En la historia colonial de Aculco, San Francisco Acazuchitlaltongo es posiblemente uno de los pueblos menos mencionados entre los que estuvieron bajo su jurisdicción. Hoy pertenece al vecino municipio de Polotitlán y, debido a ello, a su lejanía y a su escasa relevancia demográfica, recibe muy poca atención desde Aculco. Sin embargo, tiene una particularidad que debería hacerlo importante para nosotros: de todos los pueblos que en algún momento fueron separados de Aculco para incorporarlos a municipios vecinos, San Francisco Acazuchitlaltongo fue el único que exigió regresar a su antigua jurisdicción, aunque no lo consiguió.
Acazuchitlaltongo es una palabra que procede del náhuatl. Sus raíces son acazochitl, "flor de caña", una planta aromática; tlalli, tierra; el sufijo -ton, que se aplica como diminutivo, "pequeño"; y -co, sufijo locativo que significa "en". Como también existe el topónimo Acazuchitlán sin esos sufijos, su etimología podría decir: "en el pequeño Acazuchitlán" o bien, desanudando todo su contenido, "en la tierrita de la flor de caña".
San Francisco Acazuchitlaltongo aparece por primera vez en 1551 con la grafía Acaxochitlatonco (más cercana a su nombre en correcto náhuatl), en un documento que los naturales de la provincia de Jilotepec enviaron al rey de España para quejarse por los daños que los dueños de ganados les estaban causando en sus sembradíos, casas y personas. Dicho documento señala que Acaxochitlatonco, junto con los pueblos de Tutelpeque y Acaualcinco, "están destruidos por los ganados del tesorero y del Secretario Antonio de Turcios, y han huido más de ochocientos macehuales y dejado sus casas y heredades" (0). Años más tarde se le vuelve a mencionar en una merced de tierras de 1591 concedida a don Vicente de los Ángeles, indio principal del pueblo de Jilotepec, como uno de los colindantes con las tierras otorgadas en esa cesión (1). En enero de 1609, otra serie de documentos informa que sus habitantes conservaban sin embargo memoria de una merced concedida al pueblo en 1554:
Gabriel Jiménez, Lucas de San Francisco, Nicolás de San Diego, Pablo Bernardino, Felipe Nicolás, Julián de San Francisco, y demás común y tributarios del pueblo de San Francisco Acaxuchitlantongo sujeto a la cabecera del dicho Jilotepec, de la doctrina de San Gerónimo Aculco [com]parecemos ante Vm. y decimos que por nuestros antecesores sabemos que el Exmo. Señor Virrey segundo de esta Nueva España, que lo fue D. Luis de Velasco, por los años de mil quinientos cincuenta y cuatro hizo merced al pueblo de un sitio de estancia para ganado menor en la parte que llaman Acaxuchitlantongo, cuyo pago está en la mediana de dos cerros grandes, y dos lomas tendidas [...](2)
Para explicar la ubicación de esta merced presentaron un "mapa" nuevo, que según certificó el escribano estaba trazado de esta manera: "se ve que el pueblo de San Francisco Acacuchitlantongo se halla en mediania de unos cerros y lomas tendidas se ven contiguos tres cerrillos, pequeños, un ojo de agua que manifiesta por el lado del poniente junto al camino, que viene de San Juan del Río para Jilotepec: esto es lo que contiene y no otra cosa". Aunque los documentos originales que respaldaban esa merced se les habían perdido y no pudieron hallarlos tampoco en el archivo del virreinato, por lo que tuvo que realizarse un procedimiento legal que incluyó la presentación de testigos para ser interrogados y un recorrido o "vista de ojos" por las tierras reclamadas con el fin de verificar su superficie y darles un nuevo sustento legal. Este recorrido y medición aporta algunos datos interesantes sobre el pueblo:
Para el efecto mande traer cordel de pita bien encerado y con una vara castellana de cuatro cuarta sellada mandé medir el cordel de cincuenta varas y tomando por centro a la iglesia vieja del pueblo, se hizo una medida cruzando en los cimientos de dicha iglesia vieja, y se halló tener de norte a sur, cincuenta cordeles cuarenta varas Castellanas, que hacen dos mil quinientos cuarenta varas castellanas. Se halló tener de oriente a poniente sesenta y seis cordeles diez y siete varas que contienen tres mil trescientos diez y siete varas Castellanas, con lo que queda concluído, y concluyo la la medida de centro cruzado, por no tener a la vista documento antiguo que nos señale el verdadero centro. Comenzamos a medir con el mismo cordel de cincuenta Varas, para saber la suma, que hay alrededor del sitio que poseen. Se empezó la medida por el rumbo de oriente tendiendo el cordel de sur a norte donde hace una esquina se midieron cuarenta y ocho cordeles treinta Varas que hacen la suma de dos mil novecientas y treinta varas. Pasando esta medida por un llanetillo y piedras sueltas, encinales, bajando por la loma tendida, a otro llanete a donde se dio vuelta por la parte del norte, de aquí se miró para el poniente siguiendo el rumbo laderiando por dicha loma tendida a dar a un arroyo aeco poblado de encinos pasando por otros dos arroyos que vienen de los cerros gran despor unos peñascos hasta otro llanete antes de llegar a otro llanete pedregudo que está cerca de un ojito de agua donde se ven unas piedras fijas atravesando la Loma tendida pedregosa, un arroyo seco, que van de la loma alta a dar a una piedra suelta quedaron medidas de oriente a poniente cincuenta y cinco cordeles setenta varas, que hacen, dos mil ochocientos veinte varas: de aquí se miró para el sur, a dar a un lindero que se haya en un llanete donde hace una jolla [hoya] atravesando un caminito pedregudo y que se haya en una jollita, laderiando la loma tendida tendida donde se ven palmas y pedregosas a dar a un arroyo hondo, a dar a una piedra fija; quedaron medidas, de norte a sur dos cordeles y cuarenta varas, que son ciento y cuarenta varas. Por el lado del sur, se miró de poniente a oriente, a un cerro grande, un arroyo seco que van de la loma tendida a San a un llanetillo que llaman el Hídolo que se ve poblado de encinos, palmas silvestres, siguiendo el rumbo, laderiando y hasta dar a donde se comenzó la medida quedando medidos de poniente a oriente setenta y seis Cordeles, ocho varas, con lo que se concluyó la medida , por los cuatro vientos al rededor: así como también la medida del centro, Cruzado , tomando por centro la iglesia vieja.
Este texto revela la existencia de una "iglesia vieja" de la que quedaban sólo los cimientos. ¿Habría también ya entonces una iglesia nueva o el pueblo simplemente carecía de templo? La ruina de las iglesias viejas en aquellos años, en casos como el del no tan lejano San Ildefonso Tultepec, se debía a las campañas de congregación que habían vaciados los pueblos para concentrarlos en los más grandes, por lo que podría tratarse de una situación análoga. Por otra parte, la existencia de un llano al que llamaban "el Hídolo", es decir, el Ídolo, quizá indica la existencia de alguna escultura o imagen prehispánica en el punto.
De la medición de sus tierras, resultó que les faltaba aproximadamente una cuarta parte de las tierras que aseguraban haber recibido del virrey Velasco. Sin embargo, decidieron en aquel momento no reclamar a quienes se habían introducido sino que simplemente se les reconociera la extensión que poseían pacíficamente, con en efecto se hizo. A pesar de ello, hacia 1675 el pueblo se hallaba nuevamente en conflicto con sus vecinos al parecer debido a que se le señalaba como un lugar despoblado y que por tanto podía ser sujeto a nuevas reparticiones. Para demostrar que no era así y que se hallaba habitado, los naturales pidieron en diciembre de aquel año una visita que se certificara la celebración de misas y la existencia de casas:
Digo que dicho día diez y seis del corriente llegué yo dicho teniente a dicho pueblo referido a ser citacion a los indios pobladores de él, y en él hallé al padre predicador guardián ministro del pueblo y convento de San Jerónimo Aculco, fray Antonio de Arteaga, el cual habiendo yo dicho teniente llegado y tocado las campanas en señal que llamaban a misa se revistió dicho padre para decir misa como con efecto la dijo cantada. Y así la oí [...]jente españoles y indios en una iglesia vieja destejada dentro la cual se hizo en jacal de zacate y una ramada de ramas verdes a este efecto = Y así mismo para lo que se pide hay hoy al presente cantidad más de doce ranchos de jacales de paja y dentro de ellos vi veinte indios que todos dijeron ser naturales de este dicho pueblo de San Francisco Acaxuchitlatongo. Todo lo cual certifico ser así [...]
Es interesante ver aquí que en 1675 no se había reconstruido o terminado de reconstruir la "iglesia vieja" que había en 1609 (aunque según parece ya había algo más que sólo los cimientos que se mencionaban entonces) y por eso se le tuvo que levantar en su interior un jacal para celebrar la misa. Por otra parte, en el mismo expediente se menciona que los vecinos de San Francisco cultivaban entonces "maíz, chile y otros géneros para el sustento de sus casas".
Poco más de 20 años después, vuelve a aparecer -aunque mencionado sólo por su advocación de San Francisco- en la enumeración que hizo fray Agustín de Vetancurt hacia 1697 de los pueblos que estaban entonces sujetos a la doctrina de San Gerónimo Aculco:
Aculco [...] Tiene doce pueblos de visita con sus iglesias; dos de Nuestra Señora, de San Pedro, San Miguel, Santiago, San Lucas, Nuestro Padre San Francisco, San Ildefonso y Santa Clara, donde se alternan dos misas. (3)
En 1712, en el expediente de composición de tierras de San Gerónimo Aculco, aparece nuevamente entre los pueblos de su "agregación" (4). Y también como parte de su jurisdicción eclesiástica cuando se erigió como parroquia en 1759. Luego, su pista se nos pierde por casi por siglo hasta 1852, cuando San Antonio Polotitlán obtuvo su separación de gobierno respecto de Aculco y San Francisco Acazuchitlaltongo -junto con otros territorios antes aculquenses- fue incorporado al municipio naciente. Los habitantes de San Francisco Acazuchitlaltongo protestaron pues deseaban seguir perteneciendo a la municipalidad de Aculco como hasta entonces. El asunto no se resolvió por varios años, sin embargo, el 1o. de enero de 1865 la superioridad determinó que el poblado pertenecería definitivamente a Polotitlán. (5)
Resulta un tanto curioso que, mientras otras demarcaciones aculquenses pidieron unirse a Polotitlán, San Francisco Acazuchitlaltongo lo rechazara. Creo que esa negativa debe entenderse en el contexto de la larga historia de conflictos por la tierra entre pueblos y haciendas en el campo mexicano. Polotitlán había nacido no como uno de los antiguos pueblos de indios, casi siempre con alguna raíz prehispánica, sino como un experimento de colonización interior promovido por hacendados, rancheros y propietarios de la zona. Si se revisa la nómina de las localidades que se incorporaron al nuevo municipio, se verá que casi todas estaban ligadas a la gran propiedad. No parece extraño, entonces, que el único pueblo antiguo se resistiera a formar parte de una nueva entidad creada por quienes habían sido sus "enemigos históricos".
Pero la historia entre Aculco y San Francisco Acazuchitlaltongo no termina ahí. Durante la Reforma Agraria, una porción de las tierras ejidales entregadas a San Francisco Acazuchitlaltongo -la cuarta ampliación de su ejido- está dentro del municipio de Aculco. Así que si el pueblo mismo de San Francisco ya no es parte de nuestro municipio, sí lo es -parcialmente- el Ejido de San Francisco Acazuchitlaltongo (6).

Ejidos de san Francisco Acazuchitlaltongo. La cuarta ampliación está dentro del municipio de Aculco.
Hoy en día, San Francisco Acazuchitlaltongo sigue siendo un poblado muy pequeño, situado en el rincón noreste del municipio de Polotitlán, casi sobre el límite entre los estados de México e Hidalgo. Conserva el mismo patrón disperso y sin traza regular que debió de tener desde tiempos coloniales. Aunque ya ninguna casa resulta reconocible como antigua, las largas bardas de «piedra sobre piedra», los nopales y los fresnos de calles y caminos forman un conjunto que revela claramente la antigüedad del asentamiento.
Ni siquiera el templo parece conservar mucho de su estructura original. Es un pequeño edificio de una sola nave, con la fachada orientada al poniente, bóveda y cúpula de concreto. La fachada, recubierta de piedra negra, tiene por único adorno una portada de recinto, con una cruz labrada en la clave. Sobre ella se levanta una espadaña de dos cuerpos y tres claros, con un par de campanas, la menor de las cuales quizá sea antigua. Lo único que sin duda se remonta al virreinato es la antigua imagen titular de san Francisco, estofada y policromada, de mediana calidad y algo maltratada, pues tiene varios dedos rotos.
NOTAS:
0. AGI; México; 96, R. 1; fs. 1r-10v.1.AGN, Mercedes; v. 17; exp. 432; fs. 121r-121v.
2. Títulos del Pueblo de S. Francisco Acaxochitlantongo en Jurisdicción de Xilotepec, 1774. Tierras, vol. 981, AGN. Disponible en: "Mexico registros," imágenes, FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:3Q9M-CSD2-63SJ-2?view=explore : 31 ago 2026), Imagen 521 de 813; . Número del grupo de imágenes: 007984295
3. Fray Agustín de Vetancurt. Chronica de la provincia del Santo Evangelio de México, México, imprenta de doña María de Benavides, 1697, p. 87.
4. Composición de tierras del pueblo de San Gerónimo Aculco. Sección Tierras. Caja 1. Expediente s/n. Archivo Histórico Municipal de Aculco. El documento es una copia de 1783 del original de 1712.
5. Confirmación de la pertenencia del pueblo de San Francisco Acazuchitlaltongo al municipio de Polotitlán. Jilotepec, enero 1º de 1865. Sección Milicia (por error). Caja 2. Archivo Histórico Municipal de Aculco.
6. El pueblo de San Francisco Acazuchitlaltongo recibió su primera dotación de 644 hectáreas en 1934, tomadas de la hacienda de Arroyozarco y del rancho de San Francisco (donde hoy en día se halla la ganadería de toros bravos de Arroyo Zarco).







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