lunes, 7 de noviembre de 2011

El kiosco

El kiosco, visto de su lado norte.

Durante el Porfiriato, una de las principales preocupaciones cotidianas de las autoridades de distintos niveles de nuestro país fue el hermoseamiento y dotación de servicios a los poblados de su jurisdicción, desde las grandes ciudades hasta las cabeceras municipales. Fue en aquellos tiempos que cientos de plazas en los centros de los pueblos fueron transformadas en jardines y, casi invariablemente, se colocaron al centro de ellos kioscos o pabellones de música: un tipo de construcción adoptado primero en Francia pero con raíces en el cercano oriente (su nombre mismo proviene del persa), que al pasar a México se popularizó quizá como en ningún otro país. De hecho, mientras que fuera de nuestra nación los kioscos suelen ocupar un lugar lateral en las plazas, aquí normalmente ocupan su centro mismo.

Vista del kiosco en su estado original, en la década de 1950.

Un ángulo parecido, en la actualidad. Nótese que el antiguo jardín ocupaba apenas una fracción del actual.

El ornato de las tres principales plazas de Aculco se llevó a cabo en diversas etapas a partir de 1889, siendo presidente municipal Amado Basurto. En la Plaza de la Constitución se edificó un terraplén limitado por muros de piedra para nivelar un espacio relativamente pequeño en el que se plantó un jardín que lucía entre otras especies arbóreas truenos y cipreses. Las calzadas al interior del jardín fueron pavimentadas con lajas. Una citarilla limitada a trechos por pilares cortos de estilo toscano formaba el pretil sobre los muros. Consta en las Memorias del Gobierno del Estado que se hizo "un plantío de árboles" en ella en 1901.

Familia en la Plaza de la Constitución de Aculco en la década de 1930. Al fondo asoma una parte del kiosco.

Al centro se levantó, por supuesto, un kiosco octogonal con base de cantera rosa con pilastras acanaladas en los ángulos y molduración corrida en la base y en la parte superior, resaltada en las esquinas. Cada cara de esta base mostraba un enmarcamiento remetido y al centro un óvalo inciso con un sencillo adorno vegetal en su interior (excepto la que mira al norte, donde se abre una puerta por la que se accede al pozo que existe bajo el kiosco, y la del poniente, donde se alza la escalinata). Dos de estos óvalos tienen sendas inscripciones: "[AY]UNTAMIENTO DE 1889" y "[RECON]STRUIDO POR AYUNTAMIENTO [????]" Por encima de esta base se desplantaba la antigua cubierta, metálica y acanalada, apoyada en delgadas columnas de cantera.

El kiosco ya transformado con una cubierta de concreto en la década de 1960.

En algún momento de la década de 1960 la cubierta metálica del kiosco fue reemplazada por otra de concreto apoyada en columnas del mismo material. En los intercolumnios se colocó una celosía que pretendía, sin conseguirlo, imitar la citarilla antigua del jardín. Luego, en 1974, con el Programa Echeverría de Remodelación de Pueblos, el arquitecto Francisco Artigas intentó mejorar la apariencia estética del kiosco sobre la misma estructura de concreto: las columnas cilíndricas fueron forradas de madera pintada en negro para semejar pilares de sección cuadrangular rebajados en los ángulos; al interior se colocaron unas zapatas de madera sin ninguna razón de soporte real o figurada; en vez de la celosía, se colocaron gruesos maderos entre las columnas. Sobre el techo se le colocó ladrillo delgado y en el remate una especie de punta de lanza sustituyó a la esfera colocada anteriormente. De tal manera luce ahora como un edificio híbrido, la mitad -en su base- porfiriano y la otra mitad pseudocolonial o mejor sería decir rústico. Las citarillas y pilastras de 1889 que lo rodeaban desaparecieron también entonces, se amplió el espacio ajardinado, se plantaron casuarinas, juníperos y magnolias, y el nuevo jardín quedó, salvo algunas modificaciones menores (como las rejas que delimitan los prados, agregadas en la década de 1990), prácticamente en el mismo estado en el que se puede ver hoy en día.


Inscripciones en la base del kiosco. Nótese el deterioro de la piedra a causa de la humedad.

Que el aspecto actual del kiosco no sea el más adecuado de acuerdo con la parte original que se conserva es, en realidad, cosa de poca importancia. Tampoco lo es quizá que se haya intentado remarcar sus relieves con pintura negra y que esa acción, además de pésimamente realizada e inconclusa, le haga lucir desaliñado. Lo verdaderamente lamentable es el acelerado proceso de destrucción de los sillares de la base de cantera rosa por efecto de la humedad. Como se puede observar en las viejas fotografías, no existía anteriormente un ajardinamiento inmediato al kiosco, lo que permitió que las piedras se conservaran en buen estado durante casi cien años. A partir de 1974 esa situación se alteró, y aunque en el sentido ornamental luce ahora mejor con las plantas inmediatas, lo cierto es que están provocando la destrucción de esta construcción tan representativa de Aculco.

El kiosco visto desde el oriente.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La "casa vieja" de la hacienda de Arroyozarco

Entrada principal a la "casa vieja" de Arroyozarco.

Una de las construcciones cuya pérdida más lamentarán los aculquenses del futuro -suponiendo que ellos tengan un poco más de sentido común que los de nuestros días- es la "casa vieja" de la hacienda de Arroyozarco. Actualmente se le puede ver todavía, destechada y en parte ya arruinada, justo al lado sur de la capilla de la hacienda (ahora parroquia). A pesar de su estado de conservación, la solidez de sus muros, la integridad de la distribución de los espacios (sin construcciones parásitas ni posteriores en su mayoría al siglo XVIII) y la existencia de los planos de la casa en 1768 permitirían con relativa facilidad su recuperación, siempre y cuando hubiera interés y dinero (lo que no creo llegue asuceder). Pero antes de que desaparezca dejemos por lo menos constancia de lo que habrá de perderse.

Vista general de la "casa vieja" como se encontraba en 1985.
Vista general de la "casa vieja" de la hacienda de Arroyozarco, en su estado actual.

Como ya lo he comentado en ocasiones anteriores, el casco de la hacienda de Arroyozarco no constituía un conjunto integrado, sino que estaba formado por una serie de edificios independientes y dispersos: el edificio de "El Despacho", el Molino, el Hotel de Diligencias, el corral de las mulas y la "casa vieja" o hacienda jesuita, de la que formaba parte la capilla de la finca. En esta ocasión omitiré hablar de la capilla pues ya me he referido a ella ampliamente en otro post.

Esta casa formaba un gran bloque rectangular de aproximadamente 50 por 120 metros, orientado de norte a sur y ubicado en las faldas de una loma que se eleva al norte del edificio. Solamente la fachada de la capilla, su atrio o cementerio y los escalones para acceder a él se prolongaban más allá del plano que forma la fachada principal, hacia el oriente.

La disposición interior era en cambio mucho más compleja: se articulaba alrededor de tres grandes espacios abiertos que correspondían, de norte a sur, al patio principal, el patio de la matanza y los corrales, según nos lo muestran los planos levantados en 1768.

Plano de 1768 de la escuadra que formaba la planta alta de la "casa vieja". El norte está a la derecha.

Plano de 1768 de la planta baja de la casa. El norte está abajo donde se levanta, según indica el plano, la capilla.

Levantamiento general de la casa, de acuerdo con los planos y los vestigios existentes.

El patio principal se adornaba en su planta baja con escasos vanos correspondientes a puertas y ventanas y un corredor de cuatro arcos sobre pilastras sin capitel al lado poniente. Alrededor de él se ubicaban el cubo del zaguán, el escritorio y varios cuartos con diverso uso. Al poniente existían los cuartos de aparejo y el sillero y detrás de ellos, alrededor de un pequeño patio, sitios tan disímiles como el gallinero, el almacén de tequesquite y dos calabozos (de hecho en los inventarios aparecen dos pares de grilletes que suponemos se usarían en este lugar). El extremo norte de esta ala estaba ocupado por la nave de la capilla, su atrio y una troje de dos naves sobre columnas cilíndricas.

El patio principal. En la troje que lo separaba del patio de la matanza, destaca el escudo jesuita.

Dos salas y una recámara en la planta alta del patio principal.

Vista del patio del gallinero. El torreón del fondo era un palomar.

Vista del patio del gallinero. La construcción de la izquierda eran las letrinas.

Esta área era la única que contaba con una planta alta, que rodeaba al patio sólo por los lados norte y poniente, y al que se accedía por una escalera de piedra en el lado norte del patio. Ese piso contaba con dos soleados corredores, que miraban hacia el sur y oriente, soportados por pilastras de cantería. Debe haber sido el lugar habitado por los jesuitas administradores y residentes en la hacienda. Contaba con tres salas, dos recámaras, una sala de huéspedes (adornada con una bella portada de tezontle con la característica forma de H y con su clave en forma de róleo, ricamente esculpida), despensa, palomar, cocina, letrinas y almacén además de varios cuartos.

Al fondo, los corredores altos y bajos del patio principal. Sólo el último de los pilares de la planta alta permanece en pie. En primer plano, el corredor que fue anexado a la casa cural.

El pilar que permanece en pie en el corredor alto.

Un inventario levantado en 1776 describe ampliamente el contenido de la “Sala del Administrador”, que seguramente es una de las que los planos detallan en esta área, la cual estaba adornada con varias imágenes de bulto, como un San José con el niño, con potencias, diadema y vara de plata, una Virgen de Loreto con corona de plata y un Santo Cristo pequeño de madera con su baldaquino. Los muros estaban cubiertos por grandes pinturas, como las de Santa María Magdalena y Santa Bárbara, de dos varas de alto, y una de los Cinco Señores, de dos varas y media. Los muebles eran de lo más variado: un reloj despertador con su caja dorada y encarnada, una mesa de dos y media varas de largo con cajón, dos bancas con respaldo, una de ellas servía además de cajón, un par de escritorios, un de ellos de madera de sabino con dos cajoncitos y seis huecos para libros, un baulito viejo, una caja de madera de sabino con chapa, un armero, cuatro pequeñas pilas de agua bendita de estaño, dos escopetas viejas cortas “para caminar” y dos bacinicas de cobre. Cubría el suelo una alfombra grande de colores blanco, encarnado y verde, y los vanos un par de cortinas azules de bayeta.

Tiro de una chimenea en una habitación anexada a la casa cural.

Portada de tezontle de la "sala del administrador" con el característico alargamiento de las jambas, típico de la arquitectura de la capital novohispana en els siglo XVIII.

Detalle del escudo jesuita sobre la clave adornada de la "sala del administrador", actualmente anexa a la casa cural.

El patio principal y el patio de la matanza quedaban separados por una troje de dos naves sobre pilares cuadrados, que ostenta todavía sobre su acceso un róleo en la clave y sobre él un hermoso escudo jesuita de rojo tezontle que lleva la cifra del año 1723. Junto a la troje se hallaba un pasadizo que comunicaba los dos espacios abiertos.

Escudo jesuita en tezontle, en el patio principal. Lleva la fecha de 1723.

El "patio de la matanza", donde debe haberse efectuado la trasquila y sacrificio de borregos, se hallaba rodeado por corredores arcados en tres de sus lados y servía de centro a las áreas propias del trabajo de la lana, que se abrían a un pequeño patio ubicado hacia el poniente. Ahí estaban el cuarto de telares, la bodega de cardadores, la bodega de lana, el cuarto de tinte, el cuarto de tornos y el cuarto del “maestro”. El área de caballerizas separaba este patio de los corrales. En el obraje de Arroyozarco se tejía no solamente la lana producida en la misma hacienda, sino la de las fincas que el Fondo Piadoso tenía en el norte del país, pues consta que el ganado y la lana de las trasquilas de aquellas haciendas era concentrada en este lugar a fin de tener estas mercancías más cerca de la ciudad de México. Sin embargo, en 1767 solamente uno de los seis telares existentes en Arroyozarco era propiedad de la hacienda y estaba desbaratado, el resto pertenecía a un maestro tejedor que los había traído de San Juan del Río y que se ocupaba de fabricar en ellos frazadas, mantas, sayal de mangas, terga y otros textiles. La hacienda le proporcionaba la lana y el algodón, a precio de 2 pesos y 20 reales por arroba respectivamente, y la propia finca compraba su producción (no sabemos si todo o parte), a precio de 6 reales por cada frazada de tres libras y a 8 reales por libra las mantas de dos tercias. Para 1790, el área del obraje en la casa principal de Arroyozarco estaba abandonada y maltratada.

Patio de la matanza. Al fondo existía una arquería parecida a la del lado derecho que ya desapareció. Fotografía cortesía de Benjamín Arredondo.

La existencia del obraje en una zona donde legalmente no se permitía que los indios trabajaran en estos establecimientos, aunada a los grilletes cuya presencia declaran los inventarios, nos hace pensar que bien pudieron ser esclavos de raza negra quienes se empleaban en los telares. En contra de esta posibilidad debe tenerse en cuenta la muy corta cantidad de grillos, apenas dos pares, y el que en los inventarios de 1767 no se mencione ninguna cantidad de esclavos, que generalmente eran numerados en estas listas como si se tratara de cualquier otro objeto o animal perteneciente a las haciendas. Más bien pudiera pensarse que se empleaba ocasionalmente en esta labor a delincuentes que cumplían así sus trabajos forzados, tal como sucedía en muchos obrajes contemporáneos. Lo cierto es que en el año de 1767 todos los operarios eran ya voluntarios, según aseguró el administrador Ecala.

Troje del extremo sur del edificio, modificada en la década de 1920 para servir de casa de máquinas del ferrocarril de la empresa Bucio Timber & Railway Co. De esa época datan sus enormes accesos.

La tercer ala de la casa principal estaba formada por los corrales o macheros, construcción mucho más endeble que las anteriormente descritas, pues aquellas se hallaban construidas de piedra de tezontle y cubiertas con techos planos de viguería y terrado, y estos últimos eran de adobe cubierto por madera y teja (lo cual causó probablemente que no hayan llegado a nuestros días). El amplio espacio de los corrales estaba rodeado por soportales y al centro se encontraban las pilas para que bebiera el ganado. Lo dividía en dos un muro levantado de oriente a poniente.
El exterior de todo el edificio era en extremo sobrio. La fachada principal mira hacia el oriente y por lo que se observa en el plano contaba solamente con cuatro vanos, que correspondían a las entrada al patio de la matanza, al patio principal, a los corrales y la portada de la capilla.

Otra vista de la entrada principal a la "casa vieja" de Arroyozarco.

Adorno de la clave de la entrada principal a la "casa vieja". Muchos de los accesos, arcos y ventanas de la "casa vieja" tenían adornos de tezontle parecidos a éste.

Escudo jesuita en el friso de la entrada principal.

La portada de la entrada principal, tallada en piedra negra de recinto y tezontle, en parte cubierta con aplanado, posee dos gruesas jambas que se prolongan hasta la cornisa, al estilo del siglo XVIII. El espacio sobre el dintel se adorna con un escudo casi ilegible de la Compañía de Jesús en tezontle y dos adornos barrocos del mismo material a los lados. La clave la forma un róleo de rojo tezontle. Por remate contaba con un par de almenas de mampostería, de las que sólo se mantiene la del lado izquierdo en su lugar.

Las demás fachadas carecían casi totalmente de adornos, a no ser los que pudieron ostentar las portadas de algunos vanos y las típicas canales de piedra para desaguar las azoteas.

Patio principal desde el cubo del zaguán.

Este edificio contenía una gran diversidad de objetos según los detalla el inventario de 1767. Para empezar, la biblioteca que hemos descrito en un post previo. Los muebles eran pocos, una caja larga con respaldo, siete mesas, tres papeleras, dos camas de madera, siete sillas de madera y un reloj de sala en los aposentos principales (como la Sala del Administrador, ya descrita). En el almacén había dos mesas y dos sillas. La despensa guardaba un armario, trece bancas, trece sillas, dos equipales y nueve camas. Los inventarios de 1776 añaden algunos objetos ciertamente interesantes: "siete mapas de distintos tamaños en la sala que entra a la sacristía", un mapa más, grande y enmarcado, en el corredor de la casa, un retrato del Marqués de Villapuente, en lienzo de dos varas de altura y sin marco y una imagen de la Virgen de Guadalupe. El inventario de 1790 habla, además, de “dos lienzos historiados” con sus marcos encarnados y dorados de más de dos varas. Para entonces, y seguramente desde tiempo atrás, esta casa contaba también con una huerta en la parte posterior.

Portada con fecha de 1858 que se encuentra en la parte posterior de la "casa vieja". Posiblemente era un acceso a la huerta.

Entrada principal a la casa y un par de ventanas, desde el atrio de la capilla.

Tierras no urbanizadas al sur de la "casa vieja", junto al río.

martes, 1 de noviembre de 2011

2 de noviembre

El pequeño José María García, muerto hace cien años.

Los lectores habituales de este blog saben bien que personalmente me siento tan ajeno al Halloween como a esa construcción cultural artificial, cardenista y pseudoindigenista -obra en buena medida de fridas y diegos- con que se celebra actualmente en México el "Día de Muertos". Este "invento de antropólogos", como lo llamó la ya fallecida especialista Elsa Malvido, tiene por supuesto una base real que es la conmemoración, común al orbe cristiano y no particular de México, de los "Fieles Difuntos", para utilizar los términos de la ortodoxia católica.

Sin embargo, al sentido original de la fecha -el recuerdo de quienes han muerto, la oración por las almas del Purgatorio, la reflexión porque todos hemos de morir y la aceptación y preparación para la muerte- fue trastocado a partir de la década de 1930 hasta asegurar que se creía que los muertos regresaban en estos días a convivir con los vivos (y más aún, primero los "muertos chiquitos" y despúes los adultos), que los difuntos consumen los alimentos que se colocan como ofrenda, e incluso, ya sin fundamento documental o tradicional alguno, que se pensaba que las mariposas monarca que llegan por estas fechas a los bosques de los estados de México y Michoacán eran las almas que volvían (de ahí el famoso Festival de las Almas). De igual manera, se resucitaron a partir de entonces prácticas prehispánicas (algunas medio inventadas) que ya no tenían ninguna clase de arraigo entre la gente y que por lo tanto no constituían una verdadera tradición.

No, la muerte no es la "catrina" de José Guadalupe Posada, ni la que da la mano a Diego Rivera en su conocido mural, sino algo muy serio que nos mira desde las órbitas vacías de la calavera desnuda que sostienen las imágenes de San Francisco. Es la muerte de los óleos de Juan de Valdés Leal que nos dice "en un abrir y cerrar de ojos se va la vida" y nos reta a vivir cada día aceptando que la podemos encontrar en cualquier momento, sin temerle a pesar de todo, ni siquiera al aceptar que al cabo se alzará triunfante sobre nosotros.

La dedicatoria de la foto.

En estos días en que las calles se inundan con visiones dulzonas de la muerte, ya sean las anglosajonas o las supuestamente mexicanas, que más bien parecen sugerir que la muerte es algo en lo que nadie cree, les comparto la foto más dolorosa entre las que forman mi colección de imágenes aculquenses.

Es un pequeño bebé de dos meses, muerto hace exactamente 100 años, a mediados de 1911. El niño, de nombre José María García, era ahijado de mi bisabuelo y la foto le fue obsequiada y dedicada por sus padres. El cadáver está amortajado con ropas sacerdotales, incluido un enorme bonete en su cabecita, y su cuerpo yerto se halla cubierto de flores. En su rostro, bajo su nariz, se ve un ligero rastro de sangre.

Así es la muerte de verdad. No me pidan que, después de ver a este pequeño, de imaginar el dolor de sus padres, y por más que le cubra ya un siglo, me crea eso de que los mexicanos nos reímos de la muerte.

Descansa en paz, José María.

martes, 25 de octubre de 2011

La Huerta y su troje

A la derecha, el muro de La Huerta. En alto, la parroquia de Aculco.

Hasta la década de 1930, el principal acceso al pueblo de Aculco era a través de lo que se conocía como "Calle de la Arena", actualmente calle de Matamoros en el tramo que corre al norte de la avenida Morelos. El viajero procedente del Camino Real de Tierra Adentro, tras desviarse en Arroyozarco y atravesar las tierras de la hacienda hasta la puerta de Las Ánimas, transitaba por el Camino de los Alcanfores y descendía más adelante por las lomas de Gunyó, pasaba entonces por el Puente Blanco y sólo después de trasponer el Puente Colorado podía considerarse que estaba ya en Aculco.

El muro de la Huerta, con la inconfundible pátina de los siglos sobre sus muros de piedra blanca.

A mano derecha del viajero, la primera construcción que lo recibía era una antigua barda de piedra blanca de Aculco con un zócalo de "piedra maciza" (esto debido a la humedad de los terrenos, antaño pantanosos) que se prolongaba por unos 150 metros. Justo donde terminaba se levantaba una sólida troje de dos plantas que revelaba en los detalles de cantería de sus balcones y en sus adornados canales de piedra cómo en tiempos antiguos lo utilitario no estaba reñido con lo bello.

Vista general de La Huerta y su troje tomada de Google Street view. A la izquierda asoma la troje; al centro, las bardas más recientes y la gran entrada construidas hacia 1950. A la derecha, al fondo, la barda antigua. Nótese cómo los muros nuevos utilizan los mismos materiales que los antiguos.

Ubicación de La Huerta y su troje.

Tanto el terreno bardado como la troje habían formado parte de las tierras que pertenecieron al cacique otomí Gerónimo López de los Ángeles, descendiente de los reyes otomíes de Jilotepec, quien a fines del sglo XVI las donó a la comunidad para que sirvieran de sustento a los frailes franciscanos del convento de Aculco. Su antigua relación con la Iglesia es patente todavía hoy en día, pues se encuentra ahí el único olivo de este pueblo y los olivos, recordemos, sólo podían ser plantados en tiempos virreinales por los frailes y sacerdotes para asegurar el suministro de óleo sacramental, mientras que el resto de los novohispanos lo adquiría importado de España.

El viejo olivo, único en Aculco, asoma tras la barda.

Sin embargo, a fines del siglo XVIII, debido a los gastos que implicaban las obras que realizaba en el templo ese gran sacerdote que fue don Luis José Carrillo, fue preciso vender una fracción de esas tierras, precisamente la que se conocía como La Huerta (nombre que se conservó hasta tiempos recientes). No fue mucho el terreno vendido, apenas una cuartilla de sembradura -unos 1650 metros cuadrados, aparentemente- que quizá pueden identificarse con el terreno en el que se desplanta la troje. Este terreno colindaba, según el documento de compraventa "...por el oriente con el Camino Real y casas de don Luis Basurto y de don Rafael Magos, por el sur con casas de los señores Garfias y don Luis Garcia, por el poniente con la zanja chica y milpa de José González el fiscal, por el norte con tierras de Antonio Nicolás capitán mayor y de los mismos José de la Cruz y Joaquín Magos..." Esta ubicación no nos dice mucho actualmente puesto que desconocemos casi por completo la distribución de las propiedades en las orillas de Aculco en el siglo XVIII. Además, era frecuente en documentos de este tipo omitir la existencia de calles entre el solar y los colindantes.

Ventanas altas de la fachada de la troje, tras el muro que delimita el terreno hacia la Calle Corregidora.

La troje vista desde el norponiente. Nótese el crecimiento de flora parásita en sus azoteas.

Detalle de la entrada a la segunda planta, a la que se subía por medio de una escalinata en escuadra.

Fachada de la troje, vista desde la casa de don Daniel Bello, hace unos años. Nótese el balcón de cantería de la planta baja y el estado de conservación de las azoteas, mucho mejor que el actual.

En la actualidad, el solar de La Huerta y su troje, aunque se mantienen, sufren más que de cualquier otra cosa del abandono y del desinterés. La viejísima barda, si bien se sostiene casi milagrosamente en pie, muestra en varios puntos el derrumbe de piedras y, sobre todo, el crecimiento de flora parásita que le da un agradable aire añorante y melancólico, pero que poco a poco la va debilitando. Del entorno, aún cuando en general se conserva, muestra ya indicios de degradación, sobre todo en las casas que se han construido frente a la troje sobre la Calle Corregidora. La troje misma, bien cuidada por muchos años, ha padecido en la última década un inexplicable abandono que está acabando con su cubierta de terrado y, cuando caiga éste, lo más probable es que sus muros se desmoronen y corra con la misma suerte del ruinoso Jacal de Cofradía.

El enorme ahuehuete, otro de los atractivos de este terreno. Obsérvese a la izquierda el deterioro del antiguo muro.

Interior del terreno delimitado por la barda antigua.

Casas sobre la Calle Corregidora, fronteras a la troje. Todo un muestrario de mal gusto, mala arquitectura, malas prácticas constructivas e indolencia de las autoridades para hacer valer las normas de imagen urbana que existen, pero no se cumplen.

Yo, pesimista como siempre (no gratuitamente, sino a golpes de realidad), creo que el futuro inevitable de la troje es su desaparición. Pese a declaratorias, discursos y "patrimonios de la humanidad" que llenan la boca a sus habitantes y gobernantes, en realidad no hay en Aculco ni conciencia ni actitud dirigida a la conservación de su ya bastante mermado patrimonio histórico. Ante este desinterés, no me queda más que colgar en este blog, una vez más, algunas fotos de ese Aculco que todavía es, pero que seguramente pronto ya no será. Copio también mi transcripción del documento de compraventa del solar de La Huerta en 1789, que a los más interesados en la historia de nuestro pueblo les parecerá sumamente interesante.

Entrada del canal de riego al solar de La Huerta.

TRANSCRIPCIÓN

En el Pueblo de Sn. Geronimo Aculco de la Provincia de Xilotepec en Veinte y tres de octubre de mil setecientos ochenta y nueve ante mí Don Fernando Bueno Theniente General de esta dha. Provincia y la Jurisdiccion de Huichapam y los testigos que se expresarn a mas de los de mi assista. con quienes autuo como Juez receptor a falta de escribano que no le hay real ni publico en el termino del Drô. Parecio presente el señor Licdo. Dn. Luis Carrillo Cura y Juez Eclesiástico de este Partido que doi fee de su conocimiento y Dixo que por quanto los Naturales de este Vecindario donaron en la antigüedad a la Yglecia un pedazo de tierra de riego nombrada la huerta para que los mintros. que ministravan esta dha. Yga. gosasen de su usufruto y cultivo, y en atención a que este solar no le es al otorgante ni sus Vicarios de ningun util y probecho por haverse estado erasso y abandonado y que en la actualidad se esta acavando de Reedificar la Yglecia sus terrados, coraterales retablos y demas, y que para esta tan util y provechosa fabrica faltan rreales para algunos materiales o pagamentos de operarios, ha consertado este Sor. Parroco deliberado y determinado con anuencia de los Repunos. de este Partido poner en venta el referido pedaso de tierra de la Huerta en don Salvador García que es el mejor y maior Postor que ha aparecido a que tambien atendiendo no tener este dho. Solarcillo entrada ni salida alguna y que por esto se dificulta u ha dificultado la venta. Jose de la Cruz Alcalde pasado viendo la utilidad y bien comun que resulta de ella, cedió a favor de la Yglecia y en pro del comprador un pedaso de tierra para el Gobierno entradas y salidas del de la Huerta, por lo que en esta conformidad han procurado reducirlo a Ynstrumento publico, y estando presentes Mariano Mendosa Alcalde segundo por inopia del Primero, Juan Nicolas Regidor maior Diego Alcalde Tercero y Ygnacio Sipriano Essno. de Republica y otros muchos Naturales, con el secionista Jose de la Cruz con cuia anuencia y consentimiento: Dixo el referido Señor Licenciado Dn. Luis Carrillo Parroco de este Partido que en aquella via y forma que mas haia lugar en Dro. firme y valedero sea otorga que da y vende en venta real y publica de oy para siempre a Dn. Salbador Garcia, sus hijos herederos y subsesores quien su causa hubiere a derecho representare es a saver el referido Pedaso de tierra de la Huerta en el que cabrá Justamte. con el que se hace cesion por Jose de la Cruz poco menos de una quartilla de maiz de sembradura, con el veneficio de riego, y sus linderos son por el oriente con el Camino Real y Casas de Dn. Luis Basurto y de Dn. Rafael Magos por el sur con casas de los señores Garfias y don Luis Garcia por el poniente con la sanja chica y milpa de Josse Gonzalez el fiscal, por el norte con tierras de Antonio Nicolas capitan maior y de los mismos Josse de la Cruz y Joaquin Magos; en el pressio y quantia de doscientos pesos los mismos que confiessa el señor cura otorgante tener recibidos en tabla y mano propia de moneda corriente del sello mejicano contados a su entera satisfacion, y de su Percepcion acusa recibo en forma con la renuncia de la nom numerata pecunia Leyes del no entrego su prueva y demas del casso; expresando no vaqler mas la finca sino ser este su lexitimo valor pressio y caso que mas valga de la demacia le hace gracia y donacion al comprador pura mera perfecta yrrebocable que el dro. llama intervivos con las Ynsinuaciones y renunsiaciones de las Leyes fechas en Cortes de Alcalá de Henares que tratan de las cosas que se compran venden o permutan por la mitad más o menos de su justo lexmo. valor y pressio, y los quatro años en ellas prevenidos para pedir recicción del contrato por lección enorme o normissima, y desde oy en adelante se desapodera aparta y desiste del drô., accion, Dominio propriedad y posesion que a nombre y en representacion de la parroquia le assita y lo cede renuncia traspasa y trasfiere en Dn. Salbador Garcia para que haga y deshaga, y de la finca como cosa suia propria havida y adquirida con justo y lexitimo titulo dandole como le da el dominio y facultad que de derecho se requiere y es necesario para que de su autoridad o Judicialmente como mejor le paresca tome y aprehenda posesion, y en el Ynterin que lo hace se constituien el señor Parroco y naturales pr. sus Ynquilinos y precareos tenedores para acudir con las tierras cada que se la pidan, assi mismo declaran no estar afecta a alguna hipoteca tributo gravamen o señorio que no le tiene y por tal se lo aseguran, y a la ebicion seguridad y saneamto. El Sor. Lico. Cura parroco Dn. Luis Carrillo se somete al fuero de sus Jueses y Prelados Ecôs. y con renunciacion que hace del suio proprio y del Capo. De Juan depenis eduardus de solutionibus el cavallerato del señor San Pedro demas de su favor y defensa con la General del Drô. Los republicanos con Jose de la Cruz por la parte que le toca en orden a la secion que hace con sus perssonas y vienes presentes y futuros, y con ellos se someten al fuero y Jurisdn. de los señores Jueses y Jurisdn. de su Magestad para que los compelan y apremien como por sentencia pasada consentida y no apelada renunciaron el veneficio de la menoridad que como Yndios les favorecen la Ley Sit Combenerit de Jurisdictione Omnium Judicum las demas se su favor, y estando presente Dn. Salbador Garcia que conozco Dixo aceptava y acepto esta venta en los terminos que se relaciona siendo de su cuenta el onorario de esta escritura y del Bendedor el Rl. Derecho de Alcavala y assi otorgaron y firmaron los que supieron conmigo el Thente. Genl. y los testigos de mis aasista. siendo presentes Ynstrum. Dn. Antonio Morales Dn. Faustino Donato Ruiz y Dn. Antonio Garfias de esta vecindad doy fee.= ente. rens. = essnô. = Dominio = ve. = em[¿] di = Garcia = ve.= testado Alce. = Derecho = no Ve.=

La larguísima y vieja barda de La Huerta.

Las adornadas canales que desaguaban las azoteas de la troje.

ACTUALIZACIÓN: 24 DE ABRIL DE 2025

Esta vista de la troje desde la azotea de enfrente es de hace unos días. Camina ya sin remedio hacia la ruina.

jueves, 20 de octubre de 2011

Aculco no puede ser "Pueblo Mágico"


En junio pasado comentaba en este blog mi extrañeza por el anuncio que hiciera la Secretaria de Turismo del Estado de México de la anterior administración, según el cual se buscaría incorporar a Aculco al programa federal llamado "Pueblos Mágicos". Hacía notar entonces que dicha categoría es excluyente con la de sitio del Patrimonio Mundial de la UNESCO que nuestro pueblo recibió en agosto de 2010 y, tratando de conocer la postura oficial al respecto, escribí al Buzón de Atención Ciudadana de la Secretaría de Turismo federal. Aunque tardaron cuatro meses en responderme ayer por fin recibí un correo electrónico que viene a aclarar definitivamente este asunto:


En respuesta a tu amable solicitud por este medio me permito informarte lo siguiente:

¿Una localidad que ya es Patrimonio de la Humanidad puede acceder también al programa de Pueblos Mágicos?, la respuesta es No.

¿Por qué San Miguel de San Miguel de Allende dejó de ser Pueblo Mágico cuando ingresó a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO?, la respuesta es para que se le den oportunidades a otras localidades del Estado de Guanajuato, siempre y cuando cumplan con los criterios correspondientes.

Sin otro particular, te saludo cordialmente.

Atentamente

Lic. Jorge Morales Alavez


De tal manera, queda claro que Aculco no puede ser parte del programa federal de "Pueblos Mágicos". Y la Secretaría de Turismo del Estado de México debió saberlo antes de lanzar su anuncio. Esto nos permite ilustrar lo que fue en realidad la labor de dicha dependencia respecto a Aculco en los últimos seis años: una larga serie de improvisaciones y ocurrencias.