miércoles, 24 de septiembre de 2008

El antiguo monumento a Miguel Hidalgo

El cambio de imagen urbana de Aculco bajo el "Programa Echeverría de Remodelación de Pueblos" (1974) tuvo resultados ambivalentes. Por un lado, puso en valor las fachadas de casi todos los edificios antiguos del pueblo y dio a sus habitantes cierto sentido de conservación de su patrimonio edificado que permitió que el pueblo se mantuviera en relativo buen estado por cerca de 25 años. Pero, por otra parte, uniformó las fachadas de las casas de Aculco, no sólo a través del color blanco (que no corresponde a la tradición de los pueblos mexicanos), sino aún en sus cornisas, poyos, columnas exteriores, etc., borrando con ello muchos detalles característicos de cada construcción.

Quizá lo más dañino fue el discutible afán de recuperar una imagen colonial del pueblo a costa de destruir elementos valiosos (y aún edificios enteros, como la Casa del Quisquémel) pertenecientes a otras épocas, los que a juicio de los arquitectos encargados no respondían a la apariencia que querían darle a Aculco.

Entre las destrucciones más lamentables de 1974, estuvo la del viejo monumento a Miguel Hidalgo, ubicado al centro de la antigua Plaza del 7 de noviembre (mejor conocida como Plaza del 5 de mayo y en la actualidad como Plazuela Hidalgo). En otra ocasión habremos de hablar de toda esta plaza, la mejor conservada y posiblemente la más hermosa de Aculco, pero ahora queremos concentrarnos solamente en este monumento, construido probablemente a principios del siglo XX.


En esta fotografía de los años treinta es posible observar el monumento a detalle. Se trataba de una gran pirámide trunca levantada sobre cuadro gradas y dividida en dos cuerpos por una gruesa moldura.


Como remate, el monumento llevaba un busto de Miguel Hidalgo. Por alguna razón, la escultura aparece mal colocada en esta fotografía, como proyectada hacia el frente. Aparentemente está hecha de bronce. Sin embargo, por la pobreza de las administraciones municipales que la erigieron sospechamos que se trata más bien de barro fino pulido y que su carácter fue temporal dada su fragilidad.


En esta mala fotografía de los años sesenta, se observa el monumento ya un poco deteriorado y con una nueva escultura de Miguel Hidalgo (de menor calidad), realizada en mármol.


En un extremo de la plaza, muy cerca del monumento a Miguel Hidalgo, fue colocada en 1960 la escultura "El águila tendida", de Chávez Morado, que señala los puntos de la ruta del padre de la patria.


Como ya dijimos arriba, en 1974 se llevó a cabo la "remodelación" de Aculco y una de las pérdidas fue el monumento a Hidalgo. Se construyó uno nuevo, mucho más sencillo y pequeño, en forma de pilastra rematada con un busto en cantera rosa de nueva factura.

El busto nuevo de Miguel Hidalgo.

Sin duda, el monumento antiguo lucía desproporcionado al tamaño de la plaza y el nuevo se integra a ella mejor, pues de hecho casi no se le alcanza a ver desde las calles aledañas. Pero, como tantas veces ha sucedido en Aculco, en busca de un resultado estético se perdió lo verdaderamente histórico y original.


No sabemos dónde habrá quedado el busto de mármol; en cuanto al "Águila tendida", estuvo tirada hasta los años ochenta en las canchas de la escuela primaria Isidro Fabela. Aquí, la parte posterior del nuevo monumento.


Intencionalmente o no, cuando a principios de los años noventa se construyó el monumento a Benito Juárez en la plaza de su nombre, se reprodujo el perfil del viejo monumento a Miguel Hidalgo. Ciertamente con menos gracia.

viernes, 19 de septiembre de 2008

La Casa de los Terreros II


La destrucción de la Casa de los Terreros inició en 1999, como hemos podido observar en la entrada anterior (La Casa de los Terreros I). Fragmentada en varias propiedades y alterados su vanos para abrir accesorias, su completa degradación sólo era cuestión de tiempo.







Cada fragmento de la Casa de los Terreros no ha dejado de ser modificado constantemente hasta el horror que muestra esta serie de fotos actuales: nuevos vanos desproporcionados, construcciones pseudocoloniales y modernistas en sus azoteas, grandes anuncios y hasta la apertura de una nueva calle - Privada de Hidalgo - en lo que fue su puerta principal.



Compárese la fotografía anterior con la que mostramos tomada desde el mismo ángulo diez años atrás (La Casa de los Terreros I) y se observará hasta qué punto ha sido alterada esta casa. Nótese que en su interior han sido levantadas construcciones nuevas que alteran por completo su perfil exterior original. ¿Y dónde estaban las autoridades municipales y las del INAH al permitir todo esto?


Por el lado de la Calle de Rivapalacio, las alteraciones no han sido tan notables, por lo menos comparando con la vecina Casa de don Abraham Ruiz, ya destruida. Aún así, se observan dos vanos antes inexistentes en la planta baja (uno de ellos con la mercancía asomando a la calle), mientras que la ventana de la tercera planta ha perdido ya su puerta original de madera.


Esta ventanita subsiste prístina entre tanta destrucción, como esperando el momento en que a su dueño se le ocurra hacerle un marco de chapa de cantera rosa, cambiar su puerta entablerada de madera por una de hierro o cambiarle su reja.

¡Qué distancia hay entre la sobriedad del portal que conocimos hace años y ésta falsificada imagen reciente! La última aportación, esa inútil moldura en el piso que obligó a colocar cuatro tubitos para desaguar el portal. Las macetas de piedra con tulias añaden su toque cursi al conjunto.

La Casa de los Terreros III (interiores)

En las entradas anteriores (La casa de los Terreros I y La casa de los Terreros II) hemos visto a detalle el proceso de deterioro de las fachadas de la antigua Casa de los Terreros en los últimos diez años. Poco hemos hablado hasta ahora del interior, que constituía uno de los ejemplares más típicos y valiosos de casa aculquense del siglo XVIII. Lamentablemente, la fragmentación de la propiedad acabó con sus patios, corrales, hornos y otras dependencias. Es difícil saber si algo de lo que aquí mostraremos subsiste aún, pero lo más probable es que, sí aún perdura, no será en su concepción original.


A diferencia del común de las casas aculquenses, la entrada principal de la Casa de los Terreros no daba directamente al patio de la casa, sino a ún área abierta que servía de antesala tanto a los corrales como a la zona propiamente habitacional. Desde ella, se accedía a un largo corredor a través de la puerta que se mira al fondo. Nótese el típico piso de ladrillo y la hornacina en el muro de la derecha.


Sobre este mismo pasillo se encontraban las principales habitaciones, que abrían sus balcones hacia la calle Hidalgo. Ésta era la entrada a la sala, con una portada en forma de H en cuyas jambas se adornaban en la parte superior con sendas águilas bicéfalas que lamentablemente no se pueden observar aquí con detalle. La original puerta claveteada completaba el conjunto.


El corredor principal de la casa se abría hacia un patio relativamente pequeño, pues debemos recordar que esta casa, junto con la de don Abraham Ruiz, formaron una sola propiedad hasta el siglo XIX y, al dividirlas el gran patio original quedó seccionado. El cuerpo principal de la casa, a la derecha, era de un solo nivel, mientras que en los extremos, como se puede apreciar en esta fotografía del ala poniente, existían dos niveles de menor altura.


El corredor estaba sostenido por columnas de madera que reproducían, aunque en menor proporción, el portal esquinero exterior. Obsérvense el parv de figuras zoomorfas que abrazan la base de las columnas que preceden a la entrada de la sala.



Detalle de las figuras zoomorfas. Muy probablemente se trata de "leones guardianes" o leones Fu, de procedencia china, que se creía tenían poderes protectores y por ello eran colocados al frente de templos, tumbas, oficinas y casas en su región de orígen. En el arte de la Nueva España fueron relativamente abundantes y llegaron, como muchas otras influencias orientales, a través del Galeón de Manila.



La casa contaba con un segundo patio verdaderamente interesante. Aunque utilizado como corral, no pudo haber sido esta su función original. Obsérvense los pisos de ladrillo, el gran horno de herrería o fundición y la hermosa portada del lado derecho.

Detalle de la portada que daba al segundo patio. Apenas se percibe la decoración pictórica que la enmarcaba. Nótese la cruz de la clave, su portón de madera claveteada, y el muro en el que asoma como material de construcción el tezontle, poco común en Aculco ya que abundaba la típica piedra blanca.


Las fotografías del segundo patio fueron tomadas desde esta vieja y hermosa terracilla interior.

Con estas fotos concluye la serie sobre la Casa de los Terreros, hoy en día dividida y semi destrozada. Sin duda, su deterioro ha sido uno de los crímenes más grandes contra el patrimonio histórico y urbano de Aculco, del que debe culparse a sus propietarios, a los distintos ayuntamientos que han pasado por Aculco desde 1999 y al INAH, institución que ha demostrado a lo largo de los años su inutilidad en la salvaguarda de este patrimonio.

La Casa de los Terreros I

La arquitectura colonial de Aculco recibió la influencia estilística y constructiva de las regiones cercanas de Michoacán, Querétaro y la ciudad de México, entre otras, llegando a darse el caso de que un mismo edificio se encontraran combinados elementos provenientes de varios de estos lugares. Ese fue el caso del magnífico edificio del siglo XVIII de las calles de Hidalgo y Rivapalacio que dividido en dos partes desde el siglo XIX llegó a nuestros días con los nombres de Casa de don Abraham Ruiz (de la que ya hemos hablado en otra entrada de esta bitácora) y de Casa de los Terreros, de la que hablaremos ahora.


Esta foto muestra la esquina noroeste de la Casa de los Terreros durante la remodelación de 1974, cuando la casa estaba a punto de cumplir 200 años, ya que fue levantada en 1776. Hacia la porte posterior, sólo el cuerpo más alto pertenecía a esta casa, el resto era la Casa de don Abraham Ruiz. Ambas formaron parte de una sola propiedad hasta el siglo XIX.


Hacia la derecha del portal, se abriá una sucesión de hermosos balcones con rejas de hierro, cerca de dos metros por encima del nivel de la banqueta. La fachada remataba en una enorme portada. La cantería de los balcones y de esta portada parecían obra del siglo XIX. Aquí, la vista que ofrecían hacia 1997 desde la plazuela José María Sánchez y Sánchez.


El elemento más notable de la fachada de la casa de los Terreros, por lo menos el más vistoso, es sin duda su portal. En él se puede apreciar lo mencionado arriba sobre las diversas influencias en la arquitectura aculquense, pues sus grandes columnas de madera le dan un aire michoacano, mientras que la portada que se abre a él - de la tienda conocida como La Botica - tiene la forma de H característica de las construcciones civiles de la ciudad de México a mediados del siglo XVIII.
(Para observar los detalles de esta portada ver Lo que dice una puerta Obsérvese la rampa que bajaba del frente del portal hacia la calle Hidalgo.


En los años sesenta, el portal de la botica fue "decorado" con anuncios de Purina. En esta fotografía se puede apreciar, además de la pintura, los detalles interesantes de los poyos a los lados de la portada y el singular enlosado de piedra que formaba las banquetas y el puiso del portal. Sólo en éste se conserva, pues el resto fue absurdamente retirado en la remodelación de 1974. Obsérvense las escaleras que han reemplazado a la rampa por la que se accedía al portal.


Hasta 1999, la Casa de los Terreros permaneció en muy buen estado de conservación. Incluso, algunas de las pocas intervenciones que sufrió fueron muy cuidadosas, como la incoporación de una pequeña portada de cantera rosa a un lado de la portada principal del portal de la botica, que se puede observar en esta foto. Esta portada, muy parecida a los balcones contiguos, procede de algún sitio del interior de la casa.


En 1999, el último de los Terreros que poseyó la casa, Ferín Terreros Tovar, la fragmentó y vendió por secciones. Esta foto muestra el momento en el que los hermosos balcones comenzaron a ser modificados para abrir accesorias comerciales bajo ellos.


La modificación ya consumada. Los balcones lucen extraños, perdidas sus proporciones originales. Las nuevas portadas de las accesorias intentan vanamente reproducir las molduras de sus jambas. Lamentablemente esto sería sólo el inicio.

jueves, 18 de septiembre de 2008

El viejo portal de la Casa de Hidalgo: nueva intervención.

Hace unos meses hablamos de la irracional construcción de un portal nuevo y mal realizado al frente de uno de los monumentos históricos más importantes de Aculco: la Casa de Hidalgo. Pues sucede ahora que el Ayuntamiento está modificando el portal esquinero de esta casa para integrarlo al resto de su obra, borrando así toda huella de que esa parte sí contaba originalmente con un portal.


Así se veía originalmente el portal de la Casa de Hidalgo, hacia 1909.


En 1960, cincuenta años después de la fotografía anterior, el portal lucía prácticamente sin cambios, salvo por las protecciones colocadas frente a las columnas. Poco después, sin embargo, las columnas serían sustituidas por pilares para soportar una planta alta.


Hasta hace pocos días, así se era esta esquina. No se trataba ya el portal original y habían desaparecido sus columnas toscanas, pero por lo menos permanecía la huella histórica de su existencia, independientemente del que se agregó recientemente, que se observa a su izquierda.


Así se encuentra ahora el portal, con sus peladas columnas y arcos agregados de concreto, esperando a ser chapeados con cantera rosa para intentar simular lo que no son: auténticos. ¿No habría sido más inteligente intentar recuperar algo de su aspecto original?

¿Y el Centro INAH del Estado de México, que debería revisar cuidadosamente este tipo de intervenciones en nuestros monumentos históricos? Bien, gracias.


ACTUALIZACIÓN: 10 de agosto de 2009

Aquí unas fotografías de esta estupidez ya consumada.

Obsérvese cómo las proporciones de los arcos y la altura de los pilares se distorsiona hasta lo ridículo al adaptarlos a este espacio preexistente.

Nótese en este detalle la pésima calidad constructiva de este nuevo portal, con sus dovelas simuladas deficientemente cortadas y pegadas.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

La casa de la familia Chávez

Sobre el costado oriente de la calle de Iturbide, muy cerca de la Casa del Puente, se encuentra lo que originalmente fue una pequeña casa perteneciente desde hace muchos años a la familia Chávez y actualmente posesión de don Jesús Chávez Chacón. Él le anexó algunos solares vecinos que fueron parte de la casa de don Domitilo Alcántara y del Molino de las Terreros (o molino "La Industria") hasta darle su extensión actual, bastante considerable.

El elemento más interesante de esta casa era una antigua troje, originalmente con techo plano de viguería y terrado, que fue fotografiado a principios del siglo XX por Luis Castillo Ledón (cuanyo ya se hallaba cubierta de teja) y publicada esta imagen en su importante libro "Hidalgo, vida del héroe", donde se afirma que ésta fue una de las casas en las que se albergaron los insurgentes a su paso por aculco en noviembre de 1810.


Esta era la imagen de la casa de los Chávez hacia 1901.


Hace varios años, la sencilla fachada de esta casa - que no tenía más adorno que una puerta y una ventana - fue modificada intentando embellecerla. Aunque en este caso no se ha destruido nada, el inmueble ha sido alterado con buenas intenciones pero con resultados mediocres: los nuevos balcones de la planta alta intentan parecer coloniales, pero sus proporciones y molduras mal trabajadas los delatan. El "ojo de buey" aplicado junto a ellos no tiene antecedentes en la arquitectura civil de Aculco, por lo que se avierte inmediatamente su falsedad. Las molduras agregadas al vano inferior, éste sí original, tienen los mismos defectos que las de los balcones. La puerta de acceso, con un escudo de armas del apellido Chávez, agrega una pizca más de insinceridad al conjunto, lo mismo que la puerta de hierro oxidado.

Sin duda, con un poco de cuidado y seguramente con menos recursos económicos el resultado podría haber sido mejor y la fachada, aún con modificaciones, habría podido integrarse de manera más tersa al conjunto urbano de Aculco.

La calle del biombo: el barrio húmedo de Aculco

Hasta hace algunas décadas, el final de la calle de Rivapalacio (antigua calle del Biombo) cerca de su desembocadura en la calle de Abasolo, era la zona por excelencia de las pulquerías en Aculco. Era, por así decirlo, su "barrio húmedo", y en varias de sus puertas podían verse las banderas rojas con las que se anunciaba el comercio de esta bebida, así como las tradicionales "botas" de chivo en que se almacenaba, como puede verse en la siguiente fotografía de la década de 1960.



Tres de los accesos del muro de la derecha eran otras tantas entradas a las pulquerías. Lo mismo el inmueble del fondo, que cierra la vista ya sobre la calle Abasolo. A la izquierda las cabalgaduras de algunos clientes.



Así se ve este tramo de la calle hoy en día. Tómese como punto de referencia el remate triangular del tejado de una de las casas, y se verá que prácticamente todo a la izquierda de ella ha desaparecido, incluyendo interesante la casa de la esquina, que adornaba su fachadacon dos contrafuertes. A su lado derecho, subsiste la casa y sus accesorias antiguas, aunque en un estado lamentable. Todavía una de ellas alberga una exigua cantina, último recuerdo de la antigua vocación de esta zona.


En esta deficiente fotografía se observa la pulcra imagen que dejó a la calle de Rivapalacio la remodelación de 1974. Hoy, tal bella perspectiva no existe: éste es uno de los puntos más degradados en el paisaje urbano de Aculco, una sucesión caótica de comercios,casas a medio construir y edificios de hasta tres pisos, como se oberva en la fotografía de abajo.
Según el Dr. Enrique Rojas López, hacia 1943 había en Aculco entre 10 y 12 pulquerías, y el pulque era la bebida que más se consumía "por su abundancia y por consecuencia su bajo precio". Curiosamente este médico señala que se anunciaban con una bandera blanca,lo que contradice la tradición oral que habla -como señalé arriba y parece confirmar la fotografía- de la bandera roja.