! Pero deja abierta la posibilidad de averiguar quién era el desconocido acróbata.

Si la escena misma que muestra la fotografía es sugestiva, el entorno arquitectónico en el que se da no lo es menos, ya que retrata el atrio cuando era todavía un cementerio con tumbas a ras de tierra, nichos en los muros y sepulcros de mayor entidad, algunos verdaderamente notables. Un par de ellos pueden advertirse muy cerca de la fachada de la antigua capilla de la Tercera Orden (que había perdido ya su cubierta). Más extraordinaria resulta la presencia del pedestal escalonado de la cruz atrial, que porta sin embargo una gran cruz de madera que seguramente no era ya la original, que fue colocada en 1708 y que posiblemente era de piedra.

Aquí les presento algunos detalles de la fotografía, al lado de versiones coloreadas de los mismos (algo distorsionadas por la IA) que permiten apreciarlos con un poco de más claridad.

La fotografía ya fue publicada anteriormente en algún libro, pero descrita por error como una vista de la antigua parroquia de Acambay, destruida en 1912 por el terremoto del 19 noviembre.

viernes, 20 de marzo de 2026

En proceso la restauración de la capilla de Santa Ana Matlavat

La antigua capilla del pueblo de Santa Ana Matlavat es una de las joyas del patrimonio histórico aculquense. Aunque sencilla en apariencia, su ábside ochavado y almenado se remonta al siglo XVI y es por ello una de las construcciones más antiguas de nuestro municipio. En su interior, aunque maltratado e incompleto, se encuentra uno de los pocos retablos barrocos que sobreviven en Aculco. Su torre, campanas, cruz atrial, portada, portón casetonado de madera y tantos otros detalles la vuelven además un sitio de enorme atractivo para el visitante. Además, por supuesto, de la propia historia del pueblito, que ha sido identificado como uno de los posibles puntos por los que pasó la peregrinación azteca en su camino desde Aztlán hacia el Valle de México.

Como es natural, varias veces he escrito sobre Santa Ana Matlavat en mi blog. Aquí les paso las ligas por si les interesa conocer un poco más de él:

Santa Ana Matlavat: un posible punto de la peregrinación azteca En camino a la ruina: la capilla de Santa Ana Matlavat El "altar roto" de Santa Ana Matlavat Santa Ana Matlavat: cuando las cosas se hacen bien "La xocoyota de la casa" Fragmentos de la historia otomí de Aculco

Por varios años la capilla sufrió daños, principalmente por grietas que aparecieron en el ábside (que eran ya visibles en 1997, cuando tomé la fotografía que encabeza este texto). También la techumbre de la nave se fue estropenando sin que los arreglos provisionales sirvieran mucho para detener su camino hacia la ruina. La construcción de un nuevo templo, justamente enfrente del antiguo, parece que además concentró los recursos de la feligresía en esa obra y los apartó de la vieja capilla.

Hace unos años, sin embargo, surgió entre los propios vecinos de Santa Ana el deseo de recuperar su patrimonio. Una primera acción, verdaderamente digna de elogio, fue la restauración de la imagen titular de santa Ana, del siglo XVIII y con un poco frecuente estofado en plata. Después se interesaron por la restauración de la capilla, obtuvieron dictámenes y permisos del INAH, y ahora con gran alegría puedo decirles que la restauración está avanzando y se lleva a cabo de manera correcta, bajo las normas a seguir en este tipo de edificios históricos.

Según la licencia de obra, que incluyo aquí, la restauración se concentrará en el arreglo de las cubiertas de la nave y el presbiterio, el "cosido" de los muros del ábside que presentan grietas y la reconstrucción de la parte colapsada de la sacristía. La serie de fotografías de aquí les muestro me fueron enviadas por Daniel Cano, un joven de ese pueblo que desde hace varios años se ha mostrado muy interesado en el patrimonio del municipio. Ya les iré mostrando algunas más conforme reciba más actualizaciones de parte de Daniel, a quien le agradezco mucho las imágenes..

sábado, 7 de marzo de 2026

Pregones

En el año de 1766 el rancho de Almoloya, por otro nombre Toxindejé en lengua otomí, dentro de la jurisdicción de Aculco, salió a público remate después de que le fuera embargado a sus dueños, los herederos de su dueño anterior don Gabriel Lorenzo Magos (su viuda Clara Francisca Pérez, su hijo Clemente Joseph y por lo menos otra hija menor), principalmente debido a deudas. Este rancho era una posesión muy antigua, que databa de tiempos del virrey don Luis de Velasco y se hallaba desde su origen en manos de la pequeña nobleza otomí de la región, aquellos que en los viejos documentos aparecen calificados como "principales" o "caciques". La dueña original, en el siglo XVI, fue la india principal doña Ana de Granada.

El rancho de Toxindejé se hallaba "como a distancia de una legua, poco más o menos, de este pueblo de San Gerónimo Aculco", siendo sus linderos "por el oriente con el rancho de La Cieneguilla, perteneciente a la hacienda de Arroyozarco; por el poniente con el rancho de Xan[?], perteneciente a don Juan de Dios Martín y demás consortes, por el norte con el rancho de Fondó, que es de don Alonso Saldívar, y por el sur, con las tierras de la hacienda de Totó, perteneciente a don Juan del Castillo". Lo podemos ubicar así más o menos por la zona que actualmente se llama Barrancas. Tenía pocas tierras abiertas al cultivo, apenas "tres fanegas de maíz", y el resto de eran buenos pastizales, con un río que pasaba por ellas y un ojo de agua. Todo con valor de unos 1450 pesos.

Más allá de la importancia de su venta para la historia de la propiedad en Aculco, el remate público del rancho nos permite saber cómo se llevaban a cabo los pregones en nuestro pueblo en el último tercio del siglo XVIII. Una costumbre que se perdió en algún momeno del siglo XIX, cuando el remate de propiedades comenzó a publicitarse de manera impresa, ya fuera en carteles o en publicaciones oficiales del gobierno. Por eso me gustaría hoy mostrarles precisamente la forma en que se pregonó esta subasta en 1766, tanto en Aculco como en Jilotepec.

Primer pregón. En el Pueblo de San Gerónimo Aculco en veinte y ocho de febrero de mil setecientos sesenta y seis años, estando en la plaza pública a las horas acostumbradas y en algún concurso de gente; a son de clarín y voz de pregonero se sacó a la almoneda el rancho que se versa, diciendo: "si hay quien haga postura a un sitio de estancia para ganado menor y rancho nombrado Almoloya alias Toxindehe, que se haya en términos de este partido, y pertenece a los hijos y herederos de don Gabriel Lorenzo Magos, difunto, indio principal que fue de esta doctrina, de cuyo pedimento y superior mandato del excelentísimo señor virrey de este reino sale de la almoneda para su venta y remate, bajo el aprecio y avalúo que de él está hecho en la cantidad de un mil cuatrocientos y cincuenta pesos, parezca y se le admitirá". Y no pareció persona alguna que hiciera postura.

Y para que conste lo asiento por diligencia, que firmé con los testigos de mi asistencia, siéndolo presentes don Joseph Francisco García, don Joseph Ciriaco Godoy y don Ignacio Sánchez, vecinos de este pueblo = doy fe. Manuel Joseph de los Ríos. De asistencia, Antonio Morales. De asistencia, Joseph de Mendoza.

2o. En primero de marzo de dicho año, en este pueblo de San Gerónimo Aculco se dio otro pregón como el antecedente a el referido rancho, y no pareció postor, fueron testigos a más de los de mi asistencia, don Joseph Francisco García, don Joseph Ciriaco Godoy, don Ignacio Sánchez = M. Ríos de asistencia. Antonio Morales. Bachiller Joseph de Mendoza.

3o. En el referido pueblo en dos días del mes de Marzo, después de celebrado el Santo Sacrificio de la Misa Mayor en la iglesia parroquial, entre mucho concurso de gente por ser día de tianguis, se dio otro pregón a el referido rancho, y no resultó postor. Fueron testigos a más de los de mi asistencia, don Joseph Francisco García, don Joseph Ciriaco Godoy, don Ignacio Sánchez = M. Ríos de asistencia. Antonio Morales. Bachiller Joseph de Mendoza.

Diligencia. El mismo día dos de marzo de dicho año, quedaron fijados en este pueblo de San Gerónimo Aculco, en parte pública, rotulones que contienen el efecto de la almoneda de este rancho, para que ocurran el postor o postores que hubiere, a la cabecera de Xilotepec, donde se proseguirán los pregones, como está mandado en el auto antecedente. Y para que conste lo asiento por diligencia que firmé con los testigos de mi asistencia, siéndolo presentes los mencionados arriba = doy fe = de asistencia M. Ríos de asistencia. Antonio Morales. Bachiller Joseph de Mendoza.

4o. En el pueblo de Xilotepec, en tres de marzo de dicho año, estando en la plaza pública a las horas acostumbradas, a son de clarín, y por voz de Lorenzo de la Cruz, indio que hace oficio de pregonero, se dio otro pregón como el primero, a el rancho que se versa en estas diligencias, y no pareció persona alguna que hiciera postura. Fueron testigos, a mas de los de mi asistencia, don Joseph de Llanos, don Joaquín Legorreta y Clemente Maldonado, vecinos de este pueblo = doy fe. M. Ríos de asistencia Joseph de Mendoza, de asistencia Joseph Valdivieso.

5o. En el Pueblo de Xilotepec, en cuatro días del referido mes y año, se dio otro pregón a el citado Rancho, y no pareció postor. Testigos, a mas de los de mi assistencia, Don Joseph de Llanos, Don Joaquín de Legorreta y Clemente Maldonado.= M. Ríos de asistencia Joseph de Mendoza, de asistencia Joseph Valdivieso.

En parecidos términos continuó el pregón diario hasta el 30 de marzo, cuando finalmente don Ildefonso Saldívar, propietario del vecino rancho de Fondó, presentó postura por Toxindehé por la cantidad del avalúo, en los siguientes términos:

Hago postura a el sitio de Tossindeje, que se ha estado pregonando públicamente, por bienes de don Gabriel Magos, ya difunto, el que se halla apreciado por peritos inteligentes en la cantidad de un mil quatrocientos y cincuenta pesos, en los mismos que hago la postura, o en lo más que otro diere, alegando, como alego, ser poseedor de dicho rancho por arrendamiento corriente, acrredor y colindante, con dinero de contado, el que pondré de manifiesto.

Aunque la autoridad aceptó esta postura, todavía hubo un pregón más al día siguiente para cumplir los treinta días de pregones que ordenaba la ley. Finalmente, el 8 de abril de 1766, don Manuel José de los Ríos, teniente alcalde mayor de la provincia de Xilotepec, llevó a cabo la ceremonia en que se remató la propiedad a Saldívar, que incluía una última solicitud de posturas que mejoraran la suya:

"Si hay quien puje y mejore la portura, parezca y se le admitirá la que hicere afianzando",y en esta conformidad se estuvo repitiendo el pregón, sin que hubiera resultado otro algún postor; y siendo ya cerca de las doce, y repetídose varias veces el pregón, sin haber habido, como no hubo, otro ningún pastor, y estando presentes la parte Clemente Joseph de Magos y el licitador don Ildefonso Saldivar, se le instó por mi dicho teniente a efecto de que adelantase alguna cosa más en su postura, o en algún modo la mejorase, lo que no tuvo efecto, y se ratificó en hacerla en los términos y condiciones que la tiene hecha, a cuyo tiempo dio el reloj para las doce en la iglesia parroquial, y se continuó el pregón diciendo: "un mil quatrocientos y cincuenta pesos dan por el rancho de Almoloya, alias Toxindehe, sito en términos del partido de San Gerónimo Aculco de esta jurisdiccion, y se compone de un sitio para ganado menor, si hay quien puje y mejore la postura, parezca, y se le admitirá la que hiciere, afianzando que se ha de rematar dada la hora: ¡con que apercibo, que apercibo, que apercibo de remate!". Y dada que fue la plegaria, y no habiendo habido quien mejorase la postura, dijo el pregonero: "pues que no ay quien puje, ni mejore la postura de los un mil quatrocientos y cincuenta pesos en que la tiene hecha don Ildefonso Saldívar, ¡que buena, que buena, que buena pro le haga!". Y en estos términos quedó librado el remate del mencionado rancho de Toxindehé, en el susodicho don Ildefonso Saldívar.

Por cierto, las palabras Almoloya, en náhuatl, y Toxindejé, en otomí, son equivalentes: significan "manantial", "donde brota el agua", aunque al parecer la transcripción correcta en otomí debió ser "Poxindejé".

 

FUENTE:

AGN, Tierras, vol. 2183, exp. 1. f. 1. "Ynformación de utilidad sobre la venta de un rancho que solicitan Clara Francisca Pérez y su hijo Clemente Joseph Magos, yndios de la jurisdicción de Xilotepec".

viernes, 27 de febrero de 2026

“Con esta mujer no he tenido una hora de gusto”: las quejas de un marido atribulado en el Aculco del siglo XVIII

Hacia mediados del siglo XVIII, en fecha que no es posible determinar pues la carta a la que me referiré no la tiene, un apesadumbrado hombre llamado Francisco Xavier, vecino del rancho de San Antonio, escribió al cura de Aculco que por entonces lo era don Lorenzo Díaz del Costero una sentida queja sobre el mal comportaminto de su mujer, de la que tampoco tuvo el cuidado de anotar el nombre:

Desde que me casé con esta mujer no he tenido hora de gusto, porque todo es pleitos y maldiciones el rato que estoy en mi casa, pues no contenta con haberme largado solo y trabajando, las ocasiones que la vengo a ver, no le deseo siquiera que en caridad me de una tortilla, antes corriéndome luego.

Pero la cosa era más grave aún que las malas palabras, el no quererlo ver en casa o no darle de comer. La mujer se iba de su casa por las noches para alejarse del marido y sólo regresaba al día siguiente:

En días pasados se me salió. y habiéndose ido como a la [hora de] la oración no vino hasta otro día al salir el sorl, y porque le pregunté de adónde venía me ha hecho muchas maldiciones tratándome de hijo de adultera. Pasados algunos días se salió a las tres y vino a la media noche, preguntándole me dijo que no tenía facultad para celarla después de haberme tratado muy mal, que no tenía miedo a ninguno, ni al señor cura ni al señor teniente [de justicia], que qué le habían de hacer.

Un marido maltratado por su esposa acudía al párroco principalmente para buscar mediación y reconciliación. El matrimonio, como sacramento indisoluble según la doctrina católica, no podía romperse fácilmente: abandonarla habría sido una grave falta moral y también civil. En los pueblos pequeños de la Nueva España, el párroco —como autoridad moral más cercana y accesible— era la instancia natural para exponer el conflicto. Él podía amonestar a la esposa, exigirle arrepentimiento en confesión y promover la restauración de la "paz conyugal". Si los maltratos continuaban o eran graves, el marido podía recurrir al teniente de justicia, quien podía imponer medidas como órdenes de buen comportamiento o, en casos excepcionales, un depósito de la esposa en casa ajena.

Francisco Xavier, que por lo que hemos visto trabajaba fuera, se la había llevado con él en cinco ocasiones, pero en todas regresaba a su casa a los tres o cuatro días y tenía queregresa a buscarla. En la última ocasión, continuaba el marido, había hablado con su padre, y mientras esto sucedía salió la mujer a decirle que se mudara, que no necesitaba de chismes, que era "un meco diablo y muchas malas razones que no pongo por no ser dignas de que usted sepa". Todavía el esposo intentó calmarla: la llevó a un cuartito que estaba detrás de la casa de su padre, y aunque se lo pidió "por todos los santos", ella se empeñó en que "no volvía a hacer más vida" con él. Ya con coraje, él respondió que se la llevaría "aunque fuera a pedazos".

Francisco Javier se quejaba también del desprecio que le hacía su mujer a sus regalos: le había traído chile y unas enaguas "que son ocho varas" y cuatro varas más de manta. "Las naguas y manta me las tiró a la cara en mi casa", se quejaba el hombre, "y dijo no se ponía eso". Estas eran sólo algunas quejas, continuaba, pero tenía "mucho que sentir porque había visto cositas como las que llevo referidas y no soy de preguntar nada porque luego es pleito. El hombre se extrañaba de ese mal trato, decía, porque sólo le había puesto la mano encima en una ocasión "que me iba a matar con un cuchillo ". Finalmente, el atribulado marido le suplicaba al cura que "como padre" que nose quedara eso así, "porque yo no la puedo largar (es decir, dejar)."

Como en tantos otros documentos que he reseñado aquí, no se conoce el desenlace de este asunto. No parece que la mujer estuviera dispuesta a reconciliarse con el esposo, pero no es imposible. En fin, si el pleito no acabó bien, que nos disculpen por haberlos sacado un momento del resposo en que estaban sus asuntos desde hace unos 260 años.

viernes, 20 de febrero de 2026

Las "planas" escolares de José Rafael Argueta (ca. 1790)

A veces por pura casualidad sobreviven pequeños vestigios de la vida cotidiana en el pasado en donde menos cabría esperarlos. Pistas que nos permiten imaginar mejor aquellos tiempos y acercarnos a quienes vivieron entonces de una manera menos rígida, menos formal. Que nos ayudan a entender a los hombres, mujeres y niños de otros tiempos pues por un momento nos hacen sentir que en ciertos aspectos la vida no ha cambiado mucho, aunque en otros se haya transformado completamente.

Este es el caso de los papeles que les voy a mostrar hoy. Se trata de unas planas que, seguramente como trabajo escolar, tuvo que hacer un niño que vivió en Aculco hacia la década de 1790, llamado José Rafael Argueta. Su trabajo no se perdió pues alguien decidió usar algunas hojas para reforzar las guardas de uno de los libros sacramentales de la parroquia de Aculco, y ahí se han conservado durante más de 230 años.

Son en realidad doce distintos fragmentos de esta tarea los que se conservan. En la guarda delantera, el fragmento mayor es un ejercicio de copiado en el que se repite catorce veces la frase "Señr. Dn. Juan Antonio de San Salbador Colima Mui". Bajo estas líneas están escritos los números desde el 1 hasta más allá del 23. Más abajo, el escolar firmó su trabajo: "[De] la Mano y Puño de Jose Rafael Azqueta. Encima de esta hoja se colocaron otros fragmentos para ayudar a sujetar la guarda. En dos de ellos no es visible la escritura, seguramente porque se pusieron al reverso. En los otros dos hay ejercicios de escritura, en uno de ellos se puede leer "[Se]ñor mio y Amigo", repetido fragmentariamente cuatro veces, y en el otro "presensia con" también en fragmentos desiguales repetidos cuatro veces.

En la guarda trasera, el fragmento principal está muy oscurecido, pero es posible leer la frase "Señor Don Jose Paulino Alcantara" unas quince veces, aunque posiblemente las líneas inferiores digan otra cosa. De igual manera aparece una numeración más abajo, que esta vez se limita a los números 13 al 17 y quizá más allá. Los otros seis fragmentos corresponden a tres hojas distintas, cortadas y pegadas por separado. En una de ellas se lee "Señor Dn Manuel Perfecto de chaves" cuatro veces en el pedazo más grande y una vez en otro más pequeño. En otra de las hojas el texto es "Señor Don Lázaro A[...]" (tal vez también "Argueta"). En el pedazo mayor hay cuatro líneas y en otro menor cinco y en el más pequeño dos. La tercera hoja es la más enigmática: sólo se ve parte de una palabra, "quier", escrita cinco veces.

Parece bastante claro que la tarea del niño consistía en copiar una y otra vez las líneas provenientes de una correspondencia epistolar, quizá la de su maestro. También es fácil advertir que la tarea se hizo en el contexto aculqueño, porque a pesar de que el tal don Juan Antpnio de San Salvador era de Colima, don Manuel Perfecto Chávez Navas era un vecino de Aculco muy bien conocido por nostros. Lo mismo sucede con don José Paulino Alcántara, quien tiene presencia en la documentación del pueblo a finales del siglo XVIII (por ejemplo, como albacea del cura José Moreno). De quien nada sabemos es, sin embargo, del propio niño o joven José Rafael Argueta. Tampoco, por supuesto, de su maestro, ni si éste era un educador particular o asistía a la escuela parroquial que existió en Aculco en distintos momentos.

Las planas de José Rafael, tan parecidas a las que los niños en edad escolar siguen haciendo al aprender a escribir o incluso como castigo, seguramente pasaron al olvido tras la revisión del maestro y éste decidió usarlas para algo más útil, reforzar un libro, quedando así protegidas del tiempo. Esto debió suceder muy pronto, ya que las planas son contemporáneas del libro al que fueron adheridas. Hoy las leemos de nuevo, ya no como ejercicio escolar, sino como vestigio: con curiosidad y bajo una luz distinta.

 

NOTAS

Estos papeles se encuentran en el libro de Información matrimonial 1796-1797 de la parroquia de San Jerónimo Aculco. Usé los materiales digitalizados disponibles en www.familysearch.org

sábado, 14 de febrero de 2026

Aculco en la revista "Artes de México" (1974)

En 1974, la conocida revista Artes de México publicó su número doble 177/178, dedicado a los "pueblos del [Estado] de Mexico", con la intención de mostrar los resultados del Programa Echeverría de Remodelación de Pueblos, que en ese año se concluyó y que tuvo como objeto dotar de servicios públicos a todas las cabeceras municipales del estado (y alguna otras poblaciones) y regenerar su imagen urbana:

Artes de México, con la inquietud propia de quienes por de veinte años han tratado de mostrar los valores artísticos, culturales y sociales de nuestro país, no podía dejar pasar inadvertida la regeneración que se está haciendo en los pueblos tado de México —ciento veintiséis poblaciones, en su mayoría cabeceras municipales— tanto en su aspecto social y funcional como estético. Muchos de ellos admirados de siempre por magníficas construcciones de todas las épocas, su participación en hechos históricos relevantes, su arte popular, sus fiestas, atractivos turísticos, como lagos, aguas termales o bellos paisajes: Aculco, Tenancingo, Valle de Bravo, Santiago Tianguistenco, Ixtapan de la Sal, Polotitlán, Sultepec, y tantos más, que antes abandonados, hoy nos muestran la sencillez, belleza y dignidad de nuestros pequeños pueblos.

Además de presentar un recorrido fotográfico por varias de estas poblaciones, organizadas por "rutas", la revista incluyó el discurso que el gobernador del Estado de México, Prof. Carlos Hank González, pronunció en Aculco en abril de 1974, donde precisó los fines y resultados del programa de remodelación, con algunas alusiones a nuestro pueblo:

Nuestra preocupación fundamental en el Estado de México es el problema demográfico, problema que acusa un crecimiento verda deramente aterrador; todos sabemos que en este aspecto nuestro país señala índices muy altos, de 3.4 y de 3.5, constituyendo, por ello, uno de los campeonatos mundiales que no debiéramos ostentar pero que sin embargo tenemos; para que ustedes deduzcan cuál es la preocupación del Estado, dicho incremento no se realiza al 3.5, que ya sería muy alto, sino al 7.4, más del doble de la media nacional, además, se produce de manera completamente desequilibrada; en la parte sur y en la parte norte crecíamos muy poco, no así en el Valle de México, donde tuvimos una expansión verdaderamente significativa durante el decenio de 1960 a 1970. En ese lapso, el Estado duplicó su población: 1.780,000 habitantes en 1960; 4.000,000 en 1970 y actualmente tenemos 5.000,000 de habitantes; el crecimiento en Naucalpan y Tlanepantla fue de 425% en el decenio; en Ecatepec fue de 540% y en Netzahualcóyotl superó el 1000% en diez años. Todo esto se relaciona con el Programa Echeverría. Hemos hecho un análisis bastante simple, pero lógico, de las causas que generan el éxodo del provinciano: ¿cuáles son las razones de que los habitantes huyan de los pueblos y se vayan a las ciudades? En contramos que son fundamentalmente tres: van en busca del trabajo, que no tienen en sus localidades; de educación para sus hijos y de salud y seguridad para sus vidas.

El provinciano siente siempre gran arraigo a su tierra, gran amor por su provincia; tiene ahí su familia, sus amigos, sus intereses espirituales, materiales, históricos y hasta sus muertos, que tanto pesan en el ánimo del mexicano; no quiere separarse de su tradición, de su pasado y de su familia, pero tiene que huir si no encuentra manera de vivir, de educarse o de cuidar su salud. Pensamos que si los habitantes de nuestra provincia tuvieran en su pueblo posibilidad de trabajar, de educar a sus hijos, y de cuidar de su salud, de asegurar su vida, no se irían. ¿Qué hacer para resolver esta situación, romper el éxodo del provinciano que deja abandonadas sus comunidades? Hay cientos de miles de pueblos fantasmas en la República, como Marfil, en Guanajuato o como San Bartolo Morelos, Sultepec y El Oro, en el Estado de México y en todos los Estados de la República; miles y miles de casas abandonadas que fueron construidas, muchas bien construidas y que están deshabitadas. Eso ocurría en Acúleo, Polotitlán, Ixtapan del Oro, Villa Donato Guerra y en muchas de las poblaciones de nuestra entidad; a cambio sufrimos verdaderos hacinamientos humanos en Netzahualcóyotl; Netzahualcóyotl no existía hace doce años, ahora tiene un millón de habitantes, quienes vivían en condiciones verdaderamente dramáticas, escalofriantes: sin agua, sin drenaje, sin luz, sin seguridad, sin salud, sin nada; ¿Por qué llegaron ahí esas gentes procedentes de toda la República? Llegaron buscando una manera de sub sistir, buscando trabajo y buscando un mejor modo de vida para sus hijos, para las futuras generaciones.

El Plan Echeverría pretende, fundamentalmente, hacer habitables nuestros pueblos, arraigar a la gente que aquí nace y a la que desee venir a radicarse y evitar la macrocefalia; para eso, hay que combatir las tres causas del éxodo: la falta de trabajo, la falta de escuelas superiores, la falta de seguridad y de centros de salud. El Plan Echeverría estableció, primero que nada, el cuidado de la vida del hombre. El mexicano se muere de enfermedades del aparato digestivo y de enfermedades pulmonares. La primera, es la causa del 50% de los fallecimientos; la segun da, del 23%. Cómo podemos evitar que se muera la gente por males del aparato digestivo. Las personas enferman porque benen agua sucia o alimentos contaminados; si logramos que beban agua limpia, que tomen sus alimentos confecciondos con agua limpia, se abatirá verticalmente el índice de mortalidad del mexicano, lo cual sólo requiere ponerle una red de agua potable, una red de drenajes y una toma domiciliaria en cada casa; esa es la base y eso es lo que no se ve: la infraestructura de este programa.

Hecha la red de agua potable y la de drenaje, arreglamos sus calles con piedra, como en Aculco; con adoquín, como en Valle de Bravo; con asfalto, como en Tenancingo; según la característica y la fisonomía del pueblo se pavimentan sus calles, sus banquetas, sus guarniciones; hecho eso, se remozan los edificios públicos importantes del lugar: el Palacio Municipal, el templo, la plaza, el jardín; se trata de regenerar las fachadas de todas las casas, primero, y la casa por dentro, después; ¿cómo?: con trabajo social que convenza a las gentes de mejorar sus casas en el interior. Además, procuramos poner en cada una de estas cabeceras municipales correo, telégrafo y teléfono y carretera pavimentada. Cuando ya tenemos esta infraestructura, podemos generar fuentes de trabajo distintas de las tradicionales. La vida de un pueblo, como Acúleo, es la agricultura y la producción de leche, fundamentalmente; pero es imposible multiplicar la superficie de la tierra cultivable; no hay más, toda está repartida, sumamente repartida en minifundios; tiene, además, muchos problemas que hemos tratado de resolver en cuanto a la propiedad. No es posible poner otro piso de suelos para duplicar la superficie agrícola, pero sí es posible industrializar, crear artesanías, propiciar la ganadería, y es lo que estamos tratando de hacer.

En las cabeceras municipales se puede ya invitar a un industrial para que venga a poner una industria. En un pueblo donde no hay agua potable, drenaje, electricidad, teléfono, carretera, es perder el tiempo, nadie nos va a hacer caso; llamar a un industrial para que venga a poner una fábrica en un poblado, tal como ahora están, ya es fácil y ya se logró; nuestros argumentos frente a los industriales son muy simples: si tienes tu fábrica en Naucalpan o Tlalnepantla, vas a comprar un terreno que te cuesta cuatro cientos o quinientos pesos el metro, aquí lo puedes adquirir en cuatro o cinco pesos; la construcción allá te va a costar como cien, aquí como cincuenta; y lo más importante de todo, a Naucalpan, Tlalnepantla, Vallejo, la Villa o cualesquiera de esas zonas industriales del Valle de México, igual en el Estado que en el Distrito Federal, el obrero llega en autobús después de viajar una, dos y hasta tres horas; nosotros hicimos un chequeo del itinerario de obreros y encontramos que muchos viven en Netzahualcóyotl; allá abordan el primer autobús que los lleva a la Merced, ahí el segundo, que los conduce a Chapultepec y en el bosque el tercero que los traslada a Tlalnepantla, Naucalpan, Tultitlán, Cuautitlán; eso es absurdo; cada autobús les consume como una hora, mientras pasa y después si se detiene; viajan como sardinas; a lo mejor le sacan la cartera, o lo empujan o se pelea; por fin termina el primer viaje y se inicia el segundo y el tercero, es decir, les recordamos a los industriales con qué ánimo de trabajar llega una persona cuando ha sufrido lo anterior. Además, qué le pasa al obrero cuando tiene que checar una tarjeta y que si llega con "X" minutos de retraso le descuentan tanto, y que si llega con más minutos de retraso ya no entró a trabajar ese día; con qué ánimo, repito, puede contribuir a la producción.

En Aculco les decíamos a los industriales: van a tener obreros que disfrutan casa propia; que de ahí van a ir a la fábrica caminando, platicando con sus amigos, silbando, para llegar siempre antes de tiempo; el lugareño es extraordinariamente puntual, los impuntuales somos los citadinos; el campesino siempre llega a tiempo o antes de tiempo; van a llegar fresquecitos a trabajar, tranquilos, contentos y felices; además, con el salario mínimo de Aculco viven dos veces mejor que con el salario mínimo del Valle de México, porque tienen casa, porque no gastan en autobuses, porque la comida es muy barata: aquí se produce la leche, la carne y la verdura y los frijoles y lo que hay que comer y no hay especulación, se puede comprar muy simplemente en forma económica. Las diversiones, son caras en la ciudad de México o en el Valle de México; para ir a una diversión, hay que salir de los palomares donde vivimos, tomar un autobús, un automóvil o un taxi; llegar a Chapultepec si se quiere ver árboles o ir a un cine o alguna otra forma de distracción. En Aculco, por ejemplo, si se trata del cine se va uno caminando, si de hacer un día de campo pues camina tres cuadras, como lo hicimos ahora que llegamos a la huerta; en fin, la diversión no cuesta nada, se vive y se vive bien y se vive con salud; es decir, el Plan Echeverría produce una infraestructura material, con el propósito, por una parte, de crear un "habitat" sano para el hombre y cuidar de su salud, de su existencia y de otra cosa que a nosotros nos preocupa profundamente: la vida familiar.

En las grandes ciudades, la vida familiar se vuelve difícil, cuesta energía ir a comer a la casa y regresar al trabajo, cuesta tiempo, transporte y lo frecuente es que el jefe de la casa salga por la mañana y regrese al anochecer, y a veces, que salgan el papá y la mamá y dejen abandonados a los hijos, sin querer, pero sin posibilidad de remediarlo. En los pueblos, la vida familiar, la conducta de los mayores y menores, debe ser buena, porque aquí, quien hace algo malo se enfrenta a todo el pueblo que lo califica o lo descalifica; en las ciudades, en el anonimato, la gente se pier de y la conducta deja de ser importante; el hombre generalmen te se aisla, a veces no sabemos quién es el vecino cercano, ni queremos saberlo porque a lo mejor no nos conviene hacer relación con determinada persona. En el pueblo hay vida familiar, hay vida social, hay vida gremial que permite conservar los valores y las tradiciones buenas de nuestro México.

Por otra parte, nosotros logramos con ésto arraigar aquí a las gentes, porque aquí pueden trabajar, porque aquí hay industrias. Esto se terminó de arreglar en noviembre del año pasado; ahora tenemos dos pequeñas fábricas que ya empezaron a trabajar; en esto, lo importante es que surja la primera; el mismo industrial platicando en su club de industriales o en el de Leones o en el de Rotarios, en las agrupaciones a que pertenece, conversa con sus compañeros y les platica cómo le va en Aculco.

Este programa lo empezamos en un pueblito cercano que se llama San Bartolo Morelos, que estaba en mucho peores con diciones que otros y por eso empezamos allí; un pueblo de 1,500 habitantes, lo terminamos de arreglar hace dos años, tiene ahora 700 o 800 plazas de obreros; es decir, hay más o menos mil quinientos habitantes en trescientas familias, hay dos y media plazas de obrero por familia; ahora el problema es de las señoras que me reclaman cada vez que voy, porque ya no hay criadas. Es un buen índice; nos permite entonces arraigar aquí a la gente que ya tiene trabajo en este pueblo de mil quinientos habitantes.

La educación en las cabeceras de municipio va del jardín de niños a la secundaria. En el Estado de México había seiscientos mil niños en las escuelas elementales hace seis años; hoy hay un millón de niños y en septiembre un millón doscientos mil niños; es decir, ya no tienen necesidad de moverse para estudiar la pri maria. Tenemos planteles de segunda enseñanza en cada una de estas cabeceras, los niños de las rancherías o de las delegaciones diar su secundaria, ya no tienen que desplazarse. Al terminar la secundaria, viene la preparatoria. Teníamos tres preparatorias, y ahora son setenta, diseminadas en todo el territorio del Estado, lo que permite agrupar, regionalmente, a los muchachos de las se cundarias, con varios propósitos: por una parte, nosotros pensa mos que el momento más peligroso en la vida del hombre es la adolescencia, de los trece o catorce a los dieciocho o diecinueve años, es el momento en que, con frecuencia, los muchachos salen de su casa para ir a estudiar la preparatoria a la ciudad más cer cana, o a la ciudad que se pueda, pero ya al margen de la vida familiar, del control y del consejo de sus padres y amigos. Si noso tros logramos radicar a los muchachos en sus propios hogares hasta que terminen la preparatoria, habrán de ir a estudiar la licenciatura, si lo desean, a alguna ciudad y en alguna universidad, pero ya pasaron ese tránsito de la adolescencia, tan difícil en la vida del hombre.

Por último, creamos una serie de estructuras para que sea posible la educación superior de los muchachos; teníamos cuatro escuelas normales y ahora hay treinta distribuidas en el Estado; teníamos cuatro mil ochocientos universitarios y tendremos, en septiembre, instalaciones para cien mil estudiantes de educación superior; ya no necesitan ir a ninguna parte para hacer sus estudios; la familia no deberá moverse de su pueblo para que sus hijos puedan estudiar.

Ahora bien si logramos fuentes de trabajo, si tenemos una forma de educar a sus hijos, habrá que cuidar que haya seguridad para la vida de las gentes. Ustedes saben que en muchos poblados hay inseguridad, porque la falta de comunicaciones, funda mentalmente, imposibilita la práctica de la justicia, ¿qué hemos hecho?, pues comunicar todo el Estado de México; hicimos un programa de carreteras muy ambicioso, había que invertir setecientos ochenta millones de pesos en seis años; nuestros paisanos nos juzgaron un poquito "tocados" del cerebro cuando presentamos nuestro programa de carreteras; el año pasado, sólo el año pasado, invertimos en ellas trescientos sesenta millones de pesos, y este año andamos en trescientos setenta millones. Es decir, en estos dos años prácticamente se hizo la inversión que proyectábamos para seis o más. Todo esto permite ir dando seguridad a las personas.

Atentos al cuidado de la salud, lo primero que vimos hoy al llegar a Aculco, fue una casita blanca con flores y unos jóvenes vestidos de blanco; un señor con bata que debe ser doctor y unas señoritas que son, sin duda, las enfermeras; es un centro médico en un pueblo de mil doscientos habitantes; no hay riesgo de en fermar y morir por falta de atención; allí está el médico y allí está el pequeño centro de salud; eso es en toda cabecera municipal.

También organizamos ejidos colectivos, pero en vez de llamar les comunas les llamamos "calpullis", nombre azteca de la orga nización colectiva para el trabajo. Tenemos un ejemplo cerca de Aculco, en el Ejido El Rosal: ¿Qué estamos haciendo allí?, bueno, allí tienen gallineros con doce mil gallinas y veinticuatro mil pollitos de engorda; están haciendo una granja para cerdos con ciento cuarenta y dos vientres; tienen una fabriquita de vidrio; es decir, hay ya trabajo para todos, no tienen por qué irse; arreglaron cada quien sus casas y ahora habitan un pueblito precioso.

¿Cuál es el objetivo final?: combatir la macrocefalia, evitar el éxodo combatiendo el abandono de los pueblos, arraigando a las gentes y así impedir, por una parte, que se despueble el campo mexicano, que se creen hacinamientos humanos con todas sus tragedias y sus problemas y, por la otra, que el territorio del Estado de México se consolide, esté permanentemente poblado, equilibradamente habitado, que se logre conservar los valores éticos de nuestro pueblo, que son muy grandes, que se logre preservar la tradición familiar mexicana, que es excelente y que, en realidad, es una escuela formadora de hombres y mujeres responsables, amantes de su tierra, arraigados a su pueblo.

Porque nosotros creemos que lo más importante que existe en un país, no son ni la riqueza petrolera, ni la aurífera, ni ninguna otra, sino la cantera humana que integra el pueblo, que consti tuye una nación; creemos que en la medida que seamos capaces de superar los valores humanos, de educar mejor a nuestros hijos, de formar mejor a las nuevas generaciones, realmente estare mos consolidando los cimientos de una nación que soñamos fuer te, poderosa y libre, porque la integran hombres conscientes de su libertad, hombres conscientes de su poder, de su fuerza y segu ros de que la paz sólo se consigue cuando existe la fortaleza suficiente para guardar la libertad y para hacernos respetados y respetables, al mismo tiempo que respetuosos de los pueblos y de los países que con nosotros conviven en nuestra época, en nuestro tiempo.

El Plan Echeverría es esto que en síntesis he tratado de bosquejar a ustedes y que me he permitido explicarles, porque no qui siera que se fuera a confundir con fachadismo, con escenografía cinematográfica; ya que se está atacando la raíz misma del pro blema. De momento es suficiente con que resolvamos la cuestión de vivir; hay que vivir, pero hay que vivir bien, hay que vivir con limpieza en el espíritu, en el cuerpo y en el pensamiénto y hay que vivir con alegría y con certidumbre de que el destino del hombre, como el destino de los pueblos, lo hacemos todos los días de toda nuestra vida, cada uno de los hombres y cada uno de los pueblos.

Sin duda el discurso de Hank era en exceso optimista y el tiempo terminó por destruir muchas de las esperanzas puestas en el Programa Echeverría. La concentración poblacional en los alrededores de la Ciudad de México continuó; proyectos como el "calpulli" de El Rosal fracasaron en pocos años: la industria, salvo excepciones, continuó por décadas concentrándose en los municipios urbanos; la mayoría de los pueblos remodelados terminaron por desechar esa imagen tradicional que les dio la remodelación y se convirtieron en lugares deprimentes, nada distintos de cualquier suburbio popular de la capital. Aculco, en este último sentido, tuvo algo de suerte: prácticamente todo lo que le dio la remodelación de 1974 se conserva, aunque ciertamente nunca atrajo industria, ni tuvo un "centro médico" digno, pues lo que vio Hank en su visita era el Hospital Concepción Martínez, de fundación privada. Pero, sobre todo, la remodelación le dio a los habitantes Aculco cierto sentido de la conservación, de que Aculco era distinto, de que era un pueblo bonito y que así debía mantenerse. Sin duda eso ayudó a que nuestro pueblo, con todas sus pérdidas patrimoniales, deterioros y despropósitos en sus construcciones históricas que he reseñado por muchos años en este blog, mantenga aún su imagen tradicional, sobre todo si lo compraramos con casi todos los pueblos del Estado de México que aparecen en esa edición de Artes de México.

viernes, 6 de febrero de 2026

Algunas fotos de Aculco en 1969

En 1969, la conocida revista Artes de México publicó su número 122, titulado "Hidalgo y la ruta de la Independencia", dedicada precisamente a relatar los primeros meses del levantamiento insurgente y a mostrarnos un recorrido fotográfico por los lugares por los que pasó el cura de Dolores durante su campaña militar de 1810-1811. Aunque las fotos correspondientes a Aculco -sitio en el que Hidalgo estuvo del 5 al 7 de noviembre de 1810- se publicaron en blanco y negro, y no se caracterizan precisamente por su originalidad ni por su calidad, creo que siempre es importante rescatar este tipo de imágenes dispersas que, aunque sea por una piedra o por una persona que aparecen en ellas, guardan un instante irrepetible de nuestro pueblo.

Acompaño estas fotografías con los pies de foto que tienen en la publicación, e incluyo el texto que en la revista se refiere al paso de Hidalgo por Aculco, en realidad muy brevemente relatado, sobre todo si consideramos la importancia que tuvo su derrota en este lugar para el desarrollo de su rebelión. Las fotografías están sin retocar, salvo la que muestra la capilla posa noreste, ya que la fotografía se imprimió en dos páginas contiguas y el corte entre ellas resultaba demasiado desagradable, por lo que decidí unir los dos lados de la imagen con el uso de herramientas de IA.

Con el estímulo de su primera victoria militar en campo abierto, Hidalgo avanza hasta las goteras de la capital, haciendo alto en el abrupto y pintoresco pueblo de Cuajimalpa. La gran metrópoli se halla a la vista, y durante un par de días de mortificante tortura, indeciso el caudillo entre dar el golpe sensacional o retroceder, al fin opta por esto último, contra la opinión de Allende. En la mañana del 2 de noviembre, aquel enjambre humano empieza a alejarse, como los sedientos viajeros del desierto ante un oasis cercano pero inalcanzable, del apetitoso manantial en que muchos pensaban saciar sus ansias de venganza por tres siglos de opresión y vasallaje. Si no mediaron consideraciones de tipo moral (y repárese en que, por su forma de obrar, Hidalgo bien pudo haber hecho suya la máxima sostenida por el eminente Luis Cabrera, un siglo después de que "la revolución es la revolución"), por lo menos hubo poderosas razones de tipo táctico que justificaron el proceder del Generalísimo: a marchas forzadas venía en auxilio del asustado Venegas la poderosa división de Calleja, que sin lugar a dudas caería sobre los insurgentes en la ratonera de la capital. Hidalgo, por lo tanto, trató de poner tierra de por medio entre su hueste, la ciudad de México y el ejército de Calleja, aunque en su itinerario de retroceso no pudo evitar ir a dar a la boca del lobo, pues precisamente, cerca del pueblo de Aculco se topó con la fuerza enemiga que le cerraba el paso a San Juan del Río y a Querétaro.

El combate de Aculco (7 de noviembre) fue el primer revés de importancia que sufrieron los insurgentes y el anuncio de lo que les esperaba en su lucha contra ejércitos profesionales mandados por jefes de la experiencia de un Calleja. En la desbandada que siguió al percance, Hidalgo y Allende se separaron, tomando el primero el rumbo de Valladolid y el segundo el de Guanajuato. Calleja, por su parte, contramarchó en dirección a Querétaro, donde estableció su cuartel general y preparó la ofensiva para recuperar Guanajuato.

Mientras desde la ciudad de México las principales corporaciones realistas (Universidad, Arzobispado, Santo Oficio, etcétera) lanzaban un diluvio de impresos para aplastar, desde los puntos de vista moral, político y religioso, a la revolución, ésta se propagaba, como epidemia incontenible, hasta los últimos rincones del virreinato. Y entre varias alternativas, Hidalgo escogió el occidente como la región más segura para plantar en ella un gobierno, acreditarlo y seguir impulsando el fuego de su causa. Guadalajara y una gran porción de la Nueva Galicia estaban en poder de los insurgentes, comandados en ese rumbo por el admirable José Antonio Torres. Invitado por éste a pasar a sus dominios, el Generalísimo no lo pensó dos veces y el 17 de noviembre abandonó Valladolid, el hogar de sus sueños de juventud que nunca volvería a ver, y por Zamora y las riberas del lago de Chapala se encaminó hacia la metrópoli occidental.

Portada del número 122 de la revista Artes de México (1969).

Agradezco mucho a José Luis Hernández, autor del interesantísimo blog San Juan Iztacchichimeca (referido a San Juan del Río, Querétaro), quien amablemente me envió estas fotografías ya hace bastante tiempo.)