Sin embargo, al lado de esas obras de primer nivel, existen otras ubicadas en los conventos de segunda categoría, en capillas de los pueblos de indios, en oratorios de ranchos y haciendas, etcétera. Normalmente, sus dimensiones son mucho menores que las de los grandes conventos, la calidad de su escultura denota al aprendiz o al oficial, casi nunca al maestro cantero, su carácter es más popular y sus influencias o relaciones estilísticas más difíciles de hallar. Y no por ello son menos maravillosas.
En el municipio de Aculco existen por lo menos nueve cruces atriales que guardan interés histórico y artístico. De dos de ellas hemos hablado ya en este mismo blog: la cruz atrial de la capilla de Nenthé (posiblemente del siglo XVI y labrada con los símbolos de la pasión), y la que quizá fue cruz atrial en el siglo XVIII en la iglesia de San Jerónimo, ahora empotrada en la torre de ese mismo templo. Hablaremos esta vez de la cruz de la capilla del pueblo de Santa María Nativitas.
Santa María Nativitas, llamado hasta el siglo XVIII en otomí Santa María Ximiní, se localiza a poco más de tres kilómetros hacia el oriente de la cabecera municipal, sobre la carretera que lleva a la Autopista México-Querétaro. Curiosamente, se le consideraba antiguamente barrio de Aculco, y no pueblo como ahora. A Santa María Nativitas se le relaciona frecuentemente con las leyendas de la fundación de Aculco, de las que habremos de hablar algún día, pues se supone que originalmente este pueblo iba a ser establecido ahí. Pero al percatarse de la existencia de los manantiales del Ojo de Agua, los fundadores decidieron trasladarse a aquel punto.
Capilla del pueblo de Santa María Nativitas. Sus volúmenes son muy semejantes a los de la parroquia de Aculco, no así su decoración que muestra una última renovación neoclásica de mediados del siglo XIX.Menos legendario es otro episodio de su historia ocurrido en 1877, cuando en el contexto de la agitación indígena en todo el Distrito de Jioltepec por la reivindicación de las tierras comunales (privatizadas en 1856) y bajo la influencia socialista de organizaciones como la Sociedad de los Pueblos Unidos y el Congreso Indígena, fue sorprendida una reunión de indígenas en la sacristía de la capilla de Santa María Nativitas. Tanto miedo causó, que el Ayuntamiento de Aculco llamó enseguida a los vecinos a la "defensa de la población en la sublevación que infundadamente están proyectando los indígenas".
Lamentablemente, como tantos otros sitios históricos de Aculco, esa sacristía ya no existe: fue demolida hará unos 15 ó 20 años para levantar en su lugar una vulgar casucha de tabicón y concreto, que contrasta desfavorablemente con la capilla que afortunadamente se conserva en buen estado. Pero pasemos a hablar de la cruz atrial.
Cruz atrial de Santa María Nativitas, caras sur y oriente.
La cara poniente de la misma cruz atrial.En realidad, la cruz es lo menos notable de este pequeño conjunto: lo verdaderamente intersante es su pedestal. Éste se desplanta sobre tres gradas de mampostería y ladrillo; lo forman tres cortas columnas casi en forma de cono trunco, con basa de recuerdo toscano y sin capitel, sobre lo que se apoya lo que podríamos llamar arquitrabe. Encima, a manera de friso y mirando hacia los cuatro vientos se desarrolla una curiosa composición escultórica, formada por cuatro atlantitos desnudos, patilludos, que en cuclillas y ubicados en los ángulos simulan sostener la parte superior de la obra. Precisamente los pequeños atlantes son una de las características que compartían muchas obras escultóricas en piedra, desde el siglo XVI al XVIII, en la Provincia de Jilotepec. Se les encuentra, por ejemplo, en la base de la cruz atrial de Huichapan, en la portada de la capilla de San Ildefonso Tultepec (Amealco, Qro.), en la parte baja de los machones de la fachada de la parroquia de Aculco, por mencionar sólo los que en este momento se nos vienen a la mente.
Entre estos atlantitos, en las caras oriente, norte y sur del pedestal, se encuentran unas columnitas con capiteles corintios muy rústicos. Sin embargo, la cara poniente muestra un raro relieve en que la Verónica -con gesto compungido y un extraño tocado en la cabeza- muestra del Divino Rostro de Cristo con corona de espinas y tres potencias.
Sobre el friso que hemos descrito, se halla una losa parecida a la que hemos llamado arquitrabe, sin mayor molduración. En ella, desarrollada a lo largo de sus cuatro caras verticales, se halla una inscripción que fecha todo este interesante monumento: "en 28 del mes de noviembre de 1678". Sobre esta losa se levanta la cruz, muy sencilla y que resulta poca cosa en realidad comparada con el pedestal. Es más, parece no ser la original pues su material y la precisión de su corte son muy distintos, y quizá data de tiempos muy recientes.
Como sea, con o sin cruz original, este pedestal es úno de los monumentos históricos más importantes de Aculco y uno de los mejores exponentes (el más temprano, quizá) del "barroco tequitqui" que caracteriza a su arquitectura religiosa del período virreinal.
ACTUALIZACIÓN:
Hace unos meses, esta notable cruz fue "restaurada", operación que consistió en realidad en pulir la piedra y recubrir sus escalones con cemento. Aunque bien intencionada, esta intervención denota una preocupante falta de conocimiento del cuidado que se debe tener con este tipo de monumentos, ya que la abrasión de la piedra significa un indeseable desgaste y más bien debe efectuarse su limpieza con métodos como el uso de cepillo y jabón. De igual manera, el retiro de los ladrillos de su escalinata resta un rasgo de autenticidad a la cruz.
La cruz, "restaurada".

La capilla en su estado actual. Todas ellas fueron cerradas con rejas en la década de 1980, debido a que eran usadas con frecuencia como excusados. A través de una puertecilla bajo el arquitrabe de esta capilla, se tiene acceso a la escalera de la torre del reloj municipal
Capilla posa noroeste como estaba a principios de la década de 1960. Nótense los restos de encalado en la piedra y, al fondo, los arcos invertidos del muro del atrio, medio cegados por el edificio del portal de las carnicerías, construido a principios del siglo XX.
Capilla posa noroeste en su estado actual. Obsérvese que los arcos invertidos del muro del atrio fueron cercenados en la remodelación de 1974. Nótense también las piedras con relieves en forma de óvalo, procedentes de sepulcros desaparecidos que estaban en el atrio, colocadas como remate de los elementos en forma de S.
La capilla posa noroeste es quizá la más bella y mejor labrada. Sus capiteles difieren del resto de las capillas, pues muestran róleos al lado de palmas o acantos semejantes a los de las otras. Ésta es la única que muestra huellas de haber tenido una puerta, pues sus columnas presentan una acanaladura presuntamente realizada con ese fin.
No sabemos si quedaría algún resto de la capilla posa sureste original, pero en la década de 1950 los padres agustinos, entonces a cargo de la parroquia, decidieron completar el conjunto de capillas posas con la construcción de la faltante. Como se puede ver, al mismo tiempo que buscó asemejarse en estructura, dimensiones, etc., sus relieves y la estereotomía de sus canteras son de mayor precisión, lo que permite distinguirla de las antiguas.
Capitel visigodo de Recópolis.
Capitel visigodo de Segóbriga.
La entrada poniente del atrio hacia la Plaza de la Constitución ofrecía un aspecto muy semejante a éste (que corresponde a la entrada norte) hasta el año de 1974, cuando fue destruida. Junto a aquella entrada se encontraba la lápida desaparecida.
En esta fotografía se observan los restos del machón original de la entrada poniente del atrio, con la casa del Portal de la Primavera adosada a él. Esta casa, del siglo XIX, originalmente no contaba con la segunda planta, por lo que dejaba visibles los arcos invertidos de la barda atrial (ahora perdidos) y el remate neoclásico que adornó ese machón.
Este es el aspecto que muestra actualmente la entrada poniente del atrio. Por darle mayor vista a la fachada de la parroquia desde la plaza, el acceso ha perdido todo su interés artísticio, histórico y epigráfico.
Primer sepulcro del padre Canal, en el Panteón Municipal. Sus restos se encuentran actualmente en la parroquia.
Vista general de la casa del padre Canal. Nótense las ventanillas de las trojes que se ubicaban encima de las habitaciones.
Acceso principal a la casa.
Puerta de entrada al antiguo corral, sobre la calle de Matamoros.
Vista de la calle José Canal hacia el poniente. En su trazo original, abarca sólo una cuadra entre la calle de Matamoros y la calle Juárez.
La calle José Canal se prolonga, hacia el oriente, a terrenos que hasta mediados del siglo XX eran solamente milpas y en los que ahora se encuentra el Hospital Concepción Martínez.
La casa después de la Remodelación de Aculco efectuada en 1974.
Así se veía la fachada principal de la casa en los años 60, poco antes de que fuera modificada.

