sábado, 8 de noviembre de 2008

Arroyozarco, Puerta de Tierra Adentro

Javier Lara Bayón (con la colaboración de Víctor Manuel Lara Bayón) Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro Toluca, Instituto Mexiquense de Cultura, 2003 400 pp., ilustraciones y mapas

La hacienda de Arroyozarco llegó a ser a principios del siglo XX la segunda propiedad más extensa del Estado de México, detrás sólo de la legendaria hacienda La Gavia. Pero más que una finca agrícola y ganadera, Arroyozarco fue un complejo económico que llegó a contar con ferrocarril propio, aserraderos, un conjunto de grandes represas... No en vano ya desde fines del siglo XVIII esta posesión fue calificada como "la mejor del reino".

Su situación sobre el viejo Camino Real de Tierra Adentro, justamente a la mitad del trayecto entre las ciudades de México y Querétaro, le atrajo las ventajas económicas del intenso tránsito por esa vía, pero también la convirtió en punto estratégico para las operaciones militares que desde la Guerra de Independencia y hasta el Porfiriato llenaron el siglo XIX mexicano.

A través de las páginas de Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro, el lector podrá adentrarse en un rico pasado de más de cuatrocientos años de vida de este latifundio, en el que se engarzan los hechos, las leyendas y la tradición oral.

Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro, obtuvo el Premio Banamex "Atanasio G. Saravia" de Historia Regional Mexicana 1998-1999, en la categoría de investigaciones no académicas.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Las banquetas de Javier Venancio

Si estuviera en sus manos, amable lector, ¿qué haría por las banquetas de un pueblo de pretendida vocación turística? ¡Claro! darles precisamente transitabilidad: evitar hoyos, quitar mobiliario que obstruya el paso, incluso darles más anchura para hacer aún más agradable el paseo. Precisamente el ensanchar las aceras es una tendencia mundial en las ciudades más importantes, donde se intenta ya rescatar para el peatón algo de lo mucho que le ha robado el automóvil. En los últimos años, hemos visto aplicada esta idea incluso en México, tanto en la ciudad capital como en la ciudad de Querétaro.

Pero, ¿y Aculco..? Pues todo lo contrario: ahora que el Ing. Javier Venancio cuenta con abundantes recursos para "arreglar" las aceras del pueblo, lo que hemos visto es que los aplica para volverlas intransitables. Véase si no el caso de la Calle de Morelos, en particular el tramo comprendido entre Matamoros y Comonfort. Ésta banqueta, anteriormente de un ancho que la hacía bastante transitable, es ahora una tripa por la que no cabe más que una persona. Y eso, haciendo esfuerzos por pasar de costado en algunos puntos, como aquellos en los que existe un poste o donde ha sido colocado uno de los simpáticos e inadecuados arbustitos plantados por la administración municipal.

Así lucían hasta hace algunos meses las banquetas de la Calle Morelos, con una anchura adecuada para el tránsito peatonal.

Así lucen ahora las renovadas banquetas. Obsérvese la disminución de anchura, la colocación de arbustos que más parecen trampas para el peatón y el extraño borde, totalmente inadecuado para un sitio con las acaracterísticas urbanas de Aculco.

Por lo que se ve, don Venancio aspira a atraer un turismo que pase en su automóvil rápidamente por el pueblo y, sin poderlo recorrer a pie, continúe su camino como llegó. Y lo peor es que ya está comenzando a aplicar la misma receta en la calle Manuel del Mazo, que, por cierto, está siendo totalmente empedrada, lo que sí reconocemos y celebramos.

miércoles, 29 de octubre de 2008

El Palacio Municipal de la calle Juárez

La historia de las distintas sedes que han tenido los ayuntamientos de Aculco todavía está por escribirse. En tiempos coloniales, existió una Casa de Cabildo situada en la Plaza Mayor de Aculco, pero cuyo sitio preciso no hemos podido precisar. Años después, por motivos que no quedan muy claros, la autoridad aculquense quedó sin edificio propio, por lo que el padre Nicanor Basurto les entregó en préstamo gratuito el inmueble conocido como la Casa de Ejercicios, que era de su propiedad. Esto sucedió hacia la mitad del siglo XIX.

En 1875, el licenciado Nicolás Basurto Sánchez, hijo del padre Nicanor (nacido antes de que tomara las órdenes, aclaro para los mal pensados), cedió totalmente la casa para que sirviera no sólo a la "Sala Municipal", sino también a los juzgados conciliadores, escuela nacional, cárcel pública y corral de concejo.

Esta gran casa, que fue por lo tanto sede del Ayuntamiento de Aculco por cerca de cien años, tenía labrada en una de sus piedras la cifra 1787, que muy probablemente señalaba el año de su construccíón. Tenía tres fachadas hacia las calles del Águila (la actual Juárez), del Calvario (hoy Manuel del Mazo) y hacia el "callejón que va a Ñadó" (actualmente Pípila). Era un gran inmueble de dos plantas que ocupaba prácticamente la mitad de la manzana. Sus principales salones se hallaban alfombrados en rojo y negor, y en su enorme patio llegaron a presentarse funciones de circo.

Para ser que el temblor de noviembre de 1912 dejó un poco deteriorada esta casa. Lo cierto es que, cuando el gobierno del estado decidió construir el edificio de la Escuela Primaria Venustiano Carranza y el teatro anexo (hoy Casa de la Cultura, Archivo Municipal y otras dependencias) en 1947, la antigua casa fue casi totalmente demolida. Sobrevivió solamente la fachada, muy deteriorada, que daba hacia la calle Juárez, con dos portadas de cantera rosa del inmueble original, y un pequeño tramo hacia Pípila.

Es todo lo que resta de aquel magnífico edificio.

Esta portada de piedra, con dintel curvo un poco irregular, es la más cercana a la esquina de las dos que sobreviven. Hoy en día tapiada, antaño tuvo una hermosa puerta claveteada.

A diferencia de la anterior, esta portada aún sirve de entrada a una bodega. Sus jambas, demasiado gruesas para un vano de sus dimensiones, así como la falta del dintel original -reemplazado por una trabe de concreto- hacen suponer que pudo tratarse de una portada más grande que fue reducida al cambiar de uso.

A los viejos muros restantes del viejo Palacio Municipal se les han abierto infinidad de vanos en años recientes.

Esta sección del antiguo Palacio Municipal se encuentra hoy en día arruinada y sin uso.

viernes, 24 de octubre de 2008

La Casa del Puente


A espaldas de la Presidencia Municipal, en la Plaza José María Sánchez y Sánchez, se pueden admirar todavía los restos de lo que fue una de las casas más elegantes de Aculco: la Casa del Puente.

Aunque muchos creen que su nombre deriva del portal de tres arcos que tiene al frente, y que comunica la plazuela con la calle de Iturbide, parece ser que en realidad su nombre deriva de un verdadero puente que se construyó a su frente hacia fines del siglo XVIII o principios del XIX para salvar las barranquillas que formaban los arroyos pluviales en este sitio, y que formaban un sumidero usado como basurero. Este descampado fue llamado Plaza José María Sánchez y Sánchez en 1912 en hornor a un memorable vecino de Aculco que en tiempos de malas cosechas adquirió grandes cantidades de maíz para su venta en el pueblo, sin obtener por ello utilidad alguna.

Hacia la segunda década del siglo XX, un Ayuntamiento vendió la parte más irregular de esta plaza, el sumidero del que hemos hablado arriba, a los propietarios de la casa que conocemos como de don Loreto Alcántara, quienes lo bardaron de inmediato. Con ello quedó fuera de la vista la barranca, pero la plaza se transformó en sólo una calle ancha que remataba precisamente en el portal de la Casa del Puente y éste quedó como único paso hacia la calle Iturbide.

Muchos años después, en 1974, cuando se construýó el nuevo Palacio Municipal en el sitio de la Casa del Quisquémel, se creó a sus espaldas una plaza al quedar inconcluso el proyecto por el que se habría levantado ahí una segunda ala del edificio. Con ello, el nombre de Plaza José María Sánchez y Sánchez volvió a cobrar sentido.

Al intentar rastrear la historia de la Casa del Puente, hemos encontrado que pudo tratarse de la casa de don Bernardo Ecala Guller, a la que a principios del siglo XIX se hacía referencia como "El Puente de don Bernardo". Ecala, navarro de origen y perteneciente a la nobleza de España, primo de Tomás de Ecala, propietario de la casa más hermosa de la ciudad de Querétaro, llegó a Arroyozarco como sobrino de uno de los jesuitas que administraban la hacienda, el padre Blas Guller. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, Ecala quedó a cargo de la administración de Arroyozarco, aunque con poca fortuna atribuida a su juventud e inexperiencia.

Extrañamente, al concluir su encargo en Arroyozarco, Ecala permaneció en la zona. Compró el rancho de El Judío (que aún conserva el nombre) y, presuntamente, La Casa del Puente. Hizo testamento en 1819, residiendo en Aculco, gracias al cual conocemos todos estos datos.

Durante la primera mitad del siglo XX, la casa pertenció a los Jasso, dueños también del rancho de Ávalos, cerca del salto de la Concepción. Según cuentan, era una casa muy elegante, con sótanos (lo que la distinguía de cualquier otra casa aculquense), paredes cubiertas con papel tapiz, una escalera digna de un palacio de la que todavía conocimos los restos y un gran patio rodeado por corredores con pilastras toscanas. En la segunda planta, la azotea del portal servía como terraza, mientras que sobre la calle de Iturbide se abría un mirador con columnas de madera. Esta casa era notable también por albergar el único piano de cola que existía en Aculco.

En los años 60, la casa fue adquirida por un nuevo propietario, quien parecía más interesado en hacer caso a las historias de dinero enterrado comunes a cualquier casa antigua que a conservar la casa. La demolió casi en su totalidad. Solamente se conservó la planta baja de la fachada, el gran portón claveteado, parte del cubo de la escalera, dos habitaciones hacia la calle de Iturbide y parte de los sótanos. El terreno fue fraccionado en dos porciones, una que abarca todo el portal y otra con fachada hacia la calle de Iturbide.

Así llegó a la remodelación de 1974, cuando se pintó el exterior, se arregó el portal y el interior siguió en ruinas. Por más de veinte años permaneció en ese estado, deteriorándose día a día los elementos sobrevivientes, como el gran portón de madera que desapareció hacia 1995. Poco después, los propietarios de la segunda porción que da hacia la calle de Iturbide demolieron los restos que quedaban ahí y levantaron en su sitio una casa de aspecto rústico, que reutilizó las piedras existentes en el solar.

La primera porción de la casa, la del portal, continúa abandonada. Al parecer, un litigio por herencias ha impedido la construcción de un nuevo inmueble en su lugar.

Al fondo, la Casa del Puente a principios de la década de 1970.

Este era el aspecto interior del portal de la Casa del Puente a principios de la década de 1960. El arco del fondo se abre hacia la calle Iturbide, que tiene como remate el Ojo de Agua. Nótense a la izquierda las vigas que sostenían el balcón del mirador de esta casa.

En esta fotografía de 1959, la casa muestra ya algún deterioro, pero se conserva íntegra. Obsérvese la segunda planta que asoma sobre el portal y, a la derecha, a un nivel ligeramente más bajo, parte del mirador con columnas de madera.

Fotografía actual tomada desde el mismo punto que la anterior. Como se observa, toda la construcción de la Casa del Puente tras el portal ha desaparecido. Sólo como detalle, nótese que los canales de piedra que desaguaban el propio portal fueron removidos durante la remodelación de 1974.

La remodelación de 1974 dio este limpio aspecto a lo que sobrevivía entonces de la Casa del Puente. A la derecha, la casa de don Loreto Alcántara, que al extenderse en la década de 1920 hacia la Plaza José María Sánchez y Sánchez la dejó prácticamente convertida en una calle.

Esta fotografía muestra lo que en 1974 se conservaba de la fachada principal de la casa: el portal y la portada principal en la primera de las fracciones en que se divisió la casa y dos cuartos hacia la calle de Iturbide, a los que corresponden los tres vanos de la derecha.

La misma vista, en la actualidad. Los restos de la segunda fracción de la Casa del Puente han sido demolidos y en su lugar se ha levantado una casa nueva que reutiliza algunas piedras antiguas (como las jambas y dinteles de los vanos de la planta baja). Aunque la volumetría de la casa se acerca a la original, los acabdos rústicos difieren mucho.

Aunque la fracción de la casa que corresponde al portal está tan abandonada como hace 34 años, el deterioro de este tiempo en los pocos restos subsistentes es notable: el portón de madera, conservado hasta la década de 1990, se ha perdido. En su lugar, los vanos han sido tapiados con piedras provenientes del interior de la casa. Incluso en el pequeño acceso de la izquierda se aprecia el capitel de una pilastra toscana.

Detalle de la cruz patriarcal labrada en la clave de la portada principal de la Casa del Puente. Expuesta a la humedad y al abandono, ¿cuñanto tiempo podrá sobrevir este detalle histórico y artístico de nuestro pueblo?

Vista desde el portal de la Casa del Puente en nuestros días. El espacio abierto a espaldas de la Presidencia Municipal, en el que originalmente debíó haberse construido una segunda ala de ésta, le ha dado sentido nuevamente al nombre de Plazuela José María Sánchez y Sánchez.

lunes, 20 de octubre de 2008

¡Llegaron los tartufos!

Tartufo. (Por alus. a Tartufe, protagonista de una comedia de Molière).
1. m. Hombre hipócrita y falso.


Así es: la mesa se hallaba puesta desde hace cinco meses y estaban convidados desde entonces, pero se tardaron en llegar. Este fin de semana, nuestro blog fue visitado -y atacado, claro- por alguien muy cercano al grupo en el poder en Aculco, que dejando más que apreciables pistas de su identidad en sus acalambrados mensajes no pudo eructar más que insultos, seguramente por tener las tripas hechas un nudo con lo que aquí hemos escrito sobre las obras de imagen urbana efectuadas en el pueblo por el Ayuntamiento.

Este blog está levantando ámpula entre sus destinatarios. Cumple entonces con su objetivo y mucho lo celebro.

Me habría gustado responder puntualmente a cada línea de esos mensajes, pero atiborrados como están de insultos más vale asignarlos a su verdadero nivel y arrojarlos a la basura. "Caballero no pelea con escudero", suele recordarme mi primo.

En fin, les aseguramos a nuestros ya centenares de lectores que siempre respetaremos cualquier comentario o pregunta inteligente, aún cuando sea contrario a nuestra opinión y sin importar si se envía con carácter anónimo. Pero los comentarios que sólo tengan el propósito de insultar serán siempre eliminados, por simple salubridad.

¡Bienvenidos, tartufos! Y como escribió el Sabina:


Deploro que se pudra usted de celos
viéndome derrochar (sírvanse frías)
las gracias que no quiso darle el cielo.

lunes, 13 de octubre de 2008

Casa y portal del 5 de mayo

En la esquina que forman la calle de Morelos y la Plazuela Hidalgo, se encuentra uno de los sitios más típicos y mejor conservados de Aculco. Se trata de la Casa y Portal del 5 de mayo, llamados así por la tienda que existió en su planta baja a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

El elemento arquitectónico distintivo de este inmueble es su hermoso portal, de dos plantas, con tres pilares sosteniendo cada una de ellas. Aunque su estado de conservación es notable, esto no significa que no haya sufrido diversos cambios a lo largo de su historia, como veremos en las siguientes fotografías.

Así lucía el Portal del 5 de Mayo en septiembre de 1925, cuando sirvió de marco para la foto que retrata a los premiados en las carreras de cintas realizadeas con motivo de las fiestas patrias de aquel año. Se puede observar el letrero de la tienda, así como una serie de carteles como programas de las propias fiestas patrias, manifiestos políticos del gobernador del Estado de México, etcétera. Apenas asoma en la parte superior el bajo pretil de la planta alta.

En esta fotografía, contemporánea de la anterior pero lamentablemente muy mala, se aprecia una vista mucho más completa del portal. Lo más notable aquí es la vista de la planta alta, que como se ve tenía un corto pretil -adornado con macetas- apoyado sobre las vigas caladas de la cubierta de la planta baja, sobre el que se desplantaba la base de mampostería de tres columnitas de madera que coronadas por sencillas zapatas sostenían la viguería calada del terrado, desaguado por una serie de tubos de barro o más probablemente de metal. Sobre todo el conjunto, asoma un extraño remate de ladrillo que parece inconcluso.

Hacia 1960, así lucía el extremo del Portal del 5 de Mayo. Las bases de los pilares de la planta baja se han desgastado. La planta alta ha sido reconstruida casi por completo: obsérvese como el pretil se ha remetido algunos centímetros y ya no se apoya en el extremo de las vigas de la cubierta de la planta baja, quedando éstas expuestas a la intemperie. Además, no se le ha vuelto a cubrir con aplanados. Ya no aparecen las alegres macetas y las columnas de madera han sido reemplazadas pr sencillos pilares cuadrados de piedra blanca. El techo plano de viguería y terrado, con sus tubos y remate, ha desaparecido y en su lugar se observa un tejado.

Durante la remodelación de 1974, se construyó una banqueta de piedra de recinto y adoquines que sustituyó la rampa empedrada que daba acceso al portal. El pretil de la planta alta fue aplanado y el conjunto fue pintado de blanco como todo Aculco. Los pilares de piedra de esta segunda planta fueron cubiertos con aplanados hasta lograr la anchura de los de la planta baja y se les construyó un capitel de ladrillo aplanado pintado de rosa que intentaba parecerse a los que de aquéllos.

Aspecto actual del Portal del 5 de mayo. Hará unos diez años, las basas de cantera rosa de sus pilares fueron restauradas con mucho acierto, recuperándose su forma original ya casi totalmente desgastada. Pocos años después, el portal de la planta alta sufrió un colapso y los propietarios de la casa aprovecharon para devolverle un poco de su apariencia original, colocando en lugar de los pilares falseados los pilares de madera que aquí se observan, mucho más cercanos a su apariencia original.

Es de observarse que la sencilla cromática de este portal -pisos de adoquín rosa, bases de los pilares y capiteles de cantera rosa, fustes de los pilares en piedra blanca de Aculco, abundante madera oscura, tejados y ladrillos rojizos- es uno de sus mayores atractivos.


Más allá del bello portal, la casa que lo acoge se ha conservado también en notable buen estado. Aquí se observa la presencia que tiene hacia la Plazuela Hidalgo, lugar que en tiempos pasados recibió el nombre de "Plaza del 5 de Mayo" a causa de la tienda en el portal. La casa abarca desde el portal en el extremo izquierdo hasta la puerta de la cerrajería, a la derecha del monumento a Miguel Hidalgo. A su derecha, la Casa de la Panadería de don Félix.

En esta foto actual se observa el ángulo que forman las dos fachadas de la casa del Portal del 5 de mayo hacia la Plazuela Hidalgo. La composición es sencillísima: dos accesos en la planta baja y un balcón en la planta alta del lienzo que mira hacia el sur, y un pequeño acceso - que es la entrada principal de la casa - en el lienzo que mira hacia el poniente.

En esta vista de los años 40 se ve lo poco que ha cambiado el lienzo que mira al sur reseñado en la fotografía anterior y que aquí se observa al fondo, visto desde la subida al atrio de la parroquia. Como diferencias más notables, se aprecia que sólo hay un vano en la planta baja y que el balcón lleva una reja de madera.

La fachada hacia la calle de Morelos de la Casa del Portal del 5 de Mayo, no se ha conservado tan bien como el resto del inmueble. A la extrema derecha, asoma un balcón antiguo que pertenece al inmueble descrito. Enseguida, tres accesorias construidas en su corral que aún se encuentran dentro del predio principal. Despúes, una casa nueva construida también en los corrales que afortunadamente se inserta adecuadamente al conjuntto urbano de Aculco y que en su patio ha preservado el pozo original de esta casa. A continuación de esta, otra casa nueva también levantada en los corrales, que afortunadamente se asoma con sencillez a la calle.

Las manchas grises en el aplanado son sólo resanes previos a la aplicación de un nuevo encalado.

martes, 7 de octubre de 2008

El antiguo altar mayor de la parroquia de Aculco

Como el resto de los altares que adornan la parroquia de San Jerónimo Aculco, el altar mayor que existió hasta la década de 1950 era de estilo neoclásico. Muy probablemente databa de entre 1843 y 1848, cuando se hicieron reformas importantes al interior de la nave y se construyó la cúpula del templo.



Este altar, en forma de baldaquino o "ciprés", se levantaba sobre una base exagonal de cuatro gradas en la que se apoyaban seis columnas jónicas con róleos a 45 grados y fuste tritóstilo (es decir, decorado en su tercio más bajo), que rodeaban el manifestador. Sobre ellas, un entablamento circular completo con dentículos y adornos vegetales en el friso sostenía la cúpula, de escaso vuelo, en cuya cima se encontraba colocada la imagen de San Jerónimo y tras él una ráfaga de madera dorada.

En el muro testero, la decoración pictórica en trampantojos simulaba una estructura arquitectónica formada por cuatro columnas apareadas jónicas con fuste estriado, que sostenían sendos frontones triangulares. Tras ellos, un ático corrido sostenía un par de pebeteros también pictóricos, lo mismo que una hornacina que remataba la composición. Aunque aquí ya no aparece, sobre la hornacina se hallaba colocado un Cristo en la cruz que en tiempos recientes ha sido ubicado en el mismo sitio.



Lamentablemente, los frailes agustinos que administraron la parroquia entre 1951 y 1964 decidieron retirar este altar, debido a que se encontraba deteriorado e incluso los ratones entraban al sagrario. Pudo haberse reparado, pero los padres decidieron dejar el ábside vacío. Con mediana fortuna, en 1959, en ocasión de los 200 años de la erección de la parroquia, la señora Suárez viuda de Ocañas donó un nuevo altar elaborado por la casa "El Arte Católico", que es el que actualmente puede verse en el templo.

De aquel otro altar neoclásico, añorado todavía por los que lo conocieron y por quienes lo han visto en fotografías, no quedó más que la escultura de San Jerónimo.