miércoles, 6 de octubre de 2021

El Santo Cristo del altar mayor

La parroquia de san Jerónimo posee al menos tres imágenes de Cristo crucificado de interés artístico e histórico: el crucifijo que preside la sacristía, el Señor del Coro y el Cristo del altar mayor, que parece ser el más antiguo de los tres. De éste quiero platicarles hoy.

Esta imagen de madera tallada data seguramente de mediados del siglo XVIII. Su postura es que corresponde al Mesías muerto, por lo que su cuerpo no tiene las posturas exageradas de otros cristos de la época que lo presentan en agonía. Su carácter barroco se expresa más bien en el dramatismo con el que se esculpieron sus heridas:

En la representación de estos temas la figura de Jesús aparece cubierta sólo con un sendal y muestra las heridas producidas por los azotes y su cuerpo aparece lleno de llagas y de sangre. Pueden llegar a ser terribles las representaciones -muy comunes en el arte barroco mexicano- del cuerpo ensangrentado y azotado de Cristo, en donde la piel de la espalda endurecida y desprendida por la fuerza de los azotes, deja ver las costillas y, entre ellas, la sangre coagulada. (1)

Exactamente como sugiere esta descripción, el Cristo del altar mayor muestra heridas terribles: el rostro, recostado en el brazo derecho, con los ojos entreabiertos, ensangrentado y golpeado hasta el punto de asomar el hueso del pómulo izquierdo rodeado de gruesos coágulos; el torso escurriendo sangre, con la herida del costado amplia, abierta, sanguiolenta; las piernas están tan lastimadas que asoman las rótulas y el peroné. Pero el espectáculo más terrible es el de sus espaldas: el dorso desgarrado y amoratado deja ver las costillas, como si fuera posible que alguien con tales heridas pudiera seguir vivo para ser clavado a la cruz.

Esta imagen es de gran calidad artística y se encuentra en bastante buen estado de conservación, sin aparentemente haber pasado nunca por grandes arreglos o restauraciones. Eso sí, ha sufrido pérdidas como son algunos dedos y espedcialmente las costillas expuestas de su espalda, de las que sólo queda una (las otras se han fingido con papel). Conserva su vieja cruz verde, apenas del tamaño justo para su figura.

Las fotografías más antiguas que existen de este Cristo (fechadas en 1967, pero que deben ser en realidad anteriores a 1959) nos la muestran colocada en lo más alto del antiguo altar neoclásico, al frente de un nicho enmarcado por columnas pintadas. En ese entonces el sendal era otro y la imagen portaba largo cabello natural. Después la imagen estuvo fuera de la vista durante largo tiempo, hasta que en la década del 2000, creo recordar, volvió a su lugar arriba del nuevo altar.

El Cristo fue retirado hace poco tiempo de su lugar tradicional en el altar para colocarse al lado izquierdo de la mesa, ligeramente adelantado al frente. Porta un sendal nuevo con el monograma JHS. Se le labró una nueva y hermosa peana de cantera, regalo según me informan de la familia Venancio. Parece ser que cierto benefactor costeará su restauración, programada para principios del año 2022. Esperemos que su nueva ubicación sirva para que tenga mayor veneración y cuidado, porque se trata de una de las imágenes más antiguas y hermosas de nuestra parroquia.

Agradezco a Daniel Cano por las fotografías actuales del Cristo.

NOTAS

(1) Arte y mística del barroco: Colegio de San Ildefonso, marzo-junio 1994. Conaculta, 1994, p.143.

jueves, 30 de septiembre de 2021

Qué es mejor: ¿Pueblo Mágico o patrimonio de la humanidad?

Aculco es uno de los 60 sitios incluidos en la declaratoria de 2010 del Camino Real de Tierra Adentro como parte de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO (popularmente conocida como "patrimonio de la humanidad"). Cinco años después, la Secretaría de Turismo del Gobierno de México designó también a Aculco como Pueblo Mágico, un nombramiento excepcional ya que hasta entonces el título era incompatible con el de patrimonio de la humanidad. De hecho, a San Miguel de Allende se le retiró de la lista de Pueblos Mágicos al elevarse la ciudad a patrimonio reconocido por la UNESCO en 2007.

Al final del párrafo anterior utilicé de manera intencional la palabra elevarse. Porque, en efecto, mientras que como Pueblo Mágico se reconoce a una "localidad que tiene atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, cotidianidad, en fin magia que te emanan en cada una de sus manifestaciones socio-culturales", un sitio del Patrimonio Mundial es, ni más ni menos, que uno de los "lugares de la Tierra con un valor universal excepcional" que por ello "pertenecen al patrimonio común de la humanidad". Es decir, algo muy superior y reconocido no sólo en México sino también en el mundo.

En los propios atributos que se le reconocen a estas dos categorías de lugares se advierten las razones para la incorporación a ellos. En los Pueblos Mágicos prima "el aprovechamiento turístico" y se ofrecen como "alternativas frescas y diferentes para los visitantes nacionales y extranjeros". De manera muy distinta, a veces incluso opuesta, un sitio del Patrimonio Mundial es nombrado como tal para que reciba "protección colectiva del patrimonio... organizada de una manera permanente, y según métodos científicos y modernos". Una enorme diferencia.

Supongo que muchos aculquenses se sorprenderán al enterarse de que el título de patrimonio de la humanidad no tiene un sentido turístico, y que incluso puede oponerse a las prácticas turísticas que degradan los valores culturales del sitio. Y es que las propias autoridades de todos los niveles que han promovido este tipo de nombramientos no logran transmitir cabalmente (y a veces parece que ni siquiera entender) ese sentido.

Hasta ahora, en Aculco se ha dado más peso a la aportación turística de sus nombramientos que a la parte de conservación patrimonial. Esto debe cambiar pronto, pues de otra manera no habrá destacable para mostrar a los turistas en unos años. Y, más grave, nada quedará le haga merecer el título de patrimonio de la humanidad.

lunes, 6 de septiembre de 2021

Obra suspendida

Hace dos semanas hablé aquí de la destrucción de la antigua rampa de acceso a este inmueble de la calle Corregidora, reporte que amplié con una denuncia formal ante el INAH. Las autoridades municipales intervinieron hace unos días suspendiendo la obra, lo que demuestra que carecía de permisos.

Es difícil que la rampa llegue a ser reconstruida, aunque la propia ley exige que así se haga. Ojalá el caso llegara a ese extremo, pues de otra manera se propicia que la ley siga siendo violada impunemente.

Les dejo algunas fotografías anteriores y atuales del sitio. Vean como el autor del estropicio todavía lo "adornó" con esa puerta con chapetones dorados conveniente para una casa de barrio bajo defeño, pero nunca para Aculco.

martes, 24 de agosto de 2021

Adiós a otro elemento arquitectónico original de Aculco

Con la novedad de que la rampa de piedra en esta entrada de la calle Corregidora ha sido destruida. La pérdida de elementos originales -aunque nos parezca pequeña- le han ido restando carácter al pueblo y deberían evitarse en un sitio incluido en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Más cuando se da fuera de la propiedad, en el espacio público. Pero ya sabemos que la supuesta protección que tiene Aculco no sirve en los hechos para nada. Por supuesto esta destrucción tiene nombre y apellido.

Me gustaría mucho saber tú qué opinas.

viernes, 20 de agosto de 2021

Los establos de la hacienda de Cofradía

El casco de la hacienda de Cofradía -sobre la que puedes conocer un poco más pinchando aquí- es probablemente el mejor conservado y más agradable de las antiguas haciendas de Aculco. Esto se debe, sobre todo, a que en la década de 1950 su dueño, el financiero don Armando Hernández, reformó la finca para convertirla en casa de descanso, arreglando su parte antigua y añadiéndole nuevas construcciones levantadas en la tradicional piedra blanca aculquense, con detalles tallados en cantera rosa.

Si bien ese arreglo de las antiguas dependencias de la hacienda fue en general respetuoso con lo original, don Armando no resistió la tentación de "embellecer" algunos espacios añadiéndoles también elementos de cantera labrada. Esto sucedió incluso en espacios que por ser meramente funcionales quizá no necesitaban esos adornos. Por ejemplo, en los viejos establos de la casa.

A este recinto en que se guardaban las vacas de ordeña se accede por una portada de cantera con cerramiento en forma de arco y clave resaltada. Ya al interior, se abre un corral de dimensiones no demasiado grandes que posee -a izquierda y derecha- sendos portales o tejavanes, al interior de los cuales se encuentran los comederos para las reses. Adosados a los pretiles del tejaván de la izquierda (el único que se mantiene techado) se halla un par de pilas de agua.

Al centro del corral está su parte más interesante: una construccion hexagonal de muros bajos de piedra blanca sobre los que se elevan seis columnitas cilíndricas de cantera con su basa y capitel que sostienen el tejado. Pareciera casi el kiosco de una plaza, pero es solamente el lugar en que se mantenían separados los becerros de sus madres. Como señalaba párrafos arriba, estas columnitas, junto con los pilares también de cantera de los tejavanes, son adiciones de la década de 1950 a la construcción original, que debió tener en su lugar sencillos pilares de piedra blanca.

miércoles, 11 de agosto de 2021

Un tránsito breve por el cerro de Ñadó en 1864

El teniente coronel Vicente Villagrán Gutiérrez y Bárcena fue un militar originario de Huichapan, nacido en 1826, que participó en la guerra contra Estados Unidos, la Guerra de Reforma y la Intervención Francesa. Con singular detalle, relató su vida a partir de su infancia en su pueblo natal hasta 1883,año en que están fechadas sus últimas anotaciones. Su manuscrito se conservó en diversas manos hasta que, por fortuna, lo publicó en 1992 el Gobierno del Estado de Hidalgo.

Buena parte de la narración de Villagrán tiene lugar precisamente en la zona limítrofe entre los estados de Hidalgo y México. Naturalmnte sus aventuras militares lo llevaron mucho más lejos, pero es notable la manera en la que identifica personajes, lugares y costumbres de esta región a la que pertenece Aculco.

Entre los pasajes que se refieren a diversos puntos de nuestro municipio, he escogido éste en el que el autor describe un recorrido desde Huichapan hasta la hacienda de San Pablo, en la vertiente noroeste del cerro de Ñadó, en 1864. Recordemos que ese año Maximiliano había llegado a México y los soldados franceses mantenían el control de casi todas las poblaciones importantes, pero no así de los poblados pequeños y el campo, donde los republicanos mantenían la resistencia contra el Imperio. Villagrán, republicano él mismo, se había separado de sus tropas y se hallaba en Huichapan, que estaba controlada por los "mochos", como llamaba a los imperialistas. Con el fin de reunirse con las tropas republicanas que se encontraban en Zitácuaro, convenció a un par de amigos y emprendió el camino simulando ser tratantes de ganado. Pasaron de Huichapan a Nopala, de ahí a Encinillas y por el Camino Real de Tierra Adentro hasta la Hacienda del Álamo. Luego, en algún sitio enfilaron hacia el cerro de Ñadó, que atravesaron para llegar a San Pablo, del lado queretano del cerro. Pero dejemos que sea el propio Villagrán quien nos hable de este camino:

Me estuve allí en la casa de doña Gregoria, esposa de don Manuel Ramírez, paisano y otro día lunes fui a la casa de doña Soledad Romero y como la señora es muy buena, allí me estuve todo el día y allí comí y tomé harto pulque. Seguí allí martes y miércoles y viendo que no parecían los compañeros, otro día jueves antes de irnos le dejé mi despacho a doña Soledad para que me guardara porque consideraba que por el camino no podía andar con él porque si me encontraban con él me colgaban. Se lo dejé en unc caja de hojalata y nos fuimos tomando el rumbo del Cerro de Ñadó, pasamos por detras de la presa del mismo Nopala a dar a la hacienda de Encinillas y ahí almorzamos enchiladas y tomamos pulque y un jarro que se llevaron lleno los compañeros para que tomaran más adelante porque es el mejor que se conoces por allá por esos rumbos de Dios. Seguimos nuestro camino a pasar por la Hacienda del Carrizal y al llegar a esa hacienda nos ha caído una fuerte lloviznita y allí nos estuvimos un rato a fin de ver si dejaba de llover, pero viendo que no cesaba y que manifestaba continuar todo el día, seguimos y nos fuimos por una hacienda que era de unos señores Basurto, que son muchos y allí estaban y temimos que ellos nos exhortaran y de allí nos volvimos para atrás, y de casualidad no nos dijeron nada y seguimos adelante hasta llegar al rancho de un señor Juan Benítez, por una casualidad estaba un hijo de dicho señor en la puerta del rancho y que había estado en la casa de Félix Anaya de aprendiz y éste me conocía perfectamente y nos dijo: "¿Qué andan ustedes haciendo por aquí? Pasen para adentro". Y como eso deseábamos, entramos y nos recibió muy bien su padre (el señor don Juan), entramos adentro de la casa, estuvimos contestando con el señor y después con otro señores que llegaron después y como estábamos puestos de acuerdo los tres compañeros que íbamos, que andábamos en busca de carneros para llevar a matar a Huichapan porque se nos estaba vendiendo bien la carne allí, preguntamos que si tenían algunas cabezas que nos vendieran; de casualidad no tenían ninguna, si no, nos comprometen a tratarlas y dar alguna cantidad en seña de trato inter seguíamos adelante a buscar más. No señor, comenzó el hijo a tocar una jaranita y luego me la pasó a que yo la tocara también, entonces quedamos muy bien porque yo estuve tocando y los demás bailaron toda la tarde y noche hasta las diez que nos dieron de cenar muy bien, con mucho pulque, estuvieron muy contentos con nosotros motivo a la conocencia del hijo conmigo pues ni maliciaron nada de nuestra partida, antes nos dijo el señor Benítez que en la hacienda de Álamos había de haber ganado, que pasáramos a ver. Nos quedamos en un cuarto los cuatro con el amigo aquel, otro día nos despedimos y nos fuimos por la orilla de una milpa y como yo no sabía por allí nos perdimos y nos volvimos para atrás hasta que encontramos un camino, nos fuimos siguiéndolo hasta que llegamos a la mencionada Hacienda de Álamos, todos llenos de lodo porque había llovido mucho en la noche y amaneció lloviznando. Llegamos a la hacienda y vimos un gato colgado de un palo y más adelante un perro lo mismo que el primero y luego nos dio mala idea, pero sin embargo entramos a una tienda que era la única que habñia allí y vamos encontrando a un gachupín que era el dueño o encargado de allí; compramos leche y pan y nos desayunamos muy bien y le dijimos el objeto de nuestra llegada allí y nos dijo que él no tenía carneros pero un amigo suyo tenía un chivato y que el domingo que fuera a la santa misa a Aculco que vería al dueño para ver cuánto quería por el chivo y que el lunes volviéramos por la razón; convenimos en que lo haríamos y que inter si llegaba el lunes (porque aquel día era viernes), nos íbamos para adelante a buscar más.

Nos fuimos y nos perdimos otra vez hasta encontrar con un señor que tenía carneros, nos dio el derrotero y seguimos el camino que nos convenía, entramos al monte del cerro de Ñadó y comenzó un fuerte aguacero muy grande y lo único que hicimos fue hacer capote nuestras cobijas, alzarnos el pantalón y seguir adelante con la fuerza del aguacero encima; cayendo y levantando llegamos cosa de las tres de la tarde al rancho de San Pablo hechos unas sopas, allí pedimos licencia de quedarnos y de casualidad se nos dio el permiso y luego comenzamos a decir que andábamos buscando carneros que vendieran, los que tuvieran, y nos dijo el señor de la casa que sí tenía unas, que contáramos con ellas, viendo que tomaron el falso dijimos que nos las guardaran que íbamos al Ahijadero a buscar más y que de vuelta trataríamos con aquellas. Cenamos muy bien, nos acostamos en un cuartito sobre la paja, y todos mojados, aun cuando tendimos la ropa en la noche, fue lo mismo, amaneció mojada. Otro día sábado nos levantamos, nos desayunamos atole blanco y la agua en corriente; a poco rato llegó un señor de allí con un venado muy grande que había matado en el cerro y como está muy inmediato el rancho al cerro, cada rato suben a matar animales.

La narración de Villagrán prosigue naturalmente hasta su encuentro con sus camaradas republicanos ya en tierras michoacanas, pero aquí debo cortar para mantenernos en nuestros rumbos. Quizá otro día comente algunos episodios más de su vida, que se refieren a su paso por Arroyozarco.

martes, 27 de julio de 2021

Santa Ana Matlavat: cuando las cosas se hacen bien

Desde hace varios años me ha llamado la antención el interés que los vecinos del pueblo de Santa Ana Matlavat han venido poniendo en su patrimonio histórico. Tienen, por ejemplo, la intención de restaurar su precioso y sencillo templo, que es quizá el más antiguo del municipio, y se han reunido con varios arquitectos calificados para evaluar el costo de esa obra. También quieren restaurar el retablo salomónico que existe en el interior de la capilla, que representa (junto con el retablo del pueblo de La Concepción) uno de los pocos restos de los altares coloniales que existieron en las capillas e iglesias de Aculco. Pero estas siguen siendo por el momento sólo buenas intenciones y lo que quiero mostrarles hoy es el resultado concreto de una de sus iniciativas: la restauración de la imagen titular de Santa Ana.

Esta imagen es una preciosa escultura estofada que quizá data de fines del siglo XVII o principios del XVIII. Este término, estofado, se refiere a una técnica artística que estuvo en boga en el México virreinal que consistía en aplicar a la escultura una fina capa de oro sobre la que luego se pintaba; más tarde, ciertas partes de la pintura se raspaba formando patrones, dejando a la vista el dorado subyacente con la intención de simular riquísimos ropajes tejidos con oro. Esta imagen de Santa Ana tiene una particularidad poco frecuente en su estofado: el metal precioso aplicado no es oro, sino plata.

La imagen nos muestra a la santa en su edad madura. Cubre su cabeza el pelo partido por la mitad... ¿o es una toca (característica en la iconografía para representar mujeres mayores) como sugieren los plisados a los lados de la cabeza y la falta de detalle en los cabellos?. Un par de agujeros a los lados del cuello indican quizá que alguna vez portó un collar. Viste una túnica rosada ceñida a la cintura, bajo la que asoman unas mangas verdes. Un ancho cuello blanco sobre la clavícula quizá evoca la toca faltante. La envuelve un manto plegado en su brazo izquierdo, con el revés rojo y el frente decorado con flores. Sus rasgos son finos: nariz recta, boca pequeña, pómulos marcados y unos ojos de cristal que parecen dirigir la vista hacia abajo, hacia los fieles. El brazo derecho se eleva en ángulo recto, con la mano entreabierta y el índice extendido (muchas imágenes de Santa Ana llevaban en esta mano un fruto, una flor o un libro, quizá ésta perdió el suyo). La mano izquierda, con la palma hacia arriba, porta una imagen de la Virgen María niña que es por sí misma una pequeña joya: la muestra sentada, con la cabeza sin cubrir, los brazos semiextendidos con las palmas de las manos hacia arriba y vistiendo una túnica rosa y un manto azul con vueltas rojas ricamente adornados con flores; su rostro es menos fino y más redondeado que el de su madre.

El tiempo y las malas intervenciones dejaron su huella en la imagen de Santa Ana. Además de las pérdidas de algunos dedos, el polvo y la mugre de siglos, la dañó muy especialmente una capa de pintura dorada aplicada en tiempos modernos. Esta pintura, por cierto, impidió que en la reciente restauración se pudiera recuperar mejor su vieja policromía. Con toda la buena intención, quienes se la aplicaron provocaron un daño permanente a la imagen.

A pesar de ello el resultado de la restauración es admirable. La escultura ha recuperado su imagen histórica, los valores artísticos de la época en la que fue elaborada, su colorido que contrasta con el lamentable y casi uniforme dorado que tenía hasta hace poco y sus partes faltantes. Incluso su peana luce otra vez sus colores verde y rojo originales. Los vecinos de Santa Ana Matlavat pueden estar satisfechos: han hecho las cosas bien, la escultura de su santa patrona luce recuperada y al mismo tiempo con el aspecto bajo el que la conocieron sus padres y abuelos desde siglos atrás.

Les comparto aquí abajo las páginas del informe de restauración y aprovecho para agradecer a Daniel Cano por haberme proporcionado el documento y las fotografías que acompañan este texto.