domingo, 22 de marzo de 2020

El servicio personal de los indios de Aculco en el siglo XVII

Desde los primeros años después de la Conquista, el llamado "servicio personal" de los indios fue sumamente importante para la construcción de grandes obras de ingeniería y arquitectura en la Nueva España. En el fondo no se trataba de una situación nueva -ya que bajo el dominio azteca las provincias tributarias contribuían obligatoriamente con el trabajo de algunos de sus pobladores a los obras del imperio- sino más bien una adaptación colonial de esa antigua costumbre.

El concepto mismo de ese servicio varió mucho a lo largo de las primeras décadas del dominio español, especialmente entre 1521 y 1550. Al principio, por ejemplo, se le consideró parte del tributo que las poblaciones indígenas debían entregar a su encomendero español o a los representantes del rey (según el propio estatus del asentamiento), y por lo tanto quienes trabajaban para cumplirlo no recibían un pago por sus servicios. Es decir, se trataba de un impuesto en especie, y esta especie era el trabajo físico. Con todo, ya desde mediados del siglo XVI el servicio personal se convirtió en una labor pagada en obras consideradas de beneficio público, aunque siguió siendo obligatoria, para las que cada comunidad indígena debía proporcionar cierto número de trabajadores cada año.

Así, por ejemplo, nuestro Aculco estaba obligado hacia la segunda década del siglo XVII a destinar trabajadores para las minas de Tlalpujahua, en Michoacán, y especialmente para la obra del desagüe de la Ciudad de México en Huehuetoca. Esta última era un obra de ingeniería de enormes proporciones y casi invisible (por no ser más que un túnel y un tajo) que evacuaría las aguas de la laguna para poner a salvo de inundaciones a la capital del virreinato. La construcción del desagüe cobró la vida de miles de personas, tardó siglos en realizarse y sólo en el Porfiriato se concluyó cabalmente.

Justo en esos tiempos, en 1618, el cabildo de Aculco solicitó al virrey que se les disculpara por un año el envío de trabajadores a las obras del desagüe de Huehuetoca, justificando su petición en que debido a ese servicio personal no habían podido ocuparse del "remedio y reparo" de su iglesia, que se estaba "cayendo juntamente con el convento donde habitan los religiosos del dicho pueblo". El virrey, don Diego Fernández de Córdoba, marqués de Guadalcázar, concedió efectivamente en diciembre de ese año que seis de los indios que enviaba Aculco fueran reservados del servicio personal para ocuparse del arreglo de su templo.

Más allá de las razones que adujeron los aculquenses, evitar el servicio personal era en gran medida un asunto de supervivencia: el viaje al sitio en que los trabajadores eran requeridos, las duras condiciones de vida, los frecuentes accidentes causaban una alta mortandad. En la obra del desagüe, por ejemplo, nos cuenta el cronista chalca Chimalpahin en febrero de 1608 que "“allá murieron muchos macehuales, y otros enfermaron, de los pobladores que fueron a prestar servicio durante los dos meses de enero y febrero y otros más".

 

FUENTE:

Silvio Zavala, El servicio personal de los indios en la Nueva España 1600-1635, México, El Colegio de México, 1990, p. 1050.

Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin, Diario, México, Conaculta, 2001, p. 133.

jueves, 12 de marzo de 2020

Algo más sobre la casa de la hacienda de La Loma

Hace pocos meses hallé en el sitio issuu, kiosco virtual de publicaciones digitales, una revista elaborada por alumnos de la escuela preparatoria Venustiano Carranza de Aculco en noviembre de 2017. Por su contenido, supongo que se trata de un mero ejercicio escolar para el desarrollo de competencias de diseño, generación de contenidos y difusión, en el que es más importante la forma que el fondo. Con todo, la revista incluye un texto de cierto interés para la microhistoria de Aculco, pues proporciona varios datos desconocidos de la Casa de la Hacienda de la Loma, de la que ya he escrito antes en este blog. Aunque hay muchos errores históricos en el texto e incluso se inventa una entrevista conmigo que nunca sucedió, lo considero un buen ejemplo de historia oral que no quiero dejar que se pierda. Así que lo copio aquí junto con las fotos que trae el propio artículo. Desafortunadamente no está firmado (aunque el usuario que subió el archivo completo es dannareal57) y eso me impide darle el crédito adecuado. Aquí el texto:

   

LA CASA DE LA HACIENDA DE LA LOMA: PATRIMONIO CULTURAL

El municipio de Aculco, considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad y Pueblo Mágico, cuento con diferentes construcciones que por su gran arquitectura y conservación se han catalogado patrimonio cultural de Aculco; un ejemplo de esto es "La casa de la hacienda de la Loma".

Esta antigua construcción (ubicada en la calle de Iturbide No. 3) data desde el siglo XIX cuyos primeros propietarios eran los dueños de la hacienda de la Loma, de ahí el origen de su nombre.

"Esta casa ha sido de gran relevancia debido a que ha pasado por diferentes sucesos y tenido diferentes usos, como el alojamiento de revolucionarios, reclutamiento de soldados y debido a su túnel, como medio rápido y seguro para conectarse con otras familias en un punto secreto (alguos creen que se trata de la parroquia de "San Jerónimo"). Durante el periodo de la Revolución mexicana, cuando Hidalgo pasó por Aculco y pernoctó aquí, esta casa fue empleada para dar posada a algunos revolucionarios y reclutar a los hombres y niños para ser soldados, dándole a ésta una mayor importancia". (Javier Lara Bayón, cronista municipal, 24 de octubre de 2017.)

Para el año de 1935, el señor Teófilo Tovar Sánchez, charro y arrendador de caballos, llega al municipio. En el año de 1938 adquiere esta propiedad, convirtiéndolo en el segundo dueño, quien la convertiría en una casa importante para personajes de la farándula.

"Durante el periodo de mi abuelo como propietario de esta casa, asistían personas de la farándula; como Pedro Infante y José Cipriano Ortega quienes llegaban para que mi abuelo arrendara y cuidara a sus caballos; siempre iban acompañados por más personas de la farándula." (Fermín Terreros, 62 años, jubilado. Miércoles 25 de octubre de 2017.)

Durante su estadía en la casa, el señor Teófilo no remodeló nada, pues las tres caballerizas con las que contaba, la pájara, los graneros, los corrales y las tres habitaciones le eran de gran utilidad; pues tenía animales y vivía él solo. Además contaba con la sala, cocina/comedor, dos escaleras a los costados y una escalera que daba a la sala, un baño, un pozo y cuernos empotrados que le servían para amarrar a los caballos.

La fachada de la casa presentaba una gran entrada de cantera con las bases labradas, protegida por un tejadillo; característico de las viviendas tradicionales de Aculco. El acceso principal no daba a la entrada principal, ni a la sala, sino al patio (el cual contaba con un árbol protegido por un rodete de cemento) a un nivel más bajo que el piso del corredor. A mano izquierda de la entrada principal, se encontraban las caballerizas; después derecho se encontraban las escaleras (debajo de éstas se encopntraba el pozo que posteriormente fue cerrado) que daban al pasillo de las habitaciones; por el lado contrario, a la derecha de la entrada principal, se encontraban unos pequeños escalones que daban a las puertas de la sala, y posteriormente a la cocina/comedor; a mano izquierda (de ambas escaleras) se situaban unas escaleras más, las cuales daba a una azotea desde donde se puede apreciar una hermosa vista de la cabecera municipal, además de la cruz con la que éste cuenta; la cual está sobre una linda fachada de tabique hecha a base de "pecho de paloma" (llamada así porque simula el vuelo de una paloma).

"A pesar de que nunca decidió remodelar -debido a su aspecto típico- durante el periodo del presidente J. Jesús Andrade Gómez (1967-1969) se la vende a éste, haciendo el contrato a nombre de Rodolfo Tovar Orozco" (Fermín Terreros, 62 años, jubilado. MIércoles 25 de octubre de 2017.)

El señor Jesús Andrade se convertirá en el tercer y último dueño de la propiedad, quien decide hacer als primeras remodelaciones dentro de la casa, tratando de conservar el aspecto típico de las antiguas construcciones.

"En esos tiempos no se requería un permiso para las remodelaciones; ya que Aculco de Espinoza aún no era considerado Pueblo Mágico, ni Patrimonio Cultural de la Humanidad; así que mi papá decide hacer la primera remodelación; la cual consistió en abrir ventanas, cambiar el piso de la sala -el cual era de ladrillo-, hizo baños, cambió la cocina original, cambió el corral de los caballos y cun cuarto utilizado para el almacenamiento de comida de éstos, además quitó la letrina que había en las caballerizas." (Rebeca Andrade Lugo, hija del señor Jesús Andrade. 40 años, maestra. Viernes 20 de octubre de 2017.)

La remodelación de 1974 abarcó parte de la fachada y el tejado que la cubría, de tal modo que casi desaparece.

Dos años después de que el señor J. Jesús Andrade Gómez falleciera, debido al deterioro se hizo la tercera remodelación el 11 de junio de 1991; la cual consistió en derrumbar dos de las recámaras. Estas fueron reconstruidas en el mismo año, anexando tres habitaciones y una terraza en la parte superior. Además se tiraron las caballerizas, los corrales y la pájara; con la finalidadd e vender esa parte del terreno al señor Jesús Chávez.

En 2013, debido al deterioro de la madera del techo, se desea hacer una nueva remodelación, pero esta ocasión solicitando permiso con el INAH (Instituto Nacional de Antroplogía e Historia) con un expediente dentro de protección civil avalando el riesgo que corría la propiedad y las personas dentro de ésta; al obtenerlo, se derrumba por tercera vez, haciendo una remodelación inmediata cambiando así el techo de los pasillos y algunos pisos con material modernos y mucho más resistentes.

Actualmente la familia Andrade Lugo sigue conservando la estructura tradicional de la casa; además de los etchos originales de la sala y cocina, también está el pozo y una troje ubicada en la parte trasera de la casa, junto con los cuernos empotrados.

1) Puertas que muestran la entrada a la sala.

2) Pozo actualmente.

3) Vista desde la azotea

 

ENTREVISTAS

Javier Lara Bayón, cronista municipal, 24 de octubre de 2017.

Fermín Terreros, 62 años, jubilado. Miércoles 25 de octubre de 2017.

Rebeca Andrade Lugo, hija del señor Jesús Andrade. 40 años, maestra. Viernes 20 de octubre de 2017.

Arnulfo del Río. Miércoles 25 de octubre de 2017.

Margarita Andrade Lugo, viuda del dueño, ama de casa, 74 años. Viernes 20 de octubre de 2017.

 

AQUÍ la liga a la revista, para quien guste leerla en el original.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Años para reparar los daños

En abril de 2014 denuncié en este blog los daños que la colocación de una carpa en el atrio de la parroquia de san Jerónimo para la conmemoración de la Semana Santa había provocado al edificio, el principal de ellos la caída de uno de los remates neoclásicos de la entrada sur al atrio. La denuncia llegó incluso a los periódicos y la propia secretaria de Turismo del Estado de México pidió en una visita al pueblo que se atendiera su pronta restauración. Pero nada se hizo.

Tres años y medio más tarde, también hablé aquí del daño que un vehículo causó en la misma entrada al atrio de la parroquia al entrar en él, produciendo esta vez una importante grieta en el paño del muro de mampostería. Nadie hizo nada entonces por repararlo.

Con todo, el pasado mes de diciembre observe que ambos daños habían sido ya arreglados. Y digo arreglados, no restaurados, porque a primera vista parece que sólo se hizo lo que se pudo por remediar los desperfectos y no para recuperar su aspecto original. En fin, que por lo menos ahora no seguiremos viendo esa entrada hecha una ruina y el remate de piedra -incompleto y todo- no continuará dañándos en el piso.

Vale la pena insisitir aquí, una vez más, que no deben entrar automóviles al atrio de la parroquia más que en casos excepcionales. No sólo por la conservación del patrimonio -ya que en cualquier momento pueden causar un accidente que destroce algo irreemplazable- sino también por la sacralidad del sitio: no hay que olvidar que fue un cementerio y que bajo ese piso reposan los restos de miles de aculquenses que nos precedieron en el tiempo.

martes, 10 de marzo de 2020

El gavillero de El Colorado

Hasta hace no demasiados años se podía ver a la distancia, desde la carretera que lleva de Aculco a la autopista México Querétaro a la altura de la comunidad de El Colorado, esta fachada como único vestigio de un gavillero que perteneció a la hacienda de Arroyozarco. La fachada sigue ahí, por fortuna, pero el crecimiento de dicha comunidad -sin plan alguno, como una tripa que se extiende lo largo de la carretera- ahora prácticamente la oculta y sólo si uno sabe dónde mirar puede atisbarla al transitar por ahí.

Desde que lo conocí, hace más de treinta años, el gavillero se había derrumbado y sólo quedaba la fachada. También desde entonces su portada, que debió ser de cantera labrada, había sido ya expoliada y quizá se halle en algún lugar cercano, adornando la entrada a un rancho. Lo que asombra es que en tantos años no se haya desmoronado del todo y que este muro aparezca tan sólido a la vista, cuando de los otros tres casi no hay restos.

Construido en mampostería de lo que en Aculco llamamos "piedra maciza", sus ángulos muestran sillares mejor labrados. Sobre el hueco de la desaparecida porrtada, las piedras forman un tosco arco de descarga algo rebajado, que en buena medida es lo que ha evitado su hundimiento. Dos óculos en forma de rombo, algo irregulares, se abren en lo alto. Es fácil advertir que su cubierta fue de dos aguas, seguramente de viguería y teja. El edificio nos dice que los alrededores debieron ser tierras de cultivo de la hacienda y que en él se almacenaron quizá granos, tal vez sólo pastura.

Por lo poco que sobrevive es difícil calcular su edad. ¿100, 200, 300 años? Su hermana lejana, la troje o "galera" de Las Ánimas data de la década de 1850, pero en realidad son muy distintas. Quizá nunca lo sepamos.

miércoles, 22 de enero de 2020

La curiosa reparación de la reja de un balcón

Hace precisamente un año, lamentaba en este blog la desaparición de la porción central de uno de los pocos balcones de fierro colado del siglo XIX que existen aún en Aculco. Con mi habitual pesimismo, imaginaba que la pérdida era definitiva y que así, mutilado, quedaría por un buen tiempo, o que terminaría por ser reemplazado en pocos meses por una reja nueva. Con gusto y alguna sorpresa, el pasado mes de diciembre vi que el balcón había sido reparado y, para bien de la imagen tradicional del pueblo, volvía a verse en su sitio como en otros tiempos.

Días después, al revisar las fotografías que había tomado y comparándolas con otras de mi archivo, advertí que en su estado original la reja constaba de seis barrotes verticales, mientras que ahora sólo pueden observarse cinco, habiéndose ampliado la separación entre ellos para mantener el balance. Aún más: al revisar con atención el barrote central, resultaba evidente que no era antiguo, sino una réplica de los otros que difería ligeramente en ciertos detalles, como el tamaño del cículo central y en los follajes de los extremos.

¿Podía considerarse esto una restauración conceptualmente correcta?

En mi opinión, sí lo es. De las viejas fotografías se deduce que algunos de los barrotes tenían pérdidas y rupturas que probablemente hicieron que dos de ellos fueran irrecuperables. Con sólo cuatro barrotes útiles, habría sido imposible rescatar la apariencia y funcionalidad de la reja, mientras que el añadido de un barrote nuevo solucionaría ambas de manera suficiente, alterando mínimamente la proporción. Ahora bien, al fabricar el barrote nuevo semejante a los antiguos, pero algo distinto como para diferenciarlo, se siguó (quizá inconscientemente) un criterio de restauración generalmente aceptado. Así, el balcón conservó la originalidad de sus piezas con añadidos mínimos, mimetizados pero identificables.

Creo que debemos alegrarnos de que el viejo balcón luzca de nuevo en donde ha permanecido quizá por unos 150 años. Por supuesto muestra ahora más huellas (o casi podríamos decir "heridas") del tiempo, pero también están en él las señales de que es apreciado y que alguien que lo estima procuró su recuperación.

lunes, 16 de diciembre de 2019

De las columnas de madera

Hace unos días les hablaba de las columnas de madera que se colocaron en el portalillo superior de la casa Arciniega Basurto y en una entrada anterior del blog también me referí a los soportes del mismo material del Portal de los Terreros. Decía entonces que las columnas de madera fueron abundantes antiguamente en Aculco, pero que han sobrevivido muy pocos ejemplos de ese uso. Hoy quiero mostrarles algunas fotografías de columnas de este tipo en nuestro municipio, tanto de las que existen todavía como de las que han desaparecido, así como algunos ejemplos nuevos, que también los hay.

Las columnas de madera se usaron mucho en las regiones del país en que la presencia de árboles permitía que fuera un material abundante, barato y fácilmente reemplazable. Cuando, además de todo, escaseaba la piedra de construcción, se volvían casi indispensables, pues mientras que los muros de las casas podían edificarse fácilmente con adobe, las columnas de los corredores de las casas o de los portales resultaban mucho más sólidas y resistentes -pero sobre todo más económicas- si se fabricaban con postes. Además, como en muchos otros usos arquitectónicos de México, no se puede soslayar tanto la influencia prehispánica como la española, especialmente del centro y sur de la Península Ibérica. Así, podemos encontrar que las columnas de madera fueron características en la arquitectura vernácula del Valle de Toluca, la Meseta Tarasca y los Altos de Chiapas, entre otros sitios.

En Aculco, la madera abundó hasta el primer cuarto del siglo XX, cuando concluyó la explotación intensiva del Cerro de Ñadó para producir durmientes de ferrocarril y carbón. En tiempos del Virreinato, incluso el templo de san Jerónimo estuvo techado con grandes vigas de madera que sobrevivieron hasta 1843. Por otra parte, la piedra también era abundante, de manera que ambos materiales debieron ser usados para construir columnas sin que predominara marcadamente alguno de ellos.

Los dos mejores ejemplos de columnatas de madera antiguas que sobreviven en Aculco son la de la loggia superior de la portería (o portal de peregrinos) del antiguo convento franciscano y el Portal de los Terreros. Ambos pertenecen muy probablemente al siglo XVIII, aunque naturalmente han sufrido a lo largo del tiempo reconstrucciones, restauraciones y modificaciones. Pese a ello se mantienen en muy buen estado, como obras notables de la arquitectura virreinal de nuestro pueblo.

En Arroyozarco existe otra valiosa columnata de madera, mucho menos conocida pues además no fue concebida como ornamental ni para ser contemplada desde el exterior: Se trata de los soportes cuadrangulares que dividen una troje en la planta alta del edificio conocido como El Despacho. Arrinconadas en el patio del mismo edificio, se encuentran los grandes pilares octogonales de madera que alguna vez engalanaron su patio, y que se apoyaban en grandes pedestales de tezontle rojo. El plano de 1768 del mismo edificio nos muestra la existencia aledaña de un gavillero con soportes de madera, ya desaparecido.

De los ejemplos perdidos, quedan en muchos casos apenas algunas malas fotografías. Por ejemplo, la de la balconada de la Casa del Puente que tenía soportes cuadrangulares muy esbeltos. O el que se ve al fondo del retrato de don Lucino Mondragón Buenavista, en una casa no identificada. O los del corredor interior de la Casa de los Terreros, tan parecidos a los del portal y con pedestales de cantera más interesantes todavía, destruidos en la década de 1990.

Un uso al parecer común fue el de soportes alternados de madera y piedra. Así los tenía, por ejemplo, el corredor de la Casa de la Cruz del Ojo de Agua, pero fueron poco a poco reemplazados y hoy solo queda ya uno solo de madera. Viejas fotografías permiten ver que era también el caso del portal interior de la alberca e incluso del portal de la Casa del Quisquémel, antes de que en la década de 1940 su portal fuera reemplazado por los arcos que tuvo hasta su demolición en 1974.

Quedan también, ya sin uso, algunos pedestales sueltos en varias casas de Aculco que casi con toda certeza sirvieron para sostener columnas de madera. De la antigua Casa de los Alcántara Terreros desconozco si sus altas columnas de madera seguirán existiendo, pero la remodelación que sufrió esa casa para agregarle una planta alta hace suponer que se perdieron.

¿Y los ejemplos modernos? Son pocos, pero interesantes. Está el portalillo del acceso al casino de la Plaza de Toros Garrido-Varela, del que se me ha dicho que son las columnas originales del Portal de los Terreros, opinión que no comparto. También la Quinta los Ciruelos, en Santa María Nativitas, tiene un corredor con pilarcillos de ese material. En la casa Arciniega-Basurto se colocó un par de columnas nuevas en la reciente rehabilitación, como ya reseñamos, pero en su patio interior tiene también otro par de columnas de madera modernas apoyadas en basas de cantera antiguas que provienen de otro sitio.

Como puede verse, las columnas de madera fueron un elemento presente en la arquitectura tradicional de Aculco que poco a poco se ha perdido, en parte por voluntad y en parte por la propia fragilidad del material ante la lluvia, la polilla y el abandono. Ojalá los ejemplos que subsisten sean conservados con mayor cuidado, antes de que desaparezcan por completo.