
San Lucas Totolmaloya es una localidad muy pequeña, dispersa, situada al poniente del pueblo de Aculco y dentro de su jurisdicción. Es, junto con los pueblos de Santiago Toxié, San Pedro Denxhi y La Concepción, uno de los reductos de la etnia otomí en nuestro municipio.
Este poblado posee una hermosa capilla con bóveda de cañón y cúpula, en la que se pueden observar algunos de los elementos ornamentales más interesantes de la época novohispana en Aculco. Es el caso, por ejemplo, del par de remates de los extremos de su fachada, con sendos relieves en los que aparece un toro, símbolo del evangelista San Lucas. O, más importante aún, su cruz atrial.
La cruz atrial de la capilla de San Lucas Totolmaloya se levanta sobre un pedestal de mampostería de aspecto primitivo, muy parecido al de numerosas cruces atriales del siglo XVI, como la del convento (hoy catedral) de Cuernavaca. Consta de un primer cuerpo en forma de prisma cuadrangular, sobre el que se construyó otro prisma de menor tamaño, en cuyas esquinas se levantan cuatro almenas, y sobre él un tercer cuerpo piramidal trunco.
Vista de conjunto de la cruz atrial.Colocada sobre este pedestal se encuentra la base de la cruz, que muestra en sus cuatro caras decoración foliada con cruces al centro y un gracioso achaflanado en los dos vértices que miran hacia la fachada del templo. Encima de esta base se desplanta la cruz, monolítica, que lleva en el palo vertical, cerca del arranque, dos elementos curvos de aspecto vegetal que recuerdan algunas representaciones del maíz en los códices indígenas e incluso a la famosa cruz foliada de Palenque. A esta semejanza contribuyen también los remates en forma de penachos o plumeros en su cúspide y travesaño.
Cara anterior de la cruz atrial.En la parte del palo vertical que toca con la base, se observa un relieve en forma de pequeños arcos contiguos y sobrepuestos, con aspecto de "panal de abeja". Esta ornamentación puede estar relacionada con la forma de representar el vocablo altépetl/andehentoho (literalmente agua-cerro, con el significado de "poblado") en los códices prehispánicos y coloniales, o bien con la representación de los granos del maíz. Las caras principales de la cruz muestran labrada en bajorelieve una cruz inscrita, con su propio pedestal. Al centro de esta cruz inscrita, en la cara que mira hacia la capilla, se labró un extraño símbolo en forma de estrella de cuatro picos, con un círculo en cuyo interior se despliega otra circunferencia formada por "puntos".
Cara posterior de la cruz atrial.En nuestra opinión, esta cruz no data del Siglo de la Conquista (aunque en ese mismo pedestal pudo haber existido una cruz atrial anterior), sino más probablemente del siglo XVIII, ubicándose en el contexto del "barroco tequitqui" o "barroco otomí" al que pertenece la mayor parte de las obras del virreinato que sobreviven en Aculco. En de subrayarse su gran sabor indígena, que en su caso no lo dan solamente las proporciones o la calidad del labrado de la piedra, sino también la presencia de elementos significativos que, intencionalmente o no, nos remiten vivamente a la glífica de raíz prehispánica. Una interpretación más atrevida podría concluir que, al mostrar al "árbol de la cruz", el autor otomí de esta escultura terminó por representar al maíz, la planta más importante del universo indígena, en un sincretismo que sin duda merece un estudio más profundo.

Copia moderna del reloj de sol de la parroquia de Aculco, que se encuentra en la llamada Casa de Hidalgo. En lugar de la fecha del reloj original, lleva la de 11 de noviembre de 1810 en relación con la estancia de don Miguel Hidalgo y Costilla en ese inmueble, que sin embargo no ocurrió entonces, sino entre los días 5 y 7 de aquel mes y año.
ACTUALIZACIÓN 24 de octubre de 2011: Arriba, el reloj de sol entre el almenado de la parroquia en 1838, antes de la construcción de la bóveda y la cúpula del templo. Abajo, una vista parecida del reloj de sol desde el atrio parroquial en 1974.
Fachada suroeste del Jacal de Ñadó. Nótense los grandes guardacantonces en el acceso del muro perimetral, el portal destechado, la portada tapiada y los grandes hoyos en su tejado.
Interior del Jacal. Los grandes pilares de sillería de unos ocho metros de altura que dividen las naves se apoyan en basas de piedra maciza (al parecer, recinto). Obsérvese al fondo la portada con cerramiento curvo tapiada con sillares del propio edificio.
Otra vista del interior.


Capilla del pueblo de Santa María Nativitas. Sus volúmenes son muy semejantes a los de la parroquia de Aculco, no así su decoración que muestra una última renovación neoclásica de mediados del siglo XIX.
Cruz atrial de Santa María Nativitas, caras sur y oriente.
La cara poniente de la misma cruz atrial.
La cruz, "restaurada".
La capilla en su estado actual. Todas ellas fueron cerradas con rejas en la década de 1980, debido a que eran usadas con frecuencia como excusados. A través de una puertecilla bajo el arquitrabe de esta capilla, se tiene acceso a la escalera de la torre del reloj municipal
Capilla posa noroeste como estaba a principios de la década de 1960. Nótense los restos de encalado en la piedra y, al fondo, los arcos invertidos del muro del atrio, medio cegados por el edificio del portal de las carnicerías, construido a principios del siglo XX.
Capilla posa noroeste en su estado actual. Obsérvese que los arcos invertidos del muro del atrio fueron cercenados en la remodelación de 1974. Nótense también las piedras con relieves en forma de óvalo, procedentes de sepulcros desaparecidos que estaban en el atrio, colocadas como remate de los elementos en forma de S.
La capilla posa noroeste es quizá la más bella y mejor labrada. Sus capiteles difieren del resto de las capillas, pues muestran róleos al lado de palmas o acantos semejantes a los de las otras. Ésta es la única que muestra huellas de haber tenido una puerta, pues sus columnas presentan una acanaladura presuntamente realizada con ese fin.
No sabemos si quedaría algún resto de la capilla posa sureste original, pero en la década de 1950 los padres agustinos, entonces a cargo de la parroquia, decidieron completar el conjunto de capillas posas con la construcción de la faltante. Como se puede ver, al mismo tiempo que buscó asemejarse en estructura, dimensiones, etc., sus relieves y la estereotomía de sus canteras son de mayor precisión, lo que permite distinguirla de las antiguas.
Capitel visigodo de Recópolis.
Capitel visigodo de Segóbriga.
La entrada poniente del atrio hacia la Plaza de la Constitución ofrecía un aspecto muy semejante a éste (que corresponde a la entrada norte) hasta el año de 1974, cuando fue destruida. Junto a aquella entrada se encontraba la lápida desaparecida.
En esta fotografía se observan los restos del machón original de la entrada poniente del atrio, con la casa del Portal de la Primavera adosada a él. Esta casa, del siglo XIX, originalmente no contaba con la segunda planta, por lo que dejaba visibles los arcos invertidos de la barda atrial (ahora perdidos) y el remate neoclásico que adornó ese machón.
Este es el aspecto que muestra actualmente la entrada poniente del atrio. Por darle mayor vista a la fachada de la parroquia desde la plaza, el acceso ha perdido todo su interés artísticio, histórico y epigráfico.
Primer sepulcro del padre Canal, en el Panteón Municipal. Sus restos se encuentran actualmente en la parroquia.
Vista general de la casa del padre Canal. Nótense las ventanillas de las trojes que se ubicaban encima de las habitaciones.
Acceso principal a la casa.
Puerta de entrada al antiguo corral, sobre la calle de Matamoros.
Vista de la calle José Canal hacia el poniente. En su trazo original, abarca sólo una cuadra entre la calle de Matamoros y la calle Juárez.
La calle José Canal se prolonga, hacia el oriente, a terrenos que hasta mediados del siglo XX eran solamente milpas y en los que ahora se encuentra el Hospital Concepción Martínez.