
Cada uno de esos nombres tiene, por supuesto, su razón de ser. El nombre de Plaza de la Cruz, se debe posiblemente a la existencia en su centro de una cruz exenta que marcaba el centro original del pueblo de Aculco, a partir de la cual se señalaban las 500 y después 600 varas de tierras a la redonda que pertencían a sus vecinos. Más tarde, recibió la denominación de Plaza del Baratillo pues en este espacio se instalaba el tianguis de los domingos, que persistió en el lugar hasta la inauguración del Mercado Municipal en 1978. El nombre de Plaza Hidalgo fue ya una determinación oficialista, que se le dio seguramente por tratarse de la segunda plaza en importancia del pueblo, después de la Plaza de la Constitución. Sin embargo, la denominación se perdió paulatinamente en favor de la ahora Plazuela Hidalgo, antes del 7 de Noviembre, dado que aquella albergaba el busto del héroe y se halla frontera de la casa donde éste se albergó en vísperas de la Batalla de Aculco. Finalmente, Plaza Juárez fue el nombre que recibió casi por exclusión, perdido el de Hidalgo, y por desembocar el en ella la Calle Juárez, antes Calle del Águila.
La Plaza Juárez se abre entre los ejes que forman las calles Hidalgo - José Canal, Manuel del Mazo y Juárez. Por fortuna, se encuentra en buen estado de conservación. Su mayor pérdida fue la destrucción de la llamada Casa de Ñadó, que a fines de los años sesenta fue reemplazada por una construcción moderna de dos pisos de estilo pseudocolonial. El resto de las construcciones que la rodean - la Casa del Volcán, la Casa del Portal de la Primavera, el reloj público, el muro del atrio de la parroquia, la Casa de don Juan Lara Alva y la Casa de los Alcántara Terreros - se han conservado en buen estado. Sin embargo, la imagen misma de la plaza sí ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. De ello dan testimonio las fotografías incluidas en esta secuencia.
En esta vieja fotografía pueden verse una de las antiguas bancas rojas de mampostería -conocidas localmente como "lunetas"- que rodeaban toda la plaza hasta 1974. Su piso estaba formado originalmente por un enlosado en forma de estrella que desapareció antes de ese año. Al fondo, una ventana y la hornacina de la Casa de don Juan Lara Alva.
La Plaza Juárez hacia 1960 (vista hacia el noreste). La parroquia y la barda del atrio dominan este costado de la plaza, mientras a la derecha destaca el fresno en el que fueron ahorcados algunos empleados de la hacienda de Ñadó durante la Revolución, Los restos de propaganda política en el muro atrial y los juegos infantiles forman parte de la deteriorada imagen de estos años.
Vista de la plaza hacia el noroeste, en la misma época. Al fondo, la Casa del Volcán (llamada así por la tienda "El Volcán de Orizaba" que existió en una de sus accesorias), la Casa del Portal de la Primavera, la torre del reloj y el muro del atrio.
Una escena ya irrepetible en la esquina sureste de la Plaza Juárez: el carbonero con sus burros entrega carbón en la Casa de don Juan Lara Alva. A la derecha, asoma un balcón de la Casa de los Alcántara Terreros. El aire antiguo de las casas y el empedrado nos dan una clara idea de la imagen original que debió presentar esta plaza en tiempos virreinales.
Esquina suroeste de la Plaza Juárez en 1972. La Casa de Ñadó, que ocupaba este ángulo, ha desaparecido y en su lugar se encuentra la casa de la "Superterraza", de intención colonial, bastante fallida. Al fondo, la Casa de la Tres Naciones, o de la Tortillería. Obsérvense las escalinatas con ñas que se salvava el desnivel de la calle con la plaza.
En esta forografía tomada desde la calle Manuel del Mazo, se observa el extremo oeste de la Plaza Juárez. Al fondo, el Portal de la Primavera y a la derecha, la Casa de Ñadó, sustituida por la Casa que aparece en la foto anterior. Aquí ya acusaba un serio deterioro. Sus ventanas se hallaban tapiadas y sus rejas habían desaparecido. En lugar de las bancas del extremo de la plaza que se muestran aquí, se construyó la fuente de la que hablamos líneas abajo.
Esta interesante fotografía, cortesía de Octavio Lara Chávez, permite conocer la cromática original de las "lunetas" en vísperas de la remodelación.
La remodelación de 1974 dio esta nueva imagen a la plaza. Las viejas lunetas han desaparecido y en su lugar se construyeron cuatro bancas con sendos pares de faroles enanos (que, como dicen acertadamente en el pueblo, no alumbran, encandilan). Todo el perímetro de la plaza ha sido rodeado por jardineras plantadas con azaleas y magnolias y luce un adoquinado nuevo en vez del cemento que reemplazó al empedrado original. La pulcritud es innegable, pero excesiva y escenográfica.
En la misma remodelación de 1974, se construyó en el extremo oeste de la plaza esta fuente. No es fea, aunque resulta totalmente ajena a la tradición constructiva aculquense. Lo verdaderamente desafortunado es que cierra la perspectiva de la plaza hacia el Portal del Volcán. Al fondo, resalta la inconclusa y horrenda torre del reloj del Padre Bernardo Contreras, construida en 1996.
Este es el aspecto actual del portal de la casa en la que hace años estuvo la tienda "El Volcán de Orizaba". Forma el costado poniente de la plaza, con la calle Manuel del Mazo de por medio. hace no más de tres años, las columnas originales fueron destruidas por un trailer y se reconstruyeron con cierta negligencia.
Otra vista reciente del extremo oeste de la plaza. Los muros blancos, el cielo azul, las palmeras (que ahora destacan en lugar del viejo fresno del atrio, caído casi totalmente en 1985), enfatizan el aire andaluz-extremeño que siempre tuvo Aculco, pero que la remodelación de 1974 exageró. Obsérvese que el reloj público aún mantenía su pretil antiguo, antes de la intervención estúpida de marzo de 2008.
En el costado sur de la plaza existe desde tiempo atrás un sitio de taxis. Antes, cuando la cantidad de automóviles y de pasajeros era pequeña, no significaba ningún estorbo, pero en la actualidad ha invadido este tramo y buena parte de la calle Juárez, que además utiliza indebida e ilegalmente como área de estacionamiento exclusivo.
La "Superterraza" en la actualidad.









En esta fotografía, puede verse el claustro cuando sus muros estaban aún cubiertos de aplanados tradicionales de cal y arena, y sobre ellos un diseño que simulaba sillares realizado en dos tonos. Los muros del fondo también contaban con una decoración parecida, aunque en este caso las falsas juntas de los sillares no están alineadas sino alternadas, de manera más realista.
Dos imágenes más del claustro en la década de 1950, con su decoración original.
El claustro en la actualidad. Sus muros exteriores han sido desollados, mostrando una mampostería irregular de piedra blanca y ladrillo que no fue edificada con el fin de mostrarse a la vista. Otras modificaciones posteriores, como el rejunteo con cemento de las dovelas de algunos arcos y la reforma con ladrillos de tres pilares de la planta baja, complementan su imagen hoy en día, muy distinta del acabado que sus constructores quisieron darle en su origen.

Vista actual de la fachada de la antigua capilla de la Tercera Orden.
Como puede observarse en esta fotografía, desafortunadamente muy poco clara, la fachada era un gran muro casi liso, con un remetimiento incomprensible en su extremo superior izquierdo, que se muestra además como el más dañado por los derrumbes. Al centro, una portada muy sencilla, que aparentemente sólo conservaba la parte superior de su enmarcamiento de cantería, con unas jambas que se alargaban hasta la cornisa. Ya para estas fechas, el acceso se hallaba cegado con sillares provenientes de las tumbas que llenaban el atrio. A izquierda y derecha, dos estaciones del viacrucis agregan algún interés. En la parte superior, el nicho de san Francisco, último resto visible de la portada en nuestros días.
A lo largo de los primeros tres cuartos del siglo XX, la fachada de la capilla de la tercera orden se mostraba en este estado ruinoso. Nopales, tepozanes y otras plantas crecían sobre el grueso muro. Fotografía de 1960.
La remodelación de 1974 pretendió dar pulcritud a esta área, y ciertamente lo logró aunque perdiendo para ello gran parte de su carácter histórico. El muro derrumbado fue arreglado, en lo alto se colocó una cornisa de tres hiladas de ladrillo, se aplicó un nuevo aplanado a toda la fachada y se cubrió por completo el antiguo acceso, los nichos de las estaciones del viacrucis desaparecieron y se construyó un jardincillo con buganvilias.
Así lucía en 1960 el nicho de la capilla de la Tercera Orden. Una tosca venera resguarda la escultura de San Francisco que se muestra decapitada, como tantas otras de la fachada de la parroquia. Un par de columnas con calaveras labradas en sus fustes se alzan a cada lado del nicho. Un enmarcamiento rectangular rodea toda la composición, rematado en la parte superior por una cornisa con la fecha 26 de septiembre de 1742 inscrita en ella, mientras por lo bajo corre la moldura que formaba parte de la portada del acceso.
Vista desde el interior del muro que subsiste de la capilla de la Tercera Orden. La entrada principal tapiada es aún visible desde este lado. Obsérvese que su dintel está formado por grandes vigas de madera. Nótese también que, a su izquierda y derecha, existen otros dos vanos tapiados con tezontle, lo que puede indicar que en su origen se trató de una capilla abierta con tres accesos. En el suelo se observan los trazos de algunos cimientos y, a la derecha, las pocilgas que se construyeron hacia 1960-1980.
En el ángulo de la capilla en que se unía al templo parroquial y su torre, se pueden observar algunos restos de lo que fue su techumbre: dos zapatas de madera que seguramente formaban parte de uná cubierta de viguería y terrado. Obsérvese también la marca del trazo de su azotea en estos muros.
Como se aprecia en esta foto y en la anterior, sobre los vestigios de la capilla de la Tercera Orden se construyó un cuarto destinado a albergar el bautisterio hacia 1960, actualmente transformado en capilla del Santísimo Sacramento. Este bautisterio aprovechó como entrada la portada del siglo XIX que comunicaba a la parroquia con la capilla de la Tercera Orden, y que durante muchos años estuvo tapiada.
Almena o remate en forma de flor de lis.
Remate adosado en forma de flor de lis en la capilla de la Tercera Orden de Huichapan, Hgo, una fundación franciscana muy cercana histórica y estilísticamente a la de Aculco.
Al comparar la capilla de la Tercera Orden de Aculco en el dibujo de 1838 y la capilla que tuvo idéntico uso en Huichapan aparecen de inmediato otras similitudes: parecida ubicación, volúmenes que coinciden y la profusión de remates variados y arcos invertidos que en la capilla hidalguense aparecen también en el remate de la fachada sur (abajo).
En esta fotografía de los años treinta, se observa que la casa de la panadería tenía sólo una planta y abría hacia la plazuela frontera sólo una pequeña puerta y una ventanita. Muy pocos años después su fachada fue modificada como se observa en las siguientes fotografías.
En los años sesenta, la panadería se encontraba en pleno auge. La casa ya contaba con dos plantas, se habían abierto nuevas entradas en su fachada y dispuesto un par de balcones en lo alto. Se observa que, de manera notable, las modificaciones de los años treinta se hicieron de acuerdo a la tradición constructiva de Aculco, con proporciones correctas y materiales típicos. De tal manera, la casa no ha perdido su valor como parte del conjunto urbano.
La remodelación de 1974 trató benevolamente a la casa de la panadería y a su entorno. El empedrado original fue reemplazado por una combinación de adoquines y lajas colocadas de canto, uso este último que sí corresponde a la tradición aculquense pues se le hallaba en sitios como el piso del portal de la Casa del Puente. Nuevas plantas y árboles alegran el conjunto. Quizá sólo es de lamentarse la desaparición de la citarilla y las pilastras que limitaban el jardín al centro de la plaza y su sutitución por la reja y faroles enanos que aquí se observan.

EL edificio, cuando los desperfectoes empezaron a cubrirse inútilmente con pintura (fotografía de www.museojuarista.com.mx).
