sábado, 13 de diciembre de 2025

Los acueductos antiguos de Aculco

¿Con cuántos acueductos antiguos cuenta Aculco? Escrita así, esta frase es casi un trabalenguas. Pero, hablando ya en serio, ¿cuántos acueductos serías capaz de recordar que existen en nuestro municipio? Lo más fácil es que recuerdes dos de ellos que son uno solo: los llamados "arcos de Aculco", que forman parte del sistema que conducía el agua desde la presa de Ñadó hacia las tierras de riego de la misma hacienda, y que tienen dos tramos de arquerías a la orilla misma de la carretera. En el otro extremo del municipio, si te has alejado un poco de los caminos habituales, posiblemente conozcas el acueducto de Arroyozarco, que se encuentra en la ribera de la presa del Molino. Pero hay varios más. Algunos casi ocultos, como los que conformaban el sistema de riego que conducía el agua del Ojo de Agua y de la Alberca hacia las tierras de cultivo al norte de la cabecera municipal. Porque, aunque estamos acostumbrados a referirnos a un acueducto como un canal que va sobre unos arcos, la realidad es que al acueducto le basta el canal para conducir agua, aunque no tenga esos apoyos.

Es difícil, por tanto, contabilizar los acueductos de Aculco, pero hay quien ya lo intentó: se trata del ingeniero Antonio de las Casas Gómez y del arquitecto Rafael Ramírez Eudave, quienes en 2016 publicaron el libro Acueductos de México. Antología y breve revisión histórica, que es en realidad un inventario de los acueductos históricos en territorio mexicano, como ellos mismos lo explican:

El interés de identificar e inventariar los acueductos en territorio nacional es, por sí misma, una tarea sumamente ambiciosa; la extensión territorial, la inaccesibilidad de ciertas poblaciones y los problemas documentales son solo algunos de los contratiempos que impiden una certeza científica de muchos de los datos recabados.

No obstante, existen medios para asegurarse de no obviar los ejemplos más representativos de los acueductos mexicanos. Una de esas herramientas es el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles, desarrollado por la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia desde la década de 1980, y que es un compendio de construcciones relevantes entre los siglos XVI y XX. Otra fuente importante la constituyen el Archivo Geográfico Jorge Enciso, a cargo de la misma Coordinación, y la bibliografía especializada, pese a su relativa escasez.

Para Aculco, los autores reseñaron siete acueductos antiguos. No son todos, naturalmente, pero sí están ahí los más importantes y algunos otros que son casi desconocidos para la gran mayoría de los aculquenses. Por eso quiero compartirles hoy las fichas de esos acueductos: en esas fichas encontrarán alguna información conocida, que ya he públicado aquí, pues los autores usan mi blog como una de sus fuentes, pero también datos novedosos de interés.

Mirar estos viejos acueductos con atención es también una forma de reconocernos: en esos canales de piedra, visibles u ocultos, persiste la memoria de un territorio trabajado, pensado y habitado a lo largo de siglos. Contarlos es apenas el inicio, comprenderlos y preservarlos es la tarea que sigue.

 

FUENTE: Antonio de las Casas Gómez y Rafael Ramírez Eudave. Acueductos de México. Antología y breve revisión histórica, México, s.p.i., 2016.

sábado, 6 de diciembre de 2025

La "Balada de Aculco": un poema en inglés sobre la batalla del 7 de noviembre de 1810

En noviembre de 1860, apareció en The Military Gazette, revista "dedicada a la literatura militar", un poema sobre la Batalla de Aculco del 7 de noviembre de 1810, que había ocurrido precisamente medio siglo atrás. Firmada con un seudónimo -Anchor, que significa "Ancla"- bajo el que se ocultaba su verdadero autor, el escritor neoyorquino John Watts de Peyster (1821-1907), está formada por estrofas de versos de intención épica y carácter romántico que narran el movimiento insurgente desde la sublevación del cura Miguel Hidalgo hasta su derrota en Aculco. Debido a que su público objetivo era el estadounidense en lengua inglesa, De Peyster consideró necesario incluir al final una serie de notas historiográficas y explicativas que para los mexicanos de la época posiblemente no habrían sido necesarias. El poema, sin embargo, no aprovecha las fuentes históricas con precisión: malescribe algunos nombres (Vanegas/Venegas), confunde ciertos lugares (El monte de Las Cruces con el Paso de Cortés), y simplifica el contexto y los hechos (por ejemplo, al llamar aztecas a todos los mexicanos). Aunque escrito con un lenguaje grandilocuente, no logra alcanzar un verdadero tono heroico y tiene algunas fallas en su versificación. Sin duda, otros poemas equivalentes y contemporáneos en español, como el Romance de Aculco de Guillermo Prieto, alcanzan una cota poética más elevada.

A pesar de todo, la "Balada de Aculco" es importante, pues se trata del único caso de un poema escrito en inglés sobre este hecho histórico. Llama la atención, además, que De Peyster haya recordado con precisión el aniversario 50 de este enfrentamiento, cuando probablemente en México pocos lo conmemoraron, inmerso como estaba el país en la Guerra de Reforma. El interés del autor por México venía seguramente de sus años de juventud, cuando participó en la guerra entre México y Estados Unidos (1845-1848), pues a pesar de su mala salud (tenía una afección del corazón) fue efectivamente militar, además de escritor dedicado al tema castrense.

Les ofrezco aquí una transcripción de la balada, a partir del original que apareció en The Military Gazette (parece que nunca más se volvió a publicar). Enseguida, encontrarán una traducción literal de la misma. Conservé las notas del autor al final, aunque seguramente los lectores de este blog no las necesitarán para entender el poema.

ACULCO
A Ballad of Mexico.

The Battle of Aculco, was fought on the 7th November 1810, upon the slopes of a ridge near the town of that name, about 80 miles N. N-W. of Mexico.

 

Ah woe, ACULCO! (1) piteous field!
Thai steep'd a nation's hopes in woe-
Did wild and welcome vengeance yield
To Freedom's universal foe.

In mad despair the AZTEC nation (2)
Tore off their chains imbrued with grief,
And hailed with joyous acclamation-
A priestly warrior for their chief.(3)

Frank and loving -lov'd was he-
Of name unstained and gen'rous mind;
Nor cunning, baseness nor intrigue,
Could in his bosom shelter find.

Penetrating, just and good,
To virtue, constant, vice, the foe,
The hero priest -no land could boast
A purer son than HIDALGO,

His mind was stored with all could 'scape.
The Inquisition's scrutiny-
For science, new and ancient lore,
Were foes to Spanish jealousy.

His was the manly heart to dare-
His the sagacious mind to plan;
He meetly could all honors wear
That well beft the people's man.

Such HIDALGO from Dolores-
Breathing flerce hate to Spanish name;
From each hill and valley pour his
Legions wild, with loud acclaim.

His army twenty thousand form'd,
When from Zelaya's (4) gate he turn'd;
In Guanauato's (5) eyrie storm'd,
Treasures untold his valor earn'd.

Next, mid Las Cruces (6)
passes rude, With hundred and ten thousand free,
He crush'd TRUXILLO's boasting brood
And captur'd his artillery.

Then Mexico (7) beheld, dismay'd,
Triumphing columns crown each height
From which her fertile vale display'd
Its teeming riches to the sight.

But on Aculco's bloody field,
CALLEJA (8) met the patriot force-
The tyrant's ruthless sword and shield,
With tried ten thousand foot and horse. (9)

The finest horse whose hoof had torn
The bosom of the Western wildv
Since CORTEZ mourn'd the "Night Forlorn;" (10)
Each deem'd him Vict'ry's very child.

His gunners rare-whose dread baptism (11)
Had been amid the combat dire,
Artillery's sulphurcous gleam,
Where rul'd the Arabs "King of Fire."

And footmen (12) who had seen war's brunt,
Roll on them seas of bronze and steel;
To shiver 'gainst their serried front,
As splinters glass 'neath barbed heel.

Not such HIDALGO's (18) multitude,
Nor trump, nor drum their march controll'd,
No discipline their columns rude,
Like snakes commingled, fold in fold.

Their mail was Freedom's ready gear,
Forg'd by the wearer's gallant soul:
Freedom their aim:-their country's tear
With high resolve had nerv'd the whole.

They rush'd upon the bayonet,
With clubs and slings and rude plough-shares,
Till writhing piles of maim'd and dead
Form'd ramparts 'round the royal squares.

And on the Spanish guns they burst,
Fearless and ignorant of war,
Thinking to choke them if they thrust
Their broad-brimm'd hats (14) into each bore.v

CALLEJA mark'd their gallant deeds,
Pale -not with fear, but fury- roar'd,
Blasphem'd, and, frenzied, told his beads.
Or brandish'd wild his dripping sword. (15)

"They waver! See! repuls'd and foil'd,
Confusion rules their scatter'd host"-
The sacred cause for which they'd toil'd,
Fame, Field and Fatherland were lost.

"Now Lancers! Now, like ruddy hue
Let spear-blade and equipments show!
Upon them! charge! charge home! pursue!
Crush! crush and slaughter-spare no foe!"

Thus yell'd CALLEJA-while his eye
Glar'd like a madman's and each hair
Quiver'd with rage -these charge -those fly-
Thro' them the fam'd Red Lancers (16) tear.

Till then ALLENDE'S (17) corps had stood
With steady front-unconquer'd will-
They martial order understood,
Only ALLENDE could instill

But all in vain -th' o'erwhelming wave
Of routed myriads roll'd along,
Their firm-set ranks were overborne,
And crush'd beneath the Blying throng.

No quarter-through the flying herd
Solid and grape-shot hiss'd and plough'd.
O'er quiv'ring heaps the squadrons spurr'd
And sabred jubilant the crowd.

No hope! no respite! night and day
Lance, sword and shot stabb'd hew'd, and tore
Continued on to hack, hew, slay,
Till none had strength to murder more.

Ah woe Aculco! To the King (18)
CALLEJA Wrote, of murder vain,
Exulting in his dread despatch,
"Ten thousand rebels have I slain!"

"Never has vengeance costlier gift
Upon her blood-stain'd altars pour'd;
By ball five thousand lives were reft,
Five thousand by the spear and sword." (19)

The last were calmly butcher'd when
War's madd'ning shouts no longer yell'd,
When reason had resum'd her reign,
While music's soothing cadence swell'dv

Aculco, woe! Death banquetted
Till very slaughter had her fill;
And wolf and vulture surfeited,
Turn'd loathing from thy gory hill.

The battle morn, a neighb'ring stream
Cheer'd the wild gorge with limpid flood,
At night a hot and foetid steam
Rose seething from its tides of blood.

For weeks a twain (20) those currents blush'd
In war's carnation livery;
Whose springs from hearts herole gush'd
Libations pour'd to Liberty.

Woe! woe Aculco! baleful sounds-
Thy name will wake the Aztec's tear,
And open rive the rankling wounds
That in his gaping sides appear.

To Spain great joy-the crown vice-regal (21)
Rewards the COUNT OF CALDERON,
His galling chains bind Aztec eagle,
A sanguine trophy to his throne,

ANCHOR.

 

(1) On the night of the 10th September, 1810, the Mexican Provinces first revolted against the Government of the Spanish Viceroy, VANEGAS, but were reduced to obedience after a protracted and desperate struggle for Liberty. The pages of History do not record a more terrific vengeance than was inflicted on that unhappy country, fertile as the narratives of Spanish rule upon thi continent are in deeds of atrocious cruelty.

(2) The greater part of HIDALGO's army was composed of descendants of that gallant race who resisted the invasion of Cortez.

(3) This was Dr. HIDALGO, Rector of the adjacent towns of Dolores and San Miguel el Grande, in the Province of Guanaxuato, who was chosen as Commander-in-chief of the Patriots at the city of Zelaya, with the title of Captain-General. His character -if cotemporaries can be believed- is portrayed in its true colors in this ballad. The Spaniards, however, blacken it famously, while the writer thinks he was a man possessing great goodness of heart, but altogether too weak for the post he accepted, as his career subsequently proved. After the Victories of Guanaxuato and Las Cruces, his triumphant march to the Valley of Mexico, and his disastrous defeats at Aculco, Marfil, Guanaxuato and Guadalazara, finding success impossible, he took the road for the Internal Provinces, in the hope to escape to the United States, but was captured at Acatila de Bajan, near the Saltillo, and shot at Chihuahua, in the Intendancy of Durango, one of the scenes of Colonel Doniphan's glory.

(4) HIDALGO's first rendezvous was at San Miguel, but he re ceived his great accessions of numbers at the city of Zelaya.

(5) At the sack of Guanaxuato (pronounced Gwa-na-uwato,) -the infuriated Indians slew without mercy all the Spaniards, likewise all who adhered to them. The booty was so immense as to be almost incredible. Each common soldier carried off at least $500. Some writers even calculate that their shares exceeded. $2,000 apiece. After this acquisition, HIDALGO paid his soldiers one dollar a day, and allowed his officers to help themselves to whatever amount they liked. It must be remembered, however, that this city was and is the capital of a district which possessed the richest and most abundant gold and silver mines then known in the world.

(6) Las Cruces -about eight miles from the Capital- is a town which BYRON poetically renders in his immortal Don Juan:- situated in a narrow defile affording a strong military position. Truxillo boasted in his despatches that he defended it with the the constancy of LEONIDAS, and that his gallantry had made it as glorious as the Pass of Thermopylae, forgetting that to emulate he Grecian hero he should have died at his post sword in hand.

(7) HIDALGO advanced to the Hacienda of Quaximalpa, only five leagues distant from the City of Mexico, where CORTEZ before him had revelled in the beauties and the glories of the valley which stretches forth at the foot of this lofty elevation. The re-appointed him to succeed VANEGAS in the Viceroyal power. treat thence of the Patriot General is inexcusable in a military point of view, and its effect on the morale of his army no doubt lost him the battle of Aculco.

(8) DON FELIX MARIA CALLEGA (created for his important military services COUNT of CALDERON and Viceroy of Mexico) was an excellent officer as far as regarded military accomplishments, but he was at the same time a sanguinary monster. Mexico has reason to remember his name with detestatlon, for he dealt out murder, fire, and devastation with a merciless hand on all sexes, ages, or conditions, who appeared or were supposed to oppose the royal authority.

(9) Spanish accounts exult in the appearance and exploits of this truly gallant army.

(10) La Noche Triste, or the "Melancholy Night," when the most accomplished cavallers of CORTEZ perished in his disastrous retreat from the Aztec capital.

(11) "Le bapteme de feu" as the French style the soldier's bloody introduction to his life of peril. Many of the artillerists and engineers of the Spanish American armies had served in NAPOLEON'S superb artillery.

(12) The rolling fire of BONAPARTE'S infantry, by which he achieved the victory of the Pyramids, in Egypt, gained him among the Eastern imaginations the appellation of "Sultan Kebir," King of Fire.

(13) HIDALGO's army, vast in numbers, and animated by a lofty enthusiasm, was entirely destitute of sufficient arms. There were not more than a thousand muskets in the array. Clubs, slings, and primitive missiles were the only weapons possessed by all but one small corps.

(14) "Sombreros de petate" -lag hats- i.e. hats made of water rushes -marvellous as it may seem, the Indians were so ignorant of the effects of artillery, that they endeavored and perse- vered, notwithstanning the carnage, in their efforts to stop up the muzzles of the guns with their hats.

(15) This description of CALLEJA's frenzied acts and appearance is a historical fact.

(16) Perhaps the same regiment of Red Lancers which figured in all the Revolutions in Mexico, and even in the conflicts with the United States troops. It was considered the finest corps of cavalry in the Mexican service.

(17) Captain DON IGNACIO ALLENDE, who, when the revolt broke out, commanded a small body of Spanish troops at San Miguel, He was the only military man of note who espoused the patriot cause, and was nominated as a fit candidate for the post of Commander-in-Chief. Dr. HIDALGO, however, commanded the suffrages of the multitude, and was appointed instead of him, as the priest-soldier's popularity was considered of infinitely more importance than ALLENDE'S military acquirements. Perhaps, had ALLENDE received the supreme command, the result would have been different, although Spanish priests often make capital officers -as the Spanish war against NAPOLEON and the Carlist rebellion bore witness.

(18) CALLEJA and the Spanish Generals throughout the Ameriter the massacres of Aculco and Marfil, he glatted his vengeance cas were not at all ashamed of the character of barbarians. Af- on the defenceless population of Guanacuato. The throats of 14,000 men, women and children were cut in the great Square. moirs of the Mexican Revolutions""was literally overflowing "The principal fountain of the city."-I quote ROBINSON's "Memoirs of the Mexican Revolution" -was literally overflowing with blood; and far from concealing these savage acts, CALLEJA, in his despatches, exults in the honor of communicating to the Viceroy that he had purged the city of its rebellious population. The only apology offered for the mode of sacrifice was, that it would have wasted too much powder and ball to have shot them, and that, therefore, on the principle of economy, their throats were cut,"

(19) SUWARROW, the famous Russian General, was guilty of similar atrocities, but more concise and witty in the relation of them. After storming Ismail, while the city was wrapped In one wild conflagration, and the corpses of its 40,000 defenders lay warm beneath the feet of the conquerors, he wrote: "Slava Bogu! Slava Vam / Krepost Vzala, y la tam", "Glory to God and to the Empress! ("Powers" Eternal! such names mingled!) Ismail's ours!"

(20) The author has seen this statement in a work, in which it gives an account of the wars between Mexico and the mother country.

(21) "This monster (CALLEJA) soon received proofs from the Cadiz Regency of their high satisfaction with his conduct. They appointed him to succeed VANEGAS in the Viceroyal power. "No sooner was he seated in the supreme chair of state, than terror spread throughout the empire. Murder, fire, and devasta- tion were dealt out with a merciless hand, and neither age, sex, nor condition, could repress the rage of this barbarian. These his qualifications appeared to have met with warm admirers in Old Spain, where he was elevated to high honors. He was created COUNT OF CALDERON; and subsequently appointed to the command of the expedition formed at Cadiz, for the subjugation of South America." (Robinson's Mexican Revolutions.)- ANCHOR

 

Y aquí la traducción:

 

ACULCO
Una balada de México.

La Batalla de Aculco fue librada el 7 de noviembre de 1810, en las laderas de una colina cerca del pueblo de ese nombre, a unas 80 millas al N. N-O. de México.

 

¡Ah, ay, ACULCO! (1) campo lastimoso!
Que empapó en aflicción las esperanzas de una nación—
¿Rindió la salvaje y bienvenida venganza
Al enemigo universal de la Libertad?

En desesperación enloquecida la nación AZTECA (2)
Se arrancó sus cadenas impregnadas de dolor,
Y saludó con jubilosa aclamación
A un guerrero sacerdotal como su jefe. (3)

Franco y afectuoso —amado era él—
De nombre sin mancha y mente generosa;
Ni la astucia, ni la bajeza, ni la intriga
Podían encontrar refugio en su pecho.

Penetrante, justo y bueno,
Constante a la virtud, enemigo del vicio,
El héroe sacerdote —ninguna tierra podía jactarse
De un hijo más puro que HIDALGO,

Su mente estaba colmada de todo lo que podía escapar
Al escrutinio de la Inquisición—
Pues la ciencia, el saber nuevo y antiguo,
Eran enemigos de los celos españoles.

Suyo era el corazón varonil para desafiar—
Suya la mente sagaz para planear;
Podía llevar con propiedad todos los honores
Que bien correspondían al hombre del pueblo.

Tal era HIDALGO desde Dolores
Respirando fiero odio al nombre español;
Desde cada colina y valle vertió
Sus legiones salvajes, con fuerte aclamación.

Su ejército, formado por veinte mil,
Cuando desde la puerta de Celaya (4) se volvió;
En la roca-nido de Guanajuato (5) asaltada,
Tesoros sin cuento ganó su valor.

Luego, en medio de los ásperos pasos de Las Cruces (6)
Con cien diez mil libres,
Aplastó la jactanciosa prole de TRUJILLO
Y capturó su artillería.

Entonces México (7) contempló, consternada,
Columnas triunfantes coronar cada altura
Desde la cual su fértil valle desplegaba
Sus abundantes riquezas a la vista.

Pero en el sangriento campo de Aculco,
CALLEJA (8) enfrentó la fuerza patriota—
La espada y escudo despiadados del tirano,
Con probados diez mil de infantería y caballería. (9)

El mejor caballo cuyo casco había desgarrado
El seno del salvaje Occidente
Desde que CORTÉS lamentó la “Noche Triste”; (10)
Cada uno se creía hijo mismo de la Victoria.

Sus artilleros raros —cuya terrible iniciación (11)
Había sido en medio del combate fiero,
El resplandor sulfuroso de la artillería,
Donde gobernaban los árabes, “Rey del Fuego”.

Y los infantes (12) que habían visto el embate de la guerra,
Rodar sobre ellos mares de bronce y acero;
Para astillarse contra su frente erizada,
Como vidrios bajo el talón barbado.

No así la multitud de HIDALGO (13),
Ni trompeta ni tambor controlaban su marcha,
Sin disciplina sus columnas rudas,
Como serpientes entrelazadas, pliegue sobre pliegue.

Su armadura era el equipo presto de la Libertad,
Forjado por el alma valerosa del portador:
Libertad su objetivo:—la lágrima de su patria
Con alta resolución había nervado al conjunto.

Corrieron hacia la bayoneta,
Con garrotes y hondas y toscos arados,
Hasta que montones retorcidos de mutilados y muertos
Formaron parapetos alrededor de las plazas reales.

Y se lanzaron sobre los cañones españoles,
Sin miedo e ignorantes de la guerra,
Pensando en ahogarlos si introducían
Sus sombreros de ala ancha (14) en cada boca.

CALLEJA observó sus actos valientes,
Pálido —no de miedo, sino de furia— rugió,
Blasfemó, y frenético rezó sus cuentas,
O blandió salvajemente su espada goteante. (15)

“¡Vacilan! ¡Miren! rechazados y frustrados,
La confusión manda en su dispersa hueste”—
La causa sagrada por la cual habían trabajado,
Fama, Campo y Patria fueron perdidos.

“¡Ahora lanceros! Ahora, que el rojizo matiz
Muestre la hoja de la lanza y los arreos!
¡Sobre ellos! ¡carguen! ¡carguen a fondo! ¡persigan!
¡Aplasten! ¡aplasten y masacren—no perdonen enemigo!”

Así aulló CALLEJA—mientras su ojo
Relampagueaba como el de un loco y cada cabello
Temblaba de ira —estos cargan —aquellos huyen—
A través de ellos los célebres Lanceros Rojos (16) desgarran.

Hasta entonces el cuerpo de ALLENDE (17) había mantenido
Con frente firme —voluntad invicta—
Entendían el orden marcial,
Que sólo ALLENDE podía inculcar.

Pero todo en vano —la ola abrumadora
De miríadas derrotadas rodó,
Sus filas firmes fueron arrolladas,
Y aplastadas bajo la multitud voladora.

¡Sin cuartel! —a través del hato que huía
Bala sólida y metralla silbaron y araron.
Sobre montones temblorosos espolearon los escuadrones
Y sablearon jubilosos a la multitud.

¡Sin esperanza! ¡sin respiro! noche y día
Lanza, espada y bala apuñalaron, cortaron y desgarraron
Continuando a hendir, cortar, matar,
Hasta que nadie tuvo fuerza para seguir asesinando.

¡Ah, ay Aculco! Al Rey (18)
CALLEJA escribió, de asesinato vano,
Jactándose en su pavoroso despacho,
“¡Diez mil rebeldes he matado!”

“Nunca ha ofrecido la venganza regalo más costoso
Sobre sus altares manchados de sangre;
Por bala cinco mil vidas fueron arrebatadas,
Cinco mil por la lanza y la espada.” (19)

Los últimos fueron serenamente sacrificados cuando
Los gritos enloquecidos de la guerra ya no clamaban,
Cuando la razón había retomado su reino,
Mientras el cadencioso arrullo de la música se elevaba.

Aculco, ¡ay! La Muerte banqueteó
Hasta que la misma matanza tuvo hartura;
Y el lobo y el buitre saturados,
Se volvieron con asco de tu colina sangrienta.

La mañana de la batalla, un arroyo vecino
Alegraba la quebrada salvaje con límpida corriente,
Por la noche un vapor caliente y fétido
Se alzaba hirviente de sus mareas de sangre.

Por semanas aquel par (20) de corrientes enrojeció
En la librea carmesí de la guerra;
Cuyas fuentes brotadas de corazones heroicos
Fueron libaciones vertidas a la Libertad.

¡Ay! ¡ay Aculco! sonidos funestos—
Tu nombre despertará la lágrima del azteca,
Y abrirá de nuevo las llagas supurantes
Que en sus flancos abiertos aparecen.

Para España gran gozo—la corona virreinal (21)
Premia al CONDE DE CALDERÓN,
Sus cadenas lacerantes atan al águila azteca,
Un trofeo sanguíneo para su trono,

ANCHOR.

 

(1) En la noche del 10 de septiembre de 1810, las Provincias Mexicanas se rebelaron por primera vez contra el Gobierno del Virrey español, VENEGAS, pero fueron reducidas a la obediencia tras una lucha prolongada y desesperada por la Libertad. Las páginas de la Historia no registran una venganza más terrible que la infligida sobre aquel país desdichado, por más fértiles que sean los relatos del dominio español en este continente en hechos de atrocidad.

(2) La mayor parte del ejército de HIDALGO estaba compuesta por descendientes de aquella gallarda raza que resistió la invasión de Cortés.

(3) Este era el Dr. HIDALGO, Rector de los pueblos vecinos de Dolores y San Miguel el Grande, en la Provincia de Guanaxuato, quien fue elegido como Comandante en Jefe de los Patriotas en la ciudad de Zelaya, con el título de Capitán General. Su carácter—si se puede creer a sus contemporáneos—está retratado en sus verdaderos colores en esta balada. Los españoles, sin embargo, lo ennegrecen notoriamente, mientras que el escritor piensa que era un hombre poseedor de gran bondad de corazón, pero demasiado débil para el puesto que aceptó, como su carrera posteriormente lo probó. Después de las victorias de Guanajuato y Las Cruces, su marcha triunfal al Valle de México, y sus desastrosas derrotas en Aculco, Marfil, Guanajuato y Guadalajara, al encontrar imposible el éxito, tomó el camino hacia las Provincias Internas con la esperanza de escapar a los Estados Unidos, pero fue capturado en Acatila de Bajan, cerca de Saltillo, y fusilado en Chihuahua, en la Intendencia de Durango, una de las escenas de gloria del Coronel Doniphan.

(4) El primer punto de reunión de HIDALGO fue San Miguel, pero recibió sus grandes aumentos de número en la ciudad de Celaya.

(5) En el saqueo de Guanajuato (pronunciado Gwa-na-uwato), los indios enfurecidos mataron sin piedad a todos los españoles, y también a todos los que se adherían a ellos. El botín fue tan inmenso que resulta casi increíble. Cada soldado raso se llevó al menos 500 dólares. Algunos escritores incluso calculan que sus partes excedieron los 2,000 dólares cada uno. Después de esta adquisición, HIDALGO pagó a sus soldados un dólar al día, y permitió que sus oficiales se llevaran tanto como quisieran. Debe recordarse, sin embargo, que esta ciudad era y es la capital de un distrito que poseía las minas de oro y plata más ricas y abundantes entonces conocidas en el mundo.

(6) Las Cruces—a unas ocho millas de la Capital—es un pueblo que BYRON representa poéticamente en su inmortal Don Juan: situado en un desfiladero estrecho que ofrece una fuerte posición militar. Truxillo se jactó en sus despachos de haberlo defendido con la constancia de LEÓNIDAS, y de que su gallardía lo había hecho tan glorioso como el Paso de las Termópilas, olvidando que para emular al héroe griego debía haber muerto en su puesto con la espada en mano.

(7) HIDALGO avanzó hasta la Hacienda de Quaximalpa, a sólo cinco leguas de la Ciudad de México, donde CORTEZ antes que él se había deleitado con las bellezas y glorias del valle que se extiende a los pies de esta elevada altura. Su retirada de allí, después de haber sido designado para suceder a VENEGAS en el poder virreinal, es inexcusable desde el punto de vista militar, y su efecto sobre la moral de su ejército sin duda le costó la batalla de Aculco.

(8) DON FÉLIX MARÍA CALLEJA (creado por sus importantes servicios militares CONDE de CALDERÓN y Virrey de México) fue un excelente oficial en cuanto a sus dotes militares, pero al mismo tiempo era un monstruo sanguinario. México tiene razón para recordar su nombre con detestación, pues repartió asesinato, fuego y devastación con mano despiadada sobre todos los sexos, edades o condiciones que aparecían o se suponía que se oponían a la autoridad real.

(9) Los relatos españoles se regocijan en la apariencia y hazañas de este verdaderamente gallardo ejército.

(10) La Noche Triste, cuando los caballeros más consumados de CORTÉS perecieron en su desastrosa retirada de la capital azteca.

(11) "Le baptême de feu", como llaman los franceses a la sangrienta introducción del soldado a su vida de peligro. Muchos de los artilleros e ingenieros de los ejércitos hispanoamericanos habían servido en la soberbia artillería de NAPOLEÓN.

(12) El fuego rodante de la infantería de BONAPARTE, por el cual logró la victoria de las Pirámides, en Egipto, le valió entre las imaginaciones orientales el apelativo de "Sultán Kebir", Rey del Fuego.

(13) El ejército de HIDALGO, vasto en número y animado por un elevado entusiasmo, estaba completamente desprovisto de armas suficientes. No había más de mil mosquetes en todo el conjunto. Garrotes, hondas y proyectiles primitivos eran las únicas armas que poseían todos excepto un pequeño cuerpo.

(14) "Sombreros de petate"—sombreros de petate—es decir, sombreros hechos de carrizos de agua—por maravilloso que parezca, los indios eran tan ignorantes de los efectos de la artillería, que intentaban y perseveraban, a pesar de la carnicería, en sus esfuerzos por tapar las bocas de los cañones con sus sombreros.

(15) Esta descripción de los actos frenéticos y la apariencia de CALLEJA es un hecho histórico.

(16) Quizás el mismo regimiento de Lanceros Rojos que figuró en todas las Revoluciones en México, e incluso en los conflictos con las tropas de los Estados Unidos. Era considerado el mejor cuerpo de caballería del servicio mexicano.

(17) El Capitán DON IGNACIO ALLENDE, quien, cuando estalló la revuelta, comandaba un pequeño cuerpo de tropas españolas en San Miguel. Fue el único militar notable que abrazó la causa patriota y fue nominado como candidato idóneo para el puesto de Comandante en Jefe. Sin embargo, el Dr. HIDALGO recibió los sufragios de la multitud y fue nombrado en su lugar, pues se consideraba que la popularidad del sacerdote-soldado era de importancia infinitamente mayor que los talentos militares de ALLENDE. Quizás, si ALLENDE hubiera recibido el mando supremo, el resultado habría sido distinto, aunque los sacerdotes españoles a menudo hacen excelentes oficiales—como lo demostraron la guerra española contra NAPOLEÓN y la rebelión carlista.

(18) CALLEJA y los Generales españoles en toda la América no se avergonzaban en absoluto del carácter de bárbaros. Después de las masacres de Aculco y Marfil, sació su venganza sobre la población indefensa de Guanacuato. Los cuellos de 14,000 hombres, mujeres y niños fueron cortados en la gran Plaza. "La fuente principal de la ciudad"—cito las "Memorias de la Revolución Mexicana" de ROBINSON—"estaba literalmente rebosando de sangre; y lejos de ocultar estos actos salvajes, CALLEJA, en sus despachos, se enorgullece del honor de comunicar al Virrey que había purgado la ciudad de su población rebelde. La única disculpa ofrecida para el modo de sacrificio fue que habría desperdiciado demasiada pólvora y bala dispararlos, y que, por lo tanto, en principio de economía, sus gargantas fueron cortadas."

(19) SUWARROW, el célebre General ruso, fue culpable de atrocidades similares, pero más conciso y agudo al relatarlas. Después de asaltar Ismail, mientras la ciudad estaba envuelta en una sola conflagración, y los cadáveres de sus 40,000 defensores yacían aún tibios bajo los pies de los conquistadores, escribió: "Slava Bogu! Slava Vam! Krepost Vzala, y la tam", "¡Gloria a Dios y a la Emperatriz! (¡Poderes eternos! tales nombres mezclados!) ¡Ismail es nuestra!"

(20) El autor ha visto esta afirmación en una obra que da cuenta de las guerras entre México y la madre patria.

(21) "Este monstruo (CALLEJA) pronto recibió pruebas por parte de la Regencia de Cádiz de su gran satisfacción con su conducta. Lo designaron para suceder a VANEGAS en el poder virreinal. No bien se sentó en la silla suprema del estado, el terror se extendió por todo el imperio. Asesinato, fuego y devastación se repartieron con mano despiadada, y ni la edad, ni el sexo, ni la condición pudieron reprimir la furia de este bárbaro. Estas cualificaciones suyas parecieron haber encontrado cálidos admiradores en la Vieja España, donde fue elevado a altos honores. Fue creado CONDE DE CALDERÓN; y posteriormente nombrado al mando de la expedición formada en Cádiz para la subyugación de Sudamérica." (Robinson, Revoluciones Mexicanas.)—ANCHOR

 

FUENTE:

The Military Gazette, número 21, volumen 3, Nueva York, 1 de noviembre de 1860, páginas 326-327.

viernes, 28 de noviembre de 2025

Un folleto del Santo Cristo de Nenthé

Hace ya algo de tiempo, cuando era niño de ocho o diez años, recuerdo haber leído el folleto que les muestro aquí, o quizá uno muy parecido. A esa edad, y todavía sin gran interés en la historia de Aculco, olvidé pronto casi todo su contenido, salvo algún dato aislado. Años más tarde, ya en la década de 1990, se publicó un tríptico que, creí entonces, reproducía la misma información sobre el Cristo de Nenthé, y aunque contenía datos difíciles de corroborar, lo aproveché en algunos textos para ilustrar la historia de su culto. Sólo hace unos días, sin embargo, mi primo Octavio me envió unas fotografías del folleto original y me percaté entonces de que eran distintos, pues contenía algunos datos que el documento más reciente omitía.

Por lo difícil que resulta conseguir este viejo folleto (por lo menos yo no lo pude hallar en 40 años), decidí transcribirlo en este blog. Esta transcripción es literal, con todos sus errores ortográficos, gramaticales y tipográficos. Además, y vale bien la pena señalarlo, buena parte de la información que aporta el folleto es errónea, está tergiversada o es de imposible comprobación. Eso no disminuye, en todo caso, su valor como expresión de la tradición oral creada alrededor del Santo Cristo de Nenthé y, por el contrario, abre interesantes perspectivas para su estudio y comprensión. Por otra parte, no quiero hacer en este momento una crítica historiográfica detallada del documento, pues esta tarea me alejaría del simple propósito de poner al alcance de todos ustedes su contenido. Quizá me ocupe de ello más adelante.

FIESTA DEL SANTO CRISTO DE NENTHE

1er. Domimgo de Mayo

-: Breve historia del Santo Cristo y su Santuario :-

 

Se cree que esta venerada Imagen la trajeron los padres franciscanos por el año de 1600

Su nombre se debe a que en el año 1701, Aculco sufrió una gran sequía que amenazaba con la vida de sus moradores, e invocada la protección del Santo Cristo por consejo de Fr. Julián Arciniego se Vieron libres de ese Peligro en forma milagrosa y de ahí en adelante se llamó: "SANTO CRISTO DE NENTHE" cuya palabra otomí significa: "cascada o manantial de agua".

En reconocimiento a tal prodigio los hijos de Aculco Comenzaron a construir en el año 1702 la Capilla que en un principio se llamó del Calvario colocándo la Primera Piedra el Propio Fr. Julián Arciniego quien encargó de la construcción a los albañiles y canteros de Barrio de los Cocineros así llamado.

Tal fué el entusiasmo y la fe del pueblo que al año siguiente se terminaba dicha Capilla.

Con esto comenzó un gran Culto y Devoción al Sto. Cristo Organizándose grandes Peregrinaciones no solo del propio pueblo sino de pueblos vecinos y lugares apartados; en vista de lo cual en el año 1784 el Bachiller l. José Moreno Juez Eclesiástico de aquélla época solicitó de la Curia Metropolitana permiso para celebrar la Sta. misa gracia que le fué concedida (Archivo Parroquial) De esta fecha dada la costumbre de celebrar la fiesta del Sto. Cristo al siguiete domingo de resurección, tambien llamado "DOMINICA IN ALBIS"

Posteriormente, debido a la Revolución y Envidias de otros pueblos fué incendiado Sacriíegamente el Santuario; y con esta ocación nuevamente manifestó su amor por el pueblo de Aculeo, el Sto. Cistósaliendo ileso del fuego desvastador (pueden verse fotografías en el propio Santuario, del estado en que quedó la construcción debido al fuego).

Por este nuevo hecho el pueblo de Aculco, en masa organizó una procesión de penitencia, trasladando solamente a la milagrosa Imagen al Templo Parroquial, emprendiendose posteriormenre la reconstrucción del Santuario hasta que el 21 de Septiembre de 1949, el Excmo. y Rvmo. Arzobispo de México D. Luis Ma. Martínez y Rodríguez q.e.p.d. lo consagró y declaró Santuario Privilegiado.

Finalmente muchos han sido los milagros y prodigios atribuidos al Sto. Cristo siendo uno de los más recientes y de todos conocidos el hecho de la Fiebre Aftosa en nuestro Pais.

En el año 1948 ya había invadido esta epidemia al vecino municipio de Polotitlán, y los hijos de Aculco recorrierou una vez más al Patrocinio del Sto. Cristo de Nenthé invocandolo con fe y NO invadió a Jurisdicción Parroquial tan temible mal.

Dios mediante celebraremos un año mas la FIESTA de tan veneradora Imagen.. ¿tienes en tu persona o familia alguna necesidad espiritual o temporal? recuerda que en Aculco te espera el Santo. Cristo de Nenthé; quizá si tu que lees este mensaje eres hijo de Aculco, ya lo haz comprobado y por lo mismo celebrará con más Júbilo y Fé, dicha fiesta

¿Quieres y puedes organizar una Peregrinación a su Santuario?.

Hazlo, Dios te lo pagará además recuerda que Nuestro Señor Obispo nos dijo que para que la Capilla no pierda su Titulo de Santuario se necesitan las Peregrinaciones y extender fuera del territorio Parroquial este privilegio

a tí te toca poner algo de tu Parte como lo Han Hecho tus mayores

Recuerda además que el Santuario tiene concedidas muchas Indulgencias aún por solo visitarlo.

San Jerónimo Aculco México.

 

«ORACION»

Oh Cristo Jesús yo os reconozco por Rey Universal todo cuanto existe ha sido creado por Vos, ejercen sobre mi todos vuestros Derechos.

Renuevo todas mis promesas del bautismo, renuncio a satanás, a sus Pompas, y a sus Obras y Prometo vivir Como buen cristiano Sobre todo me Comprometo a hacer triunfar Según mis fuerzas los derechos de Dios y en vuestra Iglesia.

Divino corazón de Jesús os ofresco mis pobres acciones para Obtener Todos los Corazones Reconoscan Vuestra realeza sagrada, a fin de que el Reyno de vuestra Paz Se establesca el mundo entero, así sea.

 

ACTUALIZACIÓN:

Oziel Martínez Andrade nos comparte generosamente esta hoja impresa con las "Mañanitas al Santo Cristo de Nenthé", fechada el 21 de septiembre de 1958 como "obsequio del sr. Mateo Espinoza [sic]. ¡Muchas gracias, Oziel!

sábado, 22 de noviembre de 2025

"La xocoyota de la casa"

Entre las muchas tareas de preservación del patrimonio cultural de Aculco aún pendientes, se encuentra la de realizar un inventario sistemático de las palabras y expresiones que caracterizaban el habla local antes de que la modernidad y la estandarización lingüística impulsada por los medios de comunicación la volvieran prácticamente indistinguible de otras. Quizá no quede mucho tiempo para emprenderla, pues cada día que pasa se pierden esas expresiones, mueren las personas que las empleaban y hasta sus descendientes olvidan su recuerdo o ignoran su significado. Aunque no me he propuesto realizar esa tarea de rescate, sí quiero, en la medida de lo posible, aportar algo al respecto, como lo hice cuando hablé de los shirgos. Por ello, voy a referirme ahora a una palabra que sólo escuché emplear a una persona de Aculco hace ya muchos años: xocoyote, y a la manera en que su uso está documentado históricamente en nuestro municipio.

Andrea Martínez Zenos, originaria de la Loma de Buenavista en Ñadó y nacida en 1910, fue la persona a quien escuché usar este término en el habla cotidiana y lo usaba siempre len diminutivo: el xocoyotito. Esta palabra de origen náhuatl y que en Aculco se pronunciaba con "s" inicial (aunque la Academia Mexicana de la Lengua señala que se pronuncia con "sh" y en otros diccionarios se admite su pronunciación con "j"), tiene un significado idéntico al de la expresión "benjamín" que suele usarse en un ámbito más amplio de la lengua española, siguiendo el relato bíblico de José y sus hijos: se refiere al hijo menor en una familia. Moctezuma II, el emperador azteca que reinaba a la llegada de Hernán Cortés, llevaba por cierto el sobrenombre de Xocoyotzin, es decir, "el hijito menor", donde el diminutivo tiene un sentido de respeto o reverencia.

En algunas sociedades, incluidas las del México prehispánico, el hijo menor tenía funciones particulares dentro de su familia: era quien permanecía en la casa paterna para cuidar a los progenitores en su vejez y, al morir éstos, heredaba la vivienda o incluso todas sus posesiones. Diversos etnólogos han identificado esta tradición entre los otomíes, y en Aculco definitivamente existió (o quizá exista todavía), probablemente heredada como costumbre de esa misma etnia. Conozco, de hecho, dos casos de la segunda mitad del siglo XX en la cabecera municipal en los que esta práctica se mantuvo, aunque omito los detalles para no incomodar a sus familias. Lo curioso es que, en ambos casos, no podía atribuirse a estas familias una ascendencia otomí reciente: eran familias mestizas desde hacía muchas generaciones.

El uso del término xocoyote y las costumbres asociadas a este concepto se pueden rastrear en Aculco por lo menos hasta principios del siglo XIX. Existe un documento de 1804 en el Archivo General de la Nación en el que una mujer del pueblo de Santa Ana Matlavat, Catarina María, usa dicha palabra para referirse a sí misma al reclamar sus derechos en la herencia paterna, que según ella habían intentado usurparle su hermana y su cuñada. Aquí les transcribo con algunas correcciones ese documento:

Señor subdelegado Don José Torres y del Campo.

Mi Venerado Señor. A las plantas de vuestra merced me postro, yo Catarina María, casada con Patricio Antonio, indios tributarios de Su Majestad (Que Dios Guarde) y vecinos en el pueblo de Santa Anna, doctrina del pueblo de San Gerónimo Aculco, sujeto a esta cabecera de San Mateo Huichapan, y asímismo digo, que ante vuestra merced parezco a noticiarle cómo el día 25 del mes pasado de abril del corriente año de 1804, por pedimento de mi hermana María Anna, y de mi cuñada Marcelina Pascuala, vino el señor teniente del pueblo de Aculco a repartir las milpas que dejó el difunto de mi padere Juan Pérez y dichas milpas son dos las que caben una cuartilla de maíz en cada una; a fuera de seis pedazos los cuales caben en ellos veinte y un cuartillo de maíz y por todos son una hanega menos menos tres cuartillos, y todos estos eran del difunto de mi padre Juan Pérez; y dichas dos milpas y seis pedazos de milpas, las el señor teniente dio a María Anna mi hermana, y a Marcelina Pascuala mi cuñada sin que estas dichas tuvieran el recuerdo de pensar que soy hija legítima de mi difunto padre Juan Pérez, porque no más ellas se apropiaron de dichas tierras, y a mí siendo hija legítima y la xocollota [sic] de la casa, no medieron un pedazo de milpa; pues una milpa que me dieron, esa me costó seis pesos con mi corto trabajo, habrá ciento y sesenta y dos magueyes que merqué, los tengo traspuestos me costaron otros seis pesos. Esto fue lo que me dejaron , pero me costó y lo hube con mi corto trabajo, pero de lo que había de heredar de mi difunto padre no me dieron nada; aunque es cierto que me quedé en la casa, no fue porque me costó mi dinero que fueron treinta pesos, pues a dicha Marcelina Pascuala le tengo una vaca con un becerro de dos años en catorce pesos por la herencia que le pudiera corresponder en la casa; y a mi hermana María Anna heredar otros quince pesos por lo que le puediera corresponder en la casa, de herencia; y así se de parecer que la casa, y milpa, y magueyes esto no puede ser herencia motivo a que me ha costado mi dinero; como soy de sentir también que mi dicha hermana y cuñada no pueden ser estas solas las aprovechadas, y yo que soy la xocoyota, y de legítimo matrimonio, quedarme en la calle no puede ser, pues esta Nuestro Señor de por medio, y después de Dios el gran amparo y caridad de vuestra merced a quien pido y suplico se digne la recta justificación de vuestra merced de mandar comparezca mi dicha hermana María Anna y mi dicha cuñada Marcelina Pascual ante el Real Juzgado de vuestra merced para que estas muestren los documtos de testamento o posesión que les haya dejado mi difunto padre Juan Pérez, y mi difunta madre María Gertrudis, pues pienso que tendrán constancia de mi difunto padre y madre toda vez que han sido las aprovechadas de las milpas, tendrán donde conste; y cuando éstas no tengan costancia de testamento o posesión, se dignara vuestra merced de mandar se nos reparta de nuevamente las dos milpas y seis pedasos de mil paz por iguales partes, y a mi hermana y cuñada, pues soy de sentir que así conviene motivo a que no somos más de dos hermanas, y tres con mi cuñada mujer de mi difunto hermano Gerónimo, a estas tres suplico a vuestra merced que se nos reparta por iguales partes, las referidas milpas, y así lo espero del gran tierno corazón de vuestra merced, que sea así, y no que me que me querían dar por herencia la milpa que me costó, y magueyes que costó mi dinero; y así vuestra merced por el amor de Dios véame con caridad; la apasientada que sus pies besa y rendidamente se postra.

Catarina María. No sé firmar.

Aunque por la redacción de esta petición se entiende que la condición de xocoyota le daba a Catarina María el privilegio de conservar para sí la casa paterna, otros documentos en el expediente señalan que esto fue un acuerdo de los coherederos al momento de repartir los bienes, no realmente un derecho como hija menor. Es más, ella reconoció el valor económico de la casa que correspondía a los otros y debido a que no cubrió en un plazo establecido, su sobrino Seferino Ramón tomó una "chapita y su llave" de la puertita del oratorio de la casa y después retiró el tejamanil que cubría la vivienda, dejándola destechada e inahbitable, a merced de las lluvias. En todo caso, parece que por lo menos la opción de permanecer en la casa paterna sí le era reconocida de alguna manera.

 

FUENTE:

AGN, Tierras, V. 2883, exp. 41 f. 7.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Los insurgentes de Aculco

Pese a que en Aculco tuvo lugar uno de los episodios más significativos de la Guerra de Independencia —la batalla del 7 de noviembre de 1810—, y de que, tiempo después, en el cerro de Ñadó se levantó una importante fortificación que sirvió como resguardo, fundición y fortín para los rebeldes de la Junta de Zitácuaro, muy poco se ha escrito sobre los aculquenses que participaron en el bando insurgente en aquella contienda. nacidos dentro de lo que entonces era la jurisdicción de Aculco, aunque en parajes que hoy forman parte del vecino municipio de Polotitlán. A pesar de esta omisión, es claro que numerosos habitantes de Aculco se unieron a Hidalgo y a otras partidas insurgentes desde los primeros momentos de la lucha. Algunos, ciertamente, fueron incorporados por la fuerza, como aquellos para quienes el juez Manuel Perfecto Chávez obtuvo el indulto una vez que regresaron a sus hogares tras escapar de los rebeldes a finales de noviembre de 1810. Otros, en cambio, lo hicieron de manera voluntaria, y prueba de ello es la constancia que mantuvieron en la contienda.

Para conocer los nombres de los primeros patriotas aculquenses, es de gran importancia un documento de noviembre de 1810 que señala a dos docenas de hombres de este origen que acompañaban en sus correrías a los rebeldes Julián y Chito Villagrán, de Huichapan: Antonio Legorreta, Antonio Serrano, Pedro Monroy, Eufrasio Pérez, José Narciso Ximénez, Bernardino Zamudio, José Ruiz, Antonio Martínez, Francisco Correa, Vicente Sánchez, Antonio Sánchez, José María Guñó, Hermenegildo Martínez, Lázaro Pérez, Benito Rivera, José Pérez, José Clemente Sánchez, Ignacio Chávez, Luis Ronquillo, Antonio de los Ángeles, Vicente González, José María Cristalinas, Quirino Briceño e Hilario Nieto. (AGN, Operaciones de Guerra, vol. 141, exp. 1, 1810, F. 10r.)

De varios de ellos conocemos su historia posterior. Por ejemplo, Antonio Legorreta fue indultado muchos años después, en 1818. Hermenegildo Martínez aparentemente regresó a su vida pacífica, pero fue acusado de insurgente en 1812 junto con los aculquenses Francisco e Ignacio Basurto y José Francisco Martínez, aclarándose al final que ninguno de ellos lo era. José María Cristalinas persistió en la insurgencia, sirvió en el fuerte de Ñadó como ayudante y llegó a alcanzar años más tarde el grado de capitán, pero fue capturado y fusilado en 1816. Sobre él escribí un texto que puedes leer aquí. Benito Rivera también continuó sirviendo a la insurgencia, y desempeñó después el cargo de sargento ayudante. Ignacio Chávez llegó a ocupar después la plaza de teniente coronel. Benito Rivera fue también ayudante en el Fuerte de Ñadó. Por su parte, Luis Ronquillo se convirtió en 1825 en secretario del Ayuntamiento de Aculco y su narración del arribo de Hidalgo al pueblo, inserto en las Actas de Cabildo, es uno de los más interesantes testimonios locales de este acontecimiento. Lo puedes leer aquí. Sobre el Antonio Sánchez que aparece en la lista, podemos preguntarnos si se trataba del mismo José Antonio hijo del entonces propietario de la hacienda de Ñadó, Eusebio Sánchez de la Mejorada; no es inverosímil, pues muchos criollos acomodados como él abrazaron la insurgencia. La construcción del Fuerte de Ñadó dentro de las tierras de esa hacienda en los años siguientes hacen aún más razonable esta posibilidad.

Antes de hablar de esa fortificación insurgente y de sus defensores, vale la pena mencionar un dato de otro posible rebelde -o por lo menos informante- de origen casi indudablemente aculquense: Matías Navarrete, caporal de Arroyozarco, quien daba cuenta a los sublevados de las fuerzas y disposiciones de la tropa del rey en esa hacienda, hasta que en 1812 fue aprehendido por el coronel Carminatti, debido a la delación que le hizo el correo José Trujillo (AGN, Infidencias, vol. 175, exp. 118, 1812).

En 1812, el coronel José Rafael Polo, a quien mendionamos arriba, estableció junto con sus hermanos mayores y lugartenientes José Manuel y Trinidad, el Fuerte de Ñadó. Además de ellos se han conservado los nombres de algunos otros oficiales que formaban parte de sus tropas en ese lugar entre 1812 y 1813: el sargento mayor Luis Quintanar, los ayudantes Benito Rivera y Simón Pérez, los capitanes Basilio Fajardo, Antonio Monroy, Rafael García, José María Cristalinas, Manuel Quintanar, Miguel Mondragón, José de Jesús Torrijos, José María Casares, Felipe Alvarado, Baltasar Polo, Miguel Mejía y Bernardo Sánchez. Otro documento semejante al anterior, con fecha del 17 de enero de 1813, añade dos nombres a la lista de los insurgentes de Ñadó: Eustaquio Jiménez, capitán, y José González, tambor mayor. Un oficio muy posterior, enviado el 6 de agosto de 1864 por el hijo del coronel Polo, Felipe Polo, al subprefecto Político de Huichapan, aporta algunos otros nombres de oficiales que actuaban en el lugar: Julio Díaz, Joaquín, José María y Antonio Mejía (padre y hermanos de Miguel, respectivamente) y Antonio Dorantes. El Diccionario de los insurgentes nos proporciona un nombre más: José Arciniega, asistente del capitán Miguel Mondragón. Durante apenas tres meses, probablemente en la segunda mitad del año de 1812, fue capellán de los insurgentes de Ñadó el franciscano Fray José de Lugo y Luna, prófugo del convento de Toluca. En su expediente procesal levantado “por proposiciones heréticas y revolucionario”, tras entregarse el 10 de septiembre de 1815 al coronel Armijo, aparece el nombre de otro insurrecto emplazado en el monte en aquel entonces: el capitán Bernardo Chávez, a quien casó con la mujer con la que convivía después de obtener dispensa por su consanguinidad en segundo grado. (las fuentes de etas listas se pueden encontrar en mi libro Ñadó, un monte, una hacienda, una historia).

Sabemos que varios de estos hombres (los cuatro Polo, Luis y Manuel Quintanar, Cristalinas, Benito Rivera, Rafael García, los Mejía, Dorantes, Miguel Mondragón, José Arciniega, posiblemente Bernardo Sánchez y Bernardo Chávez, por lo menos) eran originarios de la región inmediata a Ñadó, y algunos de ellos oriundos de los ranchos y rancherías que años después se separaron de Aculco para formar el municipio de Polotitlán. Valdría la pena hacer una búsqueda detallada en los libros sacramentales de la parroquia de Aculco para determinar su origen y poder incluirlos así, sin duda alguna, entre los insurgentes de Aculco

Tiempo después encontramos el nombre de otro posible insurgente de la región, por lo menos en intención: el soldado Ignacio Hernández, del destacamento realista de Arroyozarco, que en 1815 intentó fugarse y pasarse a los rebeldes. Terminó por ser indultado (AGN, Infidencias, vol. 92, exp. 6, 1815-1816). Unos años después, en 1819, acaeció otro suceso relacionado con la hacienda de Arroyozarco que nos proporciona información sobre un insurgente más: ese año se descubrió una conspiración en la región de los Llanos de Apan (hoy Estado de Hidalgo), que debía estallar el 13 de mayo de aquel año. Entre los aprehendidos como conspiradores estuvo el administrador de la hacienda de Arroyozarco, posiblemente aculquense, pero hasta ahora no he podido averiguar su nombre (AGN, Infidencias, Volumen 152, exp. 1. Hay una buena crónica también en la obra de Alamán).

Esta lista, aunque breve, imperfecta y naturalmente incompleta pues la mayoría de los nombres que conocemos pertenecen a oficiales y no a los muchos más numerosos soldados de menor rango, nos ofrece al menos algunos puntos de partida para reconocer la participación de nuestros coterráneos en el movimiento insurgente. Ojalá en el futuro pueda ampliarse y precisarse, de modo que podamos rendir homenaje, mediante el recuerdo de sus nombres, a los aculquenses que pelearon por nuestra independencia.

sábado, 8 de noviembre de 2025

La "iglesia vieja" de San Ildefonso Tultepec

La "iglesia vieja" de San Ildefonso Tultepec, ubicada a unos 1500 metros del actual templo del pueblo, se ha convertido en años recientes en uno de los sitios más frecuentemente visitados del circuito turístico compartido entre el vecino municipio de Amealco, Querétaro, y el nuestro de Aculco. Ciertamente es un lugar muy pintoresco: en medio de los campos de cultivo, alejado de las construcciones modernas, se yergue una iglesia de mayores dimensiones y mejor orientada que la que se conserva en culto, destechada, en ruinas, vandalizada con grafiti, pero con sus altos muros de piedra parda prácticamente intactos.

Su planta es de una sola nave con cabecera recta y una torre a los pies del templo, del lado izquierdo de la fachada. Su entrada principal, que mira hacia el poniente, es un arco de cantera de medio punto con jambas que se prolongan hasta la cornisa; su derrame interior está labrado en forma de concha. La ventana del coro, rectangular y con enmarcamiento de cantería, tiene un alféizar soportado por un par de ménsulas con mascarones y encima una cornisa apoyada en ménsulas simples. Su dintel, monolítico, posee un resalte circular con una flor inscrita. Más arriba de esta ventana se observa un relieve con una custodia al centro.

En el interior, es notable el esbelto arco que separa la nave del presibterio, apoyado en pilastras molduradas, y un pequeño altar adosado al muro posterior, formado al parecer con piedras tomadas de otras partes del templo. El inmueble no tiene actualmente anexos, aunque una entrada lateral en el presbiterio parece construida con el propósito de acceder a una sacristía, destruida o nunca edificada. A su frente está un atrio delimitado por con un muro de piedra de poca altura. Fuera de este espacio, hacia el poniente, se levanta una cruz del clásico tipo otomí, sobre un pedestal de dos cuerpos, el más alto de los cuales tiene horadado un nicho que mira a la fachada de la iglesia.

En los muros del viejo templo sólo se abren tres ventanas, todas en su fachada sur, pequeñas, muy elevadas y de trazo mixtilíneo. A la altura del arco del presbiterio se colocaron al exterior dos contrafuertes, quizá tardíamente, para evitar que dicho arco se abriera más, pues sus dovelas se observan un poco fuera de su lugar.

El dintel del acceso a la sacristía muestra la única inscripción que encontramos en el edificio: "Jesús María + de 1616 años". Al observar un poco, sin embargo, se advierte que esa fecha sólo nos permite situar parte de su construcción, pues el edificio es obra de varias etapas constructivas con cambios estilísticos y materiales, que posiblemente abarcan desde el siglo XVI hasta el XIX. Pero, ¿por qué está este templo aquí?, ¿se abandonó o nunca se concluyó?, ¿perteneció a San Ildefonso o se trata de otro pueblo ya desaparecido?.

La propia tradición del lugar explica su origen básicamente como lo hace una mujer habitante de San Ildefonso en una entrevista informal que se puede ver completa aquí:

Es de mil seiscientos y algo... por ahí hay una piedra que tiene el año.

Sí vienen [a esta iglesia] especialmente los que tienen las mayordomías. Para las fiestas importantes hacen lo que llamamos "el Alba". Es un encuentro de los cargueros en la iglesia, donde hacen oración, danzas, y de ahí antes se acostumbraba mucho a venir a esta iglesia a rezar un rato y regresarse. Todavía hay eventos que se realizan aquí, en torno a la fiesta de la Navidad: se vienen y comparten comida, tamales. Vienen y hacen oración, danza y comparten la comida. [Se hace] en la fiesta de la Navidad, el 23 de enero, de la Virgen de Guadalupe, se celebra el 12 de diciembre. Pero días antes a eso, se vienen para acá también a hacer oración. No hay una fecha específica porque se van moviendo [...]. Hace todavía varios años, me tocó todavía ver, que todos los niños recién nacidos que fallecían sin el bautismo los traían para enterrarlos aquí. Les buscaban como el sentido de que se guarden en un lugar sagrado. Entonces hay varios chiquitos por aquí enterrados. Pero ya últimamente los llevan a todos en el panteón de la comunidad.

No, no se terminó de construir, porque al momento de estar construyéndose, se vio que se humedecía mucho la parte de abajo, y de hecho por aquí cerquita pasa el río, y cuando trae mucha, mucha agua, se desborda y llena esto. Aunque no la tire, pero se moja todo. Se inunda. Y pues la gente dijo "aquí no va a servir". Dice la leyenda que san Ildefonso al ver eso no quiso estar aquí. La imagen del patrón de San Ildefonso. Entonces por eso ya no siguieron construyendo, porque pues la imagen no quería estar aquí. Se movía. Lo traían y lo dejaban aquí, al otro día ya estaba hasta por allá arriba.

Y también hay otra leyenda más atrás, pues más antigua, que decía que aquí la voluntad del Creador no era éste, y entonces por medio de una águila se iba y se posaba hasta allá arriba.

Esto es lo que nos cuenta la tradición local, junto con algunos detalles como que la capilla llegó a estar techada con paja (lo que no es en absoluto descabellado en el contexto de la arquitectura de los pueblos otomíes de la región en el Virreinato). Pero veamos ahora lo que nos dice la historia.

San Ildefonso Tultepec, como otros antiguos poblados pertenecientes a la Provincia de Jilotepec, contó seguramente con un templo construido tras la conquista española en el siglo XVI. Es posible que este templo no haya sido una iglesia completa, sino sólo su ábside: una capilla abierta como las que dieron origen a otros edificios religiosos de la región a los que se añadió una nave tiempo después, por ejemplo la iglesia de Santa Ana Matlavat. Pero a finales del siglo XVI, después de las grandes epidemias que diezmaron a la población indígena de la Nueva España, San Ildefonso como muchos otros pueblos se halló casi despoblado. Los virreyes de la época ordenaron que los sobrevivientes de los llamados "pueblos de indios" de juntaran -es decir, se congregaran- para que la dispersión no obstaculizara la vida cotidiana y la evangelización. Se señalaron para estas congregaciones los sitios mejor provistos en cada zona, que en este caso fue el pueblo de San Gerónimo Aculco. Allí se trasladaron, en otros pueblos con escasos vecinos, los pueblos de San Juan Aculco, Santa María Xiponeca, San Lucas Totolmaloya, Santa Ana Matlavat y San Ildefonso Tultepec. Los habitantes de estos lugares dejaron abandonados casas y templos, aunque siguieron reivindicando la propiedad de las tierras que les pertenecían alrededor de ellos. Esta congregación ocurrió entre 1593 y 1605.

En algunos casos, los pueblos congregados desaparecieron por completo y su memoria se perdió, como fue el caso de San Juan Aculco (que estaba cerca de Arroyozarco) y Santa María Xiponeca (al lado del cerro de Ñadó). Pero otros tuvieron mejor suerte y se repoblaron cierto tiempo después, continuando así su existencia. Así sucedió con los pueblos de Santa Ana, San Lucas y precisamente San Ildefonso. Es en este proceso de éxodo y retorno en el que una serie de documentos redactados un siglo después de los hechos, a partir de 1707, sitúan el abandono del viejo templo de San Ildefonso y la construcción del nuevo. Los papeles se refieren a un pleito de tierras entre don Lucas Magos Bárcena y Cornejo, "cacique de la provincia de Jilotepec, teniente gobernador y alcalde del pueblo de San Gerónimo Aculco" y los naturales de San Ildefonso, que sucedió más o menos así:

Don Lucas Magos compró un sitio de ganado mayor y dos caballerías de tierra por 400 pesos a Marcos Lorenzo y Juana de Ávalos y Granada, su madre (propiedad que estaba amparada con títulos de una merced concedida a Baltasar García en 1596) en el año de 1706. Las tierras se ubicaban "a un cuarto de legua del dicho pueblo [de San Ildefonso]", en una cañada donde existían unos paredones, junto al río, sitio que sin gran dificultad se puede reconocer como el mismo donde se levanta la "iglesia antigua", pero cuyos vestigios don Lucas identificaba sólo como "las casas que se demuestra hubo en aquel tiempo de dicho don Baltasar, aunque con el transcurso del tiempo apenas se reconocen sus cimientos". Al año siguiente, sin embargo, cuando don Lucas intentó tomar posesión de esas tierras, los vecinos de San Ildefonso "lo impidieron y se sublevaron". Argumentaban que esas tierras eran suyas y presentaron para probarlo el amparo que el virrey marqués de Montesclaros le había concedido en 1605 a San Ildefonso, "sin embargo de estar despoblado por entonces" y la posesión que les había dado en 1662, una vez repoblado San Ildefonso, el teniente de alcalde mayor, don Manuel de Texeira y Zúñiga, a quien los indios habían "demostrado por su iglesia antigua", la anterior a la congregación, aquellos paredones junto al río.

Y que por ser nosotros, congregantes en este dicho para pueblo de San Ildefonso, y tener títulos y mercedes de tierras en su contra no podemos ser damnificados, por cuya razón hablando con el debido respeto, contradecimos, una y dos y tres veses, y todas las que el derecho nos concede, las dichas medidas y demás diligencias que se pretenden por el mucho daño y perjuicio que se le sigue a nuestro pueblo y congregación.

Don Lucas Magos, naturalmente, rechazó tales afirmaciones. Aseguraba que las paredes no eran vestigios de un templo, pues San Ildefonso "donde hoy se haya poblado que es a donde siempre fue [su] fundación" y que en cambio todavía podían apreciarse los verdaderos vestigios de la iglesia antigua mucho más cerca del nuevo templo:

La antigua iglesia que tuvieron primitiva cuando fueron congregados al pueblo de San Gerónimo Aculco era la que de presente demuestra su ruina, que está de esta iglesia como cincuenta varas a la parte del poniente, que todavía se perciben los restos del cuerpo de la iglesia, cementerio y sacristías, de que se han aprovechado dichos naturales de toda la más fábrica que tenía para la reedificación de la actual iglesia, como están de presentes unas piedras de cantería las que están en las gradas de la puerta que sale para el sur.

Para concluir, don Lucas señalaba de las otras ruinas más alejadas situadas junto al río, "que está a un cuarto de legua de este pueblo, nunca fue iglesia como se demuestra [...] porque fue una fábrica que nunca se acabó, ni sé cómo más lo justifica su fábrica que hasta ahora están por adentro las piedras con los picos que para su trabazón eran necesarios". Presentó además como testigos a dos indios de la zona, uno de Aculco y otro de san Ildefonso, que informaron lo siguiente:

Juan Nicolás, vecino de Aculco: "Y siéndole preguntado que si sabe o ha oído decir cuál fue la primera iglesia de los naturales de este pueblo que tenían antes de que fueren congregados al pueblo de San Gerónimo Aculco, dijo que aunque no vió la más fábrica antigua en pie, conoce y ha visto dónde estaba la primera iglesia que antes de su congregación tenían y ha visto desde que tiene uso de razón que es más adelante de la que ahora esta actual que está como a un tiro de mosquete hacia la parte del poniente que esta su ruina de manifiesto con sus señales de cuerpo de iglesia y el cementerio que tuvo y su sacristía, cuya fábrica fue de cal y canto, de donde han sacado muchas piedras labradas dichos naturales para la reedificación de la otra".

Sebastián Pérez, indio de San Ildefonso: "Siéndole preguntado si sabe fijamente dónde estaba la iglesia antigua, que tenían antes que fuesen congregados sus del causantes al pueblo de San Gerónimo Aculco, dijo que lo que sabe desde que tiene uso de razón y le dijeron sus padres que la iglesia antigua que tuvieron antes de dicha congregación es dicha ruina que está como a un tiro de arcabuz para la parte del poniente junto a la casa de un Gerónimo Gaspar, cantor de la iglesia, donde está de manifiesto la señal de su fundación y todavía con la muestra de su cementerio, sacristía y lo demás, donde alcanzó este testigo algunos pedazos de pared y en la tapia de dicho cementerio que era alcanzó este testigo un ciprés grande copado; Y en dicha fábrica este testigo y los mas naturales de este pueblo han aprovechado la más piedra de dicha fábrica en la reedificación de la que hoy tienen, y de donde este testigo sacó con otros más piedras de cantería labradas que están por gradas en la puerta del cementerio que sale al sur".

La expresión "a un tiro de mosquete" o "a un tiro de arcabuz" es vaga para señalar una distancia, pero según la RAE podría oscilar entre los 50 y los 250 metros. De tal manera, esas ruinas seguramente se encontrarían donde hoy se levantan algunas de las casas del pueblo y al parecer no son ya visibles en la superficie.

Las autoridades de la Provincia de Jilotepec ordenaron una visita al lugar. El encargado de la diligencia, Juan Sánchez García, inspeccionó los restos del edificio en disputa y dejó constancia por escrito de esa diligencia:

Estando en el campo en cuarto de legua del pueblo de San Ildefonso a la parte del poniente en una cañada donde está un edificio de paredes junto a un río en medio de dichas sementeras de los naturales del pueblo de San Ildefonso en veinte y cuatro días del mes de mayo de mil setecientos y siete años. Yo, dicho teniente y los testigos de mi asistencia. Vi y reconocí si se demuestra haber sido iglesia, y no hallo señales que conduzcan haberlo sido en ningún tiempo, por que tan solo tiene los dos lienzos de su cuerpo en largo a la parte del poniente y su respaldo al oriente, por arriba de dicha pared algo más levantada y según se demuestra nunca tuvo efecto el que techasen como está de manifiesto; y por la parte de adentro en dichas paredes con piedras largas que dejaron para la trabazón que se le había de seguir que según parece se habría formado para jacal de trigo, ni consta que haya tenido muestras de cementerio, ni otra fábrica alguna que es la que dicen los naturales demostraron por su iglesia antigua.

Ante tal conclusión, escribió Sánchez García, "se amotinaron los dichos naturales en que cesó esta diligencia". Don Lucas naturalmente no pudo tomar posesión de las tierras, que siguieron en poder de la comunidad de San Ildefonso. Éstos, además, procedieron en 1710 a regularizar cualquier deficiencia que tuvieran en sus tierras por la vía de la "composición": un proceso en el que reconocían ante las autoridades un excedente de tierras para las que no tenían títulos y ofrecían una cantidad de dinero para subsanar esa falta de documentos. Consiguieron en ese proceso una nueva "vista de ojos" y recorrido por el terreno, en el que esta vez obtuvieron un resultado favorable: "habiendo ido hacia la parte del poniente por una loma abajo, se reconoció al pie de ella una vega y en ella unos paredones que según su fábrica parece iglesia vieja". Pidieron después a la autoridad se le notificase la posesión que habían tomado de esas tierras a don Lucas Magos, con quien se mantenía el litigio, "para que no les inquietase en la posesión... y que ocurriese a la Real Audiencia si tuviere que pedir".

Para 1714, don Lucas se había dado ya por vencido. Creía firmemente que el asunto era una "estafa" de los indios de San Ildefonso, pero como le había sido imposible tomar posesión decidió actuar contra quien le había vendido las tierras: Marcos Lorenzo, puesto que su madre ya había fallecido. Reclamaba que era responsabilidad del vendedor "sanear" la venta para evitar reclamaciones, y puesto que no lo había hecho debía compensarlo. Lorenzo accedió a devolverle el dinero o a darle otras de sus tierras a cambio, pero no hizo lo uno ni lo otro. De tal manera, don Lucas lo denunció y Marcos Lorenzo acabó preso en la cárcel de comunidad de Aculco, puesto que San Ildefonso pertenecía entonces a este pueblo. Luego se le embargó una de sus propiedades, el Rancho de Ávalos, para con su remate pagar lo que le adeudaba a Magos. Así, no continuó con su pelea por las tierras con los paredones junto al río, que quedaron desde entonces en posesión del pueblo de San Ildefonso.

Seguramente los lectores ya habrán notado algo muy interesante en esta historia: los vestigios de tal "iglesia vieja", si le creemos a los habitantes de San Ildefonso, o los restos de una casa o troje para almacenar trigo, si nos inclinamos por la opinión de don Lucas, eran tan poco notables como para generar precisamente esa duda. Nada que ver con los restos de la actual "iglesia antigua", mucho más importantes y que inequívocamente se reconocen como un templo completo, con su nave, presbiterio, torre y atrio. ¿Qué sucedió entonces?

Entramos aquí al terreno de la especulación. Sospecho que los propios vecinos de San Ildefonso procuraron reforzar la idea de que ahí había existido el templo anterior a su congregación en Aculco reedificándolo, construyendon quizá sobre los mismos paredones antiguos, y dotándolo de una imagen que nunca más hiciera sospechar que no había sido una iglesia. Eso explicaría los detalles ligados al estilo barroco que encontramos en las ventanas mixtilíneas, el derrame en forma de concha del acceso principal, la molduración de su portada y las pilastras del arco del presbiterio. Pero la construcción se habría prolongado por lo menos hasta mediados del siglo XIX, época a la que parece pertenecer la ventana del coro, la torre (con una calidad distinta en su mampostería) y el campanario de cantería. Los muros, llenos de mechinales abiertos (esos hoyos en los que se colocaban vigas para sostener los andamios durante la construcción), indican claramente que todo aquel esfuerzo quedó a pesar de todo inconcluso. Acaso sólo el presbiterio llegó a techarse, pues cuenta con canales para desaguar su ya inexistente azotea y en la parte posterior posee todavía una cornisa que indicaría la finalización de esa zona de la iglesia. La leyenda de que llegó a estar techada con paja sería así sólo un falso recuerdo.

Pero en esta conclusión se mantiene un misterio: la fecha de 1616 labrada en la entrada a lo que debió ser la sacristía. No es una fecha que corresponda a una iglesia anterior a la congregación, sino más bien a los tiempos de la repoblación de San Ildefonso. Y si estaba ahí, ¿por qué en ninguna de las dos visitas de las autoridades al sitio se consignó su existencia, que quizá les habría servido para el establecer el origen del edificio en el tiempo? ¿Quizá estaba ese dintel labrado ya caído en tierra entonces y sólo al reconstruir el templo se le descubrió y volvió a colocar? ¿O habrá venido de otro lugar, tal vez la otra iglesia vieja que don Lucas señalaba como la verdadera, para darle autenticidad a este otro edificio? ¿O del templo nuevo? Preguntas hasta ahora sin respuesta, pero que no hacen más que aumentar el interés que produce la "iglesia antigua" de San Ildefonso Tultepec.

 

FUENTES:

AGN/Instituciones Coloniales/tierras/vol.1794/expediente 5.

AGN/México independiente/ Gobierno y relaciones exteriores/ Archivo de buscas y traslado de tierras/ volumen 46286/92/expediente 1

* Buena parte de las fotografías con las que ilustro este texto son de Neftalí Sáenz Bárcenas, cronista de San Juan del Río, Querétaro.

** Después de terminar este texto hallé que Yesenia Martínez Maldonado había utilizado estos mismos documentos para su tesis "Justicia, autoridad y territorio en la historia de San Ildefonso Tultepec, una comunidad ñañhö del sur de Querétaro" con el que obtuvo el grado de Doctora en Estudios Interdisciplinarios sobre Pensamiento, Cultura y Sociedad de la Universidad Autónoma de Querétaro. Sin embargo, no coincido en su interpretación de dichos documentos, pues ella identifica plenamente la "iglesia vieja" que describió Lucas Magos con la que hoy existe, sin percatarse de la disputa por ello con los naturales de San Ildefonso. La tesis se puede consultar aquí.